ayuda Archives | CVCLAVOZ

All posts in “ayuda”

Pensando en los demás

“No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”

Filipenses 2:4 (RVR1960)

Qué fácil es luchar por nuestro bienestar, en comparación con la búsqueda del bienestar de otros; son muy pocas las personas que hacen efectivo el deseo de ayudar a otras personas.

Y es precisamente en este aspecto que Pablo instruye a la iglesia de Filipos, a no limitarse a velar únicamente por el propio bienestar, sino también por el de otros, aquí cobra real importancia esta instrucción, puesto que, como hermanos en Cristo, no solo debemos mantenernos unidos, sino también apoyarnos, es un hermoso testimonio que habla por sí solo.

Y qué mejor que extender la misma actitud hacia toda nuestra comunidad, ciertamente el impacto sería mayor y sin duda una gran oportunidad de brindar ayuda y dar a conocer el amor de Dios.


Por Cesia Serna



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Cumple tu palabra

Cuentan que Sir William Naiper, caminando cerca de su casa, cierto día encontró a una pequeña aldeanita que estaba llorando. Había quebrado su cántaro y derramado la leche que llevaba para su padre. La niña decía:

—Tengo miedo de ir ahora, porque estoy segura que me pegará.

Sir William buscó en sus  bolsillos algo de dinero para que ella pudiera comprar otra jarra y más leche, pero como no tenía nada,  le prometió a la niña encontrarse con ella a cierta hora en la tarde para socorrerla en sus necesidades pequeñas.

Al llegar a su casa encontró la invitación de un caballero de sociedad, para que cenara con algunas personas destacadas en su casa, a la misma hora en que tenía que encontrarse con la pequeña niña.

La pregunta que se hizo fue:

—¿Cumpliré mi palabra a esta pequeña aldeana o iré para mis intereses y deleites? —dijo—. Ella ha confiado en mí y no puedo engañarla.

Por lo tanto escribió una nota declinando la invitación a la gran cena.

No importa si comprometiste tu palabra con una persona prominente o con una pequeña niña desconocida, todos tienen el mismo valor y conservar tu palabra, independientemente de las circunstancias, te hace una persona confiable.

Mateo 5:37 dice: “Simplemente di: “Sí, lo haré” o “No, no lo haré”. Cualquier otra cosa proviene del maligno” (NTV) No podemos estar retractándonos según nuestro estado de ánimo o las circunstancias.

Antes de decir  algo piensa bien a qué te estás comprometiendo y mientras esté a tu alcance, cumple con lo que dices, no seas una persona de doble ánimo o que fluctúa de acuerdo a sus emociones y circunstancias. Que la gente pueda hallar en ti alguien confiable y comprometido.

Recuerda que todos los compromisos que haces son importantes y todas las personas son igual de valiosas.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

El síndrome de autolesión

En el show de esta semana en Ni Más Ni Menos con Elluz Peraza, estuve conversando con Daniel Zangaro, que trajo al programa el tema  que está dando mucho qué hablar y qué estudiar hoy día en personas de todas las edades, pero comentando que han aumentado los casos en los jóvenes. Me refiero a la autoflagelación o castigo. Es cuando los chicos toman el hábito de cortarse o quemarse, algunos se jalan el cabello o se rascan hasta sacarse sangre. Se le conoce como síndrome de autodaño o autolesión.

Parece extraño que una persona se haga algo que le cause dolor, pero sí supe de un caso del hijo de una buena amiga, que al sufrir una pérdida, no sé cómo llegó a eso. A hacerse cortes leves en la piel de los brazos, porque sentía que así el dolor que sentía por la pérdida de un amigo muy cercano le causaba, era más leve. Es como que el dolor que se infligía, le mermaba el que estaba sintiendo emocionalmente.

Y el chico había sido criado en la religión cristiana y asistía a la iglesia. Pero a veces no entienden que ese daño que le están haciendo a su cuerpo es algo que los va a separar de Dios. ¿Por qué? Porque el cuerpo es el templo del Espíritu Santo, que es Dios y no es nuestro. No nos pertenece. Por tanto al quemar o cortar o lo que esté haciendo en ese sentido, está ofendiendo al Espíritu de Dios. Es pecado.

