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La vieja educación

¡Para que los más pequeños aprendan de una forma divertida!” Así anuncia la contratapa de un pequeño libro a todo color con figuras de animales que encuentro en la casa de nuestros amigos que tienen una nena de tres años.

Sin solución de continuidad la memoria emotiva me remite a unos cincuenta o más años atrás: me veo con mi overolcito de color beige y un bolsón de cuero yendo a la escuela repitiéndome por enésima vez La tertulia de la Señora Pata, lectura que debemos dar de memoria en la primera hora de clases en la escuela: “La Señora Pata dio una tertulia. Todos los patos del corral…” Debo repetir esto para las actuales generaciones: de memoria. Al igual que las tablas de multiplicar: “Siete por una siete, siete por dos catorce, siete por tres… eee (coscorrón), veintiuno, señorita!” Y la infaltable copia: un dibujito pequeño y tres cuartos de plana copiadas del mismo libro de lectura de la Señora Pata… todos los días.

Es decir, nada divertido

En mi generación los profesores te jalaban las orejas o de las patillas y te daban palmetazos en las mejillas o reglazos en las manos si olvidabas la lección o no traías la tarea. Y claro, eso estaba mal por más que fueran los años de la letra con sangre entra.

Memorizar, hacer la copia, resolver los problemas de matemáticas usando la trilogía raciocinio – ejecución – respuesta fueron los hitos fundacionales de mi educación en la escuela pública. Algo parecido fue mi educación secundaria en un liceo fiscal. La universidad estatal ya fue un poco más relajada porque eran los años de la revolución y del hombre nuevo donde salir a las marchas y armar lío en las calles era parte del curriculum.

No pretendo caer en el lugar común de decir que antes era mejor o que debiéramos volver a los rigores del pasado. Absolutamente no. Pero sí me gustaría dejar el registro de una inquietud: la educación no puede ser todo el tiempo jarana, diversión continua. El aprendizaje debe incluir, me parece, cierta disciplina, algo de orden, un equilibrio inteligente y creativo entre lo entretenido y lo riguroso.

Tal vez leer y memorizar algunas cosas, escribir y realizar algunas operaciones aritméticas no sea una mala práctica en un mundo donde la palabra y el cálculo están cada vez más lejanos de la mente de nuestros estudiantes.

O tal vez mejor me callo porque no soy experto…

Sabios administradores de nuestro dinero

“En casa del sabio hay riquezas y perfumes, pero el necio gasta todo lo que tiene” Proverbios 21:20 (DHH).

Ser un buen administrador del dinero es actuar con sabiduría y disciplina en nuestros recursos económicos, donde planificamos un presupuesto ya sea semanal, mensual o bien como mejor nos parezca con el fin de cubrir los gastos y las necesidades personales o familiares.

Un buen administrador también es aquel que  ahorra e invierte con control y discreción en aquello que a la larga le dé frutos para llevar una vida de bienestar junto a sus seres queridos. Por otro lado, una persona que no administra bien, es la que no planifica ni ahorra, sino que termina despilfarrando todo lo que tiene.

Teniendo en cuenta esto, debemos ser sabios administradores de nuestro dinero. Esto significa hacer un presupuesto y sujetarnos a él. No hacer compras por emoción que solo terminarán endeudándonos, ser sabios en el uso de las tarjetas de crédito, para que de tal manera podamos tener una economía familiar ordenada que nos evite posibles tensiones y sobresaltos.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Peras y santidad

El hermano Carlos quería disciplinar su cuerpo y ponerlo en servidumbre para crecer en santidad y pureza. Así que a la hora del postre decía: “¿Manzana querís, carne inmunda? ¡Pera te voy a dar!” Así me contaba mi padre acerca de las maneras en que el hermano Carlos vivía la fe.

Mirado desde lejos el asunto, pasados tantos años, tenemos que entender que el hermano Carlos no estaba entendiendo mal las cosas. En realidad él estaba en lo correcto: estaba siguiendo fielmente las normas y doctrinas que le enseñaban en la iglesia.

Una de ellas era la importancia de afligir la carne para no seguirla en sus deseos y así lograr niveles aceptables de santidad. Para esto, la institución se ha premunido de formas rituales tales como el ayuno, la abstinencia, el fervor de las plegarias y el apartamiento de estados sociales relacionados con la comida, la bebida, el baile y otras costumbres.

El tema del ascetismo cristiano no es nuevo. Los primeros cristianos fueron tentados, por así decir, por el influjo griego de las doctrinas filosóficas en curso que se esmeraban en superar lo material en pos de una cierta elevación interior que lo acercara a uno a la plenitud y a la verdad.

Estas doctrinas, dicho de una manera sumaria, proclamaban algo así como la inferioridad del cuerpo y de las cosas visibles en contraste con la belleza del mundo superior de las ideas. Y han penetrado profundamente la historia cristiana desde entonces.

El problema que encuentro con este rigor de la disciplina del cuerpo en pos de cierto nivel superior de espiritualidad es que hace converger todo el asunto en la persona misma y no en Dios.

El objeto de semejante disciplina es siempre uno: yo quiero estar en cierto nivel superior de vida. Es decir, todo es acerca de la persona. No es acerca de Dios.

Pero el gran tema del evangelio es que Dios nos amó de una manera tal que intenta mostrarnos cómo nosotros debemos amar al mundo. En un sentido muy real, el amor es el que nos salva porque nos pone en ruta de contacto inevitable con los otros seres humanos; nos saca de nuestra individualidad y nuestro egoísmo.

En el amor encontramos a Dios. En el amor encontramos la salvación. En el amor encontramos a los demás. En el amor somos sacados de nuestra interioridad.

De eso se trata todo. No se trata de nosotros ni de nuestra elevación espiritual.

Ten cuidado como tratas a tus hijos

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” Efesios 6:4.


A veces como padres creemos que nunca provocaremos ira en nuestros hijos, pero la palabra de Dios dice que tengamos cuidado y los eduquemos en el temor del Señor, porque sí podemos provocar enojo en nuestros hijos con la manera en que los tratamos y cómo comportamos con ellos.


Por eso ten cuidado y piensa bien antes de decirle algo a tus hijos, no los ofendas con palabras vanas ni los provoques gritándoles. Recuerda que en la legua hay poder de vida y muerte (Proverbios 18:21).


Tampoco los compares con otras personas ni los humilles haciéndolos sentir que son inútiles, peor, no hagas cosas que los lleven a odiarte u odiar el evangelio, manteniendo una doble vida. No olvides que los hijos son herencia de Jehová y como tal debemos cuidarlos con sabiduría.


En proverbios 1:8 el Señor nos dice que es nuestra responsabilidad educar y guiar a los hijos. En Deuteronomio 6 nos dice que les enseñemos Sus mandatos, decretos y ordenanzas para que tengan éxito en todo lo que hagan y disfruten de una larga vida.


Por lo tanto, debemos crear límites para nuestros hijos y hacer que los respeten. Nunca debemos permitir que ellos hagan lo que quieran, ni dejar que vayan por el camino equivocado. Es nuestro deber enseñarles el camino que les conviene y los lleve a la eternidad.


Hablemos con nuestros hijos del pecado, del sacrificio de Jesús y de lo que debemos hacer para llegar al cielo.
David le dio este consejo a su hijo: “Yo voy camino al lugar donde todos partirán algún día. Ten valor y sé hombre. Cumple los requisitos del Señor tu Dios y sigue todos sus caminos. Obedece los decretos, los mandatos, las ordenanzas y las leyes que están escritos en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y dondequiera que vayas” 1 Reyes 2:1-3. Espero que tú también puedas darles el mismo consejo a tus hijos.


“Dirige a tus hijos por el camino correcto, y cuando sean mayores, no lo abandonarán.” Proverbios 22:6 (NTV).

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El pastor y su gran amor

“Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tú vara y tu cayado me infunden aliento.” Salmos 23:4  (LBLA)

Si bien tenemos un Dios que nos protege de todo mal, debemos saber también que Él nos corregirá cuando nos equivoquemos porque nos ama. De igual manera, debemos notar que  el Señor no sólo tiene la vara de disciplina, sino también el cayado que usa como Buen Pastor, para rescatar nuestras vidas del enemigo y evitar que nos perdamos.

Por Cristhian Castillo

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Disciplinados para mejorar

“Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.” Hebreos 12:11 (NVI).

La disciplina nos ayuda a ser más constantes y a tener dominio propio. Pero en el momento, nos llenamos de tristeza, pues ninguna corrección es agradable, al menos al tiempo de recibirla.  Sin embargo, más tarde nos ayuda a tener una vida de paz y rectitud.

