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Stanley Jones tiene un relato en el que cuenta que vio a una niña de ocho años tratando patéticamente de ganar en una de esas máquinas de juegos de azar. Había perdido aquel día ocho pesos y estaba desolada, casi a punto de llorar. Jones se acercó a ella y le preguntó:

– ¿No sabes que tú no puedes ganarle a esta máquina? Su estructura interna ha sido hecha para ganarte a ti. La han diseñado basándose en la ley de probabilidades, y todos los que juegan por largo tiempo, perderán irremediablemente. Cada noche los propietarios vacían la máquina de las monedas quitadas de los bolsillos de los ingenuos; y si las probabilidades de ganar estuvieran en favor del público no harían negocio. La niña pensaba que la suerte estaba de un modo especial en contra de ella, pero no era así. Salvo casos excepcionales, la suerte estaba contra todos los jugadores de la máquina de un modo general.

Esa ilustración nos muestra un poco de nuestra naturaleza, inclinada siempre hacia el pecado y a nosotros, buscando escapar de sus consecuencias. Cada vez que actuamos contra las leyes de Dios algo muere dentro de nosotros.

Por mucho que intentemos salir ilesos cada vez que pecamos, no lo lograremos. La Palabra de Dios dice en Ezequiel 18:20 “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él” (RVR). Pero no todo está perdido porque en el mismo capítulo, en los versículos 21 y 22 dice: “Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá”

Si has estado probando “suerte” y viviendo fuera de los mandamientos de Dios, aún estás a tiempo de arrepentirte y volver a sus caminos. No juegues con el pecado, porque al igual que esta niña, por mucho que creamos que podemos ganar, lo único que haremos es perder y sufrir las consecuencias de nuestra desobediencia.

Nunca podrás ganarle al pecado, por muy inteligente o astuto que te consideres, siempre sus consecuencias te alcanzarán.
Pide la ayuda de Dios para poder tener una vida conforme a Su voluntad, para poder vivir sin culpa ni dolor por las consecuencias de la desobediencia, no permitas que el pecado te enrede en una trampa que sólo terminará con tu vida.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Sabías que otros sufren por tus errores?

¡Qué terrible es sufrir por algo que no hiciste! Podría recordarte a tu infancia, cuando tus padres castigaban a todos sus hijos hasta que el culpable confesara su fechoría. También sucede cuando un docente suspende a varios estudiantes por la indisciplina de uno. ¿Sabías que en estos momentos otros sufren por tu causa?

La palabra de Dios dice: “Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová…” Jonás 1:1-3 (RVR 1960). El Señor buscaba a Jonás para que realizara un trabajo, pero él no escuchó y prefirió escapar de su presencia.

Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos.

Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir. Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.” Jonás 1:4-6 (RVR 1960).

Jonás subió a una nave para ir a un lugar contrario al que Dios le había mandado, pero cuando se encontraba en medio del mar, vino una terrible tempestad, a tal grado que el barco estaba a punto de partirse; las personas de la barca estaban asustadas, por lo que cada uno buscó clamar a su dios, situación que empujaba a Jonás a arrepentirse.

Y aquellos hombres temieron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado. Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más.

Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.” Jonás 1:10-12 (RVR 1960).

Las personas que se encontraban dentro la barca estaban enfrentando una terrible crisis por la desobediencia de Jonás, al enterarse de esta realidad, tuvieron temor a Dios, por lo que echaron a Jonás de la nave y la tempestad se calmó.

Podríamos estar viviendo la historia de Jonás ¿estamos obedeciendo o huyendo de Dios? ¿Lo escuchamos o ignoramos? Lamentablemente si dejamos de escuchar al Señor no sufriremos solos las consecuencias, sino también las personas que nos rodean ¿Cuántas familias se encuentran en crisis porque un miembro del hogar se ha revelado contra el Señor?

