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¡Mantente alerta!

“¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar.” 1 Pedro 5:8 (NTV)

¿Alguna vez viste a un león hambriento? Es así que satanás se encuentra hoy en día, como un depredador de almas. Pero fiel es Dios que en su palabra nos da a conocer los métodos que nuestro adversario utiliza para nuestra destrucción y gracias a eso “no estamos en ignorancia de sus trampas”. Si conoces las estrategias de nuestro enemigo, será más fácil vencerlo, pero no te confíes; porque a pesar de que sus ataques sean los mismos, él está atento a quienes bajan la guardia. ¡Mantente vigilante!

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿A quién le cuento?

“Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo». Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor»” Salmos 27:8 (NTV).

Cuando pasamos por tiempos difíciles tenemos la necesidad de ser escuchados y así desahogar nuestras penas y tristezas en largas conversaciones con amigos o personas de confianza; Dios quiere ser ese Amigo y Padre que necesitas para contarle todo lo que llevas dentro. De tal manera podrás dejar ante Él cualquier carga, lo que te aflige, lo que representa un peso para tu vida y entonces Él te dará el verdadero descanso y la paz que tanto necesitas.

Por Judith Quisbert

 

 

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Solamente es apariencia

Hace poco, trabajé en un proyecto enfocado en la prevención de la violencia sexual infantil. Me decidí a hacerlo, alarmada por el incremento de esta problemática en nuestra sociedad, lo cual produce un terrible daño a la salud integral del niño.

En 2002, la OMS (Organización Mundial de la Salud) estimó que 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de 18 años experimentaron relaciones sexuales forzadas u otras formas de violencia sexual con contacto físico. Aunque estos datos son de por si alarmantes, no son las estadísticas reales; la verdadera magnitud está oculta, debido a que muchos casos no han sido denunciados.

Algunos padres piensan que pueden proteger a sus hijos aconsejándoles que se alejen de extraños, o consideran que el agresor pudiera ser una persona que consume drogas, un borracho o que se encuentra en la cárcel, dejándose llevar por la apariencia ¡qué gran engaño! la mayoría de los agresores, resultan ser parientes o personas de confianza que convivían con la víctima y su familia.

Es fácil dejarse llevar por el aspecto, pero la realidad es que lo externo solamente es una máscara, por lo cual podemos cometer el error de confiar en un agresor sin darnos cuenta. Así también nos equivocamos en menospreciar a alguien, porque por su apariencia creemos que no es capaz o que no inspira confianza.

“Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” 1 Samuel 16:7 (RVR 1960)

Es primordial aprender del Señor a no mirar la apariencia, sino el corazón. No consideres que alguien es mala persona, simplemente porque ha estado en la cárcel, viviendo en las calles, ejerciendo la prostitución o destruyendo su vida con el alcohol. Recuerda que cabe la posibilidad que alguno esté injustamente tras las rejas y otros recurren al alcohol simplemente por desconocer el propósito de sus vidas.

En este tiempo quiero animarte a cambiar de mentalidad y a mirar a las personas por su corazón; no menosprecies, ni desvalorices a alguien por su apariencia, ni tampoco te dejes llevar por esta. Pero sí, ten mucho cuidado con las personas a las cuales brindas tu confianza. Es importante estar alerta de aquellos que se acercan a nuestras vidas vistiendo disfraces, para tratar de hacernos daño, como dice la Biblia son lobos con piel de cordero.

Recuerda que al igual que en los casos de abuso infantil, el agresor puede encontrarse muy cerca, aunque con una bonita apariencia. No te dejes engañar.

 

 

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El amparo

Creo que nunca dejaremos de requerir ayuda de algún tipo, pues la vida está llena de retos y circunstancias que desgastan nuestras fuerzas. Es ahí donde debemos saber dónde recurrir.

