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Buena noticia

La palabra evangelio proviene de una voz griega que significa “buen mensaje” o “buen anuncio”. Es un frase compuesta de dos ideas: mensaje y bueno; no es un sustantivo; es una frase compuesta de un sustantivo y un adjetivo.

¿A qué viene este mínima disquisición?

La tradición ha convertido la palabra evangelio en un sustantivo. Presentar el evangelio, anunciar el evangelio. Y en un verbo: evangelizar. Si se fijan  bien sugiere la idea que la esencia del contenido está en la palabra: el evangelio es lo que se le hace a la gente.

Entonces se ha diseñado un complejo entramado de conceptos para que la gente responda al evangelio. Es decir, el mensaje se convirtió en el activo, y se alejó de ser lo que venía a decir.

Pensemos por un momento en la buena noticia. ¿Cuál es esa noticia? La noticia es que Dios ama al mundo y no quiere que nadie pierda ese amor. Dios ama a toda la gente. Y los que le aman a El se supone que lo que deben hacer es amar a toda la gente.

La buena noticia es Dios, es su amor a todos los seres humanos. Cuando uno lo piensa así, en realidad el mensajero es Dios, no nosotros. El es la misión, si profundizamos el pensamiento. Nosotros podemos acompañarlo o no. Pero el activo es El, no nosotros ni nuestro mensaje.

Por supuesto que atrae la idea de ser evangelizadores. Otorga un lustre de conquistadores, de salvadores del mundo. A las personalidades fuertes y logradoras esto les encanta. Pero no sé si esto refleja el carácter del Dios al que alude la buena noticia

Tal vez alguien de la audiencia puede pensar que esto es hilar demasiado fino. Al final la cuestión es predicar el evangelio.

Pero al avanzar un poco en la reflexión, vemos que lo que deberíamos hacer es imitar a Dios: amar a la gente, servirla, ayudarla en sus necesidades y angustias. Tal vez nos sirvan aquí las palabras del profeta bíblico:

“… Me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados. (Isaías 61:1-3)

Me parece que éste es el evangelio: decir lo que hace Dios, y hacerlo nosotros.

 

 

Amar a nuestros ancianos

“Ponte de pie en presencia de los mayores. Respeta a los ancianos. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.” Levítico 19:32 (NVI)

¿Cuál es tu actitud frente a los ancianos? ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando los ves? Es importante brindarles el respeto y amor que ellos merecen; dedica tiempo a escucharles, en lugar de buscar consejo de quienes creen tener la respuesta a tus inquietudes; ora por ellos y sigue su ejemplo. Dios también tiene planes maravillosos para los ancianos que van incluso más allá de sus propias fuerzas. Por lo tanto ámalos, recuerda que un día tú también estarás en ese lugar.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Idolatría enmascarada

“ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.” Romanos 1:25 (RVR1960)

La idolatría es dar a algo o alguien la adoración y honra que solo Dios merece. Lamentablemente caemos en este pecado no sólo adorando a imágenes, sino también a personas.

La idolatría es un pecado que es de mucho tropiezo, incluso, en Apocalipsis 9:20-21 menciona que los hombres que sobrevivan a las plagas, aún así no se arrepentirán de adorar a otras cosas antes que a Dios.

¿Cómo este pecado nos afecta? Cuando buscamos nuestra mayor satisfacción y gozo en aquello que fue creado por Dios antes que en Él mismo, puede ser con nuestro cónyuge, hijos, trabajo, nosotros mismos, etc. Esto nos hace alejar indirectamente de Dios, hasta el punto de dejar de depender de Él.

Podemos ver como ejemplo de idolatría a las personas, cuando un ser querido es la fuente de nuestra estabilidad integra, y cuando ya no está por alguna razón, nuestra vida se derrumba por completo tanto que no deseamos seguir adelante a pesar de que tenemos a Dios.

El Señor debe ser nuestro mayor deleite siempre, de esta manera nuestro corazón se guardará de la idolatría; y ¿cómo nos deleitamos en Él? Conociéndolo a diario, hablando con Él, escudriñando su Palabra, alabándole, agradeciéndole por todo lo que nos da. Ya que nada en la vida fue creado para ser adorado, así que nada ni nadie podrá llenarnos  como lo hace Dios.

