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¿Cometiste infracción?

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él esta escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien” Josué 1:8 (RVR 1960).

Cuando uno empieza a estudiar la Biblia encuentra mandatos que Dios establece para que la obedezcamos, y esto como consecuencia nos trae bendición. Lamentablemente muchas veces preferimos desobedecer, cuestionamos su Palabra o nos justificamos con la finalidad de incumplir la orden que fue establecida.

Es doloroso cuando empezamos a notar las consecuencias de nuestros actos. La Biblia menciona la historia del profeta Jonás, un hombre muy conocido porque fue el único que fue tragado por un gran pez y padeció durante tres días en el vientre del mismo. ¿Cuál fue la causa para que le sucediera algo así? Dios le dio la instrucción de predicar el mensaje de salvación a la ciudad de Nínive y él se rehusó a hacerlo, por lo cual Jonás sufrió las consecuencias de su desobediencia las que también perjudicaron a otras personas inocentes. ¿Por qué padecer tanto dolor, si podemos evitarlo obedeciendo lo que Dios establece en su Palabra? Te invito a meditar en esta historia y reflexionar ¿En qué áreas de tu vida estas desobedeciendo a Dios? Él desea que te vaya bien y seas próspero en todo lo que hagas, pero para ello es necesario la obediencia.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Por Su misericordia

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.” Lamentaciones 3:22 (RVR1960).

Uno de los grandes atributos de Dios es Su misericordia, día a día podemos ver y disfrutar del cuidado que tiene por nosotros, sobre todo, cuando por nuestra desobediencia debemos ser corregidos. Tal fue el caso del pueblo de Judá que estaba sufriendo las consecuencias de su propia idolatría, al reconocer su error, se arrepintieron y consiguieron el perdón de Dios porque Sus misericordias son nuevas cada mañana.

Es debido al fiel amor de Dios que tenemos la oportunidad y el privilegio de acudir a Él, sabiendo que es por Su misericordia que no seremos desechados por nuestros errores.

Si debido a la desobediencia te has alejado de Dios, no creas que no tienes oportunidad de volver al Señor, sigue el ejemplo del autor de Lamentaciones y vuélvete a Él.

“Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.” Lamentaciones 3:23-24

Por Cesia Serna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

5 razones por las que tu hijo es desobediente

Uno de los problemas más comunes que enfrentan los padres es la rebeldía de sus hijos. La desobediencia se manifiesta de diversas maneras durante el crecimiento de los hijos. Para muchos progenitores, esta situación es frustrante. Muchos se preguntan en qué fallaron, qué hicieron mal para que sus hijos sean así. Si eres uno de esos padres, esta información te ayudará.

Estas son algunas razones por las que tu hijo es desobediente:

1. No le das un buen ejemplo

Cuando hay doble moral en el comportamiento de los padres, los hijos tienden a tomarlo como un permiso para desobedecer. Por ejemplo, se le dice no se debe gritar; pero luego el padre lo hace delante del hijo. No se le puede pedir algo que los mismos padres no están dispuestos a hacer. Los hijos escuchan las palabras, pero aprenden más del ejemplo que ven.

2. Tiene problemas que desconoces

Tus hijos pueden estar pasando por situaciones que desconoces y que son la causa de su comportamiento errático y rebelde. Esto se ha notado especialmente en casos en donde hubo abuso o trauma psicológico. También en niños que sufren de acoso en la escuela.

Para evitar que los hijos guarden secretos dolorosos, es mejor promover un ambiente de confianza y comunicación. Si la experiencia que vivieron es mala, es probable que no lo cuenten a nadie. Sin embargo, si hay apoyo y amor en el hogar, los hijos tendrán la fortaleza para decir lo que les ocurre.

3. Es demasiado consentido y mimado

Muchos hijos son tratados como los reyes del hogar. Los padres nunca les dicen ≪no≫. El problema que esto genera es que cuando los padres quieran ejercer su autoridad, no podrán hacerlo. Esto es porque el hijo tiene la idea de que sus padres deben hacer todo lo que él (o ella) dice. En su mente, los padres están bajo su mando y deben complacer sus caprichos.

Un niño pequeño que actúa como el jefe puede parecer gracioso y hasta tierno. El problema es que esta clase de crianza no lo prepara para el mundo real. Cuando crezca y sea adulto actuará de la misma manera con los demás y tendrá serios problemas en sus relaciones interpersonales.

