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No dudes más

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:1 (RVR1960).

En su carta a los Romanos, el apóstol Pablo hace énfasis en que no existe condenación para quien esta en Cristo debido a Su obra en la cruz, donde condenó al pecado en la carne, pues vino en semejanza de carne, es decir, como humano. Si el Espíritu de Dios mora en uno, entonces es posible vivir y actuar de acuerdo a Su dirección en cada aspecto de la vida. Vale resaltar que esto trae vida (v. 13), por lo que, si crees en Cristo, en Su obra y lo reconoces como tu salvador, ya no hay condenación para ti. No dudes de tu salvación, desecha todo pensamiento que quiera hacerte creer que la muerte de Cristo en la cruz no fue suficiente.“Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.” Romanos 8:10 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Te está llamando

Nadie es perfecto en este mundo, todos hemos hecho cosas malas que desagradan a Dios, las cuales nos hacen merecedores de castigo. De hecho la Biblia dice que el castigo del pecado es muerte. Pero también dice que el regalo de Dios es vida eterna por medio de Cristo Jesús. (Romanos 6:23)

De acuerdo a Romanos 5:8, Dios muestra el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. ¿Por qué necesitábamos que Cristo muriera por nosotros? Porque cuando Adán y Eva pecaron, el pecado entró en todos los hombres. La Biblia dice que todos hemos pecado y no podemos alcanzar la Gloria de Dios. Es decir, nuestro pecado nos separa de Él.

Dios hace todo lo posible por reconciliarnos, quiere que todos lleguen al arrepentimiento y realmente lo conozcan. Envió a su Hijo Jesús a la tierra para pagar por todos nuestros pecados, incluso por aquellos que seguimos cometiendo, a fin de salvarnos.

Murió en nuestro lugar, sufrió el castigo que merecíamos, llevó nuestra culpa y saldó el precio por nuestra libertad. Él nunca pecó. Pero Dios lo trató como si hubiera pecado, para declararnos inocentes por medio de Él.

Hoy quiero que sepas que Dios tiene un plan increíble contigo y quiere usarte, quiere salvarte de una vida de pecado e infelicidad, y darte una vida abundante y eterna.

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él, y él conmigo.” Apocalipsis 3:20 (RVR1960)

No rechaces ni menosprecies la invitación de Dios, Él está dispuesto a entrar en tu corazón y ser el dueño de tu vida. El Señor no te hace esta invitación para luego abandonarte, sino para que llegues a alcanzar la estatura del varón perfecto y puedas vivir con Él eternamente.

Si estás de acuerdo en aceptar a Jesús, habla con Él en este momento. La salvación es un asunto personal entre Dios y tú.

Puedes decirle: Señor Jesús, reconozco que soy pecador y que estoy lejos de ti, pero hoy me arrepiento y te pido perdón por cada uno de mis pecados. Te abro mi corazón y con toda la fe te recibo como mi Señor y Salvador, porque sé que moriste en mi lugar y quieres lo mejor para mí. Gracias por buscarme y darme esta salvación tan grande. Amén.

Si has hecho esta oración creyendo en Jesús, ten por seguro que Él entró en tu corazón y ahora eres salvo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La ausencia de los buenos

Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada

(Edmund Burke)

Ya hemos abordado aquí varias veces el tema de la ausencia de los cristianos evangélicos en el curso de los acontecimientos que caracterizan a nuestro mundo hoy. Y me parece que hemos de continuar aludiendo a ello, por varias razones.

La primera y más importante, me parece, es el discurso que habla del cambio de vida, de la nueva criatura, de la transformación que el evangelio produce en la vida de las personas. Un argumento oído hasta el cansancio es eso de que si cambian las personas cambia la sociedad.

Los hechos crudos demuestran que incluso en las sociedades donde más abundan los cristianos los indicadores biodemográficos mantienen sus perversos niveles de maldad, violencia, desorden y otro males sociales. Así que es hora de cambiar el argumento o que los cristianos entren directamente en la batalla contra los males públicos.

