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¿Por ciencia o por experiencia?

¿Cuántos de nosotros no nos hemos sentido nerviosos al ir a una primera entrevista de trabajo? Hacemos todo lo posible por demostrar nuestra capacidad e impresionar con nuestras palabras e incluso vestimenta, ¿verdad?

Quizá esa fue la actitud de Nicodemo, un líder religioso de los fariseos, maestro de la ley, quien se acercó a Jesús diciendo:

“(…) —Rabí—le dijo—, todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Las señales milagrosas que haces son la prueba de que Dios está contigo.

Jesús le respondió:

—Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.”

 Juan 3:2-3 (NTV)

Imagino el tamaño del signo de interrogación que había en la mente de Nicodemo, no podía entender las palabras de Jesús a pesar de ser un “maestro de la ley”. Él  pensó en la imposibilidad de volver a entrar en el vientre de su madre para nacer de nuevo. Pero Jesús le estaba diciendo: Eres un ser humano de carne y hueso porque naciste de seres humanos, pero si naces de Dios que es Espíritu, serás un ser espiritual y podrás entrar en el reino de Dios.

Al parecer Nicodemo seguía sin entender, pero Jesús lo confrontó y le dijo: Nicodemo, deberías saberlo porque eres un maestro.

¿Cuál sería tu actitud si alguien te dice: ¡… deberías saberlo! Eres cristiano, líder, pastor, maestro, etc.?

Es que no se trata de conocer a Jesús en teoría, sino que  es necesario experimentar su amor y perdón.

Después de una larga conversación, Nicodemo le da las gracias a Jesús, porque desde esa misma noche algo cambió en su vida. Era un hombre nuevo.

No importa el conocimiento que tengas de Dios o la cantidad de años que asistas a la iglesia, si no naciste de nuevo “en el Espíritu”, tu vida seguirá siendo la misma. Porque nacer de nuevo significa que ya no somos lo que éramos cuando estábamos viviendo en pecado, sino una nueva creación para dar gloria a Dios.

¿Qué refleja tu vida: a Cristo o tu vieja manera de vivir?

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17 (RVR1960)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cadenas de la libertad

Tal vez valga el esfuerzo reiterar en este espacio la íntima relación que existe entre verdad y libertad. Cuando la gente lee que la verdad los hará libres reduce el alcance de esta formidable declaración al acotado ámbito de la liberación de los pecados. Siendo correcta la aplicación, debemos puntualizar que es desesperantemente corta de vista. Y equívoca además en lo que a libertad se refiere.

Insuficiente porque la verdad es tal que supera largamente el efecto de blanqueamiento de la conducta. Equívoca porque la realidad muestra que cuando las personas entran en el campo de acción de la institución religiosa son aherrojadas por un cúmulo de regulaciones, preceptos y tradiciones que no hacen más que someter al liberto a una nueva forma de esclavitud. Una esclavitud trágica porque es ejercida irónicamente en nombre de la libertad que se suponía iba a otorgar la fe.

El conocimiento de la verdad – al menos el conocimiento de la verdad supuesto por quien hizo esta declaración – debe abrir puertas a nuevas esferas de la mente; debe levantar otras preguntas. Debe permitir a la gente cuestionar, indagar, incluso dudar si eso se hace necesario cuando hay poca claridad o confusión en los conceptos. Debe hacer sensible a las personas a las cuestiones que pertenecen a la vida de la sociedad y de la cultura; debe penetrar los ámbitos de la política, la economía, la educación, el arte, el mundo laboral, sólo por nombrar algunos.

No tengo ya casi memoria de cuántas veces he expuesto en libros, conferencias, artículos y entrevistas este imperativo de la verdad que alegan tener los creyentes. Y ya casi no tengo memoria de lo infructuoso de este anuncio. La comunidad religiosa se encuentra tan satisfecha con el estructurado paquete de verdades funcionales a toda prueba que le ha sido inoculado en la mente que el reclamo que hacemos aquí y en otros sitios de tanto en tanto es percibido como una rareza, un pelo en la leche impecable del conocimiento estándar predominante.

No queda otra cosa que seguir soñando con una generación que revise y reforme el entendimiento de esta portentosa declaración que duerme el sueño injusto de la indiferencia y la comodidad: conocerán la verdad y la verdad los hará libres.

