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¿Cómo resuelves los conflictos?

Es necesario que todos consideremos resolver los conflictos sabiamente, esto nos ayudará a vivir saludable y pacíficamente con las personas que nos rodean y, para empezar, será necesario aprender a comunicarnos asertivamente.

Para comprender mejor este tema me gustaría darte un ejemplo: Imagina que compartes tu cuarto con un amigo, a ti te gusta que todo esté ordenado, eres quien limpia constantemente la habitación, pero siempre que llega tu compañero desordena todo y perturba tu paz. Ante esta situación puedes responder de tres maneras: primero quedarte callada (o) para evitar el conflicto; segundo, puedes utilizar la violencia para defender tus derechos, y por último, puedes ser asertivo, comunicar tu inquietud de forma clara y sin lastimar. ¿Cuál de las respuestas elegirías?

La Biblia dice: “Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina.” Eclesiastés 10:12 (NVI)

La asertividad está asociada a la madurez, por esta razón podría decir que alguien que sabe comunicarse asertivamente es una persona sabia, ya que logra comunicar sus pensamientos y defender sus intereses sin agredir, como tampoco ignorar su necesidad.

Cuando tengamos que resolver un conflicto con alguien nos daremos cuenta si somos asertivos y sabios para hacerlo ¿Cuál es tu actitud al momento de resolver el conflicto?

Si eres alguien que guarda silencio, tienes que saber que tienes derecho a comunicar tus intereses y reclamar tus derechos; si eres alguien que utiliza la violencia recuerda que esto no es sabio, por lo que solamente tendrá consecuencias negativas, te animo a practicar la asertividad y esforzarte por ser un ejemplo de hijo de Dios.

No olvides que Dios desea que maduremos y seamos sabios, crezcamos en Él.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Mundo secreto

Cuando viví en la cabaña tenía en la entrada un pequeño cuadro. Era un óleo que evocaba, guardando las debidas proporciones, algunos trazos de Van Gogh. Mostraba una frase que resumía incontables horas de reflexión y que de un modo distintivo expresaba mi actitud existencial: “Mi mundo privado”.

Por muchos años creí y practiqué hasta donde pude eso de exponer mi mundo interior. Había aprendido que así era el camino hacia el amor y la aceptación del otro.

Diversas experiencias y circunstancias, que me guardaré por cierto, me convencieron que la esperanza de que el amor resulte de ese acercamiento es escasa y frustrante.

Se le asigna demasiado valor al conocimiento del mundo interior del otro. Tenemos más teoría que práctica en eso de que la apertura promueve el amor. No amamos incondicionalmente. Tenemos expectativas, estándares y supuestos que deben ser cumplidos por el otro si es que vamos a amarlos.

Y nos pasa lo mismo de vuelta. Pobres transeúntes de una realidad más que discreta, nos hallamos en la triste condición de ocultar una parte considerable de nuestro ser y dejar ver apenas un poquito para mantener los equilibrios y las relaciones deseadas.

La procesión va por dentro. No lo admitimos por cierto. Y para sobrevivir con cierta dignidad en nuestras relaciones cotidianas nos hemos ido armando de un selecto repertorio de máscaras para las diversas ocasiones en que nos relacionamos con los prójimos que conforman nuestro mundo social.

Sería divertido si no fuera tan trágico, que las personas que más se ocultan son precisamente aquellas que declaran “yo digo las cosas como son”, “al pan, pan y al vino, vino” y  “yo soy así como ustedes me ven”.

No juzgo a nadie, sin embargo. De verdad que no. La confianza, por más que la deseemos, es un bien demasiado caro.

Así que en un extremo acto de violencia comunicativa, declaro que sí tengo un mundo privado y que algunas máscaras son, por lo menos ahora, un alivio.

Valdría la pena que admitamos que los secretos tienen algo de saludable y que, por el bien de la corrección pública y la paz personal, habría que dejarlos que sigan siendo secretos.

El ocaso del pensamiento

“No estamos haciendo de internet una extensión de nuestros cerebros; estamos dejando que reemplace nuestra capacidad de pensar”.