¿Es culpa de los cristianos que las cosas no anden bien? No, por supuesto. Sería injusto e inexacto hacer esa afirmación. Lo que nos tiene que conmover es la idea expuesta hace muchos años por Edmund Burke: para el que el mal domine el campo no se necesita más que la gente de bien no haga nada.

En segundo lugar y no menos importante es que los cristianos entiendan que hacer el bien debe ir mucho más allá de la asistencialidad. No está mal otorgar comida, alojamiento o atención medica a los desposeídos y desplazados, al contrario. Pero eso es seguir tratando con los síntomas y no con las causas de que tantas personas vivan en tales condiciones de precariedad.

Las causas se encuentran en la gestión pública, en la perversidad del sistema económico, en la conducta reprochable de muchos políticos, jueces, policías y sectores marginales que no encuentran límite a su accionar perverso.

¿Hay alguna afirmación más clara que esta a la hora de pensar en el rol social de los cristianos?: “…Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Colosenses 1:20)

La pregunta que nos queda es si las cosas que están en la tierra son solamente las almas de las personas o todas las cosas, que incluyen además el sistema político, social y económico…

La cruz y la acción

Presenté hace tiempo a un grupo de comunicadores un número de desafíos y problemas con que nos confronta la cultura contemporánea. Planteaba preguntas sobre la crisis social y económica, el desastre ecológico, la calidad de la educación, la familia y su laberinto, el impacto de la delincuencia y la explosión tecnológica, entre varias otras.

Alguien que leyó el documento respondió: “A mí me vas a encontrar orando a los pies de la cruz”. Es imposible sustraerse a la poética espiritualidad y belleza del cuadro. Cualquier creyente bien puesto me miraría con cierto reproche y diría: “Aprende, Benjamín, de eso es lo que se trata”.

Pero hace ya muchos años que la poética del discurso no me seduce, por lo que soy frecuentemente reprendido por mi corazón herido, alguna raíz de amargura y serias dudas acerca de mi conversión. Eso solía angustiarme hasta que entendí que lo que está escrito habla; defenderme sería desteñir su gravedad.

Sí conviene que explore el sentido de la respuesta recibida. ¿Sugiere la persona que nos respondió que con una determinada cantidad de creyentes orando las naciones van a ser transformadas? Como no vemos ese cambio, hay que plantearse preguntas.

En vista de que las condiciones de los países en donde los cristianos oran todos los días siguen igual o peor, ¿pensaremos que las oraciones han sido insuficientes o que Dios no escucha? Si han sido insuficientes, ¿es debido a que no hay suficientes cristianos que oren por sus países? Si eso es así, ¿de qué van estas palabras de Jesús: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”? Si Dios no escucha, ¿es porque no le interesa el sufrimiento de los pueblos o es porque estamos orando por algo que nosotros tendríamos que hacer?

Son muchas preguntas. No sólo para esta columna de opinión, sino para la vida entera de la gente que cree. Pero digamos que a los pies de la cruz deben ocurrir al menos dos cosas: un derramamiento del alma por el dolor de nuestros pueblos y la intercesión por ellos, y pedir entendimiento de cómo vamos a participar activamente para mejorar los días de la gente en todos los campos de la vida social.

De otro modo, la oración será un ejercicio espiritual que nos hará sentir bien… respecto de nosotros mismos.

Me cansé…

¿Te has cansado de pelear? Es natural que en el camino enfrentemos altibajos, en especial después de una caída;  sin embargo, lo principal es continuar en la lucha, no dejarnos dominar por nuestros sentimientos porque estos son pasajeros y pueden hacernos cometer grandes errores.

Así mismo, nos podemos cansar de seguir a Jesús, a veces por las pruebas que enfrentamos y otras por querer pecar ¡así es! Por desear bebidas alcohólicas, estar con varias mujeres al mismo tiempo, tener relaciones sexuales antes del matrimonio, decir mentiras u otros; porque conocemos que un hijo de Dios debe nadar contra la corriente.

