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Del orgullo…a la reconciliación

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” Romanos 5:10  (RVR1960)

¿Cuantas veces nos enojamos con nuestros hermanos, amigos o parientes cercanos? Seguro nos faltarían dedos en las manos para contabilizar las veces que nos enfadamos con ellos, quizá fuimos culpables o no, pero el hecho es que hubo algo que separó nuestra relación y que ahora no ha sido fácil volverla a restaurar.

La Biblia cuenta de una experiencia similar ¿Recuerdas a Jacob y Esau? Hermanos de sangre que por su egoísmo, ambición y malas decisiones se separaron a tal punto de que uno deseó  terminar con la vida del otro. Puede que no hayas llegado a pensar de la misma forma pero, quizá de tus labios haya salido la típica frase: “No quiero verlo ni en pintura” ¿Crees que es lo correcto?

En el transcurso de mi vida he tratado con todo tipo de personas, estoy segura que tú también lo hiciste, es posible que me des la razón si te digo que no es fácil coincidir con todos y menos agradarles con nuestra forma de pensar o actuar por lo diferentes que podemos ser uno del otro, así como Jacob y Esau aun siendo mellizos tenían diferencias, cuanto más nosotros lo somos con nuestros amigos y parientes. Y aunque ésa podría ser una de las razones por la que surgen pleitos, no podemos negar que cada uno de nosotros utilizamos ciertos escudos para cubrir y mantener nuestra postura y uno de los peores es el orgullo.

¿De dónde viene el orgullo?

El orgullo viene desde que satanás pecó y su corazón se enalteció; fue este mal que Dios no aceptó  y lo expulsó del paraíso para su destrucción.

Desde ese entonces, nuestra lucha diaria es con el orgullo y que lamentablemente nos lleva a no querer reconocer nuestros errores en medio de los conflictos.

Quizá en estos días has pasado por ciertos problemas con personas cercanas a ti,  de las cuales te cuesta entender su proceder y hasta te ha sido difícil perdonar.

Sin importar el problema, déjame preguntarte, ¿realmente valió la pena terminar con tu amistad? ¿en verdad fue productivo el guardar distancia con tu hermano de sangre?

La Biblia dice en Efesios 4:26 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”

Lo que quiere decir es que no permitamos que un día se termine sin haber arreglado nuestras diferencias con los demás, no vayamos a dormir sin antes haber perdonado o pedir perdón.

Hoy quiero invitarte a dejar a un lado aquel orgullo que no te permite reconocer tus faltas y al mismo tiempo disponer tu corazón para que Dios pueda obrar en tu vida como lo ha querido hacer desde hace mucho tiempo.

No permitas que el orgullo te prohíba disfrutar de las buenas relaciones que podrías conseguir con los tuyos y principalmente con Dios.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

El dolor de la distancia

¿Cuántos padres expresan dolor por el abandono de sus hijos? ¿Cuántas mujeres u hombres enfrentan el sufrimiento por la separación de la persona que aman? Y es que cuando se ama, la distancia siempre trae sufrimiento.

¿Te has  alejado de alguien que te ama?

Es posible que te sientas tranquilo, pero no imaginas el sufrimiento que tus padres, tu esposa/o,   novia/o están sintiendo por tu ausencia; por lo cual, deberías considerar volver, recuerda que nunca se sabe lo que uno tiene hasta que lo pierde.

“!!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !!Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” Mateo 23:37 (RVR1960)

Si has enfrentado el dolor de la separación por una persona que amas, entonces comprendes el dolor que siente el Señor cuando te alejas de su presencia ¿Cuántas veces Él ha intentado cobijarte bajo sus brazos, pero tú no quisiste? Así como la gallina junta a sus polluelos para protegerlos y cuidarlos bajo sus alas, así te busca el Señor.

Entonces dijo así el Señor: Si vuelves, yo te restauraré, en mi presencia estarás.” Jeremías 15:19 (LBLA)

El Señor te ama y está esperando tu regreso. Recuerda que la separación trae dolor y lo propio sucede con Dios; Él siente tu ausencia y te busca. En este momento te animo a tomar la decisión de volver, Él sanará tus heridas y te ayudará a llevar tus cargas.

¡Sólo en su presencia recibirás plenitud de gozo!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Medio de comunicación

Con el pasar de los años, los medios de comunicación se han ido perfeccionando, permitiendo que la comunicación entre las personas se realice de una forma más simple.

La distancia ha sido un problema en la comunicación de las personas,  para poder hacerle frente en la antigüedad se utilizaban diferentes medios como mensajeros, humo, palomas mensajeras y piedras en las que escribían. Con el transcurrir del tiempo han surgido inventos como la imprenta, el telégrafo, teléfono, la radio, el fax, televisor y el Internet que han hecho mucho más fácil el poder estar en contacto con los que se encuentran en lugares alejados en  tiempo real.

En nuestros días podemos ver que la tecnología ha hecho mucho más accesible el poder estar comunicados  con los demás de forma más directa e inmediata.

Es muy necesario estar en contacto con nuestros seres queridos y, de igual forma, necesitamos estarlo con Dios. El medio por el cual podemos comunicarnos con nuestro Padre es la oración, y podemos decir que es mucho mejor que el telégrafo, una paloma mensajera o un teléfono inteligente en nuestros días.

La oración nos lleva a una relación más íntima con Dios, la distancia no es un impedimento porque podemos sentirlo muy cerca de nosotros. Jesús nos enseñó que debemos pasar tiempo con el Padre para poder contarle cómo nos fue en el día o si tenemos algún problema, Dios siempre estará dispuesto a escucharnos cuando decidamos buscarlo en oración.

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias…” Colosenses 4:2

¡Nuestra comunicación con Dios debe ir perfeccionándose cada día!

Por Miguel Ángel Veizaga

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Lo bueno, lo malo y lo feo de correr

Por cada estudio que han hecho se han dado estadísticas opuestas. En unos dicen que entrenar incrementa la salud del corazón y te ayuda a vivir saludable durante más tiempo. En otros, dicen que la gente que lo hace está haciendo una carrera hacia la muerte.

Aquí les doy varios hechos acerca de lo que correr hace por tu cuerpo.

Lo bueno:

1-Se ha comprobado que los ejercicios aeróbicos dan como resultado mejor ánimo en las personas gracias a las endorfinas que generan. Hay quienes se hacen adictos al ejercicio por esta misma razón. Los días que por falta de tiempo no se pueden ejercitar, lo notan en su falta de ánimo y disposición para hacer las cosas. Este es el primer factor favorable de correr o hacer ejercicios aeróbicos.

2-Los doctores recomiendan actividad de alto impacto (como correr) para prevenir osteoporosis. Eso por supuesto beneficia a quienes lo comienzan a temprana edad. Si ya tienen principios de osteoporosis pueden hacer pesas en lugar de correr o trotar, y como aeróbico, caminar apresuradamente.

3-Dicen que fortalece las rodillas y las articulaciones. Esto puede ser solo si se corre correctamente y con los zapatos apropiados, de lo contrario deteriora ambas cosas. Hay muchas personas incluso jóvenes a quienes se les hace imposible correr porque al día siguiente o incluso durante la carrera les comienzan a doler las articulaciones. Específicamente las rodillas. El hecho es que el golpeteo que se da en las rodillas hace que se estimule la producción de proteína en el cartílago, y esto ayuda a reparar cualquier daño existente en ellas.

4-El ejercitarse aeróbicamente mantiene tu mente alerta e incluso, las personas que tienen actividad física dos veces por semana, siendo ya mayores, han mejorado su nivel cognitivo.

5-Las personas sedentarias van envejeciendo más rápidamente que quienes tienen actividad porque las células no se renuevan por la falta de irrigación de la sangre. Correr hace que las células sean renovadas, por tanto previene el envejecimiento.

Lo malo:

1-Correr unos ocho kilómetros o cinco millas cinco a seis veces por semana es muy bueno para el corazón, pero entrenar para carreras de resistencia muy seguidas puede tener efectos negativos. