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Reunirse

Propongamos una tesis de trabajo: que la palabra “congregarse” significa literalmente reunir juntos. Se comenta lo siguiente en el sitio de la organización Growth in God (Crecimiento en Dios) de Inglaterra:

“Eso está bien, pero no dice dónde ni cuándo. Para saber dónde, tenemos que recurrir a 2 Tesalonicenses 2:1: ‘Os rogamos, por la presencia de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él’. Aquí tenemos la misma palabra episynagoge, pero ¡esta vez sí se nos dice dónde! ¡Tenemos que reunirnos con él! Él es el lugar de reunión.”

Propongamos otra tesis: Que Jesús no construyó un edificio para reunirse con sus seguidores. Lo que tenía en mente no era un lugar sino un modo de reunión que era, me imagino, la comunidad, el amor, la comunión, la solidaridad, la ayuda mutua, el compartir comida, palabra y amistad.

Por fin, una tercera proposición: Que la intención del verso de Hebreos 10:25 no sea precisamente reunirse en un edificio sino ser una comunidad de amor. Y una cosa semejante puede ocurrir en cualquier lugar (¡incluso en un edificio!), con cualquier número de personas y cuya característica principal es precisamente ésa: comunidad en torno a Jesús.

No hay que pensar mucho para otorgar que eso puede ocurrir en cualquier lugar. Asimismo, se puede pensar que si no hay comunión con Jesús, donde sea que se junte la gente, no hay comunidad.

Una vez escuché a un querido amigo pastor decir en el mensaje del domingo a la mañana: “Sin iglesia no hay comunión.” Quise acercarme a él para decirle que quizá la proposición debería ser al revés: “Sin comunión no hay iglesia”. No lo hice porque en seguida pensé que este es un tema sensible para los pastores; a veces me da la impresión que suponen que si no hay edificio no es posible ser pastor.

Bueno, me parece que pueden pensar así. No estoy seguro porque no soy pastor y aparte los edificios hace tiempo dejaron de ser un tema para mí.

La cosa se complica cuando congregarse se asocia no solamente con el edificio sino con una estructura institucional. Sabemos que en muchas instituciones la cosa de la comunidad se ha ido diluyendo en la caldera de las actividades, el dinero, el poder y otros asuntos, de tal modo que el amor resulta ser nada más que un lindo tema para predicar el domingo a la noche.

La senda

Cuentan que en África, un pequeño grupo de creyentes acordó reunirse en un claro del bosque cada día a la salida del sol, antes de dedicarse a sus tareas, para orar unidos al Señor. Sucedió que, por el mucho ir todos por el mismo lugar, la hierba dejó de crecer y se formó una senda.

Pero el diablo que no duerme hizo que la buena costumbre declinara al correr de los meses y la congregación vino a perder poder. En la senda volvió a crecer la hierba…

En la Biblia encontraremos versículos que nos exhortan a vivir una vida de comunión con Dios. Por ejemplo en Efesios 6:18 dice: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (RVR1960) y en Hebreos 10: 25 habla acerca de congregarnos: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. (RVR1960)

Todos los consejos, las exhortaciones y los mandamientos  que encontramos en la Palabra de Dios, no están por casualidad, sino que nos ayudan a vivir en mayor comunión con Él, lo que nos fortalece, nos llenan de sabiduría y nos lleva a disfrutar de las bendiciones que nuestro Padre tiene para nosotros.

El problema está cuando nos sentimos tan confiados que dejamos de leer la Biblia, de orar, de congregarnos, pensando que ya superamos todos nuestros problemas, que somos tan fuertes que ya no volveremos a caer en esa adicción, a ceder ante una tentación,  que nuestra familia no será tocada, que como ya Dios nos sanó somos invencibles, que nunca más tendremos  problemas económicos, etc.

Si bien es cierto que tenemos un Dios poderoso, cuya bendición trae paz y gozo, no debemos descuidar nuestra relación con Él y no porque sea un Dios vengador que si dejas de buscarlo te castiga, sino porque es la comunión con Él la que nos trae su paz y bendición, la que nos permite conocerlo y saber los planes que tiene para nuestras vidas.

No permitas que los afanes de la vida te roben tiempo con tu creador. Si las cosas van bien ora y si van mal ora aún más como dice Efesios 6:18: “orando en todo tiempo…” No permitas que vuelva a crecer hierba en medio de tu relación con Dios, que esa senda por la que transitas diariamente permanezca libre de cualquier cosa que te aleje de tu Padre.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Danilo Montero: ¿Por qué tenemos que congregarnos?

Algunos piensan que se puede seguir a Dios sin necesidad de asistir a una iglesia, después de todo, imitar el ejemplo de Jesús es una cuestión personal. Sin embargo, en Hebreos 10:25 dice: “Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca.” Así como este texto bíblico resalta la importancia de asistir a la iglesia, hay otras razones por las cuales uno no debe dejar de congregarse.

Danilo Montero explica cuáles son éstos otros motivos, y nos anima a ser perseverantes en las reuniones con otras personas que comparten la misma fe.

