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Sólo por misericordia

¿Alguna vez te dieron un regalo que recibiste con mucha emoción y al pasar el tiempo ya no te llamó tanto la atención como en la primera vez? Suele ocurrir, las emociones son cambiantes con el tiempo, pero hay un regalo especial en la vida que no tiene que tenerse por poco pese a los años y a las circunstancias, este es la Salvación que Dios da a través de su hijo Jesucristo.

Nadie es merecedor de este regalo, pero por la gran misericordia de Dios es dado a quienes lo reciban, y es la compasión la que lo hace especial porque, ¿realmente merecías este obsequio?

Personalmente yo no hice nada bueno como para que el Señor se fijara en mí y me diera este grandioso regalo, pero aun así lo hizo, a pesar de lo que era y ¡eso es pura misericordia! Y también es un privilegio, no para orgullo sino para agradecimiento.

“Pues a Moisés dice [Dios]: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” Romanos 9:15-16 (RVR1960)

Su amor y misericordia son extendidas a todos, debemos valorar y recordar a diario que aunque no lo merecíamos Él nos salvó y seguirá salvando a quien lo recibe. Hoy demos gracias a Dios y renovemos esa alegría de ser parte de la familia en Cristo.

Romanos 9:25-26 “…Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, Allí serán llamados hijos del Dios viviente.”

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Y por qué yo no?

Ser víctima de alguna injusticia es muy doloroso, y una de las reacciones comunes es ser invadido por un sinfín de emociones como la venganza, impotencia y demás. Es ahí cuando debemos poner nuestra mirada en lo que la Palabra nos dice al respecto, para neutralizar nuestras emociones y dejarnos guiar por Dios, con el objetivo de no cometer errores y seguir su plan.

No somos seres perfectos y aun así el Señor nos dio la oportunidad de ser hijos suyos, a pesar de nuestros pecados y maldades nos brindó su perdón. Así mismo debemos considerar a los demás cuando nos lastiman, porque ese perdón que recibimos debemos darlo a otros.

“Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” Lucas 6:35-36

Algo que me llamó la atención en estos versículos es que Jesús alienta a que demos de lo que hemos recibido de Dios, dice que Él es benigno y misericordioso con los ingratos y malos; es decir que tiene compasión porque conoce que sus corazones necesitan de Su amor para ser transformados.

Por ello, por más difícil que sea es nuestra labor perdonar a quienes nos han pagado mal o realizado algún daño, ya que con ello estamos entregando la causa a Dios para que Él mismo se encargue. Pero si no lo hacemos estamos sobrepasando la autoridad de nuestro Creador y dejando de lado Su voluntad.

Aunque no sea sencillo perdonar debemos esforzarnos para hacerlo, porque si Él perdona nuestras maldades ¿por qué nosotros no?

“…de gracia recibisteis, dad de gracia.” Mateo 10:8

 

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De la misma manera

“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”

Efesios 4:32 (NVI)

El perdón refleja el corazón de Jesús y si decimos que somos sus seguidores, nosotros también debemos perdonar. A pesar de que pecamos una y otra vez, Dios continúa perdonándonos. ¿No debiéramos hacer lo mismo con los que nos ofenden, las veces que sean necesarias?

Cuando nos negamos a perdonar nos encarcelamos al pasado y envenenamos nuestro futuro. Por lo tanto es importante ser compasivos con aquellos que nos lastimaron, ya que también por ellos Jesús derramó su sangre en la cruz.

Si Dios nos perdona por cosas inexcusables, entonces debemos dar el primer paso en perdonar a los que nos ofendieron para ser libres del dolor del pasado.

¿Quieres dar el primer paso?


Por Giovana Aleman



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Mientras me dure la vida

“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:1-2 RV60)

Los discípulos estaban junto al Maestro y se detuvieron en el camino cuando divisaron a un ciego y, como un niño pequeño pregunta a sus padres algo que no comprende y saca conclusiones apresuradas, ellos le preguntaron si ese varón se hallaba en esa condición por su pecado o por el pecado de sus padres.

El ciego no sufría por pecado suyo o ajeno sino que su vida tenía un propósito especial: que Jesús mostrara su gloria. Dios se glorifica en nuestras vidas y también nos usa, no existe nada imposible para el Señor.

“Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” (Juan 9:3 RV60)

Jesús se detuvo mostrando compasión por ese hombre ciego de nacimiento, esa acción nos enseña que a pesar de las actividades que tenemos, la rutina a la cual nos habituamos, es importante hacer un alto para hacer el bien.

Cristo sanó a muchos ciegos que adquirieron esa condición por enfermedad o por algún accidente pero en esa ocasión dio a conocer que Él lo puede todo, aunque según las personas que estaban ahí, era un caso que parecía no tener esperanza.

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” (Juan 9:4 RV60)

Es importante hacer lo que a Dios le agrada mientras el día dure y la oscuridad no esté presente; esto quiere decir que mientras nos dure la vida debemos hacer lo correcto porque nadie tiene el control del día o de la hora cuando partirá a la eternidad.

“aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”(Efesios 5:16 RV60)

¿Vives solo para ti o usas parte de tu vida para servir a los demás? Un minuto puede ser suficiente para ayudar ¿Qué haces con tu tiempo?

Por Carlos E. Encinas

 

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No más odio

“Poco después, Jesús dijo: «¡Padre, perdona a toda esta gente! ¡Ellos no saben lo que hacen!» Mientras los soldados hacían un sorteo para ver quién de ellos se quedaría con la ropa de Jesús” Lucas 23:34 (TLA).

Cuando nos lastiman, es posible que esto provoque en nosotros, deseos de venganza, amargura y odio. Cuando esto sucede ya no tenemos paz y guardamos en nuestro corazón sentimientos negativos.

La única manera de quitar este sentimiento que nos enferma en nuestro interior es a través del perdón. Es posible que no resulta fácil, pero es lo mejor.

Si aún sientes odio o rencor hacia las personas que te han herido, piensa un momento y recuerda a Jesús quien siendo crucificado dijo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Considera que ellos mismos pudieran estar heridos y no hacen más que transferir el odio que hay en sus corazones.

¡No hagas tú lo mismo! tú puedes perdonar. De esta manera podrás cambiar el odio, por una mirada de  amor y compasión por aquellos que te hirieron. ¿No es esto lo que hizo Jesús?

Por Giovana Aleman

 

 

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Da misericordia

“Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda.”  Al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y comenzó a andar. Pero aquel día era día de reposo. ”  Juan 8:5-10 (NBLH)

Jesús al ver que este hombre estaba 38 años con esa condición, tuvo misericordia, lo sanó, perdonó y aconsejó diciéndole: “no peques más” V. 14. Sin embargo, muchas veces no nos alegramos por las bendiciones que otros reciben, por el contrario, cuestionamos y juzgamos.

Esta actitud era propia de los fariseos,  quienes a pesar de conocer a Dios, condenaban al prójimo con una falta total de amor y misericordia. Mateo 12:7-8 (NBLH) “Pero si ustedes hubieran sabido lo que esto significa: ‘Misericordia (compasión) quiero y no sacrificio,’ no hubieran condenado a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.”

Dejemos que el Espíritu Santo obre en nuestra vida y nos ayude en todo momento a ser un reflejo de Él y podamos ofrecer amor y perdón a nuestro prójimo. ¡Decide ser cómo Jesús!

“Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.” Efesios 4:2 NVI,

“Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado” Juan 15:12 NVI

Por Danitza Luna

 

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¡No tocar!

Cuántos al ingresar a grandes tiendas nos hemos encontrado con letreros como este: “No tocar” Quizá nuestra curiosidad se hace más ferviente porque se trata de prendas tan hermosas que quisiéramos tenerlas en nuestras manos, pero por el costo que estas tienen y el anuncio puesto en ellas no nos es permitido; además incluso pueden haber  cámaras que vigilan nuestros movimientos.

De una forma similar se encontraba el leproso a quien Jesús lo miró con ojos de compasión, sabiendo que la enfermedad que este hombre tenía era una de las más horrorosas de todos los tiempos; ya que  por el temor al contagio muchos le ponían el famoso letrero: ¡No tocar! Lo que hacía que las víctimas de este  padecimiento se aíslen de la sociedad.

