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¿Algún día lo lograré?

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:1

Para mantener una llama de fuego sólo hace falta alimentarla con más combustible o algo que la mantenga encendida. Es similar lo que  ocurre con nuestra carne, con esos deseos pecaminosos que muchas veces nos dominan, si los vamos dotando de lo que los hace más fuertes dentro de nuestro ser sin duda caeremos una y otra vez en la trampa del pecado.

¿Cómo vencer los pecados que nos consumen y no nos dejan avanzar? Dice Romanos 8:6 “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” Muchas veces nos ocupamos más del  pecado en vez de nutrirnos de la Verdad para superarlos.

Leí que las personas que trabajan en los bancos, pasan buen tiempo contando dinero una y otra vez; una vez que pasan esa etapa, les introducen billetes  falsos y por estar en contacto con los verdaderos les es fácil reconocer de inmediato el dinero falso.

Si estás luchando con algún pecado, simplemente empieza a aumentar tu tiempo con Dios, ora a diario, no como una rutina más sino como algo especial. También la Palabra de Dios irá alimentando tu espíritu para que así tu interior sea transformado. Notarás que los malos deseos irán desvaneciéndose, el temor a Dios aumentará y tu santidad será más fuerte.

“porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” Romanos 8:13

¡Vence el mal con el bien!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No descuides tu fe

No hace mucho recibí un correo en el que la persona decía que “había perdido la fe” y que su vida espiritual ya no era la misma. Se congregaba rara vez, oraba de vez en cuando y había dejado de leer la palabra de Dios. ¿Qué sucedió?

“Timoteo, hijo mío, te doy estas instrucciones, basadas en las palabras proféticas que se dijeron tiempo atrás acerca de ti. Espero que te ayuden a pelear bien en las batallas del Señor. Aférrate a tu fe en Cristo y mantén limpia tu conciencia. Pues algunas personas desobedecieron a propósito lo que les dictaba su conciencia y, como resultado, su fe naufragó. Himeneo y Alejandro son dos ejemplos. Yo los expulsé y se los entregué a Satanás, para que aprendieran a no blasfemar contra Dios. 1 Timoteo 1:18-20 (NTV)

En los pasajes que hemos leído encontramos a Pablo dándole instrucciones a Timoteo, en ellas menciona a Himeneo y Alejandro, dos personas que voluntariamente desobedecieron las instrucciones del Señor y distorsionaron su posición como hijos. Se habían desviado del camino, ya no tenían la misma relación con Dios que al principio y terminaron alejándose. A tal punto que blasfemaron contra Dios.

Y desafortunadamente ellos no son los únicos. Conozco personas que años atrás vivían en la fe, predicaban el mensaje de Cristo, servían al Señor con pasión, se congregaban constantemente y que hoy tristemente han dejado de hacerlo y se han olvidado de Dios.

Independientemente de cuál sea el motivo o la circunstancia por la cual una persona se aleja de Dios, tiene un problema inicial y es descuidar la fe. Ésta no es algo que se da por hecho una vez que recibas a Jesús en tu corazón y tampoco es algo que no puedes perder en el camino. Se debe alimentar por medio de la palabra de Dios para que eso no suceda. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Romanos 10:9-10.

Un claro ejemplo es cuando Pablo llegó al final de su vida y le dijo a Timoteo. “… yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” 2 Timoteo 4:6-9 (NTV)

“He guardado la fe” No hay duda de que la fe se debe alimentar, cuidar y guardar, mediante la comunión con el Señor (Orando y meditando en su Palabra). Y eso debe ser lo más importante para un hijo de Dios. Pablo, al final de su vida, no dice: “He sido un profesional exitoso, he dado mis diezmos en gran cantidad, he tenido casas y autos, he sido bueno con todos, etc.” Simplemente dice: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” Eso muestra que su principal prioridad era guardar las enseñanzas que había recibido de Jesús.

Con seguridad el apóstol Pablo iba a terminar mal y lejos de Dios si hubiese descuidado su relación con su Creador, pero decidió en su corazón obedecer todas sus instrucciones. ¿Cómo estás con relación a tu fe? Si te das cuenta que la incredulidad se ha apoderado de ti y los pensamientos de duda han invadido tu mente, has un alto en tu vida y examínate.

No descuides tu fe, porque  es lo único que te mantendrá en el camino.

