La fidelidad no sólo es lealtad si no también perseverancia, puesto que muchas personas han comenzado muy bien algo y han terminado mal. Creemos que lo que comienza bien acaba bien, pero eso será así en tanto se mantenga la vista y los propósitos donde comenzaron.

Muchos personajes de la Biblia comenzaron muy bien, Dios los ayudó para que todo fuera de la mejor manera pero la vanagloria, la carne o el ego, etc. se apoderó de ellos.

Tal es el ejemplo de Usías, éste rey tuvo una conversión muy clara. Desde muy joven se convirtió a Dios de todo corazón, hizo lo recto y buscaba de Dios y Él le dio la victoria de frente a sus enemigos, le dio prosperidad por todas partes, haciendo de él un hombre altamente poderoso; su vida de creyente estuvo bien hasta que se enalteció y esto fue su ruina.

La piedra de tropiezo de este creyente fue el envanecimiento personal, la vanagloria, no reconoció o se olvidó de que él era lo que era gracias a Dios, desobedeció la ley de Dios y eso hizo que acabara muy mal, solo, alejado de su familia hasta el último día de su vida.(2 Crónicas 26:1-16)

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Tal vez muchos hemos comenzado la buena obra o a actuar conforme a lo que le agrada a Dios pero nos hemos olvidado ser fieles así como debió hacerlo Salomón.

No perdamos de vista la razón, la motivación y lo más importante es que no alejemos nuestro corazón de Dios. Reforzar tu fidelidad a Él hará que puedas mantenerte desde un principio hasta un final con Él.
“Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” Apocalipsis 2:10 (RVR-1960)

Desde el momento que entregaste tu corazón a Dios empezaste una nueva historia con Él, tu fidelidad a Dios hará que permanezcas y llegues con esa misma dedicación y entrega hasta el final.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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