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A la cuarta vigilia 1

A la cuarta vigilia

“Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.”

Mateo 14:25.

Jesús y sus discípulos habían terminado de alimentar a más cinco mil personas. Luego, casi inmediatamente, el Señor hizo entrar a sus discípulos en una barca, para que cruzaran el mar hacia Capernaum, pero Él no subió a la barca con ellos, porque todavía estaba despidiendo a la multitud para después subir al monte a orar.

“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.”

Mateo 14:24

Los discípulos estaban enfrentando un problema grande y luchando por sobrevivir; sin embargo, Jesús, quien conoce todos los problemas que sus hijos atraviesan, no fue al instante a socorrerlos. Esperó hasta la cuarta vigilia para ir y ayudarlos. ¿Sabes qué significa eso? Que el Señor fue entre las 3 y 6 de la mañana. Esto quiere decir que los discípulos estaban naufragando entre 9 y 12 horas en medio del mar.

¿Te imaginas cómo estuvieron los discípulos durante ese tiempo? Seguramente con miedo y desesperados por no saber qué hacer. Imagino que gritaron a Jesús para que los ayudara, pero nada, Él no aparecía y la tormenta seguía.  

¿Alguna vez has sentido que Jesús no escucha tus oraciones? ¿Has clamado por tu situación y parece que a Jesús no le importa?

Todo indicaba que Jesús los había abandonado. Sin embargo, Él estaba orando, mientras sus discípulos estaban enfrentando esa dificultad. (Mateo 14:22-23) Dios no puede abandonar a sus hijos ni dejarlos solos, porque son creación suya.

Quizás, al igual que a los discípulos estás en medio de un problema, luchando y atemorizado por lo que pueda pasar. Tal vez sientes que Dios te ha abandonado o te ha dejado luchando solo. Pero no es verdad, porque aunque tú no veas al Señor o no sientas Su presencia por la circunstancia que estás atravesando, Él no dejará de protegerte.

“Entonces, ¿quién nos condenará? Nadie, porque Cristo Jesús murió por nosotros y resucitó por nosotros, y está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios, e intercede por nosotros.”

Romanos 8:34 (NTV)

Dios jamás te abandonará y no siempre vendrá a ayudarte la primera, segunda o tercera vigilia, sino a la cuarta. Ten fe y confía en que Él llegará y solucionará tu situación. “Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.” Mateo 14:32-33.

Si piensas que Jesús está de brazos cruzados viendo cómo sufres, recuerda que Él está intercediendo por ti.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Te cuesta esperar? 2

¿Te cuesta esperar?

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Salmos 40:1 (RVR)

La oración es el arma más poderosa del cristiano contra satanás. Revisando la Biblia podemos encontrar cómo muchos hombres y mujeres oraron a Dios y Él les respondió. Sin embargo, muchas veces no sucede lo mismo y nos preguntamos: ¿En realidad Dios me escucha? ¿Por qué Dios no me ha respondido aún? Pero ante ello, es necesario recordar lo que nos enseña el salmista: que debemos esperar pacientemente la respuesta de Dios. La Real Academia Española define la paciencia como la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. ¿Será posible esto? ¿Por qué no lo intentas? El salmo termina diciendo: “Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Si hoy estás  a punto de rendirte  porque aún no has visto la respuesta de Dios en tu vida, te animo a que imites la actitud de David, él supo esperar con paciencia la respuesta de Dios y El escuchó su clamor.

Por Ruth Mamani

 

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¡Ten misericordia de mí! 3

¡Ten misericordia de mí!

Rompiendo el silenció en medio del gentío se encontraba un personaje particular que recibió un milagro especial, Bartimeo.

“Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10. 47 RV60)

Bartimeo no podía ver, seguramente no conocía los colores, se guiaba por el tacto y el oído para reconocer a la gente, él se sostenía por las limosnas que recibía de las personas caritativas cuando mendigaba en los caminos. Asemejando esto en el ámbito espiritual, a veces nosotros somos ciegos porque no conocemos lo que Dios quiere para nuestra vida y vivimos para nosotros mismos sin importarnos la eternidad y en algunos casos sólo pensamos en el Señor cuando tenemos alguna necesidad.

Seguramente esta persona escuchó hablar de Jesús cuando los transeúntes pasaban cerca suyo, las palabras que Cristo decía, los milagros que hacía, el amor que compartió con todas las personas, su vida dedicada al servicio de Dios Padre.

