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Dios está en todo…

Dios está en todo… Muchos de ustedes dirán, ¿y ahora es que lo sabes?

Pero me gusta decirlo y repetirlo porque, de veras, a veces nos olvidamos.

Él nos ama tanto, que no importa por lo que estemos pasando está ahí con nosotros y nos da fuerzas cuando sentimos que ya no damos más.

¿A qué viene esto? A que estuve de mudanza. De hecho, aún me quedan cosas en la casa a las que le tengo que buscar lugar. Voy a vender la casa que tenía porque ya resulta demasiado grande para mi y me quiero mudar a un lugar más pequeño.

Ya conseguí el sitio al que me quiero mudar. Hay muchos apartamentos ahí listos, pero para mudarme allí tengo que vender mi casa.

Son muchos cambios, muchas decisiones, muchos cambios y nos podemos sentir sobrecargados. No contraté ninguna compañía para empacar mis cosas. Me dije: “tengo tiempo, me voy a dar tres meses” y lo estuve tomando con calma, pero mañana se cumplen los tres meses. Busqué cajas pequeñas para poderlas manejar sola y si contraté una compañía con un camión para que me llevaran las cosas a un depósito que ahora tengo que pagar…hasta mudarme definitivamente. Y bueno, pensar en que tengo que desempacar cuando me mude.

Pero Dios ha estado ahí. Cuando me he sentido desfallecer, cuando he sentido que no puedo cargar algo, solo clamo a Él y me renueva las fuerzas. Es maravilloso haber podido contar con un ayudante tan extraordinario. Doy gracias cada vez que puedo y este es un homenaje a Su gracia y a Su gentileza, a Su gran poder y Su fidelidad. Practíquenlo. Dios los bendiga.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¡Que no se apague el fuego!

¿Alguna vez has intentado mantener una vela encendida con el viento en tu contra? Seguramente has vivido esta experiencia cuando te encontrabas en un día de campo o tenías que cocinar al aire libre. A mí me sucedió hace poco cuando fuimos a la casa de un amigo con una torta a sorprenderlo por su cumpleaños, como el lugar era abierto el viento no permitía que la vela permanezca encendida; necesitamos la ayuda de varias manos para cubrir la vela del viento, fue bastante divertido.

Comparto esta anécdota porque los seres humanos siempre necesitamos del otro, somos seres sociales, una persona que se encierra en las tinieblas de la soledad simplemente está manifestando que no se encuentra bien, tiene un problema y necesita ayuda.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.” Éxodo 17:11-12

Moisés era un gran líder, un hombre que hacía milagros y prodigios con la autoridad de Dios, pero era humano; es decir, también se cansaba, era inseguro e incrédulo al principio, antes de cumplir el llamado que tenía; además en ocasiones no controlaba su enojo lo que provocó consecuencias negativas en su vida.

Por estas razones, Moisés necesitaba personas a su lado que lo ayudaran a levantar las manos cuando él se cansaba, de lo contrario perdería la guerra.

Los desafíos que enfrentamos en la vida son así, ninguno es autosuficiente. Si deseas vencer, tener éxito, salir victorioso del problema que enfrentas necesitas personas que te alienten y apoyen a salir adelante.

Así mismo, puedes ser tú el apoyo para otros, para que los demás permanezcan con el fuego del Espíritu de Dios encendido en su corazón necesitarán del apoyo de sus hermanos. Te animo a salir de la soledad, a buscar apoyo y apoyar a los demás para que la pasión por el Señor no se apague.

 

 

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Una ayuda silenciosa

¿Cuál es tu actitud después de hacer una acción que beneficie a otro?

Hace un tiempo atrás conocí a una familia que atravesaba por circunstancias difíciles económicamente, pero no faltó la buena voluntad de un vecino que, al ver sus carencias y al contar con los recursos suficientes, extendió su mano para ayudarlos.

La familia estuvo totalmente agradecida con él, hasta que un día cualquiera, un niño (el hijo de otro vecino) les recordó la ayuda que habían recibido. Fue el día en el que cerraron su corazón para no volver a recibir la “caridad” de otros, porque el vecino de “gran corazón” se había encargado de divulgar la necesidad de esta familia para que al igual que él, otros también se brindaran a ayudar.

