conocimiento Archives | CVCLAVOZ

All posts in “conocimiento”

Amanecer en Santa Cruz

El sol de la mañana se desmadeja entre el follaje de los mangos que la ventana deja ver. Es demasiado temprano para trabajar y demasiado tarde para las ensoñaciones. En este minuto lo único posible es el silencio.

Una bronquitis persistente apaga un poco el ardor de la palabra. Reservo lo que puedo la voz para la presentación  de esta noche. He pensado tanto en lo que decir al pequeño grupo que se reunirá en el living de la casa de mi amiga.

Persuadir. Interrogar. Provocar a una expectante audiencia a salir a la intemperie porque vivir bajo el paraguas de los paradigmas es cómodo y no hay que pensar casi nada.

El aroma del café y las tostadas me ayudan a reencontrar un poco la paz. Siempre se agita mi cabeza cuando lo que debe ser dicho se tiene que decir.

El cielo se va nublando un poco pero todo está tibio y sereno. La mente se aplaca un poco y entiendo que el camino es largo y entramos a tientas casi en un territorio desconocido.

Hablo en voz baja pero audible, cosa que hago todas las mañanas. Les pregunto imaginariamente a las personas que estarán presentes qué va a pasar si el fin de los tiempos se tarda indefinidamente.

¿Para qué están preparados? ¿Qué orientaciones fundamentales han provisto a las nuevas generaciones? ¿Cómo van a sobrevivir en la vorágine del cambio ya que por siglos se han marginado de la conducción de los procesos sociales?

Mi amiga y anfitriona me envía un mensaje que dice algo como “cosas que ojo nunca vio y oído no oyó”. Lo pienso de un modo distinto, la verdad. Es casi seguro las cosas que estas personas van a oír de mí no las han oído nunca. No me estoy jactando. Sólo me sigue doliendo que así sea.

La dura costra del conocimiento adquirido al entrar en la comunidad de los creyentes es resistente a la pregunta. Concluye que las cosas son como son porque así están escritas desde antes de la fundación del mundo y me entra una como ardiente rebeldía porque no es así.

La verdad tiene la frescura y la versatilidad del encuentro constante. No es estática. Es fibrosa, abismante, sorprendente. Porque como algún viejo profeta dijo, “conoceremos y proseguiremos en conocer”.

Prosigamos. Es la propuesta que pienso en este amanecer en Santa Cruz de la Sierra, aquí en Bolivia…

De nuevo lo importante…

“Un poco más de Biblia, menos Prozac y más lectura apropiada”

(El autor de este blog en el artículo Un universo aparte)

Lou Marinoff escribió Más Platón y menos Prozac. Propone que un conocimiento más cercano de la filosofía puede ayudar a la sanidad de patologías individuales y sociales.

Prozac es el nombre comercial de la fluoxetina, un medicamento lanzado al mercado hace casi medio siglo y que se considera muy efectivo para tratar la depresión.

En el artículo Un universo aparte parafraseé el título poniendo más Biblia y más lectura apropiada. ¿Puede la sabiduría de los textos clásicos ayudar a superar la ansiedad producida por la velocidad del tiempo y la obsesión del éxito?

Tuve un maestro que solía decir: “En la Biblia está todo lo necesario para el conocimiento de lo que está bien y lo que está mal.” Quería significar que una comprensión adecuada del texto orientaría a las personas a saber cómo debían vivir.

Y eso no sólo ocurre con la Biblia. Si uno leyera menos libros de autoayuda y más textos de la literatura universal aprendería mucho acerca de la condición humana, sus desafíos y problemas y los caminos para enfrentarlos.

¡Cuánta gente va de conferencia en conferencia, de libro en libro, de técnica en técnica para obtener una vida más plena! Les obsesiona la idea de la solución definitiva con el método perfecto en cinco pasos.

La profundidad. Eso es lo que la presente generación no parece entender. La profundidad, el pensamiento, el análisis, la reflexión, la consideración meditada de las cosas. Eso es lo que aporta tranquilidad y perspectiva.

Me abruma la cantidad de gente que busca consejo, ayuda, orientación, amparo que en la práctica no tiene necesidades apremiantes como un refugiado sirio, una familia que vive en un basural de Calcuta o una mujer que recoge cartones en la noche sudamericana.

