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¿Y tu relación con Dios?

“Dios mío, mira en el fondo de mi corazón, y pon a prueba mis pensamientos. Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva.” Salmos 139:23-24 (TLA)

Vivimos en un mundo donde la preocupación por obtener cosas materiales y quedar bien con las personas, ya sean nuestros amigos o familiares, se ha vuelto una prioridad. Pero rara vez nos preocupamos por tener unos minutos a solas con Dios y quedar bien delante de Él. ¿Será que Dios no se merece que le busquemos en oración y le demos mayor importancia que a las personas?

Una pregunta que todos deberíamos hacernos y respondernos siendo sinceros con nosotros mismos es: ¿Cómo está mi relación con Dios y qué estoy haciendo para mejorarla?

Lastimosamente hay muchos que han descuidado su relación personal con Dios y poco a poco se han olvidado de su verdadera meta que es: “agradar a Dios”. Es tan triste ver a las personas que un día fueron grandes siervos y ahora están cómodos con las cosas terrenales, dejando de lado a Dios.

“Yo sé todo lo que haces, que no eres ni frío ni caliente. ¡Cómo quisiera que fueras lo uno o lo otro!; pero ya que eres tibio, ni frío ni caliente, ¡te escupiré de mi boca!” Apocalipsis 3:15-16 (NTV)

Solamente tú sabes cómo está tu relación personal con Dios, pero si estás consciente que necesitas de Él, no puedes pasarte el día relajándote y esperando que algo ocurra en tu vida. Identifica aquellas cosas que están impidiendo tu comunión con Dios, toma una decisión y consagra tu vida.

Es hora que te levantes y reflexiones sobre la importancia de Dios en tu vida. Si has cometido algún pecado, no tengas miedo y acércate al Señor. “Los que encubren sus pecados no prosperarán, pero si los confiesan y los abandonan, recibirán misericordia.” Proverbios 28:13 (NTV)

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9 (RVR1960)

Dios está dispuesto a perdonarte y levantarte sea cual sea tu condición. Él es un padre amoroso que ha estado esperando que vuelvas. Si te acercas al Señor recibirás su perdón y habrá una fiesta por ti. “…hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.”  Lucas 15:10 (RVR1960)

Oremos:

“Dios eterno, gracias por tu amor y misericordia. Gracias por hablar a mi vida y hacerme dar cuenta que te necesito, que sin ti no soy nada. Por favor examina mi vida y ayúdame a salir de aquello que me tiene atrapado, guíame y lléname de tu poder para salir en victoria. Te entrego mi vida para que la restaures y transformes, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Amas a Dios?

Jesús dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” Mateo 22:37 (NTV)

Qué fácil es decir “Amo a Dios” pero, ¿demostramos realmente que lo amamos? El Señor en su palabra nos dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. ” Juan 14:15,21 (RVR1960)

El verdadero amor a Dios se demuestra obedeciendo sus mandamientos y poniendo en práctica sus principios (1 Juan 5:3). Muchos podemos decir que amamos a Dios, pero si no estudiamos, meditamos y ponemos en práctica su palabra, entonces lo que decimos es mentira.

El que verdaderamente ama a Dios:

   – Guarda sus mandamientos. “Si me amáis guardad mis mandamientos.” Juan 14:15. La obediencia es el resultado y fruto de nuestro amor por Dios. Si el amor que tienes a Dios es verdadero entonces vivirás en obediencia a su palabra.

   – Ama a su hermano. “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:7-8.  Nadie que ama y conoce a Dios puede albergar odio en su corazón y estar enojado con su hermano. Si has tenido una discusión con tu prójimo, necesitas pedir perdón o perdonar.

   – Odia el mal o pecado. “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; El guarda las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra.” Salmo 97:10. La persona que ama a Dios no se relaciona con el pecado y rechaza el mal. Si tu prioridad es agradar al Señor, serás radical para alejarte de todo aquello que no agrada a Dios.

   – Soporta la tentación. “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” Santiago 1:12 (RVR1960). Una persona que ama es fiel al amor de su vida. Si tu amor por Dios es leal te mantendrás firme y resistirás la tentación.

