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¿Qué tienes, dormilón?

Un hombre llegó a su casa cansado y se quedó dormido en su habitación. En ese momento ingresaron unos delincuentes a su hogar y se robaron todo lo que encontraron de valor, como: equipos, joyas u objetos costosos, pero él nunca se dio cuenta, solamente despertó cuando no quedaba nada.

A veces podemos estar como este hombre, es decir,  estamos perdiendo cosas importantes como nuestra familia, matrimonio, hijos u otros, mientras nosotros continuamos dormidos sin hacer nada al respecto.

La Biblia nos muestra una historia similar: “Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos.

Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir. Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.” Jonás 1:4-6 (RVR 1960)

Jonás estaba dormido cuando una terrible tempestad se desató, a tal grado que el encargado del barco lo buscó para despertarlo. Si bien este hecho sucedió por la desobediencia de Jonás, este hubiera sido un evento trágico si él hubiera continuado dormido.

La pregunta que quiero hacerte es: ¿Estás despierto? Muchos eventos negativos suceden porque somos desobedientes a Dios o porque permitimos que el enemigo destruya nuestras vidas ¿Cuál es tu caso? Esperamos que no despiertes cuando no quede nada que rescatar.

Es posible que tu hogar se esté desmoronando, tus hijos estén arruinando sus vidas con dependencias o decisiones equivocadas, quizá estés sufriendo escases o enfermedad ¿Qué estás haciendo para enfrentar la tormenta que tienes encima?

Este tiempo te animo a reconocer tu error, arrepiéntete y ¡Despierta! Comienza a clamar por tus seres queridos y persevera en oración porque solamente el Señor puede calmar la tormenta ¿lo crees?

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No te sientes a esperar

El “Watchman examiner” cuenta que en uno de los viajes del evangelista Moody a través del Atlántico, se prendió fuego en el barco. Los pasajeros empezaron a hacer una cadena para apagar el fuego.
Un amigo de Moody le dijo:
– Señor Moody, vámonos al otro lado del barco y pongámonos en oración.
El sensato evangelista replicó:
– No, señor; nos pondremos aquí en la fila y oraremos mientras pasamos los cubos con agua.
La oración es sin dudas el recurso más eficaz para enfrentar cualquier problema que tengamos; sin embargo, de nada sirve que nos sentemos a esperar de brazos cruzados a que llegue la respuesta.
Dios no dejará una sola oración sin responder pero también desea que hagamos nuestra parte, que seamos diligentes, que con fe tomemos acciones y Él irá abriendo puertas, poniendo a las personas indicadas en nuestro camino y bendecirá lo que hacemos si le entregamos a él nuestras cargas en oración.
En Proverbios 13:4 dice: “Los perezosos ambicionan mucho y obtienen poco, pero los que trabajan con esmero prosperarán” (NTV) Y esto no sólo se aplica al área económica, sino a todo. El sentarnos a desear que las cosas cambien no hará que eso suceda, se necesita acción.
Si tienes problemas familiares no esperes sentado a que desaparezcan, habla con tu familia y pide perdón o perdona. Si tus problemas son económicos, pide a Dios que te guíe, busca un trabajo o emprende algo nuevo, ¿cuáles son tus talentos? Si enfrentas una enfermedad sin duda alguna Dios puede sanarte, pero tú también debes cuidar tu cuerpo y ser responsable con tus hábitos y las cosas que consumes.
La oración y la acción van juntas, no te sientes a esperar a que las cosas cambien, sé parte activa de la solución.

 

 

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¿Quién sostiene el timón de tu vida?

Un buque se encontraba en inminente peligro, el barco estaba a punto de chocar contra unos altos peñascos.

De pronto un hombre, desobedeciendo las órdenes del capitán, fue hasta donde estaba el piloto, a quien vio amarrado y haciendo girar la rueda pulgada a pulgada para llevar el buque mar adentro. Cuando el  marino vio al hombre le sonrió y este último se apresuró a bajar y dijo a los otros pasajeros:

     – He visto el rostro del piloto y sonreía. No se preocupen.