Oremos:

“Dios amado, te doy gracias por todo lo que tú haces en mi vida, gracias porque lejos de juzgarme y echarme de tu presencia, me buscas para hacerme entender y mostrarme que aún puedo volver a ti. Perdóname por haberme  alejado de ti, reconozco que me dejé llevar por otras cosas y hoy me arrepiento. Quiero comenzar de nuevo con tu ayuda, dispongo totalmente mi corazón para que obres en mí, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Preparado para la prueba?

Es terrible tener un examen sorpresa cuando uno no está preparado. ¿Te ha pasado? Cuando el educador  ingresaba al curso y decía: “empezaremos la clase con una prueba sorpresa para ver el conocimiento que presentan” La mayoría de los estudiantes se aplazaban porque no estaban listos.

Así el Señor probó a sus discípulos para ver si estaban preparados. La palabra de Dios dice:

“Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.

Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. 

Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.

Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.  Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.” Juan 6:1-13

El primer hombre en ser probado fue Felipe y fue el primero en reprobar, puesto que mencionó que el dinero que tenían no abastecería para alimentar a todas las personas que se encontraban en aquel lugar. El segundo en aplazarse fue Pedro, quien afirmó que el poco alimento que había no era nada para tantos.

En toda esa multitud sólo hubo un niño que aprobó, aquel que a pesar de ver una gran cantidad de gente llevó sus cinco panes y dos pececillos para compartir. Jesús mostró que con Él no existían limitaciones, comieron hasta saciarse e incluso sobraron doce cestas llenas.

¿Estás preparado para una prueba? Es posible que la preocupación que presentas sea por la alimentación, vestimenta, material escolar de tus hijos u otras cosas que te impiden creer en Dios. ¿Cómo lo estás enfrentado? El peor error que puedes cometer en estos momentos es alejarte de Jesús, quien es el único que hace milagros.

No te aplaces ¡Regresa y confía en Él y Él hará!

 
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Con la fe de un niño

Una pobre mujer americana cuyo marido había sido enrolado en el ejército Federal durante la guerra civil en Estados Unidos, quedó desamparada con cuatro hijitos, en aquel tiempo cuando los gobiernos no proveían para tales necesidades.

Entre sus hijitos había un niño de seis años que había aprendido a confiar en el cuidado de su Padre Celestial, y cuya fe nunca fallaba. Todo el tiempo su tierna voz estaba lista para consolar y animar a su madre con sus dichos infantiles. Cuando el tonel de harina estaba por vaciarse el corazón de la madre se oprimía; pero el pequeño observó que siempre volvía a llenarse, pues la caridad  de varios granjeros amigos de la necesitada familia proveían lo necesario.

Un día mientras la madre sacaba harina del tonel, el niño se hallaba sentado a su lado sobre el suelo, reflexionando al parecer. De repente una  idea pasó por su mente y levantando la cabeza exclamó: “Madre, me parece que Dios oye cuando rascamos el fondo del barril”.

Dios siempre está atento a nuestras necesidades y escucha nuestras oraciones. Quizás a veces creemos que no es así  porque nos desesperamos cuando la respuesta no llega, cuando las cosas no son como nosotros quisiéramos, pero sin duda alguna Él está en control.

La fe del niño de la historia no sólo movía la mano de Dios, sino que sostenía a la atribulada madre. Nosotros debemos procurar ser iguales que el pequeño, no sólo confiando plenamente en nuestro Padre y su provisión, sino que podamos ser un ejemplo y dar aliento a quienes nos rodean. No es fácil, sin duda alguna, pero ¿Qué ganamos amargándonos?

“Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos? Mateo 6:26 (NTV)

Si Dios tiene cuidado de las aves, también cuidará de ti, de tu familia, de los seres que amas y suplirá todas sus necesidades.

Confía en Dios, tu vida es muy valiosa para Él y quiere bendecirte con mucho más de lo que esperas. No pongas más barreras ni “peros” ni mires las circunstancias, sólo cree y Dios hará el milagro que necesitas en su tiempo y de acuerdo a su perfecta voluntad.

 

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¿Realmente lo amas?

Si usted ama a alguien seguramente desea que la otra persona manifieste también este sentimiento; y es que el amor no necesita ser comprendido, necesita ser demostrado cada día y a cada instante.

