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Evangelismo eficaz

Mi querida amiga Lou Torres escribió hoy un artículo titulado “Por qué a veces el evangelismo no funciona”. En el lapso de algunas horas su nota ya tiene casi 1600 lecturas.

(Sin duda, la palabra evangelismo tiene un efecto magnético en los lectores de sitios como éste. La audiencia cristiana busca modelos y métodos para el éxito de su cometido militante.)

Yo escribo sobre una variedad de temas respecto de los cuales la audiencia cristiana no parece tener interés alguno, salvo para un pequeño grupo de personas que ya conocen mis escritos. Así que toma unas dos semanas – tal vez menos si pongo un buen título – llegar a las 100 lecturas.

Mis colegas suelen hacerme ver que aparte de escribir sobre temas de ningún interés para la mayoría de la audiencia evangélica, los títulos de mis notas son oscuros y bastante raros: La resistencia, Inventario sexagésimo sexto, El silencio de los corderos, El nombre de la orquídea, Catilinaria, en fin.

Como ven, tal parece que no tengo futuro entre la gran audiencia evangélica. Así que tuve la atrevida idea de poner un título súper interesante para ellos ¡pero no escribir nada sobre evangelismo efectivo!

¿Por qué haría tal cosa?

Por envidia, podrán decir algunos de ustedes. Les aseguro que no. Hace siete años que escribo esta columna y he tenido preciosas satisfacciones con una pequeña audiencia que busca textos alternativos e interesantes.

Pero tengo otra razón que he explicado aquí en numerosas ocasiones. Por el título de esta nota, es posible que tenga la bendita oportunidad de decirle a muchísimas personas algo que tal vez nunca han leído.

Si examinan la nota de Lou Torres – con cuidado y no sólo buscando métodos – se darán cuenta de algo revelador: la mayoría de los cristianos evangélicos no sabe cómo comunicarse en el mundo de hoy.

Y esto se debe, amigas y amigos, a que creen que lo único importante en la vida es evangelizar y por ello no tienen interés alguno en la cultura que les rodea.

Y por esa mismísima razón no se pueden comunicar bien porque las personas viven y navegan en un universo completamente diferente.

Y por no tener interés en ese universo, los cristianos se pierden la magnífica oportunidad de tocar a las personas donde ellas se encuentran y no donde quieren ponerlas.

Sería interesante que leyeran con más cuidado cómo lo hacía Jesús y no buscaran tanto método moderno.

Litigios del alma

El alma.

En la película “21 gramos”, entre otros temas de intenso interés, se menciona la idea de que el alma pesa esos pocos gramos que se perderían del cuerpo al momento de que ésta vuela.

Desde antiguo la idea del alma atrae a cristianos y creyentes de otras religiones. No vamos a discutir aquí su existencia real porque es un tema de fe, no de evidencia material. Aparte que los estudios del Dr. Duncan MacDougall sobre el tema están lejos de ser concluyentes a la vista de la más elemental razón.

Lo que sí resulta de interés para mi continua curiosidad sobre las cosas que creen o no creen los cristianos es la afirmación de que el alma es la depositaria final y exclusiva de la salvación.

Lo grato de esta discusión es que no tengo que entrar en litigio con la evidencia bíblica que ellos reclaman al respecto sino con los efectos prácticos de tal creencia.

La consecuencia más dramática de creer que todo reside en el alma es el menosprecio por todo lo material. El cuerpo sería una cosa inferior, algo que habría que someter al flagelo de la disciplina en beneficio de cierta elevación espiritual del alma que lo haría a uno más “digno”.

Por otra parte, toda producción cultural que no provenga de cristianos es considerada de menos o de ninguna importancia. Política, relaciones internacionales, ciencia, literatura o arte no forma parte del interés del alma. Esta sólo se preocupa de lo de arriba y de la institución que la convoca, es decir, la iglesia.

Además la persona cuya alma está salvada no tiene interés en luchar por la transformación de la sociedad ni por la mejora de las condiciones de vida de la gente porque todo eso se configura dentro de lo profano por lo que no tiene relación con las cosas llamadas espirituales.

Finalmente, el alma salvada tiene como única y prioritaria mira su entrada final y triunfante a la eternidad. Es lo que algunos pensadores cristianos actuales llaman la “escatologización de la esperanza”: nada tiene interés presente excepto el momento climático del vuelo hacia la eternidad.

Así que la reflexión no se debería centrar tanto en la base bíblica de su existencia porque todo ello constituye un acto de fe. Lo que debería interesarnos es la aplicación de esta creencia en la vida cotidiana presente.

