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No desperdicies tu oportunidad

“Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Juan 8:10-11 (RVR1960).

Dentro del matrimonio pueden darse múltiples situaciones capaces de hacerlo peligrar, uno de ellos es el adulterio. En la antigüedad e incluso en los tiempos de Jesús, este pecado tenía una severa pena. Por lo cual los fariseos y escribas llevaron delante del Maestro a una mujer sorprendida en adulterio.

Si bien en la actualidad, ya esto no se juzga tan severamente, no quiere decir que deba negarse su condición de pecado ni las dramáticas consecuencias que pueden traer al matrimonio. Cristo indicó que incluso al mirar con codicia a una persona ya se adultera en el corazón.

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Mateo 5:28 (RVR1960).

Si has caído en este pecado y ahora sufres sus consecuencias, quiero decirte que hay esperanza de restauración para tu vida, busca el perdón de Dios y de tu cónyuge. Recuerda que Cristo no condenó a la mujer adúltera, sino que le dio otra oportunidad para corregir sus actos y dejar el pecado. De la misma manera, tienes la oportunidad de cambiar tu conducta y recuperar tu matrimonio.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Eres honesto en tu trabajo?

“La integridad de los rectos los encaminará; pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos” Proverbios 11:3 (RVR 1960).

En la Biblia encontramos principios que nos ayudan a relacionarnos de forma adecuada con las personas que nos rodean. La honestidad es un valor que se está perdiendo en la sociedad. Por ejemplo en el trabajo, la corrupción, el engaño, la mentira, la codicia son pecados que están prevaleciendo en algunas personas, lamentablemente son muchas que se están dejando llevar por estos errores, sin darse cuenta que esto pudiera tener muy graves consecuencias.

Dios nos dice en su Palabra: “Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas” Colosenses 3:25 (RVR 1960). De todo lo que hagamos recibiremos lo que merecemos, sea esto bueno o malo.

Te animo a que puedas mantenerte firme, obedeciendo al Señor y siendo buen ejemplo en todo lugar.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El mal y la ira

¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué tanta ira? pregunta Théoden, rey de Rohan. Las puertas han sido derribadas y el ejército de orcos y uruk-hai están penetrando el castillo del Abismo de Helm (El Señor de los Anillos: Las dos torres).

Lo mismo se pregunta Habacuc el profeta, con enojo semejante. Digo esto para recordarles que ver la verdad de los hechos no es patrimonio exclusivo de los creyentes

El mal es la marca del tiempo presente. No es que no haya bondad por la cual valga la pena luchar como afirma Samwise Gamgee en otro momento del relato.

Es que el mal ha ganado el campo en todas las esferas: gobierno, legislatura, justicia, administración pública, policía, empresas, entidades educacionales, instituciones de salud, estadios, villas de pobreza y barrios privados.

Ante tanto mal temerario que debilita la ley, relativiza la maldad y destruye vidas, nos invade la ira. Hay veces que uno se cansa de tener esperanza. Los que deberían conducirnos en la lucha contra el mal son parte de él, son sus servidores.

¿Qué ha de hacer el justo? ¿Seguir sometiendo la cerviz? ¿Encerrarse en su cuarto secreto a orar no más y esperar que un milagro ocurra? ¿Seguir poniendo la otra mejilla?

No sólo el Señor de los Anillos propone la idea de unos pocos – los menos – enfrentando el mal aunque cueste la vida. Ahí están las películas Matrix, Erin Brockovich, El informante. Ahí están las vidas segadas de Verónica Guerin, Mahatma Gandhi, el cardenal Oscar Arnulfo Romero, Julio César Ruibal, José Ignacio Rucci.

Si no conocen estos nombres, háganse un favor: dejen un rato de lado sus textos de autoayuda y lean, investiguen, incomódense un poco.

¿Qué va a hacer? ¿Así es la vida? ¿Son los últimos tiempos? ¿Estaba escrito? ¿No vale la pena? ¿Qué argumento tenemos para escabullirnos de la pregunta de Théoden: ¿Por qué este mal temerario? ¿Por qué esta ira?

Leamos Habacuc 2:9 al 12, sintamos y asumamos la ira que proclama:

!Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida. Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá. !Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!