4. Está estresado

Los hijos pueden ser desobedientes a causa del estrés que viven en casa. Las discusiones, peleas y tensiones entre padres, hermanos, etc. pueden ser la causa de su rebeldía. También puede deberse al estrés por una circunstancia externa que amenaza a su familia.

La desobediencia se manifiesta porque no saben manejar la situación y su frustración se muestra en su rebeldía. Para prevenir que esto ocurra, los padres deben ser asertivos en la enseñanza del manejo de emociones. Si los progenitores no saben manejar el estrés, los hijos tampoco sabrán.

5. No hay balance entre los premios y los castigos

Ningún extremo es bueno. No es saludable ser permisivo en todo y no poner límites. Pero tampoco es favorable controlar todo y no dejar que los hijos tengan libertad. Asimismo, tampoco es propicio que los castigos sean más grandes que las recompensas. O viceversa.

Si sus castigos son duros y no es recompensado por lo que hace bien, no se esforzará por hacer lo bueno. Por otra parte, si sus castigos son leves y sus premios son grandes, no le importará que lo castiguen. Un hijo saludable es criado con balance. Es así como aprenderá que todas sus decisiones tienen buenas o malas consecuencias.

«Hijos, obedezcan a sus padres. Ustedes son de Cristo, y eso es lo que les corresponde hacer. El primer mandamiento que va acompañado de una promesa es el siguiente: “Obedezcan y cuiden a su padre y a su madre. Así les irá bien, y podrán vivir muchos años en la tierra”. Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos. Más bien edúquenlos y denles enseñanzas cristianas.»

Efesios 6:1-4 (TLA)


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Obedientes como los recabitas

En el capítulo 35 del libro de Jeremías encontramos el relato de un grupo de israelitas descendientes de Recab, de quien reciben el nombre de recabitas.

Este era un grupo nómada que se encontraba en las cercanías de Jerusalén, al ser esta ciudad sitiada por los babilonios decidieron refugiarse en ella.

Mientras se encontraban allí, el profeta Jeremías recibió la instrucción de Dios de buscar a los recabitas y de llevarlos al templo, donde debía invitarles vino; la respuesta que recibió de ellos fue una rotunda negativa, puesto que habían recibido la instrucción de Jonadab hijo de Recab, de no beber vino, ni edificar casa, sembrar o retener algo para sí.

En los versículos 12 al 16 del mencionado capítulo, vemos que su ejemplo es utilizado por Dios para amonestar al reino de Judá, que se había alejado del Señor siendo desobediente y adorando a dioses paganos.

La queja del Señor es que como pueblo escogido no habían oído sus constantes llamadas de volverse a Él, de dejar sus malos caminos y corregir sus obras. Contrasta su desobediencia con la obediencia y fidelidad que mostraron los recabitas a la instrucción de su ancestro.

“Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab, el cual mandó a sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al mandamiento de su padre; y yo os he hablado a vosotros desde temprano y sin cesar, y no me habéis oído. Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres; mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis. Jeremías 35: 14-15 (RVR1960).

Este relato nos muestra cuán importante es obedecer a Dios, puesto que trae bendición además de la seguridad que implica caminar bajo Su dirección.

El resultado de hacer caso omiso a Su instrucción, deriva inevitablemente en consecuencias dolorosas.

Hoy te animo a considerar el ejemplo de los recabitas, ¿hay algún área de tu vida con la que no eres obediente a Dios? Si es así, es tiempo de volverte a Él y dejar de anteponer tu voluntad a la Suya.

“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?” Deuteronomio 10:12-13 (RVR1960).

Por Cesia Serna

 

