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No soy digno…

¿Alguna vez has fallado a tus padres? Seguro que sí, ningún hijo es perfecto y muchas veces hemos fracasado en nuestras calificaciones, en cumplir un encargo o mandato que nos han dado. Sin embargo, esta no ha sido una razón para que nos dejen de alimentar y cuidar, puesto que nuestros padres nos aman y quieren hacerlo; porque a pesar de cómo seamos, ellos conocen nuestras necesidades.

Así mismo, a veces tenemos miedo de acercarnos al Señor para pedir su ayuda, porque tenemos vergüenza, en el fondo de nuestro corazón sabemos que no somos dignos, esto por los pecados que cometemos o porque estamos cada día más lejos de Dios; cualquiera fuera el caso, no olvidemos que siempre necesitaremos de Él.

“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.

Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.” Mateo 8:5-10 (RVR 1960).

El centurión era una autoridad responsable de cien soldados. Su criado estaba en un estado crítico, por lo que busca a Jesús para pedir su misericordia, es posible que haya tenido una lucha emocional antes de pedir su ayuda porque no se creía digno de ser atendido por el Señor, pero eso no lo detuvo para tener un encuentro con Dios.

“Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.” Mateo 8:13 (RVR 1960).

Algo que permitió que este hombre reciba el milagro de Dios es que no dudo ni por un momento que el Señor podía responder a su necesidad, a pesar de que él no era digno o no lo merecía, sabía que Jesús tenía misericordia; seguramente este fue un inicio en su vida espiritual y también puede ser el tuyo para volver a tu padre.

¿Necesitas ayuda de Dios? Si estás enfrentando alguna dificultad tal vez es con un propósito, es posible que sea tiempo de volver al camino; no olvides que separados de Él nada podremos hacer.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Quién es digno?

Se sabe que ante la presencia de un rey o alguna autoridad no puede presentarse cualquier persona, es decir que no hay acceso libre ante su presencia, a no ser que haya sido llamado o haya solicitado una audiencia con dicha autoridad.

Salmos 24:3 dice: “¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo? (NTV), es cierto que Dios es misericordioso y que por el sacrificio de su Hijo en la cruz tenemos acceso libre ante su presencia, pero Dios es un ser divino y por amor y respeto debemos procurar presentarnos limpios ante su presencia; quizás ahora te estés preguntando ¿Qué necesito para ser digno? o ¿Qué necesito para estar delante de Dios?

Solo los de manos limpias y corazón puro, que no rinden culto a ídolos y nunca dicen mentiras Salmos 24:4 (NTV), estas palabras nos muestran lo que cada hijo de Dios debe considerar para estar ante la presencia de su Padre.

  • Manos limpias.- Procurar que nuestras acciones no dañen a Dios, a uno mismo y a los demás, cuidar lo que el cuerpo hace.
  • Corazón puro.- Cuidemos que nuestro corazón retenga lo bueno, lo justo y honorable y no haya nada que sea motivo para acusarnos.
  • No rendir culto a los ídolos.- Dios es soberano y recibe a aquel que le ha dado el lugar que le corresponde en su vida y corazón; si hay algo que ha ocupado el lugar de Dios, sácalo.
  • Nunca dicen mentiras.- Nuestras palabras deben ser verdaderas y confiables, no consintamos la mentira aunque con ella tratemos de evitar algún daño, recuerda Dios demanda honestidad y veracidad.

Quizás analizando tus acciones y pensamientos llegaste a la conclusión de que no eres digno de Dios cuán lamentable es reconocer la condición pecadora del hombre, pero recuerda esta palabra y su significado: “PERDÓN”. Dios puede perdonarte y limpiarte del pecado que te hace indigno y tu presencia ante Él será como un perfume inigualable y agradable.

