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Refugio perfecto

¿Conoces algún lugar donde puedes refugiarte ante una catástrofe natural? Hay países que han desarrollado sitios donde brindan protección en casos de terremotos, o cuando hay inundaciones suelen preparar lugares específicos para albergar a la gente necesitada de un techo.

Pero ¿Qué pasa cuando no hay a dónde acudir? Estaríamos expuestos a los peligros latentes y nuestra vida estaría en riesgo. Asimismo estamos lejos de la cobertura de Dios, vulnerables, indefensos, débiles y sin fuerzas, en cambio si permanecemos en Él tenemos su protección.

El salmista David aseguraba que: “Jehová será refugio del pobre, Refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.” Salmos 9:9-10 (RVR1960)

Tenemos protección en Él pero  esto también  implica conocerlo, sólo que aquí hay un gran detalle, no se refiere solamente a reconocer que Jehová existe, sino a vivir personalmente una experiencia con Él, a obedecerle y a seguir su guía.

¿Cuánto conoces de Dios? ¿Él es tu refugio cuando atraviesas alguna adversidad o corres a otros lugares? Invierte tiempo en experimentar de su amor, así como compartes con alguien que amas y disfrutas tenerlo cerca ¡busca tener una relación firme con tu Defensor!

Su protección va más allá de lo que puedan hacer en nuestra contra, su poder nos da la fortaleza para continuar el camino correcto y su amor nos guarda de perdernos en el mal. Además que por su gracia suple nuestras necesidades.

¡Él es nuestro refugio eterno y perfecto!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Bailando en la oscuridad

“La vida fuera de la baldosa, bailando en la oscuridad.”

(Yo, hace algunos años en otro artículo)

No sé si a toda la gente le pasa lo mismo. Hay un instante en la vida que parece definirlo todo. Que ofrece con cruda honestidad la posibilidad de confrontar lo aprendido, de “salirse de la baldosa” en la que uno ha estado parado siempre. A lo mejor no le pasa a todos. O a lo mejor sí, pero muy pocos lo ven y responden.

Eso de la baldosa surgió una vez que estaba hablando con alguien acerca de ese instante y mencioné aquel viejo twist de Rafael Peralta que decía en alguna parte “Sólo contigo mi preciosa yo bailo en la misma baldosa”. Y se me ocurrió que todos vivimos con un conjunto de creencias y convicciones que forman nuestra baldosa, el piso en el cual nos movemos y desde el cual miramos el mundo y juzgamos las cosas.

Pero salirse y mirar desde afuera lo que creemos y somos es algo que sólo puede hacerse si uno ya traía preguntas desde temprano en la vida. Preguntas sin respuesta. Una inquietud previa: “¿Y si las cosas no fueran así..?” La mayoría se acomoda. Se queda en esa zona de confort donde todo está respondido y todo está asegurado. Viviendo como si la verdad fuera una cosa pequeña, asible, definitiva y total.

Es irónico que la declaración de Jesús – la verdad os hará libres – en nuestro mundo evangélico funcione al revés. Una vez recibida la “verdad” la gente ya no piensa más, ya no cuestiona más, ya no confronta nada. Es como si se congelaran para siempre las preguntas que uno tenía antes de entrar en el sistema. Es como quedarse dentro de una jaula invisible que impide la libertad de pensar y pensarse de nuevo cada vez que es necesario y posible.

Salir a la intemperie. Abandonar la comodidad de los sistemas, volver a la Palabra y preguntarse: “¿Es esto así?” Salirse de la baldosa y bailar en la oscuridad donde por un tiempo no hay nada seguro, sólo exploración, interpelación y duda.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia…” (Oseas 6:3)

No es adorable ese proseguiremos? No hay nada terminado. Hay más búsqueda y más encuentro – aunque a veces sea terrible bailar solo, en la oscuridad…

Busca su voluntad…

“Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar.” Proverbios 3:6 (NTV)

Cuando no la conocemos nos sentimos inseguros de avanzar, en cambio sí sabemos  Sus propósitos, comenzamos a caminar con certeza.