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Bendición en la obediencia

Cuentan que cuando Livia hubo logrado que su imperial esposo, Augusto, no le negase nada, los demás romanos le pidieron el secreto de su éxito, a lo que ella contestó:
– Yo lo gobierno obedeciéndole a él primero.
Lo mismo sucede en nuestra relación con Dios; si somos obedientes Él nos bendice.
En la Biblia encontramos muchas historias acerca de la obediencia y la bendición que ésta trajo sobre aquellos que siguieron los consejos y mandamientos de Dios.
Muchas veces queremos la bendición de Dios pero no estamos dispuestos a cambiar nuestras vidas ni a seguir los mandamientos del Señor, queremos hacer todo a nuestra manera y lo único que logramos es ir de un fracaso a otro.
Deuteronomio 28:1 (NTV) dice: “Si obedeces al Señor tu Dios en todo y cumples cuidadosamente sus mandatos que te entrego hoy, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las demás naciones del mundo”.
La clave para tener una vida bendecida está en obedecer primeramente a Dios. Cuando seguimos sus mandamientos y buscamos su voluntad todo lo que hacemos prospera y vamos cumpliendo la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.
A veces la gente cree que Dios tiene “favoritos” y que sólo bendice a algunos de sus hijos, o que el Señor se ha ensañado con ellos y por eso todo les sale mal. Sin embargo, no se dan cuenta que han sacado a Dios del primer lugar en sus vidas, van a la iglesia sólo los domingos o lo buscan solamente cuando necesitan urgentemente su ayuda.
“Cumple los requisitos del Señor tu Dios y sigue todos sus caminos. Obedece los decretos, los mandatos, las ordenanzas y las leyes que están escritos en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y dondequiera que vayas” 1 Reyes 2:3 (NTV)
Si hasta ahora has estado viviendo a tu manera sin prestar atención a los mandamientos de Dios y sin consultar con Él tus decisiones antes de tomarlas, te invito a reflexionar y a acercarte nuevamente a Dios, confíale tus planes y búscalo, Él te está esperando y desea bendecirte.

 

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5 maneras de ser infiel a Dios

Cuando pensamos en la palabra ≪infidelidad≫, a menudo pensamos en la infidelidad marital o de pareja. No obstante, hay un tipo de deslealtad que podemos estar practicando en nuestra vida espiritual. Quizás traicionemos a Dios sin darnos cuenta o creyendo que lo que hacemos está bien, pero la Biblia nos ayuda a entender de qué manera estamos siendo infieles a Dios.

1 Adorando a otros dioses
Uno de los Diez Mandamientos dice que no debemos adorar a ningún otro más que a Dios (Éxodo 20:4-6). Queda claro que Dios no quiso que se haga ninguna representación de Él en ningún tipo de material. Sin embargo, la adoración a otros dioses no se refiere únicamente a ídolos o estatuas. La idolatría abarca todo aquello que reemplaza el lugar de Dios en nuestra vida: la pareja, los hijos, el trabajo, el dinero, la apariencia, la superación personal, etc. Somos infieles a Dios cuando hay otro dios que toma su lugar en nuestros corazones.

≪No se fabriquen ninguna clase de ídolos, ni los adoren, pues yo soy Dios.≫

Levítico 26:1 (TLA)

2 Amando las cosas de este mundo
Es fácil dejarse llevar por las preocupaciones y situaciones que nos tocan vivir. Sin embargo, cuando nos concentramos más en nuestra vida en la Tierra que en las cosas celestiales, estamos restándole importancia a Dios. Por esta razón, Colosenses 3:2-4 (NBV) dice: ≪Llenen sus pensamientos de las cosas de arriba y no en las cosas de este mundo.≫ Esto no significa que debemos ignorar lo que sucede en nuestro presente, sino verlo desde la perspectiva divina.

≪No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes. Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo≫

1 Juan 2:15-16 (NTV)

3 Siendo orgulloso
Una persona soberbia tiene la certeza de que puede hacerlo todo gracias a sus propias fuerzas y cree que no necesita de Dios. Es por esta razón que en varias partes de la Biblia se menciona que Dios aborrece el orgullo. Al permitir que el orgullo se apodere de nuestros corazones, nos convertimos en nuestro propio dios, y de esa manera estamos siendo infieles a nuestro Creador.

≪Amen al Señor, todos ustedes sus santos. A los fieles guarda el Señor, pero retribuye en abundancia al que actúa con soberbia.≫

Salmos 31:23 (RVA2015)

4 Desobedeciendo sus mandamientos
El pastor y teólogo, Timothy Keller, explicó la diferencia entre la religión y el evangelio: ≪Cómo trabaja la religión: Si obedezco, entonces Dios me amará y me aceptará. [Cómo trabaja] el evangelio: Soy amado y aceptado; por lo tanto, deseo obedecer.≫ Nuestra obediencia a Dios es algo que viene como consecuencia de haber sido amados y perdonados. Si hacemos lo contrario estamos rechazando el sacrificio que Jesús hizo en la cruz; y ésa es una manera de ser infieles a quien siempre es fiel para con nosotros.