Estas actitudes son las que caracterizan a una persona que ama a Dios, ¿crees que aún te falta desarrollarlas? No te preocupes, es un proceso que no se logra de la noche a la mañana, pero que con la ayuda de la palabra de Dios y su Espíritu Santo lo lograrás.

Que a partir de hoy, amar a Dios y reflejar ese amor a través de nuestros actos sea nuestra prioridad.

“Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados. Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.” 1 Juan 4:9-12 (NTV)

Oremos:

“Señor, guarda tu palabra en mi corazón y enséñame a ponerla por obra en cada asunto de mi vida. Quiero amarte como tú mereces y vivir para ti. Encomiendo mi vida en tus manos y estoy dispuesto a obedecerte, en el nombre de Jesús. Amén. “

 

 

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Corazón herido

Un corazón herido no sólo es el resultado de un fracaso en el noviazgo o matrimonio, sino también es causa del abandono de un padre, una madre, de un amigo, de un hijo o alguien que formó parte importante de nuestra vida.

Muchos consideran que el tiempo es la mejor medicina para las heridas del corazón, pero resulta que es todo lo contrario, pues una lesión que no es atendida como es debido y en el tiempo indicado, solamente empeorará.

Es fácil detectar una herida física, pues basta con verla, pero ¿qué hacer con las internas que no se pueden ver y que si no son atendidas podrían causar grandes enfermedades espirituales como el odio o la amargura? No hay médico que las pueda atender, solamente Dios está capacitado para sanar esas heridas que no se ven “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas.” Salmos 147:3 (NTV).

Quienes conocen del dolor que siente cuando alguien lastima su corazón saben muy bien que el tiempo y la quietud no son la respuesta a su dolor, pues el tiempo da paso a los recuerdos y hoy muchos se encuentran en esa situación, preguntándose ¿Quién fue el culpable? ¿Yo destruí todo? ¿Por qué me abandonó? ¿Ya no me amaba? ¿Qué hice mal?

Si en este momento estás experimentando el dolor de una herida en el corazón, acude a la única persona que puede sanarte, “El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado” Salmos 34:18 (NTV).

No te permitas seguir viviendo en el pasado, no te condenes porque te equivocaste y no dejes que la culpa o el dolor te hagan buscar remedios momentáneos que con el tiempo podrían empeorar tu herida, por ejemplo: una relación apresurada, un vicio o un mal hábito que  no te ayudarán a sanar tu corazón.

Si solamente te sometes a remedios momentáneos para calmar tu dolor, recuerda que tienen un tiempo de efecto, pasado ese lapso el dolor volverá y será aún más intenso.

Hoy Dios quiere atender las heridas que tienes y desea restaurar tu corazón, “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos” Lucas 4:18 (RVR1960)

¿Quieres que Dios sane tu corazón?

Por Judith Quisbert.

 

 

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Tu corazón es un tesoro

“Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.” Proverbios 4:23 (NTV)

Imagínate a una madre amorosa que dio a luz a su primer hijo. Lo cuida con esmero porque su hijo es su especial tesoro, lo protege de todas aquellas cosas que le pueden hacer mal y procura proporcionar todo aquello que necesita. Así también, las Escrituras nos mencionan acerca de la importancia de cuidar nuestro corazón, no debemos permitir que en él habiten sucesos que nos hagan daño, como la amargura, envidias, venganza, soberbia, etc. Más bien en él deben ser atesorados aquellas cosas que nos hacen bien y que nos ayudan a crecer en sabiduría,  todo esto y mucho más, lo podemos encontrar en la Palabra de Dios.

Por Neyda Cruz

 

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¿Dónde estás Dios?

“¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?  ¿A dónde podría huir de tu presencia?” Salmos 139:7 (NVI)

“Te necesito Dios, ¿Dónde estás?” Cuántas veces nos hemos hecho esa pregunta, aun sabiendo que Él está en todas partes. Nuestro Padre en su infinito amor nos responde: “…Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” Isaías 57:15;  significa que Dios está con nosotros en todo momento, si te has sentido solo recuerda esta verdad, pues  Él te responde: contigo hijo.

