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Dios está en todo…

Dios está en todo… Muchos de ustedes dirán, ¿y ahora es que lo sabes?

Pero me gusta decirlo y repetirlo porque, de veras, a veces nos olvidamos.

Él nos ama tanto, que no importa por lo que estemos pasando está ahí con nosotros y nos da fuerzas cuando sentimos que ya no damos más.

¿A qué viene esto? A que estuve de mudanza. De hecho, aún me quedan cosas en la casa a las que le tengo que buscar lugar. Voy a vender la casa que tenía porque ya resulta demasiado grande para mi y me quiero mudar a un lugar más pequeño.

Ya conseguí el sitio al que me quiero mudar. Hay muchos apartamentos ahí listos, pero para mudarme allí tengo que vender mi casa.

Son muchos cambios, muchas decisiones, muchos cambios y nos podemos sentir sobrecargados. No contraté ninguna compañía para empacar mis cosas. Me dije: “tengo tiempo, me voy a dar tres meses” y lo estuve tomando con calma, pero mañana se cumplen los tres meses. Busqué cajas pequeñas para poderlas manejar sola y si contraté una compañía con un camión para que me llevaran las cosas a un depósito que ahora tengo que pagar…hasta mudarme definitivamente. Y bueno, pensar en que tengo que desempacar cuando me mude.

Pero Dios ha estado ahí. Cuando me he sentido desfallecer, cuando he sentido que no puedo cargar algo, solo clamo a Él y me renueva las fuerzas. Es maravilloso haber podido contar con un ayudante tan extraordinario. Doy gracias cada vez que puedo y este es un homenaje a Su gracia y a Su gentileza, a Su gran poder y Su fidelidad. Practíquenlo. Dios los bendiga.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Ten calma

Cuentan que en una gran escuela se declaró un incendio. Como es común en esos casos, se produjo una terrible alarma y varios niños se precipitaron unos contra otros, resultando varios de ellos heridos de gravedad.

Pero una niña se quedó sentada en su mesa, muy pálida, de sus ojos brotaban lágrimas; sin embargo supo estar quieta, sin gritar.

Después que pasó el peligro y el orden fue restablecido, le preguntaron por qué no se había levantado.

–¡Ah!, respondió, mi padre es bombero y me ha dicho que en tales casos lo mejor que se puede hacer es quedarse quieto hasta que la puerta esté libre de personas que se atropellan o que haya pasado el peligro. Yo he creído sus palabras y por eso me quedé quieta.

En muchas situaciones de peligro, sobre todo cuando se trata de incendios, mucha gente sale corriendo sin respetar las normas de seguridad, ya sea porque no las conocen o porque en temor les hace actuar instintivamente. Pero es en esas avalanchas de gente donde hay más heridos porque por salvar sus vidas pisan a los que se caen, se lastiman por salir antes, etc.

En nuestra vida diaria es igual, muchas de nuestras decisiones son tomadas al calor del momento, guiados por nuestros miedos o por lo que otros dicen. Sin embargo, tenemos las promesas de Dios de nunca abandonarnos, de pelear por nosotros, de proveer para nuestras necesidades, de defendernos, de sanarnos y muchas más.

Creerle a Dios no siempre es sencillo porque nuestra parte humana nos lleva a sacar conclusiones adelantadas, a ver los problemas más grandes de lo que son, a querer actuar y resolver las cosas de acuerdo a nuestro razonamiento. La niña de la historia se quedó sentada, y aunque estaba pálida y lágrimas brotaban de sus ojos, se quedó ahí creyendo en lo que su padre le había dicho.

Dios promete pelear nuestras batallas, darnos la victoria en cualquier circunstancia y no abandonarnos nunca. “Pero Moisés les dijo: —No tengan miedo. Solo quédense quietos y observen cómo el Señor los rescatará hoy. Esos egipcios que ahora ven, jamás volverán a verlos. El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos.” Éxodo 14:13,14 (NTV)

La decisión de creerle a Dios es tuya, puede ser que no sea sencillo quedarse en calma esperando que Dios actúe, pero es la mejor elección porque tienes la victoria asegurada, ¿Le crees a Dios?

¡Ten calma y descansa en Él!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Regresarás por mí

“En el hogar de mi Padre, hay lugar más que suficiente. Si no fuera así, ¿acaso les habría dicho que voy a prepararles un lugar? Cuando todo esté listo, volveré para llevarlos, para que siempre estén conmigo donde yo estoy.” Juan 14:2-3 (NTV).

Jesús promete que regresará por nosotros para llevarnos a la casa de su Padre, donde hay lugar suficiente para todo aquél que lo ama y lo acepta como su salvador. Si estos días has vivido tiempos difíciles ¡Ten calma! Nuestra estadía en la tierra es pasajera. Jesús vuelve pronto para llevar a su Iglesia. ¿Estás listo?

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo calmar a alguien enojado?

