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11 conductas que un cristiano no debe practicar

En el momento que uno decide seguir a Jesús, se convierte en una persona nueva. 2 Corintios 5:17 (NBD) dice: “Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” Esto quiere decir que todo nuestro mal proceder de antes ya no debería existir; en cambio, debemos comenzar a imitar el ejemplo de Jesús. Filipenses 2:15 (TLA) dice: “Ustedes, como hijos de Dios, deben alejarse de la maldad y brillar por su buen comportamiento”; sin embargo, en ocasiones olvidamos este hecho y volvemos a practicar aquello que debimos dejar atrás.

En Colosenses 3:5-10 podemos encontrar una lista de conductas que un verdadero cristiano no debería hacer:

Inmoralidad sexual.

La Biblia no solo condena el adulterio (Éxodo 20:14) y la lujuria (Proverbios 6:25), sino toda inmoralidad sexual. Esto no implica que las relaciones sexuales sean malas; de hecho, Dios las diseñó para que se disfruten dentro del matrimonio. El problema con la inmoralidad sexual es que llega a ocupar el primer lugar en nuestra vida. Romans 8:6 (TLA) nos advierte que “si vivimos pensando en todo lo malo que nuestros cuerpos desean, entonces quedaremos separados de Dios. Pero si pensamos sólo en lo que desea el Espíritu Santo, entonces tendremos vida eterna y paz.”

Por otra parte, 1 Corintios 6:13  (NTV) dice: “Ustedes dicen: «La comida se hizo para el estómago, y el estómago, para la comida». (Eso es cierto, aunque un día Dios acabará con ambas cosas). Pero ustedes no pueden decir que nuestro cuerpo fue creado para la inmoralidad sexual. Fue creado para el Señor, y al Señor le importa nuestro cuerpo.” Más adelante, en el versículo 18 dice: “¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como este, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo.” Asimismo, en Mateo 5:28 podemos ver que la inmoralidad sexual no se refiere únicamente a la acción, sino también al pensamiento.

Impureza, bajas pasiones y malos deseos.

En Marcos 7:14-23 encontramos que la maldad procede de un corazón impuro. En el versículo 15 (PDT) dice: Ningún alimento que entre en el cuerpo lo vuelve impuro a uno. Es lo que sale del interior lo que lo vuelve impuro a uno.” Al seguir a Jesús, nuestro corazón cambia y se limpia de las impurezas; sin embargo, si uno deja que los malos pensamientos tengan cabida, volverá a estar contaminado (Romanos 1:28)

Avaricia (idolatría).

Dios no condena el dinero; de hecho, a quien Dios le concede abundancia y riquezas, también le concede comer de ellas, y tomar su parte y disfrutar de sus afanes, pues esto es don de Dios” (Eclesiastés 5:19, NVI). Sin embargo, cuando el amor por el dinero supera a la devoción a Dios, entonces se convierte en idolatría. Mateo 6:24 (NTV) dice: “Nadie puede servir a dos amos. Pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero.” Por lo tanto, debemos tener un balance en nuestra vida y no dejar que el dinero o cualquier otra cosa reemplace el lugar de Dios.

Ira y rencor.

El enojo es un sentimiento momentáneo que deberías corregido rápidamente; sin embargo, cuando dejamos que la ira gobierne nuestra vida, estamos dando lugar a otros sentimientos negativos. Efesios 4:26-27 (NTV) dice: “Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle» No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo.” Un efecto del enojo es el rencor, el cual no da espacio al perdón y daña nuestras relaciones interpersonales. Eclesiastés 7:9 (TLA) dice: Si ya enojarse es malo, guardar rencor es peor.”

Malicia y calumnia.

Nuestros pensamientos se dan con mayor velocidad que nuestras acciones; por tal motivo debemos ser lentos en juzgar y pensar mal de otros. Filipenses 2:14 (TLA) dice Hagan todo sin hablar mal de nadie y sin discutir por todo”. Y aunque la malicia y la calumnia parecen no ser tan graves como las otras conductas mencionadas en esta lista, en Salmos 101:5 (TLA), Dios nos advierte: Destruiré por completo al que hable mal de su amigo; no soportaré a mi lado al que se crea más importante y más inteligente que los demás”.

Malas palabras o groserías.

