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¿Quieres ver agua en el desierto?

A veces, el problema que está delante de nosotros es tan grande que nos impide visualizar la solución con los ojos de la fe, así como a una persona sedienta le resulta difícil asimilar un oasis en medio de un desierto.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” Hebreos 11:11 (RVR 1960).

Abraham recibió una promesa de parte del Señor, y esta era que su esposa iba concebir un hijo siendo una mujer mayor de edad o como la Biblia dice: “fuera del tiempo de la edad”. Seguramente, para los que lo rodeaban era complicado creer en el cumplimiento de esta promesa, y quizá hasta se burlaban de ellos, pero la fe que tenían les dio fuerza para recibir lo que esperaban.

Recuerda que: ¡Nada es imposible para Dios!

“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.” 1 Samuel 1:10-11 (RVR 1960).

Otro milagro que ocurrió por la fe se relata en la historia Ana, quien deseaba con todo su corazón tener un hijo, y al final recibió lo que deseaba: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente…” Ana era una mujer que clamaba a Dios porque tenía fe, sabía quién era Él y lo que podía hacer.

¿Tienes un problema demasiado grande? Este tiempo no te apartes del Señor, ni te desanimes de orar y estudiar su palabra ¡Al contrarío! Te aliento a acercarte a Dios con fe, así como Sara o Ana, confiando en Dios y clamando por tu petición.

 ¿Necesitas un milagro? ¡Entonces ten fe en el Señor!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡De inmediato!

¿Cuántas veces “esperar” te ha desesperado?

Aunque se trate de realizar una actividad entretenida como ir al cine, al parque o a un concierto, nos desespera tener que esperar el ingreso porque queremos ser atendidos de inmediato. La realidad es que en diferentes sucesos de nuestra vida tendremos que aprender a ser pacientes, en especial si queremos recibir algo mayor.03

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” Hebreos 10:35-36 (RVR 19960)

Esperar demasiado desanima y a veces se pierde la esperanza, pero el Señor menciona que nuestra confianza tiene un gran premio; por lo que es necesario que seamos pacientes, haciendo la voluntad de Dios para conseguir la promesa.

Por muchos años he orado por la conversión de mi padre, siempre anhelaba verlo bautizarse de blanco y clamaba al Señor todo el tiempo por esta petición. Hace una semana pude festejar con mi familia su bautizo en agua. Esperar no fue fácil, a veces perdía las esperanzas, pero el Señor me ayudó a ser paciente para recibir su hermosa promesa.

“Mirad como el labrador espera el fruto precioso de la tierra siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía”. Santiago 5:7 (RVR 19960)

Si tienes una petición en tu corazón como: la salvación de tu familia, sanidad, ser libre de alguna dependencia u otros, debes ser como el labrador que espera el tiempo de la cosecha, después de haber trabajado tanto para sembrar los frutos. Recuerda que la paciencia tiene un gran premio, por tanto, no te desanimes.

¡No te desesperes! Recuerda que es necesario “esperar” antes de obtener lo que quieres.

 

 

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Revive tu sueño

“a los pobres les devuelve la esperanza…” Job 5:16 (TLA)

Ante las circunstancias duras de la vida, tales como problemas familiares, de salud o hasta de un país, uno pudiera llegar a sentir que ya no hay esperanza. Pero Dios en Su Palabra nos repite 365 veces “no temas”. Pudiéramos decir que hay un “no temas” para cada día del año. Por lo tanto y más allá de las duras circunstancias, abandona el temor, sigue luchando y recuerda que Dios tiene planes de bien para tu vida. Él puede convertir las dificultades en oportunidades para que obtengas una doble bendición. Solo cree, Dios tiene planes de bienes para tu vida y puede convertir las dificultades en oportunidad para una doble bendición.

Por Danitza Luna

 

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¿A punto de desmayar?

