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Nunca pensé

Nunca pensé que la noche se podía hacer día y que esas horas blancas serían tan largas, tan agotadoramente lentas y que todas las cosas se harían tan enormes, tan abrumadoras.

Nunca pensé que dejaría la comodidad de las cosas establecidas, la solidez de los compromisos fundamentales, la certeza de tanta convicción asimilada y que me adentraría en un océano desconocido sin cartografía, sin brújula, sin GPS.

Nunca pensé que cierto día el cuerpo expondría inesperadamente sus argumentos de tiempo transcurrido y que presentaría la documentación irrefutable de sus limitaciones, de sus abandonos, de sus dolencias, de sus recientes imposibilidades, en fin, de su profundo cansancio.

Nunca pensé que me acomodaría tan blandamente al abrazo de la soledad, que entablaría diálogos cotidianos con su repertorio de reflexiones, que dejaría que penetrara no sólo mis huesos sino todo pasadizo de mi mente y allí se quedaría.

Nunca pensé que buscaría con tanto ahínco el silencio, la quietud y el alejamiento constante del mundanal ruido y que hallaría allí el necesario espacio para verme a mí mismo sin caretas, sin palabras acomodadas, tal cual.

Nunca pensé que llegaría a serme tan gravosa la carga de los rituales, tan desagradables las reverencias y los besamanos, tan aburrida la letanía de discursos y predicaciones, la constante repetición de dogmas y doctrinas.

Nunca pensé que vería tanta tierra, tanto océano, tanta montaña, tanto lago, tanta calle, tanto rincón maravilloso, tanto idioma distinto, tanta cultura diferente, tanto barrio, tantos aromas, tanta diversidad de rostros, tanta luz desconocida.

Nunca pensé que vería tanta religiosidad, tanto odio, tanta violencia, tanta pobreza, tanta indiferencia, tanto crimen organizado, tanto discurso mentiroso, tanta falsa propaganda, tanta maldad institucionalizada, tanta grieta insalvable.

Finalmente, nunca pensé que a pesar de no haber pensado nunca en todo lo que iba a pensar, todavía sigo pensando para mi pesar, todavía tengo preguntas, todavía quiero aprender, todavía quiero esperar que las cosas pueden mejorar y que es posible volver a creer en tanta cosa linda, en tanta gente buena, en tanta agradable posibilidad diseminada…

¡Un buen ayuno!

“Tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre, que está en lo oculto, y tu Padre que ve en lo oculto te dará tu recompensa.” Mateo 6:17-18 (DHH).

El ayuno consiste en privarse por algún tiempo de algo que nos gusta, para enfocarnos en la oración y en la búsqueda de la presencia de Dios. Generalmente se lo asocia con no comer, pero también en este tiempo se ve mucho los ayunos tecnológicos, que consisten en privarse de ver televisión o de pasar tiempo en redes sociales. El ayuno no debe ser una carga para nosotros, ni debemos pregonar que estamos ayunando. Por el contrario debemos disfrutar ese tiempo para tener una comunión profunda con Dios con una actitud humilde y gozosa. Sin embargo la oración y la lectura bíblica deben estar ligadas al ayuno de manera que nuestros corazones sean más parecidos al del Señor y Él que nos observa sabrá como recompensarnos conforme a su buena voluntad.

¿Cuándo ayunas te gozas o te afliges?

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Habla con Jesús

Cuando pasamos momentos dolorosos y desesperantes, muchas veces creemos que nadie puede ponerse en nuestro lugar y entendernos. Pensamos que el problema o la situación solamente la atravesamos nosotros y nadie más. Pero la Biblia dice que, “…él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores… fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; él sufrió en nuestro lugar, y gracias a sus heridas recibimos la paz y fuimos sanados. Isaías 53:4-6. (TLA)

Jesús, el Hijo de Dios, sabe y entiende perfectamente cómo nos sentimos cuando enfrentamos situaciones dolorosas en nuestra vida. Los evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) muestran la vida de Jesús y cada situación difícil que Él tuvo que vivir. El Señor experimentó situaciones como el abandono, la injusticia, las amenazas, la persecución, el maltrato físico, el odio de algunas personas, etc.