Entonces, si estás pasando por un tiempo de corrección, no te desanimes cuando Dios te reprenda, no lo tomes a la ligera queriendo vivir la vida como mejor te parezca, ya que Su corrección es una muestra de Su amor que te llevará a tener una comunión más íntima con Él y te llevará a ser mejor cada día.

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Esto es lo que sucede cuando te burlas de tus hijos

Corregir a los hijos es uno de los roles de los padres. Sin embargo, algunos progenitores creen que esto implica burlarse y mofarse de sus hijos. Quizá no es algo que se haga de forma consciente o se crea que no tiene relevancia; pero un estudio encontró que este comportamiento afecta el porvenir de los hijos.

Un estudio publicado en la Journal of Youth and Adolescence y que fue realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Charles E. Schmidt de la Universidad Atlántica de Florida, Universidad Concordia en Montreal, Canadá y la Universidad Uppsala, en Suecia, analizó el comportamiento de 1409 adolescentes de 13 a 15 años de edad durante tres años consecutivos.

Después del plazo de investigación se dieron cuenta de que existen padres burlones que usan usan expresiones denigrantes o humillantes que humillan y frustran al hijo. Cuando los disciplinan, usan la crítica, el sarcasmo y los insultos. Esa forma de crianza fomenta la ira desenfrenada en los adolescentes. La adolescencia es una etapa en la que se debe aprender a regular las emociones. No bastante, si no se logra, esto se resultan en emociones negativas, agresión verbal y física y hostilidad. Además, hace que los hijos se conviertan en agresores o en víctimas de acoso y violencia.

Estos hallazgos son alarmantes pues ha sido ampliamente comprobado que las víctimas de acoso tienen una baja salud mental y son más propensos a tener pensamientos suicidas. Sin embargo, los resultados son opuestos en las familias en donde los padres no usan la burla como una forma de disciplina.

Este estudio sugiere que el comportamiento burlón es una forma única de crianza de los hijos que aumenta los riesgos de que los adolescentes adopten estrategias inapropiadas para el manejo de la ira.

Daniel J. Dickson, Ph.D., autor principal del estudio y perteneciente al departamento de psicología de la Universidad de Concordia, explica que los padres deben recordar ≪su influencia en las emociones de los adolescentes y deben tomar medidas para garantizar que los adolescentes no se sientan ridiculizados en el hogar≫. Si bien la corrección y disciplina es necesaria en el hogar, los padres no tienen por qué humillar a sus hijos para demostrar su autoridad. En cambio, el amor y el respeto son más efectivos.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Dickson, D., Laursen, B., Valdes, O., & Stattin, H. (2019). Derisive Parenting Fosters Dysregulated Anger in Adolescent Children and Subsequent Difficulties with Peers. Journal Of Youth And Adolescence. doi: 10.1007/s10964-019-01040-z

¿Estás orgulloso de lo que has alcanzado?

Alguna vez hemos sentido gran admiración por hombres y mujeres que se encuentran en la cima del “poder”; es decir, por aquellos que están en puestos de autoridad, posiblemente por su esfuerzo y valentía o porque son respetados por muchas personas ¿Quieres alcanzar grandes logros?

Es satisfactorio alcanzar algún desafío o subir escalones que muestran nuestra superación, incluso puedes estar orgullo en este momento de lo que has logrado, pero el Señor nos enseña que existe un reto aún más grande que debemos asumir si anhelamos superarnos.

La palabra de Dios dice: “Más vale ser paciente que valiente; más vale vencerse uno mismo que conquistar ciudades.” Proverbios 16:32 (DHH)

Según la palabra de Dios se puede decir que tiene más mérito un hombre que ha logrado dominarse así mismo que aquel valiente que ha ganado una guerra. Muchas personas colocan su enfoque en obtener el control sobre los demás, pero se olvidan de auto controlarse, por tanto pierden numerosas batallas convirtiéndose ellos mismos en su propio enemigo.

Por ejemplo, cuando nos proponemos  realizar una dieta generalmente renunciamos después de poco tiempo porque no nos sabemos gobernar, dejándonos llevar por los deseos de comer. Lo mismo sucede para crecer espiritualmente, salimos derrotados por no actuar con disciplina al orar o estudiar la Biblia, entonces perdemos primero contra nosotros mismos.