Y hagamos algo.

Quiero más

“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” 1 Timoteo 6:10 (RVR 1960)

En Éxodo 16 podemos ver que el pueblo de Israel estando en el desierto murmuró contra Dios, porque ellos no tenían qué comer; pero Dios en su gran misericordia les proveyó de alimento cada día. Para ello se les dio una instrucción de que solamente debían recoger el alimento que iban a consumir en el día. Lamentablemente hubo personas que desobedecieron y guardaron más de lo que iban a comer, lo cual produjo que el alimento se convirtiera en gusanos.

Esto nos enseña que cuando somos capaces de confiar en la provisión de Dios, tenemos una actitud de obediencia. Por el contrario, la incredulidad nos hace estar en rebeldía frente a Dios. Dudar de la provisión de Dios nos lleva la codicia. Esto es un deseo desordenado por acumular riquezas a un punto tal que hasta daña la relación con Dios.

Por lo tanto, no des lugar a la codicia y confía que Dios proveerá todo lo que te falta conforme a sus riquezas en gloria.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Filipenses 4:19 (RVR 1960).

Por Neyda Cruz

 

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Codicia insaciable

“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” Marcos 8:36 (RVR1960)

Una bella historia habla de dos hermanos que se dedicaban a cuidar a sus ovejas. Cuando su padre falleció el hermano mayor se hizo cargo del rebaño buscando beneficiarse con las ganancias que obtenía al esquilarlas, dejando la labor de cuidador a su hermano menor.

Un verano se le ocurrió a Gabriel, el hermano mayor, esquilar al rape a las pobres ovejas, los comerciantes le pagaron mejor pero curiosamente, con el pasar de los días estas fueron desapareciendo; el menor, que se llamaba Pedro le dijo a su hermano que no siguiera esquilando de esa manera pero Gabriel no hizo caso hasta que simplemente les quedaron 3 ovejas viejas.

Un día de mayo Gabriel alistó los cuchillos para esquilarlas y al verlo las ovejas escaparon a toda marcha. A los hermanos no les quedó más que buscar trabajo subiendo la montaña que se encontraba al frente de su casa.

En el camino escucharon música, se acercaron al sonido y divisaron a un pastor apacentando a un rebaño de mil ovejas. Inmediatamente Pedro se acercó para pedir trabajo, el anciano respondió que necesitaba un esquilador y Gabriel se ofreció.

El anciano llamó al rebaño… de lobos, asustado, Gabriel se escondió detrás del pastor que dijo, “si logran esquilar a estos lobos, serán suyos, sino ellos los perseguirán hasta donde vivan ustedes” Inmediatamente Pedro agarró las cuchillas y esquiló a los lobos uno por uno de forma apropiada, dejándoles un poco de pelo, cuando acabó el anciano le dijo: “este rebaño es tuyo, de ahora en adelante te harás cargo de ellos y tu hermano te ayudará a cuidarlos”. Aterrorizado por la idea Pedro iba a responder hasta que milagrosamente los lobos se convirtieron en ovejas ¡Eran las ovejas que escaparon de su llanura! Y el pelo se convirtió en delicada lana.

Así Gabriel aprendió una lección de humildad y Pedro se hizo cargo del rebaño.

Esta historia se puede repetir dentro de algunas familias e iglesias, Lucas 12:15 dice: “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”

La raíz de todos los males es el amor al dinero, la codicia mueve a las personas a obrar mal y tomar decisiones equivocadas que tarde o temprano determinan su caída, no importando el rango o la jerarquía social.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Si tan sólo dijeras la verdad…

Cuando se rompe la confianza, es difícil restaurarla y aunque decir la verdad suena fácil, pasar a la acción es lo que en verdad cuesta. Pablo dijo: “Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo.” Efesios 4:25 (NTV).

