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En armonía

Nuestras actitudes ante aquello que catalogamos como valioso o importante en nuestra vida, reflejan dónde se encuentra nuestro corazón.
Los objetos y bienes que podamos conseguir, ¿realmente podrán darnos la satisfacción que esperamos?
Muchas veces en la creencia de que nuestras posesiones nos llevan hacia la felicidad nos enfocamos en ello, olvidando que estas son temporales, así perdemos de vista lo realmente importante, como forjar lazos fuertes con nuestros seres queridos, sea familia o amigos.
Dichos lazos no podrán verse, pero sin duda tienen un efecto benéfico en nuestras vidas porque no sólo nos sentiremos amados sino también nos volvemos importantes para esas personas, por ende podremos contar con ellos cuando los necesitemos.
“!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! 2 Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras; 3 Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.” Salmos 133 (RVR1960).
Si prestamos atención al pasaje bíblico, podemos resaltar que es bueno y delicioso habitar en armonía, pero también, allí Jehová envía bendición.
No permitas que los afanes diarios te hagan olvidar que tienes personas a tu lado con quienes puedes forjar lazos de unión que serán provechosas tanto para ti como para ellos.

Por Cesia Serna

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

5 instrucciones para vivir en armonía

“Por último, todos deben ser de un mismo parecer. Tengan compasión unos de otros. Ámense como hermanos y hermanas. Sean de buen corazón y mantengan una actitud humilde. No paguen mal por mal. No respondan con insultos cuando la gente los insulte. Por el contrario, contesten con una bendición. A esto los ha llamado Dios, y él les concederá su bendición.”

1 Pedro 3:8-9 (NTV)

Pedro concluye el tema de las relaciones humanas diciendo que vivamos en armonía unos con otros.  Suena muy sencillo, ¿verdad? Pero, ¿haces lo que el Señor te pide? ¿Reflejas lo que Dios te dice?

Así como toda la Biblia se resume en amor, todas las relaciones humanas (sean con autoridades, pareja, amigos, vecinos o cualquier otra persona) se deben llevar con amor. ¿Sabes qué es el amor cristiano y cómo vivir con tu prójimo en armonía? Es amar como Dios nos ama y tratar como Él lo hace. Es poner en práctica estas cinco instrucciones del Señor y aplicarlas en nuestro diario vivir:

1. Ser de un mismo sentir. Quiere decir, vivir en unidad o cooperación unos con otros en medio de la felicidad o de la adversidad.

2. Tener compasión. Es un sincero sentir por las necesidades del otro, es ayudar sin recibir nada a cambio.

3. Amarse como hermanos (as). Significa que el amor por la persona debe ser incondicional y sin límites.

4. Ser humildes. Quiere decir, dejar el orgullo y todo el egoísmo a un lado. Servir al prójimo como lo hizo Jesús y no ser una persona arrogante.

5. No pagar mal por mal. Esto implica perdonar a la persona que nos hizo daño, orar por su vida y bendecirla.

Si realmente eres hijo (a) de Dios y el amor está en ti, estas cinco características serán parte de tu vida y diario vivir. Analiza tu vida y si te falta desarrollar alguna cualidad, pídele a Dios que te llene más de su presencia.

El apóstol Juan en su primera carta dice: “sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” 1 Juan 4:7.



El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Qué hacer cuando no soportas a tu jefe

El trabajo –además de ser satisfactorio y de provecho para tu salud– es una fuente de ingreso que te permite solventar las necesidades y gastos. Sin embargo, a veces te encuentras con un obstáculo que entorpece tu rendimiento: la relación con tu jefe. Cuando no te llevas bien con ellos y la relación se vuelve más y más tensa, es difícil que tu centro laboral se convierta en un lugar al que desees asistir con alegría. Es más, un estudio1 demostró que si te sientes a gusto en un empleo se refleja en tu productividad y bienestar general. Esto significa que debes tener una buena relación con tus colegas y compañeros del trabajo, pero ¿qué puedes hacer si tu jefe es insoportable?

Cuando su forma de ser es desagradable

Una investigación2 encontró que las personas son más felices cuando muestran su verdadera personalidad en el trabajo. Esto es porque permite que las personas mejoren sus conexiones personales, formen relaciones con otros y deshagan sus mentes de pensamientos no deseados. Además, aquellos que expresan sus verdaderas formas de ser experimentan menos ansiedad y estrés, mejor satisfacción laboral y tienen un mayor compromiso con su posición. Por otra parte, esto también puede ser contraproducente pues pueden desagradar a los demás. Es decir, si un jefe muestra sus rasgos de la personalidad abiertamente, puede ser amado o rechazado por sus empleados.