David estaba frente a un peligro inminente, estaba escondido en una cueva, huyendo del Rey Saúl que lo buscaba para acabar con su vida, oculto clamó a Jehová: “Ten compasión de mí, oh Dios; ten compasión de mí, que en ti confío. A la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro. Clamo al Dios Altísimo, al Dios que me brinda su apoyo. Desde el cielo me tiende la mano y me salva;” Salmos 57: 1-3a (NVI).

David se amparó en Dios ante el temor de perder la vida, pidió compasión con denuedo, buscó estar protegido directamente por Él y confió que tendría respuesta. También fue movido a confiar más en Dios que en sus propios recursos o en su habilidad de hombre astuto y guerreo, a creer en Sus promesas.

Es fácil que el temor nos invada en momentos de problemas o peligros, hasta nuestra fe puede menguar y derribar la confianza en Dios. Pero esto no pasa cuando conocemos los atributos de nuestro Salvador, pero si no  lo conocemos, sencillamente nos rendiremos ante cualquier inconveniente. Si fortalecemos diariamente nuestra fe por medio de su Palabra y oración, podremos vivir confiados.

Si continuamente vives en incertidumbre y conflictos, imita la actitud de David, refúgiate en Dios y serás bienaventurado.

“Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, Cuya esperanza está en Jehová su Dios,” Salmos 146:5  (RVR1960)

 

 

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¿Quieres ser prosperado?

La mayoría  de la gente desea prosperar, por lo que se sacrifican para lograrlo trabajando sin descanso, sin alimentarse bien o durmiendo poco; pero ¿qué dice la Palabra de Dios al respecto?

“El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.” Proverbios 11:25 (RVR 1960)

Según las escrituras las personas generosas serán bendecidas, parece que al ser desprendidos el Señor nos bendice para seguir bendiciendo ¡Qué gran sorpresa! Es como un círculo: “el Señor nos da para que podamos dar”,  y si no fuera así,  ¿Por qué exigiremos prosperidad de lo alto, si no será de utilidad?

“… Más el que confía en Jehová prosperará.” Proverbios 28:25 ¿Quieres ser una persona próspera? Entonces confía en Dios y obedece su palabra.

Es preciso aclarar que el tema de “prosperidad” no solamente hace referencia a las riquezas. El empresario cristiano Roberto López, manifestó: “La prosperidad es tener bienestar en todas las áreas: felicidad, éxito, salud”. Es decir, el enfoque de Cristo no es que seas millonario, sino que presentes bienestar en todas las áreas de tu vida, como también en el aspecto económico.

“Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” Lucas 12:20-21 (RVR1960)

Puedes ocuparte de tener fortuna, autos, casas u otros, pero recuerda que nuestra vida en este mundo es pasajera, lo primordial son las riquezas espirituales ¡Si deseas ser bendecido por el Señor entonces has las cosas a su manera! Te animo a ser generoso para que tengas bienestar, no pongas tu mirada en el dinero, sino en Jesús.

 

 

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Gigantes… ¡¡apártense!!

Los gigantes siguen andando sueltos. Los vemos día a día en nuestras vidas.

Muchas veces los hemos enfrentado y nos deshicimos de ellos, otras simplemente nos dimos por vencidos con tan sólo verlos y les permitimos quedarse en nuestras vidas, incluyéndolos en todas nuestras actividades.

Tus gigantes pueden ser traumas, recuerdos, frustraciones, problemas de salud, problemas familiares  o económicos… no importa de qué tipo sean, en algún momento nos atemorizamos cuando los vimos y decidimos ser indiferentes con ellos o tratar de crear buenas relaciones para que la convivencia sea más amena, descartando  la posibilidad de sacarlos de nuestras vidas porque los vimos muy grandes para nosotros.

El pueblo de Israel había visto milagro tras milagro desde su salida de Egipto. En Números 13 Dios le pide a Moisés que mande 12 espías a reconocer la tierra de Canaán. Cuando volvieron de su misión, 10 de los 12 espías dijeron que era imposible conquistar la tierra por los gigantes que la habitaban.

