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La teoría de todo 1

La teoría de todo

Lo que sobre todo me atrajo en la filosofía fue que yo suponía que iba derecho a lo esencial. Nunca me habían gustado los detalles, veía el sentido global de las cosas más que sus singularidades y prefería comprender a ver; yo siempre había deseado conocerlo todo; la filosofía me permitiría alcanzar ese deseo, pues apuntaba a la totalidad de lo real.
(Memorias de una joven formal, Simone de Beauvoir)

Cuando ingresé a la Universidad por primera vez – hace mucho, por cierto – tuve una materia llamada Problemas de la Cultura Contemporánea. Nunca olvidé la definición que el profesor nos dio de la filosofía: el estudio que busca el hilo conductor del conocimiento a fin de encontrar la explicación de todas las cosas.
Desde que tengo memoria tuve preguntas que a mis padres y a mis hermanos les parecían raras y, sobre todo, inútiles para la vida. Al leer de nuevo la biografía de Simone de Beauvoir encontré este pasaje que resume mi propia temprana inclinación, no exenta de frustraciones y obstáculos. La verdad que abarca las cuestiones fundamentales de la existencia no se deja tener tan fácilmente.
Tendrían que pasar muchos años y muchas horas oscuras para llegar al entendimiento que la Biblia no sólo responde sino que formula las preguntas más importantes del ser: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿cómo sabemos?, ¿qué es lo más importante?, ¿a dónde vamos?, ¿qué sentido tiene la historia?, ¿por qué hay maldad y sufren los inocentes?
Está claro que las respuestas no se encuentran al modo que están en un manual de filosofía de primer año de universidad. En la ley, en los escritos, en los profetas, en los evangelios y en las cartas apostólicas se plantean historias y situaciones que obligan a la persona sensible a hacerse preguntas, a cuestionar el texto y dialogar con él, a comparar su contenido con la realidad. Me gusta esa ultima frase de Beauvoir: la filosofía “apuntaba a la totalidad de lo real”. No se trata de especulaciones abstractas sobre la inmortalidad del cangrejo sino cómo debemos vivir, que deberíamos hacer y qué no, por qué las personas y las cosas son como son.
Todos los días vuelvo a esta cuestión esencial: la Biblia no es un librito religioso, un mero recurso devocional. Es un documento que, adecuadamente abordado, nos confronta no sólo con respuestas sino con preguntas profundamente perturbadoras y actuales.

Profundidad 2

Profundidad

Los océanos cubren el 71 % de la superficie terrestre, siendo el océano Pacífico el más grande. La profundidad promedio de los océanos es de 3,730 metros, según una página en internet.

Otro dato interesante es que a tal profundidad es difícil que se desarrolle vida; sin embargo, según investigaciones, existen peces con una visión reducida y ojos grandes que perciben únicamente destellos bioluminiscentes.

Si hay vida en el fondo del mar, entonces seguramente también podemos encontrar mayor bendición cuando profundizamos la relación con Dios, en su Palabra y en oración.

Quien escribió el Salmo 119, pues no se sabe con certeza el autor, llegó a tal intimidad con Dios que le pedía: “Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley…. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón.”  Salmos 119:17-18, 34 (RVR1960) Tengamos este mismo deseo para que poder entender, atesorar y cumplir las leyes del Señor.

Quiero alentarte a anhelar más de Dios y profundizar tu relación con Él, a construir el cimiento de tu fe en base a la palabra pura y verdadera. A todos, Dios nos dio la capacidad de aprender, no nos conformemos con sólo pasear a las orillas del mar y mojar nuestros pies, cuando podemos entrar por completo y descubrir el corazón de Dios, su sentir, sus propósitos y sus planes maravillosos.

¡Sumerjámonos a lo más profundo de la vida espiritual!

“¿Has visitado el misterioso abismo donde tiene sus fuentes el océano?” Job 38:16 DHH

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Versículos bíblicos para estudiantes 3

Versículos bíblicos para estudiantes

La educación es una parte importante en la vida de cualquier persona y no puede ser tomada a la ligera. Por tal motivo, los estudiantes deben dar lo mejor de sí mismos y esforzarse en aprender todo lo que puedan. La Biblia tiene algunos consejos para los estudiantes; para que sobresalgan en su vida académica y en todo lo demás:

Josué 1:9 (PDT)

“Te repito: sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que vayas.”

