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Inventario extremo

El mar de dudas que podría llegar a ser mi único legado posible. La inclinación cada vez más intensa a no decir “lo correcto”. La madre de todas las batallas contra la extinción de las palabras y el arte de la conversación. El creciente distanciamiento de las autodenominadas figuras de autoridad. La rebeldía como gestión del pensamiento independiente. El escepticismo creciente respecto del discurso, la predicación, la consigna, los disparadores y las llamadas de atención.

Las duras negociaciones con la soledad adquirida. El resentimiento debido a las horribles maneras que se han inventado para matar el silencio (mención especial para el perro de un departamento aledaño que ladra angustiadamente todas las noches a las horas más inesperadas). La grosería de los modos sociales. La insolencia de la picaresca. La desesperada búsqueda de la paz.

(Interludio)

“No hay que leer libros para saber lo que dicen sino para saber qué es lo que quieren decir”.

(Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, Umberto Eco)

El viaje. El otro, el absolutamente otro lugar. Mi sur austral, inmensa geografía ausente. Mi insanable nostalgia de monte, neblina y bosque. El no ser en aeropuertos y terminales. La noche que arrulla la ida y vuelta a Nunca Jamás.

Los cuadernos de la memoria, algunos guardados y otros esparcidos en anaqueles y vecindarios ajenos. Los antiguos intentos por abrir un boquete en los muros de la institución y en la mente uniformada – “another brick in the wall”.

La vida fuera de la baldosa común. Bailando en la oscuridad y como tantas veces las ganas de no tener más ganas y alguna noche las ganas de tenerlas. El esplendor en la hierba. Las hilanderas de la luna. Un poco de la “música de mi vida”, la silenciosa fidelidad de los libros y el cierre total de todo canal y portal de noticias porque ya basta de contemplar cómo los pueblos cometen suicidio todas las horas todos los días.

Finalmente, explico que a veces me canso de la escritura técnica, tan necesaria que es y tan poco agradable para el pulso y la mente cansada. De modo que cualquier intento de hallar aquí hoy alguna enseñanza o valiente conceptualización es absolutamente inútil. Esta es literatura descartable, amigas y amigos.

Una autoindulgencia de viernes, digamos…

Lluvia

Cuántas veces me he preguntado
por qué siempre sale todo igual
No importa de qué modo se mire
Es la vida y acabamos por jugar el juego…
(Rainy Night in Georgia, Tony Joe White, 1962)

Hoy no daba para un día de lluvia otoñal. Es plena primavera y lo que uno espera son tormentas escatológicas precedidas de un calor abrumador. Sin embargo llovía como si fuera una mañana de mayo. Como era previsible, pasado el mediodía desaparecieron las nubes y un sol radiante levantó una humedad todavía fresca.
Pero fue suficiente para estimular el lado gris, la mirada nubosa, la fiel tristeza subyacente en todas las cosas a las que pertenezco o pertenecí alguna vez. Sí, de nuevo, ésta no es una nota devocional que vaya a alegrarles el domingo; pueden abandonar la lectura, aunque les suplico que lo hagan en silencio porque hay otras personas que están leyendo atentamente.
La lluvia más remota que recuerdo fue una tarde en que convalecía de una bronconeumonía que me tuvo al borde de la muerte (según mi madre); tenía unos cuatro o cinco años. Por la ventana se veía el inmenso eucaliptus de don Juvenal y bajo los cardenales se guarecían unos patitos recién nacidos en el corral del tío Carlos. No puedo decir que lo comprendí entonces pero de algún modo todo eso era la conciencia de la fragilidad de las cosas con la lluvia como telón de fondo.
Desde entonces, tantas lluvias en tantos lugares han ilustrado la crónica de la vida, han rubricado su pesada manifestación, han puesto la nota de sobriedad a los torpes entusiasmos a los que a veces uno se suele entregar.
Quizá la más favorita de mis lluvias sea la de la ruta, al lado de Germán en un camión Henschel amarillo de 1960. Mañanas brumosas, noches interminables, tardes lentas y silenciosas esperando una carga en Cemento Melón en La Calera o en la usina de Huachipato. La música y la conversación intrascendente conjuraban el tedio de la espera. Nos sentíamos en otro universo, sin ataduras ni chantajes sentimentales. Era el tiempo libre, el limbo entre antes y después, la feliz posibilidad de tenderse entre los sacos de cemento y dormir profundamente, un arte perdido y siempre recordado…

¿Cómo realmente escuchar a alguien?