Este contenido fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El Capitán Frío

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.” – Apocalipsis 2:4

Seguramente recuerdas, al igual que yo, a este curioso personaje que podíamos ver en la serie “Batman”. Se trataba de un villano malvado que tenía un insólito problema que le impedía vivir a temperaturas normales del ambiente. Por dicha razón debía mantenerse en un clima muy frío contando para esto con un traje especial que le permitía superar esta anomalía. Su arma de ataque era congelara sus enemigos, logrando de esta manera que otros se sientan tan fríos e infelices como él.

Pensando en esto y aunque se trata de una serie televisiva, vemos que las armas que atacan actualmente a un creyente no son demasiado diferentes. ¡Cuántas veces vemos personas entusiastas, en todas las áreas de la vida, tienen proyectos, sueñan, pero al tiempo algo los desanimó y los vemos postergando sus sueños y sin esperanza!

Tal es el caso de algunos jóvenes que comienzan una relación de noviazgo con mucho entusiasmo, se los ve muy bien y parecen muy enamorados, pero en algunos casos esto no se mantiene con el paso del tiempo. Entonces ya no se sienten como al principio y lo que antes veían como una característica simpática en el otro, ahora parece haberse transformado en un defecto que se vuelve insoportable. Cuando se les pregunta las razones de este cambio generalmente lo explican diciendo: “se enfrió el amor”.

También nos encontramos con otros, muy activos en la iglesia, que se anotan en cuanto proyecto existe, los vemos entusiastas, queriendo hacer cosas nuevas, bien involucrados, sin embargo un tiempo después parecen desanimados, dudando y sin ganas de seguir. En otros casos, la situación llega a tal punto que dejan de asistir a la iglesia, abandonando las actividades que hasta hace poco le apasionaban. ¿Qué pasó, por que cambiaron tanto? Es probable que los haya atacado el capitán frío, pero no el de Batman, sino el enemigo que tiene como arma predilecta enfriar la vida espiritual de muchos creyentes.

Una de los dificultades mas frecuentes con la que tenemos que batallar es las de evitar el enfriamiento espiritual. Un creyente puede enfriarse cuando:

– Pierde la fe por los golpes y circunstancias de la vida.

– Quiere seguir a Dios, pero al mismo tiempo continúa haciendo cosas que lo alejan de El.

– Comienzan a ver defectos en las autoridades y miembros de las iglesia, considerando que si lo escucharan a él las cosas irían mucho mejor.

– Critica, murmura, habla de todos y muchas veces sin la menor piedad.

– La oración dejó de ser una prioridad y la remplaza por otras cosas o actividades, que los distraen quitándole el tiempo de intimidad con Dios.

– Permite situaciones de pecado, las que antes eran claramente inaceptables.

–  Escucha a todos los que ya se han enfriado en busca de confirmación de que él está en lo correcto.

Entonces los escuchamos decir: ya no siento lo mismo que antes, no sé qué me pasa, buscan la culpa en otros, ponen excusas, piensan en cambiar de iglesia, aunque íntimamente reconocen cierta responsabilidad en su situación de enfriamiento espiritual.

Tal vez te sientas identificado con alguna de estas situaciones, si es así, y consideras que te has enfriado, la solución está al alcance de tu mano. Así como el hielo no soporta el calor, ya que comienza a derretirse, de igual forma, todo enfriamiento espiritual, deberá ceder cuando recuperes el fuego de tu relación con Dios. Quizás es tiempo de preguntarnos ¿cuando comenzó el enfriamiento? ¿Qué hacíamos antes cuando estábamos lleno de fe y entusiasmo? ¿qué actividades teníamos?, ¿cuáles eran nuestros amigos y cuales nuestras prioridades? De tal manera encontrarás los pasos que necesitas dar para recuperar el fuego y la pasión que te lleven a vivir la vida abundante que Dios tiene preparada para ti.

Por Daniel Zangaro

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡A congregarnos!

“¡Vengan, cantemos al Señor! Aclamemos con alegría a la Roca de nuestra salvación. Acerquémonos a él con acción de gracias. Cantémosle salmos de alabanza, porque el Señor es Dios grande, un gran Rey sobre todos los dioses. En sus manos sostiene las profundidades de la tierra y las montañas más imponentes. El mar le pertenece, pues él lo creó; sus manos también formaron la tierra firme.” Salmos 95:1-5 NTV

En este salmo el salmista David hace una invitación: ¡Venid, cantemos al Señor! La misma hace mención a un llamado al pueblo a congregarse y adorar a nuestro Salvador por todo lo que Él hizo y por las cosas que aún hará. ¿Y dónde podemos adorar y recibir palabra de Dios en libertad sin ninguna distracción? Con seguridad en la casa de Dios, donde todas las personas que creen que Jesucristo es el Señor, el Dios poderoso, el gran Rey, el Mesías y Salvador del mundo, se reúnen para alabar y ser ministrados.

Pero muchas veces uno se cuestiona y dice: ¿Porque debo ir a la iglesia si puedo orar, adorar y leer la biblia en casa? La respuesta es sencilla, porque es el propósito de Dios para tu vida. Jesús fundó la iglesia para que convivas y estés unido como una familia con tus hermanos (as) en Cristo.

