David Archives | CVCLAVOZ

All posts in “David”

Un ejemplo de esperar en Dios

Aproximadamente a sus diecisiete años David fue ungido para ser rey de Israel (1 Samuel 16). No obstante tuvieron que pasar al menos trece años hasta que la palabra que recibió diera fruto y fuera nombrado primeramente rey de Judá, y siete años después rey de todo el pueblo de Dios (2 Samuel 5:4-5).

Durante ese tiempo de espera, David pasó por muchas calamidades debido a la persecución que sufrió por el odio y la envidia que le tenía Saúl, rey de Israel en ese entonces. Todo ese tiempo fue marcado con angustia, temor e incertidumbre, tal como lo podemos ver en varios Salmos que él mismo escribió.

Por ejemplo el Salmos 143:3-4 dice: “Porque ha perseguido el enemigo mi alma; Ha postrado en tierra mi vida; Me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos. Y mi espíritu se angustió dentro de mí.” Versión Reina-Valera 1960

David sufrió mucho, pero es interesante notar que nunca hubo una ocasión en la que él haya querido ocupar prepotentemente el trono de Israel y en ningún momento decidió forzar su ascenso al poder e incluso hubo dos ocasiones en las que pudo matar a Saúl, pero no lo hizo, 1 Samuel 24 y 1 Samuel 26.

Esta es una prueba más en la que podemos ver claramente a David como un hombre que entendía el concepto de esperar en Dios y respetar Su tiempo. Aunque hubo motivos poderosos para forzar su búsqueda de justicia debido a su destreza militar y sobre todo porque existía una promesa de Dios en su vida, nunca buscó imponer su propia voluntad.

Salmos 52:9 dice: “Oh Dios, siempre te daré gracias por lo que has hecho; esperaré en ti delante de tus fieles, porque eres bueno.” Versión Dios Habla Hoy

¿Te sientes abrumado por alguna circunstancia de la vida en la que parece que no puedes hacer nada? Toma el ejemplo de David que siempre buscó permanecer cerca de Dios y obedecer sus mandamientos. Al final, Él siempre tiene la última palabra.

Jeremías 29:11 dice: “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” Versión Dios Habla Hoy

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Protege tus ojos

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”  1 Juan 2:16. (RVR1960)

Eva vio que el árbol era hermoso y su fruto delicioso. Así que tomó del fruto y lo comió (Génesis 3:4-7). Dios estaba dispuesto salvar a toda la familia de Lot, pero su esposa miró hacia atrás desobedeciendo el mandato y quedó convertida en una estatua de sal (Génesis 19:17,26). David, mientras miraba hacia la ciudad, vio a una mujer hermosa que estaba bañándose y mandó a traerla para acostarse con ella (2 Samuel 11). La esposa de Potifar puso sus ojos en José y no dejó de acosarlo. (Génesis 39:7).

Cada una de estas personas nos enseña que mirar algo que está prohibido trae grandes problemas, consecuencias y sufrimientos en la vida de uno mismo y su entorno familiar.

En realidad, todo lo que dejamos que entre por nuestros ojos tiene un impacto enorme en nuestra mente y nuestro corazón, ya sea para bien o para mal. “Tu ojo es una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es malo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad…” Mateo 6: 22-23 (NTV)

La Biblia nos habla de lo importante que es cuidar nuestros ojos porque si nos permitimos ver cosas que no nos edifican, nuestro cuerpo estará lleno de tinieblas y entonces nuestras decisiones y acciones serán equivocadas.