En esta oportunidad quiero animarte a tomar la decisión de “escuchar a Dios y obedecer” No hagas oídos sordos, recuerda que si no estás con Cristo estás contra Él, si no recoges, solamente desparramas. Levántate, y si no tienes fuerzas para luchar por ti mismo, lucha por las personas que amas.

 

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¿Dijiste algo que no debías?

Es posible que alguna vez hayas dicho algo sin pensar, tal vez como un escape emocional o tal vez hiciste algo que no va con tu naturaleza o tu carácter. ¿Te ha pasado? Pues eres humano. Nadie es perfecto y por eso debemos perdonarnos y seguir luego siendo la mejor versión de nosotros mismos. Claro, eso si el mal comportamiento y lo que dijiste o hiciste no fue premeditado ni con esa intención.

Lo importante es reconocer lo que pasó y luego admitir que te equivocaste para poder arreglar las cosas. Es difícil acostumbrarse a hacerlo, pero puedes aprender a hacer que algo malo se torne en algo bueno. Incluso a la persona a la que ofendiste le puede servir de lección de humildad, de honestidad, de amor. Aunque también sucede que si lo que dijiste fue algo que te confió como una debilidad y en ese momento la usaste para herir a la persona porque estabas molesto o molesta con él o con ella, pues va a ser difícil que esa persona te vuelva a confiar algo por ese estilo.

Siempre podemos decidir no dejar que nuestra molestia, cansancio o mal humor se refleje en algo que nos provoca decir. Dejar pasar el momento y pensar en positivo acerca de lo que está pasando puede ser una manera de evitar decir algo que no debemos. Hay ocasiones en que yo siento que no me puedo concentrar en algo de trabajo porque alguien está hablando muy alto, pero en lugar de pedirles que bajen la voz, lo que hago es ponerme los audífonos y escuchar música. Me ha servido, porque de lo contrario tal vez espero a estar de mal genio y cuando les pida que bajen la voz se va a sentir que no lo estoy diciendo muy amablemente.

La clave está en reconocer lo que estamos sintiendo, lo que podríamos decir y luego arrepentirnos. Más aún si es con tu pareja. Ya llevan mucho tiempo juntos y a veces (esto es un dicho que repito mucho) “la confianza da asco”. Cuando tienes suficiente tiempo conviviendo con una persona, llegan al punto en que sienten que saben lo que van a decir, lo que van a hacer y responden anticipando esos “conocimientos”. Lo triste es que muchas veces la persona no va a decir ni a hacer lo que estabas pensando y eso comienza una fricción, crea resentimientos y dudas. Te doy un consejo, cuando estés molesto o molesta, saca de tu vocabulario las palabras: “siempre” y “nunca”. Es un gran ejercicio y evita muchas heridas.

Cuando cometas un error de ese tipo, o hagas algo de lo que no te sientas muy orgulloso (a) lo mejor es hablarlo y pedir disculpas sinceramente. Si te cuesta hacerlo, mejor aún. Eso hará que no quieras volver a repetir el patrón.

 

 

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Dios quiere salvarte

“En realidad, no es que el Señor sea lento para cumplir su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido; quiere que todos se arrepientan. Pero el día del Señor llegará tan inesperadamente como un ladrón. Entonces los cielos desaparecerán con un terrible estruendo, y los mismos elementos se consumirán en el fuego, y la tierra con todo lo que hay en ella quedará sometida a juicio.” 2 Pedro 3:9-10 (NTV)

El amor de Dios por ti es inmenso, en Génesis 1:26 vemos que Él no simplemente nos creó, sino que nos hizo a su imagen y semejanza, lo que indica que su amor por cada uno de nosotros es especial.

A pesar de que nuestros antepasados se equivocaron y desobedecieron, Dios nunca dejó de amar a su creación. Es por eso que envió a su hijo al mundo para dar salvación y evitar la condenación de todo aquél que en Él cree.

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.  Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.” San Juan 3:16-17.