Mujeres y libros

Yo seré la última. Nadia Murad.

Sabactani. Eliana Valzura

No hay silencio que no termine. Ingrid Betancourt.

Estupor y temblores. Amélie Nothomb.

El cuento de la criada. Margaret Atwood.

Chicas bailarinas. Margaret Atwood.

La vejez. Simone de Beauvoir.

Memorias de una joven formal. Simone de Beauvoir.

Mi vida junto a Pablo Neruda. Matilde Urrutia

El corazón del tártaro. Rosa Montero.

La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero.

La casa de los espíritus. Isabel Allende.

La lista que precede es una parte de los muchos libros leídos que han sido escritos por mujeres. Me faltan obras de Simone Weil, Marguerite Duras, Angeles Mastretta, Alejandra Pizarnik, María Luisa Bombal, Malala Yousafsay, entre otras.

No tengo la más mínima pretensión de presumir de lo que leo. Por lo demás, tal cosa no tendría mucho sentido en un universo de personas que carecen del hábito de leer libros “no cristianos”.

Intento nada más señalar el valor que tiene leer libros escritos por mujeres. Creo que es difícil que los hombres puedan retratar más vívidamente lo que sienten y piensan las mujeres acerca de ellas mismas y de ellos. Es verdad: hay algunos autores que se han acercado algo. Algo.

La lista que presento incluye relatos autobiográficos o ficciones que desde diversos puntos de vista y en distintos escenarios revelan mucho más de lo que nos gustaría admitir.

Mujeres que se  han atrevido y que han considerado imprescindible revelar un hecho común: el maltrato de los hombres hacia las mujeres.

Con diversos matices, desde lo más sutil hasta lo simplemente horroroso, estos relatos retratan el daño que los hombres han causado a las mujeres por milenios.

El efecto que semejante conducta hacia las mujeres tiene en la historia de la humanidad difícilmente puede ser relevado aquí.

Entiendo que vivimos en una cultura que busca imponer criterios acerca de cómo se deben definir y describir los asuntos llamados de género. No es éste el interés de estas pocas líneas. Hay enorme cantidad de otras plataformas donde se puede llevar a cabo tal discusión.

Aquí no se trata más que de una propuesta de lecturas para que los hombres que leen esta nota comiencen a ver cosas sobre las cuales probablemente no han pensado nunca. Me parece poco posible comprender solo por mí mismo lo que es ser y lo que siente una mujer.

Podríamos asomarnos y mirar lo que dicen en sus libros.

¿Amar al mundo?

De tal manera amó Dios al mundo fueron unas palabras que comentamos en un artículo anterior. Me quedé pensando de qué manera nosotros seguiríamos el ejemplo de Dios. ¿Cómo aman los cristianos al mundo?

Antes que nada habría que señalar que los cristianos – en general – aman primero lo propio, lo de ellos. Primero Jesús. Después su familia. Después los hermanos y hermanas de su comunidad cristiana (hay veces que no queda tan claro si aman más a la institución o a las personas).

Después, los hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. A sus conferencistas preferidos, a sus músicos o “salmistas”, a sus autores favoritos de libros y a todo aquel que viva y proclame lo cristiano.

Yendo ya a lo de afuera: aman al mundo, pero uno hallaría ciertos niveles:

Primero, a todos aquellos que nombran a Dios aunque no sean personalmente creyentes. Después, a toda la gente que hace bien las cosas, que ayuda a otros y que se porta bien aunque, dicen ellos, el que las hagan no los va a salvar.

Luego, a todos aquellos que escuchen el mensaje, sin atacar al mensajero. No como ocurrió a aquel misionero que fue muerto a flechazos en la isla de North Sentinel en la bahía de Bengala – hoy hay una encendida discusión a nivel institucional sobre si es un mártir o fue una persona tremendamente imprudente. En seguida vendrían los regímenes autoritarios que prohíben y o persiguen a los cristianos.

Bien al final de la lista (según la modesta experiencia de este observador) estarían las personas que pecan en lo sexual, esto es, adúlteros, fornicarios y homosexuales. También, en sintonía con los tiempos actuales, a quienes adhieren a la ideología de género. Podrían hallarse aquí también los que promueven el aborto, el divorcio, la eutanasia y asuntos parecidos. Estas personas serían un poco más amadas por los cristianos si dejaran esas posturas. Entrarían en la categoría general de las personas no creyentes pero que se portan bien.