Salmos 1:1-3 (TLA)

“Dios bendice a quienes no siguen malos consejos ni andan en malas compañías ni se juntan con los que se burlan de Dios. Dios bendice a quienes aman su palabra y alegres la estudian día y noche. Son como árboles sembrados junto a los arroyos: llegado el momento, dan mucho fruto y no se marchitan sus hojas. ¡Todo lo que hacen les sale bien!”

Salmos 16:8 (PDT)

“Siempre tomo en cuenta primero al Señor; nada me hará tambalear, pues él está a mi lado.”

Salmos 25:1-5 (TLA)

“Mi Señor y Dios, a ti dirijo mis ruegos porque en ti confío. No me hagas pasar vergüenza; no permitas que mis enemigos se burlen de mí. Tampoco dejes que pasen vergüenza los que en ti confían; ¡la vergüenza deben pasarla los que traicionan a otros! Dios mío, enséñame a vivir como tú siempre has querido. Tú eres mi Dios y salvador, y en ti siempre confío.”

Proverbios 1:7 (BLPH)

Respetar al Señor es el principio del saber, pero los necios desprecian la sabiduría y la educación.”

Miqueas 6:8 (TLA)

“…Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios.”

Marcos 12:29-30 (BLPH)

Jesús le contestó: —El primero es: Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.”

Isaías 40:30-31 (TLA)

Los jóvenes se cansan por más fuertes que sean, pero los que confían en Dios siempre tendrán nuevas fuerzas. Podrán volar como las águilas, podrán caminar sin cansarse y correr sin fatigarse.”

Colosenses 3:23 (TLA)

Todo lo que hagan, háganlo de buena gana, como si estuvieran sirviendo al Señor Jesucristo y no a la gente.”

Tito 2:7-8 (TLA)

Tú mismo tienes que ser un buen ejemplo en todo. Enséñales a hacer el bien y, cuando lo hagas, hazlo con seriedad y honestidad. Di siempre lo bueno, y así nadie podrá criticarte. Si haces lo que te digo, los que están en contra nuestra sentirán vergüenza y no podrán hablar mal de nosotros.”

1 Corintios 10:12-13 (PDT)

“Así que, el que se sienta muy seguro y firme, cuídese de no caer.”

Filipenses 2:3-4 (PDT)

No hagan nada por rivalidad ni orgullo. Sean humildes y cada uno considere a los demás como más importantes que sí mismo. Que cada uno no busque sólo su propio bien, sino el de los demás.”

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Historias 4

Historias

“Aunque ocasionalmente los historiadores tratan de hacer profecías (sin éxito notable), el estudio de la historia pretende por encima de todo hacernos conscientes de posibilidades que normalmente no consideramos. Los historiadores estudian el pasado, no con la finalidad de repetirlo, sino con la de liberarnos del mismo.”
(La nueva agenda humana, en Homo Deus, Yuval Noah Harari)

Los pueblos que no conocen – o que olvidan – su historia, están condenados a repetirla es una frase que se atribuye a Confucio, a Cicerón y a George Santayana; es un misterio su verdadero origen. En la cita que encabeza esta columna aparece un poco distinta pero con la fuerza de siempre.
Algunas veces he citado aquí la tristeza que me produce que la gente cristiana tenga tan poco interés por la historia. Siendo ellos llamados a ser testigos de buenas noticias y de la inteligencia de Cristo en nuestro tiempo, deberían saber mejor que nadie de dónde venimos. Es difícil hallar mejor modo de entender por qué estamos donde estamos y cómo estamos.
El conocimiento cabal de la historia, no sólo de su pueblo sino de todo el mundo conocido, fue una característica sobresaliente de los profetas bíblicos. La profecía consiste más que nada en el entendimiento del tiempo presente y en la denuncia de las condiciones de la sociedad. No más del cinco por ciento de la profecía bíblica tiene que ver con el anuncio de acontecimientos futuros; todo lo demás es una descripción honesta de la realidad actual.
¿Por qué deberíamos tener tal conocimiento? Si vamos a dar buenas noticias a la generación presente (según tanto nos gusta decir a los cristianos) necesitamos mostrarles con claridad por qué son buenas. No hay manera de entender que algo es bueno si no se contrasta con su opuesto, con lo que es realmente malo. En mostrarnos eso la historia es generosa.
Es en este mismo sentido que promuevo y defiendo la idea de la lectura de la Biblia en forma sistemática y progresiva, aparte de los entendimientos que nos dan cursos bíblicos, institutos, seminarios, devocionales y predicaciones. Es un encuentro personal e intransferible con los pensamientos de Dios, con su manera de ser, con su percepción del mundo y de la vida.
Aunque hemos de reconocer, parafraseando unas palabras proféticas de Simón Bolívar, que quien propone estas cosas, ara en el mar.