Nunca es fácil perseverar cuando uno se encuentra en situaciones adversas, las emociones negativas surgen como el desánimo, la desesperanza, la tristeza, el miedo o la impotencia nos asaltan llevándonos a un aparente fracaso.

¿Cómo seguir de pie cuando no tienes fuerzas? Cuando no entiendes ¿por qué estás en ese escenario de dificultad? Salmos 84: 5-7 (RV1960) tiene la respuesta: “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, En cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente. Cuando la lluvia llena los estanques, Irán de poder en poder; Verán a Dios en Sion.”

Centrarse en que tenemos a alguien que es mucho más fuerte que nosotros y que se preocupa por nuestro bienestar es la mejor motivación que podemos tener. Si dejas que los principios divinos sean los que te guíen en cualquier situación que te encuentres, Dios fortalecerá tu corazón, te dará la fuerza que necesitas para enfrentar las dificultades de la vida y también la sabiduría para actuar.

Ten presente que la persona que enfoca toda su atención en qué dice la Palabra con respecto a su problema es la que está más preparada en superar las dificultades. Consideremos que todos tenemos problemas familiares ya sea en el matrimonio o con los hijos, ¿De qué manera actuamos? ¿Qué consejo seguimos?

Por eso quiero animarte a que no te desamines porque en Dios siempre hay una esperanza, busca la respuesta en el Señor y experimentarás paz y confianza.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto.” 2 Timoteo 3:16 (NTV)

 

 

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Quiero estar solo

Leticia precisaba comprar una silla de ruedas para su mamá, pero no disponía del dinero suficiente. El día que tenía que recibir su paga, el jefe de la empresa en la que trabajaba le descontó más de la mitad de su sueldo injustamente, pero ella no quería pedir ayuda, y menos que se enteraran de su problema.

Trató de conseguir otro empleo y sólo recibió malos tratos, hasta que un día se le agotaron las fuerzas, se sentó en una calle y se puso a llorar; justamente pasaba por ahí uno de sus primos y se acercó para consolarla. La sorpresa fue grande para Leticia al ver que al día siguiente se compró la silla, porque toda la familia e incluso amigos quisieron colaborar.

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Éxodo 17:11-12 (RVR1960)

Moisés debía permanecer con las manos en lo alto porque el pueblo del Señor se encontraba en una dura batalla, pero como humano él se cansaba y cada vez que bajaba sus manos el enemigo prevalecía. Es por este motivo que necesitaba el apoyo de Aarón y Hur quienes no permitieron que se rindiera.

A veces batallamos solos con los problemas y podemos desanimarnos en el camino, porque somos humanos, por esto mismo necesitamos que otros nos apoyen y ayuden a llevar el peso que tenemos. No sólo materialmente, sino en oración.

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:20 (RVR1960)

Muchas personas escriben y comentan que no asisten a una iglesia y escuchan prédicas por la televisión o internet, de hecho no es algo que este mal; sin embargo, resta importancia al propósito de congregarse en familia, el compañerismo y la comunión entre hermanos.

Si estás enfrentando una dificultad y todo este tiempo has estado peleando solo(a) te animo a pedir apoyo a tu familia, a tu iglesia, y si deseas puedes escribirnos, con gusto estaremos orando por tus necesidades. Pero no luches solo, porque Dios permitió que formes parte de una gran familia.

 
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¡Nunca te abandonaré!

Hay ocasiones en nuestras vidas en las  que no sabemos cómo continuar el camino que alguien más ya lo empezó, tal vez por alguna razón esa persona ya no está y creemos que el peso que llevaremos sobre nuestros hombros es demasiado para nosotros y nos sentimos incapaces de tomar la batuta que nos han pasado.

¿Te ha tocado vivirlo? También a Josué, hijo de Nun a quien Dios eligió para asumir ese reto tras la muerte de Moisés, quien fue un gran líder utilizado por el Señor, a través de él Dios abrió el mar rojo, brotó agua de la peña y pasaron cosas extraordinarias. Por supuesto que no era fácil liderar a un pueblo infiel que con mucha frecuencia olvidaba las maravillas de su Señor hacía por ellos, pero lo logró.