Lou Marinoff reflexiona en su libro que la sociedad de la abundancia ha saturado la vida de cosas pero no ha resuelto el dilema de la existencia. La gente continua abrumada por el miedo, la culpa, el desasosiego, el tedio.

En contraste, la gente víctima del hambre, del peligro de muerte, del desarraigo de la tierra no se puede dar ese lujo. La única meta posible es vivir otro día. Están obligados a pensar en lo importante.

Tal vez sea hora de acudir de una vez por todas a lo importante.

Juego: Historias insólitas de la Biblia

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Saber sagrado

Dicen algunos estudiosos que Hipaso de Metaponto, un discípulo de Pitágoras estaba estudiando la medida de la diagonal del cuadrado y arribó a la perturbadora conclusión que la raíz cuadrada de 2 no era 1 ni era 2, sino un número intermedio que resultó ser inconmensurable. Hoy a esos números se los llama irracionales.

Esto desafiaba el mundo ideal de Pitágoras en el cual todas las medidas eran perfectas. El estaba tan imbuido de esta idea que dedujo que el Universo mismo se había construido a partir de números.

Así que el descubrimiento de Hipaso era un peligro para la armonía matemática de Pitágoras. “Cuenta la leyenda” que los discípulos de Pitágoras, previendo el peligro que estas ideas traían al orden establecido por el matemático, en un viaje de barco lo habrían lanzado por la borda. O sea, lo habrían asesinado.

Los siglos han demostrado que cada vez que alguien desafía el conocimiento estándar con una idea distinta desordena el tablero y es visto como un enemigo. Pero el tiempo casi siempre ha demostrado que esa nueva idea era correcta o más adecuada.

Que la tierra era redonda, que su interior era una bola de fuego desde donde provenían los volcanes y que giraba alrededor del sol fueron ideas cuya condena a muerte sólo podía ser evitada con la retractación. Es irónico que la madre y maestra de estas sanciones fuera la iglesia cristiana.

La verdad, cuando es verdad verdadera, trae implícita la libertad. El conocimiento, en lugar de encerrarlo a uno en un sistema exacto de saberes, lo instiga a explorar lo que se sabe, a interrogarlo, a confrontarlo con la realidad como es y no como uno quiere que sea.

Pero la madre y maestra se resiste a pie juntillas a que sus paradigmas fundacionales sean revisados o expuestos. La política interna – poder, dinero, influencias – depende de su estabilidad. La intangibilidad de sus dogmas es fundamental para su subsistencia como sistema. 

Así que el saber sostenido por la institución es elevado a la condición de sagrado y cuestionarlo sería provocar a Dios mismo. Más claro echarle agua.

Pero el saber no es patrimonio de un grupo privado. Está disponible para todo aquel que lo busque de todo corazón. Es de acceso libre. Es vulnerable al amor, a la pasión, a la razón.

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32)

Cinco segundos

“Hay cinco segundos para retener la atención de chicos y chicas que nacieron entre 1994 y 2010…

Lo de los cinco segundos no sorprende: es una generación cuya cultura está definida por el instante, la fugacidad, la velocidad y la fragmentación.”

Las citas anteriores corresponden a una nota de prensa que da cuenta del tiempo de atención que otorga la generación centennial (que tiene hoy entre 14 y 20 años) antes de pasar a otro asunto.

Aunque el artículo se refiere mayormente a la atención prestada a los contenidos de la pantalla del celular podríamos aventurar que lo mismo se da en otros aspectos de la vida: la casa, la escuela, las juntadas, el trabajo.

Por una razón simple. “No es cierto que se puedan hacer varias tareas a la vez. Para hacer una nueva el cerebro tiene que desenfocarse de lo que está haciendo, y eso opera en detrimento de la primera”, advierte en el artículo una especialista en cultura juvenil.

Cuando uno ve a los chicos y chicas mirando televisión, atendiendo a su celular, hablando con sus amigos y amigas, todo eso simultáneamente, resulta evidente que el tiempo de atención que otorgan a las cosas es mínimo.

La palabra clave en las citas que hemos anotado al comienzo es fragmentación. Este fenómeno comenzó hace muchas décadas pero cristalizó en la primera parte del siglo XX con la radio y la televisión.