Palabra inútil

No me preguntes nada acerca del Mundial ni de la despenalización del aborto en Argentina le digo a Angel, que me entrevista semanalmente en la radio. No porque no tenga nada que decir acerca de temas tan importantes para esta sociedad. Es que no me da la gana. Aunque por una razón menos pedestre que un berrinche crepuscular.

En una tira del diario leo el siguiente diálogo:

– No me declararé a favor ni en contra.

– ¿A favor o en contra de qué?

– De estar a favor o en contra.

Porque discutir sobre fútbol, economía, urgencias sociales o religión es una ocupación sin destino. Cada participante lo único que quiere es escucharse a sí mismo repitiendo frases sacadas del diario, de la televisión o de internet [si las sacaran de libros tal vez habría más esperanza]. También para declamar consignas políticas o frases aprendidas en el curso básico de discipulado de la iglesia. Cero pensamiento crítico. Cero análisis personal a la luz de alguna educación articulada. Cero entendimiento propio.

Como en todas las cosas de la vida hay gratas excepciones pero son angustiosamente escasas. Cada vez más la gente expele memes, postea frasecitas obvias en Twitter, cuelga slogans baratos en sus perfiles de WhatsApp y viraliza videos de precaria factura y peor contenido.

Así que esquivar discusiones corrientes tiene por objeto no perder el tiempo y en ocasiones por no tener el conocimiento, el criterio o la experiencia para referirse a ello. Esto último es asombroso: se habla de cosas sobre las cuales no se tiene la menor idea excepto lo rescatado fugazmente de su página de Facebook o en las noticias de la tarde. Hay un atosigamiento de información que no resulta en el entendimiento y la sabiduría que debería otorgar tan abundante recurso.

Educación no es sumar información. Es la capacidad de ordenar todo ese material para comprender las relaciones que las cosas tienen entre sí, las causas y consecuencias de los hechos de la historia, los cursos de acción que son posibles.

En las conversaciones sobre la mesa del café o después del almuerzo es imposible, a menos que específicamente tengan ese objetivo, dialogar productivamente sobre cualquier cosa. Nadie puede esperar que va a comprender los grandes asuntos de la vida antes de terminar un capuchino o dar cuenta de un bife chorizo con puré de calabaza.

Por ahora, atenderemos diligentemente la admonición de Wittgenstein: De lo que no se puede hablar, es mejor callarse.

Educación (Notas)

“…desde Platón hasta acá sabemos que hay invariables en la educación, como el lugar de la memoria, del esfuerzo, de la repetición.”

(Charles Torossian, matemático, investigador, Inspector General de la Educación Nacional de Francia)

Después de muchas décadas de proyectos educacionales “progresistas” y “modernos”, Francia está regresando a las viejas tradiciones de la educación. Encima, acabo de leer que por ley prohibirá, a partir de septiembre de este año, el uso de celulares en las aulas a los escolares hasta los 15 años.

Los defensores de los novísimos sistemas educacionales – novísimos porque surgieron después de miles de años de educación – pondrán en el grito en el cielo por este atropello a la razón: ¡Cómo es posible que se vuelva a poner en uso la memoria, el esfuerzo, la repetición!

Hacer una copia, memorizar la lección para el día siguiente (cómo olvidar “La tertulia de la señora pata”), repetir hasta la saciedad las tablas de multiplicar, resolver casos de matemáticas usando el modelo problema-raciocinio-ejecución-respuesta, todos los santos días de lunes a viernes. Ir a la biblioteca, hacer notas en tarjetas, redactar, escribir a mano en hojas oficio y presentar ante la clase un trabajo de investigación cada mes. Leer libros en su versión original, presentar un reporte escrito de la lectura y disertar sobre un capítulo escogido cada vez que le tocara a uno en la lista del libro de clases.

Lo anterior es más o menos el modelo impuesto durante mi educación primaria y secundaria. Con diversos matices y resultados, toda mi generación fue afectada por estas prácticas. Salvo algunos pocos casos, no por ello menos significativos, no recuerdo que alguno de mis compañeros y compañeras resultara con traumas insolubles en su vida personal, familiar y laboral a causa de estos tormentos escolares. La mayoría de ellos estudiaron hasta el fin del secundario y un tercio de ellos o más terminaron estudios superiores y se desempeñan – o desempeñaron – con alguna ventaja en su trabajo.