Ahora era turno de Josué, quien por años permaneció junto a Moisés, observándolo de cerca.

Imagino que Josué se sentía atemorizado ya que todo el peso de la responsabilidad caía sobre sus hombros, por supuesto que era imposible reemplazar a un hombre como Moisés y hacer las cosas que él hizo. Solamente pensar que tenía que combatir pueblos de gigantes y tener que invadir ciudades amuralladas eran razones suficientes para sentirse intranquilo y tal vez retroceder para no seguir; de hecho, cualquiera de nosotros en su lugar lo haría. Por ello, en medio de toda inseguridad y temor es que Dios se presenta ante Josué para darle estas palabras de aliento:

 “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué 1:9

En todo el capítulo Dios le dice a Josué tres veces “Esfuérzate y sé valiente”, en otras palabras: saca fuerzas de donde no tienes para dar lo mejor de ti y “No te desanimes, que yo estaré contigo”.

Así como Dios le dijo a Josué, te lo dice a ti que tienes que emprender algo nuevo en tu vida o asumir una responsabilidad mayor a la que tenías antes.

Josué encontró fuerzas, valentía y ánimo para realizar la labor que Dios le encomendó, al saber que Él estaría de su lado donde quiera que fuera.

Si sabemos que el ser más poderoso y maravilloso de todos está con nosotros ¿De quién temeremos? ¿Por qué nos rendiremos? ¿Por qué habríamos de desanimarnos?

Recuerda: “Nunca estarás solo, Dios estará contigo donde quiera que vayas”.

Por Ruth Mamani.

 

 

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Sigue orando por tu familia

Recuerdo que cuando era niño, después de haberse perdido todo el día mi papá llegaba por la noche a casa en completo estado de ebriedad e iniciaba una noche de llanto y dolor.

Se mostraba descontento con la comida que mamá le daba, para luego pasar a las palabras groseras que destruían su interior y por último llegaba a los golpes que le dejaban marcas profundas en su cuerpo.

En ese momento era incapaz de poder ayudar a mamá, pero en mi interior crecía un odio hacia mi padre, tenía deseos de agarrarlo a golpes y matarlo. Quería hacer muchas cosas para vengarme, pero por mi corta edad no podía pues seguro saldría yo más lastimado que él.

Estas escenas se dieron por varios años en mi familia, y cuando alcance los 15 años las cosas cambiaron un poco, porque ya no era el mismo niño que solo miraba cómo golpeaban a su mamá, a esa edad enfrentaba y amenazaba a mi padre, pero lo que hacía no lograba cambiar la situación siempre era lo mismo, creí que con mostrar esa actitud mi papá tendría temor de mí y dejaría de golpear a mamá, pero no fue así.

Pasaron los años y lo único que había en mí era un gran odio, rencor, remordimiento, deseos de golpearlo y hacerle pagar todo el daño que mi papá había causado. Pero por la gracia de Dios y por lo que hizo en mí hoy estoy escribiendo este devocional y puedo decir que Dios es real.

Era un domingo cuando me invitaron a la iglesia, y al entrar en ella me sorprendí por la forma en la que todos se saludaban y el trato que daban, era un ambiente muy diferente a lo que yo estaba acostumbrado, por supuesto, para mí eso era algo raro, nuevo y diferente.

Después de asistir varios cultos de Jóvenes y haber ya aceptado a Jesús en mi corazón. El Señor me dio esta promesa: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Hechos 16:31

Agarrado de esa promesa empecé a luchar por mi familia doblando rodillas. Al principio era complicado porque era el primer cristiano de una familia desintegrada. Fueron dos largos años y algunos meses aproximadamente desde que empecé a luchar por mi familia, y mi hermano mayor se acercó a Jesús, de un momento a otro mi mamá comenzó a ir a la iglesia, ahora va mi hermanita, sólo faltan mi papá y mi hermana mayor para que toda la familia esté rendida a Dios.