Si hasta hoy creíste que es suficiente conocer a Dios y sin darte cuenta tu vida de a poco perdió el rumbo, te animo a buscar en oración a tu Padre celestial,  y a través de la meditación de Su palabra te guiará hacia su Voluntad.

¡No hay nada más importante que caminar en ella!

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Yo soy el buen pastor!

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.” Juan 10:14-15 (RVR1960)

Durante mi niñez tuve la oportunidad de visitar el pueblo donde mis papás habían vivido toda su infancia, fue emocionante saber que tenían un pequeño rebaño de animales al cual habían cuidado por años. En mi osadía, pedí a mis padres pastorear sus vejas, ellos accedieron a mi petición, pero con la condición de que mi hermana me acompañaría en esa travesía; como era un rebaño reducido en comparación de otros que vi cerca de su vivienda, dije que no será difícil de hacerlo.

Al día siguiente me levante muy temprano para preparar la merienda del día,   y después de las recomendaciones de mis padres, mi hermana y yo salimos a la gran aventura, llevamos una honda aún sin saber manejarla, mientras íbamos camino al establo donde se hallaba nuestro ganado construimos una vara y un cayado que serían de gran ayuda para encaminarlas.

Y cuando llegamos al lugar, apenas abrimos las puertas era increíble como todas las ovejas enloquecieron para salir una tras otra, era imposible tomar control de ellas, no sabía cómo llamarlas, no pude usar la honda para evitar que se escaparan y por más que intenté llevarlas hacia los pastos donde tenían que comer se dispersaron, entraron a terrenos ajenos y tuve que levantarlas a las más pequeñas; me sentí la peor pastora, porque casi la perdimos a una. Me di cuenta que ellas conocían la de voz su pastor que no era yo, quizá estaban temerosas de que una extraña las cuidara y las llevara a comer y a beber, porque cada vez que levantaba la vara ellas huían.

Entonces entendí que también nosotros somos ovejas de nuestro Pastor, Jesucristo, quien por su gran amor entregó su vida por cada uno de nosotros, siendo su cuerpo molido y su sangre derramada para que fuésemos salvos, y para que ninguno tuviera que perderse.

Qué alivio nos da saber que nuestro buen Pastor nos conoce, nos llama por nuestro nombre y es su deseo que formemos parte de su redil, para darnos una vida abundante y que nada nos haga falta. Pero a veces nosotros, como ovejas testarudas, somos indisciplinados y al desviarnos hasta llegamos a caernos y maltratarnos; sin embargo al Señor, no le importa llevarnos en sus brazos, recostarnos en verdes pastos y allí, amorosamente cuidarnos y vendarnos si estuviéramos heridos.

A veces creemos que en situaciones dolorosas estamos solos y nos sentimos desfallecer, pero la verdad es que no hay nadie que nos conozca mejor que nuestro buen pastor, quien nos capacita para vencer; así andemos por valles tenebrosos, podemos tener la confianza de quien tiene el control de todo, es Él.

A pesar de la situación que puedas estar enfrentando corre a los brazos de tu buen pastor, Jesús, de quien su vara y su cayado te infundirán aliento para seguir.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Salmo 23:4 (RVR)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué tanto lo conoces?

“El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad.  En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra…”.  1 Juan 2:4-5 (NVI).