“Resulta desalentador que los estudiantes, tras doce años en el aula, salgan sin entender lo que leen o sin poder hacer simples operaciones de abstracción matemática… El aprendizaje está en la persona. Lo que está en todos lados es la información, pero el conocimiento es otra cosa… No puedo saber para qué sirve la información si no tengo una estructura que me permita entender lo que está escrito. Y eso lo da la escuela… La televisión, Google, Twitter y Facebook no van a darlo, por más que tengan toda la información.” (Guillermo Jaim Etcheverry, Presidente de la Academia Nacional de Educación de Argentina)

Indagatoria

Téngase por premunido del pertinente llamado a indagatoria en la que se busca establecer culpabilidad o inocencia respecto de imprecisiones, inconsistencias, elucubraciones inconducentes, meditaciones impertinentes, conductas reñidas con los Preceptos del Supremo Comentario y otras cuestiones que aflorarán en el curso de la investigación.
Debido a que no se presume la comisión de delitos de lesa humanidad no se provee inhabilitación de libertad ni fianza. Se decreta únicamente restricción de circulación en horarios impresentables tales como las tres de la mañana en ropa de civil en cafés de dudosa reputación. (Se adjunta copia).

¿Afirmó usted o no afirmó, hace una quincena de años en un tendencioso programa radial llamado Entrelíneas que el Señor no venía pronto?
¿Declaró usted o no declaró en una conferencia pública que las instituciones eran mecanismos de control de la mente, del tiempo y del bolsillo de sus miembros?
¿Sostuvo usted o no sostuvo en un pasquín virtual llamado Paralelo que el profeta Eliseo desconoció el mandamiento de no adorar los ídolos permitiéndole a Naamán, recién sano y converso, inclinarse ante el ídolo de Rimón cuando regresara a casa?
¿Se retractó usted o no se retractó más de una vez de diversas afirmaciones que había hecho en su dilatada carrera de enseñanza cuya validez ahora desconocía o refutaba, amparándose burdamente en un fragmento del recién extinto Nicanor Parra: “Puede que yo no sea más que eso pero oye mi última palabra: Me retracto de todo lo dicho. Con la mayor amargura del mundo me retracto de todo lo que he dicho?”
¿Participó usted o no participó en reuniones internacionales en las que ante una indeterminada cantidad de comunicadores afirmó que el propósito de los medios cristianos de comunicación no era predicar el evangelio sino que el evangelio predicado fuera entendido por la audiencia no cristiana?
¿Ha incitado usted o no ha incitado a una considerable cantidad de personas a leer la Biblia entera por sí mismas, sin saltarse versículos, capítulos ni libros hasta el final, exponiéndolas así a encontrar en los textos sagrados cuestiones que no están sancionadas para el conocimiento del vulgo y que son del exclusivo dominio de los señores colegiados del Supremo Comentario?

Se conmina al imputado a responder estas cuestiones bajo estricto secreto del sumario en indagatoria a la cual será citado oportunamente. Pronuncia, manda y firma Su Señoría Ilustrísima.

La teoría de todo

Lo que sobre todo me atrajo en la filosofía fue que yo suponía que iba derecho a lo esencial. Nunca me habían gustado los detalles, veía el sentido global de las cosas más que sus singularidades y prefería comprender a ver; yo siempre había deseado conocerlo todo; la filosofía me permitiría alcanzar ese deseo, pues apuntaba a la totalidad de lo real.
(Memorias de una joven formal, Simone de Beauvoir)

Cuando ingresé a la Universidad por primera vez – hace mucho, por cierto – tuve una materia llamada Problemas de la Cultura Contemporánea. Nunca olvidé la definición que el profesor nos dio de la filosofía: el estudio que busca el hilo conductor del conocimiento a fin de encontrar la explicación de todas las cosas.
Desde que tengo memoria tuve preguntas que a mis padres y a mis hermanos les parecían raras y, sobre todo, inútiles para la vida. Al leer de nuevo la biografía de Simone de Beauvoir encontré este pasaje que resume mi propia temprana inclinación, no exenta de frustraciones y obstáculos. La verdad que abarca las cuestiones fundamentales de la existencia no se deja tener tan fácilmente.
Tendrían que pasar muchos años y muchas horas oscuras para llegar al entendimiento que la Biblia no sólo responde sino que formula las preguntas más importantes del ser: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿cómo sabemos?, ¿qué es lo más importante?, ¿a dónde vamos?, ¿qué sentido tiene la historia?, ¿por qué hay maldad y sufren los inocentes?
Está claro que las respuestas no se encuentran al modo que están en un manual de filosofía de primer año de universidad. En la ley, en los escritos, en los profetas, en los evangelios y en las cartas apostólicas se plantean historias y situaciones que obligan a la persona sensible a hacerse preguntas, a cuestionar el texto y dialogar con él, a comparar su contenido con la realidad. Me gusta esa ultima frase de Beauvoir: la filosofía “apuntaba a la totalidad de lo real”. No se trata de especulaciones abstractas sobre la inmortalidad del cangrejo sino cómo debemos vivir, que deberíamos hacer y qué no, por qué las personas y las cosas son como son.
Todos los días vuelvo a esta cuestión esencial: la Biblia no es un librito religioso, un mero recurso devocional. Es un documento que, adecuadamente abordado, nos confronta no sólo con respuestas sino con preguntas profundamente perturbadoras y actuales.