Seguramente todos los pasajeros del barco estaban preocupados  y hasta  en pánico viendo cómo el buque podía chocar contra los altos peñascos. Desde el lugar en el que se encontraban y con la información que tenían, seguramente esperaban un final trágico.

Sin embargo, hubo un pasajero que decidió ir a ver a quien estaba en control y encontró una esperanza en la sonrisa del piloto.

Las noticias no siempre son buenas, a veces nos invaden los problemas y parece no haber esperanza, empezamos a ver cómo nuestra vida se dirige hacia rocas que podrían destruirnos. Pero cuando eso sucede, podemos ir a buscar a Dios, quien dirige nuestras vidas y confiar en que no hay nada ni nadie que pueda lastimarnos.

“Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza. Alabo a Dios por lo que ha prometido.
En Dios confío, ¿por qué habría de tener miedo? ¿Qué pueden hacerme unos simples mortales?” Salmos 56:3,4 (NTV)

Cuando las dificultades invaden nuestra vida y no sabemos qué hacer, cuando todo parece perdido, podemos levantar la mirada para ver al piloto de nuestras vidas. Sin duda alguna, encontraremos paz al saber que Dios es quien tiene el timón en sus manos.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Presta atención!

Una historia cuenta que atravesando el Atlántico, hace varios años, con el vapor Scotia, una noche tranquila y serena, un hombre pudo notar en el capitán del barco cierta inquietud.

Intrigado el hombre por lo que notaba, se dirigió al capitán y le preguntó a qué se debía su nerviosismo, a lo que le contestó que había bajado mucho el termómetro durante las últimas horas y que ello lo tenía preocupado ya que seguramente habría grandes cantidades de hielo a su alrededor, y obraría como un loco si pretendía continuar el trayecto en tales circunstancias, ya que  lo mejor en aquel caso era parar el barco, pues si chocaban con un iceberg irían a pique.

Nadie podía advertirles del peligro en que estaban sino el termómetro, y por la fe en la advertencia del instrumento, el capitán salvó la vida de todos los que estaban en aquel vapor.

Lo mismo sucede con nuestras vidas, contamos con un termómetro que nos va guiando y nos muestra si vamos por buen camino o no.  Sería tonto de nuestra parte el querer vivir sin obedecer las advertencias de Dios, nadie con sentido común  seguirá su trayecto sobre una ruta que tiene avisos de que el camino termina ahí ni tomaría veneno viendo la advertencia en el frasco. De igual forma, sería necio el pretender vivir desobedeciendo a Dios y pensar salir ilesos o llevar una buena vida sin acatar los mandamientos que nos da.

Muchas veces solamente nos aprendemos las promesas, nos agarramos de ellas y dejamos de lado las prohibiciones que encontramos en la Biblia, olvidándonos que si no hay obediencia tampoco podremos disfrutar de las bendiciones que Dios tiene para nosotros.

“Hijo mío, no te olvides de mí ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad;
Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión
Ante los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos”  Proverbios 3:1-8 (RVR1960)

Todas las prohibiciones y advertencias que encontramos en la palabra de Dios no tienen otra finalidad que evitarnos dolor y salvar nuestras almas porque lo que puede parecernos bueno o inofensivo en su momento, más adelante puede traernos mucho dolor con las consecuencias que acarrea, puede alejarnos de Dios, desviarnos del camino e incluso podríamos terminar perdiendo nuestra salvación.

Vivamos atentos a los mandamientos de Dios para que podamos disfrutar de una vida de paz y llena de las bendiciones que nuestro Padre tiene para nosotros. Seamos sabios para obedecer las indicaciones que Él nos da, de manera que cada día nos acerquemos más a Dios y podamos cumplir el plan que tiene para nuestras vidas.

 

 

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Por segunda vez

Un niño, de nombre Guillermo, vivía junto a las costas del mar y disfrutaba navegar junto a su padre quien era pescador.

Guillermo tomó la decisión de crear un barquito con sus propias manos, talló un trozo de madera dándole forma de un barco pequeño. Él amaba su barquito  y jugaba haciéndolo navegar en el agua, pasaba mucho tiempo junto a su juguete.