Parece haber una suerte de gradualidad en la forma y en la cantidad de amor que los creyentes otorgan al mundo. Como de más a menos. La cuestión es que en ciertos casos el amor se corta en alguna parte.

Así que otra vez: ¿a quiénes amamos?, ¿cómo los amamos? ¿los amamos en realidad?

Juan 3:16 no parece admitir una gradualidad como se lo explica Jesús a aquel importante creyente.

De tal manera

“Porque de tal manera amó Dios al mundo…”

(Juan 3:16)

“De tal manera” puede leerse en dos sentidos. Puede significar así, de este modo; su propósito sería explicar cómo es o cómo se hace cierta cosa. Puede entenderse también como tanto, mucho; expresaría la intensidad o la cantidad de una acción o un sentimiento.

Así que podemos leer estas palabras de dos maneras:

De este modo, así amó Dios al mundo, o

Tanto amó Dios al mundo

Para los cristianos este es el versículo evangelístico por excelencia. Yo diría que adquirió status mediático en el Campeonato Mundial de Fútbol de Estados Unidos en 1994. En las graderías un grupo de cristianos desplegaba en cada partido un cartel con la leyenda “John 3:16”.

Curiosamente, estas palabras no fueron dichas por Jesús a una multitud de inconversos ni tampoco en su discurso conocido como el Sermón del Monte. Ha sido alguna tradición institucional o académica que las han trasladado, me parece, al ámbito de la evangelización.

Estos conceptos fueron dirigidos a un destacado dirigente religioso. Puesto en términos de hoy sería algo así como un obispo, un doctor en divinidad, un maestro o doctor de la Palabra, un pastor de alto rango; en otras palabras, no era un inconverso.

Así que, ¿por qué Jesús diría estas palabras a un conocedor profundo del texto sagrado y dirigente importante de la institución religiosa?

Porque este hombre, que vino secretamente a Jesús para indagarlo, carecía de algo fundamental: el conocimiento activo del amor de Dios por lo cual tampoco podía otorgarlo a la gente que representaba.

De modo que, me parece a mí, lo que Jesús está diciéndole es: Estimado, te voy a explicar por qué a pesar de todo lo que sabes, tu vida está vacía de auténtico sentido y por eso has venido a verme: a la gente se la ama como Dios amó al mundo. Se la ama poniendo la vida. Se la ama mucho. Y no sólo a los que son del grupo sino a todos, incluyendo a los que están afuera, ¿me explico?

Permítanme entonces sugerir que Juan 3:16 no es un versículo para decirlo a los que no creen en Jesús. Está dirigido a nosotros, a los creyentes, como un recordatorio esencial de cómo se debe amar y cuánto se debe amar a la gente, aunque no se convierta nunca…

Tal vez entonces la gente podría ver a Dios y ser cautivada por Él.

La ausencia de los buenos

Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada

(Edmund Burke)

Ya hemos abordado aquí varias veces el tema de la ausencia de los cristianos evangélicos en el curso de los acontecimientos que caracterizan a nuestro mundo hoy. Y me parece que hemos de continuar aludiendo a ello, por varias razones.

La primera y más importante, me parece, es el discurso que habla del cambio de vida, de la nueva criatura, de la transformación que el evangelio produce en la vida de las personas. Un argumento oído hasta el cansancio es eso de que si cambian las personas cambia la sociedad.

Los hechos crudos demuestran que incluso en las sociedades donde más abundan los cristianos los indicadores biodemográficos mantienen sus perversos niveles de maldad, violencia, desorden y otro males sociales. Así que es hora de cambiar el argumento o que los cristianos entren directamente en la batalla contra los males públicos.

¿Es culpa de los cristianos que las cosas no anden bien? No, por supuesto. Sería injusto e inexacto hacer esa afirmación. Lo que nos tiene que conmover es la idea expuesta hace muchos años por Edmund Burke: para el que el mal domine el campo no se necesita más que la gente de bien no haga nada.

En segundo lugar y no menos importante es que los cristianos entiendan que hacer el bien debe ir mucho más allá de la asistencialidad. No está mal otorgar comida, alojamiento o atención medica a los desposeídos y desplazados, al contrario. Pero eso es seguir tratando con los síntomas y no con las causas de que tantas personas vivan en tales condiciones de precariedad.

Las causas se encuentran en la gestión pública, en la perversidad del sistema económico, en la conducta reprochable de muchos políticos, jueces, policías y sectores marginales que no encuentran límite a su accionar perverso.