A veces justificamos las malas palabras y las groserías al decir que son una cuestión cultural. No obstante, Efesios 4:29 (PDT) dice: “No digan malas palabras, sino palabras que ayuden y animen a los demás, para que lo que hablen le haga bien a quien los escuche.” Más adelante, en el capítulo 5, versículo 4, dice: “Tampoco digan groserías, tonterías ni hagan bromas vulgares, pues no convienen; más bien, den gracias a Dios.” Recordemos que nuestras palabras son el reflejo de nuestro corazón, y si ellas no son de bien, debemos examinar nuestra vida y pedirle a Dios que tome el control.

Mentira.

Hay varios versículos bíblicos que aconsejan no practicar la mentira. Uno de ellos, y probablemente el más enfático es Proverbios 12:22, donde dice: Dios no soporta a los mentirosos, pero ama a la gente sincera.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Humanismo, nada más

Política humanista: el votante es el que mejor sabe lo que le conviene. Economía humanista: el cliente siempre tiene la razón. Estética humanista: la belleza está en los ojos del espectador. Etica humanista: si hace que te sientas bien, ¡hazlo! Educación humanista: ¡piensa por ti mismo!
(La revolución humanista, en Homo Deus, Yuval Noah Harari)

Este es, según Y.N. Harari en su último y magnífico libro Homo Deus, el mandamiento primario del humanismo: crear sentido para un mundo sin sentido. Las cinco afirmaciones que encabezan esta columna están ilustradas por fotografías que resumen la definitiva victoria del humanismo en todos los órdenes de la vida, incluso el religioso.
Hubo una época en que el cristianismo opuso férrea resistencia al avance de la idea humanista. Pero sólo bastó un poco de tiempo para obligarlo a replegarse: es imposible escapar a la sugestión de que el cumplimiento de los anhelos humanos aquí en la tierra es perfectamente posible. La gente creyente de cualquier religión, que secretamente no abandona la idea de un plan cósmico, tiene un margen de realización mayor: puede ser feliz en esta vida y más tarde en la vida eterna.
¿Por qué afirma el autor que el humanismo nos manda crear sentido para un mundo sin sentido? Porque habiendo abandonado la idea de un plan cósmico – que le confería sentido y unidad a la vida -, el feroz materialismo convertiría a las criaturas humanas en puro objeto. Así, el humanismo devino religión; su propuesta universal busca abastecer las esperanzas, los anhelos, las preguntas de toda la gente. En suma, darle validez a la singularidad humana.
Esta versión fortalecida del humanismo va a ser muy difícil de superar. En la política, la economía, la religión, la ciencia, el arte, el entretenimiento y en todo emprendimiento humano se fortalece y crece porque encuentra un ambiente propicio: todos queremos más. Más salud, más cosas, más entretención, más paz y seguridad. El sistema social existe para eso. Es ubicuo, inescapable, penetrante y cercano a lo absoluto. Es el dios nuestro de cada día.
Parafraseemos a Francis Crick: Al hombre, en tanto hombre, le decimos: ¡Aleluya!

Lo malo de haber nacido en una familia cristiana

Tuve el privilegio de nacer en una familia cristiana. Mis abuelos eran pastores y prácticamente crecí en la iglesia. Desde niña me enseñaron las historias bíblicas. A temprana edad aprendí que todos somos pecadores, pero que Jesús vino a morir por nuestros pecados y a darnos el regalo de la vida eterna. Durante mi infancia y adolescencia, mi vida giró alrededor de Dios, la Biblia y la iglesia; así que, en cierto punto, resultó lógico que los siguientes pasos fueran entregarle mi vida a Cristo y bautizarme. Por años, creí que todo estaba bien, pero un día me di cuenta de que nacer en una familia cristiana me había llevado a adoptar una actitud negativa.

Por años, vi a personas conocer a Jesús y a maravillarse por cada historia y palabra que leían en la Biblia. Observé que, para ellos, todo era un nuevo y maravilloso mundo por explorar y que lo hacían con gusto. Mientras que, yo leía la Biblia sin emocionarme ni encontrarle nada nuevo. Las historias de las proezas que Dios hizo, me parecían simples y no eran tan impresionantes como lo habían a mis ojos cuando tenía cuatro años. Para mí, la historia de Jonás se resumía en un hombre que fue tragado por un enorme pez y luego fue vomitado al tercer día. Tuve esta actitud por mucho tiempo, hasta que un día comprendí que había perdido la capacidad de asombro.

