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El perdón de Dios

“(…) Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” Juan 8: 11 (RVR 1960).

¿Alguna vez sentiste que no hay perdón para ti? ¿O que cometiste demasiados errores para que Dios vuelva a perdonarte? Pues déjame decirte que la muerte expiatoria de Jesús pagó toda la deuda, por lo cual, ya nada tenemos que pagar.

La culpa buena nos lleva al arrepentimiento, a volver a tener gozo y disfrutar de la presencia de Dios; en cambio la culpa mala, trae serias consecuencias, como ser: remordimiento, temor a ser rechazado por Dios, angustia, autocastigo, inseguridad, pérdida del sentido de valía, enfermedades físicas y algo muy importante, no se puede desarrollar una relación con Dios. No aceptar el perdón de Dios sería como pensar que la muerte de Jesús fue en vano o al menos no suficiente para que puedas ser perdonado, pero sabemos que esto es una mentira del enemigo, porque Jesús ocupó nuestro lugar en la cruz del calvario para que ya no tengamos que llevar nosotros la carga de la culpa. Por todo esto, acércate a Dios con humildad y confiesa tus pecados, confiando que Dios no te condena, más Él te perdona.

Por Neyda Cruz

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

 

Vuélvete a Dios

“Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz; porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres.” Deuteronomio 4:29-31 (RVR1960).

Estos versículos nos muestran que una condición para alcanzar el perdón de Dios y ser partícipes de Su misericordia, es el arrepentimiento.

Sin embargo, este debe ser genuino, ello implica, volvernos a Dios, oír su voz y serle obedientes.

“Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.” Deuteronomio 4:29 (RVR1960).

Si has cometido un error o has caído en pecado, no creas que no tienes oportunidad ante el Señor, si te acercas a Él con un corazón arrepentido, ten la seguridad de que no te dejará ni destruirá porque grande es Su misericordia.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Religioso?

En algún momento de nuestro caminar con Dios podemos desviarnos hacia la religiosidad, considerando más importante los “rituales” que la misma comunión con Él.


Juan el Bautista dijo: “Haced, pues frutos dignos de arrepentimiento, no penséis decir dentro de vosotros mismos: a Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos de Abraham aun de estas piedras. “ Mateo 3:8-9 (RVR 1960) Se dirigió a los fariseos y saduceos que se acercaban para participar del bautizo, acusaba a estos líderes de aparentar estar ansiosos por el Mesías, pero sin un arrepentimiento genuino ni un corazón preparado para ser transformado.


Seguir a Jesús significa que debemos adoptar, practicar y vivir la Palabra de Dios, no sólo ser simpatizantes o estar de acuerdo con la moralidad bíblica o practicar algunos ritos, se trata de un ejercicio diario y de constante evolución.


Esto conlleva la continua renuncia al pecado, “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” Efesios 4:22-24


Cuando estamos arrepentidos por nuestra mala manera de actuar hay una reforma en nuestro proceder, pero debemos tener cuidado en no caer en el error de sólo “sentir” arrepentimiento que tan solo es una emoción fugaz de culpa sin cambio de actitud.


Juan les dijo a sus oidores que cambiaran su manera de pensar,no solamente sentirse culpables por lo que han hecho. El arrepentimiento habla de cambiar de dirección, no de pena o dolor en el corazón.

Recuerda que los frutos de tu vida reflejarán que realmente eres un hijo de Dios.

 

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Robos sutiles

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” Lucas 19:10 (RVR 1960).

Seguramente muchos de nosotros hemos visto o experimentado algún atraco, o algún robo a mano armada; pero robar no solo se manifiesta produciendo intimidación o usando la violencia. También uno puede sustraer de forma sutil, como evadiendo los impuestos, engañando a los clientes o bien tomando algo de tu lugar de trabajo sin que nadie se de cuenta. Hay muchas maneras en que uno puede robar, por lo cual es importante dejar de lado este tipo de conductas de pecado.

Algo parecido ocurrió con un personaje de la Biblia, su nombre es Zaqueo. Por años, él había robado al pueblo de Israel, pero al oír a Jesús, se arrepintió y devolvió lo que había tomado. Podemos ver esto como un ejemplo de verdadero arrepentimiento delante de Dios. Te animo a que puedas acercarte a Jesús, Él no te condena, mas desea bendecir verdaderamente tu vida y familia.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Crees que nadie ve lo que haces?

“!!Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?! Vuestra perversidad ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿Acaso la obra dirá de su hacedor: No me hizo? ¿Dirá la vasija de aquel que la ha formado: No entendió?” Isaías 29:15-16 (RVR1960).

Hay personas que actúan en lo secreto y tienen un gran empeño en cuidar que todo quede oculto. Pueden sentir que son mas vivos o inteligentes que los demás y que nunca saldrá a luz lo que esconden. Sin embargo, esto no es así, ya que por más que uno quiera esconderse de todos, jamás podrá hacerlo de Dios, quien todo lo ve.

