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Los miedos

“Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza.” (Salmos 56:3 NTV)

Todas las personas en algún momento de la vida atraviesan tiempos oscuros tiempos en los cuales se teme al fracaso, al futuro, a lo que dirá la gente, miedo a lo desconocido.

Algunos viven en un régimen de miedo, no saben si volverán con vida luego de cruzar el umbral de su casa para ir a la tienda o al trabajo, el peligro que inunda las calles produce miedo, el mismo que es un freno que impide el desarrollo personal y el saludable crecimiento de la sociedad.

 ¿Cómo vencer el miedo? La palabra de Dios dice: “Le pedí a Dios que me ayudara, y su respuesta fue positiva: ¡me libró del miedo que tenía!”(Salmos 34:4 TLA)

A partir de la comunión con Dios y la confianza en Su Palabra podremos vencer el temor; si temes a las personas recuerda lo que enseña la Biblia: “Si tienes miedo de la gente, tú mismo te tiendes una trampa; pero si confías en Dios estarás fuera de peligro.” (Proverbios 29:25 TLA)

Si experimentas dificultades que te dan miedo acércate al Señor con sinceridad, Él te protegerá, guiará tu caminar, te dará valor y fortaleza, recobrarás las ganas de vivir, de luchar, Él es un padre que no abandona a sus hijos, que los defiende.

“Así que pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes.”(1 Pedro 5:7 TLA)

Corre al refugio eterno que es Dios, debajo de sus alas estarás seguro.

Por Carlos E.  Encinas 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Distraído?

“Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa.” Gálatas 5:16 (NTV)

Satanás sabe que nada en este mundo puede darnos más gozo y paz que estar en la presencia del Señor, caminar bajo su protección, ser perdonados de todo pecado y tener la seguridad de que nuestro nombre esté escrito en el Libro de la Vida. Pero también sabe que a través de sus engaños él puede desviar a aquellos que no están firmes espiritualmente para alejarlos de los propósitos de Dios. No olvidemos que el diablo intentó distraer a Jesús de su propósito divino, y también lo hará con nosotros si se lo permitimos. ¿En qué ocupas más tú tiempo? Ten cuidado, ya que el enemigo hará todo lo que pueda para distraerte de la Palabra de Dios y de la oración. ¡No se lo permitas! Porque jamás habrá comunión entre los espiritual y lo carnal.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Aprendiendo de los errores

Creo que a lo largo de la vida nos topamos con diversas circunstancias, en las que cometemos errores, y lamentablemente nos cuesta identificar e incluso reconocer la falta realizada.

“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.” Salmos 19:12-13 (RVR1960).

En este Salmo el autor pide sabiamente a Dios que lo preserve de la soberbia, que tiene mucho que ver con no reconocer los propios errores.

A veces llevados por emociones o impulsos tomamos actitudes que no son correctas; es por ello que debemos estar en continua comunión con Dios, pues sólo con Su ayuda podremos ser íntegros y no caer en rebelión.

Acude a diario a los pies de Dios, examina tu vida y evalúa tu actuar, ¿realmente te estás esforzando por mejorar en las áreas que sabes que debes cambiar? ¿Estás agradando a Dios en cada área de tu vida?

No te desanimes si la respuesta es negativa, aún tienes la oportunidad de mejorar con la ayuda de Dios, afianza tu vida en la roca que es el Señor tu redentor.

“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” Salmos 19:14 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

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Reunirse

Propongamos una tesis de trabajo: que la palabra “congregarse” significa literalmente reunir juntos. Se comenta lo siguiente en el sitio de la organización Growth in God (Crecimiento en Dios) de Inglaterra:

“Eso está bien, pero no dice dónde ni cuándo. Para saber dónde, tenemos que recurrir a 2 Tesalonicenses 2:1: ‘Os rogamos, por la presencia de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él’. Aquí tenemos la misma palabra episynagoge, pero ¡esta vez sí se nos dice dónde! ¡Tenemos que reunirnos con él! Él es el lugar de reunión.”

Propongamos otra tesis: Que Jesús no construyó un edificio para reunirse con sus seguidores. Lo que tenía en mente no era un lugar sino un modo de reunión que era, me imagino, la comunidad, el amor, la comunión, la solidaridad, la ayuda mutua, el compartir comida, palabra y amistad.

Por fin, una tercera proposición: Que la intención del verso de Hebreos 10:25 no sea precisamente reunirse en un edificio sino ser una comunidad de amor. Y una cosa semejante puede ocurrir en cualquier lugar (¡incluso en un edificio!), con cualquier número de personas y cuya característica principal es precisamente ésa: comunidad en torno a Jesús.