Un día su barco fue arrastrado por el agua mar adentro y él no pudo hacer nada, fue golpeado por las olas contra las piedras, lo que le ocasionó daños muy fuertes; después que el barquito naufragara por muchos días  fue encontrado por un hombre  que lo restauró y lo pintó para poder venderlo en su tienda.

Al pasear Guillermo por la plaza del pueblo, vio en una vitrina un barquito que reconoció inmediatamente. Entrando a la tienda le expresó al vendedor que él era el dueño del barco que estaba en el mostrador, el hombre contestó  lo siguiente: Ese barquito  tiene un precio, el cual debe ser pagado.

El niño salió presuroso de la tienda con rumbo a su casa, entró en su habitación y rompió su alcancía donde tenía sus ahorros, tomando todo su dinero fue y pagó el precio demandado para poder recuperar su barco. Con lágrimas en sus ojos dijo: Te tengo de nuevo conmigo.

Dios hizo lo mismo por nosotros, pagó precio de sangre para poder recuperarnos cuando estábamos perdidos y sin rumbo.

“Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.  1 Corintios 6:20

Aprende a valorar  lo Jesús  hizo por ti, te amó tanto que  entregó hasta la última gota de su sangre y en la cruz pagó el precio de tu salvación con su propia vida. ¡Su amor es incomparable!

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 

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La lista

Un comerciante cristiano fue requerido para ayudar a una colecta para cierta obra de la iglesia. Gozosamente escribió un cheque por 250 dólares y lo entregó al visitante.  En el mismo momento llegó un telegrama. El comerciante lo leyó y quedó conturbado.

     – En el cablegrama – dijo- me dan cuenta de que uno de mis barcos se ha ido a pique perdiéndose toda la carga. Esto trastorna mis negocios, voy a escribir otro cheque  para usted.

El visitante comprendió y devolvió el cheque inicial, esperando recibir otro por una cantidad mucho menor, pero cuál no fue su asombro cuando leyó en el segundo cheque 1.000 dólares.

     – ¿No se ha equivocado usted? – Preguntó tímidamente el visitante.

     –  No – dijo el comerciante- no me he equivocado. Entonces con sus ojos llenos de lágrimas agregó: Este telegrama era un mensaje de mi Padre celestial diciéndome: “No os  hagáis tesoros en la tierra.

¿En qué estás poniendo tu enfoque? ¿Qué acapara tu tiempo, esfuerzos y recursos?

Los afanes de este mundo muchas veces nos llevan a poner nuestras fuerzas y corazón en lo terrenal y pasajero, en aquellas cosas que perecen, olvidando las que realmente valen la pena y que nos ayudarán a cumplir nuestro propósito en la tierra, el plan que Dios tiene para nosotros.

“No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar.  Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón”. Mateo 6:19 -21 (NTV)

Muchas veces nos desgastamos trabajando y nos afanamos por conseguir una mejor casa, un auto más moderno, por querer encajar en determinado grupo y muchas cosas más, pero olvidamos aquello que le da significado y valor a nuestras vidas.

Posiblemente eres  de los que hace una lista de metas y propósitos para cada año, ahora que vamos a empezar uno nuevo,  no olvides tener en cuenta cuáles son las verdaderas prioridades y las cosas que valen la pena, que merecen tu esfuerzo y tiempo.  Busca enfocarte en las cosas eternas, haz que sea un año diferente y no uno más.

 
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Sin sentido

Un muchacho se hizo un barquito de madera y salió a probarlo en el lago, pero sin darse cuenta, el botecito impulsado por un ligero viento fue más allá de su alcance. Apenado corrió a pedir ayuda a un muchacho mayor, que se hallaba cerca.

Sin decir nada el muchacho empezó a coger piedras y echarlas, al parecer contra el  barquito; el pequeño creyó que nunca tendría su bote otra vez y que el joven al que había acudido se estaba burlando de él; hasta que  se dio cuenta que en vez de tocar el bote cada piedra iba un poco más allá de éste y originaba una pequeña ola que hacía retroceder el barco hacia la orilla.

Cada pedrada estaba calculada, y por último el juguete fue traído al alcance de la mano del niño pequeño, que quedó contento y agradecido con la posesión de su pequeño tesoro.