Comentamos también que ha habido religiones donde las personas se auto flagelaban como para expiar culpas, para pagar por el pecado o los pecados cometidos y se daban latigazos, se golpeaban también hasta hacerse heridas.

No debemos olvidar que Jesús vino y dio su vida para pagar por los pecados de todos. Por todos los pecados. Y por gracia, quienes creemos en Él, ahora somos perdonados, somos hechos limpios y puros cuando nos arrepentimos y vamos a Él y le pedimos perdón. Cuando lo recibimos en nuestros corazones y Lo hacemos nuestro Señor y Salvador, nos va cambiando la vida, nos va ayudando a salir de cada prueba que la vida nos presenta y nos ayuda a seguir en el buen camino.

Gracias a Dios debemos dar a diario y si sabemos de casos de autolesión, debemos  orar por quienes lo están sufriendo, sugerir ayuda sicológica, invitarles a actividades que distraigan a la persona que lo está realizando. Un deporte también puede ayudar. Son casos delicados y difíciles a veces de detectar. Pero a los padres, les sugerimos que estén atentos a los hijos que van buscando tiempo a solas con demasiada regularidad y comienzan a aislarse incluso estando en compañía. Cuando no participan de ninguna actividad familiar y tampoco tienen mucha actividad con sus amistades. Comienzan a usar ropa con mangas largas y no usan shorts ni estando de playa o días muy calurosos. Estén pendientes para poder ofrecerles ayuda. Sin criticarlos ni alarmarse. Con amor.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Aceptas un consejo?

Hay personas a quienes por naturaleza les gusta ayudar. Están siempre pendientes de ver dónde pueden dar una mano, hacer algo para hacerle la vida más fácil a otros.

Pero no siempre son bien recibidas las propuestas.

¡Hay quienes hasta se pueden ofender, pues un consejo les implica que no creemos que ellos o ellas lo pueden hacer o saben eso que les estamos indicando!

También hay personas que por naturaleza siempre están a la defensiva y generalmente son esas personas las que se ofenden ante la propuesta de una ayuda o de un consejo. Te dan como respuesta: “¿Piensas que yo no pensé en eso?” o “¿Crees que yo no lo sé?”  o “¿Te parece que yo no tengo la capacidad para entender eso?”

Es como que le echan un bote de agua helada a uno encima. Y no es que lo digan de mala manera… es que lo digan.

Es uno de estos temas de la comunicación. Las relaciones interpersonales son complejas porque nosotros como seres humanos somos complejos. Todos somos diferentes, pensamos diferente, sentimos diferente y por eso nos puede costar entender una observación como una ayuda, una colaboración, un por si acaso.

Tú, que estás leyendo, ¿aceptas un consejo de buena manera o no? Déjame saber.

«Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo.» Proverbios 4:20

«El orgullo solo genera contiendas, pero la sabiduría está con quienes oyen consejos.» Proverbios 13:10

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Corazón dadivoso

Tenemos un Dios misericordioso y poderoso que cubre cada necesidad que tenemos y de hecho, nos da aún más de lo necesario para que también tengamos la oportunidad de brindar ayuda a quienes enfrentan carencias; de esta forma lograremos cumplir el propósito de abundar en toda buena obra.

“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;” 2 Corintios 9:8 (RVR1960).

En el libro de Proverbios, encontramos una comparación entre quienes tienen un corazón dadivoso y quienes tienen un mal proceder.

“Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. 25 El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.” Proverbios 11:24-25 (RVR1960).

A la luz de este pasaje analicemos si nuestro proceder hasta el momento ha sido bueno, ¿hemos obrado con justicia en nuestros negocios? Cuando alguien necesitó nuestra ayuda, ¿se la brindamos?

Parte de nuestra responsabilidad como seguidores de Cristo es extender nuestra mano al caído y necesitado, tal como lo hizo Jesús con todo aquel que se acercó buscando Su ayuda; no sólo fue recibido sino también fue atendida su necesidad.

Sigamos el ejemplo que el Señor  nos dejó teniendo en cuenta que ciertamente recibiremos gracia y dirección, de parte de suya para lograrlo, además de la promesa de bendición que se observa en el verso 25 de Proverbios 11.

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”  Efesios 3:20-21 (RVR1960).

 

Por Cesia Serna

 

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Dios está en todo…

Dios está en todo… Muchos de ustedes dirán, ¿y ahora es que lo sabes?