Cuenta la historia de un matrimonio que experimentó esto, y que no hubo  oportunidad para restaurar su confianza con Dios por el trágico final que tuvieron. El incidente ocurrió poco después de que la iglesia de Jerusalén saliera de la persecución que se había desatado a causa de la sanidad del cojo en el templo. En Hechos 4 podemos ver la descripción de estos sucesos, en la cual se muestra a un grupo de creyentes unidos que se amaban y se preocupaban unos por otros, donde los más prósperos vendían con gusto algunas de sus propiedades para ayudar a suplir las carencias de sus hermanos más pobres. Entre ellos se encontraba un matrimonio, que en vez de preocuparse por la necesidad  de otros como los demás lo hacían, estaban velando por sus propios intereses. Pero cuando vieron a  Bernabé dar el dinero de la venta de su terreno, sus corazones quedaron turbados, lo que los llevó a vender su herencia para dejar también su aporte, pero al momento de hacer este acto no lo dieron todo como ellos lo afirmaron.

 “―Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres, sino a Dios! Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.” Hechos 4:3-5 (NVI).

Es triste pensar que un bien con mentiras te lleva aun mal peor. Lamentablemente ambos esposos sabían lo que escondían y a quien se enfrentaban, pero su codicia los llevó a mentir y a pagar esto con sus propias vidas. Si tan sólo hubieran dicho la verdad, la historia sería diferente.

¿Realmente vale la pena no decir la verdad?

Si una mentira lleva a otra para cubrir la anterior y finalmente uno queda atrapado en su propia red de engaños, entonces ¿Por qué hacerlo?  Aparentemente parece ser una manera conveniente para salir rápidamente de una situación comprometedora e incómoda, pero en realidad es un callejón sin salida.  Recordemos lo que dice Proverbios 19: 5 (NTV): “El testigo falso no quedará sin castigo; el mentiroso tampoco escapará.”

La próxima vez que te sientas tentado a decir una mentira por más pequeña y piadosa que esta pueda parecer ¡Piénsalo bien! Porque cuando no somos veraces, perdemos valor y credibilidad en nuestras palabras, lo cual es parte de nuestro testimonio que refleja la experiencia con Cristo a los no creyentes y principalmente porque no lo hacemos contra los demás sino contra Dios.

Por Ruth Mamani

 

 

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Fantasías que destruyen

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.” Mateo 5:28-29 (RVR1960).

Fueron tus votos de compromiso en el altar quienes determinaron tu unión matrimonial y es la voluntad de Dios que ese pacto dure “hasta que la muerte los separe”. Si has descuidado la relación con tu cónyuge y has permitido que la codicia se convierta en adulterio ¡Detente! Porque más allá de perder tu reputación personal, de destruir tu matrimonio, marcarás para siempre tu vida y la de tu familia. Es momento de abandonar esa satisfacción momentánea si en verdad deseas tener una vida conyugal saludable. Si bien puede resultar difícil abandonar lo que sabemos con certeza que es pecado, es necesario tomar decisiones valientes para que cada área de nuestra vida agrade a Dios.

Por Ruth Mamani

 

 

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Detrás de la codicia…

“Había cierto hombre llamado Ananías quien, junto con su esposa, Safira, vendió una propiedad;  y llevó solo una parte del dinero a los apóstoles pero afirmó que era la suma total de la venta. Con el consentimiento de su esposa, se quedó con el resto. Entonces Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás llenara tu corazón? Le mentiste al Espíritu Santo y te quedaste con una parte del dinero.  La decisión de vender o no la propiedad fue tuya. Y, después de venderla, el dinero también era tuyo para regalarlo o no. ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¡No nos mentiste a nosotros sino a Dios!». En cuanto Ananías oyó estas palabras, cayó al suelo y murió. Todos los que se enteraron de lo sucedido quedaron aterrados.  Después unos muchachos se levantaron, lo envolvieron en una sábana, lo sacaron y lo enterraron. Como tres horas más tarde, entró su esposa sin saber lo que había pasado.  Pedro le preguntó:

— ¿Fue este todo el dinero que tú y tu esposo recibieron por la venta de su terreno?

—Sí —contestó ella—, ese fue el precio.

 Y Pedro le dijo:

— ¿Cómo pudieron ustedes dos siquiera pensar en conspirar para poner a prueba al Espíritu del Señor de esta manera? Los jóvenes que enterraron a tu esposo están justo afuera de la puerta, ellos también te sacarán cargando a ti”. Hechos 5:1-9 (NTV)

Ananías y Safira se dejaron llevar por la ambición y la codicia, lo que en nuestros días se ve con frecuencia.