Ir a la iglesia te da la oportunidad de alabar y adorar a Dios. También de fortalecerte en la fe y recibir instrucción a través de la predicación y las lecturas bíblicas. Si no fuera tan importante el llamado a congregarnos y a adorar al Señor, creo que no estaría en la palabra del Señor.

“Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca.” Hebreos 10:25 (NTV)

El Señor no quiere que endurezcamos nuestro corazón como muchos lo hacen, porque el corazón que se aleja de Dios  y se rehúsa a hacer lo que Él pide, terminará mal.

No dejes que las actividades, las dificultades o cualquier otra cosa terrenal te impidan congregarte y adorar a Dios con todo tu ser este día. Estoy seguro que hoy hay culto en la Iglesia a la que asistes, por lo tanto no esperes mucho y trata de llegar temprano. Dios te espera.

“Vengan, adoremos e inclinémonos. Arrodillémonos delante del Señor, nuestro creador, porque él es nuestro Dios. Somos el pueblo que él vigila, el rebaño a su cuidado…” Salmos 95:6-7 NTV

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué tengo que ir?

Somos seres imperfectos y, por lo mismo, nuestras familias tampoco son perfectas; lo que no amerita a que nos quitemos el apellido y nos olvidemos de ella. Así sucede también con la familia de la fe, no existe iglesia perfecta y, por esa razón, no hay justificación para que dejemos de congregarnos.

El ser miembro de una congregación está perdiendo su importancia por los diferentes problemas que ocurren dentro de las iglesias, muchas de ellas ameritan dejar la congregación pero es nuestra responsabilidad buscar otra para continuar con nuestro crecimiento espiritual.  Consideremos algunas verdades bíblicas que respalda ese valor:

– La fe es a través de Jesús, y si colocamos nuestra atención en las personas, como base en nuestra fe, con seguridad nos decepcionaremos porque somos falibles, propensos a cometer errores. No olvides que quién dio su vida para salvarte fue Jesús, no hay nadie más. “…Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe…” Hebreos 12:1b-2a NTV.

– Jesús mismo se congregó, ¿por qué nosotros no? “Entonces Jesús regresó a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo. Las noticias acerca de él corrieron rápidamente por toda la región. Enseñaba con frecuencia en las sinagogas y todos lo elogiaban. Cuando llegó a Nazaret, la aldea donde creció, de fue como costumbre a la sinagoga el día de descanso y se puso de pie para leer las Escrituras.” Lucas 4:14-16

– Parte de nuestra firmeza en el camino del Señor está en  congregarnos porque necesitamos de otros para alentarnos, estimularnos y hacer buenas obras. “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Hebreos 10:23-15

– Cada uno es parte del cuerpo de la iglesia y la cabeza es Jesús, la unidad hace la fuerza: “En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.” Efesios 4:15-16 NTV

Si por algún motivo has dejado de congregarte, hoy quiero animarte a que ores para que Dios te dirija a una iglesia de sana doctrina, donde puedas fortalecerte y poner tus dones al servicio del Señor y para que también Dios pueda continuar  la obra que ha empezado en ti.

No te pierdas de la bendición de ser parte de una iglesia donde Dios obra en gran manera.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Con quién te enojaste?

Lamentablemente existen muchas personas que han dejado de congregarse y de relacionarse con otros miembros de la congregación por cuestiones meramente interpersonales, ya sea con los mismos hermanos o líderes.

La pregunta es: ¿Por qué si su problema ha sido con alguna persona, se enojan con Dios? La primera reacción que uno toma es el dejar de congregarse, incumpliendo el mandamiento que Dios nos da: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Hebreos 10:25 (RV-1960)

La mayoría nos justificamos alegando que continuamos orando en casa, pero si bien eso es algo muy importante, lo que también ayuda a un gran crecimiento espiritual es congregarnos, recibir esa palabra que Dios tiene preparada para nosotros.

Muchos hemos perdido el enfoque y el propósito con el que vamos a la Iglesia, olvidamos que la razón por la que se debe asistir es por tener un encuentro con Dios, recargarnos de fuerzas y nueva palabra para poder ser testimonio afuera y llevar personas a Cristo.

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” 1 Corintios 1:10 (RV-1960)

Si tienes alguna rencilla con alguien o te lastimaron, no permitas que eso afecte tu relación con Dios, tu mirada debe estar puesta en tu Padre Celestial y no en una persona terrenal, toma en cuenta que una Iglesia no es para justos pues no hay ni uno solo en esta tierra, no existe la iglesia perfecta, todos intentamos seguir los pasos de Cristo y es obvio que nadie es perfecto y verás muchas fallas.

Si has dejado de congregarte por una u otra razón hoy es el día de volver con tu familia, recibe ese alimento que Dios te quiere dar, eso te ayudará a limar asperezas con los demás y te enseñara a ver a los demás como Cristo nos ve, con misericordia y perdón.

Ahora levántate, vamos a la Iglesia, ¡Tu Padre te espera!!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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