 “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24 (RVR 1960)

La Biblia dice que aquel que quiera seguir a Jesús debe tomar su cruz. Muchas personas interpretan la “cruz” como una carga que deben llevar en sus vidas, por ejemplo: una relación dañina, explotación en el trabajo o una enfermedad, pero este no es el significado correcto. En los días del Señor la cruz representaba solamente “muerte”, es decir sacrificio y eso pide Dios de nosotros.

Por lo tanto, “tome su cruz y sígame” significa una entrega absoluta, estar dispuesto a  morir por Él. Dios nos pide tomar una decisión radical que implica crucificar nuestros deseos, con tal de que la voluntad del Señor sea cumplida.

No nos cansemos de hacer el bien porque a su tiempo segaremos si no desmayamos.” Gálatas 6:9 (RVR 1960)

Si te sientes cansado de luchar por la situación difícil que estás enfrentando, te animo a detenerte por un momento, dejar lo que estás haciendo y reflexionar sobre todo lo que el Señor hizo por ti. También recuerda que la aflicción nunca será para siempre y que el verdadero compromiso con Él se revelará durante las pruebas.

Por otro lado, si tú desanimo es porque no quieres sacrificarte más, entonces tienes que decidir: ¿Jesús o el pecado? El Señor te pide que no estés en el medio, que seas frío o caliente, que estés con Él o en su contra. Si no estás dispuesto a tomar tu cruz, solamente perderás el tiempo porque no podrás ver a Dios en la tibieza.

En esta oportunidad te animo a dejar de jugar al cristiano y ser realmente un seguidor de Cristo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Libre por su cruz

“Así que, si el Hijo os libertare, sereís verdaderamente libres” (Juan 8:36 RV60)

La RAE (Real Academia Española) define la libertad como la “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”

¿Qué sucede cuando hay un abuso de la libertad? Está se convierte en libertinaje.

La naturaleza humana está inclinada al pecado, hacemos  lo que no queremos hacer ¿De qué sirve la libertad si somos esclavos del pecado?

La respuesta está en que la verdadera libertad sólo la obtenemos por la misericordia y gracia de Dios; somos esclavos de nuestras emociones mal dirigidas y los malos hábitos, pero Cristo es la salida a la prisión que construímos con nuestras propias manos.

¿Quieres ser libre? Te invito a conocer a Jesús, Él nos da vida y una nueva oportunidad

Jesús es la provision de Dios para librarnos del pecado, Él nació en un establo humilde, fue concebido milagrosamente por obra del Espíritu Santo en María, Juan el bautista lo bautizó y el Espíritu Santo descendió en forma de paloma, fue tentado en el desierto por el diablo pero Jesús lo derrotó con la palabra. Realizó su ministerio en la tierra, enseñó, sanó a muchos, resucitó muertos e hizo varios milagros. Sus discípulos llegaron a ser sus amigos y aun así tuvo que atravesar por la traición de Judás y Pedro lo negó. Jesús fue acusado con mentiras y juzgado tomando el lugar de Barrabás, murió entre dos ladrones. Cristo fue sepultado en el sepulcro de José de Arimatea, los romanos sellaron la entrada de la tumba pero eso no impidió que Cristo resucitara al tercer día y nos diera libertad, el regalo de la salvación, Jesucristo ascendió al cielo y la historia continúa…

Somos libres por su cruz, por la sangre que derramó ¿Te gustaría conocer más de Jesús? Queremos ayudarte.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Amor real

“Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” Romanos 5:8

Es precisamente el amor de Dios por la humanidad que hizo que entregue a su único hijo llamado Jesús, quien aceptó voluntariamente los sufrimientos y la muerte en la cruz del calvario para ganar definitivamente la victoria sobre el pecado. De esa manera ahora tenemos una entrada libre a la presencia de Dios y podemos gozarnos ante Él.
No hay mayor testimonio de amor, en que Cristo puso su vida por nosotros (1 Juan 3:16)
¡Cómo no amar a Dios por lo que hizo por ti y por mí!
¡Animo, acércate a Él!