Al leer Mateo 18:3, entendí que debía imitar el ejemplo de los niños. Al venir al mundo, los pequeños se asombran de todo. Para ellos, el funcionamiento de cada cosa es una novedad y les parece que cada objeto es fascinante. Sin embargo, conforme van creciendo, se acostumbran a lo que los rodea y pierden su capacidad de maravillarse. En Mateo 18:3 se nos pide volver a ser como niños si queremos entrar al reino de los cielos, lo cual implica volver a delitarnos en las cosas de Dios, incluso si la conocemos desde años.

Cuando comencé a poner esto en práctica, noté que habían miles de cosas que no había notado antes, pero que ahora me parecían asombrosas. Empecé a darme cuenta que la rutina le había quitado emoción a la Biblia, pero que nunca es tarde para quitarse la venda del conformismo y comenzar a ver la Palabra de Dios con otros ojos. Después que identifiqué mi error, comencé a cambiar mi actitud y a revivir mi capacidad de asombro.

Probablemente muchas personas se sientan de la misma manera, ya sea que provengan de una familia cristiana o no, pero nunca es tarde para volver a ser como niños. Aún hay tiempo para deleitarnos nuevamente en las enseñanzas bíblicas y tener la inocencia de los niños.

 

Entonces dijo:
―Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.”
Mateo 18:3 (NVI)

Originalmente publicado en https://loutorres.wordpress.com/

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

25 señales de que eres un cristiano inmaduro

La madurez espiritual no se adquiere de un día para otro, sino algo que se trabaja con fe y constancia. Uno puede tener años de conocer a Cristo, pero nunca haber desarrollado su relación con Él; sin embargo, esto no debería ser así. Hebreos 5:11-14 (TLA) señalaCon el tiempo que llevan de haber creído en la buena noticia, ya deberían ser maestros. Sin embargo, todavía necesitan que se les expliquen las enseñanzas más sencillas acerca de Dios. Parecen niños pequeños, que no pueden comer alimentos sólidos, sino que sólo toman leche. Son como niños recién nacidos, que aún no pueden distinguir entre lo bueno y lo malo. En cambio, los que sí saben distinguir entre lo bueno y lo malo, y están acostumbrados a hacerlo, son como la gente adulta, que ya puede comer alimentos sólidos.”

Por otra parte, Efesios 4:14-15 señala que cuando uno es maduro espiritualmente, no se deja engañar con facilidad por las falsas doctrinas que puedan aparecer, Ya no seremos como niños, que ahora piensan una cosa y más tarde piensan otra, y que fácilmente son engañados por las falsas enseñanzas de gente astuta, que recurre a toda clase de trampas. Al contrario, el amor debe hacernos decir siempre la verdad, para que en todo lo que hagamos nos parezcamos cada vez más a Cristo, que es quien gobierna la iglesia.”

Es por ello que es importante examinar nuestra relación con Dios y corregir nuestros errores para continuar avanzando. Éstas son algunas señales que denotan inmadurez espiritual:

1. Quieres que Dios te hable, pero no oras, no lees tu Biblia y no vas a la iglesia.

2. Te desanimas fácilmente ante los problemas y esperas que tu vida esté libre de conflictos.

3. Tu fe depende de cuánto recibas de Dios; y si Dios no te da conforme a lo que quieres, reniegas de Él.

4. Abusas de la gracia de Dios. Pecas una y otra vez y confías en que recibirás perdón, pero no quieres dejar tu pecado.

5. Piensas que Dios está a tu disposición y debe darte todo lo que deseas.

6. Sigues a Dios por temor al infierno y no porque realmente lo amas.

7. Piensas que ir a la iglesia y ser “buena persona” es suficiente, pero no tienes una verdadera comunión con Dios.

8. No fomentas la unidad entre los creyentes. Eres el que causa división en la iglesia.

9. Haces las cosas cuando un líder u otra persona te mira. Tu trabajo se basa en cuánta alabanza recibas y no en cuánto ofreces a Dios.

10. Tus oraciones consisten en pedir, pedir y pedir, pero pocas veces agradeces y alabas a Dios.

11. No te interesa estudiar la Palabra de Dios a profundidad y te conformas con las enseñanzas básicas.

12. Te ofendes fácilmente. Sobre todo cuando eres reprendido por tu mal proceder, o cuando los demás no notan lo que haces.

13. Tu cristianismo está basado en la emoción del momento. Te gustan los eventos grandes, pero no desarrollas una relación personal con Dios en lo privado.

14. Dices confiar en Dios, pero cuando tienes alguna dificultad, tus acciones reflejan que tu fe está en las personas y no en Cristo.