Mi pregunta es: ¿Qué haces cuando tienes en frente algo que no te edifica? ¿Aún ves cosas que sólo alimentan tus deseos carnales? ¿Te has preguntado por qué a veces no puedes dejar de pensar en lo malo? La respuesta es sencilla, tu actitud y comportamiento son el resultado de todo lo que permites entrar a tu vida. “si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad…”

La palabra de Dios nos aconseja que debemos alimentar el espíritu y no la carne para estar en victoria (Gálatas 5:16. Mateo 4:4. 1 Pedro 2:2). Cuando alimentas la carne por medio de tus ojos, te conviertes en una persona indefensa espiritualmente y eres presa fácil para creer en las mentiras de satanás. Lo prohibido pasará a ser algo agradable y terminarás envolviéndote en el pecado que puede marcar tu vida para siempre.

Si estás consciente de las cosas que no te ayudan en tu vida espiritual y sólo estorban tu relación con Dios, toma una decisión y aparta tu mirada de ello. Más bien, vístete con la presencia del Señor Jesucristo y mantén tu mirada en Él.

“No pondré delante de mis ojos cosa injusta…” Salmo 101:3 (RVR1960)

Oremos:

“Padre que estás en los cielos, me acerco a tu presencia con un corazón contrito y humillado, arrepentido de haber pecado contra ti. Reconozco que he visto cosas que no me edifican y que sólo han traído problemas a mi vida. Hoy decido hacer lo bueno delante de tus ojos y cumplir tus enseñanzas escritas en tu palabra. Quiero ser una persona temerosa y que dé testimonio de tu amor con mi actitud. En el nombre de Jesús. Amén”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Caíste? ¡Levántate!

El rey David a pesar de ser un hombre elegido por Dios para gobernar Israel, cayó en pecado y le falló a Dios.

El discípulo Pedro, estuvo junto a Jesús durante el desarrollo de su ministerio, pero llegó a negarlo y lo desconoció.

¿Le has fallado a Dios?

Como hijos de Dios somos el blanco perfecto para el enemigo y cuando logra su objetivo destruye la comunión con el Padre, el testimonio personal y todo lo que hemos trabajado en nuestra vida de creyente.

Hoy muchas personas viven apartadas de Dios, de la fe y de la iglesia porque el enemigo destruyó sus vidas y tomaron la decisión de no volver a ponerse de pie.

“Esto responde el Señor: —Si regresas a mí te restauraré para que puedas continuar sirviéndome. (…)” Jeremías 15:19 (NTV).

Dios, a través de su hijo en esa cruz, abrió la puerta para que el caído pueda volver, si es tu caso entonces es tiempo de levantarte:

Reconoce tu error, así como el rey David lo hizo, “Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí” Salmos 51:3

Acepta la compasión de Dios y perdónate a ti mismo, “Purifícame de mis pecados, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve” Salmos 51:7

Tanto Pedro como David le fallaron a Dios pero experimentaron el perdón y volvieron a servir y cumplieron su propósito de vida en la tierra.

No vivas con culpa y en medio de la vergüenza, LEVÁNTATE y corre a la cruz porqué allí es donde serás limpiado y restaurado.

¡Oh Señor, eres tan bueno, estás tan dispuesto a perdonar, tan lleno de amor inagotable para los que piden tu ayuda!” Salmos 86:5 (NTV)

Por Judith Quisbert

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No apartes tu rostro de mí

Cuando David escribió este salmo, todo aparentaba estar bajo control. Los filisteos, sus persistentes enemigos no representaban una amenaza, al menos para este tiempo y hasta Absalón, el hijo que se le había revelado, ya había muerto.  David sentía que todo marchaba bien, lo cual lo llevó a afirmar: “En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido” (Salmo 30:6). Y sentía el respaldo de Dios en su vida y en todo lo que emprendiera; “Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte.” (V. 7). Sin embargo pareciera esbozar un sentimiento de insatisfacción que nos muestra que no do era color de rosa en su vida: David dice: “Escondiste tu rostro fui turbado” (v.7). Aquí vemos como David pese a disfrutar de paz y prosperidad no podía estar plenamente feliz debido a que Dios escondió su rostro de Él y esto evidentemente lo tenía mal. Creo que en esto podemos ver algo de ese corazón conforme al corazón de Dios del que nos habla la Biblia. David quería agradar al Señor con toda su vida y para él esto era tan importante que nada de lo que tenía o había conseguido tenía sentido si Dios apartaba su rostro de él.

Pero, ¿Cuál habrá sido la causa por la que Dios apartó su rostro?. Quizás David se enamoró de la prosperidad y de ese tiempo de calma y bienestar pudiendo haber quitado el enfoque en Dios para ponerlo en las riquezas. O también es posible que, por sus muchas ocupaciones o simplemente por relajarse ante un entorno que en ese momento le era favorable, haya descuidado su relación con Dios y ya no lo buscaba tanto como antes. De todas maneras, David, pese a tenerlo todo se encontraba turbado y en esto nos da un verdadero ejemplo de un siervo de Dios. Entonces clamó y suplicó a Jehová (V. 8) pidiendo misericordia (v. 10). Entonces Dios cambia su lamento en baile, quita su aflicción y le devuelve el gozo por eso David quiere agradecer a Dios por todas sus maravillas, alabarle y darle gloria, por siempre.

A menudo nos pasa, que en los tiempos en que todo parece tranquilo y los problemas que nos acosaban pasan a ser simplemente un mal recuerdo, nos relajamos pensando que nos podremos quedar en ese estado para siempre. Nos sentimos bien, disfrutando de la última victoria en el Señor, pero quizás corremos el riesgo de enamorarnos de ella y sacar la mirada del dador de la bendición. Entonces muy pronto desaparece ese fervor que caracterizaba nuestras oraciones cuando estábamos en medio de problemas y todo se va haciendo más superficial. Pareciera que el mismo David experimentó esta clase de dificultades. Aunque todo parecía estar bien, seguramente él sentía que algo faltaba lo cual no le permitía disfrutar plenamente. Entonces clamó a Dios por su misericordia y Él le restauró el gozo.

Si tu vida espiritual se ha vuelto rutinaria, si te encuentras pasando esos momentos donde como respuesta a tus oraciones solo encuentras el silencio de Dios, clama una vez más como lo hizo David y con todo tu corazón para que seas completamente restaurado.

Por Daniel Zangaro

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

5 pasos para superar los errores

La historia del rey David en la Biblia es un gran ejemplo de humildad, valentía, fe y amor. No obstante, hay un episodio en su vida en donde él cometió un pecado que marcó por completo su existencia y la de su pueblo (2 Samuel 11 y 12). En esa ocasión David mandó a asesinar al esposo de una mujer con quien había tenido relaciones sexuales. Ante este hecho Dios le envió a un profeta para anunciarle que su pecado tendría como consecuencia la muerte de su hijo. Cuando el niño nació, cayó gravemente enfermo y David se vistió de luto para ayunar y rogar a Dios por su sanidad. Sin embargo, el bebé murió tal y como lo había anunciado el profeta; y cuando David se enteró, se levantó y volvió a su vida cotidiana. De todo este suceso, David escribió el Salmos 51, el cual denota su profundo y sincero arrepentimiento hacia Dios. Y nosotros ¿qué podemos aprender de esto?

Todos tenemos momentos difíciles en la vida y algunas circunstancias parecen más complejas que otras; pese este hecho no podemos rendirnos tan fácilmente sino más bien, seguir adelante. Al examinar la historia de David, podemos extraer los siguientes pasos:

Paso 1: Arrepentirse.

Reconocer nuestras debilidades y faltas no nos hacen ser menos, pues en realidad sólo los valientes pueden admitir que se han equivocado. Sin embargo, no basta solo con sentirse apenado, también hay que estar dispuestos a pedir perdón y enmendar los daños causados a otras personas y a uno mismo.

Paso 2: Asumir las consecuencias.

Las consecuencias son obligatorias y nadie puede escapar de ellas, es por eso que debemos asumirlas con humildad y no quejarnos de ellas. Después de todo, sólo son el efecto de algo que hemos causado.

