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¿En busca de dirección?

A lo largo de nuestra vida debemos tomar decisiones en diferentes áreas, concordarán conmigo que algunas suelen ser más sencillas de tomar que otras. No obstante, no dejan de ser importantes, por lo que es preciso pedir siempre dirección a Dios.


A través de las Escrituras el Señor nos da a conocer que está presto a enseñarnos y a dirigirnos por el camino que debemos seguir, Él nunca nos rechazará ni negará Su ayuda, sino al contrario, de varias maneras nos muestra que quiere lo mejor para cada uno; pero de nosotros depende acudir a Él y dejarnos guiar.


“Así ha dicho Jehová, tu Redentor, el Santo de Israel: Yo soy Jehová tu Dios, que te enseña para provecho tuyo, que te encamina por el camino que debes seguir.” Isaías 48:17 (RVR1977).


Si estás en un momento decisivo de tu vida, donde lo que determines tendrá una repercusión directa en tu futuro, no te aventures solo, busca dirección de Dios en oración y estudiando Su Palabra.


“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Josué 1:8 (RVR1960).


Cuando nos llenamos de la Palabra de Dios somos capaces de ver nuestra situación de una manera diferente a la que estamos acostumbrados, tomamos conciencia de que no somos seres independientes sino que nuestra vida está sujeta a Dios por amor. Y es precisamente por esa sujeción que incluir a Dios en cada decisión se vuelve normal e imprescindible.

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Flashback

(Flashback: Verónica Rojas explica en el sitio Aloha Criticón que es una técnica narrativa que retrotrae la narración temporal a un acontecimiento pasado, casi siempre con la intención de situarse en algo importante para la configuración del presente del personaje o situación desarrollada).

Una vez escribí las palabras que transcribo abajo, fragmento de muchos otros enervantes murmullos que pululaban por mi cabeza por aquellos días. Vivía entonces en una cabaña. A veces se aparece en mis sueños y me embarga una nostalgia terrible. Un día tuve que abandonarla y relaté así ese trágico episodio:

“Una noche de mayo el cielo se vino abajo y por todas partes llovió el desastre, la tormenta brutal. Hubo goteras inmensas en medio de la sala y el corazón se anegó en estúpidas lágrimas. Es peligroso ser pobre y viejo.”

Somero resumen: mi cuarto estudio mínima biblioteca ropero cama baja bastante menor y silencio. Cuarto, pasillo, cocina, patio.

Tengo que caminar. La hora pasa y no consigo el pensamiento que amaina el desasosiego. De pronto, una pequeña luz, una idea que es apenas un susurro en esta quietud que me ensordece. A veces, es una imagen de los años que pasaron por el patio trasero y que no alcancé a atrapar.

Un rostro, un aroma de pan caliente, un café con medialunas, un perfume de mujer, un inolvidable perfume de mujer…

Una montaña estallada de helechos entre la neblina de las alturas. El mar, esa bestia incansable que me besa los pies pretendiéndose vencida; otras, un diálogo sin palabras, una mínima plegaria que sólo espera ser oída – es tan simple…

A veces, la frase de una canción, un poema de Neruda, unas líneas de Pescetti, un fragmento de Balzac, un episodio de la vida de Mandela.

Y entonces, tenue, sin prisa, el sueño viene a aplacar esta otra tormenta que soy yo.

Así elaboro este aprendizaje, así aprendo en esta escuela que me acerca a los que siguen buscando, a los que no se conforman con siete doctrinas y cinco libritos que les resuelven la vida.

Porque es voluntario este ensayo de soledad, este exilio de comuniones y hermandades complacientes. Hay intención en esta nota al margen que soy ahora.

Me quiero lejos de las atosigantes victorias y de las cifras del éxito. Me quiero a salvo de las frases hechas que embriagan el sentido. Huyo de las exhortaciones sin compasión de los que se creen propietarios de mi conciencia.

Prefiero noches como ésta, cuando la dura gramática del dolor compone sus mejores páginas…

Locos

El profeta es un asaltante de la mente. A menudo, sus palabras comienzan a quemar donde termina la conciencia… Las cosas que horrorizaron a los profetas son, aun ahora, sucesos cotidianos.

(Santiago Kovadloff, Locos de Dios, Ed. Emecé, 2018)

El autor, cuyo libro recomiendo fervientemente, nos hace saber que los antiguos israelitas llamaban “locos de Dios” a los profetas: Meshuguei Elohim en el idioma original.

Examina el rol que cumplieron los profetas del período que va desde Samuel hasta el exilio en Babilonia y su ardiente confrontación contra los poderes políticos y religiosos que han dejado de lado no sólo la Ley sino a su Dios y han prescindido de la ética, fundamento de la gestión pública.

El fragmento que cito al comienzo me interpela en dos sentidos.

El primero, aquello de “asaltante de la mente”. Me atrae la violencia que entraña esa descripción. Porque no es otra cosa que violencia conceptual lo que necesita esta generación, acostumbrada a la pereza mental.

La jibarización del pensamiento a manos de aparatos “inteligentes”, internet, redes sociales, farándulas diversas, política de baja estofa y fútbol obliga al profeta a sacudir semejante molicie y convocar a la sobriedad y el rigor de la acción responsable.

Sus palabras queman, dice Kovadloff donde se termina la conciencia. Piensen en Greta Thunberg, Nadia Murad, Safia Minney, Muhammad Yunus, Verónica Guerin. Piensen en Alexander Solzhenitsyn, Albert Camus, Nelson Mandela, Gandhi. Ellas y ellos lucharon por despertar en la mente de la inmensa mayoría una rebelión transformadora.

El otro concepto que me provoca es que las cosas no han cambiado nada desde la antigüedad. El gobierno se descompone. La corrupción destruye la confianza pública. La codicia empresarial crea pobreza y opresión laboral. La embriaguez de poder de los dictadores genera guerras, desplazamientos masivos, miseria y muerte.

Entonces que hay que hablar. Hay que gritar. Hay que sacudir. Hay que quemar. Hay que dejarse de discursos dulzones y conciliadores. La mentira se viste de mil maneras. Cuenta con inteligentes asesores de imagen, creativos community managers y contundentes estudios de opinión. Pero la mentira es la misma.

Una frase muy potente de este libro y que me queda como consigna es que el profeta quiere a la política subordinada a la ética. Vivimos en un continente donde la política es instrumento de poder y de riqueza, sea de izquierda o de derecha. Ladrones y enfermos de poder ya no tienen banderías: son todos inmorales. El profeta debe denunciarlos.

¡Cuida tu integridad!

“Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos.” Mateo 27:3 (NVI)

Podemos ser los mejores empleados del mundo mostrando eficiencia, responsabilidad, etc. en el  trabajo que realizamos, pero si somos deshonestos todo pierde su valor porque ante todo, la honestidad cuenta.

No creas que puedes disfrazar la corrupción con buenas obras; porque no se trata de aparentar sino de tener una conciencia libre de acusaciones.

Si por mucho tiempo te has esforzado por alcanzar una estabilidad económica y las oportunidades por conseguirlo actuando deslealmente con tus jefes no te han faltado, debes hacerte la siguiente pregunta: ¿qué prefiero, ser un obrero honrado y tener la conciencia libre de pecado o llegar a la cima con actos corruptos?

Recuerda que Dios no tolera el pecado, tarde o temprano todo saldrá a la luz, por ello te animo a elegir hacer el bien, a no descuidar tu integridad por un poco de dinero. ¿Recuerdas a Judas?

Su ambición lo llevó a perderlo todo, incluso su salvación. Por supuesto que esta lucha es interna, pero la decisión es tuya.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Nostalgia del futuro

Un espacio entre el cielo y la tierra. Tal vez una cabaña a la orilla del río, en medio de la montaña, lejos pero cerca. Arboles gigantescos, álamos o eucaliptos que desenreden el viento en las tardes de verano. También sería bueno una galería abierta que se convierta en platea para “catear” la luna tarde en la noche y donde despejar de tanto en tanto un vaso de vino.

Una charla improvisada sin reclamos ni tomas de razón; sólo estar ahí y dejar que la cabeza desagüe su diluvio de pensamientos atrasados. Alterar apenas la conciencia para detectar si algo uno ha aprendido o se tiene que tropezar en lo mismo de nuevo. Tener la presencia de ánimo para deshacer los malos tratos que uno le propinó a los inocentes y a los no tanto. Desbrozar con pausada dedicación la hierba que anduvo creciendo en el caminito de la amistad – si fuera posible.

Una cierta disposición a dejar – o disminuir – las cosas que hacen mal: el enojo, el azúcar, la pena, las harinas, el remordimiento, algunos vicios innecesarios, el resentimiento, el sedentarismo (¿Por qué me cuesta tanto todavía adoptar el gusto de caminar los cerros y las orillas?), la soledad, más allá de su medida recomendable, digamos. Y cosas así…

Paciencia y más compasión con las cosas que no van a cambiar nunca o se van a demorar mucho en ser diferentes. Sensibilidad para captar las que ya están cambiando y humildad para reconocerlas. Disposición a colaborar con quienes tienen las ganas pero no los recursos. Acompañar a otros en sus tareas y más generosidad con el tiempo propio.