Los libros y El Libro 5

Los libros y El Libro

“Leí un libro que explicaba este pasaje de Génesis de la siguiente manera…” me decía una estudiante la semana pasada. Un poco en broma y bastante en serio le respondí como en las películas, cuando a alguien le dicen que está viendo mucha televisión: “¿No estarás leyendo muchos libros cristianos?”
Debo adelantar que ésta no es una filípica contra los libros que leen casi todos los creyentes. Como en todos los asuntos de conocimiento, hay cosas buenas y otras bastante malas por lo que sería inoficioso ocuparse en determinar cuáles son unas y cuáles son otras. Me quiero referir brevemente al sintomático hecho de que la absoluta mayoría de los cristianos han leído más libros cristianos que tratan con la Biblia y con los asuntos de la vida… ¡que la Biblia misma!
Dicho en breve: han leído más libros acerca de la Biblia que la Biblia. Es más, no la han leído nunca como han hecho con todos los demás libros: desde el principio sin saltarse capítulos ni versos hasta el final.
Me hace acordar de los samaritanos que le dijeron a la mujer con la que se encontró Jesús en el pozo de Jacob: “…ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42). Es la misma cuestión: la mujer les había dicho lo que le había pasado con Jesús. Pero ellos salieron, lo vieron y lo escucharon en persona; fueron a la fuente.
¿Se imaginan lo interesante que sería que los creyentes fueran a la fuente y leyeran la Biblia del modo que se debe leer y que tendrían entonces un marco de referencia para juzgar lo que dicen los libros cristianos? Tal vez algunas editoriales y algunos autores verían esto con no tan buenos ojos porque con seguridad muchos lectores de la Biblia ya no comprarían tantos títulos como hacen ahora.
No es posible enfatizar lo suficiente la urgencia que tiene nuestro tiempo de que los cristianos conozcan, se familiaricen y juzguen la realidad a la luz del libro que, dicen ellos, es el fundamento de su fe. Porque hay demasiadas ideas dando vueltas acerca de cómo debemos vivir y cómo debemos entender el mundo que nos rodea.
Va siendo hora – urgentemente – que posterguemos un poco la lectura de tantos libros para concentrarnos en la lectura de El Libro.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Preparado para todo 6

Preparado para todo

Hace mucho tiempo vi la película titulada: “Al filo del peligro” que trata de una situación de supervivencia. La avioneta en la que viajaban cuatro personas cae, el piloto muere en el impacto, otro es asesinado por un oso y los dos restantes buscan sobrevivir.

Lo interesante es que Charles Morse, que es uno de los sobrevivientes, es una persona que “sabe todo”,  al gustarle leer libros tenía bastantes conocimientos: hizo una brújula improvisada para darse cuenta de qué camino  debía seguir, trampas para cazar su alimento, armas para defenderse y otras cosas que le permitieron subsistir en el bosque.

Cuando llegó la ayuda, sólo este hombre fue encontrado con vida, lo que hubiera sido imposible si no hubiese estado preparado.

¿Qué pasaría si hubieras estado en su lugar? Posiblemente estarías muerto de hambre o por el ataque de algún animal, lo que nos enseña lo importante que es nuestra preparación.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17 (RVR 1960)

La Palabra de Dios, conocida como “la Biblia”, es fundamental para la preparación de un hijo de Dios, porque: enseña, corrige, adiestra y perfecciona, con la finalidad de que estemos preparados para el trabajo que tenemos como cristianos.

El Señor quiere que en su camino seamos como Charles Morse y “sepamos todo”;  es decir, que seamos competentes espiritualmente y no nos hundamos o desesperemos en el camino, que sepamos enseñar o corregir al que lo necesita, y ser sabios para actuar cuando enfrentemos una situación inesperada, siendo guiados por lo que dice la palabra de Dios porque solamente de este modo saldremos victoriosos.

Si estás perdiendo la confianza en Dios porque estás enfrentando un tiempo de conflicto como una enfermedad, un derrumbe económico, pérdida de empleo u otros; entonces necesitas Palabra de Dios en tu corazón o quizá quieres dar a conocer el mensaje de Jesús pero no sabes cómo empezar, entonces requieres preparación.