“¿Cómo escuchar a alguien?” parece una pregunta un poco ingenua, después de todo, para escuchar a alguien solo se debe dejar que hable, ¿verdad?

La comunicación humana se desarrolla gracias a la retroalimentación. Escuchar es tan importante como hablar; sin embargo, en estos tiempos hay tanto ruido que las personas escuchan menos cada vez. El consultor de sonido, Julian Treasure, asegura que pasamos el 60% de la comunicación escuchando, pero que solo retenemos el 25%. Esto quiere decir que nos estamos perdiendo mucha información en nuestras conversaciones. Tresure afirma que “la escucha consciente crea entendimiento”, y por eso hace hincapié en que las personas deben aprender a escuchar. Él también aconseja hacer los siguientes ejercicios para mejorar la calidad de escucha:

  • Silencio: Debemos tener como mínimo 3 minutos de silencio al día, de modo que nuestros sentidos se agudicen y seamos capaces de registrar sonidos con mayor precisión.
  • “La mezcladora”: Treasure sugiere ir a un lugar ruidoso e identificar cuántos canales de sonido podemos distinguir. Esto ayuda a que aprendamos a separar un sonido de otro.
  • Saborear: Debemos ser capaces de disfrutar sonidos cotidianos y no verlos como algo estresante, sino como algo que nos alegre el día.

A veces creemos que estamos escuchando, pero por ratos, nuestros pensamientos divagan hacia otros temas y nos hacen perder el hilo del diálogo. Escuchar quiere decir prestar atención, y cuando no estamos completamente concentrados en la conversación, la otra persona se da cuenta. “Es muy difícil detener tu mente de divagar… hay muchas razones por las que es tan difícil para nosotros. Siempre puedes decir cuando alguien no te está dando toda su atención”, manifiesta la psicóloga organizacional, Nicole Lipkin.

¿Cómo podemos realmente escuchar a alguien?
  • No interrumpas y “apaga la voz en tu cabeza que constantemente hace suposiciones, juzga al orador y contempla lo que vas a decir a continuación. No termines las frases de la otra persona ni interrumpas su curso de pensamiento”, aconseja Lipkin.
  • Presta atención a las palabras y a los sentimientos de la otra persona. Los seres humanos expresamos más con el lenguaje corporal que con las palabras, así que, no olvides estar atento a los sentimientos.
  • Demuestra que estás prestando atención al parafrasear o resumir lo que tu interlocutor dijo.
  • Expresa tu opinión sobre lo expresado por la otra persona pero, sin juzgar.

Algo parecido es lo que recomienda Treasure. Él dice que para escuchar con efectividad debemos:

  1. Recibir.
  2. Apreciar.
  3. Resumir.
  4. Preguntar.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Sabes Orar?

Muchos usuarios de yesHEis me envían mensajes preguntándome cómo orar. La verdad es que no hay una fórmula, pero definitivamente estoy segura que a nuestro Dios no le gusta que hagamos una “letanía aprendida y repetida hasta el cansancio” como hace mucha gente. A veces están orando y haciendo otra cosa a la vez.

Yo te pregunto: ¿Te gustaría que cuando estás conversando con una persona, esa persona estuviera haciendo dibujitos o respondiendo mensajes de su celular? No, ¿verdad? Eso indicaría que no te está prestando atención.

Pues lo mismo ocurre con la oración. Orar es conversar con Dios. Y si, la conversación puede ser interrumpida por cosas, pero cuando son temas muy importantes es mejor buscar un lugar a solas y donde no haya distracciones y simplemente conversa con Él como si fuera tu mejor amigo. Él ya lo sabe todo sobre ti, sabe todo lo que te inquieta y cuáles son tus deseos más anhelados, pero le encanta escucharte. Dios nos ama tanto, que lo que más desea de nosotros es tiempo con Él. Él está en todas partes, así que no hay excusa. Cuando vas en el auto puedes hablarle y puedes adorarlo también. Yo trato de tener siempre música de adoración en el auto, y cuando salgo a caminar también. Y alzo mis manos hacia Él. No hay un lugar ni momento específico para adorar a Dios, para hablarle, agradecerle y consultarle también.

Así que ahí está tu respuesta a cómo orar. Es tener una conversación con Dios. Y por favor, no ores solo para pedir. Ora primero que todo para darle gracias por todo lo que tienes, lo que has vivido, la gente que te rodea, dale gracias por tu empleo si lo tienes, por la salud, por poder ver, escuchar, sentir, hablar, caminar. De hecho, no tienes que unir las manos, no tienes que cerrar tus ojos. Solo que a veces lo hacemos porque nos ayuda a concentrarnos.

Cada día es una nueva oportunidad que Dios nos da. Pasemos tiempo a solas con Él siempre. Cuando te acostumbres, te darás cuenta que es la tarea más importante de cada día y aprovecharás cada instante que tengas para hablar con Él y adorarlo.

Dios te bendiga.

Cuéntame si tienes otras maneras de orar y de adorar a Dios.

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Me pregunto

Creo que sería valioso allegar algunas otras consideraciones en torno al artículo anterior “No me preguntes” y a la conversación sobre el tema que mantuvimos Angel y yo en Más Vale Tarde en CVCLAVOZ. Hubo un interesante aporte de ideas de la audiencia que resumiré:

No conviene generalizar: hay muchas iglesias que sí entregan un sólido apoyo educativo a sus miembros; por diversas razones hay algunas personas que no quieren aprender o no toman con seriedad lo que reciben.
En respuesta, alguien mencionó que al mismo tiempo no debería generalizarse y decir que todas las iglesias entregan un sólido fundamento educativo; hay muchos lugares donde eso no ocurre.
También se mencionó que algunas personas, teniendo un buen fundamento educativo en su iglesia, igual buscan ampliar su perspectiva y por ello envían preguntas a los medios cristianos. También se dijo que para otros era más cómodo hacer ciertas preguntas que no desearían sean conocidas directamente por sus líderes o maestros.

La naturaleza de la iglesia obliga a dispensar a sus miembros una adecuada y consistente educación cristiana. Apacentad la grey de Dios no es una blanda recomendación: es un mandato ineludible. Por ello, sería interesante que los maestros y educadores cristianos se preguntaran por qué tanta gente de sus comunidades pregunta cuestiones tan básicas en los medios cristianos.
Por otra parte, nos sigue preocupando que la temática de las preguntas y consultas siga siendo tan autoreferente: mi familia, mi vida cristiana, mi futuro, mi dinero, mis relaciones personales.
¿No hay interés en explorar cuestiones que vayan más allá de los rudimentos como reclama alguien en Hebreos 5:11 y siguientes versículos? ¿No tienen los cristianos inquietudes y preguntas respecto de la crisis económica, la corrupción, la violencia, el abuso y trata de personas, cultura, educación, crisis social, relaciones internacionales, cambio climático, nuevos perfiles de familia, la legislatura, la justicia, las relaciones entre empleados y patrones, el impacto de las nuevas tecnologías de información en la captura y gestión del conocimiento o sobre el arte? ¿No nos interesa nada el mundo que nos rodea? ¿No nos preocupa el comprender lo que pasa desde una perspectiva cristiana y aportar ideas nuevas y estimulantes a la sociedad en donde vivimos?
¿O es que seguimos creyendo – erróneamente por cierto – que nuestros asuntos son lo más importante y que las cosas que llamamos mundanas deben atenderlas otros porque nosotros no somos de este mundo?

Me pregunto.

¿Tienes una comunicación cercana?