¿Hay alguna afirmación más clara que esta a la hora de pensar en el rol social de los cristianos?: “…Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Colosenses 1:20)

La pregunta que nos queda es si las cosas que están en la tierra son solamente las almas de las personas o todas las cosas, que incluyen además el sistema político, social y económico…

¿Dios o el Estado?

En la nota anterior propuse, siempre en la forma tan breve que permite el espacio, que el abandono de Dios siempre supone su reemplazo por otra fuente de autoridad y provisión; en los últimos siglos ese rol ha sido asumido por el Estado.

Los voceros del Estado no dicen: “Ahora nosotros somos Dios” pero se comportan tal cual. Y la gente no dice: “Ahora el Estado es nuestro Dios” pero actúan como si fuera. Por eso protestan si hay problemas de trabajo, salud, seguridad, educación, abastecimiento de bienes y servicios. Protestan porque el Estado debe garantizarles tales cosas.

Los creyentes cristianos afirman que la fuente de su seguridad, su paz y su bienestar es Dios; incluso hacen referencia a ciertos nombres asignados al Jehová del Antiguo Testamento: Nissi, Shalom, Jireh, Shammah, Tskidenu, Rapha, que se refieren a las características, dones y bienes que provienen de El, tales como paz, provisión, salud, protección.

Pero a la hora de las realidades los creyentes también parecen absorbidos por la creencia en el Estado-Dios. Y se suman a las protestas, reclaman sus derechos y si las cosas no andan bien buscan como todos un “salvador”, esa persona que repondrá los “principios y los valores perdidos”, que restaurará la nación a sus fuentes originales y que será baluarte de la paz y la seguridad.

No les perturban, al parecer, los costos que puede traer en el mediano y largo un “salvador” de esas características. En la seguridad de que recuperarán sus valores y los beneficios prometidos no pensarán en qué derechos y valores de otras personas serán abolidos y arrasados. Lo importante, piensan ellos, es recuperar “lo nuestro”.

Como mencioné al finalizar la nota anterior la historia nos muestra con meridiana claridad lo que ocurre cuando los cristianos hacen sociedad con el poder. Lo que suelen ganar en derechos y posición lo pierden en libertad, en humildad y en credibilidad. Casi siempre terminan siendo tanto o más arbitrarios que el poder al cual, en alianza con otros, defenestraron.

En realidad la pregunta ¿Dios o el Estado? no es una buena pregunta. Las opciones binarias casi nunca son justas. Tal vez haya que preguntarse de qué manera Dios (a través de sus hijas e hijos) y el Estado pueden operar en acuerdo y colaboración para mejorar, al menos en cantidades decentes, la vida de las personas en este mundo ancho, complejo y ajeno…

De la luz a las tinieblas

“De la discusión nace la luz” solían decir los antiguos (es decir, la gente que era educada e influyente cuando yo tenía diez años más o menos). Se referían a aquella tradición en la que el debate consistía en la exposición de ideas que eran el resultado de un proceso de pensamiento crítico y reflexión documentada de los hechos y en la que los protagonistas oían atentamente la presentación de su oponente y enriquecían con ello su propia visión de las cosas. No pocas veces veces surgía de este intercambio de argumentos una luz nueva, un entendimiento mejorado, ampliado y cuyos efectos serían beneficiosos para el conjunto de la sociedad.

¡Qué lejos están esos días, amigas y amigos! Hoy el debate no es más que la abundante y líquida evacuación de lugares comunes, frases hechas, descalificaciones y citas fuera de contexto. De tal manifestación de artificios verbales, a diferencia de las discusiones documentadas de antaño, no surge otra cosa que oscuridad. Es muy poco probable hallar alguna iluminación a no ser en cierta literatura o debates académicos o intelectuales.

La posibilidad de comentar “posteos” en las redes sociales es quizá el contribuyente más grande a las tinieblas reinantes por lo que ya no se puede hablar inteligentemente de cualquier cosa, sea política, religión, economía, cultura, deporte, movimientos sociales, entretenimiento, cine, usted nómbrelo.