El Señor nos pide que nos superemos, pero antes de pensar en conquistar reinos, primero conquístate a ti mismo. Por ejemplo, ten paciencia para esperar filas largas o la respuesta de Dios; pon un freno a las emociones negativas que sientes, como la ira o agresividad porque podrías lastimar a las personas que amas; controla tu lengua, no discutas o hieras con tus palabras, mejor es quedarse callado que ser necio.

Una vida disciplinada y  auto controlada necesita tiempo, determinación y arduo trabajo; implica negarse a sí mismo, por esta razón es un desafío y te animamos a aceptarlo. El Señor quiere que superes grandes obstáculos y que los demás te admiren por vencer lo que muy pocos han logrado.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No pierdas lo valioso

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” Efesios 5:15-16 (RVR 1960).

Dios nos insta a que valoremos y aprovechemos el tiempo, advirtiéndonos que no andemos como necios. Esto significa que no debemos ser ignorantes, imprudentes o faltos de razón en el uso de nuestro tiempo. Podemos perder cosas materiales, que un día podremos recuperar, pero el tiempo es algo que por más que tengamos todas las riquezas no podremos recobrar. Te animo a que veas el tiempo como algo muy valioso y que cada segundo cuenta muchísimo. Organiza tu día, estableciendo prioridades y con disciplina cumple tus compromisos.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Un día en la escuela

(Una historia verdadera)
Todos los alumnos están formados en el patio del Instituto A***. Es una mañana fría. La señorita R*** está orgullosa de sus alumnos, todos flamantes con sus buzos del Instituto. Por años ha disfrutado de esa disciplina escolar que debe, según ella, caracterizar lo “anglo”. Va a dirigir unas palabras al grupo, arengándoles a una vida de ejercicio y desarrollo corporal integral, cuando la ve.
Es una niña de unos ocho años, de pelo castaño claro, ensortijado. Viste un pantalón de buzo descolorido y una remera blanca. La maestra pierde un poco la compostura, en realidad. La altera esta niña medio tontona, hija de misioneros evangélicos, que no se ajusta a las exigencias del colegio.
La llama adelante. La pone enfrente de todos y dice: “Quiero que miren todos a A***, que es la vergüenza de este colegio”. La hace volver a la fila e inicia ufana su clase de Educación Física.
Treinta años después, A*** está sentada a la mesa en la casa de sus padres. Por alguna razón la conversación gira hacia aquel episodio, tantas veces relatado y tan vergonzoso. Pero esta vez recuerda otro “aporte” de aquella maestra a su autoestima: “Un día se programó una visita a un circo de esos que se suelen poner en la esquina de General Velásquez con Alameda. Yo no tenía los $ 200 que había que pagar para ir. Entonces se fue con todos los alumnos y me dejó sola en la sala. Una profesora pasó por el pasillo y me vio. Me preguntó por qué estaba sola y le dije que porque no tenía el dinero no había podido ir al circo. Ella me tomó de la mano y me dijo: Vamos niña, yo te pago… y fui al circo”.
Escribimos esta memoria mínima como un homenaje – más allá del tiempo – para A***, que sufrió las vergüenzas de ser la hija de gente pobre. Para ella, esta pequeño esbozo de reparación a su honra infantil.
También como un reproche – algo tardío en verdad – a una educadora que, al menos en una época de su vida, no supo, no quiso o no pudo tener una mínima consideración hacia una alumna en desventaja y que no fue capaz de comprender que debía haber tratado con los padres, que no esperaban caridad y que se esforzaban por pagar un buen colegio.
(Se me ocurre pensar que hoy la señorita R*** habría sido denunciada en las redes sociales y tal vez suspendida de su cargo con una severa anotación en su carpeta. Son otros tiempos…)

Si rechazas la corrección, sufrirás

“La sabiduría multiplicará tus días y dará más años a tu vida. Si te haces sabio, serás tú quien se beneficie. Si desprecias la sabiduría, serás tú quien sufra.” Proverbios 9:11-12 (NTV)

La persona que te ama te corregirá y exhortará cuando vea que estás equivocado o haciendo algo que no es correcto, pero nunca dejará que vivas a tu manera y obrando mal.

Dios quiere que seas una persona sabia y disciplinada, para eso Él pondrá en tu vida personas y circunstancias que te ayudarán a corregir todo aquello que no esté bien en ti.  “Porque Dios corrige y castiga a todo aquel que ama y que considera su hijo.” Hebreos 12:6 (TLA)

Pero, ¿a quién le gusta que le corrijan? A la gran mayoría de las personas no nos gusta la corrección ni que nos llamen la atención. Nos creemos autosuficientes y sabios en nuestra propia opinión.