Por la ambición se han cometido crímenes, grandes injusticias y, además,  muchos cristianos han retenido lo que en verdad le pertenece a Dios. Por la codicia muchos hemos sido víctimas de robos y atracos, problemas a cerca de los cuales leemos diariamente en los periódicos. Por ello, debemos eliminar esto que se ha convertido en una plaga en nuestros días.

Muchos hemos visto a personas que se han esforzado por obtener una buena posición económica y la han conseguido, no está mal, pero el problema se encuentra en dejarse llevar por la codicia y la ambición que no sólo hacen que se olviden de Dios, sino que también los convierte en sus esclavos.

“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” 1Timoteo 6:10 (RVR 19960)

Si has estado yendo por el camino que Ananías y Safira eligieron ¡Detente! Dios quiere bendecirte en gran manera, no te adelantes a este hecho y caigas en las trampas del enemigo, porque detrás de la codicia está la muerte espiritual y hasta física.

Su bendición no te llevará a la muerte, sino traerá gozo y paz a tu alma.

Por Ruth Mamani.

 

 

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¿Estás contento con lo que tienes?

En la antigua Grecia durante los siglos IV y III a.C., comenzó a desarrollarse una corriente filosófica llamada Escuela Cínica.

En aquella época los filósofos eran considerados hombres eruditos que además de buscar la razón de todas las cosas, intentaban idear vías para llegar a la felicidad, la paz, el bienestar, la salud, el desarrollo social, etc. Entre todos los pensadores de la época, vamos a destacar a  Diógenes de Sinope, el fundador del Cinismo.

Esta corriente filosófica postulaba que la verdadera felicidad no se encontraba en la riqueza, el poder político, la abundancia de bienes, posiciones sociales, logros intelectuales, etc. No es que esté mal tener todo esto, pero establecer la felicidad sobre todo lo antes mencionado no garantizaba completa paz porque se trataban de circunstancias momentáneas y objetivos que podían perderse en cualquier momento.

La fama del cinismo como estilo de vida se extendió mucho más cuando Alejandro Magno visitó a Diógenes, quien viva en una cueva sin más posesiones que una capa. Al llegar ante el filósofo, el general le preguntó que si deseaba algo, él podía dárselo. Diógenes respondió diciendo: “Sí, que te apartes un poco y no me tapes el sol” Tal respuesta dejó claro que tenía todo lo que quería y no deseaba nada más.

Aunque hoy en día sería un extremo marcharse a vivir a una cueva y despojarse de toda posesión hasta quedar únicamente con una manta, quizás podríamos aprender un poco de esta filosofía de vida.

Mateo 6:25-26 dice: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” Versión Reina-Valera 1960

En esta porción Bíblica, Jesús habla a quienes se empeñan en buscar constantemente riquezas terrenales como objeto de su felicidad. Es una amigable amonestación a quienes andan afanados buscando más posesiones creyendo creen que serían más felices si ganaran más dinero, si tuvieran más oportunidades laborales, si tuvieran otro automóvil, si vivieran en una casa más grande, etc. y nunca terminan de contentarse con nada.

Es muy interesante porque Jesús no sólo busca un cambio en el enfoque de vida, sino que nos guía a establecer la confianza en Dios mencionando que Él conoce todas nuestras necesidad y que al igual que provee para las aves del cielo, puede proveer para nosotros porque valemos más.

La corriente filosófica cínica se estropeó con el tiempo. Muchos de sus partidarios comenzaron a dejar de preocuparse por la salud, la muerte e incluso por los padecimientos de su prójimo por considerarlos estorbo para llegar a la felicidad total. Por todo esto, ser cínico hoy es símbolo de una falta de sensibilidad ante el dolor ajeno.

Pero más poderosa que una corriente filosófica es la Palabra de Dios, la cual nos instruye a poner nuestro enfoque en lo espiritual antes que en lo terrenal. No que no luchemos por tener bienestar económico y social, sino que sepamos contentarnos con lo que tenemos hoy.

