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Tiene doble vida y es líder de la iglesia…

Las personas fallan. Los líderes cometen errores y en ocasiones es difícil entender cómo alguien puede predicar una cosa y hacer lo opuesto. La Biblia dice que si vemos que alguien necesita ayuda debemos comunicar a nuestros líderes y pastores. Es importante siempre hacer las cosas con buenas intenciones y nunca juzgar a ningún hermano de la fe.

¿Dejo mi cultura por Jesús?

Todos venimos de culturas diferentes, y Dios lo hizo así. Es verdad que al seguir a Jesús debemos dejar muchas cosas atrás, mas no significa también dejar tu cultura. Sí, hay una transformación al dejar que el Espíritu Santo entre a tu vida, pero Él también puede usar tu cultura para hablar a tus familiares y conocidos en tu lenguaje.

Las tentaciones que enfrentan muchos jóvenes

Nosotros, los jóvenes, enfrentamos muchas tentaciones gracias a las malas influencias y la presión de mantener un buen estado social. 1 Corintios 10:23 clama que «Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica» y es así la tentación. Da una ilusión de satisfacción, pero en cambio nos destruye. Y en esta etapa tan temprana de nuestras vidas necesitamos establecer límites, saber lo que dice la Biblia y defender nuestras creencias. Aquí hay algunas tentaciones con las cuales enfrentamos y la visión bíblica de esos temas:

Consumir drogas

Imagínate que estás con tus compañeros. De repente, ellos sacan dos bolsas: una contiene lo que parece ser un polvo y otra bolsa contiene una sustancia que párese como unas hojas. Una vez que te das cuenta de lo que es, tus amigos te preguntan si alguna vez lo has probado y respondes «no». Después ellos te empiezan a molestan para que lo pruebes y decides hacerlo para no ser un aguafiestas. Todo comenzó con diversión inocente hasta que finalmente se convirtió en una adicción.

Debido escape de la realidad que ofrecen, muchos se convierten adictos a las drogas. Una vez que lo intentas, solo puedes empeorar. Y aunque no te conviertas adicto, todavía es desagradable en los ojos de Dio. Efesios 5:18 (NVI) dice «No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.» Necesitamos estar ubicados para buscar al Espíritu Santo y encontrarlo. Eso no será posible cuando la droga es lo que nos llena.

Sexo antes del matrimonio

El sexo fue un regalo de Dios para un matrimonio santo entre un hombre y una mujer. Está escrito en Hebreos 13:4 «Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgó a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales» y en 1 Tesalonicenses 4:3-5 que «La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios.» No caigas en esa tentación. Sé paciente porque Dios bendice a los que esperan (Isaías 30:18).

Mirar pornografía

Es imposible no utilizar en internet. Es la forma más eficiente buscar cualquier contenido. Esa libertad también ha permitido que los jóvenes visiten sitios pornográficos. Las estadísticas muestran que el 93 % de muchachos y el 62 % de muchachas ven pornografía antes de los 18 años. Esos números son motivo de preocupación. Como una droga, puede convertirse fácilmente en una adicción. Ahora, ¿por qué es un pecado?

Efesios 5:3 dice: «Pero entre ustedes no debe haber ni una pizca de inmoralidad sexual, ni de ningún tipo de impureza, ni de avaricia, porque son inapropiados para el pueblo santo de Dios». La pornografía está incluida en la categoría de inmoralidad sexual porque estimula el libertinaje, la lujuria y la sensualidad. Y aunque no realizas un acto sexual con una persona, Jesús advirtió en Mateo 5:27-28 que quien mira a una mujer con lujuria ya ha cometido adulterio en su corazón.