La cultura de la fragmentación se caracteriza por la desagregación de los contenidos que hacen al conocimiento. Se pierde la perspectiva. Los “árboles” no dejan ver el bosque. Las personas han perdido la habilidad de relacionar, discriminar e interpretar contenidos por lo cual son mucho más susceptibles de manipulación y engaño.

Las fake news no tendrían efecto alguno en una cultura de pensamiento crítico porque el público simplemente las cotejaría con todos los aspectos involucrados. Pero esto es prácticamente imposible hoy – no sólo para la generación centennial sino para la mayoría de la gente.

Vivimos en un mundo fragmentado. La velocidad, la fugacidad y el instante cubren todo convirtiendo la realidad en un movimiento virtual, una experiencia de orden esotérico, un acontecer onírico.

Eso, sin mencionar el aburrimiento, la impaciencia y el bajísimo nivel de tolerancia a la frustración que experimenta todo el mundo.

No se vislumbra un retorno a la cordura del pensamiento crítico y el conocimiento construido. Navegamos a toda vela en la vida líquida.

Boca de ganso

Mi mamá, cuyo vocabulario era rico en refranes camperos, solía decir que cierta persona hablaba por boca de ganso. Es decir, hablaba algo que había escuchado o que le había sido dicho por otra persona.

Cada día se hace más evidente que me estoy poniendo viejo. A medida que pasa el tiempo me sensibilizo respecto de cuestiones que viví o que entendí hace tantos años. Y me doy cuenta que algunas de ellas constituyen ricas y tremendas verdades acerca del mundo y la vida por lo que hay que visitarlas de nuevo.

Una vez un profesor de mi primer año de universidad nos dijo que prácticamente todas las ideas que teníamos acerca de cualquier cosa las habíamos adquirido de otros. Le pregunté si era esa una idea propia o la había recibido de alguien más.

Traigo esto a cuento porque el otro día vi un debate en YouTube acerca de tolerancia y religión. Uno de los invitados se refirió casi todo el tiempo a autores y pensadores que había leído o escuchado.

Su “oponente”, alguien que conozco hace muchos años, debe haber citado uno o dos autores. El resto del tiempo elaboró sus argumentos sin referencia a importantes escritores.

No quiero decir que estuviera mal referirse a ellos; estaban bastante bien citados. Pero me resultó difícil separar las citas de lo que elaboraba el invitado.

Nadie piensa a partir de cero. Siempre hay algo que estimula, sorprende o ilumina. Pero llega el momento en que ese conocimiento debe ser interrogado. Debe ser cuestionado a la luz de nuevos estímulos o de otros conocimientos que lo desafían.

Digamos que está bien si uno dice: Como dijo Baltasar Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero no sería tan bueno pasarse la vida diciendo lo mismo. En algún momento hay que hacerse algunas preguntas respecto del asunto.

Eso no quiere decir que las palabras de Gracián estén mal. Lo que uno esperaría es que ellas lo impulsen a uno a seguir preguntando y ampliando la perspectiva.

Una cierta verdad no tiene que dejar de ser verdad si uno la confronta. (Aunque si deja de serlo tal vez es porque no era). Lo que ocurre con el pensamiento crítico es que uno desarrolla una visión más propia de las cosas.

Entonces, uno está menos expuesto a la manipulación y no anda hablando cosas por boca de ganso.

Emoción, aprendizaje y convicción

“Los aprendizajes que más perduran son los asociados a momentos de intensa emocionalidad.”

Darío Gigena Parker, Director del Centro Gigena Parker, Argentina)

Muchas veces me pregunté por qué las personas tienen tanta dificultad para cuestionar sus propias convicciones. No sugiero que no se tengan certidumbres y que la vida no se maneje con cierta consistencia.

Pero hay momentos en que es necesario preguntarse ciertas cosas acerca de lo que uno cree y por qué lo cree. Si no, uno podría terminar siendo nada más que una caja de resonancia de cosas que uno aprendió de otros.

Aquí es donde entra la cita de Gigena Parker: llegué después de mucho tiempo a esta misma convicción respecto de por qué los cristianos son tan impermeables a la evolución. ¿Por qué se quedan atados a un cierto nivel de aprendizaje y de ahí uno no los saca nunca más?

He abordado este tema aquí desde varios puntos de vista. Y el que propongo hoy está motivado por la cita que comento. La conversión está ligada a un momento de gran impacto emocional. Las personas comentan que tuvieron una revelación, una experiencia sobrenatural, una sanidad impresionante, un milagro muy grande.

