Somos seres imperfectos y, por lo mismo, nuestras familias tampoco son perfectas; lo que no amerita a que nos quitemos el apellido y nos olvidemos de ella. Así sucede también con la familia de la fe, no existe iglesia perfecta y, por esa razón, no hay justificación para que dejemos de congregarnos.

El ser miembro de una congregación está perdiendo su importancia por los diferentes problemas que ocurren dentro de las iglesias, muchas de ellas ameritan dejar la congregación pero es nuestra responsabilidad buscar otra para continuar con nuestro crecimiento espiritual.  Consideremos algunas verdades bíblicas que respalda ese valor:

– La fe es a través de Jesús, y si colocamos nuestra atención en las personas, como base en nuestra fe, con seguridad nos decepcionaremos porque somos falibles, propensos a cometer errores. No olvides que quién dio su vida para salvarte fue Jesús, no hay nadie más. “…Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe…” Hebreos 12:1b-2a NTV.

– Jesús mismo se congregó, ¿por qué nosotros no? “Entonces Jesús regresó a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo. Las noticias acerca de él corrieron rápidamente por toda la región. Enseñaba con frecuencia en las sinagogas y todos lo elogiaban. Cuando llegó a Nazaret, la aldea donde creció, de fue como costumbre a la sinagoga el día de descanso y se puso de pie para leer las Escrituras.” Lucas 4:14-16

– Parte de nuestra firmeza en el camino del Señor está en  congregarnos porque necesitamos de otros para alentarnos, estimularnos y hacer buenas obras. “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Hebreos 10:23-15

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– Cada uno es parte del cuerpo de la iglesia y la cabeza es Jesús, la unidad hace la fuerza: “En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.” Efesios 4:15-16 NTV

Si por algún motivo has dejado de congregarte, hoy quiero animarte a que ores para que Dios te dirija a una iglesia de sana doctrina, donde puedas fortalecerte y poner tus dones al servicio del Señor y para que también Dios pueda continuar  la obra que ha empezado en ti.

No te pierdas de la bendición de ser parte de una iglesia donde Dios obra en gran manera.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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