En nuestro diario vivir nos encontramos con distintos tipos de personas y debemos tratar de llevarnos bien con todos ellos. Algunos tienen un temperamento muy volátil y pueden enojarse con facilidad; esto puede crear conflictos y problemas cuando no sabemos cómo calmarlos. Si bien cada uno reacciona de distinta manera acorde al origen de su enfado, estos consejos te ayudarán a saber reaccionar cuando tengas que lidiar con alguien enojado.

Mantén la calma:

“La respuesta amable calma el enojo; la respuesta grosera lo enciende más.” Proverbios 15:1 (TLA)

Evita decir palabras que aviven la discusión en vez de aplacarla. Controla tu lengua y escucha con atención. Cuando sea tu turno de responder, hazlo con un tono calmado y tranquilo. De esta manera harás que la otra persona no se exalte y se apacigüe de poco en poco. ¡Recuerda que tus palabras tienen mucho poder!

No digas nada:

“Hasta el tonto pasa por sabio si se calla y mantiene la calma.” Proverbios 17:28 (TLA)

Hay personas que prefieren que se les deje solas cuando están enojadas, y en ocasiones, éste es el mejor remedio. Si ves que alguien necesita de un tiempo para calmarse, déjalo por su cuenta y no intentes presionar en el tema. Una vez que esté tranquilo, verás que pueden volver a conversar sin tener que enojarse.

Busca una solución:

“Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe durarles todo el día, ni deben darle al diablo oportunidad de tentarlos.” Efesios 4:26-27 (TLA)

Identifica cuál es el origen del enojo de alguien y no hagas más énfasis en ello. En lugar de seguir con el tema o responder a sus ataques, busca soluciones y sugiere tus ideas. No permitas que la situación se haga mayor solo porque continúan enfocándose en el problema; en cambio, orienta la conversación para hallar una salida.

No guardes rencor:

Si ya enojarse es malo, guardar rencor es peor.” Eclesiastés 7:9 (TLA)

Cuando alguien está enfadado se expresa con palabras que no utilizaría normalmente; por lo tanto, no debes creer todo lo que escuches. Deja que la otra persona se exprese y no intentes responder con palabras aún más hirientes. Recuerda que, si lo haces, estarás agrandando el problema en vez de eliminarlo. Evita resentirte o guardar rencor a esa persona y procura conversar con él o ella después que pase su enojo. Esto te ayudará a sentirte libre y perdonar si es necesario.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La Discusión

Un hombre sordo contaba a un amigo suyo acerca de una discusión  de unos amigos de ambos.

     – ¿Sobre qué? – Le preguntó a gritos aquel a quien se lo contaba.

     – No lo sé, no pude oír una palabra.

     – ¿Y quién tenía la razón, Juan o Pedro?

     – ¡Juan! Contestó el sordo con firmeza.

     – ¿Cómo puedes saberlo, si no pudiste oír una sola palabra? – inquirió el amigo.

     – Pues… porque Pedro gritaba tanto y amenazaba mientras que Juan, con paciencia y sonriendo parecía que le decía: “¡No lo tomes así… seamos amigos… no peleemos, querido Pedro!. El que sabe vencerse a sí mismo es el que más probablemente tiene razón.

Cuántas veces por tener ideas diferentes, ante los nervios, la impaciencia y hasta ofuscados por el enojo hemos permitido que una cosa sin importancia nos robe la paz e incluso nos enfrente con las personas que amamos.

Existe una frase que dice: “Sé selectivo en tus batallas, a veces es mejor tener paz que tener la razón” y es verdad, no todas las cosas merecen que se rompan amistades, negocios e incluso familias por una pelea o discusión que muchas veces no tienen razón de ser y que en otras circunstancias, el motivo de la pelea sólo hubiera sido un intercambio de ideas  sin que llegara a más.

Gálatas 5:22, 23 nos muestra los frutos que deben reflejar nuestras vidas: “En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!” (NTV)

Antes de buscar contender o tener la razón, evalúa si realmente vale la pena que pierdas la paz por eso y si es algo verdaderamente importante que necesitas que la otra persona entienda, siempre es bueno recordar el consejo que hallamos en Proverbios 15:1 “La respuesta apacible desvía el enojo,  pero las palabras ásperas encienden los ánimos”. (NTV)

No permitas que una diferencia de ideas, un mal día, el enojo, el orgullo y las circunstancias adversas te lleven a pelear y destruir tu relación con quienes más amas e incluso sus vidas. Busca siempre la paz.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Interregno