En ciertas oportunidades vemos cómo nuestros sueños se alejan, cómo las circunstancias parecen ser cada vez más adversas, hasta llegamos a pensar que todo se trata de una broma de mal gusto y cuestionamos a Dios por todo lo que nos sucede.

Sin embargo, igual que en la historia, cuando nos alejamos de Dios o de su propósito para nuestras vidas, Él empieza a lanzar piedritas bien calculadas para rescatarnos, aun cuando pareciera que cada pedrada intenta hundirnos.

No importa cuánto te alejes, Dios no va a permitir que te pierdas, que sigas sin rumbo, pondrá personas y circunstancias que harán las olas necesarias para que vuelvas hacia Él porque su amor no tiene límites, su paciencia con nosotros es grande y su fidelidad es incomprensible.

“El Señor es misericordioso y compasivo, lento para enojarse y lleno de amor inagotable. El Señor es bueno con todos; desborda compasión sobre toda su creación”. Salmos 145:8,9 (NTV)

Dios agotará todos los recursos para que puedas volver a Él, no endurezcas tu corazón ni cierres tus oídos. Si te has equivocado no temas volver a tu Padre y pedirle perdón porque te está esperando con los brazos abiertos.

 

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Quédate quieto

En ocasiones, debido a los problemas no somos capaces de ver claramente, tenemos una percepción muy limitada de las cosas.

Una historia relata que un barco a vapor costero que se dirigía a Nueva York, cierta noche se vio rodeado de tan espesa niebla que hubo que parar, echar el ancla y aguardar la mañana.

Cuando al amanecer se disipó la niebla, se vio rodeado de multitud de barcos grandes y pequeños. Si se hubiera movido, de seguro habría ocurrido una catástrofe.

Lo mismo sucede con nuestras vidas cuando sentimos que las circunstancias nos abruman, que los problemas limitan nuestra visión y empezamos a desesperar porque no vemos una salida y no tenemos idea de a dónde dirigirnos. Es justamente ahí, cuando la niebla es más densa, que debemos detenernos y estar quietos, permitiendo que sea Dios quien tome el control porque seguir avanzando podría ser desastroso.

“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra”. Salmos 46:10 (RVR1960)

A veces Dios permite que una densa niebla nos rodee para que aprendamos a confiar y descansar  en Él. Quizás Dios ha querido mostrarte su amor y misericordia hacia tu vida durante mucho tiempo y no se los has permitido pensando que eres autosuficiente.

Es tiempo de descansar en Él, ya no pelees más, entrégale tus batallas a Dios porque Él nunca ha perdido ni lo hará; ¡Tu victoria está asegurada!.

 

 

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Barco de guerra o crucero turístico

La principal diferencia entre un barco de guerra y un trasatlántico de uso turísticos, es que uno está preparado no solo para atacar sino también para recibir ataques, el otro ha sido equipado con áreas de recreación y descanso.

Los buques de guerra poseen sistemas de armas, están blindados y aunque eso adhiere un peso extra, normalmente son rápidos y más fáciles de maniobrar que cualquier otro barco. Entre otras cosas, cuentan con munición, abastecimiento para su tripulación, áreas de entrenamiento, radares para detectar enemigos, artillería pesada y sobre todo, soldados que actúan coordinadamente en caso de alerta.

Por otro lado, los trasatlánticos o barcos turísticos se mueven con lentitud, tiene áreas de confort para la recreación de cada pasajero, los eventos son coordinados para el deleite de los turistas. Durante el día existen actividades en grupo en el que se puede disfrutar de un show, pero también, tranquilamente uno se puede disfrutar de lecturas recostado sobre la cubierta tomando sol con una sombrilla y agua de coco.

La armada naval se ha convertido en la forma más importante de defensa para los países que cuentan con un litoral o que poseen áreas costeras que resguardar. En tiempos de guerra son totalmente esenciales para el traslado tropas, municiones y alimentos, ya que tiene una capacidad mucho más grande que cualquier tipo de transporte aéreo.

Los cruceros tienen como fin mantener contento y cómodo al turista. Hoy en día existen muchas empresas ofreciendo paquetes de viaje en distintas categorías, tratando de llenar la capacidad del trasatlántico.