Cuando Bartimeo escuchó que Jesús pasaba por su ciudad, y muy cerca del camino, él levantó su voz y gritó, clamó, “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”, no le importó que la gente le llamara la atención diciéndole que se callara, él quiso llegar donde estaba Jesús. Esa es la actitud que debemos tener, clamar en medio de la necesidad con la certeza que solo Cristo puede llenar nuestro corazón y hacer un milagro en nuestra vida aunque los demás nos digan que no existe esperanza.

Jesús mandó llamar a Bartimeo hijo de Timeo, el que pedía limosnas en los caminos y vivía de la compasión de las personas, se levantó arrojando su capa  y caminó hacia Jesús. La capa era el abrigo que tenía, el lugar donde colocaba sus cosas, lo que le brindaba seguridad; así nosotros debemos ver qué nos ata para soltarlo y luego ir a Jesús. Algunas personas aman el dinero y dedican su vida a conseguir más al punto de olvidar dedicarle tiempo a Dios o congregarse para darle gloria y mostrar agradecimiento ¿Algo te mantiene alejado de la bendición del Creador?

El Señor le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?”, a lo que Bartimeo respondió: “Maestro, que recobre la vista.” Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”, el ciego recobró la vista pero no se fue, siguió a Jesús en el camino, no recibió el milagro y volvió a la rutina diaria, sino que decidió seguir a Cristo. Un corazón agradecido busca darle gloria a Dios y Bartimeo fue un testimonio vivo del poder de Jesucristo, una demostración de la fe de una persona que clamó y fue salva.

Te invito a hacer un alto en el camino, ver lo que hasta el momento te alejaba de Dios y cambiar de actitud y clamar.

Por Carlos E. Encinas

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Esperar no es en vano 4

Esperar no es en vano

“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.” Salmos 40:2 (RVR1960)
Antiguamente, cuando un pozo de agua se secaba era utilizado como prisión y si quedaba algo de humedad en el fondo, se formaba lodo, por lo cual el piso se hacía muy inestable para el preso, que veía como lentamente se hundía cada vez más. A esto le sumamos el frío que debía soportar, podemos concluir que se trataba de un castigo insoportable.
Cuando estamos en una situación difícil a veces sentimos que nos estamos ‘hundiendo’ y cuanto más pensamos en la dificultad, nos hundimos más, llegándonos a sentir que no hay manera alguna de salir.
Sabemos que cuando cometemos un pecado, la conciencia no nos deja tranquilos y de alguna forma nuestro rostro se inclina al piso, sintiendo vergüenza delante de Dios. En tal sentido el Rey David se expresa: “Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista.” Salmos 40:12 (RVR1960) esas son las palabras honestas de un creyente que está luchando contra el pecado.
Una de las claves que David usó para superar este tiempo difícil fue: esperar “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Salmos 40:1 (RVR1960), Cuando estamos en situaciones difíciles, queremos que Dios nos ayude inmediatamente, para evitar el problema, la angustia y el dolor. Pero, muchas veces tenemos que esperar, porque en medio del sufrimiento, Dios quiere enseñarnos lecciones importantes.
David, reconoció que sus maldades lo alcanzaron y lo llevaron a un pozo de desesperación, pero su corazón estaba centrado en Dios, confiando en Él. Por eso aprendió a esperar con paciencia; no se desesperó. Él también clamó y finalmente afirmó: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.” Verso 17.
“y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” Romanos 5:4-5 (RVR1960)
La espera vale la pena, porque Dios mismo toma control para solucionar situaciones que nosotros no podemos y también para ayudarnos a sobrellevar las consecuencias de nuestros propios errores.
Aunque resulte difícil, confía que esperar no es en vano.
¡Dios te sacará del pozo de la angustia!

 

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No te olvides de tu nación 5

No te olvides de tu nación

“En primer lugar, recomiendo orar por todo el mundo, dando gracias a Dios por todos y pidiéndole que les muestre su bondad y los ayude. Recomiendo que se ore por los gobernantes y por todas las autoridades, para que podamos vivir en paz y tranquilos, obedeciendo a Dios y llevándonos bien con los demás. Esta clase de oración es buena y le agrada a Dios, nuestro Salvador; pues él quiere que todos se salven y sepan que: Sólo hay un Dios, y sólo hay uno que puede ponernos en paz con Dios: Jesucristo, el hombre.” 1 Timoteo 2: 1:5 (TLA)

¿Cuántas veces hemos criticado a nuestros gobernantes y autoridades por la situación actual de nuestro país? Seguramente varias, hasta yo lo hice. Pero, ¿alguna vez hemos hecho algo para ayudar a mejorar? ¿Qué responsabilidad tenemos como creyentes?