En la Biblia dice que el Señor es creador de todas las cosas, que estas subsisten por Él (Colosenses 1:16-17), y que nada puede ser escondido de Su escrutinio.

Si te encuentras en esta situación, te animo a dar un paso de arrepentimiento y genuina sinceridad. Deja de esconderte, ve delante de Dios y ponte a cuenta con Él, de todas maneras ya lo sabe todo. El Señor te ofrece misericordia y perdón para que puedas corregir tu camino.

“El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Proverbios 28:13 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

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¡El diablo no juega a ser diablo!

Susana encontró un grupo de cachorros de lobo en la orilla de un río, como notó la ausencia de la madre, y suponiendo que hubo algún incidente con ella, decidió adoptarlos.

En el patio de su casa les creo un espacio con rejas para que pudieran dormir y comer, pero los cachorros crecían rápido y la exigencia de carne era cada vez más fuerte. En una ocasión su vecina entró a visitarla y los cinco lobos abrieron la puerta a la fuerza para atacarla; y Susana junto a su novio apenas lograron librar a la mujer de una tragedia.

Después de esto el novio y los vecinos le pidieron que abandonara a los lobos, pero ella no quiso escuchar. Un día llegó tarde y los animales estaban sin comer todo el día, ella entró a la jaula para darles alimento pero los lobos la atacaron; a pesar de sus gritos nadie pudo salvarla, su novio llegó cuando ya habían devorado el sesenta por ciento de Susana.

“¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies?” Proverbios 6:27-28 (LBLA)

A veces nos gusta jugar con el peligro como sucedió con Susana, sin considerar que si jugamos con fuego tarde o temprano nos vamos a quemar y así sucedió en este caso.

Así mismo sucede con el pecado, nos creemos capaces de controlar la situación y damos lugar a nuestros deseos, pero “el diablo no juega a ser diablo” y en el momento que se presente la oportunidad de atacarte y destruirte no te perdonará.

¿Estás jugando con fuego? Si este es tu caso, aún tienes tiempo para arrepentirte porque estás con vida, recuerda que ser cristiano es una decisión seria y no un juego, es tiempo de decidir si eres frío o caliente.

 

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¿Muerto en vida?

En Apocalipsis 3: 2-3 el Señor habla a la iglesia de Sardis: “Yo sé todo lo que haces y que tienes la fama de estar vivo, pero estás muerto. ¡Despierta! Fortalece lo poco que te queda, porque hasta lo que queda está a punto de morir. Veo que tus acciones no cumplen con los requisitos de mi Dios. Vuelve a lo que escuchaste y creíste al principio, y retenlo con firmeza. Arrepiéntete y regresa a mí. Si no despiertas, vendré a ti de repente, cuando menos lo esperes, como lo hace un ladrón.” (NTV)


Sardis, era la capital de Libia, bien protegida, además el centro de comercio de las alfombras. A la iglesia de Sardis, la describe como una muerta en vida. Si bien estas palabras eran para esta iglesia, las podemos aplicar como una llamada de atención personal, porque así como ella podemos estar muertos por dentro, aparentando tener una vida cristiana pero sin frutos, sin evidencias de un nuevo nacimiento, con una vida improductiva.


Es un peligro descuidar la relación con Dios, porque consideremos que una pared no se derrumba de la noche a la mañana sino que lentamente se va desmoronando, y si no hacemos nada para evitarlo lastimosamente seremos desechados.


Muchas veces olvidamos de dónde venimos y quién nos rescató, nos desviamos tras los afanes y placeres de la vida y nuestra condición espiritual decae en gran manera, por ello la importancia de nuestra conexión diaria con el Señor, porque además de recibir fortaleza reavivará el compromiso que tenemos con Él.


El Señor, así como advierte, también da la solución: ¡Despierta! Nos dice, fortalece lo que te queda, ya que las cenizas pueden volver a encender el fuego del Espíritu Santo en nuestro corazón, ¡arrepiéntete y regresa a mí!


Si por alguna razón dejaste de lado a Dios, pues hoy es un buen día para volver y afirmarte, Él te ama con amor eterno y por ello te llama a que vivas plenamente en su presencia.

 

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¿Qué te motiva?

En el libro de Jeremías encontramos el relato de cómo el reino de Judá se había alejado de Dios cayendo en la idolatría; es por ello que el profeta fue enviado por el Señor para instar a su pueblo al arrepentimiento.