Pero me gusta decirlo y repetirlo porque, de veras, a veces nos olvidamos.

Él nos ama tanto, que no importa por lo que estemos pasando está ahí con nosotros y nos da fuerzas cuando sentimos que ya no damos más.

¿A qué viene esto? A que estuve de mudanza. De hecho, aún me quedan cosas en la casa a las que le tengo que buscar lugar. Voy a vender la casa que tenía porque ya resulta demasiado grande para mi y me quiero mudar a un lugar más pequeño.

Ya conseguí el sitio al que me quiero mudar. Hay muchos apartamentos ahí listos, pero para mudarme allí tengo que vender mi casa.

Son muchos cambios, muchas decisiones, muchos cambios y nos podemos sentir sobrecargados. No contraté ninguna compañía para empacar mis cosas. Me dije: “tengo tiempo, me voy a dar tres meses” y lo estuve tomando con calma, pero mañana se cumplen los tres meses. Busqué cajas pequeñas para poderlas manejar sola y si contraté una compañía con un camión para que me llevaran las cosas a un depósito que ahora tengo que pagar…hasta mudarme definitivamente. Y bueno, pensar en que tengo que desempacar cuando me mude.

Pero Dios ha estado ahí. Cuando me he sentido desfallecer, cuando he sentido que no puedo cargar algo, solo clamo a Él y me renueva las fuerzas. Es maravilloso haber podido contar con un ayudante tan extraordinario. Doy gracias cada vez que puedo y este es un homenaje a Su gracia y a Su gentileza, a Su gran poder y Su fidelidad. Practíquenlo. Dios los bendiga.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¡Que no se apague el fuego!

¿Alguna vez has intentado mantener una vela encendida con el viento en tu contra? Seguramente has vivido esta experiencia cuando te encontrabas en un día de campo o tenías que cocinar al aire libre. A mí me sucedió hace poco cuando fuimos a la casa de un amigo con una torta a sorprenderlo por su cumpleaños, como el lugar era abierto el viento no permitía que la vela permanezca encendida; necesitamos la ayuda de varias manos para cubrir la vela del viento, fue bastante divertido.

Comparto esta anécdota porque los seres humanos siempre necesitamos del otro, somos seres sociales, una persona que se encierra en las tinieblas de la soledad simplemente está manifestando que no se encuentra bien, tiene un problema y necesita ayuda.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.” Éxodo 17:11-12

Moisés era un gran líder, un hombre que hacía milagros y prodigios con la autoridad de Dios, pero era humano; es decir, también se cansaba, era inseguro e incrédulo al principio, antes de cumplir el llamado que tenía; además en ocasiones no controlaba su enojo lo que provocó consecuencias negativas en su vida.

Por estas razones, Moisés necesitaba personas a su lado que lo ayudaran a levantar las manos cuando él se cansaba, de lo contrario perdería la guerra.

Los desafíos que enfrentamos en la vida son así, ninguno es autosuficiente. Si deseas vencer, tener éxito, salir victorioso del problema que enfrentas necesitas personas que te alienten y apoyen a salir adelante.

Así mismo, puedes ser tú el apoyo para otros, para que los demás permanezcan con el fuego del Espíritu de Dios encendido en su corazón necesitarán del apoyo de sus hermanos. Te animo a salir de la soledad, a buscar apoyo y apoyar a los demás para que la pasión por el Señor no se apague.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Una ayuda silenciosa

¿Cuál es tu actitud después de hacer una acción que beneficie a otro?

Hace un tiempo atrás conocí a una familia que atravesaba por circunstancias difíciles económicamente, pero no faltó la buena voluntad de un vecino que, al ver sus carencias y al contar con los recursos suficientes, extendió su mano para ayudarlos.

La familia estuvo totalmente agradecida con él, hasta que un día cualquiera, un niño (el hijo de otro vecino) les recordó la ayuda que habían recibido. Fue el día en el que cerraron su corazón para no volver a recibir la “caridad” de otros, porque el vecino de “gran corazón” se había encargado de divulgar la necesidad de esta familia para que al igual que él, otros también se brindaran a ayudar.