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Crecer es sacrificado…

En este periodo de fiestas por fin de año, estuve visitando a mi familia constantemente y pude observar que la escritura de mi hermanito había mejorado increíblemente, de no entenderse pasó a ser clara y hermosa. La diferencia entre lo que era antes y en la actualidad era notoria, lo que sucedió es que mi padre le hizo practicar ejercicios de caligrafía en su vacación, por lo que ahora se podían apreciar los resultados.

La realidad es que si deseamos crecer o mejorar, en cualquier aspecto de nuestra vida, siempre tendremos que hacer sacrificios; como por ejemplo, si en mis planes está aprender otro idioma es necesario que me inscriba a un curso para ejercitarme, lo mismo si deseo ser un gran músico, profesional o simplemente ser una buena hija (o), esposa (o) o cristiana (o).

La palabra de Dios dice: “El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.” Mateo 19:20-22 (RVR1960)

Del mismo modo sucede en el área espiritual. Un joven se aproximó a Jesús con una buena intención, debido a que no se encontraba conforme con el servicio que realizaba a Dios, él quería dar más de lo que ya había dado, pero después de hablar con el Señor se dio cuenta que en realidad no estaba dispuesto a sacrificarse demasiado, a renunciar a toda su riqueza para seguir a Cristo.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” Mateo 16:24-25 (RVR1960)

En este pasaje el Señor manifiesta que aquel que desea seguirlo precisa asumir tres acciones: negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirle. La primera significa negar lo que queremos, reconocer que ya no somos dueños de nuestra vida, sólo Jesús quién pagó el precio por nosotros; llevar la cruz, es vivir para los demás y morir por los pecadores, así como Cristo.

Si deseas crecer espiritualmente y realmente no estás conforme con lo poco que conoces de Jesús, entonces te animo a asumir este reto, porque así como lo que hacemos en esta vida nos demanda a ser cada vez mejores, del mismo modo, el Señor no desea que nos conformemos con nuestro estado espiritual; recuerda que Él tiene preparado grandes sorpresas cuando estamos dentro su voluntad.

 

 

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Hay un gran obsequio para ti

“Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.” Efesios 2:8-9 (NVI).

La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, ni es el resultado de los propios esfuerzos. Por el contrario la salvación es un regalo que Dios ofrece a quienes creen en Jesús. No se puede comprar, ni tampoco hacer algo para ganarla o merecerla, sino que es un gran regalo de amor que Dios pone a nuestra disposición. Sólo podemos recibirlo cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador personal, creyendo que a través de su muerte en la cruz, pagó el precio de nuestros pecados. ¿Te gustaría recibirlo? Depende de ti, en este mismo momento puedes abrir tu corazón e invitar a Jesús para que entre en él y sea el Señor de tu vida. De esta manera estarás recibiendo el gran regalo que Dios tiene para ti.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Dios quiere salvarte

“En realidad, no es que el Señor sea lento para cumplir su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido; quiere que todos se arrepientan. Pero el día del Señor llegará tan inesperadamente como un ladrón. Entonces los cielos desaparecerán con un terrible estruendo, y los mismos elementos se consumirán en el fuego, y la tierra con todo lo que hay en ella quedará sometida a juicio.” 2 Pedro 3:9-10 (NTV)

El amor de Dios por ti es inmenso, en Génesis 1:26 vemos que Él no simplemente nos creó, sino que nos hizo a su imagen y semejanza, lo que indica que su amor por cada uno de nosotros es especial.

A pesar de que nuestros antepasados se equivocaron y desobedecieron, Dios nunca dejó de amar a su creación. Es por eso que envió a su hijo al mundo para dar salvación y evitar la condenación de todo aquél que en Él cree.

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.  Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.” San Juan 3:16-17.