Dios no quiere que te pierdas ni que seas destruido, quiere reconciliarte con él mismo por medio de Cristo, quién murió y resucitó al tercer día por amor a ti. “…Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras. Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos…” 1 Corintios 15:3-4 (NTV)

Los años pasan y el tiempo es corto. La Biblia dice que llegará el día en el que  toda la tierra será  juzgada. Mi pregunta es, ¿Estamos preparados para ese día? Dios nos ha hablado este tiempo de diferentes maneras y con diversas circunstancias, nos ha mostrado su amor dándonos la oportunidad de seguir con vida y poder decidir nuestro futuro.  ¿Qué es lo que decidiremos?

Al Señor no le importa cuán grande es tu pecado o lo lejos que  estás de Él.  “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” Isaías 1:18 (RVR1960)

No esperes a que sea demasiado tarde para creer en Dios, arrepentirte y vivir en obediencia a su palabra. Él está esperándote con sus brazos abiertos, deseoso de llamarte hijo. Búscalo y ponte a cuentas haciendo esta pequeña oración:

Dios, reconozco que soy pecador, me arrepiento de todo mis pecados y te pido perdón por cada uno de ellos. Creo que Jesús murió y resucitó para darme vida eterna y desde ahora acepto a Jesucristo como mi Señor y Salvador. Gracias por buscarme y tener misericordia de mí. Toma mi vida, en el nombre de Jesús, amén.

“Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca.” Isaías 55:6.

 

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Estaremos delante de Él

¿Sabías que un día estarás delante de Dios?

“Así que, ya sea que estemos aquí en este cuerpo o ausentes de este cuerpo, nuestro objetivo es agradarlo a él. Pues todos tendremos que estar delante de Cristo para ser juzgados. Cada uno de nosotros recibirá lo que merezca por lo bueno o lo malo que haya hecho mientras estaba en este cuerpo terrenal.” 2 Corintios 5:9-10 (NTV)

Todas las personas un día, creyentes y no creyentes estaremos delante de Dios. Ahí cada uno recibirá lo que merece por lo que ha hecho en este mundo. ¿Estás preparado para ese día? ¿Sabes cuál será tu recompensa?

Sólo hay dos sentencias que se darán ese día, castigo eterno o vida eterna. “Él juzgará a cada uno según lo que haya hecho. Dará vida eterna a los que siguen haciendo el bien, pues de esa manera demuestran que buscan la gloria, el honor y la inmortalidad que Dios ofrece; pero derramará su ira y enojo sobre los que viven para sí mismos, los que se niegan a obedecer la verdad y, en cambio, viven entregados a la maldad. Habrá aflicción y angustia para todos los que siguen haciendo lo malo, para los judíos primero y también para los gentiles.” Romanos 2:6-9 (NTV)

Cada uno de nosotros decide cómo vivir y en quién creer, sin embargo, la forma en que vivimos determina nuestra eternidad. Es por eso que debemos analizar nuestra vida y corregir todo lo malo que hacemos. Recuerda que no todos entrarán en el reino de los cielos, solamente podrán entrar  aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de Dios.

¿Qué debo hacer para estar en la voluntad de Dios?

– Estudia y medita en la Palabra de Dios. Si estudias y no rechazas la palabra de Dios, tendrás conocimiento de cómo agradar a Dios y vivirás una vida exitosa. (Juan 12:48; Josué 1:8)

– Cree en Dios.  En Juan 8:24 Jesús dijo que moriremos en pecado sino creemos en Él. Además Hebreos 11:6 dice: “De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.”

– Arrepiéntete de tus pecados. El anhelo de Dios es que todos procedan al arrepentimiento antes que llegue el día del juicio. No quiere que te pierdas y espera que te acerques en oración. (2 Pedro 3:9; Hechos 17:30-31)

– Declara a Cristo como Señor y Salvador de tu vida. La palabra de Dios dice en Romanos 10:9-10 (NTV) “Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Pues es por creer en tu corazón que eres declarado justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo.”