A veces cuando alguien nos hace dar cuenta de nuestros errores respondemos de mala manera con palabras como: “es mi vida” “es mi problema” “puedo vivir como yo quiero” “no te metas en mi vida” “quiero estar solo (a)” “no vuelvas a hablarme” o simplemente con nuestra actitud decimos todo eso. ¿Te pones así cuando alguien quiere aconsejarte y ayudarte?

Te diré algo, no avanzarás mucho en la vida si no estás dispuesto a ser enseñado. Seguirás en el mismo error y poco a poco te volverás una persona carente de sentimientos, que se molestará  y maltratará cada vez que alguien quiera corregirte.

La palabra de Dios dice: “Atended el consejo, y sed sabios, Y no lo menospreciéis.” Proverbios 8:33 (RVR1960)

Si quieres ser una persona madura y sabia necesitas que te corrijan. La corrección te ayuda a combatir defectos que quizás ni siquiera sabías que tenías, pero que los demás ven en ti.

Sé una persona humilde y no orgullosa para aceptar la corrección y los consejos que te den. No olvides que el regaño que más te duele podría ser el que más necesitas.

Proverbios 16:18 (PDT) dice: “Después del orgullo viene la caída; tras la arrogancia, el fracaso.” Y en Mateo 5:5 (NTV) Jesús dijo: “Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra.”

La persona que te corrige quiere lo mejor para ti y que seas feliz. “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él.” Hebreos 12:5. (RVR1960)

Oremos:

Padre amado, gracias por tu palabra, hoy aprendí que necesito ser corregido y enseñado. No quiero ser autosuficiente y sabio en mi propia opinión. Sé que la falta de humildad y no aceptar la corrección de parte tuya hará que sufra consecuencias. Por favor, haz de mi vida una persona sensible a tu voz y correcciones, quiero ser una persona sabia y temerosa de ti. Pongo mi vida este día en tus manos, dispuesto estoy a recibir todo lo que venga de parte tuya, en el nombre de Jesús, amén.”

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Cómo ser disciplinado?

La disciplina es uno de los ingredientes esenciales para triunfar en todos los aspectos de la vida. Cuando uno persevera y mantiene un determinado orden en su rutina, demuestra auto control y fortaleza, los cuales se notan en los resultados que producen. Sin embargo, para algunos es difícil seguir un cronograma establecido y no les resulta sencillo ser disciplinados; para esos casos, se puede aplicar lo siguiente:

1. Organiza tus tareas:

No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Organiza tus pendientes en el orden que prefieras (de lo más sencillo a lo más difícil, o al revés) y anota lo que necesitas para realizarlo. Esto se aplica para todo tipo de tareas, desde comenzar una rutina de ejercicios, hasta estudiar la Biblia. Una vez que pones un orden a las cosas, verás que es más sencillo ponerlas en acción.

2. Revisa tu progreso:

Sé tu propio control. Si decidiste empezar una vida más saludable, lleva un registro del ejercicio que haces durante el día y la comida que ingieres. Si quieres mejorar tu relación con Dios, anota lo que aprendes de cada devocional que haces. Cualquier otra actividad en la que quieras ser disciplinado necesita tener un registro. Esto te ayudará a evaluar tu progreso y a determinar si hay algo que debas corregir o que no has cumplido.

3. Escribe listas:

Si te es más fácil, escribe listas de tus pendientes y coloca avisos que te ayuden a cumplirlo. Puedes pegar pequeños papeles como recordatorios en lugares estratégicos, o colocar alarmas con el tiempo exacto que debe tomarte cada actividad. No importa qué materiales utilices, lo importante es que esos objetos sean de utilidad y te mantengan enfocado en lo que debes hacer.

4. Aléjate de la distracción:

Es fácil caer en la distracción, y para evitarla, aléjate de todo aquello que desvíe tu atención. Si es tu celular, apágalo; si es el ruido de la calle, ve a un lugar silencioso o utiliza audífonos, etc. Recuerda que quien pone los límites en tu vida eres tú, y si no lo haces ahora, es muy probable que no lo hagas nunca. La disciplina es algo que nadie más puede hacer por ti; así que decide poner orden en tu vida y persevera hasta el final.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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