Paso 3: Orar.

Las consecuencias pueden causar mucho dolor y aflicción, y éstas pueden ser un buen momento para acercarnos a Dios. Usa este tiempo para pedir por las vidas de las personas que han sido afectadas y también para que Dios te dé la paz para perdonarte a ti mismo.

Paso 4: Levantarse.

Nadie puede caminar si se queda recostado en el suelo. De la misma forma, no puedes avanzar si te quedas atrapado en tus errores. Así como hay tiempo de dolor, también lo hay de alegría; así que no detengas y continúa.

Paso 5: Conectarse con otros.

Relaciónate con personas que puedan ayudarte y a otros a los que puedas ayudar. El hombre es un ser sociable por naturaleza y no puede convivir sin la compañía de los demás. Por lo tanto, no te encierres y acércate a otros.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Recuperando lo que es mío

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Juan 10:10

Jesús se sacrificó en la cruz por cada uno de nosotros, para que seamos libres y felices. Es decir para que vivamos una vida abundante, por eso es necesario que nos preguntemos… ¿Estoy viviendo realmente la vida abundante que Dios preparó para mí? Si la respuesta es “No”, entonces, ¿dónde quedó el sacrificio que Jesús hizo por cada uno de nosotros?

“Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos. Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.” 1 Samuel 30:3-4

“Las dos mujeres de David, Ahinoam Jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran cautivas. Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios.” 1 Samuel 30: 3-6

David, también sufrió un terrible robo por parte de su enemigo, cuando volvía a su casa junto con sus hombres.  Después de una gran victoria, tuvo una terrible decepción al ver todo lo que había pasado. El enemigo había destruido sus hogares, robando todo y dejando a su gente en extrema pobreza. Es interesante analizar los nombres de estas dos mujeres que fueron llevadas cautivas: Abigail significa “fuente de alegría” y Ahinoam  “gracia y belleza” ¡El enemigo también se había robado la alegría y la gracia de David!

“Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos.” 1 Samuel 30:8

La decepción hizo que todo el pueblo reaccionara con amargura, y de manera equivocada, en cambio David a pesar de esto, no fue a luchar con sus propias fuerzas. El sabía que necesitaba de Dios, lo buscó y Él le aseguró la victoria, ¡Por que donde esta Dios hay libertad! No pienso que estoy le haya resultado fácil, pues es duro levantarse de la amargura y peor aún de una decepción, pero tenía que hacerlo si quería ver resultados…

 “Y no les faltó cosa alguna, chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado; todo lo recuperó David.” 1 Samuel 30:19

¡Al final David recuperó todo! Puede ser que el enemigo no te haya robado algo material precisamente, sino, la paz, la libertad, la felicidad, él no desea que vivas, ni creas lo que Cristo hizo por ti en la cruz, por eso, es  importante que no te des por vencido. El enemigo ha venido para destruirte, pero Jesús vino a cambiar las cosas. Si sientes que hay cosas que te han robado, llámese paz, finanzas, matrimonio, familia, buen nombre, te animo a apoyarte en Dios, confiar en El para que al igual que David puedas recuperar lo que es tuyo.

¡Solo Dios es capaz de dar fuerza en donde no queda ninguna cuando creemos en él!

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

A él también le pasaba

¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?  ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío. Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; Para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara. Salmo 13: 1-4.

La Biblia nos dice que David tenía un corazón conforme al corazón de Dios, sabemos del respaldo de Dios en su vida. Cuando David era un humilde y fiel pastor de ovejas las defendía aunque tuviera que arriesgar su vida peleando contra todo lo que venía a amenazar la seguridad de sus ovejas. Lo mismo le resultaba un oso que un león sabía que Dios estaba con él y por lo tanto no había quien pudiera vencerlo.