Dios es sabio al mencionarnos lo que está escrito en Mateo 6:3-4. (TLA):

Cuando alguno de ustedes ayude a los pobres, no se lo cuente a nadie. Así esa ayuda se mantendrá en secreto, y Dios el padre, que conoce ese secreto, les dará a ustedes su premio.

En nuestra naturaleza humana está el resaltar las buenas obras que hacemos, pero a las malas preferimos tenerlas muy escondidas.

Si bien Dios nos dijo que ayudemos a los demás, no es para mencionar lo buenos que somos o que creemos serlo, sino para que nuestra ayuda pueda ser desinteresada, sin el afán de que los demás se enteren y nos echen flores.  Porque de quien en realidad recibiremos la mayor recompensa será de Dios.  Así que cada vez que extiendas la mano para ayudar al necesitado, hazlo en silencio.

Si hoy te encuentras con la disposición de ayudar, toma la iniciativa de hacer algo por los demás, lo cual no necesariamente tiene que encerrarse en lo material o financiero, puedes brindar tu ayuda en actividades que lo requieran, visitar al enfermo, y aún regalar una sonrisa y una palabra amable a todos con los que tengas contacto el día de hoy.

No podemos querer identificarnos como hijos de Dios si no somos capaces de imitar a nuestro Maestro con gestos de amor y compasión hacia nuestro prójimo, lo cual de antemano nos enseñó.

Es posible que hoy  alguien necesite de tu ayuda, la pegunta es: ¿Estás dispuesto a hacerlo?

 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. Hechos 20:35 (RVR1960)

Por Ruth Mamani

 

 

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Haz tu parte

Cierto hombre tenía una esposa que no era fuerte físicamente, y que imaginaba estar peor de lo que estaba. Ya que él era hombre fuerte hacia todo lo que a ella se le antojaba, hasta llevarla en brazos de una pieza a otra. Naturalmente sucedió que con el tiempo, ella se debilitó más y llegó a ser tan inútil como una muñeca.

Algunos de los amigos íntimos de aquel esposo le aconsejaron que volviera a educarla y enseñarle a andar y a cuidarse ella misma; así que siguiendo el consejo, empezó a dejar de hacer las cosas por ella. Cuando ella tropezaba y estaba a punto de caer, él se vía tentado a correr a su lado y ayudarla pero él sabía que  si no se hacía a un lado, ella jamás volvería a andar.

Existe mucha gente que menosprecia la fuerza que tiene y cree que es más débil de lo que en realidad es. Si bien es cierto que nuestras fuerzas no son suficientes para lograr muchas cosas y que necesitamos la ayuda de Dios para alcanzar nuestras metas,  los milagros no llegarán si tú no haces tu parte.

No te detengas a esperar ser más fuerte,  a tener más recursos económicos, a que mejoren las cosas en tu país o a que alguien más haga tu parte ni le dejes todo a Dios; Él te ayudará siempre pero también desea que tú hagas tu parte, que seas colaborador. Por ejemplo, si necesitas un trabajo búscalo, preséntate a empresas, piensa cuáles son tus habilidades que podrían servirte para emprender algún negocio y encomienda tus planes a Dios porque Él te ayudará. Si quieres que mejore la relación en tu familia, no te sientes a esperar, busca acercarte a los que amas como pacificador, el Señor se encargará de tocar sus corazones.

Recuerda lo que Dios le dijo a Josué: Mi mandato es: “¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas” Josué 1:9 (NTV)

Puede ser  difícil pero solamente cuando peleamos nuestras batallas Dios va perfeccionando nuestro carácter, puliéndonos  y enseñándonos que con su ayuda podemos vencer.

Ya no esperes más, levántate y esfuérzate por alcanzar aquellas cosas que sueñas; quizás ahora no sepas cómo hacer algo pero Dios te dará la fuerza y la sabiduría que necesitas si le encomiendas tus planes y bendecirá todo lo que hagas.