Quizá alguna vez te has preguntado: ¿cómo conocer a un Dios que no veo, si conviviendo con alguien me cuesta? Sabemos que por naturaleza necesitamos ver para creer, pero increíblemente Dios en su palabra nos pide todo lo contrario, cuán difícil es esto ¿verdad? Si deseas conocer los pensamientos de Dios, su voluntad, los deberes y beneficios que te corresponden por ser su hijo, debes dedicarle tiempo a estudiar su Palabra, pero no solamente leerla sino también ponerla en práctica, obedeciendo los principios que encontramos en ella. No llegaremos a crecer en nuestra amistad con Dios si no dedicamos tiempo a leer su palabra para luego aplicarla ¿Te das cuenta qué tan importante es leer la Biblia? No debemos engañarnos al pensar que el sólo hecho de asistir a la iglesia o hacer buenas obras nos aportan conocimiento sobre nuestro creador, ¿te has puesto a pensar cuánto tiempo inviertes en leer su palabra?, ¿cuándo fue la última vez que pasaste tiempo con Él? Si reconoces que has tenido dificultades apartando tiempo para relacionarte con Dios, pídele perdón por no buscarlo de la manera que debieras y comienza hoy a tomar un compromiso más serio que te conduzca a un conocimiento más profundo de tu amado Padre.

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Somos sus hijos!

“Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él.” 1 Juan 3:1 (NTV).

Tal vez nunca conociste el amor de tus padres o quizá fue escaso y aún condicional; pero sin importar cómo haya sido, hoy puedes experimentar la máxima expresión del amor del Padre celestial que desea llamarte su hijo. Él no te pone condiciones, al contrario, te acepta y te ama tal y cómo eres. Las personas te podrán rechazar, ignorar o tratar con indiferencia, pero nadie puede lograr que el padre deje de amarte. Su amor jamás cambiará. ¿Quieres experimentarlo?

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sus ovejas oyen su voz ¿Y tú?

La voz es única en cada ser humano, así como las huellas dactilares; estos detalles nos hacen únicos en medio de muchas personas que también son incomparables.

Aún si estuviésemos en un lugar muy concurrido y ruidoso podríamos distinguir la voz de nuestros seres queridos cuando nos llaman, simplemente porque es única y la conocemos muy bien.

Jesús dijo: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen” Juan 10:27 (NTV).

A veces en medio de una necesidad o de un problema deseamos oír la voz de Dios y con ello su respuesta y nos preguntamos si realmente lo que estamos oyendo es a Dios o son nuestros propios deseos y pensamientos.

Ahora, debemos preguntarnos ¿Conozco la voz de Jesús?

Conocer a Jesús y con ello poder reconocer su voz no es algo que se logra de un día a otro, es producto de una relación cercana e íntima. Pasar tiempo juntos es vital para una relación y de la misma manera sucede con Dios, no podemos pretender escuchar su opinión o decisión de manera inmediata cuando jamás hemos procurado buscarlo y mucho menos conocerlo.

Quizás es difícil y hasta vergonzoso decir que no podemos reconocer la voz de Dios porque no pasamos tiempo con Él, es cierto que tenemos muchas actividades, responsabilidades que requieren nuestra atención y tiempo pero si no priorizamos y le damos el tiempo que le corresponde nunca conoceremos a Jesús y será muy difícil oír una respuesta del Padre.

No es lo mismo saber de Él que conocerlo, Dios está ahí, dispuesto para guiarte y hablar contigo, por ello te invito a tener una vida de oración, medita en su palabra y también congrega.

“¡Oh, sí conociéramos al Señor! Esforcémonos por conocerlo. Él nos responderá, tan cierto como viene el amanecer o llegan las lluvias a comienzos de la primavera” Oseas 6:3 (NTV).

¿Eres parte del rebaño del Señor?

Por Judith Quisbert

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Donde tú vayas, yo iré…

Respondió Rut: “No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque adondequiera que tú vayas, iré́ yo, y dondequiera que vivas, viviré́. Tu pueblo será́ mi pueblo, y tu Dios, mi Dios” Rut 1:16 (RVR).

Esta fue la declaración leal de una joven viuda a su suegra, quien diez años atrás enviudó y ahora había perdido también a sus dos hijos a quienes tanto amaba. Por supuesto que no fue fácil asimilar todo esto, lo que la llevó a envolverse en un manto de tristeza y amargura, que terminó en una despedida.

