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¿Qué pasa si no voy a la iglesia?

“Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos: Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad.”  Salmos 84:10 (RVA)

Hay veces que tenemos el deseo de pasar tiempo con la familia, con los amigos o simplemente descansar y ver televisión, pero instantáneamente recordamos que es domingo y tenemos que ir a la iglesia. ¿Cuál será entonces nuestra decisión? ¿Te ha pasado alguna vez?

Hebreos 10:25 (NTV) menciona: “Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca.” Aun cuando las cosas que pensamos hacer sean buenas o necesarias, es importante darle a Dios el primer lugar en nuestra agenda. Asistir a la iglesia es importante, no simplemente para cumplir un requisito religioso, sino que en ese contexto recibimos nuestro alimento espiritual, adoramos a Dios y compartimos con la comunidad de creyentes como es propio del cuerpo de Cristo.

Siempre se nos presentarán muchas opciones que pueden ser muy buenas, sin embargo, elije lo mejor, pasar tiempo en la presencia de Dios, que no se te haga costumbre el faltar a la casa del Señor, sino que cada domingo puedas presentarte delante de su presencia con gratitud en tu corazón, porque es ahí donde podrás entregarle tus talentos, tu alabanza y escuchar su voz a través de su palabra. ¡No dejes de congregarte!

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Te presentaron a Jesús?

Muchos escuchan sobre Jesús pero no saben realmente quién es Él, incluso tienen temor de acercarse o visitar una iglesia para recibir alguna información ¿Ese es tu caso?

En esta oportunidad me gustaría contarte la historia de Zaqueo:

“Habiendo entrado Jesús en Jericó, pasaba por la ciudad. Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico, trataba de ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, ya que él era de pequeña estatura. Y corriendo delante, se subió a un sicómoro para verle, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí. 

“Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa. Entonces él se apresuró a descender y le recibió con gozo.” Lucas 19: 1-6 (LBLA)

Zaqueo era recaudador de impuestos, por lo que seguramente muchas personas lo odiaban; tal vez este haya sido el motivo por el cual no se aproximaba al Señor. Pero al escuchar que Jesús estaba por pasar por ahí se inquietó y fue a buscarlo por lo menos para mirarlo de lejos. Lo que no sabía es que Jesús ya conocía la necesidad de su corazón y lo estaba esperando.

¿Alguna vez dijiste: “creo en el Señor a mi manera”? Tal vez estás como Zaqueo, escuchaste que Dios te ama y crees en Él pero tienes miedo acercarte por todos los pecados o decisiones equivocadas que hasta el momento has tomado. Pero déjame decirle algo, el Señor te está esperando y quiere entrar a tu casa sin importar tu condición.

¿Qué decisión tomarás?

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Nadie puede ir al Padre si no es por Él

“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.” Juan 14:6 (NTV)

Es indispensable, esencial, necesario, importante conocer el camino para llegar a cualquier lugar,  porque si no lo conoces con seguridad tendrás dificultades para llegar al sitio que quieres o más que seguro te perderás y no llegarás.

Por ejemplo, para llegar a tu casa o donde vives, tu eres la única persona indicada para dar la dirección exacta a las personas que no la conocen y quieren visitarte.  En Juan 14:2 Jesús habló de la casa de su Padre y dijo que en ella hay muchos lugares donde vivir y prometió prepararnos uno para que habitemos por siempre.

Junto a esta promesa agregó la dirección exacta: “Yo soy el camino” “nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.”  El apóstol Pablo también se refirió al único camino que puede llevarnos al Padre y dijo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”, Hechos 4:12.

No hay donde perderse, que ningún argumento o enseñanza te haga creer que hay muchas otras maneras o formas de llegar al Padre. La verdad es que, “Hay un Dios y un solo Mediador que puede reconciliar a la humanidad con Dios, y es el hombre Cristo Jesús.” 1 Timoteo 2:5 (NTV)

Cristo es el único camino para llegar al Padre, porque Él pagó con su sangre el precio de nuestra redención, pagó por la libertad de nuestros pecados y la condenación eterna. De no ser por Él, nunca podríamos acercarnos a Dios porque el pecado crea una barrera entre Él y los seres humanos, ya que Dios es Santo y no tiene ninguna relación con el pecado.   Pero el sacrificio de Jesús eliminó esa barrera y ahora tenemos acceso libre para poder hablar con Dios y recibir su ayuda.

¿Ya aceptaste a Jesús como tu único Señor y Salvador? ¿Tienes preguntas sobre la fe?

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¡No dejes de congregarte!

“Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca.” Hebreos 10:25 (NTV)

¿Cuántos alguna vez hemos justificado nuestra ausencia a la iglesia? Quizá hoy despertaste con las ganas de quedarte en casa y descansar porque el tiempo así lo amerita. Es posible que la primera vez no sea tan conflictivo, pero si esta acción se vuelve a repetir una y otra vez, deberías alarmarte. No está mal escuchar prédicas y reuniones dominicales que se transmiten a través de Internet, es más, es una bendición para todos y en especial para aquellos que por algún problema físico u otros no pueden movilizarse, pero para los que no lo padecen y tienen la posibilidad de hacerlo pero no quieren, se convierte en una excusa y esto es peligroso.

Tomemos en cuenta las recomendaciones que la Biblia nos hace en el libro de Hebreos y no nos convirtamos en cristianos cibernéticos, ya que esto no sería saludable para nuestra vida espiritual, si es que en verdad deseamos permanecer en la fe. Hoy quiero animarte a ti que te ha costado volver a la iglesia, quizá tuviste muchas razones para alejarte, pero más allá de ello, este es el tiempo de considerar el congregarse como un ejercicio espiritual, porque no existe video que pueda remplazar el estar en la casa de Dios para adorarlo y mantener armonía entre hermanos que por supuesto son de ayuda en nuestro crecimiento espiritual.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sesenta y cinco

Llegó la hora. El almanaque (o calendario en mi país) dio vuelta la hoja y cumplí sesenta y cinco años.

Primero:

Entonces me corresponde la jubilación. Hemos hecho el trámite pertinente, firmado los papeles fundamentales y entrado sin pena y sin nada de gloria al llamado sector pasivo de la sociedad.

Ni tanto. De pasivo sólo me quedan algunas deudas. Y algunos deseos que solían ser más activos; hoy se repliegan como los gatos viejos que hacen los movimientos exclusivamente necesarios.

Segundo:

Las cosas no eran tan así. Los hechos han ido demostrando la arrogancia de nuestras convicciones y afirmaciones sobre el mundo y la vida.

Estábamos seguros de todo y nos sorprendía tanto que los demás no lo estuvieran. Eran, según nosotros, ignorantes y poco comprometidos.

A veces pienso qué bueno fue que no nos conocieran tanto. Habríamos hecho daño a mucha más gente con nuestras declaraciones y artilugios intelectuales.

Interludio:

Nos aburrimos de dar información. Nos cansamos de dar explicaciones. Nos hartamos de construir justificaciones.

Ya fue, qué le vamos a hacer. No queremos seguir llorando sobre leches derramadas – literalmente.

Tal vez sirva de algo decir que no procuramos el daño de nadie pero igual lo causó. O tal vez no sirva de nada.

Tercero:

Nuestra progenie. Las hijas. Los hijos y las hijas de las hijas. El Uri tiene veinte años y era ayer no más que apuntaba con el dedito a la televisión y gritaba: “¡Amané…! porque era el instante en que comenzaba la teleserie Romané.

El largo camino a casa, el tiempo que transitamos en peligro, la locura de todo.

Cuarto comentario:

No vamos a escribir ningún libro más. No vamos a abrir una cuenta social. No vamos a reintentar nada. No vamos a pronunciarnos a favor ni en contra.

Pero sí vamos a seguir intentando regresar al río, a la montaña, a la nube, la lluvia y todas esas cosas que ustedes ya saben porque las he mencionado hasta el cansancio. Como los viejos que repiten sus historias: “¿Te conté de aquella vez…?”

Postludio:

(Literalmente, “después de la representación, del juego”).

Será que es eso. Los primeros indicios de que todo es después. Todo es post. La mayor porción de la mente está compuesta de antes y así fue.

Los libros. Las clases de teología apofática; basta de cuestiones propositivas y aproximaciones racionales. Un poco de incertidumbre hace falta. El diario del domingo. La dieta. Las caminatas.

En definitiva, a esperar haciendo.

Con acciones

Se cuenta que en la  isla de Formosa, se quemó la casa de un cristiano, el único en su pueblo. Los habitantes no hacían más que  burlarse del pobre hombre y le decían: Así le pasará a todo aquel que abandone la religión de nuestros padres.

Unos pocos días después vinieron los cristianos de los pueblos vecinos y traían palos de bambú, vigas, ladrillos, etc.;  quitaron todos los escombros del lugar de la desgracia y empezaron a construir una casita  nueva mejor aún que la anterior. A los dos días estaba terminada.

La gente quedó admirada y perpleja. Ya no se burlaban. Que se ayudase de esa manera a una persona en desgracia no lo habían visto nunca antes. Ahí pudieron comprobar que los frutos de ser cristiano marcan una gran diferencia.

“En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. 1 Juan 3:10

El amor al prójimo, el solidarizarnos con los que sufren tomando acciones a su favor, nos permiten mostrar de forma práctica la transformación que Dios hizo en nuestras vidas y los frutos de tenerlo en nuestro corazón.

Si bien es cierto que la oración puede mover la mano de Dios y puede cambiar cualquier circunstancia desfavorable en bendición, también debemos ser conscientes de que tenemos una responsabilidad como hijos de Dios y somos sus representantes aquí en la tierra.

Te has preguntado ¿Qué haría Jesús si viera a alguien en necesidad?

Quizás no podamos hacer mucho solos, pero si unimos nuestras fuerzas para ayudar a los más necesitados podremos ser de bendición para muchas vidas, no solamente para las personas que se beneficiarán directamente con nuestras acciones, sino para aquellos cercanos a ellos y para quienes nos rodean, porque serán testigos del amor de Dios en forma práctica.

Dispón tu corazón para ayudar a los demás, Dios te mostrará aquellas personas que necesitan de tu ayuda y Él proveerá los recursos, las ideas, las personas y todo lo necesario para que puedas ser parte de su obra.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mi historia de detectives

El tío Tercio llegó una mañana a la puerta de casa preguntando por mi mamá mientras dirigía furtivas miradas a ambos lados de la calle. Vestía un ajado sombrero de fieltro, una manta marrón, pantalones de mezclilla y ojotas de goma de neumático. Mi mamá lo introdujo en la cocina “rancha” detrás de la casa donde sostuvieron un misterioso diálogo en voz baja.

(La cocina rancha era una réplica de las que existían en el sur, de donde provenían mis padres, que se construían de madera en torno a un poyo de ladrillos en donde había continuamente fuego y brasas. Allí hervía la ennegrecida tetera, se cocinaban las tortillas de rescoldo bajo las cenizas y en las noches de invierno la tía Ana nos contaba truculentas historias de aparecidos, descuartizamientos y pactos con el diablo).

El tío Tercio se quedó en nuestra casa; se le habilitó uno de los dormitorios y pasaba el día sentado pensativamente a la orilla del fuego. A ratos se sacaba las ojotas y con mucho cuidado se quitaba unas pequeñísimas espinas, tarea que le tomó varios días. Era una ocupación evidentemente dolorosa y rara para nosotros, niños que nos asomábamos curiosos a la vida. Mi hermano mayor nos reveló, bajo juramento del más estricto silencio, que algo había hecho el tío en el sur y había tenido que huir medio desnudo una noche entre campos de remolacha y zarzamoras.

En medio de todas estas extrañas cosas, otra mañana me tocó atender a la puerta donde otro señor, esta vez de traje oscuro y corbata, preguntaba por el tío Tercio o por mi mamá. Corrí a buscarla y con la mayor seriedad le dije: “Hay un caballero en la puerta que pregunta por el tío Tercio o por usted.” “Parece un detective”, agregué con un cierto tono de complicidad.