15. No te gusta ayudar a los demás. Prefieres recibir, pero no dar.

16. Te pones una posición de juez de los demás y te justificas diciendo que “solo estás corrigiendo”.

17. Te cuesta amar a otros, pero te resulta fácil criticar.

18. Te resientes por cosas mínimas.

19. No compartes tu fe y pones excusas para no hacerlo.

20. Tienes talentos y habilidades, pero no los usas para exaltar a Dios.

21. Hablas por hablar y no cuidas tus palabras.

22. Eres cristiano solo en la iglesia, pero no cuando sales de ella. Tu comportamiento es diferente cuando estás en el trabajo, los estudios o en cualquier otro ámbito social.

23. Estás más preocupado por atesorar cosas en la Tierra, pero no en el cielo.

24. No te identificas como cristiano y/o te avergüenzas de tu fe por temor a ser ridiculizado o discriminado.

25. No reflejas el ejemplo ni carácter de Jesús.

 

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

El mundo que mira

“… la opción hegemónica de occidente tampoco tiene mucho que ofrecer, porque convengamos que el cristianismo y todas sus ramificaciones están demodé y en franco declive moral. Eso sí, tributariamente hablando, las iglesias derivadas de Jesús tienden a recaudar más que sus hermanas espirituales.”
(Esta sangre es mía, cuento de Pablo Cosin, La Voz, 17 septiembre 2017)

Pasado de moda, en franco declive moral, exitoso en la recaudación de dinero: este parece ser el resumen de la recurrente imagen que proyecta buena parte del cristianismo en el mundo de hoy. El fragmento citado es de un cuento que aparece en un suplemento dominical, así que la audiencia perceptiva podría concluir: “Bueno, es nada más que un cuento.” Pero creo que valdría la pena explorar, aunque sea brevemente, la validez – o no – de esta imagen.
No es que la esencia del cristianismo esté obsoleta. El que ya no tenga la fortaleza de antes se debe principalmente al atraso en el lenguaje que usa para comunicarse con el mundo de hoy. La réplica a las nociones de pecado, de juicio, de cielo o de infierno en una cultura absolutamente post cristiana suena apenas como un eco en un inmenso vacío conceptual. Ha fallado notablemente en articular una respuesta bíblica comprensible y desafiante a la cultura predominante porque continúa atrincherado en un discurso que tuvo algún impacto durante los dos primeros tercios del siglo XX.
En segundo lugar, los casos de dirigentes religiosos involucrados en escándalos sexuales, de dinero y de connivencia con los poderes corruptos de la política y de la justicia han asimilado la imagen de la iglesia cristiana a otras instancias de la cultura que la gente rechaza fervientemente.
Para terminar: He oído, más veces de las que me gustaría admitir, el sambenito si quieres hacerte de plata, abre una iglesia. La rigurosa doctrina de los diezmos y las ofrendas como prueba de una fe madura y comprometida ha permitido a ciertos dirigentes gozar un patrimonio que jamás habrían construido en la actividad laboral que tenían antes de convertirse en líderes espirituales.
Hecha la salvedad de que hay muchas iglesias cristianas que no entran en este breve análisis y que se comportan de un modo más parecido a sus orígenes bíblicos, habría que hacer de todos modos el trabajo de reflexionar un poco en la imagen que sus hermanas exhiben ante el mundo que las contempla.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CCLAVOZ)

Dale “me gusta” y comparte si amas a Dios

Hace algunos días vi una publicación en internet que me avergonzó profundamente. Era una fotografía de Charles Manson junto con un título que decía: “Dale me gusta, comparte y comenta «amén» si le dejarías entrar a tu hogar”. En dicha imagen, Manson tenía el cabello y la barba larga; por lo cual, supongo que muchos lo confundieron con una representación de Jesús. Al post le seguían miles de likes y veces compartidas, además de oraciones escritas como comentarios. Lo que me avergonzó fue que alguien tomó una captura de pantalla de dicha publicación y agregó un título que decía: “Así de ignorantes son los cristianos”.

Para aquellos que no sepan, Charles Manson es un criminal que lideró un grupo responsable del asesinato de siete personas a finales de los años 60. La fotografía que apareció en la publicación que vi, data de la época de su arresto. En la actualidad, el hombre tiene 82 años y continúa cumpliendo una sentencia de cadena perpetua en la cárcel.

¿Publicidad o evangelismo?