Por Judith Quisbert

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No lo merezco…

Muchas veces en el camino nos hemos sentido indignos o inmerecedores de una vida bendecida por los errores que cometemos o las debilidades que tenemos. Así como la historia del hijo prodigo:

“Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Lucas 15:18-20

Este hijo tardó en acercarse a su padre porque se creía inmerecedor de recibir algo de su parte. Después de haber sufrido mucho por las decisiones equivocadas que tomó, sabía que no tenía otra salida. Finalmente decide volver pero no viéndose a sí mismo como hijo, sino como empleado, no como digno de los privilegios que tiene un hijo, hasta que su padre le demuestra lo contrario.

Por otro lado, quisiera comparar esta historia con otra:

“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.” Mateo 8:5-8

El Centurión era un oficial que ocupaba un alto rango del ejército Romano. Tampoco se creía digno porque conocía las cosas que hacía, pero esto no lo apartó de Dios, al contrario, precisamente porque se vio inferior es que fue a Jesús. Sabía que era el único que podía ayudarlo, su criado estaba enfermo y confiaba en que Él lo podía sanar solamente con una palabra.

“…No soy digno de desatar la correa del calzado.” Juan 1:27

La verdad es que no somos merecedores del amor y perdón de nuestro Padre Dios, ni siquiera de desatar su calzado como dice Juan el bautista. No somos dignos de tener una vida bendecida, ni de ser hijos de Dios, pero Él quiso que así fuese. Todo lo que recibes de Dios no es porque lo merezcas, sino porque Él te ama.

Si has sentido vergüenza de acercarte a Dios por tus errores o debilidades, te quiero preguntar: ¿Hasta cuándo huirás de su presencia? ¿Sabías que lejos de Él nada podrás hacer? (Juan 15:5) Así que por más que nos apartemos volveremos a sus pies. ¿Por qué esperar más sufrimiento como el hijo prodigo?

En este momento acércate a tu padre con una oración, pídele perdón y vive la vida realizada que Él tiene para ti.

¡No lo merecemos, pero somos amados!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Ni siquiera soy digno de ser su esclavo

Yo bautizo con agua a los que se arrepienten de sus pecados y vuelven a Dios, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y llevarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Mateo 3:11 NTV

Juan el Bautista era un hombre que se hizo conocer por predicar para que las personas se arrepientan de sus pecados y la gente venía de diferentes ciudades para ser bautizados por él. En su posición podía dejarse dominar por el orgullo y altivez ya que incluso doctos en la ley iban a ver lo que hacía; sin embargo, recordaba cada momento que no era digno y que servía a alguien superior.

Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Mateo 7:6-7

Se llamaba “Centurión” a un oficial de ejército que tiene a su mando cien soldados, por eso mismo este hombre podría ser prepotente y altivo, sin embargo, demuestra su temor a Dios al pedirle ayuda y reconoce que no es digno de tenerlo bajo su techo, ni siquiera de estar en su presencia, sabía quién era Él y por esto mismo recibió su milagro.

Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Romanos 5:8 NTV

Estos dos hombres,  Juan y el Centurión, tienen algo en común,  ambos temen a Dios porque reconocen que no son dignos, ni merecedores de algo. Nosotros deberíamos estar agradecidos al Señor porque  que hemos sido beneficiados en gran manera. Éramos pecadores, no merecíamos ser salvos pero por su gran amor lo somos. No somos dignos de servirle, pero nos da esa oportunidad.

Lamentablemente en lugar de ser agradecidos nos resulta pesado ser cristianos. Una hora es tan larga cuando hablamos de Dios pero tan corta cuando vemos una novela o un partido de futbol. No encontramos palabras para orar, pero fácilmente nos salen cuando charlamos con algún amigo. Nos da sueño cuando leemos la Biblia, pero qué fácil nos resulta leer las revistas de modas. Buscamos siempre la primera fila en el teatro o cine, pero cuando vamos a la Iglesia siempre nos ubicamos atrás.

Es posible que hayas olvidado que no eres digno de estar sentado a su mesa, y por ello criticas algún aspecto de tu iglesia, te dejas llevar por los chismes, o no deseas servir si no te han elegido líder de aquel lugar. Lo importante es que ahora recuerdes de dónde Dios te ha sacado, le agradezcas y le sirvas con humildad porque no somos merecedores pero Él nos da todo.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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