 

 

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Versículos bíblicos acerca de la ayuda al prójimo

Dios es amor y cuando le aceptamos en nuestra vida debemos compartir con otros ese amor que recibimos por medio de acciones de solidarias. En la Biblia, la historia del Buen Samaritano, que se encuentra en Lucas 10:25-37, es la más conocida en cuanto a la ayuda al prójimo; sin embargo, hay otros versículos que también nos instan a apoyar a los demás y proveer para sus necesidades. Estos son algunos de ellos:

Deuteronomio 15:10-11 (TLA)

«Mejor ayuden siempre al pobre, y háganlo con alegría. Si lo hacen, les irá bien y Dios los bendecirá en todo lo que hagan. En este mundo siempre habrá gente pobre. Por eso les ordeno que sean generosos con la gente pobre y necesitada del país».

Proverbios 3:27-28 (RVR1995)

«Si tienes poder para hacer el bien, no te rehúses a hacérselo a quien lo necesite; no digas a tu prójimo: “Vete, vuelve de nuevo, mañana te daré”, cuando tengas contigo qué darle».

Proverbios 19:17 (CST)

«Servir al pobre es hacerle un préstamo al SeñorDios pagará esas buenas acciones».

Proverbios 22:9 (TLA)

«Dios bendice al que es generoso y al que comparte su pan con los pobres».

Mateo 5:15-16 (NTV)

«Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial».

Mateo 10:8 (RVA-2015)

«Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen fuera demonios. De gracia han recibido; den de gracia».

Mateo 25:44-45 (TLA)

«Ellos me responderán: “Señor, nunca te vimos con hambre o con sed. Nunca supimos que tuviste que salir de tu país, ni te vimos sin ropa. Tampoco supimos que estuviste enfermo o en la cárcel. Por eso no te ayudamos.” Entonces les contestaré: “Como ustedes no ayudaron ni a una de las personas menos importantes de este mundo, yo considero que tampoco me ayudaron a mí.”»

Lucas 3:10-11 (PDT)

«La multitud le preguntó:
—¿Entonces qué debemos hacer?
Juan les contestó:
—El que tenga dos mantos que le dé uno al que no tiene y el que tenga comida que la comparta.»

Lucas 6:38 (PDT)

«Den a los demás y ustedes también recibirán. Se les dará una cantidad mayor a la que puedan contener en su regazo, aunque se la haya agitado y apretado al máximo, siempre se rebosará. Porque con la misma medida que ustedes midan a los demás, Dios los volverá a medir a ustedes».

Lucas 12:33-34 (TLA)

«Vendan lo que tienen, y repartan ese dinero entre los pobres. Fabríquense bolsas que nunca se rompan, y guarden en el cielo lo más valioso de su vida. Allí, los ladrones no podrán robar, ni la polilla podrá destruir. Recuerden que la verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón».

Romanos 12:13-14 (BLPH)

«Solidarícense con las necesidades de los creyentes; practiquen la hospitalidad; bendigan a los que los persiguen y no maldigan jamás».

Romanos 15:1-2 (RVA-2015)

«Así que, los que somos más fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo para el bien, con miras a la edificación».

Gálatas 6:2 (BLPH)

«Ayúdense mutuamente a soportar las dificultades, y así cumplirán la ley de Cristo».

Efesios 4:28 (NTV)

«Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad».

Filipenses 2:4 (DHH)

«Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros».

Hebreos 6:10 (PDT)

«Dios no es injusto para olvidarse de todo el trabajo que han hecho y recordará que ustedes le han demostrado su amor ayudando al pueblo de Dios y que continúan haciéndolo».

Hebreos 13:16 (DHH)

«No se olviden ustedes de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen; porque éstos son los sacrificios que agradan a Dios».

Santiago 2:14-17 (PDT)

«Hermanos míos, ¿de qué puede servir que alguien diga que tiene fe si no hace el bien? ¿Lo podrá salvar esa clase de fe? Supongamos que un hermano o hermana tiene necesidad de vestido o comida. Llega uno de ustedes y le dice: “¡Que Dios lo bendiga, abríguese y aliméntese!” Sin embargo, si no le da lo que realmente necesita en ese momento, ¿de qué sirve? De la misma manera, si la fe no está acompañada de hechos, así sola está muerta.»