1 Timoteo 6:8 dice: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” Versión Reina-Valera 1960

 

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El testamento

Se cuenta que Juan Eyre, cuyo nombre figura en las memorias de la criminología inglesa como ladrón, a pesar de que poseía una fortuna de 30.000 libras, cantidad inmensa en su tiempo, tenía un tío que hizo testamento en favor  de un servidor de Dios para fines caritativos. Sin embargo, poco antes de su muerte, cuando se hallaba senil, cambió de opinión e hizo un nuevo testamento, dejando toda su fortuna a su sobrino y un legado al mencionado pastor de sólo 500 libras.

El avaricioso sobrino, poco después de la muerte de su tío, encontró el último testamento y al observar dicho legado para obra benéfica, pensando que él era el único heredero como pariente más próximo, sin ningún tipo de escrúpulo, destruyó el testamento y tomó posesión de toda la fortuna del fallecido.

Pocos días después recibió la visita del referido pastor quien le preguntó si su tío no había hecho un testamento antes de morir, a lo que el sobrino respondió negativamente, con toda desfachatez. ¡Cuál no fue su sorpresa cuando vio al recién llegado sacar el primer testamento  del difunto en el cual le nombraba a su visitante heredero de todo, excepto de un legado de 200 libras para el sobrino!. Como no tenía ninguna prueba para demostrar que su tío había cambiado de  parecer, y el testamento destruido no se hallaba registrado, tuvo que entregar  para obra benéfica, no tan sólo las 500 libras, sino todos los bienes  de los que había tomado.

Familias destruidas, asesinatos, guerras, vidas perdidas e incluso algunas enfermedades tienen su origen en el amor al dinero, en el afán de querer tener más, poniendo de lado las cosas que realmente importan.

“Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos.  Así que, si tenemos suficiente alimento y ropa, estemos contentos. Pero los que viven con la ambición de hacerse ricos caen en tentación y quedan atrapados por muchos deseos necios y dañinos que los hunden en la ruina y la destrucción. Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal; y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas”. 1 Timoteo 6:9-10 (NTV)

Posiblemente no tengamos todo lo que deseamos o quizás pensemos que es injusta la forma cómo está distribuida la riqueza y puede ser cierto, pero el que tengamos más dinero o menos no nos hará felices, y basta ver la cantidad de celebridades que recurren a los vicios o al suicidio pese a tener “todo”; si no sabemos ser agradecidos con lo poco que tenemos tampoco seremos con más cosas, por el contrario siempre buscaremos tener más.

“Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente. ¡Qué absurdo es pensar que las riquezas traen verdadera felicidad!” Eclesiastés 5:10 (NTV)

Dios, en su infinita sabiduría y bondad nunca nos deja desamparados, siempre provee para nuestras necesidades en el momento justo. Agradece a Dios por lo que tienes y disfruta de las bendiciones que diariamente recibes de nuestro Padre.

 

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Qué verde era mi paraíso…

Leí que el dinero radicado en paraísos fiscales alcanza aproximadamente la suma de 7,2 billones de dólares. Digámoslo de otro modo: siete mil doscientos millones de millones de dólares. Un paraíso fiscal es un lugar donde se radica dinero que no se desea declarar en el país de origen a fin de evadir impuestos. Allí no te preguntan cómo obtuviste ese dinero ni por qué quieres guardarlo ahí. Un verde paraíso…
Es imposible figurarnos cuánto dinero es 7,2 billones de dólares. Tal vez se pueda imaginar uno los planes de mejoramiento de la vivienda, de la educación, de la salud, del salario de los empleados y de infraestructura que sería posible realizar en aquellos países donde el ingreso de la mayoría es insuficiente para garantizar una calidad de vida decente.
Alguien me quiso explicar el tema diciendo que los empresarios y dirigentes hacían esto porque de pagar ese dinero localmente los funcionarios igual se lo robarían, lo cual es cierto en la mayoría de nuestros países. Es decir “lo robamos nosotros en lugar que se le roben ellos” (el argumento se desinfla un poco cuando uno lee que lo mismo hacen los grandes empresarios en países ricos). Así que la gente común pierde por ambos lados. El dinero que ayudaría a mejorar la vida se va a los paraísos fiscales. Y si se queda, se lo roban los honorables congresistas y los funcionarios del régimen.
Hay una cantidad y una variedad asombrosa de trucos diseñados por asesores jurídicos y contables para esquivar el pago de impuestos y derechos al fisco. Algunos son tan complejos que los jueces designados para investigarlos se ven simplemente sobrepasados por la maraña de conexiones, protecciones y trampas caza bobos para esquivar el ya bastante dudoso largo brazo de la ley. Sin mencionar todavía los inmensos montos de dinero destinados a sobornar mandatarios, legisladores, magistrados, policías y otros funcionarios para que hagan la vista gorda y/o allanen el camino para la fuga de capitales.
El factor humano presente en estas operaciones diluye la esperanza de justicia y castigo a sus ejecutores. La codicia, la posibilidad de enriquecerse rápidamente protegido por la sombra del poder conferido por el cargo garantiza la supervivencia de esta cultura de corrupción. Erradicarla es virtualmente imposible.
Mi mamá solía atribuir los problemas de la vida al enemigo. Cada día que pasa le voy encontrando más razón…