No hay que pensar mucho para otorgar que eso puede ocurrir en cualquier lugar. Asimismo, se puede pensar que si no hay comunión con Jesús, donde sea que se junte la gente, no hay comunidad.

Una vez escuché a un querido amigo pastor decir en el mensaje del domingo a la mañana: “Sin iglesia no hay comunión.” Quise acercarme a él para decirle que quizá la proposición debería ser al revés: “Sin comunión no hay iglesia”. No lo hice porque en seguida pensé que este es un tema sensible para los pastores; a veces me da la impresión que suponen que si no hay edificio no es posible ser pastor.

Bueno, me parece que pueden pensar así. No estoy seguro porque no soy pastor y aparte los edificios hace tiempo dejaron de ser un tema para mí.

La cosa se complica cuando congregarse se asocia no solamente con el edificio sino con una estructura institucional. Sabemos que en muchas instituciones la cosa de la comunidad se ha ido diluyendo en la caldera de las actividades, el dinero, el poder y otros asuntos, de tal modo que el amor resulta ser nada más que un lindo tema para predicar el domingo a la noche.

Orando en todo tiempo

“orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;” Efesios 6:18 (RVR1960).

En este verso el apóstol Pablo instruye cómo debe desarrollarse la oración, la cual debe realizarse en todo tiempo y velando con perseverancia.

La oración es esencial, no solo para comunicarnos con el Señor sino también para enfrentar el día a día con seguridad, paz y fuerzas renovadas. ¿Cuántas veces despertaste por la mañana sintiéndote sin fuerza ni ánimo para comenzar el día?

Como hijos de Dios necesitamos estar conectados con la fuente de nuestra vida, tener comunión con Él nos hace ser mejores personas, nos ayuda a ver nuestras circunstancias de una manera diferente, nos alienta a seguir adelante con la confianza de saber que el Señor nos acompaña y guía.

En esta oportunidad, te animo a hacer de la oración un hábito en tu vida, no pierdas ocasión de hablar con tu Padre y Salvador, si son tiempos de calma, agradece y alaba; y si es un tiempo difícil, refúgiate en Él y también sé agradecido, porque en esos momentos el Señor es quien te sostiene.

Por Cesia Serna

 

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¡Un buen ayuno!

“Tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre, que está en lo oculto, y tu Padre que ve en lo oculto te dará tu recompensa.” Mateo 6:17-18 (DHH).

El ayuno consiste en privarse por algún tiempo de algo que nos gusta, para enfocarnos en la oración y en la búsqueda de la presencia de Dios. Generalmente se lo asocia con no comer, pero también en este tiempo se ve mucho los ayunos tecnológicos, que consisten en privarse de ver televisión o de pasar tiempo en redes sociales. El ayuno no debe ser una carga para nosotros, ni debemos pregonar que estamos ayunando. Por el contrario debemos disfrutar ese tiempo para tener una comunión profunda con Dios con una actitud humilde y gozosa. Sin embargo la oración y la lectura bíblica deben estar ligadas al ayuno de manera que nuestros corazones sean más parecidos al del Señor y Él que nos observa sabrá como recompensarnos conforme a su buena voluntad.

¿Cuándo ayunas te gozas o te afliges?

Por Giovana Aleman

 

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¡Dile no a las distracciones!

“Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa.”  Gálatas 5:16 (NTV)

Satanás sabe que nada en este mundo puede darnos más gozo y paz que estar en la presencia del Señor, caminar bajo su protección, ser perdonados de todo pecado y tener la seguridad de que nuestro nombre esté escrito en el Libro de la Vida. Pero también sabe que a través de sus engaños él puede desviar a aquellos que no están firmes espiritualmente para alejarlos de los propósitos de Dios.

No olvidemos que el diablo intentó distraer a Jesús de su propósito divino, y también lo hará con nosotros si se lo permitimos. ¿En qué ocupas más tú tiempo? Ten cuidado, ya que el enemigo hará todo lo que pueda para distraerte de la Palabra de Dios y de la oración. ¡No se lo permitas! Porque jamás habrá comunión entre los espiritual y lo carnal.

Por Ruth Mamani

 

 

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Obedece sus instrucciones

“Y ahora, queridos hijos, permanezcan en comunión con Cristo para que, cuando él regrese, estén llenos de valor y no se alejen de él avergonzados.” 1 Juan 2:28 (NTV)

Antes de que la tierra fuera destruida por el diluvio, Dios vio que todas las personas se habían corrompido, excepto uno, Noé, quién era un hombre justo, intachable y que siempre estuvo en comunión con el Señor.

Entonces Dios le dijo a Noé: “He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera…” Génesis 6:13-14.