Amándolo a Él podemos tener relaciones sanas con los demás, sin caer en este pecado, teniendo en claro que los otros son regalos de Dios y no fuente de idolatría.

¿Es Dios tu fuente de satisfacción?

“¿Alguna vez una nación ha cambiado sus dioses por otros, aun cuando no son dioses en absoluto? ¡Sin embargo, mi pueblo ha cambiado a su glorioso Dios por ídolos inútiles!… Pues mi pueblo ha cometido dos maldades: me ha abandonado a mí —la fuente de agua viva— y ha cavado para sí cisternas rotas ¡que jamás pueden retener el agua!” Jeremías 2:11,13 (NTV)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Amarlos? Después de que…

Quizá por mucho tiempo has estado huyendo de tus “enemigos”, pero ¿qué pasaría si te vuelves a encontrar con ellos? ¿Cuál sería tu actitud, si tendrías la oportunidad de cobrar venganza? David se encontraba en una situación similar y aunque su decisión decepcionó a otros, no dudó en hacerlo.

“Entonces los hombres de David le dijeron:

— ¿Te acuerdas que Dios te prometió que te vengarías de tu enemigo, y que le harías lo que quisieras? Pues bien, ¡ahora es cuando debes hacerlo!

Pero David les respondió:

— ¡Que Dios me libre de hacerle algo a mi señor el rey! ¡Nunca le haré daño, pues Dios mismo lo eligió como rey! ¡Sobre su cabeza se derramó aceite, como señal de la elección de Dios!

Y aunque David les prohibió a sus hombres atacar a Saúl, él mismo se acercó en silencio a donde estaba Saúl, y cortó un pedazo de la orilla de su manto. Sin embargo, más tarde pensó que no debía haberlo hecho. En cuanto Saúl terminó, se levantó y salió de la cueva para seguir su camino.” 1 Samuel 24:4-7 (TLA)

Podemos imaginar a David escuchando el consejo de sus hombres, quienes se encontraban emocionados, porque desde entonces su vida de fugitivos llegaría a su final. Quizá supusieron un montón de cosas a su favor, pero para su sorpresa, David no se acercó a Saúl para poner su espada sobre su cuello sino para cortar la punta de su manto.

Estoy segura que los hombres de David se decepcionaron por esta actitud, quizá muchos dijeron: “Tenía la oportunidad de terminar con la vida de aquel que intentó matarlo y decidió perdonarlo”.

¿Qué harías tú en esa situación? Quizá pasen por tu mente estas palabras: ¿Amar a mi enemigo después de lo que me robó, después de su traición? Por su puesto que no es fácil restaurar una relación de amistad pero, si contrario a lo que David tuvo que atravesar, el que un día fue tu amigo viene a pedirte perdón, ¿lo harías? Puede que te haya fallado, que haya cometido un montón de errores, que incluso te haya difamado, pero ante ello, la mejor decisión que puedes tomar, es perdonar así como David lo hizo con Saúl, teniendo la oportunidad de matar a quien se había convertido su enemigo, lo perdonó.

No es difícil amar a quienes nos aman, nos bendicen, oran por nosotros, etc., sino a aquellos que desean nuestro mal, lo cual se convierte en un verdadero reto, al que todos fuimos llamados. El amor humano dice “Te voy a amar si… haces lo que digo, lo que quiero, si me amas, etc.” mas Jesús nos llama a: “amar a nuestros enemigos” lo cual implica, actuar a su favor.

“¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aun los pecadores lo hacen así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a quienes pueden corresponderles? Aun los pecadores se prestan entre sí, esperando recibir el mismo trato. Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados.” 32-35

Si te encuentras con tus enemigos… ¿Qué actitud tomarás?

 

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Ámalo como a ti mismo!