Por eso, no dejes de hablar con Jesús si estás preocupado, desesperado, pasando un momento doloroso o no encuentras el sentido a la vida. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida…” Juan 14:6 (NTV) “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” Mateo 11:28 (NVI) “…Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Juan 16:33. (PDT)

Hablar con Jesús y confiar en Él, cambiará tu manera de pensar y llenará tu vida de su paz. Te enseñará que todo lo que está sucediendo en tu vida es con un propósito especial y que todo está bajo su control.

El Señor dice: “Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir.” Salmos 32:8 (DHH)

Si tienes un problema, habla con en el Señor, escucha sus consejos y confía en Él.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El verdadero significado de ser padres

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.” Salmos 127:3 (RVR1960)

Muchos padres primerizos se sienten abrumados por todo lo que implica la paternidad y el consecuente temor a equivocarse. Conscientes de la gran responsabilidad que significa criar a un hijo, pueden creer que no están a la altura o  lo suficientemente preparados. Pero la realidad es que el trabajo de padres no es sencillo, requiere el esfuerzo y la concentración de las 24 horas del día y los 365 días del año, no se les ofrece vacaciones ni se les otorga días personales que les permitan un descanso. Por esto puede que esta profesión sea la más sacrificada de todas, pero si Dios te ha confiado la gran responsabilidad de ser padre, no consideres esto como una carga, sino un precioso privilegio. Recuerda que tienes la importante misión de transmitir a tus hijos el amor de Dios y la responsabilidad de instruirlos en sus caminos. Ten siempre presente, que tus hijos son un regalo del Señor, por lo tanto toma un momento para dar gracias a Dios por sus vidas y también aprovecha para levantar una oración en favor de ellos.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Recompensa

Un día sofocante, un muchacho estaba subiendo una colina llevando sobre sus hombros una canasta demasiado pesada para sus fuerzas. Cuando había subido la mitad un caballero joven lo alcanzó, y notando que el muchacho estaba fatigado le dijo:

     – Permíteme ayudarte – Tomó la canasta y la llevó hasta la cima.

     – Gracias, señor – dijo el muchacho – ya puedo llevarla bien el resto del camino porque es plano.

Pasaron muchos años y el caballero, ya anciano,  estaba sentado en una mecedora mirando pensativamente el fuego de la chimenea. En ese momento sonó el timbre de la puerta y un  visitante entró al cuarto donde se encontraba y le dijo:

     – He sabido que está usted en circunstancias críticas, dígame con franqueza si es así o no, porque quiero ayudarlo.

     – Es la verdad, señor; mi condición económica es apurada y en esto estaba pensando ahora, sin hallar camino de salida.

     – ¿Cuánto necesita para salvar su situación? ¿Puede hacerlo con 20.000 dólares?

El anciano quedó estupefacto y sin poder hablar, no pudo más que menear la cabeza indicando su aceptación de la oferta.

     – Entonces – dijo el visitante – deje toda su congoja porque puede tener el dinero mañana mismo.

Y añadió:

     – Seguramente quisiera saber usted quién es que tan misteriosamente le ha visitado y por qué le ha ofrecido el dinero. Hace veinte años, cuando estaba subiendo una colina con una canasta demasiado pesada para mis fuerzas, usted bondadosamente me ayudó. Usted no sabe cómo ese hecho me ha ayudado en mi vida; fue como una semilla viva de bondad puesta en mi corazón. Dios me ha prosperado en los negocios y con frecuencia cando le he encontrado por la calle he pensado que usted me había olvidado, y también el incidente de la canasta. Pero siempre he agradecido su acto de bondad y deseaba poder hacer algo más que darle las gracias. Habiendo oído recientemente de sus dificultades económicas me regocija tener la oportunidad de mostrarle mi gratitud de un modo efectivo.

Es verdad que no todos nuestros actos de bondad o ayuda se verán recompensados como en esta historia, pero Dios nunca olvida aquello que hacemos por los demás, con un corazón sincero y desinteresado.

“Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos”. Gálatas 6:9  (NTV)

Si tienes la oportunidad de ayudar a alguien no dudes en hacerlo. Muchas veces no somos conscientes de que todos nuestros actos tienen su repercusión en el futuro. Nuestra ayuda podría cambiar la vida de muchas personas y aunque no veamos la recompensa ahora, el Señor nos asegura que tendremos una recompensa en la eternidad y allí todos los galardones tienen un valor infinito.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No es una carga

Cierta amable señora, yendo de paseo se topó de pronto con una niña jovencita que llevaba en  brazos a un pequeño muy gordito y pensó: “Debe pesar más que ella”

Se acercó amablemente a la niña y le dijo:

      – Hija mía, ¿No te parece que llevas una carga demasiado pesada para ti?

      – ¡Oh, no, señora! No es una carga, es mi hermanito.

En Gálatas 6:1  el apóstol Pablo les pide a los creyentes de Galicia que ayuden, con ternura y humildad, a los hermanos que hubieran caído en algún pecado para que puedan volver al camino. Y en el versículo 2, del mismo capítulo, les dice:

“Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo” Gálatas 6:2 (NTV)

Cuando nuestros hermanos están en dificultades, pasando por tribulaciones o han caído en algún pecado, no es nuestro deber juzgarlos ni condenarlos; a nosotros se nos pide que los ayudemos a levantarse y llevar sus cargas.

En Marcos 12:30, 31 Jesús dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Ningún otro mandamiento es más importante que estos” (NTV) Esto también implica levantar a los que han caído pero no como una obligación o como si fueran una carga, sino con amor, haciendo nuestro ese peso que llevan.

Cuando realmente amamos a alguien, el sacrificio que podamos hacer por esa persona, el tiempo que le dediquemos, los recursos que invirtamos, las oraciones que hagamos a su favor, etc. no son una carga.

¿Cuánto amas a tus hermanos? ¿Los ayudas a levantarse? ¿Estás cumpliendo con el mandamiento de Jesús? Todos llevamos diferentes cargas y necesitamos de nuestros hermanos. Si ves a alguien en necesidad no seas indiferente ni lo juzgues, ayúdalo con amor, tal como lo haría Jesús.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Me cansé…

¿Te has cansado de pelear? Es natural que en el camino enfrentemos altibajos, en especial después de una caída;  sin embargo, lo principal es continuar en la lucha, no dejarnos dominar por nuestros sentimientos porque estos son pasajeros y pueden hacernos cometer grandes errores.

Así mismo, nos podemos cansar de seguir a Jesús, a veces por las pruebas que enfrentamos y otras por querer pecar ¡así es! Por desear bebidas alcohólicas, estar con varias mujeres al mismo tiempo, tener relaciones sexuales antes del matrimonio, decir mentiras u otros; porque conocemos que un hijo de Dios debe nadar contra la corriente.

 “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24 (RVR 1960)

La Biblia dice que aquel que quiera seguir a Jesús debe tomar su cruz. Muchas personas interpretan la “cruz” como una carga que deben llevar en sus vidas, por ejemplo: una relación dañina, explotación en el trabajo o una enfermedad, pero este no es el significado correcto. En los días del Señor la cruz representaba solamente “muerte”, es decir sacrificio y eso pide Dios de nosotros.

Por lo tanto, “tome su cruz y sígame” significa una entrega absoluta, estar dispuesto a  morir por Él. Dios nos pide tomar una decisión radical que implica crucificar nuestros deseos, con tal de que la voluntad del Señor sea cumplida.

No nos cansemos de hacer el bien porque a su tiempo segaremos si no desmayamos.” Gálatas 6:9 (RVR 1960)

Si te sientes cansado de luchar por la situación difícil que estás enfrentando, te animo a detenerte por un momento, dejar lo que estás haciendo y reflexionar sobre todo lo que el Señor hizo por ti. También recuerda que la aflicción nunca será para siempre y que el verdadero compromiso con Él se revelará durante las pruebas.

Por otro lado, si tú desanimo es porque no quieres sacrificarte más, entonces tienes que decidir: ¿Jesús o el pecado? El Señor te pide que no estés en el medio, que seas frío o caliente, que estés con Él o en su contra. Si no estás dispuesto a tomar tu cruz, solamente perderás el tiempo porque no podrás ver a Dios en la tibieza.