Claro que no fue fácil llegar hasta aquí, tuve desánimos, sentía el cansancio, quería renunciar y dejarlo todo, porque a veces las cosas empeoraban en casa.  Pero nunca dejé de creer en el poder de Dios.

Durante este tiempo que conozco a Dios no sólo vi Su poder para cambiar vidas, familias, situaciones, problemas, sino también su misericordia cuando le fallas.

Quizá esta historia o alguna parte de mi vida te identifican. Tal vez tienes una familia en la que reina el dolor o algún miembro de tu familia aún no conoce a Cristo. Hoy te invito a que tomes tu Biblia  y medites  en Hechos 16:30-31 y sobre esa promesa empieces a luchar por tu familia.

Si ya estás orando desde hace años por tu hogar y aún no hay respuesta, no te rindas. Dios es fiel a su palabra y siempre responde. Permanece en oración y esperas con fe, Dios hará que lo imposible se haga realidad. “Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple.”  Números 23:19 (DHH)

Si has perdido las esperanzas y has dejado de orar por tu familia, hoy es un buen día para empezar a confiar en Él. Su misericordia sigue intacta y su poder sigue cambiando vidas.

 

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Todo tiene su precio

Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Génesis 22:1-3

Cuando leemos este pasaje, seguramente nos suena muy fuerte, ¿cómo después de todo lo que esperó Abraham, Dios le pide su único hijo, el de la promesa y además teniendo en cuenta que Dios le había dicho que sería padre de multitudes? Pareciera no tener sentido, pero la fe de Abraham era tan grande, que creía que aún si sacrificaba a Isaac, Dios era poderoso para resucitarlo.

Dios tenía preparadas naciones para que salieran de la descendencia de Abraham, pero previamente hacía falta una prueba más, la de su fe, obediencia e integridad. ¿Sería capaz de entregar a su único hijo y ofrecerlo a Dios?

Muchas veces, estudiando la vida de determinadas personalidades, ya sean deportistas, o bien alguien dedicado al arte y que seguramente admiramos por su destreza, podemos ver el precio que han tenido que pagar, para alcanzar el lugar que hoy desempeñan. Conozco el caso de un futbolista, que tuvo varias lesiones de larga recuperación, una vez festejando un gol, se le cayó una pared encima por lo cual se fracturó su pierna, luego tuvo pérdidas de familiares muy queridos. Varias veces, el periodismo dio por terminada su carrera, pensando que la historia de su vida había concluido, pero siempre volvía a la actividad y seguía alcanzando logros cada vez mayores. ¿Cuantas veces habrá pensado en dejar todo? ¿Cuantos lo dieron por perdido? ¿Cuantos momentos de soledad y tristeza? sin embargo, cada vez que superaba una dificultad, eso significaba alcanzar un nuevo nivel y agregar una meta cumplida a su historia.

En el ámbito espiritual, también vemos siervos con ministerios exitosos, pero cuando nos adentramos en las profundidades de su historia personal, vemos cuantos momentos difíciles, de crítica, incomprensión, frustración, seguramente pensando en su interior en dejar todo, sin embargo, al lograr superar estos tiempos, pudieron alcanzar las promesas de Dios para su vida.

En el ámbito académico, vemos como algunos jóvenes, tienen que pasar “privaciones” en cuanto a salir o acostarse tarde, porque necesitan prepararse para sus exámenes. Luego se lo puede ver ejerciendo su profesión y hasta alguien irreverentemente puede decir “que suerte que tiene” pero obviamente no es cuestión de suerte, sino de precios que estuvo dispuesto a pagar. Precios de constancia, privaciones, determinación para lograr su meta.