Hoy en día, somos testigos de cómo la lepra espiritual se ha convertido en una epidemia difícil de tratar. Lo que físicamente se conocía como una enfermedad con la pérdida de la sensibilidad, hoy  también lo es a nivel espiritual. ¿Cuántos hombres y mujeres viven haciéndose daño por este mal? Quizá por el temor a ser criticados o señalados, prefieren vivir aislados de la sociedad y hundirse en su amargura, cuando la respuesta a la sanidad de su alma está a la distancia de una oración y el toque divino de su salvador.

“(…) Si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio —dijo.

Movido a compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó.

—Sí quiero —dijo—. ¡Queda sano!” Marcos 1:40-41 (NTV)

Si la situación en la que hoy te encuentras te ha hecho aislarte de los demás creyendo que no hay forma de salir de ella, o simplemente no lo mereces, déjame decirte que Jesús vino para quitar el título que muchos te pusieron, Él vino a devolverte la sensibilidad que este mundo te quitó para evitar que te sigas haciendo daño. ¿Vas a rechazarlo?

Ya no te alejes más de su presencia, no importa el tamaño de tus errores, Él está dispuesto a perdonarte y a devolverte todo lo que el enemigo vino a robarte, permite que el toque de su mano llene tu ser y traiga grandes cambios a tu vida.

“Mi Dios me perdonó todo el mal que he hecho; me devolvió la salud, me libró de la muerte, ¡me llenó de amor y de ternura!  Mi Dios me da siempre todo lo mejor; ¡me hace fuerte como las águilas!” Salmo 103: 3-5 (TLA)

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Versículos bíblicos acerca de la ayuda al prójimo

Dios es amor y cuando le aceptamos en nuestra vida debemos compartir con otros ese amor que recibimos por medio de acciones de solidarias. En la Biblia, la historia del Buen Samaritano, que se encuentra en Lucas 10:25-37, es la más conocida en cuanto a la ayuda al prójimo; sin embargo, hay otros versículos que también nos instan a apoyar a los demás y proveer para sus necesidades. Estos son algunos de ellos:

Deuteronomio 15:10-11 (TLA)

«Mejor ayuden siempre al pobre, y háganlo con alegría. Si lo hacen, les irá bien y Dios los bendecirá en todo lo que hagan. En este mundo siempre habrá gente pobre. Por eso les ordeno que sean generosos con la gente pobre y necesitada del país».

Proverbios 3:27-28 (RVR1995)

«Si tienes poder para hacer el bien, no te rehúses a hacérselo a quien lo necesite; no digas a tu prójimo: “Vete, vuelve de nuevo, mañana te daré”, cuando tengas contigo qué darle».

Proverbios 19:17 (CST)

«Servir al pobre es hacerle un préstamo al SeñorDios pagará esas buenas acciones».

Proverbios 22:9 (TLA)

«Dios bendice al que es generoso y al que comparte su pan con los pobres».

Mateo 5:15-16 (NTV)

«Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial».

Mateo 10:8 (RVA-2015)

«Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen fuera demonios. De gracia han recibido; den de gracia».

Mateo 25:44-45 (TLA)

«Ellos me responderán: “Señor, nunca te vimos con hambre o con sed. Nunca supimos que tuviste que salir de tu país, ni te vimos sin ropa. Tampoco supimos que estuviste enfermo o en la cárcel. Por eso no te ayudamos.” Entonces les contestaré: “Como ustedes no ayudaron ni a una de las personas menos importantes de este mundo, yo considero que tampoco me ayudaron a mí.”»

Lucas 3:10-11 (PDT)

«La multitud le preguntó:
—¿Entonces qué debemos hacer?
Juan les contestó:
—El que tenga dos mantos que le dé uno al que no tiene y el que tenga comida que la comparta.»

Lucas 6:38 (PDT)

«Den a los demás y ustedes también recibirán. Se les dará una cantidad mayor a la que puedan contener en su regazo, aunque se la haya agitado y apretado al máximo, siempre se rebosará. Porque con la misma medida que ustedes midan a los demás, Dios los volverá a medir a ustedes».

Lucas 12:33-34 (TLA)

«Vendan lo que tienen, y repartan ese dinero entre los pobres. Fabríquense bolsas que nunca se rompan, y guarden en el cielo lo más valioso de su vida. Allí, los ladrones no podrán robar, ni la polilla podrá destruir. Recuerden que la verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón».