(Nicholas George Carr, premio Pulitzer estadounidense)

Estas palabras están citadas en un artículo semanal de don Julio Petrarca, Defensor de los Lectores del diario Perfil de Argentina.

Incluye don Julio otra cita que pertenece a Umberto Eco, una admonición a uno de sus nietos un poco antes de morir:

La memoria es un músculo igual que los de las piernas. Si no lo ejercitas, se atrofia y te conviertes en un discapacitado mental. Es decir, un idiota”.

Así que parece evidente que existe una estrecha relación entre memoria, pensamiento e internet.

Cuando estaba en la universidad la novedad era que los profesores nos permitían usar una calculadora para el examen de Estadística aunque, advertían, tendríamos diez minutos menos que los chicos que no las usaban. Justo, me parece.

Desde entonces, y luego con la llegada de los teléfonos celulares, fuimos perdiendo la habilidad de hacer operaciones aritméticas simples o recordar números telefónicos sin apoyo de aparatos.

Tanto cambiaron las cosas que hoy se considera algo así como un “crimen” pedagógico pedirles a los escolares que memoricen, que tomen dictados o que hagan una copia diaria a mano.

Así nos ha ido.

Menos del 50% de las personas comprenden contenidos de relativa complejidad (instrucciones para armar un mueble modular, instalar un equipo electrónico o preparar una suspensión antibiótica).

Prácticamente desapareció la noción de comprensión de lectura, la redacción de documentos simples o hacer una presentación oral.

No es mi intención aquí abominar de internet o de los teléfonos celulares. Han resuelto enormes dificultades de trabajo y comunicación.

Lo que no han logrado es mejorar la calidad de la comunicación entre las personas y, lo que es más grave, han reducido peligrosamente la capacidad del pensamiento crítico y del análisis.

Es interesante constatar que muchos jóvenes continúan leyendo libros y nos apresuramos a celebrar eso.

Lo triste es que constituyen un magro porcentaje y pocos tienen la capacidad de ofrecernos un resumen o una reflexión de lo que han leído.

Leer continúa siendo uno de los mejores modos de entrenar la memoria y el pensamiento. Sea en papel o e-books el libro continuará otorgando un espacio para imaginar, observar, preguntar, discutir y sobre todo disfrutar de la belleza de pensar.

Propaganda y control

El amplio recinto está repleto de gente. Un numeroso equipo vocal e instrumental ha creado una atmósfera palpitante, llena de expectativa.

Una celeste claridad domina la alfombrada plataforma desierta. Inmensos jarrones de flores rojas matizadas con helechos y minúsculas flores blancas proveen una estética coloquial, como de sala de estar.

Desde la altura y sobre los muros del frente descienden lienzos negros y rojos con leyendas que estimulan a la conquista, a la victoria, a la renovación de todas las cosas.

Una maquinaria de luces crea innumerables sensaciones de color y movimiento en el recinto colmado de gente.

De pronto, un silencio solemne. Desde una puerta lateral sale caminando pausadamente un hombre.

Viste un impecable traje oscuro, corbata roja y camisa blanca. Debe estar cerca de los sesenta años; unas discretas canas le confieren un aire interesante y doctoral. No parece muy alto, pero la  elevada plataforma le otorga un porte casi irreal.

Al llegar al austero y finísimo estrado de madera, un foco de luz cae directamente sobre él. Las luces del gran salón se debilitan gradualmente. Todos los ojos lo miran. Apoya sus manos en el estrado y guarda silencio.

Son no más de quince segundos, larguísimos, perfectamente calculados. Una invisible corriente electriza a la multitud que irrumpe en aplausos y expresiones emocionadas.

El dirigente entonces levanta la mano, llamando al silencio; con voz grave y temperada inicia su predicación dominical en la catedral evangélica de la ciudad.

La escena no es imaginaria. Salvo mínimos detalles es auténtica y encaja perfectamente dentro de los formatos que el autor francés Jean Marie Domenach examina en su libro “La propaganda política”.

Este texto clásico, escrito antes del imperio devastador de la tecnología, penetra profundamente en el entramado de imágenes, palabras, sonidos, colores y atmósferas que los dirigentes políticos, religiosos, estudiantiles o sindicales utilizan para controlar y conducir a la multitud. Lo recomiendo fervientemente.