Si hay cosas que te cuestan, o estás a punto de bajar los brazos, o quizás hasta te comparas con otros que a tus ojos son más exitosos que tú, recuerda que hay precios que pagar, al igual que Abraham, después de la prueba, viene un nuevo nivel de bendición que Dios te quiere dar. No temas en pagar el precio, porque grande es la recompensa.

Por Daniel Zangaro

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El silencio que no entiendo

“Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto.” – Salmo 83:1

El silencio, muchas veces suele descolocarnos. Seguramente te ha pasado de tener que compartir unos breves instantes con una persona extraña en un elevador y casi instantáneamente comienzas a sentirte incómodo ante la situación tensa que se genera. O tal vez en una reunión, de pronto se produce un silencio y los participantes comienzan a mirarse entre sí generando un clima de incomodidad. Que decir cuando nos toca mantener un diálogo con una persona que solo nos contesta con monosílabos y no parece muy interesada en en la conversación. Al cabo de un tiempo puede que nos sintamos descolocados y que nos formemos un concepto negativo de esa persona.

Pareciera que el silencio incomoda y molesta y hasta puede interpretarse como una señal de agresividad, ya que a veces se utiliza como un arma de castigo o de disciplina. Por ejemplo, el padre está enojado con su hijo entonces decide no hablarle por algunos días, le aplica un trato frío e indiferente a través del silencio. Cuando esto sucede en reuniones, como mencionaba anteriormente, hay personas que se sienten en la obligación de cubrir un silencio con una broma o repentinamente toman la palabra, como si esto fuera su responsabilidad. Aún en la oración, pareciera que aprendimos a asumir el silencio como algo negativo, ya que en muchos casos, nuestra oración consiste solo en hablar. Tenemos una larga lista de pedidos, agradecimientos y demás pero hay dificultad para quedarnos en silencio y escuchar la voz de Dios.

Es verdad que el silencio nos incomoda pero quizás el que mas nos descoloca es el de Dios. Muchas  veces la falta de respuesta nos llena de incertidumbre y nos lleva a preguntarnos: ¿será que estoy haciendo algo mal?, ¿o será que Dios está enojado conmigo? O simplemente pensamos con resignación: El ya no me escucha, entonces qué sentido tiene seguir orando.

En realidad, y aunque todos estos pensamientos son habituales, tenemos que pensar que el silencio de Dios, no siempre tiene que ver con enojos, ni con algo malo que hayamos hecho, ni tampoco con algo que dejamos de hacer. Muchas veces, solo nos está tratando de llevar a un nuevo nivel de búsqueda de su presencia. Suele suceder que con el correr de los años en la vida cristiana, la rutina, las presiones y las heridas van apagando el fuego. A veces el silencio de Dios nos lleva a que volvamos a buscar de El con la intensidad que lo hacíamos en otros tiempos. Seguramente hay un nuevo nivel donde te quiere llevar pero no puedes ir con lo mismo de ayer, necesitas estar preparado.

Te animo a que vuelvas a pensar en los silencios de Dios, no como algo negativo, no como  un trato indiferente de parte de El, sino como un proceso o una oportunidad en la cual se despierta un nuevo hambre espiritual en tu vida. Entonces la oración se renueva y finalmente recibes una promoción espiritual, un nuevo nivel donde El te quiere llevar. No luches, no te enojes, sube al próximo escalón.

Por Daniel Zangaro

 

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El Capitán Frío

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.” – Apocalipsis 2:4

Seguramente recuerdas, al igual que yo, a este curioso personaje que podíamos ver en la serie “Batman”. Se trataba de un villano malvado que tenía un insólito problema que le impedía vivir a temperaturas normales del ambiente. Por dicha razón debía mantenerse en un clima muy frío contando para esto con un traje especial que le permitía superar esta anomalía. Su arma de ataque era congelara sus enemigos, logrando de esta manera que otros se sientan tan fríos e infelices como él.