En esta oportunidad te animo a dejar de jugar al cristiano y ser realmente un seguidor de Cristo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué es el trabajo para ti?

En esta oportunidad quisiera que respondas una pregunta: ¿Disfrutas del trabajo que realizas? Generalmente cuando hablamos de “trabajo” se piensa en una carga que estamos obligados a llevar, pero pocos se alegran de realizarlo.

Aunque trabajar arduamente tiene ventajas, el error es caer en la “sobre-ocupación” con el fin de lograr el éxito y estabilidad; cuando en realidad el exceso de trabajo trae  resultados negativos.

La palabra de Dios dice: “Lo mejor que puede hacer uno es comer, beber y disfrutar del trabajo que hace. También vi que esto viene de Dios.” Eclesiastés 2:24 (PDT)

Las escrituras nos enseñan a equilibrar nuestro trabajo; si bien Dios nos impulsa a trabajar y abandonar la pereza, no promueve que uno se esclavice trabajando. Cuando dejamos de disfrutar comienza el estrés, la impaciencia, a dar el mínimo esfuerzo, porque ya no es una bendición, sino una carga pesada que se debe llevar.

Lamentablemente muchos descubren tarde estas grandes verdades. Por ejemplo: cuando enferman de estrés, cuando perciben que han perdido momentos importantes con sus hijos que ya han crecido o en el peor de los casos cuando enfrentan un divorcio por el alejamiento emocional de su cónyuge.

Lo mismo sucede con el ministerio que tenemos, a veces dejamos de disfrutar el servicio que realizamos para el Señor y en lugar de gozarnos en hacerlo, se vuelve una carga debido a que no estamos equilibrando nuestra vida; Dios dice que seamos sabios en el trabajo que realizamos y aprendamos a disfrutarlo.

Recuerda que el exceso de trabajo no trae nada bueno; podrás tener dinero extra, pero no alcanzará para pagar las consecuencias en tu salud física y emocional. En esta oportunidad te animo a despertar antes que sea demasiado tarde, administra sabiamente el tiempo, tanto en tu trabajo, familia, servicio, y así disfrutar todas las áreas de tu vida.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El peso del pecado

Un hombre humilde iba cargando un bulto de papas sobre la espalda y fue interrogado:

 – ¿Cómo sabe usted que es salvo?

El hombre siguió caminando y luego dejó caer el bulto. Entonces dijo:

 – ¿Cómo me doy cuenta de que se me cayó el bulto? No he mirado atrás.
– No – respondió el hombre – pero lo puede saber porque ya no siente el peso.
– ¡Exactamente! – Contestó –  Por esta misma razón sé que soy salvo, pues he perdido la carga de pecado.

¿Sientes que estás llevando una carga sobre tus espaldas?

Tristemente hoy una gran cantidad de personas vive cargando enormes bultos llenos de pecado, tristeza, decepción, amargura, etc. estas cargas no sólo retrasan sino que alejan al hombre de su verdadero propósito en la tierra y lo llevan a la muerte espiritual.

Quizás nuestras debilidades humanas nos han llevado a caer en pecado y con ello a tomar un bulto de autocompasión y miseria, pero ante este panorama tan triste y desolador debemos tener presente estas palabras que encierran grandes verdades: ARREPENTIMIENTO, MISERICORDIA, PERDÓN y sobre todo JESUCRISTO.

Romanos 5:20 dice: “(…), pero mientras más pecaba la gente, más abundaba la gracia maravillosa de Dios” (NTV), la gracia de Dios y su misericordia hoy te dan esa posibilidad para decidir si sueltas ese bulto que llevas y experimentas la verdadera libertad o simplemente pasas de largo con tu carga encima.

¡Eres tú quien decide!

Tenemos el enorme privilegio de contar con un Padre que nos  ama sin medida y que está dispuesto a librarnos de nuestras cargas, “¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!” Salmos 86:5  (NTV).