La cercanía entre una persona u otra se puede observar por la forma en que se comunican. Cuando se ha desarrollado una amistad íntima uno se expresa en confianza con el otro. Por el contrario, cuando no se conoce lo suficiente a la otra persona existe temor a opinar,  a equivocarse, o posiblemente no tengan un tema para conversar.

Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Éxodo 33:11

Muchas personas mencionan que presentan dificultades en el tiempo de oración, puesto que prontamente se acaban sus palabras y no saben que decir, esa es la excusa que la mayoría usa cuando se les pregunta sobre su tiempo de oración. Es lamentable que sea así, sin embargo, es interesante aprender cuán cerca se encontraba Moisés de Dios.

La comunicación demuestra que tan cerca estás del que está a tu lado. La Biblia menciona que Moisés hablaba con Dios cara a cara, no era parte del montón, él disfrutaba de una conversación genuina con Él y se puede observar en diferentes pasajes de la Palabra de Dios, cómo cuando ayunó cuarenta días y cuarenta noches antes de plasmar los mandamientos.

La pregunta que quiero hacerte es ¿Cuánto tiempo te comunicas con Dios?

Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Mateo 26:40-41

Si eres la persona que se duerme o se aburre en apenas diez minutos de oración, se puede ver  claramente que tan cerca te encuentras del Señor y es preciso reflexionar sobre esta situación. En esta oportunidad te animo a acercarte más a Él, esfuérzate para pasar tiempo en su presencia y estudiando su palabra, traza la meta de que en poco tiempo Dios se vuelva uno de tus mejores amigos a los que puedas hablar en confianza.

¡Recuerda que la oración mueve la mano de Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Información y conocimiento

La clave hoy no es tanto pensar sino sentir. La gente no quiere comprender sino estar informada.

Esta es una observación extraída del libro “La Educación desde la Comunicación” de Jesús Martín Barbero, una lectura que debería ser obligatoria para maestros y comunicadores (en realidad para cualquier persona que quiera entender el mundo que vivimos hoy).

Existe la engañosa idea de que estar informado es igual a conocer y entender la realidad. En realidad, lo que leemos o escuchamos como información es un resumen de lo que ha escrito un periodista o un editor, quien ya ha hecho una lectura previa y una interpretación de los hechos acorde con su cosmovisión y con los intereses del medio para el que trabaja. Así, la información es cierta información, una representación mediada. Si consumimos noticias en lugar de examinar contenidos, terminamos pensando en aquello que los conductores de los medios quieren que pensemos; que consideremos noticia lo que ellos quieren que creamos que es noticia. Eso por una parte.

Por otra, leer o escuchar noticias solamente agrega información en nuestra cabeza si no discriminamos los contenidos. ¿Nos están contando toda la noticia? ¿Qué contenidos están dejando fuera o están editando? ¿Cuál es la orientación política, filosófica, cultural o moral del medio? Nunca los medios de comunicación son neutrales. Siempre intentan hacernos creer que son objetivos, pero eso no es posible. La realidad siempre es filtrada por creencias y convicciones.

El conocimiento es algo muy distinto. Francis Schaeffer, notable pensador cristiano, solía decir que educación no es acumulación de información sino la capacidad de ver las relaciones que la información y los contenidos tienen con todos los aspectos de la realidad. En este sentido, advertía, muy pocos individuos son educados.

La mayoría de las personas no está interesada en pensar. La velocidad de la vida, la hiper especialización de la educación moderna, los medios digitales (con su más alto exponente, el smart phone) además de las presiones del trabajo, la familia y la vida urbana utilizan la mayor parte de la energía diaria de la gente. Así que a la noche lo único que las personas quieren saber es qué está pasando en la ciudad y en el mundo y luego conectarse a algún programa de farándula para reírse de la estupidez humana y de sí mismas.

La información ha reemplazado al conocimiento igual que la charla banal a la buena conversación.

