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Bailando en la oscuridad

“La vida fuera de la baldosa, bailando en la oscuridad.”

(Yo, hace algunos años en otro artículo)

No sé si a toda la gente le pasa lo mismo. Hay un instante en la vida que parece definirlo todo. Que ofrece con cruda honestidad la posibilidad de confrontar lo aprendido, de “salirse de la baldosa” en la que uno ha estado parado siempre. A lo mejor no le pasa a todos. O a lo mejor sí, pero muy pocos lo ven y responden.

Eso de la baldosa surgió una vez que estaba hablando con alguien acerca de ese instante y mencioné aquel viejo twist de Rafael Peralta que decía en alguna parte “Sólo contigo mi preciosa yo bailo en la misma baldosa”. Y se me ocurrió que todos vivimos con un conjunto de creencias y convicciones que forman nuestra baldosa, el piso en el cual nos movemos y desde el cual miramos el mundo y juzgamos las cosas.

Pero salirse y mirar desde afuera lo que creemos y somos es algo que sólo puede hacerse si uno ya traía preguntas desde temprano en la vida. Preguntas sin respuesta. Una inquietud previa: “¿Y si las cosas no fueran así..?” La mayoría se acomoda. Se queda en esa zona de confort donde todo está respondido y todo está asegurado. Viviendo como si la verdad fuera una cosa pequeña, asible, definitiva y total.

Es irónico que la declaración de Jesús – la verdad os hará libres – en nuestro mundo evangélico funcione al revés. Una vez recibida la “verdad” la gente ya no piensa más, ya no cuestiona más, ya no confronta nada. Es como si se congelaran para siempre las preguntas que uno tenía antes de entrar en el sistema. Es como quedarse dentro de una jaula invisible que impide la libertad de pensar y pensarse de nuevo cada vez que es necesario y posible.

Salir a la intemperie. Abandonar la comodidad de los sistemas, volver a la Palabra y preguntarse: “¿Es esto así?” Salirse de la baldosa y bailar en la oscuridad donde por un tiempo no hay nada seguro, sólo exploración, interpelación y duda.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia…” (Oseas 6:3)

No es adorable ese proseguiremos? No hay nada terminado. Hay más búsqueda y más encuentro – aunque a veces sea terrible bailar solo, en la oscuridad…

Contra corriente

Posiblemente nunca hayas escuchado el nombre de Chiune Sugihara,  un hombre de origen japonés, quien se desempeñó como cónsul de su país en 1940 en Lituania.

Durante la II Guerra Mundial, tropas alemanas invadieron Polonia, lo que hizo que  judíos polacos  huyeran a Lituania, país en el que encontraron protección temporal. Sin embargo, los refugiados polacos necesitaban alejarse más. En su búsqueda encontraron dos islas holandesas en las que podrían estar seguros. Para llegar a ellas necesitaban pasar  por Japón, ya que se encontraban al otro lado de este país.

Por este motivo, cientos de refugiados llegaban al consulado japonés para solicitar visa. Cuando Chiune pidió permiso a su gobierno para otorgar los permisos se le ordenó que sólo concediera este beneficio a las personas con visas a otros destinos. Condición con la que no contaban los refugiados.

Chiune Sugihara y su esposa consideraron las opciones que tenían. Si negaban las visas esas personas morirían y si las otorgaban perdería su carrera. Entre ambas opciones, obedecer al gobierno o a su conciencia, optaron por ser fieles a sus convicciones y hacer lo que consideraron correcto. Por este motivo y hasta que fueron obligados a abandonar  Lituania,  pasaban 18 horas diarias extendiendo visas y cada día entregaban la cantidad que normalmente habrían hecho en un mes. Chiune fue obligado a renunciar a su cargo con deshonra pero su logro no tiene precio alguno ya que se calcula que salvaron más de 6.000 vidas.

Muchas veces preferimos ceder ante las presiones de los amigos, la familia, la sociedad, de un jefe o cualquier otra persona antes que defender nuestras convicciones y hacer lo que es correcto.

En un mundo donde todo se ha vuelto relativo y hasta la vida ha perdido su valor, se necesita gente de carácter firme, fiel a sus creencias, que sea capaz de pararse frente a los demás y defender sus convicciones.

Se necesitan valientes, capaces de ir contra la corriente y hacer lo que Dios manda. No es fácil pero no estamos solos.