También leemos como Dios le dio victoria frente a Goliat, el filisteo que tenía aterrado al pueblo de Israel, sin embargo David derribó al gigante diciendo: “Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado” 1 Samuel 17:45.

Tantas fueron sus victorias, que llegaron a despertar los celos del Rey Saúl, ya que el pueblo cantaba “Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles”.1 Samuel 18:7

Este mismo David fue el autor de este salmo y no es mi intención enfatizar en la falta de fe de este valiente guerrero, ni su supuesta ingratitud y mala memoria de las hazañas que había realizado en el poder de Dios, por el contrario, esto me demuestra el lado humano de David, quizás sus áreas débiles, que pese a ser ese impresionante personaje bíblico con un corazón conforme al de Dios, aun así tenía sus días bajos. Quizás temporadas enteras en las que se sentía como se desprende de este salmo, olvidado por Dios.

En términos más simples, si esto también le pasaba a David, tú y yo también califiquemos para que a través de nosotros se pueda manifestar el poder de Dios.

¿Sientes que tus oraciones no llegan a Dios? ¿Te sientes olvidado por Él? ¿Piensas que escucha más a otros que a ti?

Pero antes de terminar el salmo, aparece el David que todos conocemos y dice:

“Más yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien.” (Salmo 13:5-6).

Si hoy te encuentras como David cuando escribió este salmo, te animo a que hagas como él, que confíes en la misericordia de Dios y te alegres porque si creíste en Él, tienes salvación. Aún antes que veas la victoria, declara también en tu vida, cantaré, alabaré a Jehová porque Él ha sido, es y será bueno para mí.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Artillería pesada

1 Samuel 17, relata la épica batalla entre David y Goliat. Aunque la referencia más común que se hace sobre esta historia es la del pequeño muchacho logrando la proeza de vencer a un gigante, la realidad es que tal afirmación podría ser desatinada.

Para empezar, Goliat era un hombre gigante que medía cerca de 3 metros, llevaba una armadura tremendamente pesada, una lanza, un escudo, una espada e iba acompañado por un escudero. Estos datos nos dicen que este guerrero era parte de la tropa de infantería, cuya cualidad principal era la lucha cuerpo a cuerpo.

En ese entonces había una tradición: el mejor guerrero de un ejército salía a retar a otro guerrero del ejército rival con la finalidad de medir fuerzas. Eso es precisamente lo que pasó en el valle de Ela, pero como sabemos, ningún hombre del ejército de Israel se atrevía a enfrentarlo. El Filisteo había terminado intimidando a todos por su altura, su brillante armadura y por sus palabras.

En ese momento apareció David: un muchachito que se dedicaba a cuidar las ovejas de su padre. Al oír las amenazas del gigante se ofreció a sí mismo como voluntario para pelear contra el gigante y, aunque al principio hubo resistencia, al final fue enviado.

Aparentemente parecía estar en desventaja, pero no era así. Aunque no tenía la altura, la armadura o la espada de Goliat, David tenía una honda que en ese entonces era un arma tremendamente devastadora. Hoy en día sabemos que un profesional en el uso de este artefacto de cuero puede llegar a derribar un ave en pleno vuelo, ya que la velocidad a la que puede llegar una piedra lanzada es de 35 metros por segundo, semejante al disparo de una pistola calibre 45.

Cuando David tomó la honda en sus manos, se convirtió automáticamente en un miembro de la tropa de la artillería pesada, cuya cualidad es el uso de armamento pesado para la lucha a larga distancia.

Goliat era de la Infantería (lucha cuerpo a cuerpo) y David era de la artillería pesada (lucha a distancia). El pequeño pastor no necesitaba acercarse demasiado para girar su honda sobre su cabeza por unos cuantos segundos y disparar una piedra para herir de muerte al gigante. Considerando la velocidad a la que salió volando el proyectil, el Filisteo no tuvo tiempo para esquivar el impacto. Por si eso no fuera poco, David peleaba en el Nombre de Jehová.

“Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” 1 Samuel 17:45 Versión Reina-Valera 1960

Basándonos en estos datos, ¿Quién tenía la ventaja real en esta lucha? Sin duda alguna podemos decir que David.

Dios ya había entrenado hace mucho tiempo atrás a ese pequeño pastorcito y no tenía que intervenir demasiado en esa batalla. Él ya había preparado un paladín que haga respetar Su Nombre y el de su ejército.

Recuerda que los gigantes no son lo que parece: su brillante armadura y sus enormes armas, no son nada si buscamos otra alternativa de lucha y sobre todo, si peleamos respaldados por Dios.

“Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.” 1 Samuel 17:46 versión Reina-Valera 1960

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Alguien te ha comparado?

Hace mucho tiempo me contaron la historia de un hombre en la India, quien solamente podía asistir a una iglesia que se encontraba a muchos kilómetros de distancia de donde vivía, porque era la única y, como  no había  transporte en su pueblo, todos los domingos desde la madrugada empezaban a caminar con su familia rumbo a la iglesia. En su hombro  cargaba una barca para poder cruzar un gran río y, finalmente,  llegar a su destino  después de seis horas de esfuerzo.

El pastor del lugar los esperaba entusiasmado, y después de dos horas  de alabar a Dios, cuando debían partir de retorno a sus hogares,  este hombre lloraba y decía: “yo no me quiero ir, he venido de tan lejos por aprender ¡Por favor! hagamos una vigilia” Y fue así como en ese lugar las vigilias se hicieron conocer y las personas llegaban desde lejos para quedarse a honrar a Dios.

“Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel, y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos.”  1 Reyes 14:7-8

Te comparto esta historia  porque un día el Señor nos va a confrontar como lo hizo con el rey Jeroboam. Dios lo compara con David y le hace un reclamo, Él le dio muchos beneficios pero el rey no le correspondió.

Reflexionemos, si Dios nos llegara a comparar con este humilde hombre de la historia ¿cómo quedaríamos? ¿Imaginas cuán duro sería si en este momento se presenta Dios y te dice: “Yo salve tu vida, te levante del polvo y te di un valor incalculable, pero tú no has sido como este varón que ha amado mi palabra, que se ha sacrificado por mí de todo su corazón y solamente ha procurado alabarme”?

En varios aspectos podemos darnos cuenta del amor que esta persona tenía por el Señor: llegar a la iglesia de un lugar tan lejano ¿Cuántos han dejado de asistir por la distancia?; él quería quedarse a aprender más, pero ¿Cuántos se fijan constantemente la hora esperando que la reunión termine?; para pasar el río llevando en sus hombros el peso de su barca durante su caminata, seguramente llegaba cansado pero con entusiasmo de alabar a Dios ¿Cuántos ni siquiera aplauden o cantan al Señor supuestamente porque están cansados?

Si reflexionas acerca de esas preguntas  y crees que te sentirías pequeño a lado del hombre de la historia, tienes que saber que no es tarde para cambiar. Es tiempo de corresponder ese amor tan grande que el Señor te dio, porque Dios hizo mucho, la pregunta es ¿qué estamos haciendo nosotros?

¡Ama al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, mente y con todas tus fuerzas!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Si te preguntaste ¿Por qué darle gracias?

La mayoría de las  personas se acerca al trono de Dios cuando tiene un pedido especial para hacerle, pero son pocos los  momentos de nuestra vida que disponemos de un tiempo importante para darle gracias.

Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre.

Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias. Salmos 103:1-4

David era un hombre agradecido, él se decía así mismo: “Bendice, alma mía, a Jehová” Bendecir a Dios hace referencia a “Alabar, exaltar para expresar gran satisfacción y felicidad por su presencia”.