≪Nosotros demostramos que amamos a Dios cuando obedecemos sus mandamientos; y obedecerlos no es difícil.≫

1 Juan 5:3 (TLA)

5 Haciendo lo mismo de antes
Cuando confesamos y admitimos nuestros pecados, Jesús nos perdona y nos da un nuevo comienzo. Pero si volvemos a hacer lo mismo que hacíamos antes de aceptar a Dios en nuestra vida, estamos siendo malagradecidos y despreciando las cosas buenas que Él hizo por nosotros. No podemos decir que amamos a Jesús si no demostramos cómo Él nos cambió.

≪Ya no vivan ni se conduzcan como antes, cuando los malos deseos dirigían su manera de vivir. Ustedes deben cambiar completamente su manera de pensar, y ser honestos y santos de verdad, como corresponde a personas que Dios ha vuelto a crear, para ser como él.≫

Efesios 4:22-24 (TLA)


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¿Es Cristo el Señor de tu vida?

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Lucas 6:46.

Jesús dio un claro ejemplo a sus discípulos de las personas que escuchan y obedecen sus enseñanzas. También de aquellas que oyen su palabra, pero son desobedientes a sus mandamientos. Afirma que la persona obediente nunca será destruida por los problemas o circunstancias de la vida; en cambio, el que escucha sus enseñanzas y no las obedece será completamente destruido.

¿Sabes lo que significa llamarle Señor a Jesús? Significa, mostrar obediencia absoluta a su palabra, es entender que Él tiene el poder y la autoridad sobre tu vida. Es darle el control de todas las áreas de tu ser y confiar en su voluntad, aunque las circunstancias no sean como tú esperas.

Si el Señor dice: “Ama a Dios con todo tu ser y a tu prójimo como a ti mismo.” “Honra padre y madre.” “Ama a tu esposa tal como Cristo amó a la iglesia.” “Respeta y sométete a tu esposo, como conviene en el Señor.” “No te entregues al pecado sexual, no rindas culto a ídolos, no seas ladrón, avaro, una persona que insulta o estafa”, entonces, debo escuchar y obedecer.

Solamente si obedeces puedes decir que Jesús es tu Señor. Pero si no hay obediencia, entonces eres de los muchos que dicen ser “cristianos”  pero viven a su manera. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará.” Juan 14:23.

No olvides que no todos los que digan, Señor, Señor, entrarán en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad del Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21)

Si has vivido en desobediencia y desordenadamente, cambia tu actitud y empieza hoy a obedecer. Recuerda que Jesús murió por ti y te dio una nueva vida para que seas libre. Piensa en tu forma de actuar y vive para Cristo, quien resucitó por ti y preparó un lugar en los cielos.

No seas un oidor solamente, obedece y pon en práctica las instrucciones de Dios. Caso contrario, solamente te engañas a ti mismo.

 

 

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¿Arriesgarías tu vida para agradar a Dios?

¿Quieres abandonar las cosas malas pero no puedes? Muchos nos escriben con este problema; quizá falta algo que no están considerando.

En esta oportunidad quisiera compartir contigo la historia de unas mujeres que arriesgaron sus vidas por no ir en contra de Dios:

“El faraón, rey de Egipto, ordenó a las parteras que atendían a las mujeres hebreas (dos de las cuales se llamaban Sifrá y Fuvá) que se fijaran en el sexo del bebé a la hora de nacer, y que mataran a todos los niños hebreos en cuanto nacieran, y que dejaran con vida sólo a las niñas. Pero las parteras tenían temor de Dios y desobedecieron al faraón, pues permitían que los niños vivieran.

El faraón las citó para que se presentaran delante de él, y les preguntó: ― ¿Por qué me han desobedecido y han dejado vivir a los niños?

―Señor —dijeron ellas—, las mujeres hebreas no son como las egipcias, son tan vigorosas que dan a luz antes de que nosotras lleguemos.

Dios bendijo a las parteras por haber favorecido a su pueblo. Así que los israelitas siguieron multiplicándose, hasta llegar a ser una nación poderosa. Y como las parteras tuvieron temor de Dios, él les permitió tener muchos hijos.” Éxodo 1: 15-20 (NBV)

¿Qué tenían las parteras? En este pasaje está clarísimo: “Pero las parteras tenían temor de Dios y desobedecieron al faraón”

El Faraón en la máxima autoridad, por tanto desobedecerlo implicaba estar a un paso de la muerte. A ellas no les importó lo que podría pasarles, fue más fuerte el respeto que tenían al Dios vivo.

 “… con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal.” Proverbios 16:6

¿Tienes temor a Dios? Este se manifiesta en nuestras acciones o decisiones que tomamos, ser leal a las palabras del Señor aunque vaya en contra de nuestros superiores y sabiendo que  después podríamos recibir una terrible disciplina.