Anaqueles para los libros de todos los tiempos y para los nuevos. Más horas para leer y menos para mirar series y noticias. El papel, el papel que nada ni nadie podrá cambiar para mí aunque un día ya no haya más documentos materiales y todo sea nubes y soportes virtuales. Tiempo para las librerías de viejo o la sección de “baqueteados” de Expolibro donde se hallan pequeños grandes tesoros, como el del otro día cuando encontré Climas de André Maurois.

Finalmente, menos, mucho menos ropa y zapatos, menos artefactos, muebles y aparatos. La comida y la bebida justa. Las ventanas, la luz del día, los cuadros absolutamente necesarios. Y desde el principio de los tiempos de mi vida hasta el último día, el silencio. El silencio respetable, señorial, educado, sensible, oportuno…

Deja ya de vivir a tu manera

“…dejen ya de vivir como los que no son creyentes, porque ellos se guían por pensamientos inútiles. Su entendimiento está oscurecido porque están separados de la vida que viene de Dios y porque son ignorantes debido a lo terco que es su corazón. Han perdido la vergüenza, se han dedicado a la inmoralidad y se entregan cada vez más a cometer toda clase de perversiones.” Efesios 4:17-19 (PDT)

El llamado de Dios es que lleves una vida digna delante de Él, que siempre seas humilde y amable, paciente con tu prójimo y tolerante con sus faltas. Que dejes tu pasada manera de vivir y seas transformado por el poder de Su Espíritu. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)

Dios no quiere que vivas como aquellos que no lo conocen, porque ellos están perdidos y sólo piensan en satisfacer sus propios deseos y necesidades, sin importar a quién hacen daño. Esa no es la vida abundante que Dios ha planificado para ti. “Sé muy bien lo que tengo planeado para ustedes, dice el SEÑOR, son planes para su bienestar, no para su mal. Son planes de darles un futuro y una esperanza.” Jeremías 29:11 (PDT)

Si estás viviendo en la vanidad de tu mente y piensas que sólo hay satisfacción en el pecado, si tu vida no tiene sentido y está llena de angustia, si estás alejado de Dios y has dejado de hablar con Él, si has perdido la sensibilidad y no tienes conciencia de pecado; necesitas cambiar tu vida.

La Biblia dice: “Desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.” Efesios 4:22-24 (NTV)

Busca al Espíritu Santo y deja que examine tu manera de vivir.Pídele que si tu conducta no le agrada, te enseñe a vivir como Él quiere. Estoy seguro que cambiará tu vida y te dará poder para ser un ejemplo de vida.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Polvo y ceniza

Pasó del modo más inesperado. Estaba resolviendo como solía un Sudoku en la computadora entre una tarea y otra en la oficina. Repentinamente lo invadió la sensación de estar en un lugar conocido pero que no pudo precisar. La carga de una profunda desazón se le instaló en el pecho. Era como la presencia física de una angustia inexplicable, un peso metálico, un raro sinsabor .

Se imaginó que todos los desaciertos, todos los dolores, todas las soledades y las maldades de su vida se habían dado cita para recordarle lo leve de todas las cosas, la fragilidad de la conciencia, la pobreza de los argumentos, la futilidad de las defensas balbuceadas, la mala herida de los equívocos y la constatación del no ser en la planicie de un sinsentido fundamental.

¿La ausencia de Su presencia, tal vez, en el lapso de un microsegundo atroz con ese indefinible regusto a ceniza en la boca y – acorde a Sabina – una nube de arena en el corazón?

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Andamos siempre tan cerca del límite de las cosas. Bordeamos la frontera de la muerte con una frecuencia que ignoramos. Nos oponemos persistentemente al absurdo del fin porque algo dentro de nosotros aspira a la inmortalidad o al menos a una suerte de supratemporalidad, pese a que todo eso es algo que mucho no entendemos. Estamos dispuestos a acomodarnos a la idea de una post vida que dure, si la hubiera, pero con algún propósito, con algún sentido.

A veces se nos escurre furtivamente la idea de la extinción total para no tener que pensar en un inspector celestial que vaya a revisar nuestra precaria contabilidad y determine que el Debe desgraciadamente es mayor que el Haber y que tendremos que servir un período inmensurable de prisión en algún lugar remoto.