El pueblo, al escuchar el relato de lo que habían encontrado, se desanimó y se rebeló contra Dios. A causa de esto, Él decidió  que los únicos que entrarían a la tierra prometida serían Caleb y Josué, los dos espías que no se desalentaron al ver a los gigantes sino que creyeron que Dios los entregaría en sus manos y les daría la tierra que les prometió. Los demás murieron en el desierto.

Muchas veces hacemos lo mismo. Vemos la mano poderosa y misericordiosa de Dios en muchas áreas de nuestras vidas pero a nuestros gigantes  los tenemos bien instalados con nosotros y es tanto así que ya nos hemos acostumbrado a tenerlos cerca y no nos molestan, tristemente se han hecho parte de nuestras vidas.

Piensa bien cuáles son esos gigantes que están en tu vida y que no se los has entregado a Dios. No vaya a ser que por comodidad, por no hacerle frente a tu gigante, estés perdiendo la tierra que Dios te ha prometido.

No le creas a la gente que,  como los 10 espías, te dice que no se puede, que es imposible. No veas la dificultas ni le creas a las circunstancias; créele a Dios y Él hará.

No pierdas tu bendición por un gigante. No mueras en el desierto cuando ya estás a las puertas de la tierra que Dios te ha prometido, entra en ella y disfruta de las bendiciones que el Padre tiene para tu vida.

Esfuérzate y sé valiente. Recuerda que Dios pelea por nosotros.

“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Romanos 8:31 (RVR1960)

 

 

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Como las del búfalo

“Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco.“ Salmo 92:10 (RVR)

Cuando nos hallamos en diversas pruebas, tendemos a querer rendirnos por el peso de los problemas que caen sobre nuestros hombros, pero en medio de toda debilidad y cansancio es lindo saber que Dios aumentará nuestras fuerzas como las de un búfalo (animal que soporta alrededor de 3.000 Libras). Si la situación pesa más de lo que tú crees poder soportar, acude a Dios y permite que Él aumente tus fuerzas y derrame sobre ti su Santo Espíritu para que cuando el enemigo quiera atacarte, salgas victorioso.

Por Ruth Mamani

 

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Confiar y esperar

“Espero en silencio delante de Dios, porque de él proviene mi victoria” Salmos 62:1 (NTV)

Hay épocas de nuestra vida en que nos sentimos derrotados, como si hubiéramos caído en un oscuro pozo del cual no podemos salir. En nuestra desesperación clamamos pidiendo auxilio con la esperanza de que alguien nos oiga y ayude. Pero sabemos que a pesar de nuestros gritos desesperados, no siempre encontraremos personas dispuestas a ayudarnos. Algo muy distinto pasa con nuestro Dios, El siempre escucha nuestro clamor y siempre nos extiende su mano para brindarnos su favor. Si hoy te encuentras en un pozo de desesperación, clama a Dios y Él te ayudará.

Por Judith Quisbert

 

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Sólo confía en Dios

“Confía en el SEÑOR y haz el bien; entonces vivirás seguro en la tierra y prosperarás.” Salmo 37:3 (NTV).

Muchas veces pensamos que el bienestar y la seguridad sólo se hallan en el cielo, pero Dios promete que podemos vivir seguros y prósperos aquí en la tierra si confiamos en Él y hacemos el bien a todo aquél que lo necesite. Puede que las circunstancias de la vida, las pruebas, las dificultades económicas y hasta los problemas de la sociedad lleguen a convertirse en una amenaza para nuestra seguridad y nos preguntemos: ¿Qué será de nuestro futuro o el de nuestra familia? A pesar de ello, el poner nuestra confianza en Dios hará que podamos vivir en paz y con la seguridad de que todo y absolutamente todo estará en las manos de Dios.

Por Ruth Mamani

 

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¿Cómo enfrentas a los gigantes de tu vida?