Si examinas tu vida y te das cuenta que todo lo que hiciste hasta el momento fue por ausencia de ese temor al Señor en tu corazón, entonces te animo a orar pidiéndole que te cambie y te dé este respeto por su maravilloso nombre.

 

 

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¿Apartado de Dios?

“El Espíritu de Dios vino sobre Azarías hijo de Oded, y este salió al encuentro de Asá y le dijo: Asá, y gente de Judá y de Benjamín, ¡escúchenme! El Señor estará con ustedes, siempre y cuando ustedes estén con él. Si lo buscan, él dejará que ustedes lo hallen; pero, si lo abandonan, él los abandonará.” 2 Crónicas 15:1-2.

Durante mucho tiempo Israel estaba perdido y apartado de Dios, había olvidado al Señor y decidido servir a otros dioses y como consecuencia de no buscar a Dios servirlo, estaban viviendo en tribulación y angustia.

Pero a pesar de la actitud del pueblo de Israel, el Señor en su amor y misericordia, decidió hablarles y darles una nueva oportunidad. “Si lo buscan, él dejará que ustedes lo hallen…”

Quizás como las tribus de Judá y Benjamín, llevas mucho tiempo alejado de Dios, viviendo  a tu manera y buscando respuestas en el mundo. Hoy quiero recordarte lo que Jesús dijo: “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5)

Vivir sin Dios es vivir una vida incompleta porque sin Él, el ser humano está muerto espiritualmente. El Señor les dijo a Adán y Eva, que el día que ellos desobedecieran a su palabra, “ciertamente” morirían (Génesis 2:17). Como sabemos, ellos desobedecieron y aunque no murieron físicamente ese día, murieron espiritualmente. Ya no tuvieron el privilegio de ver a Dios, la comunión con el Creador no fue igual, ya no pudieron gozar de la presencia del Señor ni escuchar su voz audible, todo eso acabó.

Pero nunca es tarde para volver a Dios; si tienes vida, tienes esperanza. La verdad es que Dios te ama incondicionalmente y hará todo lo imposible para que vuelvas a Él. Sin embargo, eres tú el que toma la decisión.

Puedes tomar la actitud de Asa: “Cuando Asá oyó este mensaje del profeta Azarías hijo de Oded, se animó a eliminar los detestables ídolos que había en todo el territorio de Judá y Benjamín, y en las ciudades que había conquistado en los montes de Efraín. Además, restauró el altar del Señor que estaba frente al atrio del templo del Señor.” 2 Crónicas 15:8

Si hoy quieres volver a Dios, cambia tu actitud y quita de tu corazón todo aquello que está ocupando el lugar que le corresponde a Él. Acércate al Señor para pedirle perdón por alejarte de Él y ten fe en que te perdonará. Y quizás eso no haga desaparecer del todo los sentimientos de culpa, por eso debes esforzarte y no darte por vencido hasta ver restaurada tu relación personal con Dios.

Dios te ama y es fiel a su palabra, no dudes de Él.

 

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¿Victoria o derrota?

Después de la victoria que tuvo el pueblo de Israel contra Jericó, la siguiente ciudad que tomarían sería Hai; según los espías que fueron a reconocer ese territorio con dos mil o tres mil guerreros sería suficiente para derrotarla porque no era una ciudad grande. Sin embargo, los de Hai los derrotaron haciéndolos huir y matando a treinta y seis israelitas. 

Josué estaba indignado y con gran tristeza, rasgó sus vestiduras y oró a Jehová preguntando porqué había permitido esta caída, y Jehová respondió: “Lo que pasa es que los israelitas han pecado. Yo les ordené que destruyeran todo lo que había en la ciudad de Jericó. Era un trato que habíamos hecho. Pero se quedaron con algunas de esas cosas. Se las robaron, las escondieron entre sus pertenencias, y luego mintieron acerca de lo que habían hecho. Por eso los israelitas no pueden vencer a sus enemigos. ¡Huyen porque ellos mismos merecen ser destruidos! Yo no voy a ayudarlos mientras no destruyan las cosas que les prohibí tocar.”  Josué 7: 11-12 (TLA)

Lo que pasó el pueblo de Israel es una gran lección para nosotros, Dios nos respalda en las luchas que enfrentamos, Él quiere que salgamos victorioso y conquistemos áreas para nuestro crecimiento. Pero también permite las derrotas cuando infringimos alguna de sus ordenanzas o mandamientos.