Si te desagrada la personalidad o forma de ser de tu superior, lo que puedes hacer es:

  • Ser tolerante: No puedes esperar que todos sean iguales a ti. Tampoco puedes cambiar a tu jefe. Lo que sí puedes hacer es respetarlo y ser de buena influencia en su vida para ayudarle a ser mejor.
  • Conversar con él o ella: A menudo las personas actúan sin saber cuánto afectan a los demás. Si hay un comportamiento que te perjudica, hiere o desagrada es mejor que se lo hagas saber. La intención de esto no es atacar ni poner en riesgo tu empleo, sino dialogar con sabiduría y llegar a un acuerdo y entendimiento mutuo.

Cuando abusa de su poder

Abraham Lincoln dijo: «si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder». Mucha gente utiliza el poder y la posición que tiene para menospreciar y abusar de los demás. Si ése es el caso que estás viviendo y tu jefe te:

  • insulta o utiliza un lenguaje vulgar u obsceno contigo,
  • humilla con sus palabras o acciones,
  • obliga a hacer cosas que no son parte de tus funciones laborales,
  • utiliza para sus propios intereses,
  • hace insinuaciones sexuales,
  • discrimina por algún motivo,
  • pide que trabajes de más y te paga lo mismo,

Entonces está abusando de su cargo y no es algo que debas tomar a la ligera. En este caso lo que puedes hacer es:

  • Conversar: El primer paso para solucionar un problema es la comunicación personal y verbal. Puedes tomar medidas extras de precaución (llevar un testigo, grabar la conversación, etc.), dependiendo de la clase de persona que sea tu jefe.
  • Dejar una constancia por escrito: La existencia de un documento que prueba tus quejas es un seguro que te protege y además te defiende. Si la situación no se solucionó cuando conversaron, éste es un mejor recurso.
  • Buscar otro empleo: No tienes por qué soportar el abuso laboral. Puedes buscar la ayuda de un ente superior  (alguien de mayor rango o quejarte en las oficinas del gobierno) y dejar constancia de lo que ocurre en tu trabajo. Esto te servirá como referencia cuando busques otro empleo y también alertará a otros que quieran postular al mismo trabajo.

Cuando lleva sus problemas personales al trabajo

La vida laboral y la personal deben estar separadas. No obstante, muchos llevan sus problemas de la casa al trabajo y viceversa. Hay personas que se desquitan con otras por problemas que no tienen nada que ver con la situación. Si eso es lo que hace tu jefe, lo que puedes hacer es:

  • Orar: Nunca sabrás la magnitud de sus problemas, pero Dios sí. La Biblia dice que debemos orar por aquellos que nos hacen mal (Mateo 5:44, Lucas 6:28). Por lo tanto, antes de juzgar y criticar sus acciones, ora por esa persona y pídele a Dios que le dé Su paz.
  • Decirle la verdad: Puede que tu jefe desconozca que su actitud afecta la productividad de su trabajo; si le explicas sabiamente este punto, él o ella aprenderá a no dejar que sus problemas de casa interrumpan el ambiente laboral.
  • Ofrecer tu ayuda: Los gestos sinceros son siempre bienvenidos. Ofrecer tu ayuda puede ser un paso para que tu jefe se sobreponga ante sus problemas y mejore su humor en el trabajo.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

1Wright, T., & Cropanzano, R. (1997). WELL-BEING, SATISFACTION AND JOB PERFORMANCE: ANOTHER LOOK AT THE HAPPY/PRODUCTIVE WORKER THESIS. Academy Of Management Proceedings, 1997(1), 364-368. doi: 10.5465/ambpp.1997.4988986
2Rice University. Be yourself at work -- It's healthier and more productive: Disclosing non-visible stigmas to co-workers leads to a happier life. ScienceDaily. Recuperado el 26 de febrero de 2019, de www.sciencedaily.com/releases/2019/02/190225105109.htm

El amor en la familia

“ Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor” 1 Corintios 13:4-5 (TLA).

La familia es una bendición de Dios que está diseñada para suplir las necesidades más cruciales como ser: amor, seguridad y sentido de pertenencia. El amor es muy importante, para mantener la unidad de los miembros de una familia. Por el contrario, cuando hay orgullo y egoísmo la familia puede llegar a dividirse.

Es importante que el amor de Dios reine en nuestro hogar, es decir ese amor paciente y bondadoso que no permite que el veneno del orgullo contamine y destruya el amor familiar. El verdadero amor piensa en términos familiares más que individuales, no guarda rencor, sino que perdona, contribuyendo a que en la familia reine un ambiente de paz y armonía.