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Por supuesto, damas y caballeros, esto es una ficción – con un poco de verdad, hay que decirlo. Estoy leyendo unas Ficciones de Jorge Luis Borges y me ha salido de las manos esta pieza de escaso valor literario, un ensayo que no quita ni agrega nada a sus honorables existencias pero que tiene el confeso propósito de incomodarles porque cada día me irrita más la imperdonable complacencia de los creyentes en un mundo terrible que clama por alguna luz y que se supone ellos tienen pero la niegan descaradamente por estar ocupados en sus elevados asuntos.

Libre por su cruz

“Así que, si el Hijo os libertare, sereís verdaderamente libres” (Juan 8:36 RV60)

La RAE (Real Academia Española) define la libertad como la “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”

¿Qué sucede cuando hay un abuso de la libertad? Está se convierte en libertinaje.

La naturaleza humana está inclinada al pecado, hacemos  lo que no queremos hacer ¿De qué sirve la libertad si somos esclavos del pecado?

La respuesta está en que la verdadera libertad sólo la obtenemos por la misericordia y gracia de Dios; somos esclavos de nuestras emociones mal dirigidas y los malos hábitos, pero Cristo es la salida a la prisión que construímos con nuestras propias manos.

¿Quieres ser libre? Te invito a conocer a Jesús, Él nos da vida y una nueva oportunidad

Jesús es la provision de Dios para librarnos del pecado, Él nació en un establo humilde, fue concebido milagrosamente por obra del Espíritu Santo en María, Juan el bautista lo bautizó y el Espíritu Santo descendió en forma de paloma, fue tentado en el desierto por el diablo pero Jesús lo derrotó con la palabra. Realizó su ministerio en la tierra, enseñó, sanó a muchos, resucitó muertos e hizo varios milagros. Sus discípulos llegaron a ser sus amigos y aun así tuvo que atravesar por la traición de Judás y Pedro lo negó. Jesús fue acusado con mentiras y juzgado tomando el lugar de Barrabás, murió entre dos ladrones. Cristo fue sepultado en el sepulcro de José de Arimatea, los romanos sellaron la entrada de la tumba pero eso no impidió que Cristo resucitara al tercer día y nos diera libertad, el regalo de la salvación, Jesucristo ascendió al cielo y la historia continúa…

Somos libres por su cruz, por la sangre que derramó ¿Te gustaría conocer más de Jesús? Queremos ayudarte.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Una voz adentro

Suele hablar antes de tiempo. Te previene de las consecuencias de una acción contemplada. Te urge a tomar un camino distinto al que estás considerando. Advierte con sutileza o bien con desmedida intensidad los alcances de la decisión tomada. Puedes hacerle caso y optar por otro curso de acción. Puedes negociar con ella, hacerle ver que quizá no está tomando en cuenta algunos aspectos del asunto. O simplemente la ignoras porque es inoportuna y quieres hacer la cosa sin medir consecuencias, sin contemplaciones.

En ocasiones se aparece en medio de los acontecimientos. “Yo sabía” o “Yo te dije”, dice la voz. Otras veces no dice nada pero es peor porque te grita en la mente. En algunas ocasiones se porta solidaria y te sugiere cursos de acción alternativos en medio de la refriega a fin de que los daños directos y los colaterales no sean tan graves. ¿Alguna vez te felicita por tu decisión? Raras veces, pero pasa.

Entonces, también se escucha después de los acontecimientos. Se presenta con un resumen de las consecuencias inmediatas y las posteriores; a veces lo hace para ayudarte en la reorganización de las cosas o simplemente para machacarte tu estupidez. Es refrescante cuando en lugar de todo eso te dice algo como: “Bueno, otra vez será” o “Y… pudo haber sido peor.”

Se suele pensar que las personas que actúan con inusitada maldad ya no tienen esa voz interior. No es así. Lo que sucede es que no le prestan más atención. No atienden a su reclamo, pero suena fuerte y claro en lo más profundo de sus conciencias y por ello son igualmente responsables de sus iniquidades.

Por cierto, lo de la voz es algo imaginario. No hay tal sonido dentro de uno. Es la acumulación de juicios, prejuicios, nociones y otras cosas aprendidas a través del tiempo y que habilitan, bien o mal, para calificar las acciones. Es uno mismo el que se mira a través del cristal del propio conocimiento. Es uno mismo el que se habla a la hora de tomar las decisiones. La voz interior no es otra cosa que el espejo donde se mira la verdad de las cosas tal como éstas son.