Dios es sabio al mencionarnos lo que está escrito en Mateo 6:3-4. (TLA):

Cuando alguno de ustedes ayude a los pobres, no se lo cuente a nadie. Así esa ayuda se mantendrá en secreto, y Dios el padre, que conoce ese secreto, les dará a ustedes su premio.

En nuestra naturaleza humana está el resaltar las buenas obras que hacemos, pero a las malas preferimos tenerlas muy escondidas.

Si bien Dios nos dijo que ayudemos a los demás, no es para mencionar lo buenos que somos o que creemos serlo, sino para que nuestra ayuda pueda ser desinteresada, sin el afán de que los demás se enteren y nos echen flores.  Porque de quien en realidad recibiremos la mayor recompensa será de Dios.  Así que cada vez que extiendas la mano para ayudar al necesitado, hazlo en silencio.

Si hoy te encuentras con la disposición de ayudar, toma la iniciativa de hacer algo por los demás, lo cual no necesariamente tiene que encerrarse en lo material o financiero, puedes brindar tu ayuda en actividades que lo requieran, visitar al enfermo, y aún regalar una sonrisa y una palabra amable a todos con los que tengas contacto el día de hoy.

No podemos querer identificarnos como hijos de Dios si no somos capaces de imitar a nuestro Maestro con gestos de amor y compasión hacia nuestro prójimo, lo cual de antemano nos enseñó.

Es posible que hoy  alguien necesite de tu ayuda, la pegunta es: ¿Estás dispuesto a hacerlo?

 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. Hechos 20:35 (RVR1960)

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Haz tu parte

Cierto hombre tenía una esposa que no era fuerte físicamente, y que imaginaba estar peor de lo que estaba. Ya que él era hombre fuerte hacia todo lo que a ella se le antojaba, hasta llevarla en brazos de una pieza a otra. Naturalmente sucedió que con el tiempo, ella se debilitó más y llegó a ser tan inútil como una muñeca.

Algunos de los amigos íntimos de aquel esposo le aconsejaron que volviera a educarla y enseñarle a andar y a cuidarse ella misma; así que siguiendo el consejo, empezó a dejar de hacer las cosas por ella. Cuando ella tropezaba y estaba a punto de caer, él se vía tentado a correr a su lado y ayudarla pero él sabía que  si no se hacía a un lado, ella jamás volvería a andar.

Existe mucha gente que menosprecia la fuerza que tiene y cree que es más débil de lo que en realidad es. Si bien es cierto que nuestras fuerzas no son suficientes para lograr muchas cosas y que necesitamos la ayuda de Dios para alcanzar nuestras metas,  los milagros no llegarán si tú no haces tu parte.

No te detengas a esperar ser más fuerte,  a tener más recursos económicos, a que mejoren las cosas en tu país o a que alguien más haga tu parte ni le dejes todo a Dios; Él te ayudará siempre pero también desea que tú hagas tu parte, que seas colaborador. Por ejemplo, si necesitas un trabajo búscalo, preséntate a empresas, piensa cuáles son tus habilidades que podrían servirte para emprender algún negocio y encomienda tus planes a Dios porque Él te ayudará. Si quieres que mejore la relación en tu familia, no te sientes a esperar, busca acercarte a los que amas como pacificador, el Señor se encargará de tocar sus corazones.

Recuerda lo que Dios le dijo a Josué: Mi mandato es: “¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas” Josué 1:9 (NTV)

Puede ser  difícil pero solamente cuando peleamos nuestras batallas Dios va perfeccionando nuestro carácter, puliéndonos  y enseñándonos que con su ayuda podemos vencer.

Ya no esperes más, levántate y esfuérzate por alcanzar aquellas cosas que sueñas; quizás ahora no sepas cómo hacer algo pero Dios te dará la fuerza y la sabiduría que necesitas si le encomiendas tus planes y bendecirá todo lo que hagas.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Versículos bíblicos acerca de la ayuda al prójimo

Dios es amor y cuando le aceptamos en nuestra vida debemos compartir con otros ese amor que recibimos por medio de acciones de solidarias. En la Biblia, la historia del Buen Samaritano, que se encuentra en Lucas 10:25-37, es la más conocida en cuanto a la ayuda al prójimo; sin embargo, hay otros versículos que también nos instan a apoyar a los demás y proveer para sus necesidades. Estos son algunos de ellos:

Deuteronomio 15:10-11 (TLA)

«Mejor ayuden siempre al pobre, y háganlo con alegría. Si lo hacen, les irá bien y Dios los bendecirá en todo lo que hagan. En este mundo siempre habrá gente pobre. Por eso les ordeno que sean generosos con la gente pobre y necesitada del país».

