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¿Preocupado por el mañana?

En el mundo están sucediendo muchas situaciones muy trágicas, y todo esto nos puede llevar a creer que no hay remedio, que todo está perdido y que la maldad está triunfando, pero si nos ponemos a pensar a quién pertenece este mundo y quién es el dueño, nuestra perspectiva de un mejor futuro cambiará.

El Salmo 24:1 NVT inicia indicando: “La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen.” Salmos 24:1 NVT Dios es nuestro creador y cada uno de nosotros le pertenece y, además, podemos tener la confianza que todo está bajo su control independientemente de lo que pueda estar ocurriendo.

Más allá de un sinfín de problemas nuestro Dios tiene un mejor futuro para quienes descansan en Él. No dejemos que el temor o la inestabilidad afecten nuestra fe: “Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza.” Salmos 56:3 (NTV) del mismo modo busquemos siempre agradarle, cumplir con sus mandamientos, serle fiel y sobre todo mantener el primer lugar en nuestro corazón para Él.

Preocuparnos por el mañana nos debilitará, pero depositar nuestra confianza en el Señor nos fortalecerá, porque Él cuida de sus hijos.

“Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón; él es mío para siempre.” Salmos 73:26 (NTV)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Al que te pida dale…

En la actualidad es difícil confiar en alguien, en especial cuando te piden algo prestado o que colabores en su necesidad; seguramente muchos hemos sido engañados por algunas personas que inventan historias para recibir algo de ti, pero ¿Qué haremos?

Recuerdo la historia de una ancianita que pedía limosna en las calles, mucha gente tenía compasión de ella y le daba dinero; pero descubrieron que esta viejita en realidad no era pobre, tenía una casa propia, una fortuna en el banco e hijos en el exterior que le enviaban dinero constantemente. Sin embargo, vestía como mendiga y en lugar de invertir su dinero prefería pedir donación.

Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.” Mateo 5:42 (RVR 1960)

Al conocer esta historia, varios se decepcionaron e incluso muchos tomaron la decisión de no volver a apoyar a personas necesitadas; sin embargo, no podemos poner a todos en la misma bolsa. Existen personas que realmente precisan nuestro apoyo, que están en las calles sufriendo de hambre o sin poder llevar el alimento a su casa.

Jesús en este aspecto nos enseña algo importante: “Al que te pida, dale…” Si tienes la posibilidad de apoyar a alguien, hazlo, el Señor conoce tu corazón y eso es lo que vale, si esta persona te engañó, en su tiempo le llegarán las consecuencias; lo que a nosotros nos toca es dar porque entonces así recibiremos la bendición de lo alto.

Mejor si nos equivocamos dando a equivocarnos rehusando ayudar a alguien que nos necesita.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿La verdad y nada más que la verdad?

“¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?” Es una frase   que casi todos escuchamos en escenas de películas donde el acusado pone su mano sobre una Biblia para evidenciar que declara la verdad ante cualquier pregunta que se le haga. Pero… ¿Realmente es suficiente hacer esto para obtener la sinceridad de las personas? Después de ver esta escena, ¿podemos confiar en quienes han jurado decir la verdad?

Una de las consideraciones más importantes para todo hijo de Dios es la veracidad de sus palabras, lo cual refleja su relación con Él. 

Proverbios 22:1(NVI)  menciona: “Vale más la buena fama que las muchas riquezas, y más que oro y plata, la buena reputación.” Cuando no somos veraces, perdemos el valor, lo que es parte de nuestro testimonio hacia los incrédulos.

¿Cuántas veces te has encontrado en situaciones donde necesitabas salir de un apuro y por no quedar mal, o por salvar tu honor decidiste mentir? Aparentemente es la salida más rápida a cualquier situación incómoda a la que te puedas enfrentar, mas debes saber que al hacerlo, ingresas a un callejón sin salida.

Una persona veraz no tiene nada que esconder; sin embargo, la persona que hace de la mentira como parte de su vida, pagará una terrible consecuencia, porque lamentablemente una mentira lleva a otra para cubrir la anterior, y finalmente, el mentiroso es atrapado en su propia red de engaños. 

Si en estos días la mentira se ha vuelto tu debilidad, es momento de reflexionar en ello, porque el padre de mentiras no es Dios, sino satanás, y al practicarlas nos convertimos en sus cómplices.  En Juan 8:44 (NVI) Jesús nos dice sobre el diablo:

“(…) Desde el principio este ha sido un asesino, y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!”