“Pues toda la ley puede resumirse en un solo mandato: «Ama a tu prójimo como a ti mismo», pero si están siempre mordiéndose y devorándose unos a otros, ¡tengan cuidado! Corren peligro de destruirse unos a otros.” Gálatas 5:14-15 (NTV)

¿Será posible amar a nuestro prójimo cuando lo único que nos provocan es enojo o cólera? No siempre es fácil pasar por alto la falta de otros, pero como Dios ya sabía esto, nos dejó un gran mandamiento que tiene que ver con nuestro prójimo, y es que debemos amarlos como a nosotros mismos, en otras palabras, si no nos amamos a nosotros mismos seremos incapaces de hacerlo con los demás, lo cual viene como consecuencia de amar a Dios.

¿Cómo es tu actitud con tu prójimo? ¿Alguna vez has hablado mal de alguien? ¿Prefieres resaltar las debilidades de otros antes que sus fortalezas? Ten presente lo que dice Jesús en el pasaje que leímos, porque cuanto ames a Dios se verá en cuanto ames a tu prójimo. De lo contrario, terminaremos destruyéndonos entre nosotros.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Confesión de parte

Soy hijo de padres pentecostales. No recuerdo un día en que que no haya estado vinculado a lo evangélico. Sí, he estado fuera de la iglesia muchas veces y por mucho tiempo pero tengo la marca registrada.

No puedo, por lo mismo, relacionarme con las historias de “Cuando conocí al Señor” porque lo conocí siempre, al menos institucionalmente.

En la adolescencia, en mis primeros años de adulto, ya adulto y en mis años marrón estuve expuesto a cuatro grandes experimentaciones de doctrina, como llaman los cristianos a sus constructos formativos.

En todas ellas la secuencia fue como sigue: enamoramiento exultante, profundización, confrontación, quiebre y alejamiento. Las primeras fueron explosivamente breves. Ya más adulto los procesos tomaron más tiempo y por eso tal vez dolieron más.

Cierta mañana, en un lugar bien lejos de aquí, sufrí una crisis de pensamiento que no creo posible describir en breve. Digamos que debajo de unos manzanos, en medio de un mar de lágrimas y bronca, resolví a partir de ese día desinstitucionalizarme (perdón por la palabra).

Lo cual quiere decir que di, no uno, sino varios pasos al costado y me propuse volver a pensar todo desde fuera. Si tal proceso me llevaría a reinstitucionalizarme o no es algo que entonces no me preocupó ni me preocupa actualmente.

Desde entonces hasta ahora me dedico diligentemente a dos cosas. Una, seguir explorando el texto bíblico en forma independiente. Sé cuánto ofende esto a la institución porque sostiene que fuera de ella eso es imposible de hacer. Yo creo que sí es posible.

La segunda es servir a los creyentes, particularmente quienes trabajan en el área de la comunicación. Mi interés constante es que comprendan el mundo en que viven y que puedan establecer un diálogo que haga posible y entendible el mensaje de Dios.

El proceso que acabo de describir es un hecho absolutamente personal. No persigo en manera alguna promoverlo. Estas líneas no tienen ni una pizca de propaganda. Entre otras cosas, porque es devastador, doloroso y solitario.

¿Por qué colocar aquí hoy esta confesión de parte? Por razones que no vienen al caso esta tarde pensé en las hijas y los hijos de creyentes que vivieron procesos similares. Algunos se fueron para siempre. Otros regresaron por temor a perder algo de eternas consecuencias y no quisieron pensar más.

Pocos encararon el camino de volver a pensar todo, amar a su generación y servirla con otra inteligencia.

A todos

Cuando le preguntaron a Alejandro el Grande, cómo en una edad tan temprana de su vida y en tan corto tiempo había logrado conquistar vastas regiones y establecer su nombre de un modo tan firme respondió:

—El secreto de mi éxito es que he tratado tan bien a mis enemigos que los he convertido en mis amigos; y me he comportado con mis amigos de forma tan delicada que han continuado siendo amigos de un modo inalterable.