Puesto a prueba

2 Reyes 7:3-8 narra que a la entrada de la ciudad había cuatro hombres con lepra, Giezi y sus tres hijos, quienes se decían entre ellos: “¿Qué estamos haciendo acá sentados esperando morir? Si entramos en la ciudad, moriremos de hambre, pues no hay nada para comer, y si nos quedamos sentados, también moriremos. Mejor vayamos al campamento de los sirios; si nos perdonan la vida, qué bueno, y si nos matan, no importa, de todos modos vamos a morir”.

Al anochecer, fueron allá. Cuando llegaron al lugar, se dieron cuenta que no había nadie. Dios había hecho que el ejército de Siria escuchara ruidos como de carros de guerra, de caballos y de un gran ejército, por lo que huyeron, abandonándolo todo.

Al entrar a una de las carpas, se pusieron a comer y a beber. También tomaron oro, plata y ropa, y todo eso lo escondieron. Luego entraron en otra carpa, tomaron las cosas que allí había, y fueron a esconderlas. Pero después dijeron: “No estamos haciendo lo correcto. Hoy es un día de buenas noticias. Si nosotros nos callamos y esperamos hasta que amanezca, nos van a castigar. Mejor vayamos al palacio y avisemos lo que sucede”.

El sabor amargo de los recuerdos hizo que Giezi recapacitara en la manera que había procedido 7 años atrás, cuando la codicia lo había condenado a la enfermedad, la miseria y el olvido. Otra vez se encontraba frente a la misma prueba, pero no la reprobó, porque en vez de pensar nuevamente sólo en él y en su familia veló por el bienestar de todo su pueblo, al decidir confesarle al rey todo lo que habían encontrado en el campamento de los sirios.

“Así, cuando su confianza en Dios sea puesta a prueba, ustedes aprenderán a soportar con más fuerza las dificultades. Por lo tanto, deben resistir la prueba hasta el final, para que sean mejores y puedan obedecer lo que se les ordene.” Santiago 1:3-4 (TLA)

Sin importar lo que hiciste en el pasado, déjame recordarte que las misericordias de Dios son nuevas cada día y que Él está dispuesto a darte una nueva oportunidad si te arrepientes genuinamente del estilo de vida que has estado llevando. Empieza a poner en práctica todos los principios que tenemos en su Palabra y esfuérzate diariamente por ser una persona íntegra, que con sus acciones agrade a Dios y a través de ti se salven muchas vidas en vez de alejarse de Él por tu egoísmo y mal testimonio.

“En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto. Y los que somos de Jesucristo ya hemos hecho morir en su cruz nuestro egoísmo y nuestros malos deseos.” Gálatas 5:22-24 (TLA)

Mientras tengas vida tienes la oportunidad de resarcir algún daño causado y no volver a equivocarte, sólo necesitas proceder correctamente bajo la guía del Espíritu Santo.

¡No vuelvas a cometer los mismos errores, toma sabias decisiones con la dirección de Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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