Pero los que somos de Cristo, debemos marcar la diferencia, siendo conocidos como personas que hablan la verdad y no esperan que un detector de mentiras juzgue su autenticidad.

Efesios 4:15 (TLA) Menciona: “Al contrario, el amor debe hacernos decir siempre la verdad, para que en todo lo que hagamos nos parezcamos cada vez más a Cristo, que es quien gobierna la iglesia.”

¡Así que, piensa en lo que dirás cuando te halles entre la espada y la pared!

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Realmente confías en Dios?

A cuántos de nosotros no nos ha tocado atravesar circunstancias complicadas, momentos duros que nos llevan a observar nuestro estado espiritual y a valorar si nuestra fe es firme o no.

Como humanos tendemos a desesperarnos y afligirnos, olvidamos que contamos con la ayuda de Dios, y en lugar de enfocarnos en Sus promesas, nos perdemos cavilando en maneras de solucionar nuestro problema. Y hasta pedimos a Dios que nos dé una salida, pero terminamos limitándolo, puesto que, aunque pedimos no esperamos recibir Su respuesta, porque seguimos buscando soluciones por nuestros propios medios sin dar descanso a nuestra mente.

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” 2 Corintios 10:3-5 (RVR1960).

En este pasaje el apóstol Pablo nos recuerda que aunque andemos en la carne no actuamos según la carne, o al menos no deberíamos; es de Dios de quien recibimos armas poderosas para vencer fortalezas, argumentos, toda altivez, y también para llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia  a Cristo.

Esto significa que es posible tener control de nuestros pensamientos, entonces, a pesar de las dificultades podemos encontrar descanso en Dios, siempre que pidamos y además aprendamos a confiar en la provisión y cuidado del Señor.

En la Nueva Traducción Viviente, se define a la fe como la confianza de que sucederá lo que esperamos.

“La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver.” Hebreos 11:1 (NTV).

Por lo tanto, si crees en Dios pero no confías en Él y en que recibirás respuesta suya, lamentablemente estás dando pie a la incredulidad, que es lo opuesto a la fe.

Hoy te animo a analizar cuánto confías en Dios realmente, ¿logras descansar en Él cuando atraviesas por alguna dificultad o más bien terminas confiando en tu capacidad para resolverlo?

Por Cesia Serna

 

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Día a día

Un hombre cuenta que cuando era muchacho, solía ayudar a su madre a guardar las manzanas de la cosecha. Procuraba tomar en sus brazos tantas como podía, y luego trataba de andar. Un paso, dos… y una manzana se caía, luego otra, y otra,  hasta que todas terminaban en el suelo.

Su madre se reía y luego le enseñaba cómo podía llevarlas sin peligro de que se le escapasen de las manos; esto es, tomándolas de una en una.

Muchas veces nos afanamos pensando en el futuro y queriendo prever todo lo que sucederá en la semana o meses siguientes. Queremos abarcar todo junto y no nos damos cuenta que así no podemos avanzar, que de esa forma lo único que haremos será ir derramando cosas en el camino. Debemos  aprender la misma lección de ese muchacho: tomar una manzana a la vez; es decir, debemos tomarnos un día a la vez, sin pretender llevar en nuestros brazos todo un mes o un año.   

No permitas que las preocupaciones te quiten la paz. Por querer hacernos cargo de todo junto nos desvelamos y afanamos incluso por cosas que suponemos pueden pasar y permitimos que eso nos robe el gozo y la paz que Dios nos ofrece.

“Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy” Mateo 6:34 (NTV)

Cada día trae su propio afán y aunque es algo bueno mirar hacia el futuro y planificar, trazarnos metas, es mejor entregarle a nuestros  planes a Dios y no permitir que cosas que aún no han sucedido nos roben la paz. Si Dios cuida de las aves, lo hará mucho más con sus hijos.

El libro de Eclesiastés, en el capítulo 3, habla de que cada cosa tiene su tiempo, cada etapa su momento y en los versículos 10 y 11, el rey Salomón admite que ha visto la carga que Dios puso sobre los hombros de los seres humanos pero también dice, que pese a eso, Él lo hizo todo hermoso para el tiempo apropiado. 