La Palabra de Dios nos invita a orar por la ciudad y el país en el que vivimos. “Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.” Jeremías 29:7 (RVR1960) No olvidemos que la oración tiene mucho poder y es lo mejor que podemos hacer.

Más allá de las malas decisiones de nuestros gobernantes, debemos recordar que muchos de ellos no conocen a Dios y alejados de Él nada se puede hacer bien. El llamado de nuestro Creador es, ser luz en medio de la oscuridad, clamar por las autoridades y predicar el evangelio de Jesucristo.

No podemos quedarnos quietos viendo los terribles sucesos de nuestro país, la Biblia dice: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” 2 Crónicas 7:14 (RVR1960) Nosotros somos el pueblo de Dios y debemos clamar por nuestra nación.

Que a partir de hoy las autoridades de tu país y tus compatriotas sean un motivo de clamor a Dios, porque sólo Él puede cambiar las vidas y la situación de un país.

Oremos:

“Padre que estás en los cielos, te pido perdón por mi país y ciudad. Perdona las malas decisiones y actitudes que hay en mis autoridades. Bendice a todos los gobernantes y dales de tu sabiduría para que gobiernen de manera correcta. Ten misericordia de nosotros y que se haga tu voluntad, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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¿Quieres que tu oración sea escuchada por Dios? 6

¿Quieres que tu oración sea escuchada por Dios?

Muchas personas que oran y no reciben respuesta a su petición, posiblemente no están orando como está escrito en la Palabra de Dios.

“Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.” Éxodo 2:23-24 (RVR 1960)

En este pasaje el pueblo de Dios estaba siendo castigado duramente por Egipto, por lo cual clamó al Señor y recibió misericordia. En diferentes partes de la Biblia se muestra cómo Israel clamaba a Dios por ayuda, con gemido y llanto, entonces Él escuchaba sus súplicas y levantaba un libertador.

La mayoría piensa que orar y clamar es lo mismo; sin embargo, existe una gran diferencia: orar es hablar y dialogar, pero clamar es pedir con desesperación en el corazón, tener angustia y aflicción por la petición, aquella que sale de lo más profundo de nuestro ser.

La promesa de ser oídos por Dios y ser librados está estrictamente reservada para los justos que claman, ellos estarán día y noche doblando rodillas, llorando y gimiendo delante del Señor hasta recibir respuesta.

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960)

Ana era una mujer que no podía tener hijos, pero pidió la bendición de Jehová con desesperación y llanto, entonces el Señor escuchó su oración y le concedió este deseo.

Muchos tenemos un pedido en el corazón, pero pareciera que no le damos importancia o nos falta fe porque no estamos clamando; por ejemplo, si me interesa que mi familia se salve lo demostraré suplicando por sus almas, llorando de día y noche, lo mismo si deseo recibir sanidad, trabajo o bendición económica. La pregunta es: ¿existe clamor en tus oraciones?

 

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¿Por qué angustiarse? 7

¿Por qué angustiarse?

“¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” Salmo 43:5 (NVI)

Ante las situaciones difíciles de la vida, es bastante comprensible que nos angustiemos o haya inquietud en nuestro corazón. Sin embargo el salmista nos dice, que podemos poner nuestra confianza en Dios porque Él es nuestro salvador. Especialmente en tiempos de angustia, no te inquietes ni te desesperes, levanta tu mirada por encima del problema y confía en que tu Dios tiene todo el poder y la voluntad de bendecirte. Solo espera en El y El hará.

Por Ruth Mamani

 

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Él está cerca de los que le buscan 8

Él está cerca de los que le buscan

Puede  ser que a veces pensemos que Dios está muy lejos y que no le interesan nuestros asuntos; sin embargo, las Escrituras declaran: Cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen; Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará. Salmo 145:18-19. (RV60)

En Mateo 28:20  Jesús dijo: “…Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos.” (NTV)

Hay situaciones o cosas para las cuales no tenemos explicación y más aún cuando atravesamos sufrimientos. Muchas veces el dolor, el llanto y la desesperación son inevitables, porque aún vivimos en un mundo caído. No podemos elegir ni decidir si vamos a sufrir o no, eso es parte de la vida. Jesús mismo lo mencionó “…Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 (NTV)  Nuestra única opción es superar el sufrimiento con la ayuda de Dios.