En este momento, te animo a tomar la decisión de prepararte todos los días, apartando un tiempo importante para estudiar la palabra de Dios y realizar un buen servicio para Él.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Aprender 7

Aprender

El aprendizaje es el proceso a través del cual se modifican y adquieren habilidades, destrezas, conocimientos, conductas o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación. En nuestra vida es una tarea constante que realizaremos hasta el final de nuestros días.

Cuán importante es que no dejemos de adquirir conocimiento, en especial cuando hemos empezado la vida cristiana, pues el quedarse con sólo las cosas básicas de la Palabra de Dios, es permanecer como un bebé, dice Hebreos 5:11-14 “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” Versión Reina-Valera 1960

Pablo exhortaba claramente a no conformarse, más bien instaba a aprender más para tener la capacidad de discernir entre el bien y el mal.

Cuando eres ingenuo, eres presa fácil de engaños. Hay cierto tipo de estafa donde el delincuente aprovecha la ingenuidad de sus víctimas para robar, se lo llama el “cuento del tío” Básicamente consiste en engañar a una persona haciéndole creer que está realizando un buen negocio al intercambiar su dinero por un objeto que presumiblemente tiene mayor valor, pero que en realidad es falso o carece del valor indicado. Así también hay engañadores que, a nombre de Dios, aprovechan de la ingenuidad de las personas sacando provecho para sí mismas. Consideras que ¿Eres capaz de discernir lo malo y lo bueno?

No te conformes con un aprendizaje limitado, más bien explora más, comprende y experimenta lo que Dios tiene para ti por su Palabra. Recuerda que también tus batallas son ganadas cuando sabes quién eres en Dios.

¡Aprende y también enseña lo bueno!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Llegaste donde otros no lograron? 8

¿Llegaste donde otros no lograron?

Hace poco vi una película de animación titulada “Ballerine”,  se trata de una niña que anhelaba ser bailarina, por lo que  decide correr riesgos para cumplir su sueño.

A pesar de vivir en escases, logra ser elegida para participar en una obra reconocida que muchas niñas ricas habían deseado, alcanzando la plenitud de su sueño por la pasión que tenía, aquello que sólo puede encontrarse cuando existe amor.

“… a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” Efesios 3:17-19

¿Quieres alcanzar la plenitud de Dios? ¿Deseas alcanzar lo que otros no lograron? Sería interesante analizar si tienes pasión por Él. Pablo menciona que para llegar a la plenitud de Dios es preciso que seamos capaces de comprender el amor de Cristo, la anchura, longitud, profundidad y altura, porque esta excede el conocimiento natural.

En proporción a nuestra comprensión del amor de Cristo, seremos llenos de toda la plenitud de Dios.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8

Mucha gente puede creer que Dios sólo los ama cuando se lo merecen y este es un problema porque esperan hacer méritos para acercarse al Señor, otros piensan que sí lo merecen por ser personas buenas y solidarias, y continúan su vida sin conocer el amor de Cristo, el amor verdadero

El Señor nos amó de tal manera que decidió salvarnos, aunque nadie lo merecía, aun cuando lo traicionamos, aunque no le creímos y lo herimos, costándole lo que tanto amaba, llegando hasta lo inimaginable por amor.

¿Amas a Dios? Moisés, Daniel, David, Elías y otros que son conocidos como grandes hombres del Señor en la Biblia, no fueron personas comunes, sino hombres que tenían pasión por Dios, tanto que arriesgaron su propia vida por cumplir con lo que el Señor les había ordenado.

Si consideras que no has alcanzado la plenitud de Dios, entonces no conoces realmente el amor de Cristo y te animo a asumir el reto de conocerlo; serás una persona diferente y cambiará tu vida, las lágrimas serán inevitables al saber que te amó primero y cuánto lo hizo que te rescato a pesar de todo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Máscaras 9

