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¡Un buen ayuno!

“Tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien, para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre, que está en lo oculto, y tu Padre que ve en lo oculto te dará tu recompensa.” Mateo 6:17-18 (DHH).

El ayuno consiste en privarse por algún tiempo de algo que nos gusta, para enfocarnos en la oración y en la búsqueda de la presencia de Dios. Generalmente se lo asocia con no comer, pero también en este tiempo se ve mucho los ayunos tecnológicos, que consisten en privarse de ver televisión o de pasar tiempo en redes sociales. El ayuno no debe ser una carga para nosotros, ni debemos pregonar que estamos ayunando. Por el contrario debemos disfrutar ese tiempo para tener una comunión profunda con Dios con una actitud humilde y gozosa. Sin embargo la oración y la lectura bíblica deben estar ligadas al ayuno de manera que nuestros corazones sean más parecidos al del Señor y Él que nos observa sabrá como recompensarnos conforme a su buena voluntad.

¿Cuándo ayunas te gozas o te afliges?

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Dile no a las distracciones!

“Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa.”  Gálatas 5:16 (NTV)

Satanás sabe que nada en este mundo puede darnos más gozo y paz que estar en la presencia del Señor, caminar bajo su protección, ser perdonados de todo pecado y tener la seguridad de que nuestro nombre esté escrito en el Libro de la Vida. Pero también sabe que a través de sus engaños él puede desviar a aquellos que no están firmes espiritualmente para alejarlos de los propósitos de Dios.

No olvidemos que el diablo intentó distraer a Jesús de su propósito divino, y también lo hará con nosotros si se lo permitimos. ¿En qué ocupas más tú tiempo? Ten cuidado, ya que el enemigo hará todo lo que pueda para distraerte de la Palabra de Dios y de la oración. ¡No se lo permitas! Porque jamás habrá comunión entre los espiritual y lo carnal.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Obedece sus instrucciones

“Y ahora, queridos hijos, permanezcan en comunión con Cristo para que, cuando él regrese, estén llenos de valor y no se alejen de él avergonzados.” 1 Juan 2:28 (NTV)

Antes de que la tierra fuera destruida por el diluvio, Dios vio que todas las personas se habían corrompido, excepto uno, Noé, quién era un hombre justo, intachable y que siempre estuvo en comunión con el Señor.

Entonces Dios le dijo a Noé: “He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera…” Génesis 6:13-14.

Antes de que Sodoma y Gomorra fueran destruidas, Dios vio que el pecado de las personas en estas ciudades era mucho. Pero Lot halló gracia y misericordia ante el Señor.

Los ángeles le dijeron a Lot: ¿Tienes otros familiares en esta ciudad? Sácalos de aquí. “Porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.” Génesis 19:13.

Algo que Noé y Lot nos enseñan es que la obediencia a la palabra de Dios es fundamental para que seamos salvos. La pregunta es: ¿Estamos escuchando las instrucciones de Dios y siendo obedientes?

Antes de que la tierra sufra los siete años de tribulación, el Señor salvará a sus hijos y los llevará a Su presencia, así como salvó a Noé y Lot en aquel tiempo. La Biblia dice que llegará el día en el que el Señor destruirá la tierra y donde todas aquellas personas que no obedecieron serán castigadas eternamente. Y Jesús no quiere eso para ti y  tu familia.

Dios te ama tanto que su anhelo y deseo es que seas salvo. Pero para ello debes seguir sus instrucciones y obedecerlo. Dios habló a Noé y le dijo cómo él y su familia podían salvarse. Lo mismo pasó con Lot, el Señor envió ángeles para decirle cómo podían ser salvos y escapar de la destrucción. Ambos (Noé y Lot) hicieron exactamente lo que el Señor les había ordenado y fueron salvos.

No dejes de leer la Biblia y obedecer las instrucciones de Dios. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará.”

 

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Como la vid

Era la última noche que Jesús pasaba con sus discípulos, por ello quiso impartirles la última enseñanza, sabiendo que su tiempo en la tierra se acortaba.

Comenzó diciéndoles…

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía.  Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.  Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.” Juan 15:1-5 (NVI).