Por Danitza Luna

 

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¿Quieres ver agua en el desierto?

A veces, el problema que está delante de nosotros es tan grande que nos impide visualizar la solución con los ojos de la fe, así como a una persona sedienta le resulta difícil asimilar un oasis en medio de un desierto.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” Hebreos 11:11 (RVR 1960).

Abraham recibió una promesa de parte del Señor, y esta era que su esposa iba concebir un hijo siendo una mujer mayor de edad o como la Biblia dice: “fuera del tiempo de la edad”. Seguramente, para los que lo rodeaban era complicado creer en el cumplimiento de esta promesa, y quizá hasta se burlaban de ellos, pero la fe que tenían les dio fuerza para recibir lo que esperaban.

Recuerda que: ¡Nada es imposible para Dios!

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960).

Otro milagro que ocurrió por la fe se relata en la historia Ana, quien deseaba con todo su corazón tener un hijo, y al final recibió lo que deseaba: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente…” Ana era una mujer que clamaba a Dios porque tenía fe, sabía quién era Él y lo que podía hacer.

¿Tienes un problema demasiado grande? Este tiempo no te apartes del Señor, ni te desanimes de orar y estudiar su palabra ¡Al contrarío! Te aliento a acercarte a Dios con fe, así como Sara o Ana, confiando en Dios y clamando por tu petición.

 ¿Necesitas un milagro? ¡Entonces ten fe en el Señor!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Sin medida

Se cuenta que en una aldea de Madrás, en el día de Acción de Gracias, un nativo pobre ofreció para el Señor un saquito de arroz, el principal alimento de los humildes en la India.

Un pastor que estaba de paso y quien era el encargado de recibir las ofrendas que iban llegando, le preguntó:

      – ¿Cuántos kilos trae hermano?

      – No lo sé…. – fue la respuesta.

      – ¿No lo sabe? Debería saberlo, porque así no sabe cuánto está dando al Señor.

El humilde hombre continuó:

      – Nosotros, aquí, los cristianos de esta aldea, nunca medimos lo que damos a Dios.

La actitud de este hombre es una hermosa lección para todos nosotros pero no solamente en el hecho de dar recursos económicos sino en que deberíamos tratar de dar lo mejor de nuestra vida sin medida, ya sea nuestro tiempo, fuerzas, dones y talentos.

Dios conoce acerca de nuestras posibilidades y nunca nos pedirá más de lo que podemos dar. En 2 Corintios 8:11, 12 dice: “Ahora deberían terminar lo que comenzaron. Que el anhelo que mostraron al principio corresponda ahora con lo que den. Den en proporción a lo que tienen. Todo lo que den es bien recibido si lo dan con entusiasmo. Y den según lo que tienen, no según lo que no tienen”. (NTV)

No importa si es mucho o poco, lo importante es que al momento de dar lo hagamos con un corazón sincero y agradecido, que todo lo que hagamos para Dios sea con amor, sin mezquinarnos en el tiempo ni dando prioridad a otras cosas. No permitamos que otros afanes nos roben el tiempo que le corresponde al Señor.

El dar sin medida no se refiere a cuantiosas sumas, sino a dar lo que tenemos como agradecimiento, sin estar llevando la cuenta de cuánto le damos a Dios (en tiempo, dinero, fuerzas, etc.) para después “recordárselo” o “cobrárselo” en nuestras oraciones. Dar sin medidas es más una actitud de un corazón agradecido.

Recuerda que el Señor nos da mucho más de lo que imaginamos y muchas de sus bendiciones no las consideramos como tales, olvidándonos que la salud, la vida, la familia, el trabajo, los amigos, son dones de Dios.

Cuando vayas a darle algo al Señor o a hacer algo por Él no te midas y dentro de tus posibilidades, entrégale lo mejor que tienes.