Así, la nueva vida comienza en un acto de intensa emoción. Una emoción que todavía dura cuando la persona recibe la instrucción básica, el discipulado inicial, la enseñanza cristiana del principio. Ese aprendizaje va a calar y se arraigará muy profundo por su vinculación con la alegría, el asombro,  la maravilla de lo recientemente experimentado.

¿Cómo lograr que las personas experimenten un desarrollo, una evolución virtuosa en el conocimiento y en su aplicación en su vida cristiana actual?

Digamos que el conocimiento tiene dos caras. Por una parte, el que ya hemos comentado: se ha nutrido y se ha establecido al amparo de la emoción, de la alegría, del encanto. Pero luego tenemos que abordar el conocimiento que surge de la razón, del pensamiento crítico, de la pregunta. La interrogación al texto de la Biblia, la interpelación a los enseñadores y lideres, mucho más allá del cursillo de vida abundante.

Este último es un acto de fe tan válido como el que se experimenta acicateado por la emoción. Porque el conocimiento es, por así decirlo, la acción del Espíritu Santo en reposo, ese estado en donde ejerce la facultad de enseñarnos todas las cosas y convencernos de que hay nuevas esferas del saber.

¿Por ciencia o por experiencia?

¿Cuántos de nosotros no nos hemos sentido nerviosos al ir a una primera entrevista de trabajo? Hacemos todo lo posible por demostrar nuestra capacidad e impresionar con nuestras palabras e incluso vestimenta, ¿verdad?

Quizá esa fue la actitud de Nicodemo, un líder religioso de los fariseos, maestro de la ley, quien se acercó a Jesús diciendo:

“(…) —Rabí—le dijo—, todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Las señales milagrosas que haces son la prueba de que Dios está contigo.

Jesús le respondió:

—Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.”

 Juan 3:2-3 (NTV)

Imagino el tamaño del signo de interrogación que había en la mente de Nicodemo, no podía entender las palabras de Jesús a pesar de ser un “maestro de la ley”. Él  pensó en la imposibilidad de volver a entrar en el vientre de su madre para nacer de nuevo. Pero Jesús le estaba diciendo: Eres un ser humano de carne y hueso porque naciste de seres humanos, pero si naces de Dios que es Espíritu, serás un ser espiritual y podrás entrar en el reino de Dios.

Al parecer Nicodemo seguía sin entender, pero Jesús lo confrontó y le dijo: Nicodemo, deberías saberlo porque eres un maestro.

¿Cuál sería tu actitud si alguien te dice: ¡… deberías saberlo! Eres cristiano, líder, pastor, maestro, etc.?

Es que no se trata de conocer a Jesús en teoría, sino que  es necesario experimentar su amor y perdón.

Después de una larga conversación, Nicodemo le da las gracias a Jesús, porque desde esa misma noche algo cambió en su vida. Era un hombre nuevo.

No importa el conocimiento que tengas de Dios o la cantidad de años que asistas a la iglesia, si no naciste de nuevo “en el Espíritu”, tu vida seguirá siendo la misma. Porque nacer de nuevo significa que ya no somos lo que éramos cuando estábamos viviendo en pecado, sino una nueva creación para dar gloria a Dios.

¿Qué refleja tu vida: a Cristo o tu vieja manera de vivir?

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17 (RVR1960)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cadenas de la libertad

Tal vez valga el esfuerzo reiterar en este espacio la íntima relación que existe entre verdad y libertad. Cuando la gente lee que la verdad los hará libres reduce el alcance de esta formidable declaración al acotado ámbito de la liberación de los pecados. Siendo correcta la aplicación, debemos puntualizar que es desesperantemente corta de vista. Y equívoca además en lo que a libertad se refiere.

Insuficiente porque la verdad es tal que supera largamente el efecto de blanqueamiento de la conducta. Equívoca porque la realidad muestra que cuando las personas entran en el campo de acción de la institución religiosa son aherrojadas por un cúmulo de regulaciones, preceptos y tradiciones que no hacen más que someter al liberto a una nueva forma de esclavitud. Una esclavitud trágica porque es ejercida irónicamente en nombre de la libertad que se suponía iba a otorgar la fe.