Dios no quiere que te pierdas ni que seas destruido, quiere reconciliarte con él mismo por medio de Cristo, quién murió y resucitó al tercer día por amor a ti. “…Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras. Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos…” 1 Corintios 15:3-4 (NTV)

Los años pasan y el tiempo es corto. La Biblia dice que llegará el día en el que  toda la tierra será  juzgada. Mi pregunta es, ¿Estamos preparados para ese día? Dios nos ha hablado este tiempo de diferentes maneras y con diversas circunstancias, nos ha mostrado su amor dándonos la oportunidad de seguir con vida y poder decidir nuestro futuro.  ¿Qué es lo que decidiremos?

Al Señor no le importa cuán grande es tu pecado o lo lejos que  estás de Él.  “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” Isaías 1:18 (RVR1960)

No esperes a que sea demasiado tarde para creer en Dios, arrepentirte y vivir en obediencia a su palabra. Él está esperándote con sus brazos abiertos, deseoso de llamarte hijo. Búscalo y ponte a cuentas haciendo esta pequeña oración:

Dios, reconozco que soy pecador, me arrepiento de todo mis pecados y te pido perdón por cada uno de ellos. Creo que Jesús murió y resucitó para darme vida eterna y desde ahora acepto a Jesucristo como mi Señor y Salvador. Gracias por buscarme y tener misericordia de mí. Toma mi vida, en el nombre de Jesús, amén.

“Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca.” Isaías 55:6.

 

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Él es la solución

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.” 1 Juan 4:10 (NVI)

Con la caída de Adán y Eva toda la raza humana se separó de Dios, pero sus propósitos no se detuvieron. El Señor tenía un plan de salvación para el hombre, en un tiempo perfecto Cristo vino al mundo para llevarlo a cabo. Su nacimiento, su obra, sus milagros y sacrificio fueron los que marcaron un antes y después en la historia.

Hoy en día cuántos testimonios podríamos recolectar de las personas que le han permitido ingresar a su vida y ser quien dé solución a sus conflictos. En primer lugar a la separación de Dios, Jesús es el único camino al Padre; a la falta de autoestima sana, dándoles una nueva identidad en Él; a los que tienen problemas de vicios y ataduras da libertad; a los enfermos sanidad, y un sinfín de problemas que se presentan a lo largo de la vida, Él es la solución.

Pero hay millares de personas que aún no lo conocen, y esa también debe ser nuestra tarea, la de esparcir la buena nueva de la cruz, ¡Jesús es la solución! El Apóstol Pablo en Corinto centró el mensaje del Evangelio en este principio, de tal modo que no se hiciera vana la cruz de Cristo: “Pues Cristo no me envió a bautizar sino a predicar la Buena Noticia, y no con palabras ingeniosas, por temor a que la cruz de Cristo perdiera su poder.” 1 Corintios 1:17 (NTV)

Un Pastor dijo al respecto: “…si fuera Cristo el que estuviese siendo anunciado desde las grandes plataformas digitales, televisivas, radiales y congregaciones del mundo. Si el por ciento mayor de mensajes que se predican hoy en todo el mundo tuviesen la cruz de Cristo como su centro, entonces no estaríamos en el peor tiempo de la apostasía final profetizada en las sagradas Escrituras… Pero debido a la cercanía de la venida del Señor y al contexto anunciado en que ocurrirá ese evento glorioso, la cruz de Cristo no es el mensaje más popular de nuestros días.”

El Maestro es y fue la solución a todo ¿Podrías contar qué hizo Él por ti? Además, ¿Estás compartiendo con otros acerca de Jesús?

 

 

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¿Libre o prisionero?

“Jesús contestó: —Les digo la verdad, todo el que comete pecado es esclavo del pecado. Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes son verdaderamente libres” Juan 8:34 y 36 (NTV)

Caer en el pecado es como caer en una prisión que poco a poco te irá arrebatando la salud y la esperanza de vida. Sabemos que el enemigo vendrá a acusarnos por lo que hemos hecho, pero es necesario saber que tenemos un poderoso libertador que es Jesús. Él puede sacarnos de esa prisión de pecado y darnos una nueva oportunidad. No te acostumbres ni te resignes a seguir en esa prisión. Hoy puedes ser libre, solo depende de tu decisión porque la gracia de Dios está disponible para ti.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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