 

 

 

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¡Tú siembras y los que amas también cosechan!

El rey Saúl trató de matar a David, pero Jonatan su hijo decidió salvarlo porque tenía una estrecha amistad con él; ya cuando David fue rey hizo misericordia con el hijo de su amigo, Mefi-boset, y le dijo “No temas, pues en memoria de tu padre Jonatán he decidido beneficiarte. Voy a devolverte todas las tierras que pertenecían a tu abuelo Saúl, y de ahora en adelante te sentarás a mi mesa.” 2 Samuel 9:7 (NTV).

Mefi-boset era un hombre lisiado de las dos piernas, probablemente estaba pasando mucha necesidad por su condición, pero David mostró su agradecimiento a Jonatán a través de su hijo.

Quizás en este momento dices: ¡no tengo hijos! Pero déjame decirte que si tienes seres queridos que deseas que sean bendecidos en todas las áreas de su vida; por lo cual tus acciones y decisiones deben ser correctas de manera que la gracia y la bendición de Dios no sólo te alcancen a ti sino también a quienes amas.

Deuteronomio 7:9 dice: “Reconoce, por tanto, que el Señor tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel, que cumple su pacto generación tras generación, y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos” (NVI) está es una promesa de Dios no sólo para ti sino para tus seres amados.

Diariamente tenemos la oportunidad de ayudar a quienes están pasando momentos difíciles, quizás nosotros también tenemos necesidad pero te animo a socorrer a tu prójimo, te aliento a mantenerte firme en el camino de Dios. Procura que tus decisiones y acciones tengan como consecuencia bendiciones para ti, para los que te rodean y tus futuras generaciones.

Por Judith Quisbert

 

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¿Resentido con Dios?

Hay personas que no pueden entender la razón de alguna prueba por la que están pasando, en vista de que siempre han hecho lo correcto. No les parece lógico que si son buenas personas, se están reuniendo en su iglesia y estudian su Biblia a diario, les pueda por ejemplo dar cáncer, o se les pueda morir un hijo pequeño en algún accidente o por alguna enfermedad.

Yo recuerdo bien, que yo me sentí muy agradecida de haber recibido a Jesús antes de que mi hermano más cercano para el momento, falleciera por cáncer de pulmón. Porque estoy segura que si no, me hubiese puesto a pelear con Dios. Me hubiera sentido muy mal, porque mi hermano fue siempre un muy buen hombre.

En la Biblia, en Génesis 32 vemos que Jacob peleó con el ángel de Dios para que lo bendijera. Y yo sé que si peleamos o nos molestamos con Dios Él nos puede entender. Él no se va a enojar. Él nos ama así de infinito.

Pero a la vez nos tenemos que preguntar a nosotros mismos: ¿quiénes nos creemos que somos para estar cuestionando al Creador del Universo y de todo lo que existe? ¿Cómo osamos?

Tal vez por nuestra naturaleza, que siempre ha querido parecerse más a Dios de lo debido. Ése ímpetu que llevamos en nuestros corazones cuando amamos con pasión. Él creó esa pasión, Él creó nuestro carácter y Él nos conoce desde antes de haber estado en el vientre de nuestras madres. Así que para Él, serán esas reacciones nuestras, como para nosotros las pataletas de lo niños pequeños.

Yo pienso que Él nos permite hasta expresarnos de manera incorrecta. Si lo hemos recibido en nuestro corazón, Él mismo nos va a ir haciendo ver lo errados que estamos y que el Soberano es Él y quien decide todo es Él.

No te sientas mal si estás molesto o molesta con Dios, pero si te aconsejo que le hables, te desahogues, siempre con el respeto que se merece Su Majestad. Reclámale y déjale saber cómo te sientes. Te garantizo que llegará el momento en el que te hará sentir la paz inigualable que sólo Él da. Por un lado te vas a sentir satisfecho (a) por desahogarte y por el otro vas a sentir renovada tu relación con Él. Siempre les recuerdo que Él lo que más desea de nosotros es una amistad, una relación, más que una “religión”.