Romanos 12:13-14 (BLPH)

«Solidarícense con las necesidades de los creyentes; practiquen la hospitalidad; bendigan a los que los persiguen y no maldigan jamás».

Romanos 15:1-2 (RVA-2015)

«Así que, los que somos más fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo para el bien, con miras a la edificación».

Gálatas 6:2 (BLPH)

«Ayúdense mutuamente a soportar las dificultades, y así cumplirán la ley de Cristo».

Efesios 4:28 (NTV)

«Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad».

Filipenses 2:4 (DHH)

«Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros».

Hebreos 6:10 (PDT)

«Dios no es injusto para olvidarse de todo el trabajo que han hecho y recordará que ustedes le han demostrado su amor ayudando al pueblo de Dios y que continúan haciéndolo».

Hebreos 13:16 (DHH)

«No se olviden ustedes de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen; porque éstos son los sacrificios que agradan a Dios».

Santiago 2:14-17 (PDT)

«Hermanos míos, ¿de qué puede servir que alguien diga que tiene fe si no hace el bien? ¿Lo podrá salvar esa clase de fe? Supongamos que un hermano o hermana tiene necesidad de vestido o comida. Llega uno de ustedes y le dice: “¡Que Dios lo bendiga, abríguese y aliméntese!” Sin embargo, si no le da lo que realmente necesita en ese momento, ¿de qué sirve? De la misma manera, si la fe no está acompañada de hechos, así sola está muerta.»

 

 

 

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¡Detén el chisme!

En una tertulia, unos cuantos cristianos criticaban a otro ausente. Cada uno tenía algo que aportar, excepto uno que permanecía en silencio, con una enigmática sonrisa vagando por sus labios.
Uno de los más murmuradores, como sobreviniendo en su mente, le preguntó:
– ¿Tú no dices nada? ¿Qué te parece el caso?
– Nada, me parece nada- fue la respuesta.
– Sí que es extraño, pues tú conoces bien a esta persona. Dinos, ¿qué te parece? Habla hombre…
– Me parece que, siendo así que yo tengo defectos que me apenan y me afean, los que muchas veces no puedo evitar… él también tienen derecho a tenerlos. Acaso le hacen sufrir, al pobre, como me hacen sufrir los míos… Y yo me digo: ¿Qué derecho tengo yo en mirar sus defectos lejanos si tengo tan cerca de mis ojos los míos propios?
Todos tenemos defectos, de algunos somos más conscientes que de otros, pero no hay nadie que se salve.
Muchas veces, por la presión del grupo o por participar de una charla nos enganchamos con las críticas a la gente y olvidamos que nuestro rol no es juzgar ni hablar mal de los demás.
“Amados hermanos, no hablen mal los unos de los otros. Si se critican y se juzgan entre ustedes, entonces critican y juzgan la ley de Dios. En cambio, les corresponde obedecer la ley, no hacer la función de jueces.12 Solo Dios, quien ha dado la ley, es el Juez. Solamente él tiene el poder para salvar o destruir. Entonces, ¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?“ Santiago 4:11, 12 (NTV)
Si tienes algo contra algo habla con esa persona y muéstrale su error, pero no lo denigres porque es necios hacer eso: “Es necio denigrar al vecino; una persona sensata guarda silencio. El chismoso anda contando secretos; pero los que son dignos de confianza saben guardar una confidencia” Proverbios 11:12, 13 (NTV)
No seas parte de charlas que pueden ser destructivas para los demás y si alguien te confió algo respétalo y honra la confianza que puso en ti.

 

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Enemigo mío también te amo

“Pero ahora yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan.” Mateo 5:44 (TLA).

Qué fácil es amar a las personas con las cuales somos afines, pero que difícil es amar a los que nos hacen la vida imposible.

No hacemos nada extraordinario si amamos de ésta manera, en cambio Jesús nos pide que amemos también a nuestros enemigos pues tenía el amor del Padre en su vida. Cuando nosotros seamos llenos de ese amor, podremos amar a nuestros enemigos y tener compasión por ellos.

Debemos sacar de nuestra vida el “el ojo por ojo y diente por diente” para dar paso al amor y al perdón. Sólo de esta manera podremos vivir bien, estando en paz con Dios y con nosotros mismos.

