Cuando Josías tenía 18 años envío a su escriba Safán a que fuese a la casa de Jehová y le dijera al sacerdote Hilcias que recogiese todo el dinero que habían recaudado del pueblo, y se lo entregase a los que estaban encargados de la obra del templo para su reparación. En ese cumplido, el sacerdote halló el libro de la ley e inmediatamente se lo mandó a Josias, cuando el rey oyó las palabras del libro, hizo señal de dolor porque había entendido en su corazón que no estaban conduciéndose como Dios lo ordenaba.

A partir de ese momento se inició la conocida reforma de Josías: limpió la casa de Jehová de todo aquello que estaba dedicado a Baal y Asera, dioses paganos; derribó los altares de prostitución, quitó a los sacerdotes idólatras, quebró estatuas que estaban en Jerusalén; y posterior a esto, celebró la pascua, una fiesta que no había sido hecha desde los tiempos en que los jueces gobernaban Israel ni en todos los tiempos de los reyes de Israel y Judá. (2 Reyes, capítulos 22-23)

La palabra de Dios no es simplemente un libro que contiene historias, un depósito de información o un dispensador de sabiduría; va más allá de esto: cambia y transforma la vida del ser humano. Ese es su propósito, el Señor nos la dio para que por medio de su palabra dejemos lo pecaminoso de nuestra vida y podamos parecernos más a Cristo.

Todos tenemos algo que cambiar en nuestra personalidad. Queremos hacerlo con todas nuestras fuerzas, sin embargo se nos hace bastante difícil de conseguir, ya sea un hábito o algo en nuestro carácter. Muchas veces son cosas tan arraigadas que llega a parecer imposible y nos sentimos frustrados de tanto intentarlo. Lo hemos intentado una y otra vez y no lo hemos conseguido.

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La dificultad puede darse en que no estamos viviendo la palabra de Dios, la leemos, la usamos los fines de semana, la llevamos en el bolso o inclusive la dejamos en la cabecera de nuestra cama pero sucede que no estamos poniéndola en nuestro corazón ni permitiendo que se haga vida en nosotros. Santiago 1:22 nos advierte acerca de esto y nos dice que no sólo escuchemos la palabra sino que la pongamos en práctica de lo contrario nos engañamos a nosotros mismos.

La Biblia tiene el poder absoluto para cambiarnos pues se describe como un martillo, una espada, herramientas diseñadas para hacer cambios. De igual forma Dios pretende que cambie nuestras vidas.

2 Timoteo 3:16-17 (NTV) dice “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. Dios la usa para preparar y capacitar a su pueblo para que haga toda buena obra.”

No tenemos más excusas para decir que no podemos cambiar porque si Josías fue transformado por medio de la palabra entonces también lo puede hacer con nosotros. Versículos más adelante lo describe así: “No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual.” 2 Reyes 23:25 (RV1960)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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