Entre las muchas cosas que Jesús nos enseñó y cambió de la ley está el amor a los enemigos. En Mateo 5:43-48 dice:

“Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual. Si solo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo. Si eres amable solo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo.  Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto” (NTV)

Sin duda alguna, no es fácil amar a los enemigos. No es fácil sentir aprecio y mucho menos orar por alguien que nos ha calumniado, robado, herido, traicionado, que nos ha quitado algo a que apreciábamos mucho o que ha sido causante de la ruptura de una relación o familia. Hay cientos de ejemplos que podríamos tener y todos serían válidos; sin embargo, el mandamiento es amar a nuestros enemigos, sin importar la causa.

En Proverbios 15: 1 dice: “La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor” (NTV) ¿No te ha pasado que hay problemas que toman dimensiones impensables por una mala respuesta? De algo que parecía tan simple pasa a no tener sentido por la magnitud que cobra. Y muchas veces de ahí nacen los enemigos de algo que pudo evitarse con una blanda respuesta, hablando, aclarando posiciones.

El orar por tus enemigos, no sólo te pondrá dentro de la voluntad de Dios, sino que traerá paz a tu vida, te dará la fortaleza para tener un trato amable con aquellos que te han lastimado y verás cómo las cosas cambian. Recuerda que cada uno da lo que tiene y que de la abundancia del corazón habla la boca. ¿Qué hay en tu corazón?

Recuerda que el mandamiento de amar al prójimo se refiere a todos, a la gente que nos hace el bien como a aquella que nos lastimó.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

5 instrucciones para vivir en armonía

“Por último, todos deben ser de un mismo parecer. Tengan compasión unos de otros. Ámense como hermanos y hermanas. Sean de buen corazón y mantengan una actitud humilde. No paguen mal por mal. No respondan con insultos cuando la gente los insulte. Por el contrario, contesten con una bendición. A esto los ha llamado Dios, y él les concederá su bendición.”

1 Pedro 3:8-9 (NTV)

Pedro concluye el tema de las relaciones humanas diciendo que vivamos en armonía unos con otros.  Suena muy sencillo, ¿verdad? Pero, ¿haces lo que el Señor te pide? ¿Reflejas lo que Dios te dice?

Así como toda la Biblia se resume en amor, todas las relaciones humanas (sean con autoridades, pareja, amigos, vecinos o cualquier otra persona) se deben llevar con amor. ¿Sabes qué es el amor cristiano y cómo vivir con tu prójimo en armonía? Es amar como Dios nos ama y tratar como Él lo hace. Es poner en práctica estas cinco instrucciones del Señor y aplicarlas en nuestro diario vivir:

1. Ser de un mismo sentir. Quiere decir, vivir en unidad o cooperación unos con otros en medio de la felicidad o de la adversidad.

2. Tener compasión. Es un sincero sentir por las necesidades del otro, es ayudar sin recibir nada a cambio.

3. Amarse como hermanos (as). Significa que el amor por la persona debe ser incondicional y sin límites.

4. Ser humildes. Quiere decir, dejar el orgullo y todo el egoísmo a un lado. Servir al prójimo como lo hizo Jesús y no ser una persona arrogante.

5. No pagar mal por mal. Esto implica perdonar a la persona que nos hizo daño, orar por su vida y bendecirla.

Si realmente eres hijo (a) de Dios y el amor está en ti, estas cinco características serán parte de tu vida y diario vivir. Analiza tu vida y si te falta desarrollar alguna cualidad, pídele a Dios que te llene más de su presencia.

El apóstol Juan en su primera carta dice: “sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” 1 Juan 4:7.



El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Amor que duele

Nos enseñaron que para conmover el corazón de la gente había que decirle “Dios te ama”. Por aquellos años, encendidos de fervor, pensamos que estas palabras serían mágicas. Sería muy difícil – creíamos – que nuestros prospectos de evangelización  pudieran resistir el influjo de semejante verdad: El Dios personal de la Biblia te ama. Personalmente. A ti.

Cuando lo dijimos a la joven violada desde su infancia por su padre y su hermano mayor, a un mendigo enfermo que amanecía en la calle Philips en las mañanas de invierno,  a la madre que perdió a sus dos hijos y a su marido en un accidente causado por un conductor borracho, nos fuimos dando cuenta que no producían un efecto mágico.