Cuando salió a recibirlo lo saludó con una ancha sonrisa: “¡Elizondo, qué sorpresa!” y se dieron un abrazo de viejos amigos. Acto seguido, esta vez en el comedor de la casa, hubo nuevos y misteriosos conciliábulos.

Al rato, el tío Tercio y don Elizondo se marcharon, mi madre continuó con su lavado semanal y yo me quedé para siempre con la tristeza de no haber podido dilucidar el enigma de mi única – e inconclusa – historia policial. Mamá se llevó aquel secreto a la tumba…

No tengo tiempo

Los quehaceres que tenemos pueden ocupar la mayor parte de nuestro tiempo, de tal manera que no lo podemos aprovechar con las personas que amamos y que nos aman, como nuestros padres, hijos, hermanos, amigos e incluso con Dios.

¿Cuántas veces has mencionado que estás ocupado? Se pierden oportunidades valiosas por estar atareados, por lo que es preciso analizar si invertimos el tiempo en lo que es primordial para nuestra vida. La palabra muestra un claro ejemplo de nuestro diario vivir:

“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” Lucas 10: 38-42 (RVR 1960).

Marta, quien recibió en su casa a Jesús, estaba afanada por los quehaceres y cuando observó a su hermana sentada escuchando al Maestro, pidió que la reprendieran por no ayudarle; sin embargo, el Señor le respondió que lo principal era lo que María había escogido.

Es posible que estés olvidando lo que tiene mayor importancia en tu vida, esto no significa que lo que haces no es importante, pero existen cosas que tienen más valor, como escuchar a Dios, conocer el propósito de tu existencia y tu familia.

En esta oportunidad te animo a detenerte por un momento y pensar en lo que Dios quiere para ti, decide orar y estudiar la Palabra del Señor todos los días, aunque te encuentres demasiado ocupado. Aparta también otro tiempo para disfrutar con tu familia, porque más delante podrías arrepentirte de no haber hecho lo que era más importante.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Te estaba esperando

Una muchacha estaba asustada porque descubrió que se encontraba embarazada, pensó que su padre la mataría, por lo que decidió irse de su hogar y buscó refugió en la casa de una amiga.

Después de un tiempo se dio cuenta que necesitaba el apoyo de su familia para salir adelante, por lo que decidió regresar. A pesar del dolor y angustia que sufrieron sus padres por su desaparición, al verla, la recibieron con alegría, abrazos y besos porque su hija que creyeron muerta, ahora estaba con ellos.

Esta anécdota se parece a una historia que se encuentra en la Biblia: Un joven pide la parte de su herencia para irse de su hogar, su padre accede y el muchacho comienza a vivir perdidamente hasta que su fortuna se termina, sufre por sus errores y decide regresar a su padre, aunque sea recibido como un sirviente.

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” Lucas 15:20-24 (RVR 1960)

Su padre lo estaba esperando y cuando lo vio, corrió para abrazarlo y besarlo, no le interesaba si su hijo había gastado todo el dinero de la herencia, si había vivido de la peor manera, lo que importaba era que había vuelto e hizo fiesta para celebrar.

A veces tenemos miedo de acercarnos a Cristo porque le hemos fallado, cediendo a nuestras debilidades o tomado decisiones que no eran correctas, y pensamos que Dios no quiere escucharnos o vernos; sin embargo, Él está esperando nuestro regreso, no le interesa cuánto nos hemos ensuciado o cuántas caídas tuvimos, sólo le interesa que regresemos a casa.

En esta oportunidad te animo a regresar a los brazos del Señor, entra a su presencia en oración, Dios está esperando que vuelvas a cruzar esas puertas y te aseguro que habrá una gran fiesta porque su hijo que parecía estar muerto, ha vuelto a vivir.

¡No importa el pasado, sólo la decisión que tomes ahora!

 

 

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¡Que no te falte Dios!