El conocimiento de la verdad – al menos el conocimiento de la verdad supuesto por quien hizo esta declaración – debe abrir puertas a nuevas esferas de la mente; debe levantar otras preguntas. Debe permitir a la gente cuestionar, indagar, incluso dudar si eso se hace necesario cuando hay poca claridad o confusión en los conceptos. Debe hacer sensible a las personas a las cuestiones que pertenecen a la vida de la sociedad y de la cultura; debe penetrar los ámbitos de la política, la economía, la educación, el arte, el mundo laboral, sólo por nombrar algunos.

No tengo ya casi memoria de cuántas veces he expuesto en libros, conferencias, artículos y entrevistas este imperativo de la verdad que alegan tener los creyentes. Y ya casi no tengo memoria de lo infructuoso de este anuncio. La comunidad religiosa se encuentra tan satisfecha con el estructurado paquete de verdades funcionales a toda prueba que le ha sido inoculado en la mente que el reclamo que hacemos aquí y en otros sitios de tanto en tanto es percibido como una rareza, un pelo en la leche impecable del conocimiento estándar predominante.

No queda otra cosa que seguir soñando con una generación que revise y reforme el entendimiento de esta portentosa declaración que duerme el sueño injusto de la indiferencia y la comodidad: conocerán la verdad y la verdad los hará libres.

Palabra inútil

No me preguntes nada acerca del Mundial ni de la despenalización del aborto en Argentina le digo a Angel, que me entrevista semanalmente en la radio. No porque no tenga nada que decir acerca de temas tan importantes para esta sociedad. Es que no me da la gana. Aunque por una razón menos pedestre que un berrinche crepuscular.

En una tira del diario leo el siguiente diálogo:

– No me declararé a favor ni en contra.

– ¿A favor o en contra de qué?

– De estar a favor o en contra.

Porque discutir sobre fútbol, economía, urgencias sociales o religión es una ocupación sin destino. Cada participante lo único que quiere es escucharse a sí mismo repitiendo frases sacadas del diario, de la televisión o de internet [si las sacaran de libros tal vez habría más esperanza]. También para declamar consignas políticas o frases aprendidas en el curso básico de discipulado de la iglesia. Cero pensamiento crítico. Cero análisis personal a la luz de alguna educación articulada. Cero entendimiento propio.

Como en todas las cosas de la vida hay gratas excepciones pero son angustiosamente escasas. Cada vez más la gente expele memes, postea frasecitas obvias en Twitter, cuelga slogans baratos en sus perfiles de WhatsApp y viraliza videos de precaria factura y peor contenido.

Así que esquivar discusiones corrientes tiene por objeto no perder el tiempo y en ocasiones por no tener el conocimiento, el criterio o la experiencia para referirse a ello. Esto último es asombroso: se habla de cosas sobre las cuales no se tiene la menor idea excepto lo rescatado fugazmente de su página de Facebook o en las noticias de la tarde. Hay un atosigamiento de información que no resulta en el entendimiento y la sabiduría que debería otorgar tan abundante recurso.

Educación no es sumar información. Es la capacidad de ordenar todo ese material para comprender las relaciones que las cosas tienen entre sí, las causas y consecuencias de los hechos de la historia, los cursos de acción que son posibles.

En las conversaciones sobre la mesa del café o después del almuerzo es imposible, a menos que específicamente tengan ese objetivo, dialogar productivamente sobre cualquier cosa. Nadie puede esperar que va a comprender los grandes asuntos de la vida antes de terminar un capuchino o dar cuenta de un bife chorizo con puré de calabaza.

Por ahora, atenderemos diligentemente la admonición de Wittgenstein: De lo que no se puede hablar, es mejor callarse.

Educación (Notas)

“…desde Platón hasta acá sabemos que hay invariables en la educación, como el lugar de la memoria, del esfuerzo, de la repetición.”

(Charles Torossian, matemático, investigador, Inspector General de la Educación Nacional de Francia)

Después de muchas décadas de proyectos educacionales “progresistas” y “modernos”, Francia está regresando a las viejas tradiciones de la educación. Encima, acabo de leer que por ley prohibirá, a partir de septiembre de este año, el uso de celulares en las aulas a los escolares hasta los 15 años.

Los defensores de los novísimos sistemas educacionales – novísimos porque surgieron después de miles de años de educación – pondrán en el grito en el cielo por este atropello a la razón: ¡Cómo es posible que se vuelva a poner en uso la memoria, el esfuerzo, la repetición!