Se viene la tormenta por el suroeste. Una calma caliente y pesada se mete por las rendijas del ser, apurando la desgana. En el corazón se instala una niebla vespertina, un tedio desolador.
Lo que iba a ser ya fue y no fue lo que pudo haber sido. La vida deviniendo acto fallido, triste dejà vu, crónica de una decepción pronosticada (uno igual creía porque la ilusión no sabe – no quiere aprender – matemática elemental). La lógica – es lógico – no tiene alas y es siempre inapelable en el juicio.
La lluvia. Su tableteo feroz en la ventana. La borrasca que devasta adentro lo mismo que afuera. El viento y sus alas que ya no alzan los sueños, apenas las hojas muertas en este otoño prematuro. La llovizna de la conciencia que no amaina jamas.
Cuarto menguante en una esquina del calendario. Residuos del ultimo temporal en el patio de atrás. La ventana empañada y el dibujo de una lágrima en el cristal. Ramitas con brotes y pelusas de los plátanos orientales en la cuneta. Mozart para estudiar. Silencio y espera. Resumen y notas al margen para disimular.
Las urgencias se convirtieron en la rutina del día. La adrenalina se diluyó en las venas y no convocó más deseos ni maremotos. La novedad vino a ser lo predecible. “Te lo dije” es la mueca burlona del insomnio.
Todas las noches y todas las mañanas los movimientos repetidos para conjurar la dependencia. Ya no tengo más el sueño en el que volaba o en el que aparecía el tío Carlos o en el que peleaba con mi papá. Ahora son unos épicas formidables que olvido instantáneamente al despertar; a veces quedan unos retazos extraños, unas borrosas imágenes y un regusto áspero en la boca.
Caminitos entre las piedras y los yuyos. Huellas por donde ha transitado el desasosiego y la esperanza. Vías dolorosas unas veces, pasajes alborozados otras. Cada tanto los destacamentos del tiempo establecen sus milimétricos controles para notificar a los viajeros que un día más es siempre un día menos.
Exasperante interregno entre lo que fue y lo que no pudo o no quiso ser…

¡Necesito paz!

Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron.

El Rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba lo pacífico en lo más mínimo.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en medio de su nido…

La definición de paz que encontramos en el diccionario es ausencia de conflictos y guerras pero entendemos que la paz, según la biblia, es un fruto del Espíritu Santo que nos permite vivir en confianza y esperanzados de que a pesar de las dificultades todo estará bien. Al igual que está ilustración, el Señor nos enseña que de Él proviene una paz que es diferente a la que el mundo nos quiere hacer entender. En un cuadro de tenebrosidad y tormentas podemos visualizar una diferencia. Juan 14:27 dice “La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da, yo os la doy. Que no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (RV1960)

La paz que nos da incluye salud y bienestar espiritual, junto con la evidencia de que se está en buena relación con Dios. No hay desbordes de ansiedad y angustia, porque hemos aprendido a dejar nuestras circunstancias en las manos del Señor. Esta paz nos ayuda a reconocer que no estamos solos, que Él suplirá todo lo que nos falte, que el Señor es el Todopoderoso y quien tiene control sobre nuestras situaciones. Nos hace confiar decididamente en Dios de tal manera que descansamos en Él en medio de las tormentas de la vida.

Juan 16:33 nos  enseña  “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (RV1960)

El Rey escogió la segunda pintura. ¿Sabes por qué?  Porque paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de estas cosas permanecemos calmados dentro de nuestro corazón y con la mirada puesta en Jesús.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

En medio de la tormenta

La tormenta puede ser definida como un fenómeno meteorológico producido por vientos fuertes, como  una tempestad de corta duración y especialmente violenta que en ocasiones y dependiendo de su magnitud, puede causar grandes desastres.

Hace más de dos mil años atrás, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos al otro lado del lago».  Así que dejaron a las multitudes y salieron con Jesús en la barca. Pronto se desató una tormenta feroz y olas violentas entraban en la barca, la cual empezó a llenarse de agua.  Jesús estaba dormido en la parte posterior de la barca, con la cabeza recostada en una almohada. Los discípulos lo despertaron diciendo: « ¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?».  Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y dijo a las olas: «¡Silencio! ¡Cálmense!». De repente, el viento se detuvo y hubo una gran calma. Luego Él les preguntó: ¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?.  Marcos 4:35-40 (NTV)

Muchas veces hemos escuchado o leído: “Después de la tormenta viene la calma” Aunque no lo creas esta es una gran verdad extraída de la Biblia, las tormentas jamás permanecerán para siempre ni serán eternas.

Así como pasan tormentas en el mundo, Dios permite que pasemos tormentas en nuestra vida, cuando aceptaste a Jesús en tu corazón como tu único Señor y Salvador, Él te subió a la barca, en un viaje maravilloso. Eso no significa que ya no tendrás problemas o desafíos; sino que Jesús jamás te dejará solo o te abandonará en medio de una crisis.

Él siempre irá contigo en la misma barca, protegiéndote, ayudándote y escuchándote. Cuando pases un problema no pienses que Dios te ha abandonado o que está lejos de ti. Lo que sucede es que Él nos prueba para ver a quién vamos a recurrir o cómo vamos a reaccionar frente a determinadas situaciones.

“No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará.” Deuteronomio 31:8 (NTV)

Así como los discípulos buscaron a Jesús en medio de una tormenta, acude tú también a Él, creyendo que  va a escucharte, a silenciar y calmar tus problemas.  Por muy crítica que sea tu situación, recuerda que tienes un Dios todopoderoso que bendice a los que esperan en Él.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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