En las redes sociales se han hecho populares las publicaciones que utilizan a Dios o Jesús para obtener mayor cantidad de vistas y seguidores. Es común ver títulos como “Dale me gusta si crees en Dios”, “Comparte esto si amas a Jesús”, “Los hijos de Dios le dan like a esta imagen, pero los hijos del diablo lo ignoran”, etc. Es increíble ver la cantidad de posts que hay con este tipo de rótulos, pero es aún más sorprendente ver que las personas caigan en estas cosas.

Algunos dicen que estas publicaciones sirven para evangelizar y crear un sentido de identidad de parte de los cristianos; sin embargo, el resultado parece ser el opuesto. Este tipo de posts repele a los no creyentes y hace ver a los cristianos como ignorantes. Además, el contenido de dichas imágenes y textos están dirigidos a personas que ya saben de Dios; por lo tanto, no evangeliza a nadie. De allí se puede deducir que el objetivo de este tipo de publicaciones no es el evangelismo, sino la publicidad.

Entonces, ¿Cómo podemos evangelizar a través de las redes sociales?

Quizá no podamos evitar que algunas personas continúen produciendo esta clase de contenido, pero lo que sí podemos hacer es no ser parte de ellos. Si realmente existe un deseo de compartir el mensaje de salvación de Jesús a través de las redes sociales, existen otros métodos que son mucho más efectivos y que tratan directamente con las necesidades de la gente. Por ejemplo, uno de ellos es yesHEis. A través de esta app se pueden compartir vídeos que contienen mensajes sobre temas específicos y a partir de los cuales se puede iniciar una conversación sobre Jesús. Otra manera es compartiendo un testimonio personal y permitiendo que otros vean la obra de Dios por medio de uno. Cualquiera sea la táctica que se emplea, lo mejor es siempre hacerlo una persona a la vez y dejando que nuestras vidas vayan acorde con nuestras palabras.

En conclusión,

Las publicaciones que utilizan a Jesús como un medio para obtener publicidad no edifican a nadie. Cuando Jesús es quien reina en el corazón, no es necesario un cartel, una marca ni un anuncio que lo pruebe porque eso se demuestra en las acciones y decisiones que tomamos a diario. No hay mejor post ni imagen que diga que amamos a Dios, que el comportamiento que mostramos.

 Todos pueden ver claramente el bien que Cristo ha hecho en la vida de ustedes. Para que la gente hable bien de nosotros, sólo tiene que fijarse en ustedes. Porque ustedes son como una carta que habla en favor nuestro. Cristo mismo la escribió en nuestro corazón, para que nosotros la presentemos. No la escribió en piedra, ni con tinta, sino que la escribió con el Espíritu del Dios vivo. Y esa carta está a la vista de todos los que la quieran leer.”
2 Corintios 3:2 (TLA)

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué todo joven necesita un mentor?

Las personas que nacieron antes y después de los años 90 se enfrentan a diferentes desafíos; y como consecuencia, tienen distintas maneras de comunicarse. Esto crea el mito de que ambas generaciones no pueden desarrollar un vínculo cercano; no obstante, Félix Ortiz asegura que los jóvenes de hoy desean relaciones significativas con adultos significativos.

En su libro, Cada joven necesita un mentor, Ortiz señala que actualmente los jóvenes necesitan mentores honestos, que acepten sus errores, pero que también tengan la sabiduría para ayudarlos a crecer en su vida espiritual. Además, hace énfasis en que esta labor no debería tomarse a la ligera, pues, “la fe cristiana es ante todo y sobre todo una fe imitativa” (p. 11). Esto implica que el mentor debe caminar al lado del joven y mostrarle de qué manera la Palabra de Dios puede ser relevante en su vida.

Jóvenes de distintas partes del mundo coinciden en que necesitan un adulto que crea en ellos, que les ayude a ser una mejor versión de sí mismos, que los oriente y sea un modelo a seguir.

Ante estos requisitos, cualquiera puede creer que se necesita ser perfecto para ser mentor; sin embargo, los jóvenes le dan mayor énfasis a la honestidad. Esto no significa que no son necesarias otras cualidades. De hecho, Ortiz señala que el mentor ideal es alguien digno de imitar, que lleva una vida de santidad, tiene madurez espiritual, conocimiento bíblico, pone en práctica las disciplinas espirituales, está dispuesto a escuchar, sabe reconocer el potencial en otros, tiene el don del discernimiento espiritual y conoce cómo crear una atmósfera adecuada para el joven.