Van a entender el lenguaje de las grandes asambleas, los alcances de la comunicación moderna y los secretos mecanismos que hacen que miles o millones de personas piensen y sientan lo que los dirigentes desean.

“Control. Eso es la Matrix”, revela Morfeo a un atónito Neo. Ese es el fin de la propaganda: controlar la mente, los bolsillos y el tiempo de los prosélitos.

La propaganda diseña un universo ficticio para la multitud que no sabe cómo decidir, ansiosa de ser guiada, hambrienta de certezas que las tranquilicen.

Verdad extramuros

Fuera del muro. Más allá de las cuatro paredes. Fuera de la institución. Eso es lo que intento decir con “extramuros”.

Quiero decir que hay verdad palpable, verdad verdadera más allá de los confines de la iglesia y del texto bíblico. Porque la verdad, como sea que la definamos, es universal y la Biblia y el cristianismo son sus referentes. Sin embargo no se agota en ellos.

Con todo lo escandaloso que esto parezca a una audiencia inadvertida, igual no hay motivo para alarmarse. La Biblia misma da cuenta de este hecho y los teólogos le pusieron nombre: revelación general y revelación especial.

Es decir, el mundo y la cultura dan cuenta de la existencia de una verdad que trasciende religiones y épocas. En la creación y en los emprendimientos humanos se refleja lo mismo que la Biblia nos comunica, en un lenguaje diferente.

Si no, ¿de dónde obtendríamos las nociones de libertad, justicia, paz, amor, orden, progreso, igualdad? O, en el terreno opuesto, ¿cómo entenderíamos el odio, la guerra, la opresión, la injusticia, la ignorancia y el terror? Sólo por mencionar algunas cosas.

En su breve discurso en el Areópago de Atenas, el apóstol Pablo cita la Cretica de Epiménides (“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”) y la Phaenomena de Arato (“Porque linaje suyo somos”). Ambos poetas griegos no eran hermanos en Cristo, permítanme que lo diga así para el entendimiento común.

Así de simple. En la inmensa expresión del quehacer humano hay verdad universal del mismo modo que hay muchas cosas que no lo son.

La crucial implicación de esto es que hay un puente real de comunicación con aquellos que no comparten la fe de los cristianos. Y podemos acudir a sus creaciones, a sus instituciones, a su literatura, a su arte y a su música para demostrarles en su mismo terreno que Dios tiene sentido y razón.

Expresamos aquí nuestra tristeza por la mayoría de los creyentes que no pueden ver esto y se atrincheran en sus doctrinas y versículos para comunicarse, sin éxito, con un mundo ansioso de realidad.

Bajar la velocidad

“Vivimos una época de patologías masivas, como las crisis de pánico, la depresión, la ansiedad, que no son patologías simplemente síquicas, sino de la relación comunicacional”.

(Franco Berardi, pensador italiano en entrevista al diario español El País)

“La intensificación infinita de la información repercute en las capacidades críticas de comprensión”, dice Berardi en otra parte de la entrevista. Este cúmulo abrumador termina afectando el cerebro, los nervios, la mente y las emociones.

La velocidad de la información nos expone a masas inmensas de datos que no podemos procesar completamente. Pero al mismo tiempo requiere de nosotros respuestas, como es el caso de los cientos de mensajes que recibimos.

Por un lado tenemos entonces la marea de textos, audios y videos. Por el otro, la exigencia de responder a estos estímulos.

Es inevitable: esta enorme presión comunicacional termina afectando nuestra capacidad de analizar e interpretar la realidad de una manera comprensiva. Este efecto se traslada a nuestra vida cotidiana y produce los efectos mencionados en la cita al inicio de esta nota.

Cada día aparecen nuevos estudios que dan cuenta de las transformaciones que las tecnologías de información están produciendo en nuestra forma de pensar y de encarar la realidad.

El conocimiento y el aprendizaje, el manejo del tiempo, el pensamiento crítico, las relaciones personales y el rendimiento laboral son algunas de las dimensiones afectadas por la nueva comunicación.