Profundidad

Los océanos cubren el 71 % de la superficie terrestre, siendo el océano Pacífico el más grande. La profundidad promedio de los océanos es de 3,730 metros, según una página en internet.

Otro dato interesante es que a tal profundidad es difícil que se desarrolle vida; sin embargo, según investigaciones, existen peces con una visión reducida y ojos grandes que perciben únicamente destellos bioluminiscentes.

Si hay vida en el fondo del mar, entonces seguramente también podemos encontrar mayor bendición cuando profundizamos la relación con Dios, en su Palabra y en oración.

Quien escribió el Salmo 119, pues no se sabe con certeza el autor, llegó a tal intimidad con Dios que le pedía: “Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley…. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón.”  Salmos 119:17-18, 34 (RVR1960) Tengamos este mismo deseo para que poder entender, atesorar y cumplir las leyes del Señor.

Quiero alentarte a anhelar más de Dios y profundizar tu relación con Él, a construir el cimiento de tu fe en base a la palabra pura y verdadera. A todos, Dios nos dio la capacidad de aprender, no nos conformemos con sólo pasear a las orillas del mar y mojar nuestros pies, cuando podemos entrar por completo y descubrir el corazón de Dios, su sentir, sus propósitos y sus planes maravillosos.

¡Sumerjámonos a lo más profundo de la vida espiritual!

“¿Has visitado el misterioso abismo donde tiene sus fuentes el océano?” Job 38:16 DHH

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Versículos bíblicos para estudiantes

La educación es una parte importante en la vida de cualquier persona y no puede ser tomada a la ligera. Por tal motivo, los estudiantes deben dar lo mejor de sí mismos y esforzarse en aprender todo lo que puedan. La Biblia tiene algunos consejos para los estudiantes; para que sobresalgan en su vida académica y en todo lo demás:

Josué 1:9 (PDT)

“Te repito: sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que vayas.”

Salmos 1:1-3 (TLA)

“Dios bendice a quienes no siguen malos consejos ni andan en malas compañías ni se juntan con los que se burlan de Dios. Dios bendice a quienes aman su palabra y alegres la estudian día y noche. Son como árboles sembrados junto a los arroyos: llegado el momento, dan mucho fruto y no se marchitan sus hojas. ¡Todo lo que hacen les sale bien!”

Salmos 16:8 (PDT)

“Siempre tomo en cuenta primero al Señor; nada me hará tambalear, pues él está a mi lado.”

Salmos 25:1-5 (TLA)

“Mi Señor y Dios, a ti dirijo mis ruegos porque en ti confío. No me hagas pasar vergüenza; no permitas que mis enemigos se burlen de mí. Tampoco dejes que pasen vergüenza los que en ti confían; ¡la vergüenza deben pasarla los que traicionan a otros! Dios mío, enséñame a vivir como tú siempre has querido. Tú eres mi Dios y salvador, y en ti siempre confío.”

Proverbios 1:7 (BLPH)

Respetar al Señor es el principio del saber, pero los necios desprecian la sabiduría y la educación.”

Miqueas 6:8 (TLA)

“…Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios.”

Marcos 12:29-30 (BLPH)

Jesús le contestó: —El primero es: Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.”

Isaías 40:30-31 (TLA)

Los jóvenes se cansan por más fuertes que sean, pero los que confían en Dios siempre tendrán nuevas fuerzas. Podrán volar como las águilas, podrán caminar sin cansarse y correr sin fatigarse.”

Colosenses 3:23 (TLA)

Todo lo que hagan, háganlo de buena gana, como si estuvieran sirviendo al Señor Jesucristo y no a la gente.”