Pensando en esto y aunque se trata de una serie televisiva, vemos que las armas que atacan actualmente a un creyente no son demasiado diferentes. ¡Cuántas veces vemos personas entusiastas, en todas las áreas de la vida, tienen proyectos, sueñan, pero al tiempo algo los desanimó y los vemos postergando sus sueños y sin esperanza!

Tal es el caso de algunos jóvenes que comienzan una relación de noviazgo con mucho entusiasmo, se los ve muy bien y parecen muy enamorados, pero en algunos casos esto no se mantiene con el paso del tiempo. Entonces ya no se sienten como al principio y lo que antes veían como una característica simpática en el otro, ahora parece haberse transformado en un defecto que se vuelve insoportable. Cuando se les pregunta las razones de este cambio generalmente lo explican diciendo: “se enfrió el amor”.

También nos encontramos con otros, muy activos en la iglesia, que se anotan en cuanto proyecto existe, los vemos entusiastas, queriendo hacer cosas nuevas, bien involucrados, sin embargo un tiempo después parecen desanimados, dudando y sin ganas de seguir. En otros casos, la situación llega a tal punto que dejan de asistir a la iglesia, abandonando las actividades que hasta hace poco le apasionaban. ¿Qué pasó, por que cambiaron tanto? Es probable que los haya atacado el capitán frío, pero no el de Batman, sino el enemigo que tiene como arma predilecta enfriar la vida espiritual de muchos creyentes.

Una de los dificultades mas frecuentes con la que tenemos que batallar es las de evitar el enfriamiento espiritual. Un creyente puede enfriarse cuando:

– Pierde la fe por los golpes y circunstancias de la vida.

– Quiere seguir a Dios, pero al mismo tiempo continúa haciendo cosas que lo alejan de El.

– Comienzan a ver defectos en las autoridades y miembros de las iglesia, considerando que si lo escucharan a él las cosas irían mucho mejor.

– Critica, murmura, habla de todos y muchas veces sin la menor piedad.

– La oración dejó de ser una prioridad y la remplaza por otras cosas o actividades, que los distraen quitándole el tiempo de intimidad con Dios.

– Permite situaciones de pecado, las que antes eran claramente inaceptables.

–  Escucha a todos los que ya se han enfriado en busca de confirmación de que él está en lo correcto.

Entonces los escuchamos decir: ya no siento lo mismo que antes, no sé qué me pasa, buscan la culpa en otros, ponen excusas, piensan en cambiar de iglesia, aunque íntimamente reconocen cierta responsabilidad en su situación de enfriamiento espiritual.

Tal vez te sientas identificado con alguna de estas situaciones, si es así, y consideras que te has enfriado, la solución está al alcance de tu mano. Así como el hielo no soporta el calor, ya que comienza a derretirse, de igual forma, todo enfriamiento espiritual, deberá ceder cuando recuperes el fuego de tu relación con Dios. Quizás es tiempo de preguntarnos ¿cuando comenzó el enfriamiento? ¿Qué hacíamos antes cuando estábamos lleno de fe y entusiasmo? ¿qué actividades teníamos?, ¿cuáles eran nuestros amigos y cuales nuestras prioridades? De tal manera encontrarás los pasos que necesitas dar para recuperar el fuego y la pasión que te lleven a vivir la vida abundante que Dios tiene preparada para ti.

Por Daniel Zangaro

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Caminando por fe

“Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” Gálatas 3:11.

Vivimos en un mundo que cada día se nos presenta más inseguro, vemos con sorpresa como aun las estructuras mas sólidas y antiguas pueden derrumbarse de un momento a otro. Esto también aplica a los sistemas económicos, actualmente vemos que los modelos que durante décadas fueron muy efectivos, en la actualidad ya no ofrecen respuestas satisfactorias a las necesidades de la economía mundial. Lugares que parecían seguros, de pronto son atacados y puestos en riesgo ya sean por atentados o bien por la naturaleza misma que parece expresarse con furia a través de terremotos, huracanes y otras calamidades, lamentablemente cada vez mas frecuentes.