En Cada joven necesita un mentor, Félix Ortiz, enseña cómo una persona puede convertirse en el mentor que esta generación necesita. Además, su libro contiene evaluaciones, ejemplos, tácticas, métodos de enseñanza de acuerdo al tipo de grupo de jóvenes y herramientas prácticas para trabajar en el ministerio juvenil; por lo cual, este material es de vital importancia para todo aquel que quiera ejercer un liderazgo de acuerdo al propósito de Dios.

Datos adicionales sobre este libro:

Félix Ortiz estudió Historia y Educación en la Universidad de Zaragoza y posteriormente obtuvo dos maestrías en Educación en los Estados Unidos y España. Es autor de numerosos libros relacionados con la formación de líderes y el trabajo juvenil y es el Rector de la Escuela de Liderazgo Generacional y Coaching en Buenos Aires, Argentina.

Para mayor información, visita: https://e625.com/

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Andy Alemany: “Adoración es lo que eres, no lo que haces”

¿Qué es adoración?

Por Andy Alemany.

Todos hemos escuchado alguna vez un concepto de lo que puede llegar a ser la adoración. Tratar de definirla en una frase es muy complejo porque está basada en una experiencia personal intangible; no existen verdades absolutas acerca de ella. Pero, ¿experimentaste alguna vez una verdadera adoración?

Entender que se trata de lo que eres, y no de lo que haces, es el primer paso para tener una experiencia real. Romanos 12:1 dice: “(…) por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios!” Entonces, si para experimentar una verdadera adoración necesitamos ser un sacrificio vivo, ¿cómo podemos llegar a eso y qué significa realmente serlo? Un sacrificio usualmente era un cuerpo muerto, no un ser vivo; así que no podemos referirnos a él como tal, ya que se nos insta a ser un “sacrificio vivo”. No es un sacrificio humano literal.

En el pasado, los sacrificios se presentaban generalmente en un altar y eso sería el final de la vida para el cordero. Éste último no era uno elegido al azar; debía ser el mejor y estar apartado para eso, su razón de vida al nacer era convertirse en un sacrificio de justicia. En otras palabras, debía morir por alguien más.

El apóstol Pablo nos enseña en el libro de Romanos que debemos convertirnos en instrumentos de sacrificio y de justicia. No entendí este concepto hasta que dejé que mi yo interior muriera. Al morir a la vida propia, nos conectamos en un nivel espiritual aún más profundo, dependiendo solamente de Dios. Ahora Cristo vive en nosotros.

Nuestra adoración ya no es un levantamiento de manos o un reconocimiento de gratitud, es un estilo de vida de completa confianza en Dios. La verdadera adoración nos libera de una vida de auto-obsesión y nos permite ser más pacientes, generosos y amorosos con los demás. La vida comienza a tener un propósito.

¿Alguna vez se han detenido por un minuto y hacer algo bueno para alguien, sólo porque quieren, sin esperar algo a cambio? Todos adoramos de maneras muy diferentes, y nuestra vida debe reflejar eso.

Hace unos años, me di cuenta que las cosas más simples, como ayudar a los menos afortunados, las viudas y los huérfanos, o incluso decirle a alguien cuánto lo aprecias y tomar un minuto para comprarles un almuerzo, cena o un café, puede ser un acto de adoración. Reflejar el amor de Dios, Su misericordia en nuestro exterior y saber adorar es dejar atrás el egoísmo.

Experimentar una verdadera adoración es morir a nuestro yo, para que Cristo sea y viva en nosotros; y por consecuencia, ver que todo lo que hacemos es adorar porque ya no se centra en los gustos personales, sino en un propósito que excede a la vida que tenemos. Es saber para qué nacimos.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Recuento del primer día en Expolit 2017

La exposición de música y literatura más grande de Latinoamérica, Expolit, cumple 25 años de trayectoria; y como en cada evento, CVCLAVOZ estuvo presente y transmitiendo en vivo desde Miami, Florida.

Este año contamos con la visita de muchos autores y músicos que compartieron sus nuevos proyectos y novedades. El primer día de Expolit, en Energía Total tuvimos a las trillizas de 3 for Him, Kristy Mota, Lucy Cosme, Fermín IV, el autor de En medio del FuegoTom Doyle, Sabrina Ramos, y el autor del bestseller Los 5 Lenguajes del Amor, Gary Chapman.

Johanna Torres y las trillizas de 3 For Him.

Yiyi Zapata y Kristy Mota.

Johanna Torres y el Dr. Gary Chapman.