Es el vértigo de la nueva realidad. La velocidad nos está matando porque no estamos diseñados para correr todo el tiempo. Los períodos de intensidad deben ser sucedidos por momentos de repliegue.

En otras palabras, bajar la velocidad.

¿Cómo hacerlo? Este parece ser el misterio escondido desde que aparecieron los primeros teléfonos celulares con su sistema de SMS, porque han roto todas las barreras: el sonido, el tiempo, el espacio.

Tomemos dos datos: el hombre apareció en la tierra, digamos, hace unos cuarenta mil años. El primer celular fue lanzado al mercado en 1983.

Es decir, durante unos treinta y ocho mil años la gente pudo construir civilizaciones, arte, música, relaciones humanas productivas (al mismo tiempo, claro, guerras, incendios y contaminación).

El peso de esta evidencia dice que no moriremos instantáneamente si no podemos tener un teléfono celular a la mano. Que podríamos igual tener una vida más o menos plena.

Pero no exageremos: no hay necesidad de tirarlo. Simplemente, bajemos un poco la velocidad, usémoslo menos tiempo y mejoremos nuestra salud mental y la de los otros.

¿Cómo escucho a Dios?

Una historia del profeta Elías nos puede hacer pensar que podemos escuchar a Dios directamente, o que uno de Sus ángeles nos puede hablar. Pero la verdad, aunque antes, en la época de Moisés por ejemplo, nos hablaba de muchas maneras; ahora nos habla por medio de su Hijo, como Hebreos 1:1-2 dice: «Dios, que muchas veces y de distintas maneras habló en otros tiempos a nuestros padres por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y mediante el cual hizo el universo».

Evidentemente ya el concepto de encontrarnos con Jesús a muchos nos ha costado entenderlo, pero ayuda, porque hacer que Jesús sea una realidad central a la hora de escuchar a Dios; en lugar de pensar subjetivamente o hacernos impresiones que pueden ser solo imaginación, me parece a mí que es mejor.

Si leemos la Biblia y buscamos saber más acerca de Jesús, escuchamos las palabras que Él dijo y están registradas en las Escrituras, podremos saber qué es lo que Él quiere.

Buscar a Dios cuando debemos tomar decisiones importantes y consultar esas decisiones antes de tomarlas, es una excelente práctica.

Pablo escuchó a Dios con claridad, sin embargo habló claramente sobre la responsabilidad de los líderes para corregir a aquellos que estaban hablando cosas que no eran realmente profecías. Hay que examinar todo cuidadosamente cuando de profetizar se trate. Si lo que dicen es con arrogancia, causa divisiones o tiene algo que ver con avaricia o lujuria no es palabra de Dios. Si lo que dicen contradice de alguna manera lo que se dice en la Biblia, pues tampoco es de Dios esa palabra.

Hay que ser muy cuidadosos y discernir cuando alguien te dice que tiene palabra profética para ti. Pedirle a Dios protección y guía a diario es algo que forma parte de mi oración.

Pienso que para estar más cercanos a Dios y saber lo que Él quiere debemos estudiar la Biblia con pasión, con ahínco y con perseverancia.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Comunicación entre pareja: Qué hacer y qué no

Se dice mucho de la comunicación entre pareja. Para muchos, es un factor que determina la estabilidad de la relación. Pero para otros, la comunicación es el resultado de la conexión emocional que tienen ambas partes. Cualquiera sea el caso, es innegable el hecho que la comunicación es importante en cualquier relación humana, esto incluye a las relaciones amorosas. Si uno desde comunicarse efectivamente con su pareja debe tener presente lo siguiente:

Qué hacer

Calmarse

Dejarse llevar por las emociones del momento ha probado ser algo terrible. Cegados por la ira, muchos dicen palabras que luego se arrepienten o canalizan su cólera a través de la violencia física. Para evitar todo tipo de malas consecuencias, lo mejor es tomarse un tiempo para alejarse de la situación y calmarse. (Lee más en el artículo: Controla tu ira en 6 pasos) En las relaciones amorosas, es necesario que ambos estén tranquilos y calmados para que puedan dialogar sobre cualquier tema. De esta forma, la conversación no se volverá en una competencia de quién grita más.