¡Qué gran privilegio y, a la vez, tremendo desafío que Jesús nos deja al compararnos con las ramas de la vid! Lógicamente el pámpano sin la vid no tiene vida, por ello como creyentes somos llamados a no separarnos de Su presencia, porque si estamos unidos a Jesús, nuestros pensamientos serán como los suyos, nuestras palabras y actos llevarán el sello de su presencia. ¿No es este el deseo de todo verdadero cristiano?

Quizá se haga fácil permanecer a su lado cuando las cosas marchan bien, pero ¿cuál es tu actitud cuando todo parece ir en tu contra?  ¿Aún permaneces en la vid?

Dios es tan bueno que a pesar de nuestra lejanía en momentos de desesperación, Él desea ser nuestro amigo más íntimo, porque cuando le abrimos nuestro corazón, Él nos hace ver nuestros errores, incluso las malas motivaciones que podríamos tener en alguna situación; nos consuela en medio de nuestras tribulaciones, se regocija de nuestras grandes victorias sobre el pecado y recibe con agrado nuestras expresiones de gratitud y alabanza.

Todo esto es parte del “permanecer unidos” a Cristo ¿Te gustaría asumir este reto?

Te animo a que cada día puedas tomar la decisión de poner a los pies de Jesús todo lo que te suceda, con la confianza de que Él puede y desea proveer para cada una de tus necesidades,  ayudarte a discernir lo bueno y lo malo para que en ti puedas llevar todo buen fruto que proviene del permanecer en comunión con Cristo.

¡Deja atrás la autosuficiencia y únete a Cristo, porque separado de Él nada puedes hacer!

Por Ruth Mamani

 

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La senda

Cuentan que en África, un pequeño grupo de creyentes acordó reunirse en un claro del bosque cada día a la salida del sol, antes de dedicarse a sus tareas, para orar unidos al Señor. Sucedió que, por el mucho ir todos por el mismo lugar, la hierba dejó de crecer y se formó una senda.

Pero el diablo que no duerme hizo que la buena costumbre declinara al correr de los meses y la congregación vino a perder poder. En la senda volvió a crecer la hierba…

En la Biblia encontraremos versículos que nos exhortan a vivir una vida de comunión con Dios. Por ejemplo en Efesios 6:18 dice: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (RVR1960) y en Hebreos 10: 25 habla acerca de congregarnos: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. (RVR1960)

Todos los consejos, las exhortaciones y los mandamientos  que encontramos en la Palabra de Dios, no están por casualidad, sino que nos ayudan a vivir en mayor comunión con Él, lo que nos fortalece, nos llenan de sabiduría y nos lleva a disfrutar de las bendiciones que nuestro Padre tiene para nosotros.

El problema está cuando nos sentimos tan confiados que dejamos de leer la Biblia, de orar, de congregarnos, pensando que ya superamos todos nuestros problemas, que somos tan fuertes que ya no volveremos a caer en esa adicción, a ceder ante una tentación,  que nuestra familia no será tocada, que como ya Dios nos sanó somos invencibles, que nunca más tendremos  problemas económicos, etc.

Si bien es cierto que tenemos un Dios poderoso, cuya bendición trae paz y gozo, no debemos descuidar nuestra relación con Él y no porque sea un Dios vengador que si dejas de buscarlo te castiga, sino porque es la comunión con Él la que nos trae su paz y bendición, la que nos permite conocerlo y saber los planes que tiene para nuestras vidas.

No permitas que los afanes de la vida te roben tiempo con tu creador. Si las cosas van bien ora y si van mal ora aún más como dice Efesios 6:18: “orando en todo tiempo…” No permitas que vuelva a crecer hierba en medio de tu relación con Dios, que esa senda por la que transitas diariamente permanezca libre de cualquier cosa que te aleje de tu Padre.

 

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Imita a tu Creador

“Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios.” Efesios 5:1-2. (NTV)

Es muy común que los hijos imiten a sus padres en todo: sus gestos, su tono de voz, forma de vestir, costumbres y hasta en sus comidas favoritas. Esto es un proceso lógico, porque cuando pasamos tiempo con alguien empezamos a copiar y parecernos más a esa persona. ¿No te ha pasado?