No te va a gustar

Así se llama la banda que toca “Cosa linda”, la canción con la que Angel Galeano introduce cada jueves en su programa la conversación que tenemos sobre lo que escribo aquí. Menudo nombre. Como una premonición. Un anticipo de lo que le pasa a la Inmensa Mayoría al mirar estos trastos existenciales que exhibe la estantería de esta tienda virtual de opinión.
Como este espacio no es de doctrina, edificación o crecimiento espiritual me permito recorrer una variada gama de impresiones y pensamientos laterales. Reflejan la frustración de lo inconcluso, el misterio del dolor y la tristeza, la ironía del discurso divorciado de la realidad, la discreta poética de la decepción. Recogen nostalgias inventadas y reminiscencias reales, un poco mezcladas para proteger a los inocentes y – nobleza obliga – también a los culpables.
Ha habido algunos momentos magistrales aquí. Otras veces, la prosa se arrastra resignada por el territorio de lo políticamente correcto porque tampoco estamos interesados en revoluciones literarias de cuarta que no hacen otra cosa que irritar los ojos y poner en peligro los necesarios subsidios para la vida. Pero lo más del tiempo se puede navegar por aguas profundas, acercarse a arrecifes medio peligrosos, volcar intrincados significados y hacer guiños a la propia historia.
Cada tanto conviene agradecer. Sé que hay una pequeña cofradía de lectores que siguen estos artilugios para disfrutar del sonido de las palabras. Hay quienes querrán hallarle algún agujero que revele las inconsistencias de una vida tan poco ejemplar como la mía. Como sea, le dan sentido y justificación a este oficio virtual porque aún me quedo perplejo frente al hecho de no saber quién lee, quién escucha, quién mira en este mare magnun cibernético… ni cuántos.
Pero lo que sí es cierto, más allá de toda duda razonable, es que son muchas las personas que no le encuentran agarradero a los asuntos que aquí se presentan día por medio. Hace años conducía un programa de radio que trataba temas de actualidad. En una gira que hicimos por el país con cierto importante predicador, una señora en Antofagasta me abrazó, me miró a los ojos y me dijo con una dulzura cautivante: “¿Sabe, Benjamín? Yo la pura verdad no le entiendo nada, pero ¡pucha que habla bonito!”
Pero si ni siquiera alcanza para eso, lo peor que puede suceder es que esto – de nuevo – no les va a gustar.

¡Háblale a tu futuro!

“Cuando el diablo te quiera recordar de tu pasado recuerdale de su futuro.” 

Uno de los momentos en los que los cristianos nos sentimos más atemorizados es cuando recordamos el pasado. Claramente, ninguno de nosotros está capacitado para poder recorrerlo, sin encontrar fallas, o para poder transitar por esta vida, sin haberse equivocado, haber fallado o confundir el camino alguna vez.
Y PEOR AÚN, SIN PODER HACER NADA PARA CAMBIARLO DESEANDO HACERLO TODO!

Justamente, por eso es que cuando vienen los momentos difíciles en la vida, con lo primero que nos atacan es con nuestro pasado. “Si tu hiciste eso, ¿Como es que ahora puedes venir a hablar de aquello?” ”¿El que nos viene a hablar de Dios, o de que podemos ser mejores, es la misma persona que hizo aquello días atrás?”
Y las miradas, y las acusaciones por lo que pasó nos hacen ver cada vez más pequeños en este mundo que muchas veces atemoriza con su definición de nosotros mismos.

Cristo tiene tu futuro en sus manos. El Vino a poder romper con esa “condena”que te corresponde y a darte una identidad en Él. 

Somos humanos que estamos todos los días siendo transformados por el acto que hizo Jesús por nosotros. Los cuales no somos perfectos, ni estamos cerca, pero que si queremos agradar a Dios y ser cada día mejores.
No dejes que te digan quien eres. Tienes una identidad en Él.
VE HACIA TU FUTURO CONFIADO QUE ÉL ESTARÁ ALLÍ.

¿Resistir a la tentación?

Todos somos tentados.

Hasta se habla de la tentación como algo tan normal que parecería que algunos se olvidaron que deberían hacer con ella.
Muchos, refugiados en que “Jesús también fue tentado” dejan que la tentación venga tan cerca que se hace imposible retroceder.