¿No es este amor el que debe fluir en nuestra familia?

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Tic-tac

Iara tenía diez años y los días miércoles llegaba en punto de las siete de la tarde para tomar la clase de inglés que le daba semanalmente. Un día me trajo un regalo y una tarjeta hecha por ella. Me emocionó que se hubiera tomado el trabajo de escribir – en inglés – unas palabras de gratitud por el curso.

El regalo consistía en un despertador como esos antiguos con las dos campanillas y un martinete para sonar la alarma. No es a cuerda, por cierto, sino que funciona a batería pero tiene el aspecto de los vetustos relojes que eran una pieza indispensable sobre la mesita de noche cuando, hace como mil años, yo era chico.

Me causó un sentimiento muy especial el volver a oír el tic-tac que, en medio del atesorado silencio de la noche, suena nítidamente. Yo, un agradecido del pasado – más bien un ferviente y nostálgico admirador de aquellos días – me quedo quietecito escuchándolo. El tiempo recupera para mí en esos segundos preciosos, su antiguo significado. Anoche recordé aquel fragmento singular de Kipling: “Si puedes llenar el minuto implacable con el valor auténtico de sesenta segundos, ¡es que eres ya un hombre, hijo mío, y tuya ya la tierra, tuyo ya todo el mundo!”

Tic-tac. Me tranquiliza la cadencia del ritmo, esa resolución metódica que uno quisiera escuchar en todas las cosas. Pero ya casi no hay resolución en los sonidos del mundo, no hay ritmo. Todo es vértigo, velocidad, multitarea, locura de videoclips, motos con escapes asesinos del oído, urgencia de llegar al mediodía con las tareas cumplidas. Todo se confabula contra la armonía de las cosas.

Por eso es que el campo, la montaña, el río, el lago, el bosque, todo eso lejos de la bulla implacable sigue siendo mi esperanza. Viví veinticinco años en el campo. El tic-tac acompasado de la vida era el linimento para las heridas de guerra, refugio para los sentidos, perspectiva para recuperar la cordura. Desde el trajín demencial de la ciudad, saludo y añoro esa paz.

Me paré unos segundos esta mañana en la esquina del bulevar para cruzar. Pasaron camiones, autos, micros, motos y bicicletas; lo único que atiné a hacer en esa espera fue evocar el tic-tac del reloj que un día hace un tiempo Iara me trajo de regalo…

Con la misma moneda…

No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición. 1 Pedro 3:9  (NVI)

Cuán difícil es mantener la armonía en un círculo de personas donde cada quién no sólo apunta hacia un rumbo diferente, sino que tampoco retrocede en su forma de pensar ¿Alguna vez has tratado con alguien con quien te ha costado lidiar por su carácter?

En el versículo 8 de 1era de Pedro 3, el apóstol menciona los deberes cristianos que hasta el día de hoy se han vuelto difíciles de poner en práctica. Comienza diciendo que es necesario estar en armonía, lo cual  ocurre cuando existe un equilibrio entre una cosa y otra; en la música, la armonía es el arte de unir y de combinar sonidos diferentes que son emitidos a la vez, pero que son totalmente agradables al oído.

¿Será posible vivir en armonía, cuando dos seres no están de acuerdo?

Por supuesto que no es fácil lidiar con alguien que aparentemente siempre está en contra tuya, que al parecer comete injusticias contigo. Personalmente, siempre pensé que afrontar una circunstancia  así sería sencillo, pero al encontrarme en una situación como esa, no pude decir lo mismo.

Hoy me dirijo a ti que estás atravesando por situaciones en las que  te has sentido atado de manos y pies sin poder hacer nada al respecto.  A ti que has recibido insulto tras insulto y que en lo posible te has contenido de responder por temor a reaccionar mal.

No somos perfectos, cada uno tiene un lado difícil y no por ello les vamos a pagar con la mima moneda; lo que el Apóstol Pedro nos lo menciona y además nos alienta a hacer, es que pidamos a Dios su bendición para aquellos que nos han hecho el mal, porque para eso hemos sido llamados.