Ambos barcos han sido construidos con distintos fines y las diferencias son totalmente marcadas y comprobables a simple vista.

Tomemos esta analogía y meditemos un poco: ¿A cuál de estos barcos debe parecerse más a una iglesia?

Salmos 18:32-34 dice: “Dios es el que me ciñe de poder, Y quien hace perfecto mi camino; Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas; Quien adiestra mis manos para la batalla, Para entesar con mis brazos el arco de bronce.” Versión Reina-Valera 1960

Dios quiere adiestrarnos para que sepamos pelear cada batalla que se presenta en nuestra vida, de hecho 2 Timoteo 3:17 agrega refiriéndose a la Biblia: “…a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” Versión Reina-Valera 1960

La iglesia es un barco de guerra donde se preparan hombres y mujeres para pelear batallas espirituales con firmeza en la palabra de Dios, y no un crucero de placer al que se asiste con fines turísticos y de recreación.

 

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La casa en llamas

Se cuenta que hace muchos años la flota pesquera de un pueblo se hizo a la mar. Esa tarde se levantó una gran tempestad y para cuando llegó la noche ni uno de los barcos había podido llegar al puerto.

Toda la noche las angustiadas esposas, madres, los  hijos, las  novias  y los amigos de los pescadores la pasaron en la playa, orando a Dios por la vida de los marineros.

Para mayor tragedia, la casa de una de las atribuladas esposas se incendió y quedó totalmente destruida sin que  se pudiera hacer nada para salvarla.

Cuando se hizo de día, no obstante, con alegría vieron acercarse al puerto a todos los barcos de la flota. En la playa sólo había una cara triste: la esposa del pescador cuya casa se había incendiado. Al ver a su marido le dijo:

     – ¡Querido, estamos arruinados! La casa y todo lo que teníamos ha quedado completamente destruido por el fuego.

Pero un pescador contestó:

     – ¡Gracias a Dios que se incendió! La luz de las llamas guió a la flota al puerto, y no sólo tu marido, sino muchos otros se hallan aquí y no cubiertos por las olas gracias a eso.

Hay ocasiones en nuestra vida en las que parece que todos los problemas vienen juntos sin darnos un respiro para recuperarnos; sin embargo, aún en las circunstancias más adversas Dios está en control.

Las pruebas sirven para forjar nuestro carácter, para ver realmente en quién creemos, en qué se basa nuestra fe, para acercarnos más a Dios. Un grave error sería que las pruebas te alejen de Él porque así solamente estarías empeorando las cosas y no serás capaz de ver el propósito de Dios.

Seguramente la esposa del pescador pensaba que no podían estar peor las cosas, no tenía noticias de su marido y había perdido todas sus posesiones, todo en un solo día. Sin embargo, de no haber sucedido el incendio, tampoco su esposo habría retornado.

Recuerda  lo que dice Romanos 8:28: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos”. (NTV)

Tu casa en llamas podría ser tu trabajo, familia, economía, salud u otras cosas más que ante tus ojos se están consumiendo. Quizás ahora sólo estés viendo las cenizas de tu casa y no entiendes cómo es que eso te puede estar sucediendo, cómo es posible que Dios permitiera un incendio así cuando estás tratando de lidiar con otros problemas; pero no saques conclusiones apresuradas ni juzgues o culpes a Dios porque aún no has visto los propósitos que Él tiene para ti. Recuerda que si la casa no se hubiera incendiado, posiblemente ninguno delos pescadores estaría de regreso.

Dale gracias a Dios siempre, porque sus planes son de bien para tu vida y Él no te abandonará ni te dará una carga más pesada de la que puedas llevar. Aunque ahora no lo entiendas, agradécele por las pruebas y prepárate para ver las bendiciones que están por llegar.

 

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Ya no iré contigo…

Michael, desde que era niño, soñaba con tener un barco. Cuando empezó a trabajar se empeñó en ahorrar con el propósito de conseguirlo. Al pasar el tiempo se enamoró de una joven con quién compartió sus sueños e inquietudes. Ella lo entendió, y por esa razón, lo apoyó en el ahorro para el famoso barco. Sin embargo, las actitudes y necedades de Michael hicieron que ella tomara la decisión de distanciarse.