– Vive una vida fiel a Dios y haz el bien en todo tiempo. (Romanos 2:7) Se acerca el día en que Dios juzgará, por medio de Cristo Jesús, la vida secreta de cada uno, que no sea demasiado tarde para que te arrepientas y hagas lo correcto delante de Dios.

Oremos:

“Gracias Señor por tu amor y misericordia. Por favor ayúdame a ser obediente a tu palabra y vivir en tu voluntad. En el nombre de Jesús hecho fuera de mi vida todo espíritu inmundo que quiere llevarme a la perdición y recibo tu libertad en este momento. Gracias porque estoy seguro que me has librado de la muerte, dándome vida por medio de Jesús. Amén.”

 

 

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¿Puede alguien esconderse de Dios?

“¿Puede alguien esconderse de mí en algún lugar secreto? ¿Acaso no estoy en todas partes en los cielos y en la tierra?», dice el Señor.” Jeremías 23:24 (NTV)

Muchos creemos que podemos escondernos del Creador de la vida y de todo lo que existe; sin embargo, olvidamos que Dios es omnisciente, que significa que lo sabe todo. Él conoce el pasado, el presente y el futuro. Salmo 139:2-3 dice: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo y todos mis caminos te son conocidos”. En los versos 7-12 dice: “¿a dónde me iré de tu espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del Mar, aún allí me guiara tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aún la noche resplandece alrededor de mí. Aún las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”.

Adán y Eva trataron de esconderse de Dios, pero no lo lograron y terminaron siendo expulsados del paraíso (Génesis cap. 3). Ocultarnos cuando cometemos algún pecado no es la solución, es mejor humillarnos, arrepentirnos y pedir perdón. Salomón escribió: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). Juan añadió: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Mientras haya vida y esperanza no hay razón suficiente para esconderse de un Dios amoroso y perdonador. Él puede vestirnos nuevamente con ropas blancas (Apocalipsis 7:14) y lino fino (Apocalipsis 19:8). Sólo necesitamos despojarnos del pecado y recurrir a la sangre de Cristo.

No sé cuál es tu situación en este momento, pero no olvides que no puedes esconderte de Dios (Salmo 139:11-12), regresa a Él con arrepentimiento y fe.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24 (RVR1960)

Oremos:

“Señor Jesús, tú conoces mi vida, examíname hasta lo más íntimo de mi ser y mira si hay pecado en mí, corrígeme de acuerdo a tu verdad y muéstrame la senda que debo seguir. Quiero vivir para ti y agradarte a partir de hoy. Amén. “

 

 

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Tiempos de descanso

“Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor” Hechos 3:19 (NVI).

Si en verdad queremos vivir tiempos de descanso de parte de nuestro Señor, debemos empezar por arrepentirnos de nuestro mal proceder y dejar toda pereza espiritual. Hoy te animo a buscar el perdón de Dios, sin importar los errores que hayas cometido, Él te espera con los brazos abiertos ¡Vuelve al Padre!

Por Ruth Mamani

 

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Dolor de un padre

Pedro era un padre trabajador, su esposa lo había abandonado con un hijo, al cual se dedicaba con mucho esmero y amor. Mientras su hijo crecía fue haciéndose cada vez más rebelde y lastimaba constantemente a su padre con palabras hirientes, las cuales Pedro siempre perdonaba.

Un día el joven llegó ebrio y golpeó a su padre hasta casi matarlo, los vecinos fueron a ayuda  a Pedro, por lo que el joven tuvo que escapar. A pesar de los golpes recibidos por su hijo y la presión de sus amigos para que lo denunciara, él solamente quería saber si su hijo se encontraba bien. Después de enfrentar escasez y hambre, el muchacho volvió arrepentido y sin pensarlo dos veces su padre lo perdonó nuevamente.