Lamentablemente, el pueblo y sus líderes espirituales no quisieron escuchar el mensaje que Jeremías tenía para entregarles, se negaron a creer que Dios los castigaría. Según ellos, no estaban lejos de Él, sino al contrario, realizaban sacrificios en el templo y acudían al mismo creyendo que estaban siendo obedientes a la instrucción divina; no obstante, en sus corazones el Señor no ocupaba el primer lugar, porque de la misma forma en que ofrecían sacrificios a Dios, rendían culto a otros dioses.

Reflexionando sobre esta actitud, podemos ver que la obediencia es importante, pero carece de valor si es realizada de forma automática, es decir, cuando no hay en el corazón un verdadero deseo de agradar a Dios y de buscarlo con sinceridad, porque se incurre en religiosidad.

“Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.” Jeremías 7: 23 (RVR1960).

El Señor pide que escuchemos Su voz, es decir, que prestemos atención a las instrucciones que ha dejado a través de Su Palabra, pero no debemos hacerlo únicamente por el beneficio que podamos obtener, sino que debe ser una búsqueda sincera.

Recordemos que el Señor escudriña y prueba nuestras mentes y corazones, para darnos la recompensa que merecemos, de acuerdo a lo que encuentre en nosotros.

“Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.” Jeremías 17:10 (RVR1960).

Por Cesia Serna

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Escucha la Advertencia

Una señora fue advertida por su doctor sobre la necesidad de operarse de un pequeño tumor. Ella alegó que, no siendo cosa grave, esperaría unas semanas, hasta que no estuviese tan ocupada.

Seis semanas más tarde se repitió el aviso y la respuesta.

Pasó algún tiempo y un día la señora, notando cierto malestar, fue al doctor dispuesta y decidida para la cirugía pero el médico le confesó:

     – No, ahora ya no puede ser operada, porque el cáncer ha crecido tanto que ha tocado puntos vitales y no tiene remedio.

Lo mismo sucede con el pecado, si no se corta a tiempo y se le permite crecer libremente, contamina todo de tal manera que un día puede ser demasiado tarde, no solamente terminando con nuestra vida física, sino con consecuencias espirituales eternas.

En Hebreos 3:15 dice: “Recuerden lo que dice: «Cuando oigan hoy su voz, no endurezcan el corazón como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron»” (NTV).

Muchas veces, porque no se ven las consecuencias inmediatas se minimiza el efecto de un pecado y se piensa  que se podrá seguir así por mucho tiempo más; sin embargo,  cuando uno cae en cuenta, ya no es algo que se pueda controlar, sino que ese mal controla aspectos de la vida y, posiblemente, además de afectar a quien lo comete, familiares, amigos y gente cercana se ven afectados.

Si sabes que hay algo en ti que está mal, que le desagrada a Dios, pídele ayuda para cambiar eso, ruega por su fortaleza y corta de raíz aquello que te está contaminando, no permitas que crezca hasta el punto de que ese pecado tome control sobre tu vida.

Escucha la voz de Dios y obedece ahora que estás a tiempo. El Señor siempre está dispuesto a perdonar a quien se acerca con un corazón arrepentido. Busca de su ayuda y fortaleza.

 

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¿Por qué te escondes?

¿Cuál es tu actitud cuando le fallas a Dios? Sin duda el temor inunda nuestro corazón por el error cometido y es inevitable pensar que todo el mundo nos vio y se enteró de nuestro mal proceder, y lo único que queremos es escondernos, tal como Adán y Eva lo hicieron después de su caída.
“En ese mismo instante se dieron cuenta de lo que habían hecho y de que estaban desnudos. Entonces tomaron unas hojas de higuera y las cosieron para cubrirse con ellas. Con el viento de la tarde, el hombre y su esposa oyeron que Dios iba y venía por el jardín, así que corrieron a esconderse de él entre los árboles.” Génesis 3:7-8 (TLA)
Al parecer, nunca supieron que estaban desnudos hasta el día que cayeron en pecado, por lo que Adán le dijo a Dios: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí “(Génesis 3:10). Aparentemente tuvo vergüenza de estar desnudo físicamente, pero sumado a ello, se sentía indigno delante de Dios. Pues estaba consciente de su pecado.
Quizá hayas perdido la cuenta de la cantidad de veces que le fallaste a Dios, puede que por el tamaño de tus pecados te sientas indigno para presentarte delante del Padre, pero ya no te martirices por ellos, ni te escondas detrás de las hojas de un árbol, tal como lo hicieron Adan y Eva, porque esa no es la solución, no por ello los demás olvidarán lo que hiciste o Dios lo obviará; esto no funciona así.
Al contrario, sal del arbusto y permite que Dios renueve tu ser, porque esa es la buena noticia, que si con un corazón arrepentido vas delante del Padre, sin duda Su sangre limpiará todos tus pecados y te hará justo.
1 Juan 1:9 (RVR1960) Menciona:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
¿Te das cuenta que no hay necesidad de permanecer escondido?