Termina diciendo: “en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”. En otras palabras depende de ti y de mí, buscar alternativas que nos permitan vivir en paz con los demás. Lo cual no será posible si no entendemos la verdad de esta palabra:

“Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.” Colosenses 3:12-14 (NVI)

Te animo a  ponerte la vestidura del amor y el perdón y quitarte la del orgullo, falta de perdón, impaciencia, etc.; recuerda que el amor cubre multitud de errores.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Juntos y en armonía

“¡No hay nada más bello ni más agradable que ver a los hermanos vivir juntos y en armonía!”” Salmo. 133:1 (TLA)

¡Una familia unida siempre tendrá la suficiente fuerza para derribar todo obstáculo! ¿Eres de los que promueve la unidad y la armonía o eres de lo que se deja influenciar por los que provocan división? Como creyentes, estamos llamados a trabajar en unidad con el fin de cumplir con los propósitos de Dios. El objetivo de satanás es dividir la iglesia para que la obra del Señor se paralice. No permitamos que el enemigo llene nuestras mentes con mentiras, con egoísmo, etc. los cuales sólo traen división entre nosotros. Por el contrario, tengamos siempre la convicción de que somos uno en Cristo y a pesar de las grandes pruebas tratemos de trabajar en equipo para que junto a nuestros hermanos podamos descubrir lo agradable que es habitar unidos y en armonía.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cumplir las leyes es obedecer a Dios

“Recuérdales a los creyentes que se sometan al gobierno y a sus funcionarios. Tienen que ser obedientes, siempre dispuestos a hacer lo que es bueno.” Tito 3:1 (NTV)

Como hijos de Dios debemos obedecer su Palabra, al igual que a nuestros padres, pero la Biblia nos exhorta a obedecer también a nuestras autoridades, más allá si hemos votado por ellos o no en las elecciones. Podemos enumerar muchas falencias en cada gobierno y autoridades pero Dios nos exhorta a cumplir las leyes y reglas que se han establecido para conservar la armonía entre las personas de una ciudad o un país.

Por Judith Quisbert

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El abandono de Dios

¿Es para ustedes tiempo, para ustedes, de habitar en sus casas artesonadas, y esta casa está desierta?

Buscan mucho, y hallan poco; y lo encierran en casa, y yo lo disiparé de un soplo. ¿Por qué?, dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de ustedes corre a su propia casa.

(Hageo 1:4,9)

Esta denuncia de Dios es conmovedora. No es que está obsesionado con un templo material, con una casa en la que habitar; su templo es el universo inconmensurable. El que su pueblo se dedique a sus casas y a sus cosas es el síntoma de algo mucho más profundo: es el abandono de Dios.

Hoy no hay carencia de “templos”. Desde la más modesta casa de madera en un barrio pobre hasta las majestuosas construcciones de las llamadas mega iglesias son provistas en la medida de los recursos con mobiliario, equipos de audio y video, cortinajes, balaustradas, paños de terciopelo y vidrios de colores.

Así que hoy no va por ahí el problema del abandono de Dios. Se manifiesta en algo más sutil y significativo: Dios ya no es el eje de la existencia, el centro de todas las cosas. Ya no es más la materia fundamental de la realidad. Se ora, se canta y se adora, se habla y se escucha de El pero los corazones de las personas hace ya mucho tiempo andan detrás de la bendición, de la dádiva, de los resultados, de la sanidad, de la solución de los problemas, de la armonía en el hogar y de la paz sicológica. Dios ha sido reducido, ni más ni menos, a una máquina expendedora de soluciones automáticas; un Dios solumático. “Te oro, te canto, te ofrendo, asisto a tu templo pero tú me garantizas felicidad aquí y ahora y en el mundo venidero la vida eterna.”

Este un abandono obsceno y falaz. Obsceno porque Dios queda puesto en la misma tribuna de los gurús, de las ofertas alternativas de sanidad, de las disciplinas de la mente y de toda clase de gentes que ofrecen ayuda para resolver los problemas humanos. Falaz porque el nombre de Dios – que por sí solo debería justificar la adoración y el servicio – es usado profusamente para mantener la tradición y conseguir los beneficios que requiere la moderna fe humanista.

Por eso dice el profeta, Buscan mucho, y hallan poco. Nunca las cosas podrán reemplazar al Dios verdadero.

Unidos

“Amados hermanos, les ruego por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo que vivan en armonía los unos con los otros. Que no haya divisiones en la iglesia. Por el contrario, sean todos de un mismo parecer, unidos en pensamiento y propósito.” 1 Corintios 1:10 (NTV).

No es fácil vivir en completa armonía con todas las personas ¿cierto?

No obstante, debemos esforzarnos por conseguirlo, más aún cuando se trata de nuestros hermanos en la fe. Pero sólo podremos lograrlo si permitimos que el Espíritu Santo obre en nuestras vidas, transformando nuestras mentes y cambiando nuestros corazones, sólo con Su ayuda podremos permanecer unidos como iglesia.