 

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Para que ore

Se llevan en el alma como fuego inextinguible. En un viejo desván al final del corazón, un poco más allá de la dignidad, se guardan por meses, por años, toda la vida. Diariamente nos entregan su pequeña cuota de vergüenza, de culpa y de miedo. Silencios del alma, mudez de los sentidos, severa mordaza de la memoria. Triste y cotidiana constatación de nuestra incompletitud.
Porque así vivimos algunos de nosotros. Como analfabetos del perdón, iletrados de la misericordia, eternos alumnos aplazados de la cátedra de la compasión. Desconociendo la violenta manifestación de eso que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. No sabíamos nada de eso aunque lo proclamábamos como cosa aprendida. Nos quedamos en la orilla, anhelando la inmensidad de un océano que nunca surcaremos.
Y qué va a hacer. No nos apretó el abrazo hermanable que funde todos los pecados. No recibimos la mirada dulce y paciente del otro en nuestra desnuda realidad. No nos venció la bondad, administrada como sutura imprescindible a la hora de la violencia perpetrada en nuestra carne desesperadamente imperfecta. No hubo un trapo doliente que enjugara la sangre, el sudor y las lágrimas.
Nos dijeron una vez cuando niños que alguien allá arriba lo había hecho por nosotros. Pero no los hermanos y por eso no supimos cómo hacerlo a los hermanos.
Así que nos pusimos las máscaras de la alegría, nos vestimos con atuendos de santidad, nos ataviamos con dones y talentos y entramos en la corte para llevar participar en la mascarada semanal. Nos contamos historias de éxito y nos decimos “aquí estamos todos bien”. Aprendimos a sonreír convenientemente, a decir la palabra justa, a sancionar – mesuradamente si era posible – los desvaríos ajenos, aportamos los siempre indispensables recursos financieros y ejercimos nuestros oficios institucionales con suma diligencia.
Bien adentro, la sangre se hacía costra y la costra hierro. Algo dentro de nosotros se hacía duro pedernal y por eso seguíamos respirando a la mañana siguiente. Nos afirmamos en la tradición, la costumbre y en los viejos códices. Así pudimos seguir adelante.
La procesión va por dentro decíamos un poco un broma pero era desoladora verdad. Ya vendrán tiempos mejores solíamos repetirnos ensayando una mueca que aparentaba una sonrisa.
Se lo cuento a usted no más. Para que ore…

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Te bendeciré en gran manera

“…El Señor ha dicho: Puesto que has hecho esto y no me has negado a tu único hijo, juro por mí mismo  que te bendeciré mucho. Haré que tu descendencia sea tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla del mar. Además, ellos siempre vencerán a sus enemigos. Génesis 22:16-17 (DHH)

Cuando hacemos que nuestra fe sea más grande que nuestros problemas podemos experimentar la bendición de Dios como le sucedió a Abraham, le creyó a Dios, le obedeció y aún cuando pudiera parecer que lo que Dios le pedía no tenía sentido. Sin embargo, confió hasta lo último y pudo mantenerse firme en su peor momento. Como Dios conocía su corazón, honró su confianza, proveyendo un milagro y una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo. Te animo a creerle a Dios, quien nunca dejará tu convicción sin recompensa.

Por Danitza Luna

 

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Tesoros en el cielo

“No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” Mateo 6:19-21 (NVI).

Esta  ilustración que Jesús hizo fue para hacernos entender que los bienes de este mundo son temporales e inciertos, por ello, no debemos darles más valor del que en verdad merecen.

Cuando Jesús habló de tesoros no hizo referencia solamente a cosas materiales de mucho valor económico, como joyas, dinero, automóviles lujosos, etc. Más bien, creo que se refirió a todo aquello que ocupe un lugar excesivamente importante en nuestro corazón y que ha llegado a convertirse en nuestro tesoro personal.

No podemos negar que cuando poseemos un tesoro, buscamos cuidarlo, preservarlo y, si es posible, acumularlo. Pero debemos entender que concentrarnos sólo en las riquezas, hará que nos comportemos de manera muy egoísta, sin ver las necesidades de los demás, podrá hasta quitarnos el tiempo que merecen nuestras familias, amigos, hermanos, padres y le restamos importancia a aquello que realmente importa y lo trasladamos ese valor a nuestro tesoro (éxito, logros, posesiones, posición laboral, social y eclesiástica).