Cuando nos hallamos en pruebas difíciles de sobrellevar, muchos optamos por la soledad, y puede que Noemí haya elegido esto en su desgracia, pero Rut (una de sus nueras) decidió quedarse con ella, no sólo para acompañarla en su dolor sino también porque vio algo en Noemí que la hizo abandonar su religión, sus costumbres, su casa y  sus comodidades para vivir en una tierra que no era la suya. Tal vez fue una decisión descabellada, pero digna de ser imitada por el propósito que alcanzó.

Nunca podremos estar seguros de lo que la vida nos puede presentar en el camino, muchos la pensaríamos dos veces antes de arriesgarnos, y puede que otros simplemente no lo haríamos, pero si Rut dijo “lo dejo todo por seguirte” es porque la presencia de Dios moraba en la vida de su suegra. Jamás pensó interesadamente en ella para tomar esta decisión, seguro que ni se le pasó por la mente el volver a contraer matrimonio, simplemente ella se dejó guiar hacia la voluntad que Dios tenía para ella.

Como dice el dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Es totalmente cierto, sabiendo que las amistades pueden llevarte tanto hacia Dios como a separarte de Él, ¿De quienes estás rodeado? ¿Puedes decir las mismas declaraciones que Rut hizo? Quizás tengas que buscar “nuevas personas” que te animen a crecer en Jesús.

Noemí fue una gran influencia en la vida de su nuera, no sólo la llevó a conocer a su creador, sino que por su entrega  a Dios, Él pensó en Rut para que de su linaje llegara el Salvador a este mundo.

Debes tomar en cuenta la influencia que tus amistades tienen en relación a tu compromiso con Jesús. Ten cuidado si pasas demasiado tiempo con amistades que no comparten tu fe y más aún si ellos influyen más en ti que tú en ellos, seguro vas a enfrentarte con serios problemas porque terminarás siendo el reflejo de lo que ellos son.

Rut tuvo que arriesgarse para experimentar nuevos cambios en su vida, lo cual puedes hacer tú también, sabiendo que ese cambio beneficiará tu crecimiento espiritual. Busca todo lo que estimule a tu crecimiento en el Señor y si a ti te toca ser la persona que influencie a los demás, muestra a un salvador que está dispuesto a llenar todo vacío y al igual que Rut alguien te dirá: “No me ruegues que te deje…”.

“Camina con sabios y te harás sabio; júntate con necios y te meterás en dificultades.” Proverbios 13:20 (NTV)

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Profundidad

Los océanos cubren el 71 % de la superficie terrestre, siendo el océano Pacífico el más grande. La profundidad promedio de los océanos es de 3,730 metros, según una página en internet.

Otro dato interesante es que a tal profundidad es difícil que se desarrolle vida; sin embargo, según investigaciones, existen peces con una visión reducida y ojos grandes que perciben únicamente destellos bioluminiscentes.

Si hay vida en el fondo del mar, entonces seguramente también podemos encontrar mayor bendición cuando profundizamos la relación con Dios, en su Palabra y en oración.

Quien escribió el Salmo 119, pues no se sabe con certeza el autor, llegó a tal intimidad con Dios que le pedía: “Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley…. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón.”  Salmos 119:17-18, 34 (RVR1960) Tengamos este mismo deseo para que poder entender, atesorar y cumplir las leyes del Señor.

Quiero alentarte a anhelar más de Dios y profundizar tu relación con Él, a construir el cimiento de tu fe en base a la palabra pura y verdadera. A todos, Dios nos dio la capacidad de aprender, no nos conformemos con sólo pasear a las orillas del mar y mojar nuestros pies, cuando podemos entrar por completo y descubrir el corazón de Dios, su sentir, sus propósitos y sus planes maravillosos.

¡Sumerjámonos a lo más profundo de la vida espiritual!