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.” Juan 21:15-17

Jesús le preguntó tres veces a Pedro si lo amaba y él respondió que sí; lo interesante es lo que el Maestro menciona después de cada respuesta: “Pastorea mis ovejas”. En otras palabras, lo que manifestaba era que si su discípulo lo amaba debía demostrarlo cuidando de las ovejas. Jesús no solamente deseaba escuchar a Pedro decir que lo ama, sino que este amor debía ser demostrado al realizar su servicio.

Las ovejas a las cuales se refería Jesús no eran animales, sino, a las personas que han decidido creer en Él.

Ahora es tiempo de que reflexiones en esta pregunta: ¿Amas a Dios? Es fácil decir en palabras que amamos a alguien, pero el reto está en demostrarlo. El trabajo de un pastor es alimentar, proteger y cuidar a las ovejas, y en este tiempo muchas se han perdido del camino. Si amas a Dios, Él te pide que las busques, que les enseñes y salves sus vidas.

“Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” Juan 14:23

Si realmente amas a Dios lo demostrarás al estar en constante comunión con Él, estudiando y obedeciendo su palabra. Si no tienes una relación con Dios en la que cada día oras y estudias su palabra, entonces estás lejos de Él  ¿Quieres que Dios more en tu vida y en tu familia? Decide amarlo.

 

 

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¿A quién estás alimentando?

Una pregunta bastante interesante dice: “Si se pelearan dos perros, uno blanco y el otro negro, ¿Cuál ganaría?” La mayoría responde que el blanco, pero la verdad es que el negro también tiene las mismas oportunidades de vencer.

Al ponerles dos colores opuestos a ambos animales, inmediatamente uno no puede dejar de pensar que se tratan de dos fuerzas que están en constante pugna; blanco y negro, el bien y el mal, la carne y el espíritu, la confianza y el escepticismo, etc.

Pablo tiene una forma elocuente de decirlo: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” Gálatas 5:17 versión Reina-Valera 1960

Imagina dos potencias enfrentándose entre sí por el domino de tu vida y que ambos habitan dentro de ti. Es interesante lo que ocurre, ambas fuerzas están subyugadas a nuestra propia mayordomía y a la que terminemos sometiéndonos, será la que ejerza dominio sobre nuestra conducta. Eso siempre ha ocurrido así.

Hay muchas personas que conocen a Dios, asisten a los servicios y hasta forman parte de un ministerio, pero continúan con viejos hábitos como la mentira, el chisme, la ira descontrolada, palabras soeces, la pornografía, etc. Su esfuerzo humano no es suficiente como para dejar esos malos hábitos.

Galas 5 del 16 en adelante, expone una larga lista titulada “los frutos de la carne”, todos consecuencia de haber alimentado al “sabueso” incorrecto durante mucho tiempo. Es verdad que en algunos casos al llegar a los pies de Jesús, muchos son librados instantáneamente de las cadenas pecaminosas que antes los tenían presos, pero en ocasiones y dentro de la soberanía de Dios, uno debe empezar a alimentar al espíritu para que cualquier mala costumbre o hábito de una vida pasada, sea eliminada por completo.

Más adelante, el mismo capítulo de Gálatas menciona los frutos del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Y como si fuera poco, cierra diciendo: “contra tales cosas no hay ley”, es decir, no hay juicio. Gálatas 5:22

La carne y el espíritu, todo el tiempo luchan dentro de nosotros. Son como esos perros de la pregunta inicial que están en constante punga por el dominio absoluto de nuestra vida. Ambos desean vencer, pero solo  el más fuerte terminará dominando al otro.

La victoria de alguno de los dos está en tus manos; solo debes alimentar al que desees que gane.

 

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Le dieron un plato de comida, fue allí cuando entendió cuánto amaba a su madre

En la actualidad los hijos piensan que sus padres los corrigen simplemente por molestar.  Puesto que para un padre, cuidar de su hijo, darle educación, alimentarlo, darle los mejores ejemplos para su bienestar y porvenir, es una tarea ardua y continua.  Esta niña aprendió una valiosa lección que nunca olvidará.

“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa” Efesios 6:2

Caspa

La piel es un tejido formado por miles de células cuyo tiempo de vida es limitado, éstas al morir se desprenden en forma de hojuelas blancas para luego ser reemplazadas por otras células nuevas. Este proceso es normal en el cuerpo de todas las personas.

