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¿Eres orgulloso? 1

¿Eres orgulloso?

“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Efesios 1:4 RV60

En la vida cotidiana las situaciones difíciles afectan nuestra manera de pensar sobre los demás cuando nos lastiman o fallan, lo que debemos cuestionarnos es si nos volvemos altivos ante esas circunstancias  y si esto nos impide perdonar con facilidad.

Algunos cristianos no descubren su verdadera identidad en Jesucristo y esto se ve en las actitudes que toman ante la multitud de pruebas que afrontan, llegando a cansarse al intentar darles solución a partir de sus propias fuerzas.

A cada momento damos un examen delante de Dios, Él utiliza muchas cosas para cambiar nuestra manera de comportarnos y nos muestra la verdad en su Palabra: sólo seremos libres de orgullo en Su Presencia.

Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Si eres hijo o hija de Dios deja que Jesucristo haga una obra especial en tu carácter, Él puede librarte del orgullo; no dejes pasar el tiempo, dale lugar al perdón y al Espíritu Santo para que seas renovado y cambie tu modo de pensar.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

6 señales de que eres más orgulloso de lo que crees 2

6 señales de que eres más orgulloso de lo que crees

Todas las personas tienen orgullo, pero cuando éste se sale de control, se convierte en algo dañino para nosotros y los demás. A veces es más sencillo reconocer la altivez en otras personas que en uno mismo; sin embargo, podemos ser soberbios sin darnos cuenta. C. S. Lewis dijo: “El orgullo es un cáncer espiritual: se come la posibilidad misma de amar, o el contentamiento, o incluso el sentido común”. Si deseas librarte del orgullo que puede arruinar tu vida, entonces presta atención a las siguientes señales:

1. Engrandeces tus logros:

Cuando uno alcanza algún logro, es normal que se sienta satisfecho consigo mismo y quiera celebrarlo. El problema nace cuando exageramos nuestros triunfos y los hacemos ver más grandes de lo que son. Este comportamiento demuestra escasez de humildad, inmadurez, e incluso puede llevarte a la ruina; así como lo dice Proverbios 18:12: El orgullo acaba en fracaso; la honra comienza con la humildad” (TLA).

2. No consideras el esfuerzo de los demás:

El éxito que se obtiene al trabajar en equipo es el producto de la colaboración de todos, pero cuando intentas llevarte el crédito por toda la labor realizada, es una clara señal de soberbia. A nadie le gusta ser menospreciado, y cuando te colocas sobre los demás, puedes causar antipatía en otros. Incluso Proverbios 21:24 señala: Qué bien le queda al orgulloso que lo llamen «¡malcriado y vanidoso!»” (TLA).

3. Te cuesta ser agradecido:

Si te cuesta tener una actitud de agradecimiento; entonces es tu orgullo el que te impide reconocer el esfuerzo y valor de los demás. Ser agradecido es una práctica que hará que los demás te vean como una persona humilde y prudente. Ésto también se aplica cuando se trata de darle las gracias a Dios en todo momento.

4. Piensas que eres irreemplazable:

Solo porque seas bueno en lo que hagas, no significa que eres irreemplazable. En alguna parte, hay otras personas que son mejores que tú y que podrían tomar tu lugar; es por ello que pensar que tu equipo puede irse a la ruina sin tu presencia, es un pensamiento irreal y arrogante. Recuerda lo que dice Romanos 12:3: “…No se crean mejores de lo que realmente son. Más bien, véanse ustedes mismos según la capacidad que Dios les ha dado como seguidores de Cristo” (TLA).

5. No te gusta aprender de otros:

La vida del ser humano es un constante aprendizaje y al rechazar la enseñanza de alguien, no sólo estás demostrando ignorancia, sino también orgullo. Nunca niegues la instrucción de alguien, incluso cuando pienses que no podría enseñarte nada. Todos tienen algo que enseñar y algo que aprender. Recuerda Proverbios 9:9:“Educa al sabio, y aumentará su sabiduría; enséñale algo al justo, y aumentará su saber” (TLA).

6. No admites tus errores:

Hay dos actitudes que demuestran arrogancia: no admitir los errores, y culpar a otros. Las personas humildes saben admitir su responsabilidad cuando algo sale mal, y es esta conducta la que hace que los demás los admiren y honren. Proverbios 29:23 afirma que: El orgulloso será humillado, y el humilde será alabado” (TLA).

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

 

Inclina la cabeza 3

Inclina la cabeza

Carlos llegó del trabajo con deseos de descansar en el sofá y leer su libro preferido. Sin embargo, armó un escándalo porque este libro se encontraba perdido, su esposa e hijos buscaron, pero no pudieron encontrarlo, entre gritos e insultos por el enojo de Carlos se fueron a dormir.

Al día siguiente Carlos encontró el libro en el escritorio de su trabajo, olvidó que lo había llevado para concluir su lectura.

¡Qué difícil es inclinar la cabeza! En esta historia, a Carlos le corresponde pedir perdón a su esposa e hijos por su equivocación y por supuesto que no será fácil. A la mayoría de las personas le gusta elevar la cabeza en lugar de bajarla, generalmente uno quiere tener la razón y que su palabra tenga mayor valor a otras, esto es “Soberbia”; que se define como altivez, orgullo, arrogancia y envanecimiento.

Es importante aclarar que a Dios no le agrada la altivez, por tanto, mira de lejos a estas personas y no las atiende (Salmos 138:6). La Palabra de Dios advierte que tarde o temprano será su caída y quebrantamiento.

Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu… Proverbios 16:19

La soberbia es pretender vivir sin Dios. Esto hace referencia a todas las personas que viven a su manera, haciendo lo que quieren aunque esto no agrade a Dios. La Biblia dice: “no mentirás” pero mienten a diario; “amar a Dios sobre todas las cosas” y no apartan tiempo para orar y estudiar su palabra; “amar al prójimo” y no desean perdonar. ¡Esto es soberbia!

 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para nuestras almas”. Mateo 11:29

En este momento Jesús te hace una invitación  y te pide que lleves su yugo, siendo como Él: humilde y manso.

¿Quieres estar cerca de Dios? Entonces toma una decisión, deja de ser tú y permite que Cristo viva en ti, renuncia al orgullo y permite que Él tome el control, no pierdas más bendición y compañía del Señor.

Pide perdón y dile: ¡Quiero menguar para que crezcas tú!

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Las 7 cosas que Dios detesta 4

Las 7 cosas que Dios detesta

“Seis cosas aborrece el Señor, y aun siete le son abominables: los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies que corren presurosos al mal, el testigo falso, que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.” (Prov. 6: 16-19)

Vemos claramente en este texto las cosas que Dios detesta, pero sería bueno preguntarse si esta lista coincide con la lista de cosas que nosotros mismos rechazamos.

El número siete en la Biblia nos da la idea de algo completo, por lo cual podemos decir que Dios detesta completamente estas cosas porque son consecuencias de la naturaleza pecaminosa del ser humano. Como sabemos Dios ama al pecador pero detesta el pecado.

De igual forma, nosotros debiéramos tener una actitud misericordiosa y compasiva con la persona que comete pecado, pero sin que esto signifique aceptación de las conductas que resultan intolerables para Dios.

Las siete cosas que Dios detesta son:

  1. Los ojos altivos. Se trata de las personas orgullosas que se sobrevaloran a sí mismas, aquellos que no aceptan correcciones y subestiman a los demás.
  2. La lengua mentirosa. El que miente, engaña, falsea la verdad, dice medias verdades que en realidad representan medias mentiras.
  3. Las manos que derraman sangre inocente. Los homicidas, los que ejercen toda clase de violencia.
  4. El corazón que maquina pensamientos perversos, planes inicuos.
  5. Los pies que corren presurosos al mal.
  6. El testigo falso que dice mentiras. Una vez más, la falsedad y la mentira es claramente rechazada por Dios.
  7. El que siembra discordia entre hermanos. Sabemos que todo lo que se siembra es lo que se termina cosechando. Un dicho popular declara: “el que siembra vientos recoge tempestades” No agrada a Dios la persona que está sembrando “cizaña” entre hermanos.

La Palabra habla de todo: del que calumnia, del que genera contiendas en la familia, pero yo creo que también incluye a los que crean conflictos en la “familia espiritual que es la iglesia.  Por lo tanto, este pasaje es tan rico que incluye al que murmura, al chismoso, al que usa su lengua como un arma para dividir, ofender y dañar, trayendo como consecuencia división, contienda y enemistad.

Cuántas veces escuchamos comentarios irresponsables sin siquiera tener el recaudo de medir las consecuencias. Por lo tanto debemos tener cuidado de “engancharnos” en hablar cosas que no solo no edifican sino que terminan dividiendo o enfrentando a los miembros de una familia. Es bueno saber que esto no es un juego sino que todo lo que hablemos de manera imprudente tendrá sus consecuencias.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ni siquiera soy digno de ser su esclavo 5

Ni siquiera soy digno de ser su esclavo

Yo bautizo con agua a los que se arrepienten de sus pecados y vuelven a Dios, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y llevarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Mateo 3:11 NTV

Juan el Bautista era un hombre que se hizo conocer por predicar para que las personas se arrepientan de sus pecados y la gente venía de diferentes ciudades para ser bautizados por él. En su posición podía dejarse dominar por el orgullo y altivez ya que incluso doctos en la ley iban a ver lo que hacía; sin embargo, recordaba cada momento que no era digno y que servía a alguien superior.

Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Mateo 7:6-7

Se llamaba “Centurión” a un oficial de ejército que tiene a su mando cien soldados, por eso mismo este hombre podría ser prepotente y altivo, sin embargo, demuestra su temor a Dios al pedirle ayuda y reconoce que no es digno de tenerlo bajo su techo, ni siquiera de estar en su presencia, sabía quién era Él y por esto mismo recibió su milagro.

Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Romanos 5:8 NTV

Estos dos hombres,  Juan y el Centurión, tienen algo en común,  ambos temen a Dios porque reconocen que no son dignos, ni merecedores de algo. Nosotros deberíamos estar agradecidos al Señor porque  que hemos sido beneficiados en gran manera. Éramos pecadores, no merecíamos ser salvos pero por su gran amor lo somos. No somos dignos de servirle, pero nos da esa oportunidad.

Lamentablemente en lugar de ser agradecidos nos resulta pesado ser cristianos. Una hora es tan larga cuando hablamos de Dios pero tan corta cuando vemos una novela o un partido de futbol. No encontramos palabras para orar, pero fácilmente nos salen cuando charlamos con algún amigo. Nos da sueño cuando leemos la Biblia, pero qué fácil nos resulta leer las revistas de modas. Buscamos siempre la primera fila en el teatro o cine, pero cuando vamos a la Iglesia siempre nos ubicamos atrás.

Es posible que hayas olvidado que no eres digno de estar sentado a su mesa, y por ello criticas algún aspecto de tu iglesia, te dejas llevar por los chismes, o no deseas servir si no te han elegido líder de aquel lugar. Lo importante es que ahora recuerdes de dónde Dios te ha sacado, le agradezcas y le sirvas con humildad porque no somos merecedores pero Él nos da todo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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