Hacer trampa

Si miras el papel de alguien o le pides ayuda a un amigo mientras estás tomando una prueba o examen, estás haciendo trampa. Estas situaciones ocurren con demasiada frecuencia. 2 Corintios 8:21 establece «porque procuramos hacer lo correcto, no solo delante del Señor sino también delante de los demás». Ser honesto es lo correcto, aunque algunas veces no es fácil. La integridad es lo que te hace destacar de los demás. A veces tendrá más sentido no decir la verdad, pero Dios mira tu corazón y conoce tus intenciones. Mintiendo ante Dios es mucho peor que sacar una mala nota o no entrar en la escuela de tus sueños. Seguir las reglas y confiar en Dios te llevará mucho más lejos de lo que otros consideran socialmente aceptable.

Deshonrar a los padres

A medida que crecemos se vuelve cada vez más frustrante tener que honrar a nuestros padres porque no siempre nos entienden. Lo sé, estoy pasando por lo mismo. Pero nosotros tampoco entendemos a nuestros padres. Esto puede causar un montón de problemas innecesarios entre los padres y nosotros hasta que ya no tengamos que escucharlos. Esta rebelión no nos permitirá crecer en el camino de Dios porque Él nos ordena honrarlos (Éxodo 20:12). Si no podemos respetar a nuestro padre, madre o tutor, ¿cómo podemos aprender a respetar a nuestro Padre Celestial?



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

–Gilkerson, L. (2010). Teens and Porn: 10 Stats You Need to Know. Recuperado el 28 de agosto del 2019 de https://www.covenanteyes.com/2010/08/19/teens-and-porn-10-stats-your-need-to-know/
–Lewis, J. (2018). What Does the Bible Say About Pornography?. Recuperado el 28 de agosto del 2019 de https://www.purelifeministries.org/blog/what-does-the-bible-say-about-pornography 
–Sauer, R, Sauer, L. Pornography: A Distortion of God’s Plan. Recuperado el 28 de agosto del 2019 de https://answersingenesis.org/morality/pornography-a-distortion-of-gods-plan/ 

La guerra más larga

Acabo de leer un capítulo del libro “La guerra mas larga de la historia” de Lola Venegas, Isabel Reverte y Margó Venegas, publicado este mes por Espasa. El diario Perfil titula así la selección: Víctimas de la hostilidad. Cuatro milenios de violencia contra las mujeres.

Para las autoras, este libro es una doble crónica: una sobre los actos cuyos rostros más visibles son la violencia física y sexual, y otra sobre las violencias menos detectables pero de más largo alcance, como la violencia cultural, gestora de estereotipos construidos desde la religión, la educación y el lenguaje, entre otras instituciones.

Reflexionemos brevemente sobre la tremenda injerencia de la religión en esta violencia. Hace un tiempo hablé en una serie de entrevistas radiales acerca de cómo la Biblia ha sido usada como marco conceptual e institucional para la subestimación y consecuente abuso hacia las mujeres.

De una lectura poco informada y sesgada de muchos pasajes bíblicos se ha instituido un sistema en el cual la mujer aparece como una extensión del hombre, una solución administrativa de ayuda y gestación, un ser secundario en la historia humana.

Es significativo por decir lo menos que una lectura honesta del texto no haya iluminado – por ejemplo – la forma en que Jesús consideró y se relacionó con las mujeres y sí haya prevalecido la mirada paulina, claramente penetrada por el pensamiento griego acerca de ellas. Me parece a mí que es imposible negar que como casi todas las religiones del mundo, el cristianismo tiene una gran deuda pendiente en este importante tema.

Algunas personas resienten la virulencia del discurso feminista, sus acciones y sus demandas. Me pregunto cómo podría ser de otro modo si apenas en el último siglo y medio las mujeres han podido levantar su voz y protestar contra este orden de cosas impuesto por… cuatro mil años.

Como en todos temas los de alta controversia, hay posturas irreconciliables. El cristianismo no debería ser parte de esa grieta. Tiene la oportunidad histórica de revisar profundamente sus postulados y doctrinas sobre la mujer y avanzar en una igualdad que no es sólo una percepción humana sino un asunto que emana de Dios si uno se apoya en todos los textos bíblicos pertinentes y no sólo en los pasajes convenientes al interés de los hombres.