Con nuestros hermanos a veces nos podemos pelear, con nuestros amigos, y luego nos decimos las cosas y nos perdonamos y seguimos siendo familia. Seguimos la amistad. Nos olvidamos y seguimos la vida. No es bueno guardar molestias. Se tornan en resentimientos y eso no nos hace bien para nada.

Expresarnos con Dios es lo mejor. Además, antes de que digamos la primera palabra, ya Él sabe lo que vamos a decir. Nos conoce mejor que nosotros mismos.

No te resientas con Dios, no te guardes las cosas, los sentimientos, tu opinión en cuanto a tu entorno o tu situación. Cuando con respeto vas a Él y le hablas y te expresas, Él te va a ayudar. Dalo por hecho.

 

 

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¿Quién te salvará?

Senaquerib el rey de Asiria, envió mensajeros a Judá para intimidarlos y jactarse de sus conquistas, dijo: “No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano…¿acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria?…¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierras de mi mano para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?” 2 Reyes 18: 29-35 (versión)

Así muchas veces se levantan “imperios” en contra nuestra, intimidando nuestra fe y confianza en Dios; pretendiendo destruirnos con esos gigantes que pueden ser la enfermedad, deuda, problemas familiares, adicciones, etc.

Lo que este rey no sabía, y lo que debemos creer firmemente, es que Jehová es el único Dios Todopoderoso y que no dejaría desamparado a su pueblo. Porque el Rey Ezequías clamó a Jehová: “Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios.” 2 Reyes 19:19 (RVR1969) y también envió al profeta Isaías que elevara oración.

Jehová escuchó el clamor y respondió: “Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.” 2 Reyes 19:32-34  Entonces Dios cumplió e hirió de muerte a los ciento ochenta y cinco mil asirios, librando así a su pueblo de la mano de Senaquerib.

El Señor cuida de su pueblo, y no nos deja solos ni desprotegidos en ninguna batalla que peleamos, porque tenemos un gran Dios único y verdadero que peleará para darnos victoria.

Él promete Su ayuda a todo aquél que se acerque con corazón humilde y reconociendo su Poder.

 

 

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Esposa… ¿idónea o errónea?

Dios ha delineado roles específicos tanto para la esposa como para el esposo, los que muchas veces son difíciles de aplicar, pero con la cooperación de ambos cónyuges es posible lograr el éxito matrimonial.

Sabemos que Job fue una de las personas que vivió en carne propia las más duras pruebas de la vida. Perdió a todos sus hijos y también sus riquezas, fue afectado por una abominable enfermedad, y la prueba que venía aparentemente era peor que las anteriores.

Este gran hombre, tenía un matrimonio feliz; de no ser así, no hubiera tenido esta buena reputación. Sin duda alguna, la fidelidad de Job al Señor y su intachable manera de vivir de alguna forma se debían a la buena influencia de su esposa.

Es importante reconocer que la esposa tiene una influencia inmensa sobre el esposo en el matrimonio, ya sea para bendición o para maldición.

¿Qué pasó con la esposa de Job? Ella siempre estuvo al lado de su esposo, pero de repente todo se derrumbó, no pudo soportar la idea de ver a sus hijos hechos cenizas bajo sus tumbas, perder todas sus riquezas y menos vivir con un enfermo. Sin poder resistirlo más, dijo:

“(…) ¿Por qué insistes en demostrar que eres bueno? ¡Mejor maldice a Dios, y muérete! Pero Job le respondió: No digas tonterías. Si aceptamos todo lo bueno que Dios nos da, también debemos aceptar lo malo. Y a pesar de todo lo que le había sucedido, Job no pecó contra Dios diciendo algo malo.” Job 2:9-10 (TLA)

En medio de la angustia, es triste sentir el abandono de nuestros seres queridos en lugar de su apoyo. La promesa de permanecer juntos en medio de la riqueza y la pobreza…etc. que Job y su esposa se hicieron en el altar, ese día se rompió. Pero la pregunta es ¿Cuál fue la reacción de Job ante esta prueba?