Las personas que lo rodean critican este accionar puesto que piensan que el joven volverá a hacer lo mismo, pero Pedro sólo cree que su hijo merece otra oportunidad para ser una mejor persona, a pesar que muchas veces le ha fallado.

“Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonaste en mano de sus enemigos que los dominaron; pero volvían y clamaban otra vez a ti, y tú desde los cielos los oías y según tus misericordias muchas veces los libraste. Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos…” Nehemías 9:28-29

“Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.” Nehemías 9:31

Israel se olvidaba de Dios cuando tenía paz,  no atendía a sus mandamientos, no escuchaba las amonestaciones, no le servía, ni se convertía de sus malas obras, hasta que sufría. Cuando el pueblo de Dios enfrentaba el dolor, buscaba al Señor y Él los perdonaba, no estaba enojado con ellos, no los desamparó, Dios los amaba y era misericordioso aunque su pueblo le fallaba constantemente.

Podemos criticar al pueblo de Israel pero quizás somos semejantes a ellos ¿Cuántas veces has fallado a Dios? Aunque en este momento estés haciendo algo que no le agrada, quiero recordarte que Él te ama y está preocupado por ti, acércate una vez más, porque Él es bueno. Recuerda que por su misericordia aún  tienes la oportunidad de arrepentirte,  acercarte y clamar otra vez, porque lejos de Él nada podrás hacer.

Nunca llegarás lejos luchando contra Dios, nunca podrás huir de su presencia, arrepiéntete y dale gracias porque a pesar de todo lo que has hecho Él solamente quiere que te encuentres bien.

 

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¿Ser libre o tener un padre que controle?

La mayoría de los adolescentes anhelan independizarse con ansias, piensan que saliendo de sus hogares podrán  disfrutar de la libertad que desean, puesto que no seguirán reglas que constantemente son repetidas por sus padres, no tendrán que pedir permiso o tolerar las llamadas de atención a causa de su desobediencia.

La realidad es que los adolescentes que no tuvieron el privilegio de vivir con sus padres, han sufrido de muchas carencias, entre las principales el afecto y las necesidades básicas como ser: alimentación y vestimenta. Muchos han tenido que trabajar desde niños para su propio sustento, por lo que hubieran deseado tener una familia que se preocupe por ellos.

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.” Josué 1:7

A veces una persona no desea seguir a Jesús porque tiene conocimiento de que será necesario que se esfuerce y sea valiente para obedecer la palabra de Dios; entonces, prefiere seguirlo de lejos, pero cuando recapacita y decide acercarse, existe un sentimiento de arrepentimiento por el tiempo perdido lejos de Él.

Por el contrario, un creyente puede pensar que las personas que no conocen a Dios viven mejor porque  no tienen que preocuparse por obedecer y cambiar su vida, pero cuando deja de seguir a Cristo reconocen que sin Él nunca podrán llegar lejos.

La realidad es que los mandamientos de Dios son para cuidarnos, prosperarnos y salvar nuestras vidas. Es posible que quieras hacer las cosas a tu modo, a pesar de que son desagradables para Dios, sin darte cuenta que estás actuando como un niño o adolescente que en su tiempo recibirá las consecuencias de sus decisiones. Recuerda que es mejor obedecer y  estar en casa que en la calle sin saber a dónde  o a quién acudir.

Por este motivo te animo a levantarte y pedirle a Dios que sea tu Padre, recíbelo en tu corazón, toma la decisión de esforzarte y ser muy valiente para obedecer su palabra, pedir perdón o perdonar, apoyar al prójimo, no mentir, robar, anunciar el mensaje de salvación, orar, y estudiar su palabra porque  entonces serás prosperado en todas las cosas que emprendas.

¡Es mejor estar en los brazos del padre!

 

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Esperar que pase la tormenta

“En los días en que los jueces gobernaban Israel, un hambre severa azotó la tierra. Por eso, un hombre de Belén de Judá dejó su casa y se fue a vivir a la tierra de Moab, junto con su esposa y sus dos hijos. El hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí. Sus dos hijos se llamaban Mahlón y Quelión. Eran efrateos de Belén, en la tierra de Judá. Así que cuando llegaron a Moab se establecieron allí.