Todo este panorama pudiera llenarnos de temor, inseguridad y desaliento. Y si bien estas serían reacciones perfectamente comprensibles, la Biblia nos invita a vivir por fe. Esto implica no enfocarnos tanto en lo que vemos, sino en la convicción de lo que no vemos que es la definición bíblica de la fe. Contrariamente al pensamiento del mundo que parece afirmar el principio “ver para creer” el desafío de la fe es creer sin ver. Jesús le dijo a Tomás: “…Tú crees porque me has visto, benditos los que creen sin verme.” Juan 20:29 (NTV).

La realidad puede tornarse muy amenazante para nosotros, pero el desafío es pasar estos momentos difíciles, puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe. Quizás te sientes que no tienes mucha fe, pero es necesario saber que la misma viene por el oír la Palabra de Dios, por lo tanto es nuestra responsabilidad alimentarla cada día para que crezca. De tal manera llegaremos a tener esa fe que es capaz de conquistar, que no se maneja simplemente por lo que se puede ver, sino que como la define Hebreos 11:1 “… es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. A veces vemos la realidad y pensamos que no hay salida, ni siquiera imaginamos ninguna vía de solución, pero tal vez si fueran abiertos nuestros ojos espirituales, “los ojos de la fe”, podríamos ver caminos aún en el desierto.

Por lo tanto, te animo a que pidas al Señor en este momento que abra los ojos de la fe, para que puedas ver lo que El ve. De esta manera podremos ver cada circunstancia como una oportunidad para ver la grandeza de nuestra Dios obrando en nuestras vidas. Decídete a caminar por fe, abre tus ojos y mira mas allá del problema, sabiendo que Dios está contigo en todo momento.

 
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La pereza

“El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada”. Proverbios 13:4

Nada bueno puede salir de la pereza, ya sea en el plano físico o en el espiritual. Por algo la Biblia nos habla de tomar el ejemplo de las hormigas que trabajan todo el verano para tener suficiente alimento durante los duros meses del invierno.

El perezoso no suele hacer previsión es seguidor de la ley del menor esfuerzo, hace lo estrictamente necesario y lo más rápido posible para sacárselo de encima. No siente compromiso con lo que hace y como suele retrasarse con facilidad todo le resulta pesado y a veces termina haciendo las cosas de mala gana. La advertencia de la Palabra es que las consecuencias de la pereza son la escasez y la pobreza. En el mismo sentido, Benjamín Franklin afirmaba: “La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla.” Romanos 12:11 nos dice: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”.

La pereza espiritual no tiene consecuencias menores que la física, la falta de oración, lectura de la Palabra o el no asistir a una iglesia, indefectiblemente llevarán a un enfriamiento espiritual extremadamente peligroso. En estos casos la fe comienza a debilitarse y aunque aparentemente no pasa nada, el fuego se va perdiendo gradualmente.  A veces la persona continúa asistiendo a la iglesia, pero lo hace más por rutina o legalismo que por amor a Dios. Puede estar físicamente presente, haciendo lo mismo que en otros tiempos, sin embargo su corazón ya no está en las cosas de Dios.

La pereza también puede llevarnos a quedar a mitad de camino y no alcanzar a conquistar todo lo que Dios tiene previsto para nuestra vida. Él tiene planes de bien para nosotros, pero por más buenas intenciones, deseos y preparación que tengamos si somos perezosos para ir a conquistar, todo quedará en un sueño o en buenas intenciones.

Por todo esto, te animo a que si identificas síntomas de pereza tanto física como espiritual en tu vida, lleva esto delante de Dios, renuncia a ella y permite que El obre una transformación gloriosa en tu vida. Como hijos de Dios estamos llamados a ser diligentes y no perezosos.

Por Daniel Zangaro

 

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