Expresarse

Una cosa es calmarse, y otra muy diferente es no expresar los sentimientos. Hay personas que en lugar de decir qué les molesta, se quedan calladas y permiten que sus quejas colmen el vaso. Es decir, no se defienden ante las ofensas y no les dan importancia, hasta que un día no pueden más y sus emociones explosionan de manera negativa. Por tal motivo las parejas deben tener confianza para decirse aquello que sienten, pero con respeto y amor. La forma como se expresan a menudo tiene más impacto que lo que se dice en sí.

No salir a la defensiva

Una práctica muy recomendada por los expertos es cambiar las frases que las parejas se dicen. Por ejemplo, es común que cuando exista una queja o algo que hace la pareja y que al otro no le gusta, lo primero que diga es: “tú…” (“Tú nunca quieres hacer ejercicio”, “tú no eres cariñoso conmigo”, “tú siempre me criticas”, etc) Sin embargo, los estudiosos recomiendan empezar las oraciones por “yo…” o “nosotros…” (“yo estaría feliz si pudiera hacer ejercicios contigo“, “nosotros podríamos ser más cariñosos,”  “yo no me siento a gusto cuando me criticas”, etc). Esto ayuda a que la pareja entienda cómo se siente el otro y vea que no está siendo acusado.

Qué no hacer

Criticar

Cuando uno dice algo -por más que sea verdad- con un tono acusatorio o de crítica, jamás será bien aceptado por la otra persona. Por tal motivo es algo que definitivamente se debe evitar en la comunicación en pareja. Si hay un tema que necesita aclararse, lo mejor es pensar bien y elegir con cuidado lo que se va a decir. Además es importante cuidar el lenguaje corporal y el tono de voz.

Despreciar

El control de poder es uno de los detonantes de las discusiones, y despreciar es una forma de decir que uno tiene vale más que el otro. Despreciar incluye el uso de adjetivos calificativos despectivos, insultos, burla, muecas desagradables o hacer algo que al otro le disgusta a propósito.

Evadir

Esto implica poner muros para impedir la buena comunicación o rehusarse a conversar. Cuando uno de los dos necesita un tiempo para calmarse, es bueno que se lo diga el otro, en lugar de quedarse callado y negarse a hablar. Evadir los problemas es una bomba de tiempo que explosionará en el momento menos esperado; y por tal razón, es una práctica que no se debe hacer.

Salir a la defensiva

El primer impulso que tenemos cuando alguien nos ataca es defendernos; sin embargo, en las relaciones de pareja lo que hace es avivar la discusión. Proverbios 15:1 (NTV) dice: “La respuesta apacible desvía el enojo, pero las palabras ásperas encienden los ánimos”. Este versículo explica que de nuestra respuesta ante la crítica o la ofensa depende si una discusión se termina o agranda. Así que en lugar de salir a la defensiva es mejor utilizar palabras que devuelvan la conversación a un tono calmado.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Harris, V. (2012). 9 Important Communication Skills for Every Relationship [Pdf] (pp. 1-3). Gainesville: Family Youth and Community Sciences Department. Retrieved from https://ifas.ufl.edu/media/smartcouplesifasufledu/docs/pdfs/9-Important-Communication-Skills-for-Every-Relationship.pdf

Ruinas o fortaleza

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” Colosenses 4:6 (RVR 1960).

La buena comunicación es muy importante dentro el matrimonio y que se va desarrollando a través del tiempo. Pero cuando hay una falencia en ella esto puede causar serios problemas en la relación. Es importante que ambos utilicen palabras de afirmación constante y tengan la disposición de escuchar el uno al otro de manera efectiva. El genuino amor se expresa sin importar los defectos del otro y esto brinda seguridad en la pareja, para poder expresar lo que hay en el corazón, sin temor a ser juzgado. Cuando se crea un ambiente de seguridad, se pueden expresar libremente los sueños, las aspiraciones, opiniones y hasta los temores que alguien pudiera tener.

La comunicación en el matrimonio se construye de a dos, con paciencia, amor y hablando pero fundamentalmente escuchando con atención.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué tengo problemas de comunicación con mi pareja?