“¿Has visitado el misterioso abismo donde tiene sus fuentes el océano?” Job 38:16 DHH

 

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Mi mejor regalo de navidad

Desde muy pequeña soñé con una familia perfecta, donde después de un largo día de trabajo el papá llega a casa y la esposa y los hijos lo reciben con amor, al parecer todos son felices y, a pesar de no tener mucho, la alegría y la unidad abunda entre ellos. Si alguno de ustedes vio la serie “La familia Ingalls” podrá entender de lo que hablo.

Muchas veces no quise abrir mis ojos para dar por terminados mis sueños y vivir la realidad en la que me encontraba, porque a cambio de abrazos eran golpes y  en lugar de palabras suaves, gritos. Anhelé con todo mi corazón que esos días y noches de peleas terminaran pronto, pero no parecía tener fin; al contrario, creo que los conflictos iban en crecimiento hasta terminar en la rivalidad, lo que día tras día compungía mi corazón por los reclamos y palabras hirientes que mis padres se decían uno al otro.

Pero un día, cuando la situación parecía empeorar me acerqué a Dios, de quien había oído que era capaz de restaurar todo lo que parecía estar perdido, sentía tanto peso en mi corazón por lo que vivíamos  que estaba dispuesta a todo con tal de que las cosas mejoraran.  Con lágrimas en los ojos le pedí a Dios que restaurara mi familia y que si realmente Él existía transformara la vida de mi papá, quien no sólo había mostrado ira por conflictos pasados con mamá, sino porque estaba enviciado con el alcohol, lo cual le era difícil dejar.

Cuando mis fuerzas parecían terminar y creía que nada pasaría, Dios envió ángeles para hablarle a papá. Al parecer fue la primera vez que él prestó atención a lo que ellos decían, mi padre jamás tuvo interés de llevar una vida cristiana, en su mente estaba el disfrutar lo que se podía mientras uno estaba vivo, pero no creía que existía vida después de la muerte. Cuando vi su interés, creí que todo pasaría pero llegando una vez más al fin de semana, entendí que sólo había escuchado por gusto, porque nada cambió.

Mis días de oración por mi familia y en especial por mi padre se alargaron, fue el tiempo donde empecé a conocer a mi creador y donde pude adquirir más fuerza para seguir intercediendo por él. Pasaron meses, años y aún había esa pequeña esperanza que me impulsaba a seguir, a pesar de que hubo momentos de desánimo, Dios me ayudó a no desistir.

Al poco tiempo papá enfermó, estaba postrado en cama sin diagnóstico conocido. Tal vez él estaba asustado por lo que estaba viviendo, empezó a escuchar música cristiana y prédicas que estaban almacenadas en nuestro pequeño equipo. Me alegró el corazón saber que tenía  algo de interés por conocer a Dios.

Un domingo me armé de valor para decirle: “Pa, estoy yendo a la Iglesia, ¿quieres ir conmigo?”  Él respondió: “Sí”. Creo que sólo bastaba esa palabra para que él entregara su vida a Cristo, el Señor había estado trabajando en él de manera particular. La verdad no esperaba esa respuesta, pero puedo decir que ése día fue el mejor de toda mi vida. Al verlo entrar por los atrios de la Iglesia sentí tanta felicidad y gratitud; y  poco tiempo después mi mamá llegó a los pies de Cristo. Y por supuesto que las cosas cambiaron.

Se acercaban las fiestas de fin de año y puedo asegurar que fueron las mejores de todos los tiempos, si bien antes cada uno se iba a descansar después de un largo día de trabajo, ahora había una razón para agradecer a Dios por sus grandes maravillas en nuestras vidas. Ése fue mi mejor regalo de navidad.

Si por años haz estado luchando por tu familia sin ver resultado alguno, no pierdas la esperanza, Dios puede darte el mejor regalo en esta navidad, no todo está perdido, sus planes están por encima de los nuestros, ¡sigue batallando!