Máscaras

Solía tener en la puerta de mi dormitorio un pequeño cuadro que pintó mi hija mayor hace algunos años. Era un óleo que evocaba, guardando las debidas proporciones, algunos trazos de Van Gogh. Tenía una frase que resume incontables horas de reflexión y que de un modo distintivo expresa mi permanente actitud existencial: Mi mundo privado. Ahora está en una maleta en Chile hasta que un día decida tener un lugar definitivo al cual retirarme a escribir unas imaginarias e impublicables memorias.
Por muchos años creí y practiqué hasta donde pude – no lo suficiente según las personas que más me conocen – la noción de que exponer tu mundo interior era el camino hacia el amor y la aceptación del otro. Diversas experiencias y circunstancias me convencieron que la posibilidad de que tal acercamiento fundamental ocurra es dramáticamente escasa, frustrada y frustrante.
El valor del conocimiento del mundo interior del otro está sobredimensionado. Se da aquí, con meridiana claridad, el hecho de que tenemos más teoría que práctica en eso de que la apertura promueve el amor. No amamos incondicionalmente. Siempre tenemos expectativas, estándares y supuestos que deben ser cumplidos por el otro si es que vamos a amarlos. Y nos pasa lo mismo de vuelta. Pobres transeúntes de una realidad más que discreta nos hallamos en el triste predicamento de ocultar una parte considerable de nuestro ser y dejar ver apenas un poquito para mantener los equilibrios y las relaciones deseadas.
La procesión va por dentro. No lo admitimos por cierto. Y para sobrevivir con cierta dignidad en nuestras relaciones cotidianas, nos hemos ido armando de un selecto repertorio de máscaras para las diversas ocasiones en que interactuamos con los prójimos que conforman nuestro mundo social.
Sería divertido si no fuera tan trágico, que las personas que más parecen ocultarse son precisamente aquellas que declaran “yo digo las cosas como son”, “al pan, pan y al vino, vino” y “yo soy así como ustedes me ven”. No juzgo a nadie, sin embargo. De verdad que no. La confianza, por más que la deseemos, es un bien demasiado caro.
Así que en un sobrio acto de honestidad intelectual reitero que tengo un mundo privado y que algunas máscaras son, por lo menos ahora, un alivio. Mañana, ya veremos…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

No es suficiente 10

No es suficiente

Una mujer decidió emprender un pequeño negocio en la calle vendiendo comida rápida. Cuando empezó a generar ingresos no se conformó con esto, sino que alquiló un lugar grande; como su comida era deliciosa logró crecer rápidamente y decidió comprar su propio comedor, pero no se conformó, actualmente tiene varios restaurantes propios y reconocidos.

Cuando queremos ser mejores en algo no nos conformamos con lo que tenemos, nada es suficiente mientras vas a la cima. De igual forma sucede con un hijo de Dios. La Palabra de Dios dice:

Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 2 Pedro 1:5-8

En la vida cristiana el Señor nos pide que seamos cada vez mejores, creciendo y no siendo ociosos e improductivos en la obra de Dios:

Después de creer en Jesucristo como nuestro salvador nos pide añadir a la fe “Virtud” que se define como: excelencia moral, es decir, vivir de acuerdo a los principios bíblicos, la capacidad de hacer lo bueno y lo que es correcto. Ser excelente para Dios.

A la virtud añadir “conocimiento”: Es decir, un interés en saber y comprender en forma práctica los caminos de Dios. No es suficiente escuchar la palabra, sino estudiar, profundizar y practicar.

Al conocimiento añadir “dominio propio”: esta es la capacidad de dominar nuestros impulsos, control, el freno que nos sujeta y nos conduce en la voluntad de Dios.

Agregar “paciencia” es la virtud que hace a las personas tolerar, comprender, padecer y soportar los contratiempos, las enfermedades, las carencias y limitaciones con fortaleza. Es decir, firmeza en la fe a pesar de la prueba y el sufrimiento.
A la paciencia añadir “Piedad” que significa: Reverencia y respeto a Dios. Hacer todas las cosas con una mirada orientada a Dios, vivir sólo para agradarle.

A la piedad añadir “Afecto Fraternal” es decir, un interés genuino por nuestros hermanos. A éste  aumentar el “Amor”. Cuando una persona es capaz de amar como ama Dios está dispuesta a dar la vida por el otro.

Para el que quiere ser mejor nunca es suficiente lo que tiene ¿has empezado a añadir excelencia en lo que haces? ¿Estás practicando lo que aprendes? ¿Cuánto tiempo dedicas al estudio de la palabra de Dios para tu conocimiento? ¡Tenemos muchísimo trabajo por hacer! Te animo a decidir ser mejor y crecer como Dios quiere.

¡Recuerda que las bendiciones no son para los que duermen, sino para los que tienen frutos!