Esta  otra  preciosa  promesa  de  Dios, dice: “El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza.” Salmo 34:18 (DHH)

Que  maravilloso  es  saber  que  Él está cerca de nosotros para ayudarnos, darnos ánimo y fortaleza. Definitivamente Dios es asombroso y lleno de amor por sus hijos.

Sea cual sea la situación, hoy  es una buena oportunidad para clamar  a  Dios y  meditar  sobre  lo que estamos enfrentando.  Si  estamos  pasando  por  una  situación  difícil,  de  aflicción,  de  quebranto  o  dolor, consientes  y  creyendo  en  su  palabra,  humillémonos  delante  de  su  presencia  porque ahí recibiremos  el  poder y  la  fortaleza  para seguir luchando.

No olvides que Dios está cerca de los que le buscan y atento para escucharlos y salvarlos de cualquier situación.  “Claman  los  justos,  y  Jehová  oye,  Y  los  libra  de  todas  sus  angustias.” Salmos 34:17

“Muchas  son  las  aflicciones  del  justo,  Pero  de  todas  ellas  le  librará  Jehová.” Salmos 34:19

¡No dejes de buscarlo y pedir Su ayuda!

 

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Amor en Acción 9

Amor en Acción

“Hananí, uno de mis hermanos, vino a visitarme con algunos hombres que acababan de llegar de Judá. Les pregunté por los judíos que habían regresado del cautiverio y sobre la situación en Jerusalén. Me dijeron: «Las cosas no andan bien. Los que regresaron a la provincia de Judá tienen grandes dificultades y viven en desgracia. La muralla de Jerusalén fue derribada, y las puertas fueron consumidas por el fuego». Cuando oí esto, me senté a llorar. De hecho, durante varios días estuve de duelo, ayuné y oré al Dios del cielo.” Nehemías 1:2-4 (NTV)

Nehemías fue un hijo de Dios que al enterarse de la triste noticia de su pueblo se quebrantó en llanto, oró y ayunó por sus compatriotas. Sus lágrimas expresaban y demostraban cuánto amor tenía por sus parientes. Su compasión y misericordia por sus seres queridos lo llevó a suplicar al único y verdadero Dios que podía ayudarlos.

Realmente eso es amor en acción y lo puedes aplicar en tu entorno. Si tú amas a tu familia, amigos, nación y ves cómo está la situación, no te quedarás con los brazos cruzados porque la persona que ama hace hasta lo imposible por el bien de sus amados. Nehemías es un claro ejemplo de amor, quien dio todo por el bien de su pueblo con el propósito de que ellos disfruten la vida y reconozcan al único Dios que los restauró.

Algunas preguntas para reflexionar: ¿Cuál es mi reacción cuando veo a mis amigos (as) destruyéndose en el pecado? ¿Qué hago cuando mi familia está en desgracia? ¿Cómo reacciono cuando mi país está envuelto en la idolatría y corrupción? ¿Soy una persona que tiene el espíritu de Nehemías?  ¿Me pongo a clamar y ayunar cuando veo que las cosas no están bien?

Cuando veas que las cosas a tu alrededor no andan bien, solamente busca a Jesús, pide Su misericordia y ayuda, así como lo hizo Nehemías. Dios te escuchará y ayudará.

 

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¿Tan rápido te rendiste? 10

¿Tan rápido te rendiste?

La Biblia narra que una noche, en la soledad de su campamento, Jacob se preparaba para reencontrarse con su hermano Esaú, y luchó con un hombre incansablemente hasta el amanecer. Cuando éste vio que no ganaría el combate, tocó su cadera, la dislocó y entonces le dijo: – ¡Déjame ir, pues ya amanece! Pero Jacob le respondió: – “No te dejaré ir a menos que me bendigas”. (Génesis 32:24-26)

Ésta es la actitud que cada uno de nosotros debería tener cuando nos acercamos a Dios y le pedimos por las peticiones que hay en nuestro corazón; por ningún motivo deberíamos renunciar a lo que anhelamos, más al contrario tendríamos que seguir suplicando, al igual que lo hizo Bartimeo, que no oyó a los que querían hacerlo callar, sino que clamó mucho más, hasta llamar la atención de Jesús y recibir su milagro. (San Marcos 10:48)

A pesar de las circunstancias que estés atravesando y lo débil que te encuentres espiritualmente, no te des por vencido(a), lucha y mantente firme en tu posición porque la batalla que estás enfrentando es espiritual y sólo la ganarás si perseveras en oración y mantienes tu fe puesta en Dios. No dejes de clamar por ningún motivo hasta que Él te responda y veas hecho realidad lo que tanto anhelas.