Johanna Torres, Yiyi Zapata y la pastora Lucy Cosme.

Tom Doyle y Elluz Peraza.

Yiyi Zapata y Fermín IV.

Sabrina Yudith, la banda Punto de Encuentro, Germán Barceló, Rudy Torres, Jay Rodríguez y Evan Craft estuvieron en Más Vale Tarde.

Vanessa Brito y Sabrina Yudith.

Germán Barceló.

Vanessa Brito, Evan Craft y Ángel Galeano.

Vanessa Brito y Rudy Torres.

Tres integrates de la banda Punto de Encuentro.

Vanessa Brito y Jay Rodríguez.

Cerramos el día con El Antivirus con las entrevistas al pastor Rey MatosSixto Porras, autor de Hijos ExitososJorge Rudko, autor de Mentes Hackeadas Darío Gonzáles Castro, autor de Cómo Superar la Infidelidad sin Destruir a su Pareja.

Rubén Quevedo y Sixto Porras.

Rubén Quevedo y el pastor Ray Matos.

Rubén Quevedo y Jorge Rudko.

¿Este versículo bíblico se aplica para ti?

Muchos versículos bíblicos nos ofrecen consuelo, ánimo y esperanza cuando estamos pasando por momentos difíciles. Probablemente uno de los más famosos se encuentre en Filipenses 4:13 (RVR1960): “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Este texto ha sido ampliamente utilizado para infundir fortaleza en tiempos de dolor; sin embargo, en algún punto se ha perdido el verdadero significado de sus palabras.

De acuerdo a lo que se puede analizar de la Biblia, Pablo estaba bajo arresto en el tiempo que escribió la carta a los filipenses. Aunque él admite no estar viviendo en escasez (Filipenses 4:11-12), los expertos historiadores afirman que las condiciones carcelarias en Roma en aquel tiempo eran precarias. Los castigos físicos eran una práctica común dentro del régimen penitenciario y los derechos de los reos era casi inexistente. Es en este ambiente en el cual Pablo escribe una carta “a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos” (1:1).

En la primera parte de su carta, Pablo no se queja de su situación, sino más bien habla de ellas como si fueran una bendición (1:12-14). En los textos siguientes, él presenta un informe sobre su estado y la de sus compañeros Epafrodito y Timoteo (2:19-29); y en los capítulos que siguen, expresa palabras de ánimo y exhortación a los filipenses. A partir del versículo 10 del capítulo 4, Pablo agradece las atenciones y regalos de los filipenses. Es allí donde afirma: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Lo que Pablo reconoce durante toda su carta, es que sus proezas y las fuerzas que tiene para enfrentar las cosas no vienen de sí mismo sino de Dios. En ningún momento Pablo pide que ser librado de estas situaciones; de hecho, él asegura que los problemas de este mundo son insignificantes comparados con la alegría que representa conocer a Jesús cara a cara (3:7-11). Es así como tiene la seguridad de decir: “Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones” (TLA).

Como hijos de Dios debemos concentrarnos más en las cosas que tienen valor eterno que en las situaciones pasajeras de la vida. Jesús no es un talismán de buena suerte, ni una máquina expendedora de la cual podemos obtener lo que queremos al depositar una moneda. En lugar de verlo como una ayuda extra, aprendamos a verlo como la fuente de nuestras fuerzas. Por nosotros mismos no podemos hacer nada. Somos insignificantes comparados a la gloria de Dios, pero si empezamos a depender y a vivir en Él, estaremos cumpliendo el propósito por el cual fuimos creados.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cristianos “veteranos”: Una frase que no deben decir

Las personas que han sido cristianas por un largo período de tiempo tienen mayor experiencia en lo concerniente al manejo y funcionamiento de la iglesia. Muchos de ellos suelen contar historias de cómo se hacían las cosas en el pasado, de cómo antes trabajan en unidad y cumplían lo establecido en la Biblia. Aunque estas anécdotas sirven de inspiración para las nuevas generaciones, muchas de las veces, son más una manera de crítica que de aliento.

Frases como: “en mi época no se hacían estas cosas”, “antes hacíamos esto y aquello”, “no hay nada como los viejos tiempos”, etc., funcionan como un recordatorio de lo que ocurrió en un pasado que no se repetirá. No importa cuán buenas hayan sido estas acciones, ni lo mejor que eran en comparación a la actualidad; el problema es que se convierten una especie de atadura.