Si hasta el día de hoy has puesto tu esfuerzo, tu tiempo y tu corazón sólo en alcanzar cosas materiales ¡detente! Porque así como le dijo al rico insensato, Jesús te dirá: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” Lucas 12:20 (NVI)

Las riquezas pueden llegar a convertirse en rivales del Señor. Él nos ama tanto que no quiere compartirnos con nada ni nadie, pero cuando nuestra mente y todas nuestras energías están concentradas en las cosas temporales de este mundo, lastimamos el corazón de nuestro Salvador, quien desea ser el centro de nuestros pensamientos.

Es necesario que hoy recapacitemos sobre dónde hemos puesto nuestro corazón y revisemos nuestra lista de prioridades.

Te invito a que puedas poner tu corazón y cada uno de tus anhelos en Cristo Jesús, permite que Él sea el tesoro de tu vida; no cabe duda de que su riqueza es inagotable, la que puedes compartir con los demás.

Por Ruth Mamani.

 

 

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Mostremos y demos amor

“Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.  Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:31-32 (DHH)

Muchas veces uno puede cargar con ciertas actitudes por causa de que fuimos lastimados o defraudados por los demás. Podemos  pensar que no dejaremos que nos hieran nuevamente y que no volverá a ocurrir. Sin darnos cuenta estamos cobrando factura a las personas de nuestro alrededor y a nosotros mismos por esas acciones del pasado. La palabra de Dios nos dice: “no dejemos que esas cosas nos impidan correr la meta” Dios desea que perdonemos el pasado y que actuemos con misericordia hacia nosotros mismos y las demás personas, aprendiendo a perdonar y perdonándonos, y junto a Él empezar la mejor historia de nuestras vidas. Es un buen momento para dejar el odio, la ira, el temor, pánico, baja autoestima, amargura y entregarlos a nuestro Padre; permitiendo que Él sane, haga latir nuevamente nuestro corazón.

Por Danitza Luna

 

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¿Puede alguien esconderse de Dios?

“¿Puede alguien esconderse de mí en algún lugar secreto? ¿Acaso no estoy en todas partes en los cielos y en la tierra?», dice el Señor.” Jeremías 23:24 (NTV)

Muchos creemos que podemos escondernos del Creador de la vida y de todo lo que existe; sin embargo, olvidamos que Dios es omnisciente, que significa que lo sabe todo. Él conoce el pasado, el presente y el futuro. Salmo 139:2-3 dice: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo y todos mis caminos te son conocidos”. En los versos 7-12 dice: “¿a dónde me iré de tu espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del Mar, aún allí me guiara tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aún la noche resplandece alrededor de mí. Aún las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”.

Adán y Eva trataron de esconderse de Dios, pero no lo lograron y terminaron siendo expulsados del paraíso (Génesis cap. 3). Ocultarnos cuando cometemos algún pecado no es la solución, es mejor humillarnos, arrepentirnos y pedir perdón. Salomón escribió: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). Juan añadió: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Mientras haya vida y esperanza no hay razón suficiente para esconderse de un Dios amoroso y perdonador. Él puede vestirnos nuevamente con ropas blancas (Apocalipsis 7:14) y lino fino (Apocalipsis 19:8). Sólo necesitamos despojarnos del pecado y recurrir a la sangre de Cristo.

No sé cuál es tu situación en este momento, pero no olvides que no puedes esconderte de Dios (Salmo 139:11-12), regresa a Él con arrepentimiento y fe.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24 (RVR1960)

Oremos:

“Señor Jesús, tú conoces mi vida, examíname hasta lo más íntimo de mi ser y mira si hay pecado en mí, corrígeme de acuerdo a tu verdad y muéstrame la senda que debo seguir. Quiero vivir para ti y agradarte a partir de hoy. Amén. “

 

 

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