Sin embargo, existen casos en los que hay una presencia excesiva de piel muerta causada por seborrea y algunas otras enfermedades. Esto es bastante notorio sobre todo en el cuero cabelludo,  debido a que cada filamento retiene las escamas de piel muerta. Este tipo de caso es clínicamente conocido como caspa.

La recomendación más normal es una buena alimentación, tomar bastante agua y consumir frutas, lo que  puede ayudar a hidratar la piel en todo el cuerpo. El consumo de alimentos que contengan zinc también es bastante recomendable. Además se debe cuidar el aseo personal, lavando con regularidad el cabello con un buen champú. La solución está en mantener un cuidado personal y físico.

Algo similar pasa con el pecado. La naturaleza inclinada a hacer el mal está presente en todas las personas y nadie está exento de ser influenciado por ella, pero pareciera que algunos saben mantener a raya esos deseos con más éxito que otras.

Para empezar, debemos reconocer nuestra insuficiencia para lidiar con el pecado, pero si levantamos una bandera blanca de rendición, no lo hacemos ante el pecado mismo sino ante Dios para que nos ayude a luchar con su poder.

Pablo escribe: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” Gálatas 5:17 Versión Reina-Valera 1960

Necesariamente alguno, la carne o el espíritu, va a reinar en nuestra vida influenciando nuestro carácter, nuestras decisiones e incluso afectando a personas que tenemos alrededor nuestro y comprometiendo nuestro futuro.

Pero Dios no nos deja a merced del pecado, sino que nos da la solución a través de su palabra motivándonos a mantener un cuidado espiritual.

“¿Cómo podrá el joven llevar una vida limpia? ¡Viviendo de acuerdo con tu palabra! Yo te busco de todo corazón; no dejes que me aparte de tus mandamientos. He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti.” Salmos 119:9-11 Versión Dios Habla Hoy

Si la caspa es igual a la falta de cuidado personal, el pecado es igual al descuido en el ámbito espiritual. No importa qué tanto trabajes para cubrirlo o evitar que sea visible, al final siempre habrá alguien que logre notarlo.

Recuerda: El pecado no se elimina desde afuera sino desde adentro, alimentando el espíritu y renovando constantemente nuestra mente por medio del estudio de la biblia.

 

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Tener fe y alimentarla

Frederick Douglass fue escritor, editor, orador y ferviente defensor de los derechos de los afroamericanos negros. Su lucha lo llevó a ser uno de los más importantes disertantes abolicionistas de su época y de toda la historia de los Estados Unidos.

Pero este hombre, conocido como El Sabio de Anacostia, no procede de la comodidad de una familia, ni de los círculos sociales acomodados. Douglass nació en la época de esclavitud total para su raza.

El sistema al que estaba sujeto fue ideado en todos sus detalles para quebrar el espíritu de una persona, entre otras cosas: el individuo era separando de su familia para que nunca desarrollara vínculos emocionales, recibía constantemente amenazas y castigos con el único fin de aplastar toda noción de libre albedrío, además debía seguir siendo analfabeto e ignorante, para evitar que su pensamiento crezca.   Todo esto con el fin de formar en el esclavo la peor opinión de sí mismo.

El propio Douglass sufrió de niño todas esas desgracias pero, por algún motivo, desde su más tierna infancia, entre lágrimas de soledad dejaba volar su imaginación creyendo que podía ser libre y que podía aspirar a algo más. Él sentía dentro de su corazón que algo había sido aplastado, pero que podía levantarlo nuevamente.

En 1828, cuando tenía diez años, su amo lo envió a trabajar a casa de un yerno en Baltimore, Maryland. Douglass interpretó esto como un acto de la providencia en su favor. Significaba que escaparía del arduo trabajo en la plantación y tendría más tiempo para pensar. En ese lugar, la señora de la casa leía continuamente la Biblia, y un día él le preguntó si podía enseñarle a leer. Ella lo complació con gusto y el muchacho aprendió rápidamente.

Pero cuando el amo se enteró, reprendió severamente a su esposa: un esclavo nunca tendría permitido leer y escribir. Le prohibió seguir enseñándole. La señora de la casa simplemente asintió con la cabeza y ya no le enseñó más nada, pero ya era demasiado tarde, aquel niño ya podía arreglárselas por sí solo. La señora de la casa, simplemente dejaba algunos libros de pensadores y oradores tirados por ahí para que el niño los recogiera y pudiera leerlos a escondidas.