Un señor publicó algo sobre el dulce de leche y fue literalmente fusilado con comentarios respecto del costo del azúcar en estos tiempos de ajuste económico, costumbres burguesas y ataques diversos de carácter personal que nada tenían que ver con el delicioso e inocente “manjar blanco” de nuestra infancia. Que alguien escriba algo sobre los vicios del estado de bienestar y verá cómo es acribillado con denuestos y escupos verbales sobre liberalismo gorila o la maldición del populismo. Ni qué decir si se trata de Pelé, Maradona o Messi…

En nuestro mundo evangélico las cosas no andan mejor, especialmente si uno escribe algo que sugiera una mirada más abierta o “liberal” sobre ciertos asuntos como la iglesia, la evangelización, las misiones o la participación de los cristianos en la sociedad. Llueven los versículos, las frases aprendidas en el curso de discipulado básico o las alusiones a la espiritualidad o conversión del escribiente.

Así que seguiremos buscando un poco de luz en antiguos escritos, la literatura clásica o alguna más contemporánea y programas de televisión como “La belleza de pensar” o “Conversaciones”.

¿Qué es la visión celular?

Pregunta de nuestra audiencia:

“Tengo una duda acerca de la visión celular.”

La visión celular es una metodología que consiste en reunirse en casas para alabar a Dios. Esto viene desde los tiempos bíblicos, cuando los primeros cristianos sufrían persecución, encarcelamiento, tortura y hasta la muerte por seguir a Jesús. En aquellos tiempos, los líderes religiosos estaban en contra de lo que Jesús enseñaba, por lo cual no permitían que sus discípulos o cualquiera que le seguía tuviera la palabra en las sinagogas. Debido a que los primeros cristianos no podían reunirse en la sinagoga, comenzaron a hacerlo en secreto en las casas de los creyentes. Allí, ellos compartían las enseñanzas de Jesús y lo adoraban. Posteriormente, se encargaron de compartir las Buenas Nuevas de salvación a todo aquel que estuviera dispuesto a escucharlos y se reunían tanto en templos como en casas.

Esta metodología aún se aplica hasta el día de hoy. En muchos lugares del mundo donde aún existe persecución, los cristianos no pueden alabar a Dios libremente y se ven obligados a hacerlo a escondidas. Ellos no tienen un templo, un edificio a donde acudir y reunirse, por lo que lo hacen en sus hogares. Sin embargo, en otras partes del mundo donde hay libertad religiosa también se emplea la visión celular. Muchos cristianos se reúnen en casas, pero también en un templo físico a donde acuden periódicamente.

¿Debemos aplicar la visión celular en la actualidad?

En realidad, la aplicación de la visión celular no es de carácter obligatorio. Hechos 2:46 nos recuerda que ya sea en el templo o en las casas, lo importante es compartir juntos con alegría, sencillez de corazón, y sobre todo se debe alabar a Dios. En la Biblia se nos dice que, con el tiempo, muchos cristianos comenzaron a reunirse tanto en los templos como en sus casas (Colosenses 4:15; Romanos 16:3-5; Filemón 1:1-3; 1 Corintios 16:19). Es más, Mateo 18:20 (RVA-2015) nos recuerda que el lugar físico de reunión no es tan esencial como lo es la presencia de Dios: “Porque donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

Si muchas congregaciones hoy en día optan por la visión celular como un método de evangelismo, quizá sea porque funciona para ellos. No obstante, eso no es garantía de que también tenga los mismos resultados en el resto del mundo. Más allá de qué metodología utilizar, lo importante es tener a Jesús como el centro de todas nuestras reuniones y alabarlo como se merece.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Con acciones

Se cuenta que en la  isla de Formosa, se quemó la casa de un cristiano, el único en su pueblo. Los habitantes no hacían más que  burlarse del pobre hombre y le decían: Así le pasará a todo aquel que abandone la religión de nuestros padres.

Unos pocos días después vinieron los cristianos de los pueblos vecinos y traían palos de bambú, vigas, ladrillos, etc.;  quitaron todos los escombros del lugar de la desgracia y empezaron a construir una casita  nueva mejor aún que la anterior. A los dos días estaba terminada.

La gente quedó admirada y perpleja. Ya no se burlaban. Que se ayudase de esa manera a una persona en desgracia no lo habían visto nunca antes. Ahí pudieron comprobar que los frutos de ser cristiano marcan una gran diferencia.

“En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. 1 Juan 3:10

El amor al prójimo, el solidarizarnos con los que sufren tomando acciones a su favor, nos permiten mostrar de forma práctica la transformación que Dios hizo en nuestras vidas y los frutos de tenerlo en nuestro corazón.

Si bien es cierto que la oración puede mover la mano de Dios y puede cambiar cualquier circunstancia desfavorable en bendición, también debemos ser conscientes de que tenemos una responsabilidad como hijos de Dios y somos sus representantes aquí en la tierra.