“Pero en mi angustia, clamé al Señor; sí, oré a mi Dios para pedirle ayuda. Él me oyó desde su santuario; mi clamor llegó a sus oídos.” Salmos 18:6 (NTV)

Dios no hará oídos sordos a tu clamor, Él te responderá el momento exacto y conforme a su voluntad, puedes vivir seguro(a) y en paz porque siempre te dará lo mejor.

 

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Persiste en tu clamor 11

Persiste en tu clamor

Cierto ciego, llamado Bartimeo estaba sentado junto al camino. Al oír que se acercaba Jesús, se puso a gritar “¡Hijo de David ten misericordia de mí!”. Muchos lo reprendían para que callase, pero él no hizo caso de ellos y con más fuerza  volvió a clamar “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. Entonces Jesús se detuvo y mandó a que le llamasen;  cuando estuvo frente a él, le preguntó  ¿Qué quieres que haga por ti? Y Bartimeo respondió “Rabí, quiero ver”. El Maestro le dijo “Puedes irte, tu fe te ha sanado y en ese instante recobró la vista y siguió a Jesús por el camino. (Marcos 10:46-52)

La perseverancia es una de las claves para alcanzar lo que pedimos. Bartimeo, a pesar de que lo reprendían para que guardara silencio, continuó clamando pues sabía que lo necesitaba, entendía que sólo él podía quitarle esa opresión y por eso persistió.

Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, problemas o pruebas y entendemos que sólo Dios es nuestra respuesta, no podemos callarnos o guardar silencio, tenemos que perseverar en nuestras oraciones a Él. En nuestra impotencia y desesperación debemos seguir pidiendo su ayuda; que nada ni nadie nos desanime o ponga desaliento en nuestro corazón. Si lo hemos conocido entonces sabemos que conforme a su fidelidad nos responderá en el tiempo exacto.

Jesús se detuvo y lo sanó. Recuerda que el Señor atiende el clamor de aquellos que le llaman. Para Él, toda vida es valiosa y no dudará en darnos una respuesta si tan solo perseveramos.

“Buscad a Jehová y su poder; Buscad su rostro continuamente.” (1 Crónicas 16:11)

 

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No fue algo imposible 12

No fue algo imposible

Conocí a una señora que tiene un hijo que es pastor, me contó que cada vez que lo ve en el púlpito predicando, no puede dejar de llorar y darle gracias a Dios por el milagro que hizo en él porque recuerda cómo era su vida años atrás.

Él era un joven a quien le gustaba mucho las fiestas y cuando se encontraba con sus amigos bebía mucho. Cada vez que él salía de su casa, lo primero que su mamá hacía era ponerse de rodillas y pedirle a Dios que lo cuidara, que lo trajera de vuelta sano y salvo. Fueron muchas noches de desvelo y días de clamor, pero ella jamás perdió la fe y la confianza en Dios, pues estaba totalmente convencida de que Él estaba obrando en la vida de su hijo y de que llegaría el día en el que él confesaría con sus propios labios a Jesús como su único Señor y Salvador.

Cada vez que el pastor cuenta su testimonio, también da gracias a Dios por la vida de su mamá porque si no hubiera sido por ella, hoy en día, él no estuviera sirviéndolo. Fuero la perseverancia en sus oraciones y su testimonio, los que lograron que él dejara el estilo de vida que tenía y decidiera servir a Dios por completo.

Posiblemente tu también estés orando y clamando por la salvación de un ser querido, te animo a que no te des por vencida(o), no hay caso perdido para Dios; Él está escuchando cada una de tus oraciones y conforme a sus planes, obrará en el corazón de esa persona que hoy se niega a reconocer que lo necesita en su vida. Que nada ni nadie te impida seguir intercediendo por él o ella, porque las personas que más se rehúsan a escuchar el evangelio, después, son las más apasionadas en el servicio a Dios.

Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver. Hebreos 11:1 (TLA)

¡Tú has lo posible, Dios hará y se encargará de lo imposible!

 

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