Al tomarlos, escapaba a lo más recóndito de los cultivos de algodón y pasaba horas memorizando discursos famosos que repasaba en su mente. Se imaginaba convertido en un gran orador, clamando contra los males de la esclavitud.

Cuando cumplió quince años, su amo se dio cuenta que era distinto a los demás esclavos en su expresión, su trabajo y hasta en su forma de andar, así que lo envió a una granja gobernada por un tal Covey, cuya única tarea en la vida era doblegar los espíritus rebeldes. Pero todas las artimañas que usaba ya no podían tener éxito. Douglass había creado una identidad propia, que no correspondía con la que Covey quería imponerle.

Con el tiempo logró idear un plan para escapar al norte. Ahí fue donde creció como orador abolicionista importante, fundó su propio periódico y rebasó siempre los límites que los demás trataban de imponerle.

Quizás nunca nos toque vivir las mismas dificultades que atravesó un afroamericano en la época de la esclavitud, pero en medio de nuestra propia adversidad, historias como las de Frederick Douglass, nos muestran como una persona que nació con un destino marcado y con un entorno hostil, puede salir adelante si cree y si alimenta constantemente esa creencia.

“Repite siempre lo que dice el libro de la ley de Dios, y medita en él de día y de noche, para que hagas siempre lo que éste ordena. Así todo lo que hagas te saldrá bien. Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.” Josué 1:8-9 Versión DHH

La adversidad es una constante en la existencia del hombre, pero tener fe y alimentarla, es una variable que le toca a cada persona agregar a su vida.

 

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¡No alimentes cobras!

Cuentan que en cierta ocasión un europeo que visitaba una aldea en la India, discutía con un lugareño y mientras lo hacía se apoyaba contra el muro de una casa. De repente una mujer salió del lugar gritando muy agitada:

–          ¡Aléjese de aquí!

–          Pero, ¿por qué? – preguntó el europeo, sorprendido.

–          ¿Ve usted esta hendidura en el muro? Dentro de algunos minutos  saldrá una cobra de ahí para beber este tazón de leche que le he preparado, pues es un animal sagrado, al cual hay que complacer.

El hombre no se hizo de rogar, retrocedió unos pasos y aguardó curioso, pero inquieto a la vez.

Pronto la cabeza de la cobra apareció y su largo cuerpo se desenrolló. Tomó la leche hasta la última gota y se metió otra vez en la hendidura.

Algunas semanas más tarde, el europeo volvió por la aldea y cuando pasaba por la casa donde había visto a la cobra, se encontró con el propietario vestido de luto.

–          Mi esposa ha muerto- dijo él, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

–          ¿Ha muerto? ¡Pero me pareció que gozaba de buena salud!

–          Sí, pero la cobra la mató. Ésta tomaba su leche como de costumbre, cuando por descuido mi esposa la tocó con su pie. El animal se dio vuelta y la mordió. Poco tiempo después ella murió.

En muchas ocasiones vemos el pecado como algo inofensivo, creemos tenerlo bajo control. Algunos lo alimentan con mucho cuidado, como la mujer del relato, pensando que así estará tranquilo y nunca los dañará. Sin embargo, lo cierto es que no debemos jugar nunca con las tentaciones y los pecados, por el contrario, en estos casos, es de valientes huir.

No te pongas a medir fuerzas con el diablo, si bien en Cristo somos más que vencedores, también se nos exhorta a resistir al diablo: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7 (NTV)

No es sabio ni coherente criar a un animal que puede terminar con tu vida en cualquier momento. Del mismo modo no es sensato cuidar con esmero la envidia, los celos, la amargura, la mentira, los vicios y tantas cosas más que solamente terminarán por robarte la paz, el gozo, tus sueños, tu familia y hasta tu relación con Dios.

Antes de estar alimentando todas esas cobras que acabarán con tu vida, deberías esmerarte más en buscar y cultivar los frutos del Espíritu Santo:

“En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad,  humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!” Gálatas 5:22,23 (NTV)

Si has estado criando una cobra, como si fuera una mascota, es tiempo de deshacerte de ella, no vaya a ser que después sea demasiado tarde y termine matándote.

 

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