Antes de que Sodoma y Gomorra fueran destruidas, Dios vio que el pecado de las personas en estas ciudades era mucho. Pero Lot halló gracia y misericordia ante el Señor.

Los ángeles le dijeron a Lot: ¿Tienes otros familiares en esta ciudad? Sácalos de aquí. “Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.” Génesis 19:13.

Algo que Noé y Lot nos enseñan es que la obediencia a la palabra de Dios es fundamental para que seamos salvos. La pregunta es: ¿Estamos escuchando las instrucciones de Dios y siendo obedientes?

Antes de que la tierra sufra los siete años de tribulación, el Señor salvará a sus hijos y los llevará a Su presencia, así como salvó a Noé y Lot en aquel tiempo. La Biblia dice que llegará el día en el que el Señor destruirá la tierra y donde todas aquellas personas que no obedecieron serán castigadas eternamente. Y Jesús no quiere eso para ti y  tu familia.

Dios te ama tanto que su anhelo y deseo es que seas salvo. Pero para ello debes seguir sus instrucciones y obedecerlo. Dios habló a Noé y le dijo cómo él y su familia podían salvarse. Lo mismo pasó con Lot, el Señor envió ángeles para decirle cómo podían ser salvos y escapar de la destrucción. Ambos (Noé y Lot) hicieron exactamente lo que el Señor les había ordenado y fueron salvos.

No dejes de leer la Biblia y obedecer las instrucciones de Dios. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará.”

 

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Como la vid

Era la última noche que Jesús pasaba con sus discípulos, por ello quiso impartirles la última enseñanza, sabiendo que su tiempo en la tierra se acortaba.

Comenzó diciéndoles…

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía.  Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.  Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.” Juan 15:1-5 (NVI).

¡Qué gran privilegio y, a la vez, tremendo desafío que Jesús nos deja al compararnos con las ramas de la vid! Lógicamente el pámpano sin la vid no tiene vida, por ello como creyentes somos llamados a no separarnos de Su presencia, porque si estamos unidos a Jesús, nuestros pensamientos serán como los suyos, nuestras palabras y actos llevarán el sello de su presencia. ¿No es este el deseo de todo verdadero cristiano?

Quizá se haga fácil permanecer a su lado cuando las cosas marchan bien, pero ¿cuál es tu actitud cuando todo parece ir en tu contra?  ¿Aún permaneces en la vid?

Dios es tan bueno que a pesar de nuestra lejanía en momentos de desesperación, Él desea ser nuestro amigo más íntimo, porque cuando le abrimos nuestro corazón, Él nos hace ver nuestros errores, incluso las malas motivaciones que podríamos tener en alguna situación; nos consuela en medio de nuestras tribulaciones, se regocija de nuestras grandes victorias sobre el pecado y recibe con agrado nuestras expresiones de gratitud y alabanza.

Todo esto es parte del “permanecer unidos” a Cristo ¿Te gustaría asumir este reto?

Te animo a que cada día puedas tomar la decisión de poner a los pies de Jesús todo lo que te suceda, con la confianza de que Él puede y desea proveer para cada una de tus necesidades,  ayudarte a discernir lo bueno y lo malo para que en ti puedas llevar todo buen fruto que proviene del permanecer en comunión con Cristo.

¡Deja atrás la autosuficiencia y únete a Cristo, porque separado de Él nada puedes hacer!

Por Ruth Mamani

 

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La senda

Cuentan que en África, un pequeño grupo de creyentes acordó reunirse en un claro del bosque cada día a la salida del sol, antes de dedicarse a sus tareas, para orar unidos al Señor. Sucedió que, por el mucho ir todos por el mismo lugar, la hierba dejó de crecer y se formó una senda.

Pero el diablo que no duerme hizo que la buena costumbre declinara al correr de los meses y la congregación vino a perder poder. En la senda volvió a crecer la hierba…

En la Biblia encontraremos versículos que nos exhortan a vivir una vida de comunión con Dios. Por ejemplo en Efesios 6:18 dice: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (RVR1960) y en Hebreos 10: 25 habla acerca de congregarnos: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. (RVR1960)

Todos los consejos, las exhortaciones y los mandamientos  que encontramos en la Palabra de Dios, no están por casualidad, sino que nos ayudan a vivir en mayor comunión con Él, lo que nos fortalece, nos llenan de sabiduría y nos lleva a disfrutar de las bendiciones que nuestro Padre tiene para nosotros.

El problema está cuando nos sentimos tan confiados que dejamos de leer la Biblia, de orar, de congregarnos, pensando que ya superamos todos nuestros problemas, que somos tan fuertes que ya no volveremos a caer en esa adicción, a ceder ante una tentación,  que nuestra familia no será tocada, que como ya Dios nos sanó somos invencibles, que nunca más tendremos  problemas económicos, etc.