¿Confías más en la Biblia o los líderes?



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¡El diablo no juega a ser diablo!

Susana encontró un grupo de cachorros de lobo en la orilla de un río, como notó la ausencia de la madre, y suponiendo que hubo algún incidente con ella, decidió adoptarlos.

En el patio de su casa les creo un espacio con rejas para que pudieran dormir y comer, pero los cachorros crecían rápido y la exigencia de carne era cada vez más fuerte. En una ocasión su vecina entró a visitarla y los cinco lobos abrieron la puerta a la fuerza para atacarla; y Susana junto a su novio apenas lograron librar a la mujer de una tragedia.

Después de esto el novio y los vecinos le pidieron que abandonara a los lobos, pero ella no quiso escuchar. Un día llegó tarde y los animales estaban sin comer todo el día, ella entró a la jaula para darles alimento pero los lobos la atacaron; a pesar de sus gritos nadie pudo salvarla, su novio llegó cuando ya habían devorado el sesenta por ciento de Susana.

“¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies?” Proverbios 6:27-28 (LBLA)

A veces nos gusta jugar con el peligro como sucedió con Susana, sin considerar que si jugamos con fuego tarde o temprano nos vamos a quemar y así sucedió en este caso.

Así mismo sucede con el pecado, nos creemos capaces de controlar la situación y damos lugar a nuestros deseos, pero “el diablo no juega a ser diablo” y en el momento que se presente la oportunidad de atacarte y destruirte no te perdonará.

¿Estás jugando con fuego? Si este es tu caso, aún tienes tiempo para arrepentirte porque estás con vida, recuerda que ser cristiano es una decisión seria y no un juego, es tiempo de decidir si eres frío o caliente.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Muerto en vida?

En Apocalipsis 3: 2-3 el Señor habla a la iglesia de Sardis: “Yo sé todo lo que haces y que tienes la fama de estar vivo, pero estás muerto. ¡Despierta! Fortalece lo poco que te queda, porque hasta lo que queda está a punto de morir. Veo que tus acciones no cumplen con los requisitos de mi Dios. Vuelve a lo que escuchaste y creíste al principio, y retenlo con firmeza. Arrepiéntete y regresa a mí. Si no despiertas, vendré a ti de repente, cuando menos lo esperes, como lo hace un ladrón.” (NTV)


Sardis, era la capital de Libia, bien protegida, además el centro de comercio de las alfombras. A la iglesia de Sardis, la describe como una muerta en vida. Si bien estas palabras eran para esta iglesia, las podemos aplicar como una llamada de atención personal, porque así como ella podemos estar muertos por dentro, aparentando tener una vida cristiana pero sin frutos, sin evidencias de un nuevo nacimiento, con una vida improductiva.


Es un peligro descuidar la relación con Dios, porque consideremos que una pared no se derrumba de la noche a la mañana sino que lentamente se va desmoronando, y si no hacemos nada para evitarlo lastimosamente seremos desechados.


Muchas veces olvidamos de dónde venimos y quién nos rescató, nos desviamos tras los afanes y placeres de la vida y nuestra condición espiritual decae en gran manera, por ello la importancia de nuestra conexión diaria con el Señor, porque además de recibir fortaleza reavivará el compromiso que tenemos con Él.


El Señor, así como advierte, también da la solución: ¡Despierta! Nos dice, fortalece lo que te queda, ya que las cenizas pueden volver a encender el fuego del Espíritu Santo en nuestro corazón, ¡arrepiéntete y regresa a mí!


Si por alguna razón dejaste de lado a Dios, pues hoy es un buen día para volver y afirmarte, Él te ama con amor eterno y por ello te llama a que vivas plenamente en su presencia.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué dice la Biblia sobre hacer ejercicio?

No hay un mandamiento en la Biblia que diga textualmente: ≪os ejercitaréis a diario≫. Y quizá por esa razón muchos creen que no es necesario hacer actividad física. Sin embargo, hay otros versículos en la Biblia que nos dan una idea con respecto a este tema.