La Biblia nos dice que somos hijos de Dios, por lo tanto debemos tratar de ser como él. Pero, ¿realmente lo tomamos como ejemplo e imitamos? ¿Conocemos a Dios? ¿Sabemos cómo actúa frente a situaciones específicas?

“Podemos estar seguros de que conocemos a Dios si obedecemos sus mandamientos. Si alguien afirma: «Yo conozco a Dios», pero no obedece los mandamientos de Dios, es un mentiroso y no vive en la verdad; pero los que obedecen la palabra de Dios demuestran verdaderamente cuánto lo aman. Así es como sabemos que vivimos en él. Los que dicen que viven en Dios deben vivir como Jesús vivió.” 1 Juan 2:3-6. (NTV)

Para parecernos a Dios es necesario conocerlo y pasar tiempos con Él. ¿Cómo logramos eso? sólo por medio de la oración y la lectura de la Biblia.

Si iniciamos una relación de comunión con Dios y hacemos todo lo posible por estar con Él, tendremos su mismo carácter, amor, misericordia, compasión y sobre todo la sabiduría que necesitamos para enfrentar las diferentes dificultades de la vida.

Que a partir de hoy tu prioridad sea conocer a Dios y tratar de ser como Él. Ama a todos los que te rodean y no dejes que nada te impida hacerlo. Recuerda que, “Dios nos amó primero” (1 Juan 4:19) y su deseo es que hagamos lo mismo. “Les doy este mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros.” Juan 13:34. (DHH)

Oremos:

“Dios amado, quiero conocerte más y vivir lleno de tu presencia. Quiero amar a mi prójimo como tú me amas, ayudar como tú me ayudas y ser paciente como tú lo eres. Pero sobre todo ser alguien que imite tu carácter y actitud en todo tiempo. En el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Iglesia

“Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Esta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.” Efesios 1:22-23 (NVI)

La iglesia como tal, es la congregación de personas que tienen como cabeza a Cristo, hombres y mujeres que tienen una relación personal con Él, que siguen Su ejemplo y buscan crecer en su fe día a día.
Como miembros de la iglesia es importante que nos integremos a través de la comunión con los hermanos, y también que busquemos servir a Dios con excelencia, de esta forma podremos cumplir con la función que cada uno tenemos al ser parte de este cuerpo.

Por Cesia Serna

 

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Cocina

Pongo a hervir dos simpáticas tazas de agua. Mientras tanto, corto unos pequeños cuadraditos de zanahoria y cebolla. Luego unas finas líneas de pimiento rojo y dispongo dos rotundos ajos pisados con el canto del cuchillo de cocina. En una sartén dejo caer elegantemente un poco de aceite y espero hasta que se adelgace con el calor. Pongo todo a freír rápidamente con una taza de arroz blanco. Después de un minuto, agrego las dos tazas de agua hervida y dejo la pequeña olla a fuego lento. Un toque minúsculo de orégano y un suspiro de aliño completo. Una discreta cucharada de sal fina. Por qué no, dos o tres lágrimas de salsa de soya. En veinte minutos está listo el arroz graneado al que vamos a querer acompañar con una luminosa ensalada verde y un jugoso y delgado bistec.
Agregarle al trámite de la comida el arte de la cocina hecha con cariño. Otorgarle al apetito un toque de imaginación. Celebrar las ganas de comer invitando a los sentidos a probar el descubrimiento de algo nuevo. Porque la vida es más que la comida hay que rendirle el honor culinario que le corresponde.
Cocinar. Terapia doméstica que suaviza la punzante materia del dolor y atenúa el peso constante de la soledad. Didáctica de la paciencia. Armonía de los ingredientes. Conjunción intencionada de sabores, colores y texturas. Artística administración de la medida justa de esto y aquello. Ocupación reparadora para la mente agotada con tantos asuntos importantes.
Pollo a la campesina o arvejado con arroz. Chacarero al plato o en marraqueta. Spaghettis con salsa boloñesa (con el “secreto” de la Cristina). Cazuela de ave con cilantro picado. Sopa de verduras. Ensalada jardinera de verdes, rojos y amarillos. Invenciones de antaño que reviven en los minúsculos espacios de mi cocina cuando tengo visitas o cuando se me da la gana. Aunque debo admitir que cuando estoy solo, no me vienen tantas ganas…
Por cierto, la comida tiene la función primaria de nutrir y sostener el cuerpo. Pero, cumplida ésta, otorga a la vida el espacio para la comunión, para la charla, para la confidencia. Decían los antiguos: “Hay sal entre nosotros”, queriendo significar con esto que cuando dos personas habían comido juntas, sus vidas estaban ligadas de un modo indefinible pero muy real. No sé si esto siempre es así, pero qué difícil es esquivar el atractivo de una mesa bien dispuesta…