Ambos tenían el dinero listo para cumplir sus sueños, pero ella ya no quiso acompañarlo; le ofreció  a Michael quedarse con el barco porque lo amaba y sabía que era su sueño, pero ella no iría con él.

Michael compró el barco pero se dio cuenta que no tenía sentido vivirlo solo porque, aunque realizó su sueño, no era feliz, no servía de nada si no estaba la persona a quien amaba.

“Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo (a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.” Éxodo 33:1-3

Dios decide retirar su presencia de en medio del pueblo debido al pecado y al corazón duro que ellos mostraban, y les dice: “Tendrán que ir solos, enviaré un ángel, pero no iré con ustedes.” Esto los llenó de desesperación, no el hecho de que pudieran ser consumidos en el camino, sino la mala noticia de entrar a la tierra prometida sin Él.

Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. Éxodo 3: 15

El pueblo de repente despertó y dijo: “¿Qué valor tiene Canaán? ¿Qué valor tienen la leche y la miel si tú no estás con nosotros?” Ellos vieron que la presencia de Dios, tener comunión con Él y contar con su compañía eran más importante que todo lo demás. Demostraron su necesidad de Dios por encima de sus deseos: “si no vienes con nosotros no queremos ir, no queremos la leche y la miel, te queremos a ti”.

Cuando uno despierta se da cuenta realmente que no hay nada tan serio como estar sin la presencia de Dios. Es posible que estés pidiendo al Señor un milagro o una bendición, sin embargo, pregúntate: ¿Está Dios en medio de mí? ¿Su presencia está conmigo? Ten presente que no hay prosperidad externa, ni ningún tipo de éxito que pueda compensar la ausencia de Dios.

Es posible que estés haciendo algo que te aleja cada día más de Dios, incluso puedes tener éxito, prosperidad, todo puede aparentar estar bien, pero sin la presencia de Dios serás como un sepulcro que aparentan ser hermoso por fuera pero por dentro está lleno de huesos muertos. Reflexiona y antes de pedirle algo, clama a Dios para que su presencia te acompañe éste día.

¡Cualquier otra bendición no tiene ningún valor si Dios no está conmigo!

 

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Sin temor

Se cuenta que en el año 1735 Juan Wesley viajó desde Inglaterra a la Colonia de Georgia en las Américas. En medio del Atlántico el barco en el que se hallaba encontró una tempestad que puso en peligro la vida de los tripulantes y de los pasajeros.

Juan Wesley se encerró en su cuarto; pero allí pudo oír el canto de un grupo de moravos que, no teniendo recursos para pagar la comodidad de unos camarotes, tuvieron que quedarse en la cubierta y sufrir la furia de la tempestad.

Después que pasó la tempestad el señor Wesley preguntó a uno de los moravos cómo ellos y sus niños podían cantar en circunstancias tan terribles. Él le contestó con una pregunta: Señor Wesley, ¿Conoce usted a Jesucristo? Para el creyente, Jesús echa fuera el temor.

No importa la tempestad en la que te encuentres, quizás el viento sopla implacablemente y pareciera que es una tormenta que no tiene fin. Han pasado días, semanas o quizás meses desde que empezó y no sabes cuánto tiempo más podrás mantenerte de pie. Sin importar lo que ahora estás sintiendo, si tienes miedo o si estás agotado, levántate y canta porque Dios no te abandonará.

“El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi salvador;  mi Dios es mi roca, en quien encuentro protección. Él es mi escudo, el poder que me salva y mi lugar seguro”. Salmos 18:2 (NTV)

Dios nunca permitirá que una tormenta te dañe, Él es tu refugio, tu Escudo, Roca y Salvador, el único que puede guardar tu vida y calmar la tempestad, si aún no lo ha hecho es porque tiene algo que enseñarte, te está preparando para las bendiciones que tiene para ti.

Confía en Dios y canta con todo tu corazón, puedes estar seguro que pronto la tempestad pasará.

Mi corazón está confiado en ti, oh Dios; mi corazón tiene confianza. ¡Con razón puedo cantar tus alabanzas! Salmos 57:7 (NTV)

 

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