Una parte en 1 Timoteo 4:7-8 (RVR1960) dice: ≪ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso≫. Algunos pueden creer que este pasaje es una justificación para no hacer ejercicio ya que la misma Biblia indica que tiene pocos beneficios. No obstante, cuando leemos el contexto podemos entender que Pablo se refería a que de nada vale el ejercicio físico si descuidamos nuestra salud espiritual. En otra versión, el versículo 8 y 9 dicen:

≪Es verdad que el ejercicio físico ayuda a que todo el cuerpo esté sano, pero es mucho mejor esforzarse por confiar cada vez más en Dios, porque nos hace bien aquí en la tierra y también nos servirá cuando vivamos en el cielo. Esto es una verdad que podemos creer, y debemos creer.≫

1 Timoteo 4:8-9 (TLA)

Esos textos no restan importancia al ejercicio, sino que puntualizan el aspecto espiritual. Lo cual significa que debemos prestar atención a la salud física y también a la espiritual.

Asimismo 1 Corintios 10:31 (RVC) dice: ≪si ustedes comen o beben, o hacen alguna otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios≫. Este pasaje concuerda con 1 Corintios 6:19 (TLA), en donde dice: ≪el cuerpo de ustedes es como un templo, y en ese templo vive el Espíritu Santo que Dios les ha dado. Ustedes no son sus propios dueños≫. Ambos pasajes nos dan a entender que el mantenimiento de nuestro cuerpo es nuestra responsabilidad; no porque sea nuestro cuerpo, sino porque es propiedad de Dios. Si comemos, nos ejercitamos o cualquier otra cosa que hagamos a favor de nuestra salud debe ser para darle la gloria a Dios.

Si descuidamos nuestra salud física estamos descuidando el tempo del Espíritu Santo (que es nuestro cuerpo) y por lo tanto, estamos deshonrando a Dios. Debemos ejercitarnos porque es una manera con la cual estamos cuidando nuestro cuerpo; la Biblia no nos dice literalmente que debemos de hacer ejercicio, pero sí nos insta a hacer todo lo que sea posible para honrar a Dios también en la parte física.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué Dios quiere que obedezcamos?

Para algunos, seguir a Jesús significa obedecer un sinnúmero de reglas y estar prohibido de hacer una lista de cosas. No entienden por qué tenemos que vivir bajo leyes y mandamientos si, se supone, Dios nos da libre albedrío. Esto puede parecer esclavizante para muchos y es por esa razón que rechazan a Jesús. Sin embargo, los límites existen por una razón y eso se puede entender cuando lo comparamos con los deportes.

El orden en los deportes

Cuando empecé a practicar un deporte, lo primero que hice fue aprender los movimientos básicos y continué entrenando. Sabía qué cómo debía moverme y cuál era la postura ideal de mi cuerpo para cada jugada. Me concentré tanto en eso que luego me di cuenta que en todo ese tiempo había estado pasando por alto el límite del campo. Cada línea pintada sobre el suelo estaba allí por un propósito, pero yo lo había ignorado por completo. El resultado es que cada vez que participaba un partido, perdía porque mis jugadas salían fuera del campo. Esto es frustrante porque mi contrincante gana puntos gracias a mis errores.

En la vida sucede algo parecido. Queremos libertad para hacer lo que se nos plazca y tenemos cierto desdén por las reglas. Pero cuando nos damos cuenta de que estamos perdiendo algo valioso o cuando enfrentamos las consecuencias de nuestras malas decisiones, recién apreciamos los límites.

Dios no estableció leyes y mandamientos porque quiere ser un tirano. Él las puso porque quiere protegernos y desea lo mejor para nosotros. Sin reglas hay caos. Él sabe esto y por eso nos pide obediencia: para que estemos seguros bajo la protección de sus mandamientos.

¿Imaginas cómo sería la vida si no existieran las normas de tránsito? Habrían incluso más muertes todos los días. Las normas existen para salvarnos la vida y mantener el orden en la ciudad. De la misma manera, Dios quiere cuidar nuestra integridad física y espiritual; por eso puso normas y mandamientos.