Por supuesto que la actitud de su esposa lo hirió profundamente, él la amaba, pero por encima de ella estaba Dios, y con todo el dolor de su corazón le respondió con estas palabras: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado”. Cuando nos aferramos a un ser humano, por más bueno que sea, este terminará fallándonos por el mismo hecho de ser “humano”.

¿Cómo está tu relación con Dios? ¿Sobré qué está fundamentado tu matrimonio? ¿Cómo está tu relación con tu esposo? ¿Eres ayuda idónea o errónea? Una ayuda idónea es aquella persona que te ama, respeta, ayuda, etc.; por el contario la ayuda errónea, es aquella que lejos de aportar algo favorable trata de destruir, no apoya, no tiene una misma visión de vida, está en contra de todo.

Si revisando esta historia te das cuenta que has estado actuando como la esposa de Job, quiero que sepas que estás a tiempo para cambiar tu forma de pensar y actuar. No mal interpretes el estar sujeta a tu esposo con ser esclava de sus órdenes, debes saber que no eres inferior a él, es más  Eva fue dada a Adán para ser su compañera, su ayuda idónea. Dios no sacó a Eva del pie de Adán para ser inferior a él, ni la hizo de la cabeza para estar encima de él. La hizo del costado, para estar al mismo nivel con su esposo, bajo de su brazo para gozar de su protección, y cerca de su corazón para ser amada, por ello es importante que aceptes la autoridad que Dios le dio a tu esposo en tu matrimonio y el papel importante que tú cumples en él.

Recuerda:

“La mujer sabia edifica su casa; la necia, con sus manos la destruye.” Proverbios 14:1 (NVI)

Por Ruth Mamani

 

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Solicita ayuda

“Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.” Isaías 51:3

Sería interesante preguntarnos ¿Por qué hay personas que sufren hechos de violencia y simplemente callan? ¿Será por temor a represalias por parte del violento? ¿Será porque se aferra a una relación que la hace sufrir, pero ni siquiera puede imaginarse otra realidad? Lamentablemente la persona que ha sufrido violencia, ya sea por parte de sus padres o a nivel pareja, suele ser violenta en otras relaciones.

Sabemos que Dios no quiere eso para nuestras vidas, por lo tanto podemos recurrir El, pero también a instituciones o profesionales que puedan brindarnos una ayuda especializada para salir finalmente del ciclo de violencia.

La Biblia dice: “Convertiré el valle de la Desgracia en el paso de la Esperanza”. Oseas 2:15 NVI Cree esta promesa y recuerda no estás solo. Decide hoy romper el silencio.

Por Danitza Luna

 

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Recompensa

Un día sofocante, un muchacho estaba subiendo una colina llevando sobre sus hombros una canasta demasiado pesada para sus fuerzas. Cuando había subido la mitad un caballero joven lo alcanzó, y notando que el muchacho estaba fatigado le dijo:

     – Permíteme ayudarte – Tomó la canasta y la llevó hasta la cima.

     – Gracias, señor – dijo el muchacho – ya puedo llevarla bien el resto del camino porque es plano.

Pasaron muchos años y el caballero, ya anciano,  estaba sentado en una mecedora mirando pensativamente el fuego de la chimenea. En ese momento sonó el timbre de la puerta y un  visitante entró al cuarto donde se encontraba y le dijo:

     – He sabido que está usted en circunstancias críticas, dígame con franqueza si es así o no, porque quiero ayudarlo.

     – Es la verdad, señor; mi condición económica es apurada y en esto estaba pensando ahora, sin hallar camino de salida.

     – ¿Cuánto necesita para salvar su situación? ¿Puede hacerlo con 20.000 dólares?

El anciano quedó estupefacto y sin poder hablar, no pudo más que menear la cabeza indicando su aceptación de la oferta.

     – Entonces – dijo el visitante – deje toda su congoja porque puede tener el dinero mañana mismo.