La pregunta que nos imploraban responder era, en éstos y muchos otros casos: “Y por qué su amor no evitó que esto pasara?”

Nosotros, entrenados en la apologética presuposicional y sus inteligentes derivaciones, les dábamos a entender lo errado e injusto de su postura hacia nuestro Dios.

Tarde nos dimos cuenta que a veces – muchas veces – decir Dios te ama puede resultar cruel. La idea de un Dios omnipotente, omnisciente y omnipresente que permanece impasible frente al horrible destino de millones de almas no encaja en la mente sufriente.

(Tal vez recuerden que Moisés le decía a los hebreos que Dios se le había aparecido para venir a librarlos pero ellos no lo escuchaban a causa de la congoja de espíritu y de la dura servidumbre [Exodo 6:9]).

Nos apresurábamos a juzgar a aquellas personas que no respondían al amor de Dios. En su sufrimiento, pensábamos, era cuando mejor debía prosperar en ellos aquella palabra.

No entendíamos que lo que había que hacer no era decir “Dios te ama”. Había que amarlas.

Ahora, éste sí es un problema. Claro que podemos amar a la gente. Al fin y al cabo Dios las ama. Pero nosotros tenemos nuestras agendas. Nuestras prioridades. Nuestro asuntos. A veces incluso no nos alcanza para llegar a fin de mes. Tenemos familia, iglesia, ocupaciones, amistades y proyectos.

Alguien tendría que ayudar a esas personas. El Estado, las ONG´s de ayuda. Las cortes de justicia. Los hospitales públicos. Los servicios estatales para la mujer, los niños, los adultos mayores.

No. No podemos amar personalmente a la gente oprimida, angustiada, necesitada. Por eso, decirles que Dios las ama al menos aminora el tamaño del dolor.

O eso creemos.

¡Me tiene que costar!

Cuando deseamos alcanzar una meta es primordial realizar una planificación que nos ayude a esforzarnos, de esta manera poco a poco estaremos más cerca de lo que nos hemos propuesto.

Ninguna meta se alcanza con los brazos cruzados. Por ejemplo, si anhelo comprarme una movilidad seguramente tendré que ahorrar, posiblemente tendré que hacer sacrificios, como evitar ciertos gustos o gastos innecesarios, con tal de cumplir con el pago de las cuotas ¿no lo crees? Así es con cada objetivo o meta que nos propongamos.

En el área espiritual es algo parecido,  me gustaría hacer énfasis en este pasaje:

Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.

Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel.” 2 Samuel 24:24-25 (RVR 1960)

Para que entiendas mejor te pondré un ejemplo: cuando llega el cumpleaños de alguien que amas no escatimas en gastos, podrías esforzarte y comprarle algo con todos tus ahorros a pesar que querías invertir el dinero para otra cosa ¡Esto es valorar y amar! Así mismo lo expresó en este pasaje David, quien no quiso aceptar el terreno como un regalo, sino que lo pagó  como un sacrificio al Señor.

¿Lo que entregas al Señor te cuesta? La oración, el estudio de la Biblia, el ayuno o servicio son parte del sacrificio que entregamos al Señor, esto debido a las obligaciones diarias, las batallas que enfrentamos contra nosotros mismos y en otros casos simplemente porque no se tiene el hábito de hacerlo.

Si analizamos este aspecto, la mayoría descuida sus ejercicios espirituales cuando no deciden “sacrificarse”; puesto que esperan que no les cueste realizarlos y finalmente los abandonan.

¿Eres alguien que se sacrifica? Este tiempo te animo a Honrar a Dios con tu vida, y que puedas decir como David “no ofreceré a Jehová mi Dios sacrificios que no me cuesten nada”

¡Demuestra tu amor con tu esfuerzo!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No te quedes sin hacer nada

Cuando Jesús salió de la sinagoga, se fue a casa de Simón, cuya suegra estaba enferma con una fiebre muy alta. Le pidieron a Jesús que la ayudara, así que se inclinó sobre ella y reprendió a la fiebre, la cual se le quitó. Ella se levantó en seguida y se puso a servirles. Lucas 4:38-39 (NVI)

Una muestra de amor al prójimo es pedir a Dios por ellos, la suegra de Pedro estaba muy enferma, pero le rogaron a Jesús por ella y enseguida el Señor la sanó. Cuán importante es que todos nos apoyemos mutuamente en oración.