Si empezamos a ver la situación desde esta perspectiva, obedecer a Dios no es tan complicado como parece.



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¿Un cristiano puede celebrar su cumpleaños?

El primer cumpleaños mencionado en la Biblia resultó en la muerte de una persona (Génesis 40). Curiosamente, la otra celebración citada tuvo los mismos resultados (Mateo 14; Marcos 6:14-29). Además, Job maldijo el día de su nacimiento (Job 3). Para algunos creyentes, estos hechos son claras señales de que a Dios le desagradan los festejos de los cumpleaños. Sin embargo, no hay ningún versículo bíblico que establezca eso específicamente.

Lamentablemente, la Biblia no puntualiza si a Dios le complacen o desagradan las celebraciones por los cumpleaños. De hecho, tampoco menciona las fechas de nacimiento de ningún personaje bíblico. Pero algo que sí advierte la Biblia es el tipo de fiesta que se realiza.

En diversos pasajes encontramos que, como cristianos, no debemos tener la misma conducta que aquellos que no creen en Dios. Esto incluye el comportamiento desenfrenado que se ve en las fiestas (1 Pedro 4:3; Gálatas 5:19). Por otra parte, la Biblia nos insta a fijarnos en las cosas celestiales y no dejar que nuestro cuerpo y mente se llenen de cosas que puedan alejarnos de Dios (Efesios 5:18). Esto quiere decir que importa el tipo de fiesta que se hace.

Cuando celebramos un cumpleaños y lo vemos como un motivo más para agradecer a Dios, entonces el enfoque de la fiesta cambia. 1 Corintios 10:31 dice que cada acción nuestra debe ser para la gloria de Dios, entonces podemos festejar los cumpleaños teniendo en cuenta que Dios también está presente en la reunión. Además, nuestro comportamiento debe reflejar el cambio que Jesús hizo en nuestros corazones, pues incluso en los cumpleaños debemos ser luz para el mundo (Mateo 5:16).

La Biblia no prohíbe explícitamente las celebraciones de cumpleaños. Podemos festejar esa fecha especial, pero teniendo siempre presente que somos nuevas personas y debemos comportarnos como tales.

En 1 Pedro 4:4-5 (NTV) se nos advierte que este cambio les parecerá raro a los demás:

≪No es de extrañarse que sus amigos de la vieja vida se sorprendan de que ustedes ya no participan en las cosas destructivas y descontroladas que ellos hacen. Por eso los calumnian, pero recuerden que ellos tendrán que enfrentarse con Dios, quien está listo para juzgar a todos, tanto a vivos como a muertos≫.

Sin embargo, también nos dice que quien juzgará a la humanidad es Dios. No estamos en posición de criticar las prácticas del resto y tampoco podemos imitarlos. Hasta en las pequeñas acciones diarias debemos demostrar a Dios y así el resto podrá ver cómo es la vida con Cristo.



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¿Estamos fallando al mostrar el amor de Dios?

Como cristianos estamos llamados a compartir las buenas nuevas de salvación con todas las personas. Una manera de hacerlo es demostrando el amor de Dios a través de nuestras acciones. Vivimos en una época en donde hay violencia y se ha disfrazado el placer por el amor. Por esta razón es importante que mostremos el verdadero amor que proviene de nuestro Creador. Sin embargo, muchas veces fallamos en el intento.

Tiempo atrás leí una entrevista que le hicieron a un cantante acerca de su depresión. Él dijo que llegó un punto en donde estaba tan sumergido en las drogas que ya no le importaba si vivía o moría. Fue internado en rehabilitación dos veces, pero sintió que no recibió ayuda. En ese tiempo, alguien le dijo que debía rendir su voluntad a Dios y pedirle que lo auxiliara. Él no creía en Dios y le fue difícil aceptar lo que le decían. Lo único que necesitaba era sentir amor y apoyo de alguien, pero lo que recibió fue una respuesta un tanto frívola. Una vez que, por su cuenta, superó la adicción y tomó control de su depresión, llegó a tener una alta aversión hacia el cristianismo y hacia Dios debido a la experiencia que había tenido.