Tiempo después murió Elimelec, y Noemí quedó sola con sus dos hijos. Ellos se casaron con mujeres moabitas. Uno se casó con una mujer llamada Orfa y el otro con una mujer llamada Rut. Pero unos diez años después murieron tanto Mahlón como Quelión. Entonces, Noemí quedó sola, sin sus dos hijos y sin su esposo.

Estando en Moab, Noemí se enteró de que el Señor había bendecido a su pueblo en Judá al volver a darle buenas cosechas. Entonces Noemí y sus nueras se prepararon para salir de Moab y regresar a su tierra natal.” Rut 1:1-6 (NTV)

Belén era un lugar en la tierra de Canaán escogido por Dios. Él quería cumplir su voluntad en esta tierra y le da una promesa a Abraham para la misma (Génesis 12:1).

Lo lamentable es cuando la dificultad llegó, Elimelec decide abandonar la promesa de Dios y descender a los campos de Moab, un lugar que le parecía más conveniente que la tierra de Belén.  Él obviamente no entendía la promesa y por eso la dejó; lastimosamente no tuvo un buen final, ya que él y sus hijos murieron en aquella tierra.

Dios específicamente había prometido que siempre habría abundancia si Israel era obediente. Por lo tanto, el “hambre en la tierra” significa que Israel, como nación, no estaba siendo obediente al Señor (Deuteronomio 11:13-17.) El sufrimiento que tuvo Israel fue por su propio pecado, por tanto, la solución no era irse lejos, sino arrepentirse y pedir perdón.

A veces lo mejor que puedes hacer es inclinar tu rostro, hacer una oración y aguantar tu tormenta

Existen circunstancias donde nos encontramos en medio de una gran tormenta, pero debes tener presente que lo que estás viviendo no será para siempre, y confiar que Dios cuidará de ti porque le perteneces. Es cuando no entiendes su voluntad que verás otras salidas antes que esperar en Dios, al final siempre sufriremos las consecuencias de alejarnos porque no quisimos esperar.

Es posible que estés enfrentando una situación difícil y, para empezar, te animo a realizar una oración y pedir perdón, renunciar el pecado y empezar de nuevo.

Si estás sufriendo por haberte alejado, entonces, busca recibir Su gracia, es mejor enfrentar las consecuencias con Él que solo. Si ya lo hiciste, entonces confía en Dios, no dejes de orar y estudiar su palabra, lo mejor que puedes hacer es esperar en él.

¡No te canses de esperar porque en su tiempo recibirás respuesta!

 

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De regreso al Padre

Dios le habló a Jonás diciéndole que debía ir a Ninive y difundir mensaje contra ella. Mas él se levantó  para huir de la presencia de Jehová y compró boleto para irse a Tarsis.  Mas estando en el barco se levantó una tempestad que los tripulantes pensaron que la nave se partiría.

Entonces cada uno clamó a su dios y echaron los enseres al mar para hacer ligero el barco pero no sucedía nada. Cuando echaron suertes para saber cuál era la causa, ésta cayó sobre Jonás.

Al encontrarlo le preguntaron quién era y qué había hecho para que sucediera tal calamidad. Pues sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado.

En aquel momento echaron a Jonás al mar quien fue tragado por  un gran pez; estando dentro del mismo, oró a Dios y  en arrepentimiento dijo: “Pero yo te ofreceré sacrificios con cantos de alabanza,  y cumpliré todas mis promesas.  Pues mi salvación viene solo del Señor”  Entonces mandó que  el pez lo vomitara en tierra. Al oír nuevamente la voz de Dios, Jonás fue a Nínive a llevar el mensaje que se le había dado.