Tentación del pasado

…Y así seguimos remando contra la corriente empujados sin pausa hacia el pasado. Es una imagen maravillosa, que representa la condición humana. El pasado es un refugio seguro, una tentación constante y, sin embargo, el futuro es el único sitio donde podemos ir.”

(Marcela Serrano, “Natasha” en Diez Mujeres)

Si ustedes han seguido hasta aquí esta serie de artículos que comenzó el año 2012 recordarán varios títulos relacionados con el paso del tiempo, la nostalgia, la infancia, la inocencia; en suma, el pasado. Este pasaje de Marcela Serrano sin duda me ha descubierto. Pienso ahora que no es sólo una condición de las personas que van envejeciendo; tuve nostalgias del tiempo ido aún siendo un adulto recién salido de la adolescencia.

La atracción del pasado se explica, para mí, en el amparo que ofrece. Actúa como un linimento para el dolor del presente. Es la búsqueda de alguna inocencia, el consuelo de algún regazo tibio y sereno en el cual me escondí alguna vez, porque no conocía aún la rugosa y dura superficie de la comunidad humana adulta, con sus reglas y condiciones, con su letra chica, con sus cláusulas que vaporizan de entrada la ilusión de lo bonito. Con su técnica inevitable. Con su crudo realismo: “y, sin embargo, el futuro es el único sitio donde podemos ir”). Y sí. Así es no más…

Hace algunos años, en “Blues bajo la lluvia” hice un anticipo de mi futuro que a más de alguien puede parecer sombrío. Pero está lleno de honestidad (si me permiten la indulgencia de decirlo yo mismo):

“… A la hora del naufragio sólo quedará la razón de la conciencia, el informe lapidario de la realidad vivida; los sueños, las ilusiones, la pasión desbordada tal vez sean consultadas, pero sólo como evidencia circunstancial que difícilmente podrá aligerar el peso del resultado final. Testigo de cargo será la bitácora de los días y la prueba número uno para la fiscalía será sin duda el retrato del cuerpo doliente, triste vestidura de antiguas prestancias y energías disminuidas.

En el momento definitivo no hay manera de pedir perdón. Las palabras finales tienen un dramatismo hasta cierto punto inservible: son sólo palabras. Alivian algo, lo que nos recuerda que para sanar estaba la vida, pero uno la ocupó en el vértigo del yo desbordado, en la intensidad del cuerpo, en los negocios urgentes que demandaba el tiempo.”

Cuando la tarde cante

Qué difícil era pensar en la orilla del agua, los cerros cercanos, el viento y las hojas caídas. En el centro de la ciudad evocar la soledad de la montaña era casi imposible. Sólo se oía el ruido de las sirenas de las ambulancias o la policía, el tren que cada cuatro o cinco horas cruza las avenidas y los parques, las motos con sus insolentes escapes libres.

Cada tanto, la memoria de la penúltima casa del pueblo acudía para mitigar un poco el cansancio de las cosas cotidianas. Había estado ahí por unos meses y se le antojaba ser el último lugar donde había experimentado una paz casi perfecta. ¿Cómo era la frase de la doctora Betancourt? “Hay que envejecer para apreciar la paz.”

Es verdad que la tranquilidad tiene más que ver con el estado de la conciencia. El sentimiento de no tener cuentas pendientes es un tesoro invaluable difícil de encontrar. Siempre hay alguna arista, algún asunto que terminó mal, una cuestión inconclusa que inquieta el espíritu, una materia que disuelve el sueño y transforma las noches en un desierto blanco y estéril.

Sin embargo, el rumor del agua en el río o el lago, el viento y el sol que se desmadejan entre los pinos, las nubes que anuncian una tormenta benigna apaciguan el ardor de las jornadas y ralentizan la maquinaria de los pensamientos. Abren la puerta a la plegaria, propician el encuentro con la reflexión, invitan a la razón a reconocer el camino donde se perdieron cosas importantes y se adquirieron algunas tristezas imborrables.

La ciudad apura los pasos, apretuja los deberes, multiplica la rutina, vacía de energía la acción creadora. Repiquetea sus demandas, altera los sentidos, llena la mente de cuidados y alarmas. Se vuelve a revisar si uno cerró con llave la puerta de entrada, se olvida un teléfono o una billetera en la mesa del café.

Hace unos días leí unas palabras de Arthur Rimbaud que bien pueden considerarse un corolario para estos pensamientos peregrinos, o una expresión un poco más bella de la esperanza:

“Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano, herido por el trigo, a pisar la pradera; soñador, sentiré su frescor en mis plantas y dejaré que el viento me bañe la cabeza.”

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