“Si el Señor no construye la casa, el trabajo de los constructores es una pérdida de tiempo. Si el Señor no protege la ciudad, protegerla con guardias no sirve para nada” Salmo 127:1 (NTV)

Si Dios no está presente en todo lo que haces, tu trabajo es tiempo y esfuerzo perdido, pues sin su presencia y ayuda, tienes muchas probabilidades de caer o salir lastimado. Te invito a construir en Dios, a tenerlo presente en tus sueños, anhelos, propósitos y tu victoria estará asegurada.

Por Judith Quisbert

 

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Un lugar de Gracia

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Hebreos 4:16 Versión Reina-Valera 1960

Jesús predicó muchas veces sobre la Gracia que Dios le da al hombre que se arrepiente verdaderamente de sus pecados y quizás la parábola que más representa esa realidad es la del hijo pródigo (Lucas 15:11-32).

La historia comienza con un jovencito reclamando la parte de la herencia que le correspondía para luego marcharse de su casa. Poco a poco los constantes excesos lo llevaron a quedarse sin dinero para subsistir hasta que tuvo que trabajar en el oficio que para la época era el más despreciable de todos: cuidador de cerdos.

En ese momento el muchacho recapacita al ver a esos animales revolcándose en su propia mugre y comiendo de lo que cae al suelo. Es casi un reflejo de lo grotesca que se ha convertido su vida.

“Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre. Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”, fueron las palabras que pronunció para luego levantarse y emprender el camino de vuelta a su hogar.

Todo ese tiempo de necesidad y pena le sirvieron para comprender todos los errores que había cometido. Cuando estaba llegando a su casa vio a su Padre acercarse y le dijo las palabras que había pensado: “… he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”

En toda esta historia lo verdaderamente sorprendente es la reacción del Padre. Como autoridad en su familia tenía todo el derecho de castigar a su hijo por lo que había hecho, pero al ver que estaba arrepentido decidió perdonarlo.

Ahora ese muchacho sabía que su hogar era un lugar al que siempre podía regresar sin importar lo que podía pasar y más que todo, sabía que siempre podría encontrar amor y bondad en los brazos de su Padre.

Recuerda: cuando llega la tristeza, la aflicción, los problemas o la culpa por algún error cometido, los brazos de Dios siempre son el mejor lugar al que se puede correr para encontrar Gracia.

 

 

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¿Sobre qué estás edificando tu vida?

Los huracanes, las inundaciones y los tornados han causado grandes pérdidas materiales y humanas en países que han experimentado estos desastres. Por esta razón algunos constructores han decidido edificar casas que son como fortalezas, con ventanas que pueden resistir grandes vientos, fuertes clavos para techos que sólo pueden ser cortados y muros que no sean movidos por los desastres naturales.

Algo similar sucede con nosotros, cada área de nuestra vida  es una casa por construir. Cuando se presentan los problemas, es cuando vemos qué tipo de cimiento tenemos en cada una de ellas.

¿Sobre qué estás edificando tu vida? ¿Sobre tu experiencia, inteligencia, sabiduría humana o sobre la Roca?

Si llevas una vida inestable y sientes que no hay respuesta ni cambio en ningún área, es porque estás edificando tu casa sobre la arena. Tal vez te desanimas fácilmente cuando llegan los problemas y sientes desfallecer, pensando que huir de esa situación es tu mejor salida.

El fruto que das, es el que refleja el cimiento en el que está construida tu vida:

“Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

(Gálatas 5:19-21 NVI)

Para que tu vida sea edificada sobre un cimiento fuerte, debes tomar decisiones radicales que te permitan crucificar todo lo que ofende a Dios. Esto podría llevar tiempo porque hay que cavar hondo y se necesita de disciplina para tener estabilidad, pero si quieres subir un nivel más, deberás crear hábitos espirituales: La oración, la meditación de su Palabra y el congregarse; así cuando vengan los vientos de problemas puedas estar firme en tu fe.

Es hora de trabajar en un sólido proyecto de vida, en el que escribas tus metas y definas cómo las vas a lograr. Analiza dónde estás parado, si tu vida está edificada sobre la roca o sobre la arena, porque que tus sueños se hagan realidad, dependerá del cimiento sobre el que los construyas.

“Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.” Lucas 6:47-48 (RVR).

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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