Tito 2:7-8 (TLA)

Tú mismo tienes que ser un buen ejemplo en todo. Enséñales a hacer el bien y, cuando lo hagas, hazlo con seriedad y honestidad. Di siempre lo bueno, y así nadie podrá criticarte. Si haces lo que te digo, los que están en contra nuestra sentirán vergüenza y no podrán hablar mal de nosotros.”

1 Corintios 10:12-13 (PDT)

“Así que, el que se sienta muy seguro y firme, cuídese de no caer.”

Filipenses 2:3-4 (PDT)

No hagan nada por rivalidad ni orgullo. Sean humildes y cada uno considere a los demás como más importantes que sí mismo. Que cada uno no busque sólo su propio bien, sino el de los demás.”

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Historias

“Aunque ocasionalmente los historiadores tratan de hacer profecías (sin éxito notable), el estudio de la historia pretende por encima de todo hacernos conscientes de posibilidades que normalmente no consideramos. Los historiadores estudian el pasado, no con la finalidad de repetirlo, sino con la de liberarnos del mismo.”
(La nueva agenda humana, en Homo Deus, Yuval Noah Harari)

Los pueblos que no conocen – o que olvidan – su historia, están condenados a repetirla es una frase que se atribuye a Confucio, a Cicerón y a George Santayana; es un misterio su verdadero origen. En la cita que encabeza esta columna aparece un poco distinta pero con la fuerza de siempre.
Algunas veces he citado aquí la tristeza que me produce que la gente cristiana tenga tan poco interés por la historia. Siendo ellos llamados a ser testigos de buenas noticias y de la inteligencia de Cristo en nuestro tiempo, deberían saber mejor que nadie de dónde venimos. Es difícil hallar mejor modo de entender por qué estamos donde estamos y cómo estamos.
El conocimiento cabal de la historia, no sólo de su pueblo sino de todo el mundo conocido, fue una característica sobresaliente de los profetas bíblicos. La profecía consiste más que nada en el entendimiento del tiempo presente y en la denuncia de las condiciones de la sociedad. No más del cinco por ciento de la profecía bíblica tiene que ver con el anuncio de acontecimientos futuros; todo lo demás es una descripción honesta de la realidad actual.
¿Por qué deberíamos tener tal conocimiento? Si vamos a dar buenas noticias a la generación presente (según tanto nos gusta decir a los cristianos) necesitamos mostrarles con claridad por qué son buenas. No hay manera de entender que algo es bueno si no se contrasta con su opuesto, con lo que es realmente malo. En mostrarnos eso la historia es generosa.
Es en este mismo sentido que promuevo y defiendo la idea de la lectura de la Biblia en forma sistemática y progresiva, aparte de los entendimientos que nos dan cursos bíblicos, institutos, seminarios, devocionales y predicaciones. Es un encuentro personal e intransferible con los pensamientos de Dios, con su manera de ser, con su percepción del mundo y de la vida.
Aunque hemos de reconocer, parafraseando unas palabras proféticas de Simón Bolívar, que quien propone estas cosas, ara en el mar.

Los libros y El Libro

“Leí un libro que explicaba este pasaje de Génesis de la siguiente manera…” me decía una estudiante la semana pasada. Un poco en broma y bastante en serio le respondí como en las películas, cuando a alguien le dicen que está viendo mucha televisión: “¿No estarás leyendo muchos libros cristianos?”
Debo adelantar que ésta no es una filípica contra los libros que leen casi todos los creyentes. Como en todos los asuntos de conocimiento, hay cosas buenas y otras bastante malas por lo que sería inoficioso ocuparse en determinar cuáles son unas y cuáles son otras. Me quiero referir brevemente al sintomático hecho de que la absoluta mayoría de los cristianos han leído más libros cristianos que tratan con la Biblia y con los asuntos de la vida… ¡que la Biblia misma!
Dicho en breve: han leído más libros acerca de la Biblia que la Biblia. Es más, no la han leído nunca como han hecho con todos los demás libros: desde el principio sin saltarse capítulos ni versos hasta el final.
Me hace acordar de los samaritanos que le dijeron a la mujer con la que se encontró Jesús en el pozo de Jacob: “…ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42). Es la misma cuestión: la mujer les había dicho lo que le había pasado con Jesús. Pero ellos salieron, lo vieron y lo escucharon en persona; fueron a la fuente.
¿Se imaginan lo interesante que sería que los creyentes fueran a la fuente y leyeran la Biblia del modo que se debe leer y que tendrían entonces un marco de referencia para juzgar lo que dicen los libros cristianos? Tal vez algunas editoriales y algunos autores verían esto con no tan buenos ojos porque con seguridad muchos lectores de la Biblia ya no comprarían tantos títulos como hacen ahora.
No es posible enfatizar lo suficiente la urgencia que tiene nuestro tiempo de que los cristianos conozcan, se familiaricen y juzguen la realidad a la luz del libro que, dicen ellos, es el fundamento de su fe. Porque hay demasiadas ideas dando vueltas acerca de cómo debemos vivir y cómo debemos entender el mundo que nos rodea.
Va siendo hora – urgentemente – que posterguemos un poco la lectura de tantos libros para concentrarnos en la lectura de El Libro.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Preparado para todo