Proverbios 3:27-28 (RVR1995)

«Si tienes poder para hacer el bien, no te rehúses a hacérselo a quien lo necesite; no digas a tu prójimo: “Vete, vuelve de nuevo, mañana te daré”, cuando tengas contigo qué darle».

Proverbios 19:17 (CST)

«Servir al pobre es hacerle un préstamo al SeñorDios pagará esas buenas acciones».

Proverbios 22:9 (TLA)

«Dios bendice al que es generoso y al que comparte su pan con los pobres».

Mateo 5:15-16 (NTV)

«Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial».

Mateo 10:8 (RVA-2015)

«Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen fuera demonios. De gracia han recibido; den de gracia».

Mateo 25:44-45 (TLA)

«Ellos me responderán: “Señor, nunca te vimos con hambre o con sed. Nunca supimos que tuviste que salir de tu país, ni te vimos sin ropa. Tampoco supimos que estuviste enfermo o en la cárcel. Por eso no te ayudamos.” Entonces les contestaré: “Como ustedes no ayudaron ni a una de las personas menos importantes de este mundo, yo considero que tampoco me ayudaron a mí.”»

Lucas 3:10-11 (PDT)

«La multitud le preguntó:
—¿Entonces qué debemos hacer?
Juan les contestó:
—El que tenga dos mantos que le dé uno al que no tiene y el que tenga comida que la comparta.»

Lucas 6:38 (PDT)

«Den a los demás y ustedes también recibirán. Se les dará una cantidad mayor a la que puedan contener en su regazo, aunque se la haya agitado y apretado al máximo, siempre se rebosará. Porque con la misma medida que ustedes midan a los demás, Dios los volverá a medir a ustedes».

Lucas 12:33-34 (TLA)

«Vendan lo que tienen, y repartan ese dinero entre los pobres. Fabríquense bolsas que nunca se rompan, y guarden en el cielo lo más valioso de su vida. Allí, los ladrones no podrán robar, ni la polilla podrá destruir. Recuerden que la verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón».

Romanos 12:13-14 (BLPH)

«Solidarícense con las necesidades de los creyentes; practiquen la hospitalidad; bendigan a los que los persiguen y no maldigan jamás».

Romanos 15:1-2 (RVA-2015)

«Así que, los que somos más fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo para el bien, con miras a la edificación».

Gálatas 6:2 (BLPH)

«Ayúdense mutuamente a soportar las dificultades, y así cumplirán la ley de Cristo».

Efesios 4:28 (NTV)

«Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad».

Filipenses 2:4 (DHH)

«Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros».

Hebreos 6:10 (PDT)

«Dios no es injusto para olvidarse de todo el trabajo que han hecho y recordará que ustedes le han demostrado su amor ayudando al pueblo de Dios y que continúan haciéndolo».

Hebreos 13:16 (DHH)

«No se olviden ustedes de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen; porque éstos son los sacrificios que agradan a Dios».

Santiago 2:14-17 (PDT)

«Hermanos míos, ¿de qué puede servir que alguien diga que tiene fe si no hace el bien? ¿Lo podrá salvar esa clase de fe? Supongamos que un hermano o hermana tiene necesidad de vestido o comida. Llega uno de ustedes y le dice: “¡Que Dios lo bendiga, abríguese y aliméntese!” Sin embargo, si no le da lo que realmente necesita en ese momento, ¿de qué sirve? De la misma manera, si la fe no está acompañada de hechos, así sola está muerta.»

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¡Tú siembras y los que amas también cosechan!

El rey Saúl trató de matar a David, pero Jonatan su hijo decidió salvarlo porque tenía una estrecha amistad con él; ya cuando David fue rey hizo misericordia con el hijo de su amigo, Mefi-boset, y le dijo “No temas, pues en memoria de tu padre Jonatán he decidido beneficiarte. Voy a devolverte todas las tierras que pertenecían a tu abuelo Saúl, y de ahora en adelante te sentarás a mi mesa.” 2 Samuel 9:7 (NTV).