Si continúas llevando ese bulto no llegarás muy lejos pero sí saldrás lastimado, hoy te invito a dejar caer esa carga y correr a los brazos de Dios.

Puedes experimentar libertad y descanso si tomas la decisión de soltar las cargas que estás llevando.

Por Judith Quisbert.

 

 

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¡En la unidad está la victoria!

“Las puertas de Jericó estaban bien aseguradas por temor a los israelitas; nadie podía salir o entrar. Pero el Señor le dijo a Josué: « ¡He entregado en tus manos a Jericó, y a su rey con sus guerreros! Tú y tus soldados marcharán una vez alrededor de la ciudad; así lo harán durante seis días. Siete sacerdotes llevarán trompetas hechas de cuernos de carneros, y marcharán frente al arca. El séptimo día ustedes marcharán siete veces alrededor de la ciudad, mientras los sacerdotes tocan las trompetas. Cuando todos escuchen el toque de guerra, el pueblo deberá gritar a voz en cuello. Entonces los muros de la ciudad se derrumbarán, y cada uno entrará sin impedimento».” Josué 6: 1-5 (NVI).

Ante los muros de Jericó, el pueblo de Dios tuvo que unirse para dar varias vueltas durante siete días, al derrumbarse las inmensas murallas que tenían en frente de ellos pudieron ver la Gloria de Dios. ¡Qué gran victoria obtuvo Israel en ese momento! Pero te imaginas si uno de ellos hubiera dicho: “Me siento cansado, que tal si me quedo orando por ustedes para que Dios les de la victoria”. Tal vez la historia sería diferente, porque posiblemente muchos otros se hubieran sumado a ése pensar provocando así una completa división entre ellos, lo cual los debilitaría en número y en fuerza para cumplir su objetivo, pero como de antemano tenían la promesa de la victoria si cumplían con su parte, decidieron mantenerse unidos hasta el final.

Hoy por hoy, las cosas no han cambiado mucho, Dios sigue exigiendo la misma unidad a su pueblo, porque ante una iglesia unida no hay demonio que se resista y de ello está consciente satanás, por lo que ha sabido cómo entretener al pueblo de Dios haciéndonos caer muchas veces en religiosidad, en mentiras y mal entendidos que sólo promueven la división. Él sabe que la  unidad activa una fuerza mayor que ningún obstáculo podría detener porque todos batallan por lo mismo. Por tal razón él insiste en llevar a cabo sus planes, empezando aun por el más fuerte.

No sé por lo que tu ministerio o tu familia está atravesando en estos momentos, pero si aplicáramos esta frase: “La unidad hace la fuerza” todas las metas se cumplirían; la carga no estaría sobre una sola persona sino en varias y sería más fácil sobrellevarla. Además que si el enemigo se levantase en nuestra contra juntos lo aplastaríamos al instante porque estaríamos unidos en un mismo propósito. De lo contrario el egoísmo, el orgullo, no permiten que nos unamos sino que cada quien busque sus propios intereses, lo que da como resultado la separación.

Por supuesto que no es sencillo trabajar en equipo, cada quien tiene un pensamiento diferente y llegar a un acuerdo es cosa seria. Pero debemos entender que ésa es la manera que Dios ha elegido para ayudarnos a crecer y vencer a nuestro adversario.

Este es el tiempo de unirse como familia o como iglesia para ejercer fuerza contra los dardos del enemigo y alcanzar todas las promesas que se nos ha dado. Es hora de romper con el individualismo y promover la unidad, es momento de convencernos que somos miembros de un mismo cuerpo y que por lo tanto no debemos hacernos daño entre nosotros, ni dejarle la carga sólo a unos cuantos ¡Porque somos uno en Jesús!

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.”

Mateo 18:19 (RVR)

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Guardar secretos es dañino para ti!

Cada persona tiene secretos que no quiere que los demás sepan. Éstos pueden ser desde pequeñas acciones que no afectan a nadie, hasta problemas legales y morales. Por tal motivo, no es sorprendente que la mayoría prefiera guardar sus secretos y no compartirlos con nadie. Sin embargo, un estudio demostró que guardar un secreto propio es dañino para la salud.

