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Tomados de su mano

El comienzo de un nuevo año es algo importante para todos nosotros, porque después de habernos evaluado comenzamos a trazarnos nuevos objetivos. Puede que tus metas no se hayan cumplido el 2018, pero… ¿Qué tal si empezamos de nuevo? 

Cree desde ahora que el 2019 es el año bueno y agradable que el Señor te da, en el cual verás un nuevo amanecer sobre tu vida y en la de tus seres queridos y donde Su luz brillará más fuerte que nunca.

Proverbios 3:5-6 (NTV) dice: Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y Él te mostrará cuál camino tomar.

Si analizamos este versículo, podremos encontrar tres palabras claves que serán de ayuda en la realización de nuestras metas para este año:

-Confiar en Dios con todo el corazón, ¿A cuántos no nos ha costado confiar en Dios y  más si nos encontramos en pruebas? Si de verdad quieres lograr grandes cosas este año, no pongas tu confianza en otra cosa que no sea Jesús, deja que Él obre en tus sueños y metas, porque sólo así verás el cumplimiento de cada una de ellas.

-El no depender de tu propio entendimiento o del conocimiento que puedes tener, te llevará a enfocarte en Dios a pesar de la dificultad.

– Y ante todo busca la voluntad de Dios, porque de esa forma Él te mostrará el camino que debes tomar para andar en rectitud y no tropezar jamás.

Esta es una nueva oportunidad que Dios nos da, estamos iniciando un nuevo año, pero  si empezamos por ignorar Su Palabra en nuestras vidas, nunca tendremos la dirección que necesitamos para tomar pequeñas o grandes decisiones.

Hoy te animo a entregarle cada uno de tus planes a Dios, si de verdad deseas conquistar esos sueños, entonces no permitas que tu año sea sólo la continuación de malas e historias pasadas; empieza a ir por más, porque sólo tomado de su mano podrás alcanzar tus objetivos.

¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! 1 Corintios 15:57 (NVI)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Decir: “yo soy así”, no soluciona nada…

¿Cuántas veces hemos dicho eso en nuestra vida? “Ay, es que yo soy así”. Es cierto que los seres humanos somos todos diferentes y eso enriquece las relaciones, las vivencias, las experiencias y a la humanidad. Pero usar esa frase como una excusa o muletilla para no cambiar, nos convierte en tercos. No es que somos así, es que no queremos cambiar así nos traiga malas consecuencias.

Evidentemente hay características que nos definen como persona, pero si sabemos que hay algo que hacemos a diario que hace daño a otros, debería estar en nosotros el querer cambiarlo. No basta con ponernos en posición de chiquillo de brazos cruzados y adoptar la actitud de que no nos importa nada más y no vamos a hacer nada al respecto porque no queremos.

Eso además sería inmadurez. A medida que crecemos o pasan los años, se supone que debemos evolucionar, enriquecernos como personas. Y honestamente, decir esa frase, puede que te justifique en tu mente, pero no te absuelve de culpas.

Hay otras frases como: “Ay, no me di cuenta” o “ya está hecho, no puedo hacer nada al respecto”. Cuando es de verdad la inocencia del caso, no importa; pero cuando es una posición o excusa para no cargar con las consecuencias de lo que hicimos, no es solo terquedad lo que demuestra. Es egoísmo. Es un “no me importa” en letras mayúsculas.

Tenemos que fijarnos cuántas veces al mes, a la semana, al día o a la hora usamos frases como esas. Pidámosle a Dios que nos revise nuestros corazones y nos deje darnos cuenta de cuándo estamos usando esas excusas casi infantiles y arrepintámonos. Vale la pena. Hace mucho bien. Vas a crecer espiritualmente, vas a ser mejor ser humano.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Sobre qué estás edificando tu vida?

Los huracanes, las inundaciones y los tornados han causado grandes pérdidas materiales y humanas en países que han experimentado estos desastres. Por esta razón algunos constructores han decidido edificar casas que son como fortalezas, con ventanas que pueden resistir grandes vientos, fuertes clavos para techos que sólo pueden ser cortados y muros que no sean movidos por los desastres naturales.