¿Actitud o Servicio?

Marta y María eran dos hermanas muy diferentes. La primera era tranquila y observadora, pero la segunda era más dominante y activa.

Un día, Jesús fue a su casa, Marta quiso darle la mejor atención a su maestro por lo que fue a la cocina y se puso a trabajar; mientras  que María pensó que sería una gran oportunidad para sentarse a los pies de Jesús y escucharle hablar. Como Marta estaba sola en la cocina, cansada al no poder terminar sus quehaceres, empezó a murmurar. Lo que en un principio le pareció un servicio, al final terminó siendo una carga y se frustró mucho porque María no la estaba ayudando, tanto  que incluso intentó decirle a Jesús lo que tenía que hacer: “…Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude! (Lucas 10:40).

La preocupación te hace olvidar de lo que realmente importa. Fíjate en estas tres cosas:

– Marta Recibió a Jesús en su casa, pero María buscaba su cercanía.

– Marta se ocupaba de muchos quehaceres que la llevaron a afanarse, pero María escuchaba la voz de Jesús.

– Marta se frustró con lo que hacía y terminó enojándose, pero María disfrutaba la presencia de Jesús en su casa.

¿Con cuál de las dos te identificas?

A veces nos gusta llenar nuestro tiempo con muchos quehaceres, al igual que Marta, y ofrecemos a Dios actividad en lugar de adoración y no nos damos cuenta que al mantenernos tan ocupados no tenemos el tiempo necesario para escuchar lo que Él quiere decirnos.

Es verdad que hay mucho por hacer en el ministerio, pero ante todo: ¡Dios valora tu actitud más que tu servicio!

Si hasta el día de hoy creíste que servir a Dios tiene más importancia que escuchar su voz, déjame decirte que estás en un  error, porque lo que Jesús quiere contigo es una relación.

Es necesario mantener un equilibrio, entre buscar a Jesús, adorarlo con todo el corazón y cumplir con nuestro servicio.

¡No descuides tu comunión con Dios por prestar más atención a su servicio!

«Yo, el SEÑOR, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras». Jeremías  17:10 (NVI)

Por Ruth Mamani.

 

 

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No se preocupen por nada

¿Por qué vivimos preocupados si tenemos un Dios Todopoderoso? Sencillamente porque no lo conocemos en su totalidad  y nuestra relación de comunión con Él es inconstante. Vivir preocupado es dejar de creer en los planes de Dios y sus promesas.

En nuestra vida diaria nos preocupamos tanto por nuestros problemas y necesidades básicas, que terminamos perdiendo la salud de nuestro cuerpo y la vida misma porque, sin darnos cuenta, nuestras preocupaciones han ocupado el primer lugar que le pertenece a Dios y nos hemos olvidado de buscarlo.

En Lucas 12:22-31. Jesús dice: “no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento para comer o suficiente ropa para vestirse. Pues la vida es más que la comida, y el cuerpo es más que la ropa. Miren los cuervos. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque Dios los alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? Miren cómo crecen los lirios. No trabajan ni cosen su ropa; sin embargo, ni Salomón con toda su gloria se vistió tan hermoso como ellos. Y, si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores que hoy están y mañana se echan al fuego, tengan por seguro que cuidará de ustedes. ¿Por qué tienen tan poca fe? No se inquieten por lo que van a comer o lo que van a beber. No se preocupen por esas cosas. Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos en todo el mundo, pero su Padre ya conoce sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás, y él les dará todo lo que necesiten.