Entrégale cada día de tu vida a Dios y permite que Él guíe tus pasos; enfrenta un día a la vez y disfruta de la paz que Dios te ofrece.

 

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¿Angustiado?

– Pastor, parece que está muy feliz esta mañana – dijo un miembro de una iglesia a su ministro al saludarlo en la puerta del templo.
– Muchísimo, hermano, como jamás lo fui – fue la respuesta que obtuvo.
– ¿Podría saber la razón?
– Seguro. Ayer me acosté preocupadísimo, pensando en cómo solucionar ciertos conflictos en la congregación, en mi propia vida, y en mi familia. Me dormí y soñé que un ángel del Señor llegaba hasta mí y me decía: “Te estás dando un trabajo enorme Juan. Parece que todo lo vas a hacer tu, eso de los arreglos en la congregación, tu vida familiar y el mundo mismo. Escucha: ¿Por qué no dejas algo para que lo haga Dios?” Al despertar, decidí seguir su consejo, y desde este día, pediré a Dios que sea siempre quien arregle todo lo que yo no pueda arreglar.
A todos nos pasa que llegan momentos de nuestra vida en los que los problemas, las preocupaciones se juntan y no sabemos por dónde empezar a solucionar las cosas, ¿Verdad?
Si bien en la ilustración dice que un ángel le habló al pastor de la historia, nosotros tenemos muchos versículos que nos demuestran que podemos confiar en Dios, que Él es nuestro Refugio, la Roca firme, nuestro Defensor, quien nos ayuda en las dificultades, nuestro Proveedor. Proverbios 3:5,6 nos da un sabio consejo: “Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar.” (NTV)
Es verdad que no se trata de sentarnos a esperar sin hacer nada para solucionar los problemas, pero tampoco debemos dejar que la preocupación nos consuma porque si ponemos toda nuestra confianza en Dios y buscamos Su voluntad, Él dirigirá nuestros caminos y ordenará todo de acuerdo a su perfecto plan.
¿Estás angustiado? Busca refugio en el Señor. Recuerda lo que dice Nahúm 1:7 “El Señor es bueno, un refugio seguro cuando llegan dificultades. Él está cerca de los que confían en él” (NTV) Dios no te abandonará ni hará oído sordo a tus peticiones, entrégale tus cargas.
No permitas que las preocupaciones te consuman, te quiten el sueño o te tengan amargado y desesperanzado; confía en Dios, descansa en Él y permite que tome el control, ya no luches solo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Te sientes incapaz de hacerlo?

Muchas veces Dios te presenta retos que a tus ojos parecen imposibles de realizar, y no para lastimarte ni hacerte creer que eres incapaz, sino para mostrar su poder a través de tu vida. ¿Te ha pasado alguna vez? Pues no eres el único, en La Biblia encontramos personajes que sintieron lo mismo, pero en este caso tomaremos el ejemplo de Gedeón.

Como el pueblo de Israel se había apartado de Dios, Él permitió a los madianitas aterrorizar a Israel por siete años y destruir los frutos de su tierra y ganado. En su necesidad Israel clamó a Dios y en respuesta a ese clamor, Él decidió que sería Gedeón quien llevaría a su pueblo a la victoria.

Cuando Gedeón escuchó esto, quedó sorprendido, y dijo:

“—Pero, señor —objetó Gedeón, ¿cómo voy a salvar a Israel? Mi clan es el más débil de la tribu de Manasés, y yo soy el más insignificante de mi familia. El Señor respondió: Tú derrotarás a los madianitas como si fueran un solo hombre, porque yo estaré contigo.” Jueces 6:15-16 (NVI)

Tal vez el temor te ha hecho pensar que no eres la mejor opción para la misión que Dios ha planificado, quizá tienes miedo a fallar, sientes que te queda grande el ministerio y has prestado más atención a las críticas que a lo que tu padre celestial piensa de ti; pero si Dios ha decidido que seas tú el que irá al  frente de un ministerio, quien será la cabeza de tu hogar o poseedor de ese gran talento, no lo desperdicies, confía en que si fuiste escogido por tu Padre es porque verdaderamente eres capaz de cumplir con ese llamado.