El caso de este cantante no es aislado. Miles de personas acuden a las iglesias o a los creyentes esperando recibir amor. En cambio, lo que obtienen parece sacado de un manual de respuestas: ≪Pídele a Dios que te ayude≫, ≪tienes que arrepentirte y entregarle tu corazón≫, etc. Si bien cada una de estas frases es cierta, al decirlas en este contexto estamos perdiendo una valiosa oportunidad.

Muchas veces las personas necesitan ver primero ese amor de Dios a través de nosotros. Ellos no quieren ser sermoneados, sino ver la aplicación práctica de nuestra fe. La mayoría de casos no requiere mucho: abrazarlos o escucharlos con atención es suficiente para que se den cuenta de que sí importan. Esto hace que con el tiempo estén más dispuestos a escuchar sobre Jesús y la salvación.

Sin embargo, si primero ignoramos su necesidad inmediata y los agobiamos con discursos, es posible que en el futuro no quieran saber nada de Jesús. Si fallamos al demostrar el amor de Cristo en el tiempo indicado, podría ser nuestra culpa que muchos sean reticentes al evangelio.

Jesús es la solución. Eso es innegable. Pero debemos pedirle al Espíritu Santo que nos dé sabiduría para saber comunicar efectivamente el mensaje de Cristo. Si no lo hacemos, en lugar de lograr que las personas se acerquen a Dios, estaremos contribuyendo a que se alejen cada vez más.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Quién es Jesús para ti?

Estuve de voluntaria como traductora para un grupo de coreano-americanos que vinieron a mi país a hacer obra social y evangelizar. El doctor con quien me tocó trabajar no sólo se preocupaba en tratar los males físicos de las personas, sino que también les hablaba de Jesús. Preguntaba a los pacientes si sabían quién era Jesús y quién era Él para ellos. Las respuestas fueron variadas, pero de todas ellas, una quedó grabada en mi memoria: la de una niña de once años.

Cuando el doctor le preguntó: ≪¿Quién es Jesús para ti?≫, sin vacilar, ella respondió:

–Jesús es mi papá. Mis padres se divorciaron. Mi papá se fue con otra. Me quedé con mi abuelito y mi mamá, pero él murió de cáncer el año pasado, así que ahora mi único papá es Jesús.

Por un momento, no supe qué decir o cómo reaccionar. Nunca antes había escuchado a una niña hablar con tanta firmeza y convicción sobre algo tan doloroso. A medida que contó más detalles, nos dimos cuenta de lo difícil que era su vida. Pero pese al ambiente tóxico y violento en el que vive, la niña no dudó al afirmar quién es Jesús para ella.

Esto me hizo pensar en cuántos podemos afirmar con certeza quién es Jesús para nosotros. Quizá podemos repetir lo que escuchamos en la iglesia o decir algo por compromiso y que en realidad no sentimos. Sin embargo, a muchos de nosotros nos falta la seguridad de responder con honestidad sobre el rol que cumple Jesús en nuestras vidas.

Es fácil decir que Él es nuestro Salvador, cuando en realidad despreciamos su sacrifico en la cruz y seguimos pecando. Es sencillo afirmar que es el Hijo de Dios, cuando en verdad ni siquiera conocemos a Dios. También es fácil decir que Él es nuestro Señor, cuando en realidad lo vemos más como un esclavo que está obligado a conceder nuestros deseos.

La niña que respondió que para ella, Jesús era su padre, demuestra que muchas veces nos toca perder algo para darnos cuenta de que Jesús es todo lo que tenemos. Y que si Él es el único a quien tenemos, entonces lo tenemos todo.

Si te preguntaran: ≪¿Quién es Jesús para ti?≫, ¿qué responderías?



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