Si Dios alimenta y da refugio a las aves, ¿Cuánto más a nosotros? Si Él es quien nos dice, no te preocupes por nada, búscame, dime lo que necesitas; ¿Por qué no podemos confiar en ÉL?

“Benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.” Jeremías 17:7.

No olvidemos que Dios tiene control absoluto de todas las cosas y que siempre está dispuesto a ayudarnos. Si hemos dejado de confiar en ÉL y nos hemos preocupado más por nuestras necesidades, hoy es un buen día para entregarle a Dios todas nuestras angustias y preocupaciones.

La palabra de Dios dice: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7

Oremos:

“Señor, gracias por tu palabra y por orientarme. Me acerco a ti porque te necesito, he estado muy afanado en otras cosas y he dejado de buscarte. Por favor, ten misericordia de mí y ayúdame a partir de hoy a buscarte primero. Te entrego mis problemas, preocupaciones y angustias. Deposito toda mi confianza en ti porque sé que Tú tienes el poder para transformar toda situación para gloria y alabanza de tu nombre, gracias porque prometes cuidarme. Amén”

 

 

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¡Déjalo Atrás!

“Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana tendrá su afán. Basta a cada día su propio mal” Mateo 26:34

Hay decisiones que tomamos en el pasado que posiblemente estén perjudicando nuestro presente por sus repercusiones, pero son simplemente las consecuencias que con la ayuda de Dios tenemos que vencer. Pero, ¿Qué pasa cuando las situaciones que vivimos en el pasado están destruyendo nuestro presente?

Si hasta el día de hoy en vez de olvidar el pasado, vives recordándolo todo el tiempo y esos pensamientos lo único que han hecho es afectar tu vida en el presente, quiero decirte que no puedes pasarte la vida llorando y culpándote de tus decisiones, la voluntad de Dios no es que te martirices por no haber hecho lo correcto en el momento apropiado.

No eres el único que ha tomado malas decisiones, yo también lo hice  y podemos ver muchos personajes en la Biblia que tuvieron que sufrir las consecuencias de sus errores.

Entre ellos a un David que después de ser un adúltero y asesino, también tuvo que pasar por el proceso de Dios en su vida y olvidar su pasado para luego llegar a ser un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22).

Un Pablo, anteriormente llamado Saulo de Tarso, que perseguía a los cristianos para matarlos y después de tener un encuentro genuino con Jesús su vida no volvió a ser la misma, a tal punto de que hoy en día es un verdadero ejemplo para nosotros y podemos leer algunas de las cartas que escribió y que  se encuentran en las Sagradas Escrituras. (Efesios 4:1).

Si fallaste, es momento de levantarte, no hay pecado que Dios no pueda perdonarte, nosotros los humanos categorizamos el pecado pensando que una mentirita no es un pecado muy grave, por otro lado creemos que cometer un asalto o alguna agresión física son pecados demasiado graves y que son difíciles de perdonar.

No sé cuántos errores cometiste en tu pasado y tal vez  hay una infinidad de pensamientos que a lo mejor están atacándote para no permitirte ser feliz en el presente, pero en medio de toda situación que te desanime tienes que tener la firme convicción de que Dios está contigo y si Él está contigo, ¿Quién contra ti?, además Él ya pagó la deuda por ti y si Dios está en tu vida eres libre, recuerda que donde está el Espíritu de Dios ahí hay libertad.

Es necesario que mantengas tu comunión con Dios para que sientas su protección de los malos pensamientos, no olvides que Dios ya te perdonó y te hizo una nueva criatura, es hora de tomar para ti esas palabras y vivirlas, no importa lo que te sucedió en el pasado. ¡Eres libre!

No temas soltar y alejarte de aquello con lo que Dios ya ha terminado ¡Él tiene cosas nuevas y maravillosas para ti!

Por Ruth Mamani

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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