Algo similar sucede con nosotros, cada área de nuestra vida  es una casa por construir. Cuando se presentan los problemas, es cuando vemos qué tipo de cimiento tenemos en cada una de ellas.

¿Sobre qué estás edificando tu vida? ¿Sobre tu experiencia, inteligencia, sabiduría humana o sobre la Roca?

Si llevas una vida inestable y sientes que no hay respuesta ni cambio en ningún área, es porque estás edificando tu casa sobre la arena. Tal vez te desanimas fácilmente cuando llegan los problemas y sientes desfallecer, pensando que huir de esa situación es tu mejor salida.

El fruto que das, es el que refleja el cimiento en el que está construida tu vida:

“Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

(Gálatas 5:19-21 NVI)

Para que tu vida sea edificada sobre un cimiento fuerte, debes tomar decisiones radicales que te permitan crucificar todo lo que ofende a Dios. Esto podría llevar tiempo porque hay que cavar hondo y se necesita de disciplina para tener estabilidad, pero si quieres subir un nivel más, deberás crear hábitos espirituales: La oración, la meditación de su Palabra y el congregarse; así cuando vengan los vientos de problemas puedas estar firme en tu fe.

Es hora de trabajar en un sólido proyecto de vida, en el que escribas tus metas y definas cómo las vas a lograr. Analiza dónde estás parado, si tu vida está edificada sobre la roca o sobre la arena, porque que tus sueños se hagan realidad, dependerá del cimiento sobre el que los construyas.

“Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.” Lucas 6:47-48 (RVR).

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ser el mejor comediante

Un comediante reconocido por su gracia y carisma dijo algo interesante: “Cada vez que regreso a mi casa después de realizar un show observó los videos de la presentación que realicé, pero exclusivamente para ver mis errores, si noto una parte en la que no pude cumplir con mi objetivo de hacer reír a mi audiencia, entonces, tomo nota y lo corrijo, esto me ayuda a mejorar…”

Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan. Proverbios 4:18-19

Sería interesante tomar el ejemplo de este comediante en la vida cristiana. La palabra de Dios menciona que sus hijos deberíamos encontrarnos como la luz de la aurora, en crecimiento hasta que el día sea perfecto. Sin embargo, muchos ni siquiera tenemos conocimiento de nuestros propios errores y por tanto continuamos tropezando en lo mismo.

El Rey Salomón escribió: “Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse sólo en palabras lleva a la pobreza” Prov. 14:23 NVI.

Todos queremos mejorar y alcanzar nuestros objetivos el día de mañana, pero lamentablemente no nos concentramos en hacerlo, en observar nuestros errores para que después no los volvamos a repetir. Para ser un exitoso comediante este hombre tuvo que poner dedicación, compromiso, diligencia y perseverancia, y es obvio que si deseamos alcanzar algo debemos hacer lo mismo.

Tenemos el conocimiento que como hijos de Dios nuestro objetivo debe ser el crecimiento para llegar a la altura de Jesús, entonces; ¿Por qué no somos mejor que antes? Este momento quiero animarte a analizar el estado en el que te encuentras y en lo que tienes que cambiar para que mañana seas mejor que hoy. Si un día dijiste: “Me gustaría ser un gran evangelista” ¡Entonces, empieza a meditar en la Palabra de Dios, ora, y sal a enseñar! Si hoy no pudiste empezar por miedo o tiempo, entonces prepárate para corregir ese error. En el camino descubrirás cosas que te ayudarán a superarte y mejorar como persona.

Una noche, después de la magnífica participación de la orquesta sinfónica, una dama que había asistido al concierto le dijo al famoso violinista: “¡Señor, yo daría mi vida por tocar el violín como usted!” El violinista la miró y le respondió: “Señora, yo ya he dado mi vida”.

Recuerda: ¡Si quieres ser mejor persona esfuérzate y dedica tiempo a mejorar! ¡Si quieres ser como Jesús da todo de ti!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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