Mefi-boset era un hombre lisiado de las dos piernas, probablemente estaba pasando mucha necesidad por su condición, pero David mostró su agradecimiento a Jonatán a través de su hijo.

Quizás en este momento dices: ¡no tengo hijos! Pero déjame decirte que si tienes seres queridos que deseas que sean bendecidos en todas las áreas de su vida; por lo cual tus acciones y decisiones deben ser correctas de manera que la gracia y la bendición de Dios no sólo te alcancen a ti sino también a quienes amas.

Deuteronomio 7:9 dice: “Reconoce, por tanto, que el Señor tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel, que cumple su pacto generación tras generación, y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos” (NVI) está es una promesa de Dios no sólo para ti sino para tus seres amados.

Diariamente tenemos la oportunidad de ayudar a quienes están pasando momentos difíciles, quizás nosotros también tenemos necesidad pero te animo a socorrer a tu prójimo, te aliento a mantenerte firme en el camino de Dios. Procura que tus decisiones y acciones tengan como consecuencia bendiciones para ti, para los que te rodean y tus futuras generaciones.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Resentido con Dios?

Hay personas que no pueden entender la razón de alguna prueba por la que están pasando, en vista de que siempre han hecho lo correcto. No les parece lógico que si son buenas personas, se están reuniendo en su iglesia y estudian su Biblia a diario, les pueda por ejemplo dar cáncer, o se les pueda morir un hijo pequeño en algún accidente o por alguna enfermedad.

Yo recuerdo bien, que yo me sentí muy agradecida de haber recibido a Jesús antes de que mi hermano más cercano para el momento, falleciera por cáncer de pulmón. Porque estoy segura que si no, me hubiese puesto a pelear con Dios. Me hubiera sentido muy mal, porque mi hermano fue siempre un muy buen hombre.

En la Biblia, en Génesis 32 vemos que Jacob peleó con el ángel de Dios para que lo bendijera. Y yo sé que si peleamos o nos molestamos con Dios Él nos puede entender. Él no se va a enojar. Él nos ama así de infinito.

Pero a la vez nos tenemos que preguntar a nosotros mismos: ¿quiénes nos creemos que somos para estar cuestionando al Creador del Universo y de todo lo que existe? ¿Cómo osamos?

Tal vez por nuestra naturaleza, que siempre ha querido parecerse más a Dios de lo debido. Ése ímpetu que llevamos en nuestros corazones cuando amamos con pasión. Él creó esa pasión, Él creó nuestro carácter y Él nos conoce desde antes de haber estado en el vientre de nuestras madres. Así que para Él, serán esas reacciones nuestras, como para nosotros las pataletas de lo niños pequeños.

Yo pienso que Él nos permite hasta expresarnos de manera incorrecta. Si lo hemos recibido en nuestro corazón, Él mismo nos va a ir haciendo ver lo errados que estamos y que el Soberano es Él y quien decide todo es Él.

No te sientas mal si estás molesto o molesta con Dios, pero si te aconsejo que le hables, te desahogues, siempre con el respeto que se merece Su Majestad. Reclámale y déjale saber cómo te sientes. Te garantizo que llegará el momento en el que te hará sentir la paz inigualable que sólo Él da. Por un lado te vas a sentir satisfecho (a) por desahogarte y por el otro vas a sentir renovada tu relación con Él. Siempre les recuerdo que Él lo que más desea de nosotros es una amistad, una relación, más que una “religión”.

Con nuestros hermanos a veces nos podemos pelear, con nuestros amigos, y luego nos decimos las cosas y nos perdonamos y seguimos siendo familia. Seguimos la amistad. Nos olvidamos y seguimos la vida. No es bueno guardar molestias. Se tornan en resentimientos y eso no nos hace bien para nada.

Expresarnos con Dios es lo mejor. Además, antes de que digamos la primera palabra, ya Él sabe lo que vamos a decir. Nos conoce mejor que nosotros mismos.

No te resientas con Dios, no te guardes las cosas, los sentimientos, tu opinión en cuanto a tu entorno o tu situación. Cuando con respeto vas a Él y le hablas y te expresas, Él te va a ayudar. Dalo por hecho.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Send this to a friend