Hace mucho tiempo vi la película titulada: “Al filo del peligro” que trata de una situación de supervivencia. La avioneta en la que viajaban cuatro personas cae, el piloto muere en el impacto, otro es asesinado por un oso y los dos restantes buscan sobrevivir.

Lo interesante es que Charles Morse, que es uno de los sobrevivientes, es una persona que “sabe todo”,  al gustarle leer libros tenía bastantes conocimientos: hizo una brújula improvisada para darse cuenta de qué camino  debía seguir, trampas para cazar su alimento, armas para defenderse y otras cosas que le permitieron subsistir en el bosque.

Cuando llegó la ayuda, sólo este hombre fue encontrado con vida, lo que hubiera sido imposible si no hubiese estado preparado.

¿Qué pasaría si hubieras estado en su lugar? Posiblemente estarías muerto de hambre o por el ataque de algún animal, lo que nos enseña lo importante que es nuestra preparación.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17 (RVR 1960)

La Palabra de Dios, conocida como “la Biblia”, es fundamental para la preparación de un hijo de Dios, porque: enseña, corrige, adiestra y perfecciona, con la finalidad de que estemos preparados para el trabajo que tenemos como cristianos.

El Señor quiere que en su camino seamos como Charles Morse y “sepamos todo”;  es decir, que seamos competentes espiritualmente y no nos hundamos o desesperemos en el camino, que sepamos enseñar o corregir al que lo necesita, y ser sabios para actuar cuando enfrentemos una situación inesperada, siendo guiados por lo que dice la palabra de Dios porque solamente de este modo saldremos victoriosos.

Si estás perdiendo la confianza en Dios porque estás enfrentando un tiempo de conflicto como una enfermedad, un derrumbe económico, pérdida de empleo u otros; entonces necesitas Palabra de Dios en tu corazón o quizá quieres dar a conocer el mensaje de Jesús pero no sabes cómo empezar, entonces requieres preparación.

En este momento, te animo a tomar la decisión de prepararte todos los días, apartando un tiempo importante para estudiar la palabra de Dios y realizar un buen servicio para Él.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Aprender

El aprendizaje es el proceso a través del cual se modifican y adquieren habilidades, destrezas, conocimientos, conductas o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación. En nuestra vida es una tarea constante que realizaremos hasta el final de nuestros días.

Cuán importante es que no dejemos de adquirir conocimiento, en especial cuando hemos empezado la vida cristiana, pues el quedarse con sólo las cosas básicas de la Palabra de Dios, es permanecer como un bebé, dice Hebreos 5:11-14 “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” Versión Reina-Valera 1960

Pablo exhortaba claramente a no conformarse, más bien instaba a aprender más para tener la capacidad de discernir entre el bien y el mal.

Cuando eres ingenuo, eres presa fácil de engaños. Hay cierto tipo de estafa donde el delincuente aprovecha la ingenuidad de sus víctimas para robar, se lo llama el “cuento del tío” Básicamente consiste en engañar a una persona haciéndole creer que está realizando un buen negocio al intercambiar su dinero por un objeto que presumiblemente tiene mayor valor, pero que en realidad es falso o carece del valor indicado. Así también hay engañadores que, a nombre de Dios, aprovechan de la ingenuidad de las personas sacando provecho para sí mismas. Consideras que ¿Eres capaz de discernir lo malo y lo bueno?

No te conformes con un aprendizaje limitado, más bien explora más, comprende y experimenta lo que Dios tiene para ti por su Palabra. Recuerda que también tus batallas son ganadas cuando sabes quién eres en Dios.

¡Aprende y también enseña lo bueno!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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