Los expertos en relaciones amorosas señalan que la comunicación efectiva es una de las claves para la estabilidad y durabilidad de una relación. Sin embargo, los reportes también señalan que la mala comunicación es una de las causales más comunes de divorcio y separación.

Estudiosos de la Universidad de Ilorin de Nigeria1 analizaron a 600 parejas para determinar cuáles son las causas más frecuentes por las cuales tenían discusiones. La investigación reveló que llegar tarde a casa regularmente, utilizar un áspero tono de voz durante una conversación y traer temas pasados a colación, son los detonantes más usuales de peleas. Por otra parte, según otro estudio, “el control y el poder están altamente asociados con los temas que las parejas discuten. De hecho, los problemas de control y de poder son la base de mayoría de conflictos.”2 Estas dos investigaciones ponen en evidencia que, al parecer, la comunicación en sí no es la raíz de los problemas, sino la falta de conexión.

Ph.D. Steven Stosny3 sostiene que cuando las parejas están conectadas, esto se refleja en su manera de comunicarse. Pero cuando están desconectadas, su comunicación es pobre y no hay ejercicio que solucione esto. “La comunicación en las relaciones amorosas es una función de la conexión emocional”, afirma Stosny. Esto quiere decir que cuando las personas no están conectadas emocionalmente, ninguna técnica resolverá sus problemas de comunicación. Lo que usualmente resulta de los intentos fallidos por comunicarse bien es ver quién manipula a quién, lo que no es lo que se busca con la comunicación.

Por lo tanto, para remediar el problema de comunicación con la pareja, Stosny recomienda que primero se resuelva la conexión emocional. Esto se logra al demostrar compasión y amor. Una buena forma de lograrlo es recordar qué es lo que aman de la otra persona. También ayudar que, en lugar de imponer sus propios puntos de vista, cada uno se tome el tiempo de preocuparse por los sentimientos del otro, intente ver las cosas a través de su perspectiva. Puede que esta no sea el remedio inmediato que se espera, pero con mucha paciencia y esfuerzo, la conexión emocional con la pareja puede reconstruirse, y por consiguiente, también la comunicación.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

1Esere, M., Yeyeodu, A., & Oladun, C. (2014). Obstacles and Suggested Solutions to Effective Communication in Marriage as Expressed by Married Adults in Kogi State, Nigeria. Procedia - Social And Behavioral Sciences, 114, 584-592. doi: 10.1016/j.sbspro.2013.12.751
2Harris, V. (2012). 9 Important Communication Skills for Every Relationship [Pdf] (pp. 1-3). Gainesville: Family Youth and Community Sciences Department. Recuperado el 27 de septiembre de 2018, de https://ifas.ufl.edu/media/smartcouplesifasufledu/docs/pdfs/9-Important-Communication-Skills-for-Every-Relationship.pdf
3Stosny, S. (2010). Marriage Problems: How Communication Techniques Can Make Them Worse. Recuperado el 27 de septiembre de 2018, de https://www.psychologytoday.com/us/blog/anger-in-the-age-entitlement/201002/marriage-problems-how-communication-techniques-can-make

Matrimonio perdurable

“Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti. Alégrate con la esposa de tu juventud.”  Proverbios 5:18-20 (NTV)

Cuando las discrepancias dentro del matrimonio aumentan día a día, y hasta se llega a pensar que se fue el amor y que no queda más remedio que la separación o el divorcio, es momento de hacer un alto y analizar cuidadosamente cómo fue que se llegó hasta ese punto.

¿Será que no hubo buena comunicación o que ninguno quiso ceder?

Sea cual sea el motivo, quiero decirte que la solución no es el divorcio, aunque muchas veces suele presentarse como la salida mas fácil, al menos en apariencia. Considera que en un divorcio, no sólo sufre la pareja sino también los hijos.

Te invito a cercarte al Señor, pide que te ayude a ver a tu cónyuge a través de Su mirada, marido ama a tu esposa, esposa sujétate a tu marido y juntos luchen por su matrimonio.

“Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” Efesios 5:24-25 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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