Un artículo publicado en Journal of Personality and Social Psychology afirma que guardar secretos causa estrés. Esto no se debe a la presión por no divulgar la información, sino porque las personas no dejan de pensar en ella. La tensión que esto causa puede llegar hasta convertirse en depresión.

Los investigadores realizaron un total de diez estudios a personas de 33 años en promedio; de los cuales identificaron 38 tipos diferentes de secretos. Los resultados revelaron que las personas piensan en su secreto tres veces más de lo que se preocupan por esconderlo. Esta acción generó mala salud y la disminución del bienestar. Además, guardar un secreto hacía que las personas perdieran su autenticidad y se sintieran inconformes con sus vidas.

Que los secretos escondidos tengan malas consecuencias, no significa que uno debe cargar con ese problema para siempre. Cada persona tiene la opción de buscar ayuda en un familiar, amigo, consejero, etc; no obstante, todos ellos son seres humanos y en algún punto pueden fallar. Por lo tanto, es mejor acudir al único ser que jamás traiciona y es fiel con quienes le aman: Dios. Mateo 11:28 (TLA) dice: “Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar.” Jesús está dispuesto a perdonar tus pecados y hacerte libre de tus cargas. Aún es tiempo de aceptar su oferta y vivir sin ataduras.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué llevas contigo?

Weinsberg es una pequeña ciudad ubicada al noroeste de Alemania en el área del valle del río Sulm, de manera que casi todo el año mantiene su aspecto primaveral.

A primera vista parece un lugar sin ningún atractivo especial. Sin embargo, casi al centro de la capital hay un castillo que hoy en día se usa como cárcel pública, pero en un tiempo lejano fue testigo de muchas batallas medievales.

Precisamente en el año 1140 el tiránico emperador Conrado III era la cabeza absoluta del imperio Romano Germánico. Bajo su mando se impulsó una cacería sanguinaria contra todos los enemigos de la corona y una invasión paulatina a varios de los pequeños poblados alrededor del reino con el fin de expandir sus fronteras, capturar esclavos y reclutar nuevos soldados.

Llegó el día en el que la pequeña ciudad bávara fue atacada, pero sus murallas eran muy resistentes a tal punto de que el emperador agotó todos sus recursos para penetrarla, así que como medida definitiva decidió desviar el curso del río que proporcionaba agua a la ciudad a fin de que los habitantes murieran de sed.

Conrado III prometió un trato benevolente si se rendían. Naturalmente no pasaron muchos días hasta que por fin el pueblo entero se dio por vencido. El emperador dijo que cumpliría su palabra dejando que las mujeres se fueran libres juntamente con todo lo que pudieran llevar consigo.

Al día siguiente se abrieron las puertas de la muralla, las mujeres salieron marchando lentamente, pero dejaron atónito al emperador pues no iban cargadas con sus posesiones como él esperaba. Cada mujer llevaba en su espalda el peso de su marido, hijo o padre. Conrado III quedó tan sorprendido por tanta nobleza que perdonó la vida a todos los habitantes de Weinsberg.

Esta es una historia verídica que nos permite ilustrar una gran verdad.

El pecado puede tener tanta autoridad para esclavizar que no permite que nadie que esté bajo su poder elija con libertad lo que quiere hacer. Esta fuerza es tan despiadada que obliga al hombre a llevar en solitario el tremendo peso de las responsabilidades humanas: la familia, la sociedad, el trabajo, la economía, los conflictos emocionales del pasado, la ansiedad por el futuro, pecados cometidos, culpas vergonzosas, etc.

Pero al recibir a Jesús como Señor y Salvador se nos otorga la libertad para elegir qué es lo que queremos cargar. Entonces recibimos de parte de Él la siguiente invitación: “Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros.” Mateo 11:29-30 Versión Dios Habla Hoy

Si el tirano emperador Conrado III quedó tan sorprendido por un acto de nobleza que dejó libres a todos, cuánto más quedará complacido nuestro amoroso Dios al ver que llevamos la carga correcta.

Elige con sabiduría, sólo hay una carga que puedes llevar sobre tus hombros y que te dará descanso verdadero.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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