Te has preguntado ¿Qué haría Jesús si viera a alguien en necesidad?

Quizás no podamos hacer mucho solos, pero si unimos nuestras fuerzas para ayudar a los más necesitados podremos ser de bendición para muchas vidas, no solamente para las personas que se beneficiarán directamente con nuestras acciones, sino para aquellos cercanos a ellos y para quienes nos rodean, porque serán testigos del amor de Dios en forma práctica.

Dispón tu corazón para ayudar a los demás, Dios te mostrará aquellas personas que necesitan de tu ayuda y Él proveerá los recursos, las ideas, las personas y todo lo necesario para que puedas ser parte de su obra.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Libertad para los cristianos en Corea del Norte

Fue un verdadero encuentro histórico entre nuestro presidente Donald Trump y el líder de Corea del Norte Kim Jong Un en Singapur. Ha sido la gran noticia. El tema principal por supuesto fue el compromiso de desnuclearización de los norcoreanos pero la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos de ese país también fue tratada y de hecho, minimizada por la prensa. En especial el tema de los derechos humanos y la situación de los cristianos en el país. Ya sabemos que están siendo perseguidos por su fe.

Cuando le preguntaron a Trump acerca de eso específicamente, de los cristianos en ese país, dijo que trataron el asunto fuertemente y mencionó el trabajo de Franklin Graham el hijo de Billy Graham, con quien tiene la costumbre de orar y pedir consejería en la Casa Blanca. Dijo que Franklin Graham pasa mucho tiempo en Corea del Norte y que iba a haber cambios.

Les invito a que sigamos orando por el regreso de la libertad religiosa en ese país y por que se liberen a más de cincuenta mil cristianos que están detenidos allí en campos de prisioneros y centros de detención.

Con el favor de Dios, veremos cambios para bien de nuestros hermanos creyentes y podremos respirar aires de paz mundial.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Seguir creyendo

¿Cómo se hace para seguir creyendo en Dios en un mundo violento, con guerras, torturas, muertes, abusos de todo tipo? … ¿Dónde está Dios?

(Pregunta de un periodista argentino al sociólogo jesuita Gustavo Morello)

Como ocurre con la mayoría de los cristianos frente a esta interpelación, el entrevistado ensaya una defensa de Dios: “Yo creo, y aquí dejo de ser sociólogo por un rato [como sociólogo, ¿no creería lo mismo?], que Dios está presente ahí mismo, sosteniendo a las víctimas, crucificado nuevamente en esas injusticias.” La teología tradicional encuentra siempre versículos y razonamientos para justificar a Dios por lo que sucede en el mundo.

La duda me obliga a revertir la cuestión: ¿Cómo hace Dios para seguir creyendo en la gente en un mundo violento, con guerras, muertes, abusos de todo tipo? ¿Dónde está la gente buena? Esta pregunta entraña no una defensa sino una profunda perplejidad frente a Dios: a pesar de todo, ¿no siente que ha fracasado en su proyecto con la humanidad? Hay un verso en la canción “Si volvieran los dragones” de Fito Páez que propone esa mirada: Si en los escombros de la revolución / creciera el árbol verde del placer / y las catedrales se cansaran de ser / ruinas del fracaso de Dios

Este espacio no está dedicado a edificar creyentes ni se propone polemizar infructuosamente con una audiencia quisquillosa por lo que planteo la cuestión sin otro fin que interpretar el sentimiento que mucha gente tiene frente al problema.

Los cristianos se consuelan con el pensamiento de que al final Dios va a tener una gloriosa y épica victoria, el enemigo y los malos arderán en el infierno y los pocos buenos que se salven gozarán de sus bendiciones eternamente. Este resultado, si fuera rigurosamente cierto, satisface en el mundo presente a unos mil doscientos millones de seres humanos. Unos seis mil trescientos millones de seres humanos se quedan afuera – o en el infierno. Si la victoria final de Dios ocurriera esta noche y siguiendo una lógica estrictamente humana uno se preguntaría cómo esto es una victoria. Otro argumento presentado es que todo es plan de Dios haciendo aún más indefendible el caso de Dios en un mundo descreído.

O bien se queda uno en su perplejidad o se consuela con el verso aquel, Muchos son los llamados y pocos los escogidos. “Y yo gracias a Dios [pensarán muchos cristianos bienintencionados] estoy entre los escogidos.”

En el ínterin, uno sigue saludando respetuosamente la persistente fe de Dios en nuestra especie.

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