Hacer una copia, memorizar la lección para el día siguiente (cómo olvidar “La tertulia de la señora pata”), repetir hasta la saciedad las tablas de multiplicar, resolver casos de matemáticas usando el modelo problema-raciocinio-ejecución-respuesta, todos los santos días de lunes a viernes. Ir a la biblioteca, hacer notas en tarjetas, redactar, escribir a mano en hojas oficio y presentar ante la clase un trabajo de investigación cada mes. Leer libros en su versión original, presentar un reporte escrito de la lectura y disertar sobre un capítulo escogido cada vez que le tocara a uno en la lista del libro de clases.

Lo anterior es más o menos el modelo impuesto durante mi educación primaria y secundaria. Con diversos matices y resultados, toda mi generación fue afectada por estas prácticas. Salvo algunos pocos casos, no por ello menos significativos, no recuerdo que alguno de mis compañeros y compañeras resultara con traumas insolubles en su vida personal, familiar y laboral a causa de estos tormentos escolares. La mayoría de ellos estudiaron hasta el fin del secundario y un tercio de ellos o más terminaron estudios superiores y se desempeñan – o desempeñaron – con alguna ventaja en su trabajo.

“Resulta desalentador que los estudiantes, tras doce años en el aula, salgan sin entender lo que leen o sin poder hacer simples operaciones de abstracción matemática… El aprendizaje está en la persona. Lo que está en todos lados es la información, pero el conocimiento es otra cosa… No puedo saber para qué sirve la información si no tengo una estructura que me permita entender lo que está escrito. Y eso lo da la escuela… La televisión, Google, Twitter y Facebook no van a darlo, por más que tengan toda la información.” (Guillermo Jaim Etcheverry, Presidente de la Academia Nacional de Educación de Argentina)

Indagatoria

Téngase por premunido del pertinente llamado a indagatoria en la que se busca establecer culpabilidad o inocencia respecto de imprecisiones, inconsistencias, elucubraciones inconducentes, meditaciones impertinentes, conductas reñidas con los Preceptos del Supremo Comentario y otras cuestiones que aflorarán en el curso de la investigación.
Debido a que no se presume la comisión de delitos de lesa humanidad no se provee inhabilitación de libertad ni fianza. Se decreta únicamente restricción de circulación en horarios impresentables tales como las tres de la mañana en ropa de civil en cafés de dudosa reputación. (Se adjunta copia).

¿Afirmó usted o no afirmó, hace una quincena de años en un tendencioso programa radial llamado Entrelíneas que el Señor no venía pronto?
¿Declaró usted o no declaró en una conferencia pública que las instituciones eran mecanismos de control de la mente, del tiempo y del bolsillo de sus miembros?
¿Sostuvo usted o no sostuvo en un pasquín virtual llamado Paralelo que el profeta Eliseo desconoció el mandamiento de no adorar los ídolos permitiéndole a Naamán, recién sano y converso, inclinarse ante el ídolo de Rimón cuando regresara a casa?
¿Se retractó usted o no se retractó más de una vez de diversas afirmaciones que había hecho en su dilatada carrera de enseñanza cuya validez ahora desconocía o refutaba, amparándose burdamente en un fragmento del recién extinto Nicanor Parra: “Puede que yo no sea más que eso pero oye mi última palabra: Me retracto de todo lo dicho. Con la mayor amargura del mundo me retracto de todo lo que he dicho?”
¿Participó usted o no participó en reuniones internacionales en las que ante una indeterminada cantidad de comunicadores afirmó que el propósito de los medios cristianos de comunicación no era predicar el evangelio sino que el evangelio predicado fuera entendido por la audiencia no cristiana?
¿Ha incitado usted o no ha incitado a una considerable cantidad de personas a leer la Biblia entera por sí mismas, sin saltarse versículos, capítulos ni libros hasta el final, exponiéndolas así a encontrar en los textos sagrados cuestiones que no están sancionadas para el conocimiento del vulgo y que son del exclusivo dominio de los señores colegiados del Supremo Comentario?

Se conmina al imputado a responder estas cuestiones bajo estricto secreto del sumario en indagatoria a la cual será citado oportunamente. Pronuncia, manda y firma Su Señoría Ilustrísima.

Send this to a friend