Aunque no existe la familia perfecta tenemos a un Dios perfecto, capaz de restaurar lo que parece estar perdido. Aprovecha estas fechas para compartir el amor de Dios, hay personas que necesitan de tan sólo una palabra para llegar a los pies de Cristo nuestro Salvador.

“Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo, todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en Él y Él en Dios”.1 Juan 4:14-15 (RVR).

Por Ruth Mamani

 

 

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Él te conoce ¿Tú lo conoces?

Un niño, se encontraba en la entrada de la mina, esperando pacientemente la salida de los mineros pues su padre trabajaba allí. Se le acercó un hombre mayor que lo estaba observando y le dijo: ¿Qué haces ahí? El niño respondió: estoy esperando a mi papá; el hombre le dijo: No podrás reconocerlo entre tantas personas que salen con el rostro cubierto de carbón y con un casco ¡será mejor que te regreses a tu casa!, a lo que  el niño respondió: ¡Pero mi padre me conoce!

Si bien el niño no podría reconocer a su papá, su padre sí lo conocía. De la misma manera que nuestros padres terrenales saben nuestros gustos, gestos, etc. Dios nos conoce a la perfección.

Salmos 139:2 dice: “Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto;  conoces mis pensamientos aun cuando me encuentro lejos” (NTV).

Como buen Padre Dios conoce a sus hijos, nada pasa desapercibido, sabe el dolor físico que sientes, conoce tus días de felicidad y tristeza y jamás te ha dejado sola(o).

Muchas veces los tiempos de tristeza y aflicción pueden hacerte pensar que Dios es indiferente a ti y a tu necesidad, pero Él sabe lo que requieres y en qué momento lo necesitas “(…) tu Padre sabe exactamente lo que necesitas, incluso antes de que se lo pidas” Mateo 6:8 (NTV) Dios ve y conoce todo de ti porque eres su principal tesoro e interés.

Quizás no has recibido lo que esperabas, o simplemente no tienes una respuesta a tu problema o necesidad y tienes motivos para estar molesto con Dios pero recuerda que Él te conoce, sabe lo que necesitas y por su amor y misericordia te dará lo que pides en su tiempo.

¡Qué difícil es no recibir lo que uno quiere! pero debemos tener la certeza que nuestro Padre siempre velará por nuestro bienestar físico, espiritual y material.

Los versículos mencionados nos muestran a un Padre atento a sus hijos que los conoce muy bien, pero ahora quiero preguntarte:

¿Conoces a Dios? ¿Conoces lo que Dios quiere para ti?

Por Judith Quisbert.

 

 

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Buen futuro

¿Hay alguien que sabe todo de ti? Tus gustos, la manera que ves la vida, o qué emociones te invaden cuando pasas por alguna situación difícil o los pensamientos que tienes con respecto a tu futuro.

Alguien que conozca la más mínima cosa de ti, tal vez podrías nombrar a un familiar o un amigo, pero ninguno más que Dios tendrá conocimiento a detalle de toda tu vida y lo que será de ti en el día de mañana.

El rey David inicia el Salmo 139 con estas palabras: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.” versos 1-4 Declara a Dios como el único que tiene absoluta noción de su andar.

Tal vez ahora crees que nadie sabe ni entiende cómo estás ahora, posiblemente tienes temor al cómo será tu futuro por los problemas que estás pasando. Por eso quiero recordarte que más allá de conocerte, Dios también quiere ser quien te brinde la ayuda que necesitas, la fortaleza para vencer la prueba que estás pasando, la esperanza para seguir adelante y la provisión en este tiempo de escases.

Con la Omnisciencia de Dios tenemos la plena certeza de que saldremos victoriosos en medio de la aflicción o incertidumbre porque Él está preparando salidas y soluciones para tu bienestar. Por eso pídele que te guíe hacia su perfecta voluntad: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24

¡Confía que en Dios tu vida está en buenas manos!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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