¿Qué de extraordinario haces si sólo amas a los que te aman? ¡Dios no te va a recompensar por eso!  Mateo 5:46-47.

Por Giovana Aleman

 

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¿Tienes el corazón de Jesús?

Un adolescente que iba al colegio siempre con el cabello largo, era víctima de sus  compañeros, quienes se burlaban  de él y además era reprendido constantemente por las autoridades educativas. Uno de sus amigos decidió escuchar su historia, entonces se dio cuenta que no llevaba el cabello largo por gusto, sino porque sus padres no podían pagar un peluquero, eran ancianos y a veces no tenían ni para la alimentación.

A veces podemos señalar, criticar o  burlarnos fácilmente de alguien, caemos en el error de ser personas que lastiman o ridiculizan a un compañero en lugar de ponerse en su lugar y brindarle una mano.

Muchas personas tienen el corazón tan duro que no sienten compasión por las personas en necesidad; lo más triste es que existen cristianos que se encuentran en así, es decir, fríos, insensibles al dolor de su semejante. Lamentablemente ellos no tienen el corazón de Jesús.

Nunca dejará de haber necesitados en la tierra, y por eso yo te mando que seas generoso con aquellos compatriotas tuyos que sufran pobreza y miseria en tu país.” Deuteronomio 15:11 (DHH)

El Señor Jesús era un ejemplo de amor, Él siempre se encontraba donde había necesidad, no escapaba como otros hacen para no ayudar, Él se involucraba en el problema como si fuera suyo y, así mismo, nos manda a ser generosos con el necesitado.

Las personas que necesitan tu apoyo no están lejos de ti, en tu colegio, trabajo, iglesia o grupo de amigos se encuentra alguien que necesita ser escuchado ¿conoces las historias de los que te rodean? Te animo a ser como Jesús, deja de pensar en ti y comienza a considerar a los demás.

No olvides que el Señor está al lado de los necesitados y cuando ellos están cerca de ti, Él está esperando que tú actúes como su hijo ¡Es tiempo de hacer la diferencia!

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Lo que he aprendido de mi mamá

Son muchos los años que ha vivido mi mamá. No todo el mundo llega a la edad que ella ha llegado. Y si bien su cuerpo no está respondiendo en absoluto, sólo cosas básicas y necesarias para vivir, su mente también está clara. En la foto de este post ella tenía noventa años. De ahí en adelante todo ha cambiado vertiginosamente.

Toda la vida he dicho que de mi mamá he aprendido a ser fuerte. Ella siempre me animaba a hacer las cosas aún y cuando yo no supiera bien cómo hacerlas. He aprendido a ser fuerte también con los sucesos inevitables de la vida, como cuando alguien se nos va. Lloramos, pero luego nos hacemos a la idea de que están de viaje y más adelante los volveremos a ver. Cosa que creemos de corazón por la promesa que tenemos en Jesús de vida eterna a Su lado. Me enseñó a tomar decisiones importantes en el momento preciso. Me enseñó a creer en Dios.

He aprendido a amarla más profundamente que antes. También he aprendido a ser paciente. Antes tenía paciencia, pero no tanta como ahora. La compasión también ha aumentado en mí, ya que verla tan desvalida  despierta esa compasión a diario en mí. He tomado la buena costumbre de orar más. A toda hora, en todo momento. Sentir la presencia de Dios siempre con nosotros aún en los momentos más engorrosos que pueden llegar cuando estás cuidando una ancianita que no puede valerse para nada por si misma.

Es un aprendizaje diario y cansa por momentos, pero deja muchas satisfacciones. La satisfacción de seguir los mandatos de nuestro Dios de honrar a nuestros padres, la satisfacción de saber que hice todo lo que he podido por y para ella. Las conversaciones a las que a veces me responde y otras no porque está como desconectada. Pero es agradable saber que estoy cumpliendo con esta tarea que Dios me ha asignado.

Hay muchas que ya no tienen a sus mamis aquí y sé cuánto las extrañan. Ellas están con Dios y bien. Ya no están sufriendo ninguna enfermedad y muy bien acompañadas.

Cuéntame qué has aprendido de tu mamá. Me encanta saber de ustedes quienes nos leen todas las semanas.

Dios te bendiga y les deseo un muy feliz día de las madres.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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