No permitas que los malos comentarios te hagan dudar de las capacidades que Dios te ha dado, pues si fuiste elegido no es por tu apariencia, por cuánto sabes, ni por cuánto tienes, sino por tu gran corazón, así que sé valiente y esfuérzate, Dios ha puesto todo en tus manos sabiendo que lo lograrás; así como lo hizo Gedeón, a quien Dios le dio la victoria con tan solo 300 hombres frente a un gran ejército.

La historia de Gedeón nos muestra que no importa nuestra condición física o social para que Dios pueda usarnos en su obra o en lo que has sido asignado.

Si Dios lo hizo con Gedeón ¿crees que no lo hará contigo? Pon tu confianza en tu creador y no te sientas incapaz de llevar la batuta, porque Él está dispuesto a mostrarte su poder y a derrotar a ese gran ejército de gigantes y pruebas que se han preparado en tu contra.

Por Ruth Mamani

 

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¡Puedes soportarlo!

¿Alguna vez recibiste una mala noticia? ¿Cuál fue tu reacción? No siempre es fácil lidiar con ello, pero la palabra de Dios en Juan 16:33 nos menciona: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

Las pruebas vienen de la noche a la mañana sin que las hayamos planificado ni recibido anticipadamente un anuncio, pero lo cierto es que no seremos abandonados por nuestro Padre Celestial en medio de todas ellas.

Hace poco me enteré que un familiar mío tuvo un accidente automovilístico, quizá para mí fue como si un balde de agua fría hubiera corrido por todo mi cuerpo, porque al no tener un diagnóstico exacto, mi mente empezó a imaginar de todo y hasta lo peor: pero en ese momento recordé este pasaje que para muchos es una esperanza en medio de la prueba:

“Ustedes no han pasado por ninguna tentación que otros no hayan tenido. Y pueden confiar en Dios, pues él no va a permitir que sufran más tentaciones de las que pueden soportar. Además, cuando vengan las tentaciones, Dios mismo les mostrará cómo vencerlas, y así podrán resistir.” 1 Corintios 10:13 (TLA)

Si hoy estas atravesando por circunstancias que escapan de tus manos, no le reclames a Dios el porqué de ello, quizá ahora no lo entiendas pero debes saber que las situaciones conflictivas son más fáciles de soportar cuando tenemos conocimiento de que algo bueno resultará de ellas.

El problema es que nuestra idea de lo bueno en comparación a la de Dios es totalmente limitada y diferente. Pero como sus pensamientos están por encima de los nuestros, lo mejor que podemos hacer es confiar en Él, e  incluso si esas pruebas nos causan dolor, sufrimiento o dificultad, no debemos dejar de hacerlo, ya que finalmente nos ayudarán para bien.

Y aunque nos cuesta ver el lado positivo a todo lo que nos ocurre, vale la pena detenerse por un momento para analizar y extraer lo bueno de todo lo tediosa que pueda ser la situación;  porque el bien final del cual el Señor está ocupándose es hacernos cada vez más semejantes a su hijo Jesucristo, y las pruebas que experimentamos son una de las herramientas que Él utiliza en este proceso.

¿Quieres seguir escalando peldaños en esta vida? Necesitas vencer obstáculos que te ayudarán a levantarte con mayor fuerza y no volver a tropezar con los mismos errores.

Así que cuando te encuentres atravesando por ciertas pruebas, más allá de que tus emociones quieran tomar el control, considera cada adversidad como necesaria para que Dios pueda lograr un propósito específico en tu vida, no se trata de un castigo, sino de un propósito. Él nos conoce a la perfección y sabe dónde necesitamos corrección para parecernos cada día más a nuestro Salvador.

Por Ruth Mamani

 

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Todo proceso cuesta

La vida cristiana es un constante proceso de crecimiento. Si nos detuviéramos a pensar por cuántas circunstancias hemos atravesado desde el momento en que decidimos depositar nuestra confianza en Dios, nos quedaríamos perplejos de cuánto hemos progresado hasta el día de hoy.

Debemos entender que el Señor no hace nada porque sí, ya que detrás de muchas de las cosas que vivimos el propósito principal es: “Aprender a confiar en Dios”, a descansar en sus brazos sabiendo que Él tomará el control sobre cualquier circunstancia.

 “Pero también nos alegra tener que sufrir, porque sabemos que así aprenderemos a soportar el sufrimiento. Y si aprendemos a soportarlo, seremos aprobados por Dios. Y si él nos aprueba, podremos estar seguros de nuestra salvación. De eso estamos seguros: Dios cumplirá su promesa, porque él nos ha llenado el corazón con su amor, por medio del Espíritu Santo que nos ha dado.”