Por Ruth Mamani

 

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A los peores

En el Siglo Segundo, Celso, un gran enemigo de los cristianos, distorsionando una de las expresiones de nuestro Señor, escribió: “Jesucristo vino a este mundo a crear la más horrible y asquerosa sociedad; porque llama a los pecadores y no a los justos, por lo tanto el grupo que vino a formar, es un grupo de libertinos, separados de la piedad de los dioses. Es monstruoso pensar que rechazó a los buenos, y llamó a los malos”

Orígenes, en una réplica respondió: “Verdad, nuestro Jesús llamó a todos los pecadores, pero a arrepentimiento. Juntó a los malos, pero para convertirlos en nuevas criaturas. Fuimos a Él fanáticos, y nos hizo liberales, lascivos, y nos hizo castos, violentos y Él nos hizo pacíficos, impíos y nos hizo santos”

Jesús siempre recibió a aquellas personas que necesitaban un cambio. En los Evangelios hay muchos relatos del Maestro compartiendo con pecadores y personas que no tenían una buena reputación; por ejemplo, cuando Zaqueo lo invitó a comer a su casa o cuando la mujer pecadora le unge los pies o cuando le llevan a la mujer sorprendida en adulterio. No importaba cuál era su situación, Jesús no los juzgaba ni se alejaba, les mostraba su compasión, su amor y los perdonaba.

En 1 Corintios 1:28 dice: “Dios escogió lo despreciado por el mundo —lo que se considera como nada— y lo usó para convertir en nada lo que el mundo considera importante”. (NTV)

No importa cuál es tu situación, ni qué pecado has cometido, Dios puede perdonarte y hacer de ti una nueva criatura. No te guíes por lo que la gente dice de ti, el Señor puede transformar tu vida y hacer contigo grandes cosas, sólo debes permitir que Él obre en tu vida.

Si conoces personas que no tienen una “buena vida”, no las juzgues ni te alejes, todos merecen una oportunidad y Dios es el Señor de lo imposible, Él puede transformar las vidas y hacer grandes cosas. Ni tu ni yo podemos juzgarlos, no fuimos llamados a eso, no sabemos qué los condujo a vivir así,  pero Jesús vino a rescatar lo que se había perdido, murió por sus pecados también,  así que ¿Por qué no darles una oportunidad? No olvides que a nuestros ojos ellos pueden ser los peores seres humanos, pero en Dios pueden convertirse en los mejores. ¡Dios transforma todo!

 

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No te puedo perdonar

Hace muchos años fui instruido acerca del perdón unilateral. Es decir, que para cumplir con el precepto del perdón debíamos impartirlo aunque las personas no se hubiesen arrepentido del daño causado a nosotros.

Así, durante las largas horas de ministración se nos conminaba a perdonar a padres, maestras, amigos y amigas, jefes, líderes espirituales que nos hubieran lastimado alguna vez.

No mucho tiempo después de eso comenzó a aflorar en mi cabeza la molestosa costumbre de replantearme todos los conocimientos adquiridos en mis años anteriores a la luz de una lectura más detenida y reflexionada de la Biblia.

Andando el tiempo recalé en este tema de la unilateralidad del perdón y observé algo más que interesante: ¿Dios nos perdona todos nuestros pecados? Sí, sin duda. Pero no nos perdona unilateralmente. Tenemos que arrepentirnos y pedir perdón y El nos perdonará generosamente.

¿De dónde vendrá esto de que perdonemos aunque no nos pidan perdón? No lo sé. A veces sospecho que del romanticismo del siglo 19 o de la orden caballeresca de algún Sur profundo. O alguna influencia estoica, “noble”. Más noble que Dios incluso.

Salmos 7:11 sugiere: Dios es juez justo, y Dios está enojado con el impío todos los días. ¿Hasta cuándo está enojado con él? Hasta que se arrepienta, pues. No lo odia pero está enojado con él porque sigue haciendo mal.

No está obsesionado con la idea de mandarlo al infierno para que al fin pague sus pecados. Sólo quiere que cambie y pida perdón. Isaías 55:7: Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Me suelen argumentar que Jesús dijo en la cruz: Perdónalos, pero me parece que eso no derriba el argumento. Lo que Jesús pedía era que cuando esos malvados se arrepintieran y pidieran perdón el Padre los perdonara. Sólo se puede extender perdón (y se debe extender) a quien pide perdón.

Así que no puedo perdonar hasta entonces. No porque no quiera sino porque el transgresor no me ofrece la oportunidad.

Lo que sí no debería hacer es guardar odio, rencor, resentimiento, amargura. Porque eso sí es otro cuento…

(Este tema surgió en mi cabeza porque un querido  amigo me dijo hace días que por lo que le habían hecho, ni perdón ni olvido)

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