Por Cesia Serna

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cocina

Pongo a hervir dos simpáticas tazas de agua. Mientras tanto, corto unos pequeños cuadraditos de zanahoria y cebolla. Luego unas finas líneas de pimiento rojo y dispongo dos rotundos ajos pisados con el canto del cuchillo de cocina. En una sartén dejo caer elegantemente un poco de aceite y espero hasta que se adelgace con el calor. Pongo todo a freír rápidamente con una taza de arroz blanco. Después de un minuto, agrego las dos tazas de agua hervida y dejo la pequeña olla a fuego lento. Un toque minúsculo de orégano y un suspiro de aliño completo. Una discreta cucharada de sal fina. Por qué no, dos o tres lágrimas de salsa de soya. En veinte minutos está listo el arroz graneado al que vamos a querer acompañar con una luminosa ensalada verde y un jugoso y delgado bistec.
Agregarle al trámite de la comida el arte de la cocina hecha con cariño. Otorgarle al apetito un toque de imaginación. Celebrar las ganas de comer invitando a los sentidos a probar el descubrimiento de algo nuevo. Porque la vida es más que la comida hay que rendirle el honor culinario que le corresponde.
Cocinar. Terapia doméstica que suaviza la punzante materia del dolor y atenúa el peso constante de la soledad. Didáctica de la paciencia. Armonía de los ingredientes. Conjunción intencionada de sabores, colores y texturas. Artística administración de la medida justa de esto y aquello. Ocupación reparadora para la mente agotada con tantos asuntos importantes.
Pollo a la campesina o arvejado con arroz. Chacarero al plato o en marraqueta. Spaghettis con salsa boloñesa (con el “secreto” de la Cristina). Cazuela de ave con cilantro picado. Sopa de verduras. Ensalada jardinera de verdes, rojos y amarillos. Invenciones de antaño que reviven en los minúsculos espacios de mi cocina cuando tengo visitas o cuando se me da la gana. Aunque debo admitir que cuando estoy solo, no me vienen tantas ganas…
Por cierto, la comida tiene la función primaria de nutrir y sostener el cuerpo. Pero, cumplida ésta, otorga a la vida el espacio para la comunión, para la charla, para la confidencia. Decían los antiguos: “Hay sal entre nosotros”, queriendo significar con esto que cuando dos personas habían comido juntas, sus vidas estaban ligadas de un modo indefinible pero muy real. No sé si esto siempre es así, pero qué difícil es esquivar el atractivo de una mesa bien dispuesta…

“Quien siembra vientos recoge tempestades”

Sería absurdo pensar que si siembras papa recogerás tomate, de la misma manera ocurre en nuestra vida, no podemos esperar un buen trato, respeto y amor cuando estamos sembrando problemas, dolor, tristeza e injusticia.

Gálatas 6:9-10 dice: “Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe” (NTV).

Como hijos de Dios debemos ser muy sabios y cuidadosos con todo lo que hacemos, es decir con lo que damos y mostramos a todos los que están a nuestro alrededor, si uno siembra mentira, odio, rencor, falsedad, etc. no espere recibir amor, respeto y verdad.

Quizás es complicado sembrar cosas buenas cuando el resto de las personas hace todo lo contrario y aun así les va muy bien en los negocios, en el matrimonio, en los estudios, etc. pero ante esta contrariedad debemos estar conscientes de que lo bueno que lograron no será para siempre, más temprano que tarde Dios hará prevalecer su justicia.

Te preguntarás ¿Entonces qué debo sembrar? Y la respuesta solamente la podemos hallar en el libro de vida. (1 Pedro 3:8-12 DHH)

– Armonía

– Amor

– Bondad y humildad

– Paciencia y respeto

– Verdad

– Paz, etc.

Procura siempre actuar conforme a lo que es justo y bueno delante de Dios y así hallarás gracia ante los ojos de los hombres, Salmos 37:27-28 dice: “Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre. Porque Jehová ama la rectitud, Y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados; Mas la descendencia de los impíos será destruida” (RVR1960), Dios recompensará tu esfuerzo por hacer el bien y no solo te bendecirá a ti sino a tus futuras generaciones.

Lo que hoy das eso recibirás, por lo tanto siempre procura actuar con justicia, honestidad, bondad, paciencia, humildad, verdad, etc. Tal vez en este momento te diste cuenta que tus acciones no han sido correctas y por ello quiero invitarte a tomar la decisión de “sembrar lo mejor”.

Por Judith Quisbert

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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