El ejemplo de Pablo:

Pablo fue una persona muy culta que seguía la ley al pie de la letra. Su obsesión por hacer las cosas de la manera correcta lo llevó a perseguir a los seguidores de Jesús. Sin embargo, cuando él descubrió la verdad, el amor y el perdón de Dios, comenzó una nueva vida. A partir de allí se dedicó por completo a comunicar el mensaje de Jesús a otros. En una de las cartas que escribió a las personas que vivían en Filipos, él admitió que pese a su amplia experiencia como cristiano, no se consideraba perfecto.

En la primera parte de Filipenses 3:13, Pablo reconoció que aún no había alcanzado la meta de ser como Jesús, pero también señaló que ya no se fijaba en el pasado. Con esto, Pablo no minimizó todo el trabajo que hizo por predicar a otros sobre Jesús, sino que la buena obra no debía de detenerse allí. Él dijo que prefería concentrarse en lo que le faltaba recorrer, en lugar de quedarse aferrado al pasado.

Al igual que Pablo, no debemos vivir en nuestros recuerdos y añorar algo que ya ocurrió. Esta actitud evita que avancemos y seamos proactivos en el presente. Los buenos tiempos pasados tuvieron su momento, pero ahora es necesario que utilicemos las herramientas necesarias para impactar a la generación actual. Después de todo, los tiempos pueden cambiar, pero el mensaje de Jesús siempre es el mismo.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

6 comportamientos que dañan la iglesia

No existe una iglesia perfecta. Todas tienen un problema o área en la que deben trabajar. Esto se debe porque están compuestas por personas, y los seres humanos tenemos defectos y virtudes; sin embargo, esto no quiere decir que los conflictos no se puedan prevenir o solucionar. Cada miembro de la iglesia puede comprometerse a actuar de acuerdo a lo que señala la Biblia y trabajar para procurar la unidad.

Estos son algunas prácticas que dañan a los que los realizan y a la iglesia en su conjunto:

1. La crítica sin acción:

Algunas personas se autodenominan críticos o evaluadores en las iglesia, pero con frecuencia, asumir este tipo de posición hace que se juzgue más y se haga menos. Una vez alguien dijo “si criticas es porque puedes hacerlo mejor”; no obstante, la gran mayoría de críticos solo está presente para señalar lo que está mal o lo que creen que es correcto. Dios es el dueño de la Iglesia y, por lo tanto, Él es el único que tiene derecho a juzgarla. Nuestra labor es de obedecer sus mandamientos y hacer su voluntad.

2. El chisme:

Sin importar las excusas que se puedan poner, el chisme jamás conlleva a nada bueno. Algunos lo disfrazan como pedido de oración; sin embargo, en lugar de orar, lo único que hacen es propagar más el rumor. En las iglesias, el chisme causa prejuicio, propaga el odio, divide a los cristianos e impide la comunión con Dios. En la Biblia se advierte que todo aquel que tiene a Jesús en su vida no puede practicar el chisme porque es un pecado.

3. Evitar la confrontación:

Muchos malos entendidos se originan cuando no se confronta una situación. El miedo a enfrentar directamente a una persona sobre algo ocurrido hace que un hecho empeore y crezca. Hay historias de iglesias que se han dividido (o desaparecido) porque sus miembros se dejaron llevar por los dichos de otros, en lugar de verificar un rumor.

4. Falta de oración:

Una de las herramientas más importantes del cristiano es la oración. Si los miembros de una iglesia no le dan la importancia debida a la oración, de nada vale que realicen grandes actividades o tengan la mejor infraestructura. La mejor manera de tener una relación personal con Dios es orando y leyendo la Biblia, pero si éstas son reemplazadas por algo más, es probable que a largo plazo cause daño a la iglesia.

5. División en grupos:

Aunque trabajar en grupos pequeños permite una mejor comunión entre los miembros, en ocasiones, esto genera que se tengan iglesias dentro de la iglesia. Se debe tener cuidado en el manejo de estos grupos y procurar mayor interacción entre ellos, así será más sencillo promover un comportamiento de hermandad y no de competencia.

6. Mal liderazgo:

Tener una posición de liderazgo dentro de la iglesia es una gran responsabilidad y si no se sabe ejercer adecuadamente, se puede caer en la manipulación, abuso y discriminación. El líder debe ser alguien que guía a los demás a reflejar el carácter de Jesús, y no alguien que hace un mal uso de su cargo. Jesús es el mejor ejemplo de líder, del cual todos los que están en una posición de autoridad deben seguir.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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