Si bien es cierto que tenemos un Dios poderoso, cuya bendición trae paz y gozo, no debemos descuidar nuestra relación con Él y no porque sea un Dios vengador que si dejas de buscarlo te castiga, sino porque es la comunión con Él la que nos trae su paz y bendición, la que nos permite conocerlo y saber los planes que tiene para nuestras vidas.

No permitas que los afanes de la vida te roben tiempo con tu creador. Si las cosas van bien ora y si van mal ora aún más como dice Efesios 6:18: “orando en todo tiempo…” No permitas que vuelva a crecer hierba en medio de tu relación con Dios, que esa senda por la que transitas diariamente permanezca libre de cualquier cosa que te aleje de tu Padre.

 

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¿Escuchas la voz de Dios o la de otros?

Siendo alguien que pasa la mayor parte de su día sentada, he leído muchos artículos que hablan de los peligros que esto trae consigo. Algunos especialistas recomiendan cosas prácticas como por ejemplo, caminar a cada cierto tiempo y ejercitar los músculos de las piernas. Otros afirman que tener un escritorio para trabajar de pie es la mejor solución. Sin embargo, encontré un artículo que sostiene que trabajar de pie por mucho tiempo incrementa el riesgo de contraer alguna enfermedad cardíaca, produce dolor muscular e incluso deteriora el estado mental. Encontrar dos posiciones tan diferentes con respecto a un mismo tema causa confusión. Entonces, ¿se debe trabajar de pie o sentado?

En la vida sucede lo mismo, escuchamos diferentes voces que nos dicen que debemos hacer una u otra cosa, que debemos ir por un camino o el otro. A algunas voces les subimos el volumen y por lo tanto, las escuchamos más y ponemos en práctica lo que nos dicen. A veces no se trata de descubrir cuál de todas esas voces tiene la razón, sino de cuál creemos que se ajusta más a nuestros intereses y nos dice lo que queremos escuchar.

La cuestión es que Dios no se acomoda a nuestros deseos, sino que nos indica cuál es el mejor camino a seguir; y tal vez sea por eso que su voz es la última que escuchamos. Lo correcto no es fácil de hacer y a veces no es agradable; sin embargo, es lo que tiene mejores consecuencias.

 

 

Originalmente publicado en: https://wp.me/p9gNWh-4W

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Imita a tu Creador

“Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios.” Efesios 5:1-2. (NTV)

Es muy común que los hijos imiten a sus padres en todo: sus gestos, su tono de voz, forma de vestir, costumbres y hasta en sus comidas favoritas. Esto es un proceso lógico, porque cuando pasamos tiempo con alguien empezamos a copiar y parecernos más a esa persona. ¿No te ha pasado?

La Biblia nos dice que somos hijos de Dios, por lo tanto debemos tratar de ser como él. Pero, ¿realmente lo tomamos como ejemplo e imitamos? ¿Conocemos a Dios? ¿Sabemos cómo actúa frente a situaciones específicas?

“Podemos estar seguros de que conocemos a Dios si obedecemos sus mandamientos. Si alguien afirma: «Yo conozco a Dios», pero no obedece los mandamientos de Dios, es un mentiroso y no vive en la verdad; pero los que obedecen la palabra de Dios demuestran verdaderamente cuánto lo aman. Así es como sabemos que vivimos en él. Los que dicen que viven en Dios deben vivir como Jesús vivió.” 1 Juan 2:3-6. (NTV)

Para parecernos a Dios es necesario conocerlo y pasar tiempos con Él. ¿Cómo logramos eso? sólo por medio de la oración y la lectura de la Biblia.

Si iniciamos una relación de comunión con Dios y hacemos todo lo posible por estar con Él, tendremos su mismo carácter, amor, misericordia, compasión y sobre todo la sabiduría que necesitamos para enfrentar las diferentes dificultades de la vida.

Que a partir de hoy tu prioridad sea conocer a Dios y tratar de ser como Él. Ama a todos los que te rodean y no dejes que nada te impida hacerlo. Recuerda que, “Dios nos amó primero” (1 Juan 4:19) y su deseo es que hagamos lo mismo. “Les doy este mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros.” Juan 13:34. (DHH)

Oremos:

“Dios amado, quiero conocerte más y vivir lleno de tu presencia. Quiero amar a mi prójimo como tú me amas, ayudar como tú me ayudas y ser paciente como tú lo eres. Pero sobre todo ser alguien que imite tu carácter y actitud en todo tiempo. En el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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