Cuantas veces nos hemos encontrado en la posición de Jonás, hemos oído la voz de Dios y escuchado su palabra pero por razones propias hemos decidido huir de él. Compramos un ticket para tomar rumbo contrario al de la voluntad del Señor para nuestras vidas.

Sin embargo, también vemos que el amor infinito de Dios se muestra en medio de nuestra terquedad y nos sigue persiguiendo porque sus misericordias son  abundantes y de alguna forma nos quiere encaminar hacia Él.  En la historia el Señor permitió que se levantase una tempestad y que Jonás fuese tragado por un gran pez. Las situaciones eran desastrosas pero Dios las usó para quesu profeta se diese cuenta de sus errores.

Al entender Jonás de lo equivocado que se encontraba, se arrepintió y declaró palabras que permitió que el Señor le diese una nueva oportunidad.

En este día, no sé qué decisiones erradas tomaste para apartarte de él, pero te animo que puedas volver a sus propósitos, tan solo necesitas reconocer, aceptar y arrepentirte de todo lo malo que hiciste y regresar al camino del Padre, no olvides que Él espera por ti, su amor no ha cambiado y sigue  aguardando tu retorno.

2 Pedro 3:9 (NTV) dice “En realidad, no es que el Señor sea lento para cumplir su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido; quiere que todos se arrepientan.”

 

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Vanos remordimientos

Nadie puede mirar hacia el pasado sin encontrar cosas de las cuales arrepentirse; se escuchan lamentos de haber perdido oportunidades, de dejar  conflictos sin resolver,  por no realizar proyectos, metas o cumplir ciertos deseos, por lo que terminamos diciendo: “si tan sólo”.

“y al último de todos,  como a un abortivo,  me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles,  que no soy digno de ser llamado apóstol,  porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy;  y su gracia no ha sido en vano para conmigo,  antes he trabajado más que todos ellos;  pero no yo,  sino la gracia de Dios conmigo.1 Corintios 15:8-10.

El apóstol Pablo podía haber estado con Jesús desde el principio, podría haber tenido todas las facilidades y oportunidades; pero aborrecía el Evangelio, consideraba a Jesús un blasfemo, por lo que trató de exterminar a los cristianos. Sabía que había  desperdiciado mucho tiempo y  que otros se le adelantaron, pero tuvo la capacidad de seguir adelante y de decir “he trabajado más que ellos aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo”.

Qué fácil le hubiera sido pasar el resto de su vida en vanos remordimientos acerca del pasado. Él mismo dice: “y por último se me apareció a mí que soy el más insignificante de los apóstoles porque perseguí a la iglesia”. Seguro que lamentaba amargamente todo lo que hizo pero no se pasó el resto de su vida lamentándose, sentado en un rincón y repitiendo “fui el último en entrar ¿Por qué lo hice? ¿Cómo puede haberlo rechazado?”

Si somos cristianos, lo que importa antes que nada, no es lo que hayamos sido, sino lo que ahora somos. “Por la gracia de Dios, soy lo que soy”.  No se puede cambiar el pasado, por tanto, si es un tema que nos aflige repitamos lo siguiente:

“No importa cual haya sido mi pasado “yo soy lo que soy” ¿Quién soy yo? Una persona que ha sido perdonada y reconciliada con Dios por medio de la sangre que su Hijo derramó en la cruz. Soy un hijo de Dios, adoptado en su familia y voy camino a la gloria.”

Lo que importa no es lo que fuiste, por tanto, si el enemigo te ataca recordándote el pasado, vuélvete y dile “todo lo que dices es verdad, yo fui así, pero ya no me interesa lo que fui, sino lo que soy  por la gracia de Dios.”

Si aún no has soltado el pasado, te animo a  ponerte de rodillas para pedirle perdón al Señor de lo que hayas hecho. Él te escucha, te conoce y entiende, por lo que no tienes que seguir ocultándote de Él, es tiempo de empezar de nuevo. ¡Ya no mires atrás, que hay mucho por hacer adelante!

 

 

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