La Biblia nos muestra muchas ocasiones como esta, cuando uno le pide a Dios en favor del otro.

– Cuatro amigos llevaron al paralítico hasta Jesús y el paralítico salió caminando entre todos los espectadores. (Marcos 2:1-12)

– Centurión ruega a Jesús por su siervo que estaba postrado en cama, paralizado y con terribles dolores. Pero por la fe del Centurión su siervo fue sanado. (Mateo 8:5-13)

– Jairo se postra ante Jesús, porque su hija había muerto. Pero el Señor hizo un milagro y la niña resucitó. (Mateo 9:18-26)

– Abraham intercede a favor de Lot y se salva de la destrucción junto a sus hijas. (Génesis 18:23-33)

– Moisés intercede a favor de Israel y el pueblo se salva de ser destruido. (Éxodo 32:11-14)

– Nehemías, intercede por la restauración de su pueblo y Dios estaba con él. (Nehemías. 1:5-11)

Podemos ver que cada uno de estos hombres se puso delante de Dios para interceder por la necesidad del otro. Ellos vieron a su prójimo y nación en necesidad, muchos de ellos inválidos físicamente, perdidos espiritualmente, sin esperanza, entregados a la idolatría, necesitados de un salvador, etc.

Pero el amor y la misericordia que estas personas tenían por sus seres queridos y su pueblo, no los detuvieron a mirar simplemente; al contrario, hicieron todo lo posible por buscar a Dios y pedir que los ayudara.

Seguro que conoces personas que necesitan de Dios, familias que están a punto de destruirse y países entregados a la idolatría. No olvides que Dios busca hombres y mujeres que estén dispuestos a ponerse en favor de esas vidas para que no sean destruidas.

En Ezequiel 22:30 (NVI) dice: “Yo he buscado entre ellos a alguien que se interponga entre mi pueblo y yo, y saque la cara por él para que yo no lo destruya. ¡Y no lo he hallado!”

Empieza a orar por tus seres queridos y por tu país. Recuerda que amar es interceder por las personas y hacer todo lo posible por llevarlos a Dios.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.;

¿Qué es lo que Dios quiere para mí?

Dios ciertamente te ama tal como eres, pero Él quiere algo mucho mejor para ti. Que crezcas en santidad, seas lleno de su Espíritu, lleno de su Palabra y que te apartes del pecado.

“Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” Romanos 6:22 (RVR1960)

“La voluntad de Dios es que sean santos, entonces aléjense de todo pecado sexual.” 1 Tesalonicenses 4:3 (NTV)

Que soportes a tu prójimo y perdones sus ofensas. Que ames a tu hermano como Dios te ama y olvida tus pecados. “Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros.” Colosenses 3:13 (NTV)

Que te niegues a ti mismo, tomes su cruz y le sigas. Así como Jesús lo hizo cuando estuvo en la tierra, enseñando sobre el amor de Dios y acercando a las personas al Padre. Jesús dijo: “Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme.” Lucas 9:23 (NTV)

Esto y muchas otras cosas más es lo que Dios quiere para tu vida. Te animo a seguir descubriendo lo que el Señor desea para ti, para ello debes leer su palabra, obedecerla y aplicarla en tu diario vivir; porque si no, podrías vivir engañado toda tu vida y solamente creer lo que te dicen, sin saber si es verdad.

Jesús le dijo a los saduceos: “El error de ustedes es que no conocen las Escrituras y no conocen el poder de Dios.” Mateo 22:29 (NTV)

No olvides que la evidencia de ser llenos del Espíritu Santo es andar en obediencia a Dios y esto se manifiesta cuando no satisfacemos los deseos de la carne, es decir, cuando crecemos en santidad y andamos en la voluntad de Dios.

“Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor.” Efesios 5:17 (NVI)

 

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