“David le contestó: Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del SEÑOR Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a quien has desafiado.” 1 Samuel 17:45 (NVI)

La única manera de vencer a los gigantes de nuestra vida (problemas económicos, familiares, personales o de salud) es siguiendo los pasos del rey David, él meditaba en la palabra de Dios, hablaba con Él mediante la oración, y en todo momento miraba las maravillas de sus obras. Seguramente recordaba las victorias que le había dado en el pasado y eso lo hacía confiar en el presente y en lo que habría de venir. Además David utilizó un arma más poderosa que la lanza y la jabalina, un arma que también tú y yo podemos utilizar. Él no iba a la lucha por su cuenta, sino en el nombre del Señor Todopoderoso. Cuando enfrentes los gigantes de tu vida, recuerda que no estás solo sino que el Señor pelea por ti.

Por Danitza Luna

 

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¿Esperando que Dios haga todo?

Los Israelitas estaban llenos de miedo al ver que los egipcios los alcanzaban para matarlos con todo su ejército y carros de guerra. Entonces, comenzaron a clamar al Señor por ayuda y muchos de ellos empezaron a reclamarle a Moisés diciendo: ¿Por qué nos trajiste aquí a morir en el desierto? ¿Por qué nos obligaste a salir de Egipto? ¿No te dijimos que esto pasaría?

Moisés les respondió: “No tengan miedo. El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos. Luego el Señor le dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? ¡Dile al pueblo que se ponga en marcha! Toma tu vara y extiende la mano sobre el mar. Divide las aguas para que los israelitas puedan pasar por en medio del mar, pisando tierra seca.”. Éxodo 14.15-16. (NTV)

Muchos pensamos que Dios peleará la batalla por nosotros sin que nos involucremos en la misma, pero estamos equivocados. Si bien uno debe confiar en el Señor, eso no quiere decir que debemos quedarnos sin hacer nada, por eso Dios le dijo a Moisés: “¿Por qué clamas a mí? ¡Dile al pueblo que se ponga en marcha!”.

Hay personas que piden a Dios por su matrimonio pero no hacen nada para mejorar. Hay otros que oran por un trabajo pero no salen a buscarlo. Muchos anhelan un ministerio pero no sirven en nada en la iglesia. Y así podemos seguir mencionando las cosas que uno desea tener, pero si no hacemos algo, seguiremos sin recibir.

¿Estás enfrentando problemas que parecen no tener solución? ¿Has clamado a Dios y esperado en sus promesas, pero la respuesta no llega?

Analiza si después de orar has intentado buscar la solución a tu problema, si no lo has hecho, empieza hoy. Ora y usa lo que Dios ya te dio, como en el caso de Moisés, que tenía la vara en su propia mano y sólo debía extenderla. A veces, la mayoría de las soluciones a nuestros problemas están en nuestras propias manos, porque Dios siempre nos da sabiduría y recursos para que, con su bendición, resolvamos nuestras situaciones.

Dios te respaldará y no te abandonará. Solamente necesitas confiar en Él y buscar cómo solucionar  la situación que tienes.

Oremos:

Señor, hoy me doy cuenta que me falta dar ese primer paso de fe, por favor ayúdame y dame sabiduría para solucionar mis problemas. Que mis oídos puedan estar atentos a tus instrucciones y mandamientos. Yo sé que Tú me has dado recursos para salir de mi situación y estoy seguro que con tu ayuda lo lograré. Me encomiendo en tus manos y creo que serán tiempos mejores para mi vida, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

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¡Dios te escucha!

“Orarás a él, y te escuchará, y cumplirás los votos que le hiciste.” Job 22:27 (NTV)

¿Cómo te sientes cuando alguien te hace una promesa y no la cumple? No es nada agradable, ¿verdad? ¿Cuantas veces le has prometido algo a Dios y llegado el momento no lo cumpliste? Nosotros podemos llegar a no creer más a esa persona que no ha cumplido su promesa, pero Dios no actúa de esa forma, a pesar de que le fallamos su palabra dice que Él oye nuestras oraciones y las contesta. Si hoy tienes alguna necesidad puedes ir confiado ante su presencia, porque Él responderá.

Por Ruth Mamani

 

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