Examinemos qué hay detrás de nuestras derrotas pasadas y las luchas que vamos a enfrentar. Reflexionemos si hay algo que nos está alejando de Dios, si estamos siendo desobedientes o si tenemos algo escondido en nuestro corazón que no agrada a Dios.

Si hay algo escondido, tenemos la misericordia de Dios para entregarlo y retomar la santidad: “¡Vamos! Ordénale al pueblo que se purifique y se prepare para mañana. Dile lo siguiente: “El Dios de Israel dice que les ordenó destruir todo lo que había en la ciudad de Jericó, pero que ustedes se quedaron con algunas cosas que debían haber destruido.”. Josué 7: 13 (TLA)

¡Corramos la carrera de la fe libre de todo peso y la victoria de Dios estará garantizada!

 

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No dejes que el enojo te domine

“Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio” Mateo 5:22 RVR 1960.

El odio es un sentimiento negativo que se caracteriza por el rechazo a una persona o el deseo que le vaya mal o bien que le suceda algo malo.  Esto es algo que no debiera existir en la vida cristiana, ya que Dios nos manda a perdonar a las personas que nos lastiman.  Sin embargo, esta no es una tarea fácil, pero contamos con la ayuda de Dios para poder hacerlo. Si persistimos en estar enemistados con nuestro prójimo, pecamos. También podemos hacer como que nada sucede, pero interiormente guardamos sentimientos de odio hacia alguien, esto  nos llena de amargura y nos convierte en mentirosos delante de Dios.  No dejemos que el odio nos destruya, en Hebreos 12:15 DHH dice: “Procuren que a nadie le falte la gracia de Dios, a fin de que ninguno sea como una planta de raíz amarga que hace daño y envenena a la gente”. Dios nos estimula a que hoy dejemos ese odio, seamos libres y nos despojemos de todo mal sentimiento. Hebreos 12:1 DHH “Dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante.”

Por Danitza Luna

 

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Solía

Solía – pretérito imperfecto de soler.

Soler – verbo intransitivo. 1. tener costumbre de hacer una cosa; 2. señala que algo es habitual en una persona.

Había nacido con un impulso innato a la desobediencia. El tiempo le enseñaría que la desobediencia implícitamente escondía la violencia del sometimiento. Lo había sentido en su uniforme de colegio, en su adoctrinamiento religioso, en las interminables horas de banco colegial mientras miraba por la ventana el movimiento de las hojas de los árboles y el volar de los pájaros.

(Francis Mallman, Sueños de libertad desde el impulso de la desobediencia, Revista La Nación)

Solía dormirme en cualquier lugar, a cualquier hora, cuando recorríamos el país en camión con el primo Germán; debajo del remolque, sobre unos sacos tibios de cemento, bajo la sombra de los eucaliptus en el verano ardiente de Casablanca.

Solía acumular recuerdos hermosos del lago Villarrica, de las alturas de Trafún, de la profesora de francés, de unos besos vertiginosos en la costanera del río Calle Calle, de las fiestas de toque a toque en tiempos de la dictadura.

Solía escribir poemas, preguntas, angustias, descubrimientos, ansiedades, asombros y perplejidades en pequeños archivadores negros de Rhein con hojas blancas de renglones menudos. Escribía en buses, aviones, cafés, en la plaza de la Constitución.

Solía ir al cine a media mañana, a tomar un cortado en el Haití, a comprar un libro en la Editorial Universitaria y esconder o tirar los comprobantes porque, “¿Cómo puedes gastar plata en cosas que no son prioritarias?”

Solía aspirar profundamente el aire de las mañanas frías de junio o dejar que se mojara la cara con la lluvia porque me parecía que me limpiaba el alma de mis oscuridades y secretos inconfesables.

Solía pensar que el amor era una cosa esplendorosa, un viaje imaginario a la tierra de los encantos, una emoción compartida, un descubrimiento constante, un romántico estado de bienestar hasta que “me voy, me voy, que a mi tren nocturno no se suba el amor; quédese en el andén con un abultado equipaje de abalorios y querellas.

Solía experimentar un entusiasmo enorme, un optimismo desbordante, un sueño infatigable, una esperanza redoblada, un cuerpo ágil, un corazón generoso, una curiosidad insaciable, una ingenuidad rayana en la estupidez, una confianza desmesurada.

Poco a poquito se fue destiñendo todo y así, hasta que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota en el pozo…

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