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” Josué 1:9 (RVR1960)

Esta promesa sigue vigente, Dios nunca nos abandonará y nuestra victoria está asegurada pero debemos esforzarnos y ser valientes.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Pensamiento antipático

“Ningún gobierno debiera sostener intelectuales si son intelectuales, porque un intelectual no es orgánico. Plantea dificultades. Donde los políticos ofrecen creencias, él plantea pensamientos que disuelven sus creencias. Por lo tanto, no tiene que ser simpático, el pensamiento no es simpático. No hay pensamiento con felicidad; el pensamiento es inquietante.”
Tomás Abraham (filósofo argentino)

Algunas pocas – y afortunadas – veces encuentro palabras que reflejan con tanta fidelidad lo que pienso y siento. Esta cita de una entrevista telefónica del autor con un medio nacional resume mi creciente convicción de que alguien que piensa seriamente no puede estar al servicio de una causa o un sistema dirigente.
Por más noble que suene el “servicio a la causa” va a ser inevitable que tarde o temprano ella y sus dirigentes demanden una lealtad injusta o indigna del escritor, del comunicador o de quien quiera que piense algo más allá de la estructura.
Cuando las ideas y las creencias son pensadas como deben ser pensadas es más que frecuente que resulten incómodas, molestas o inconvenientes para el poder. El poder asegura su permanencia basado en la lealtad de la gente que abraza sus consignas y sus declaraciones de factura más o menos simple, fáciles de entender para la mayoría y que constituyen el discurso unificador de los dirigentes.
Es en este sentido que podríamos afirmar que una buena parte de los profetas antiguos cumplieron una función intelectual: comprendían el pensamiento de Dios, veían las inconsistencias entre Su ley y la práctica de los dirigentes políticos y religiosos y las confrontaban muchas veces al costo de sus propias vidas.
Un intelectual no siempre será una persona con altos estudios y calificaciones superiores. A veces no es más que alguien que comprende el tiempo que vive, que tiene una noción bastante clara de la justicia, de la verdad, de la integridad y por eso cuando habla, sin compromisos ni acomodos al oído del poder, es antipático.
“El pensamiento no es simpático. No hay pensamiento con felicidad; el pensamiento es inquietante.” Estas palabras están en severo contraste con el discurso de los políticos y del que muchas veces sale de púlpitos para complacer a la multitud.
Alguna vez leí que un intelectual no es una persona que sirve a una causa, sea política, religiosa o cultural. Es un outsider, alguien que está afuera – como estaba Juan el Bautista – pero que entiende perfectamente lo que pasa allá adentro.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

¿Superstición o realidad?

Las viejas costumbres dicen que para tener un año próspero debemos seguir algunas tradiciones típicas del lugar donde nos encontremos cuando el reloj marque las 12:00 de la noche, por ejemplo: para que no llores debes tomar agua, para el amor y el dinero debes colocarte ropa interior amarilla o roja, debes contar dinero para que no te falte todo el año, debes salir de tu casa con una maleta si deseas viajar. Para alejar las enfermedades debes usar ropa blanca y comer las famosas 12 uvas para te vaya bien cada mes.

El paso a un año nuevo es el momento en que florecen en todas las culturas las supersticiones y los ritos para atraer la suerte y conjurar su destino. Es el mito del eterno retorno de la esperanza en un nuevo comienzo. Las personas piensan que haciendo todas estas cosas su vida cambiará y mejorará.

Uno puede poner su confianza en todos éstos ritos si lo desea, sin embargo, debe saber que ellos no provienen de Dios, todas aquellas creencias, supersticiones, son ideas humanas y muchas son creadas por el mismo enemigo, el diablo, para que pongamos nuestra confianza en objetos y lugares equivocados.

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará”. Salmos 37:5 (RV  1960)

Éste año no lo empieces confiando en la suerte,  en un amuleto, o en creencias que para nada están en la voluntad de Dios y por ende fuera de su bendición. Comienza encomendándole a Dios todos tus planes y anhelos para que se hagan realidad. Pon tu confianza solo en Él, quién nunca va a fallarte.

Minutos antes de las 12: 00 de la noche, ponte de rodillas y agradécele a Dios por todas las cosas que te ha dado el pasado año y empieza el año agradeciéndole por lo que te dará. Entrégale tus nuevas peticiones, verás que es mucho mejor que dejárselo a la suerte.

“Confía en el Señor con todo tu corazón, no dependas de tu propio entendimiento” Proverbios 3:5 (NTV)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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