Yo no sé cual es tu tentación, quizá tengas más debilidad por el sexo opuesto, más facilidad en caer en la mentira. Tal vez miras a otra persona y no a la que está a tu lado; tienes o has tenido algún tipo de adicción.

Sé que en tu mente todas estas cosas parecen ser más grandes que tú mismo y que en definitiva ni vale la pena pelear porque terminarán ganando la batalla.

Pero tengo buenas noticias para ti: “Las tentaciones que enfrentan en su vida, no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir.” Eso es lo que dice la Biblia acerca de la tentación en tu vida.

¿Cuántas veces hemos escuchado que a la tentación hay que resistir y huir de ella?
Es cierto, ése es el primer paso; pero  también tengo una mala noticia: ¡VOLVERÁ!

La tentación te acecha, te espera, y se hace ver una y otra vez en los momentos que estás desprevenido. Si piensas que ya ganaste con solamente resistir, lamento tener que ser yo la que te diga algo diferente a lo que siempre escuchaste, lamento ser yo la que te diga que eso no te llevará a la victoria.

La tentación no es resistir nada más, sino elegirlo a Él por sobre la tentación.

Si yo tuviera una cartera/billetera llena, y tú tienes la tuya. ¿Cambiarías esa cartera/billetera por la que yo tengo en mis manos, sin saber que hay en ella?

Después de unos minutos de pensar, eliges entregarla y cambiarla por aquella que no sabes lo que tiene, pero parece estar llena de sueños e ilusiones de un futuro placentero.  ¡Y cuando la abres te encuentras que esta vacía!

-Esa es la imagen del pecado. Siempre tiene un sabor amargo al final.

Así que la próxima vez que estés pasando por una tentación, que sientes que no puedes resistir, o que estás resistiendo hace tiempo pero no sales victorioso, recuerda que la única forma de obtener esa victoria es ELEGIR.

La elección no solamente de no hacer lo malo, sino de hacer lo correcto.
La elección de aquel que te dio todo y que venció la tentación, por encima de esa cartera vacía.

 

La pera  

 

La joven me dice: “Quiero regalarle una fruta para el hombre (me presenta una pera y agrega): Es muy buena para la próstata”. Como este giro en la conversación sucede a un diálogo serio y sentido sobre la pertinencia del contenido radial en una sociedad en vertiginoso estado de flujo y transformación, me queda una duda sobre la naturaleza de este inesperado gesto.

Nos despedimos y les cuento a mis colegas lo que me acaba de pasar. Más allá de la anécdota, algunas de cuyas implicaciones nos arrancan más de una sonrisa, me pregunto sobre el significado de este pequeño episodio. Considerando que me encuentro hace rato en la edad en que un hombre debe hacerse anualmente un examen acucioso de dicha glándula, no puedo simplemente olvidar el incidente. Tal vez sea una advertencia providencial porque hace cuatro años que no visito a mi doctor para estos menesteres. O quizá un recordatorio de que los años pasan y que el tiempo vuela. Lo que creo, en realidad, es que fue una muestra repentina de afecto de parte de una persona que me agradece los conceptos vertidos en una conferencia que acabo de dar y a la cual ella ha asistido. La mención a la próstata queda para el misterio.

Las palabras ejercen sobre mí un influjo inmenso. Me cautivan, me sorprenden, me iluminan o me encierran en oscuros pasadizos. No puedo ignorarlas y por eso, a diferencia de cualquier otro señor que a lo mejor ni hubiera reparado en ese breve giro del habla, me quedo pensando en la pera.

Así es este espacio de opinión. Nos ocupamos de las profundas cuestiones del alma, reclamamos, protestamos, hacemos poesía y traemos a la vida mínimos episodios que nos explican como criaturas humanas, como participantes comunes de una naturaleza que no tiene nada que ver con etiquetas, creencias y fijaciones conceptuales. La vida en sus más grandes manifestaciones o en sus acontecimientos más chiquitos.

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