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Libro 11

Libro

Estaba ahí desde que abrí los ojos y entendí que estaba vivo. Era paisaje cotidiano, comida lateral para mi hambre feroz de ver, de sentir, de palpar, de ver más allá de muros y rejas. Se abría a mi apetito voraz de conocimiento y lo saciaba con países exóticos, comidas extrañas, inmensos nubios y embriagadoras odaliscas. Entré en las cavernas del centro de la tierra, navegué los mares ecuatoriales, entré en el territorio de los arapahoes, exploré los secretos del laboratorio de Baker Street y estuve en los campos de batalla de Trafalgar y Waterloo.

Conocí las vidas secretas de los grandes hombres de la política, la música y el arte. Exploré el espacio infinito y las primeras nociones de nuestro amigo satélite. Aprendí que los chinos inventaron los fuegos artificiales, el papel, la pizza y los fideos. Atravesé los hielos polares y anduve por desiertos entre beduinos, derviches y soldados de la Legión Extranjera. Experimenté los primeros temblores del inglés en el “National Geographic” impreso y me fasciné con las fotos de Lennart Nilsson del interior del cuerpo humano a mediados de los años sesenta.

Recorrí las mansiones señoriales y las casas pobres del París de Balzac y sus enormes descripciones que abrumarían a los famélicos navegantes de los 140 caracteres. Seguí la mirada de historiadores, ensayistas, periodistas, poetas, cronistas y, nobleza obliga, algunos inefables pintamonos* del heterogéneo mundo de las letras.

El libro me acompaña siempre; no es por nada, pero ese slogan era mío cincuenta años antes de que fuera pronunciado por CVCLAVOZ. Ha sido confidente, consolador, escape, conocimiento, esperanza, inspiración, conciencia social, asombro, risa, lágrimas y bronca acumulada por años de años.

En mi mesita de noche, sobre el estanque del inodoro, en la mochila, en la mesita del living, en el estante, en mi escritorio, el libro vigila mis variables condiciones climáticas internas y me propone su conversación silenciosa; lo acerco, lo leo, lo dejo y ahí está el libro, siempre disponible, sin publicidad engañosa, sin baterías que hay que recargar ni nuevas versiones que reemplacen las antiguas, sin comentarios no solicitados, sin mensajes que esperan una urgente respuesta. El tiempo nos hace más que ennoblecerlo si es bueno y hacerlo material de reciclaje si es malo. De todos los inventos humanos el que más me reconcilia con la raza es el libro.

El libro vive y deja vivir.

(*pintamonos: chilenismo para referirse a gente que no tiene nada que hacer ahí)

Otros delirios 12

Otros delirios

El delirio de recordar las cosas antiguas y los episodios recientes. La vida en su máxima plenitud de la mano de los años jóvenes y también de las horas más oscuras. La locura de desear detener el tiempo y estacionarse para siempre en Nunca Jamás. Encerrar el tiempo en una botella y lanzarse con ella a un océano interminable.
El delirio de poder deshacer los entuertos, de hacer todo de nuevo, tal vez ahora bien, o mejor. Desear a veces poder sostenerse en las decisiones hechas y no tener que arrepentirse. Otras, de escribir de nuevo la propia historia con un poco más de luz o de cordura.
El delirio de desear comprender qué es el tiempo. Una ilusión quizá porque somos solo nosotros los que vamos cambiando en un presente que nos envuelve totalmente con un manto invisible. O posiblemente un flujo material de horas que pasan por nuestro andén dejándonos sus heridas y sus caricias indistintamente.
El delirio de alcanzar la paz. Ese sosiego definitivo, esa armonía perenne entre la conciencia y los actos. La quietud de no estar en deuda con nada ni con nadie. El abrazo regocijado entre el ser, el saber y el hacer. La ilusión de dormir o estar en silencio sin culpas ni sobresaltos.
El delirio de querer apaciguar la pasión, el deseo, el sentimiento, la piel alterada. Hallar el agua filosofal que sacie para siempre la sed. Firmar el armisticio que ponga fin al combate fundamental y lo convierta en un crepúsculo, una melodía simple y profunda.
El delirio de preguntar y preguntarse todo el tiempo. El latigazo incesante de la duda. La pregunta del origen, del propósito, del destino. La esperanza de convertir el saber en sabiduría, la experiencia en prudencia, el conocimiento en bien.
El fin, el delirio de los lugares, de las montañas, del río, del helecho, de los aromas y los colores, de las alturas vertiginosas, de la neblina, la lluvia, el trueno, las nubes, el océano infatigable, la roca, la noche, la nieve, el viento.

………………….

El delirio incesante por la voz, por la palabra, por el susurro de Dios…

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