Y añadió:

     – Seguramente quisiera saber usted quién es que tan misteriosamente le ha visitado y por qué le ha ofrecido el dinero. Hace veinte años, cuando estaba subiendo una colina con una canasta demasiado pesada para mis fuerzas, usted bondadosamente me ayudó. Usted no sabe cómo ese hecho me ha ayudado en mi vida; fue como una semilla viva de bondad puesta en mi corazón. Dios me ha prosperado en los negocios y con frecuencia cando le he encontrado por la calle he pensado que usted me había olvidado, y también el incidente de la canasta. Pero siempre he agradecido su acto de bondad y deseaba poder hacer algo más que darle las gracias. Habiendo oído recientemente de sus dificultades económicas me regocija tener la oportunidad de mostrarle mi gratitud de un modo efectivo.

Es verdad que no todos nuestros actos de bondad o ayuda se verán recompensados como en esta historia, pero Dios nunca olvida aquello que hacemos por los demás, con un corazón sincero y desinteresado.

“Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos”. Gálatas 6:9  (NTV)

Si tienes la oportunidad de ayudar a alguien no dudes en hacerlo. Muchas veces no somos conscientes de que todos nuestros actos tienen su repercusión en el futuro. Nuestra ayuda podría cambiar la vida de muchas personas y aunque no veamos la recompensa ahora, el Señor nos asegura que tendremos una recompensa en la eternidad y allí todos los galardones tienen un valor infinito.

 

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¡No te calles!

¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos! Proverbios 31:8 (NVI)
Casi todos en algún momento hemos oído de gente que ha pasado por cierta clase de abuso, ya sea verbal o físico. Y quizá sin ir tan lejos tú has sido víctima de ello y es posible que calles por el temor al “qué dirán” o a las consecuencias que podrías sufrir si lo dices.
Si alguna vez has enfrentado ese tipo de situaciones en tu vida, déjame decirte que tu silencio no ayuda a aquél que en este momento se siente abusado por alguien más, tu silencio no te ayuda a ti mismo para salir de la situación en la que te encuentras actualmente, lo que podría terminar yendo en contra de tu salud.
Necesitas hablar para que alguien pueda ayudarte a salir del hoyo en el que te encuentras y así dejar de ser una víctima.
Necesitas hablar para sentir la libertad de ser quien eres.
Necesitas hablar para que el abuso termine.
Si en algún momento has pensado en dejar las cosas así como están por no hacerlo más grande, piénsalo bien porque es posible que cada vez que te enfrentes a tu abusador sientas que el temor y quizá indicios de rencor y odio crecen en tu interior, lo cual es una alarma para acudir por ayuda.
¡Vamos! Ármate de valor, busca ayuda para enfrentarlo, es importante que te des cuenta que la confrontación es un principio bíblico. Jesús enseñó acerca de esto en Mateo 18:15-17.
Y por supuesto que nadie sabe mejor que Jesús qué se siente ser acosado y abandonado en el sufrimiento; porque sin culpa alguna lo arrestaron, golpearon y se burlaron de Él. Mateo 26:56 declara que: “todos los discípulos, dejándole, huyeron”. Incluso Pedro, uno de sus amigos más cercanos, negó tres veces conocerlo. Por ello quiero que sepas que aunque otros no puedan entender por completo lo que te sucede, Jesús sí.
Sabemos que el abuso físico es fácil de detectar por las huellas que pueden dejar en el cuerpo, pero lamentablemente el abuso verbal es un problema emocional difícil de descubrir, por lo cual es importante que no te calles.
¡Dios quiere sanar cada una de tus heridas físicas y emocionales! Pídele ayuda a tu Padre celestial para que te dé valor para hablar sin temor. No dudes en acercarte a consejeros de tu iglesia o si deseas puedes escribirnos para que podamos asesorarte en este tipo de situaciones.
Quiero terminar este devocional con una oración,
Señor, haznos valientes para defender a los que lo necesitan, ayúdanos a mostrarles que tú entiendes su dolor y soledad así como dice tu palabra, pero también ayúdanos a no callar cuando nosotros seamos quienes padecen de un abuso, en el nombre de Jesús. Amén.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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