Posiblemente habían momentos en los que olvidaba darle gracias a Dios, pero él se ordenaba así mismo y decía “alma no te olvides lo que Él te ha dado, Él es quien perdona todas tus maldades, el que sana todos tus heridas y calma tus dolores, el que te rescata del hoyo donde te has metido y todavía el que te luce de favores y sus misericordias” ¡Cómo no dar gracias!

El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; Y en tu salvación !cómo se goza! Salmos 21:1

David no estaba agradeciendo por su fama, riqueza y poder, aunque seguramente también lo hizo, pero su principal motivo de gratitud,  por el cual llenó el libro de salmos, fue por su salvación y la obra que Dios hizo en su vida.

No está mal agradecer a Dios por un buen trabajo, una casa, salud, por nuestra familia; lo malo es que ese sea el motivo por el cual buscamos a Dios; entonces, cuando estas cosas nos llegan a faltar nuestro corazón se amarga y dejamos de adorar y darle gracias. No ser agradecido implica que tenemos en poco el sacrificio de Cristo, que nos importa muy poco el precio que Jesús pagó para salvarnos y que en realidad demostramos cuán poco le amamos.

¿Cuándo ha sido la última vez que te has acercado a Él solamente a darle gracias? Es una buena oportunidad para agradecerle por lo satisfecho y feliz que te sientes al haberlo conocido, alabarlo y adorarlo porque un día bajó de su trono, se quitó su corona para ir a una cruz, siendo humillado y degradado para pagar el precio de nuestra libertad. Por lo que hizo y sigue haciendo por ti hasta el día de hoy.

¡Hoy es el mejor día para dar gracias a Dios!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Quiero concederte un deseo!

En una ocasión cuando iba de compras con mi mamá me gustó mucho un abrigo, como era costoso, solamente suspire y dije “que hermoso” pasando de largo. Después de un mes llegó mi cumpleaños y ¡Mi mamá me regaló el abrigo! Ella lo compró al día siguiente de escuchar mi deseo y lo guardó para el día indicado. Este recuerdo lo tengo en mi corazón siempre y se asemeja a un episodio que le tocó vivir a David.

David entonces estaba en el lugar fuerte, y la guarnición de los filisteos estaba en Belén. Y David tuvo un gran deseo y dijo: ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!

Entonces los tres valientes irrumpieron en el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta, se la llevaron, y la trajeron a David; pero él no la quiso beber, sino que la derramó ante Jehová, y dijo: Lejos esté de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿No es esto como la sangre de los hombres que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto. 2 Samuel 23:13-17

Se encontraban en tiempo de guerra, sus enemigos habían tomado Belén y David tiene un deseo. No fue una orden, simplemente un profundo deseo exhalado desde el fondo de su ser: “Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!” Ese suspiro fue suficiente para que esos tres valientes se pusieran en marcha ¡qué emoción la de David al recibirlo! tal fue su impacto que no tomó una sola gota porque no se sentía digno, sino que lo ofreció a Dios.

La lealtad y amor que tenían por David los llevó a ir más allá de obedecer, sino de cumplir los deseos de su Rey. Esto me hace pensar que lo mismo debería suceder en mí con relación a los deseos de Dios.

Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. Efesios 4:13-15

Todos los padres desean observar el crecimiento de sus hijos y se enorgullecen al hacerlo, cuánto más nuestro padre Dios en nuestro crecimiento espiritual. El Señor desea que busques ser como Cristo y no un niño. Es decir, que defiendas su palabra como Jesús lo hacía, que tengas comunión con Él, que la gente te conozca como un hombre maduro y de buen testimonio.

Ahora que conoces el deseo del Señor ¡es decisión tuya ir tras el! No importa si es una orden o no, si amas a Dios ¡esfuérzate! ¡Estudia la palabra, ora, congrégate, enséñala y pide que Él cambie tu vida! No importa lo que arriesgues, si tienes que dormir menos o renunciar a algo. Lo que importa es usar tu vida sin reserva por amor y lealtad.

¡Esfuérzate para cumplir el deseo del Rey!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Send this to a friend