Romanos 5:3-5 (TLA)

Dios desea que crezcamos en amor, paciencia, fe, servicio, pureza, conocimiento de Cristo y en todo, pero muchas veces nuestra impaciencia nos hace estancarnos en donde empezamos. Por ejemplo, cuando se presentan ciertas dificultades en nuestro camino, le pedimos paciencia a Dios, con el pensamiento de que Él quitará esa dificultad sin pensar en el verdadero propósito del mismo.

Y es ahí justamente donde comienzan nuestras frustraciones, porque en lugar de ello, notamos que empezamos a ser atacados por circunstancias que lamentablemente nos llevan en el sentido opuesto al que creíamos y terminamos preguntándonos: “¿Qué está haciendo Dios? ¿Me habrá escuchado? Creo que entendió al revés”.

Y no queremos entender que ese tipo de situaciones son parte del proceso, donde Dios trabaja en nuestra impaciencia rompiendo nuestras costumbres y moldes, lo cual siempre producirá dolor, pero el resultado será sorprendente.

Si hoy te hallas en medio del proceso y, por lo difícil que ha sido para ti has intentado suprimirlo de tu vida, quiero animarte a que en lugar de lamentarte y frustrarte, dejes que Dios tome control de todo y que sea Él quien le dé forma a tu vida, porque después de dejar que Dios haga lo suyo en esos procesos, no volverás a ser el mismo. ¿Estás dispuesto a intentarlo?


Por Ruth Mamani



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¿Obedeces a Dios o cedes al pecado?

Tres jóvenes judíos Sadrac, Mesac y Abed-nego se encontraban frente al rey de Babilonia enfrentando una seria acusación, el delito fue no rendir reverencia a la imagen de oro que habían levantado en honor a él.

Cuando el rey los confrontó y además les advirtió sobre el castigo que recibirían si fuera verdad la acusación, ellos respondieron: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” Daniel 3:17-18

Sin dudar fueron echados al horno, y se acercó el rey para verificar su muerte; sin embargo, cuando lo hizo, se quedó sorprendido al ver que nada les había ocurrido. De inmediato los llamó para que salieran y muy sorprendido dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.” Daniel 3:28 (RVR1960)

Lo obediencia siempre nos traerá bendición no sólo personal sino también a los que nos rodean, así como estos jóvenes prefirieron ser quemados a ceder, no sólo hubo recompensa por su determinación sino que su actitud fue de testimonio a un rey incrédulo que llegó a alabar a Dios y mostrar favor ante el pueblo judío.

Por ello cuando nos encontramos en la encrucijada de obedecer a Dios o al mundo debemos elegir a nuestro Señor. No sólo para favorecernos sino porque somos la luz del mundo, la gente ve a Dios a través de nuestras vidas.

Aunque no recibamos nada en el instante, tenemos que estar seguros que es mejor la obediencia que los sacrificios.

 

 

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No supongas

Cuentan que en una pobre choza, cerca de un río vivía una humilde mujer conocida en aquella comarca con el nombre de “Pepa la dichosa”. La mujer era anciana y casi ciega pero su corazón siempre estaba repleto de la verdadera satisfacción que tienen los hijos de Dios.

Un día pasó por delante de la puerta de su casa un señor muy rico que había envejecido muy joven a causa de los afanes de la vida. Cuando pasaba por ahí oyó cantar a la pobre anciana, entró a su casa y le dijo:

  – Me parece que usted siempre está cantando.

  – Y tengo motivo para ello, respondió Pepa.

  – Desearía que me enseñara el secreto de su alegría, pues usted está sola y no tiene dinero. ¿Cómo es que usted posee tanta alegría?

  – Tal vez porque no tengo nada ni a nadie en este mundo, sino a Dios, respondió la anciana. Los ricos tienen tantas cosas que hacer, y siempre piensan que van a perder sus tesoros, o que les sobrevenga alguna desgracia; mientras que yo no tengo por el contrario nada que me moleste o inquiete, sé que mi Dios cuidará de mí.

  – Pero, dijo el caballero, supongamos que como ahora sucede; el frío y la nieve le impiden salir de la choza y…

  – Pero yo no supongo absolutamente nada, respondió Pepa cortándole la palabra; yo no necesito suponer sino que el Señor mi Dios usará de todo bien conmigo. Lo otro sólo lo hacen los que no conocen a otro Dios sino las coas del mundo: hacen suposiciones de una y otra cosa, y se afligen y tanto es así que yo, pobre mujer, con la fe puesta en Dios, me puedo preciar de más rica que todos ellos.

Cuando Pepa terminó el caballero salió fuertemente impresionado y convencido de que Pepa era más rica que él, pues ella poseía un tesoro de más valor que todas las riquezas juntas: El de la verdadera dicha.

¿En qué basas tu felicidad? ¿De qué depende tu gozo? ¿Eres de los que supone todo el tiempo?

En Mateo 6:25, Jesús mismo dijo: “Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa?” (NTV)

La vida es mucho más que las cosas materiales pero normalmente perdemos de vista esa perspectiva y empezamos a centrarnos en acumular riquezas, a preocuparnos por cosas que suponemos que podrían pasar y esos pensamientos empiezan a ocupar un lugar central en nuestra vida y nos quitan el gozo, incluso pueden llegar a enfermarnos.

En 1 Pedro 5:7 encontramos un consejo muy sabio: “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes” (NTV)

Si dejas tus preocupaciones en las manos de Dios, creyendo que Él está en control y sabe lo que es más conveniente para ti, su paz que sobre pasa todo entendimiento llenará tu corazón y sin importar en qué tormenta te halles, estarás siempre gozoso.

No se trata de sentarnos a esperar a ver qué pasa ni de cruzarnos de brazos esperando que las cosas sucedan o se solucionen solas, sino de darle el primer lugar a Dios y permitir que Él se encargue de nuestras vidas, familias, futuro y de las preocupaciones que tengamos.

¡Confía en Dios y disfruta de su paz y el gozo que te brinda!

 

 

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¿Quién es más valioso?

En el devocional anterior a este escribí sobre el compromiso genuino que los discípulos tenían con Jesús, a tal grado que daban su vida misma por Él. En esta oportunidad quisiera hacer énfasis en la vida y muerte de Esteban:

Esteban, hombre lleno de la gracia y del poder de Dios, hacía grandes prodigios y señales milagrosas entre el pueblo.” Hechos 6:8 (NVI).

La Biblia nos presenta a Esteban como un hombre de Dios, lleno de su gracia y poder, aquel a quién acudían las personas necesitadas porque realizaba prodigios y milagros; podemos compararlo a la obra que hizo Jesús cuando estaba en la tierra y, de la misma manera, también sufrió una muerte injusta.

 “Al oír esto, rechinando los dientes montaron en cólera contra él. 

Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios. — ¡Veo el cielo abierto —exclamó—, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios!

Entonces ellos, gritando a voz en cuello, se taparon los oídos y todos a una se abalanzaron sobre él, lo sacaron a empellones fuera de la ciudad y comenzaron a apedrearlo. Los acusadores le encargaron sus mantos a un joven llamado Saulo.

Mientras lo apedreaban, Esteban oraba. —Señor Jesús —decía—, recibe mi espíritu. Luego cayó de rodillas y gritó: — ¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! Cuando hubo dicho esto, murió.” Hechos 7:54-60 (NVI)

Esteban fue acusado con mentiras por algunos líderes religiosos de ese tiempo, y sin recibir un juicio justo fue apedreado por la multitud. Lo increíble en este triste final es que antes de morir Esteban se mostraba fuerte, incluso al igual que nuestro Señor, pidió que esa transgresión contra él no fuera tomada en cuenta por su padre Dios.

Si bien Jesús estaba rodeado de una multitud de personas, recuerda que solamente tenía doce discípulos; esto debido a que son pocos los que realmente aceptan pagar el precio. Para Esteban su vida no era tan importante como cumplir el propósito del Señor ¿Quién es más importante para ti?

Si te has alejado porque dices: “no me valoran, me miran feo o me han tratado mal, me he traslado de casa y ahora vivo lejos, no es cómodo, etc.” entonces estás considerando tu vida más valiosa que el Señor y si fuera el caso estás desobedeciendo el primer mandamiento. Te animo a empezar de nuevo y decidir ser un discípulo de Cristo.

 

 

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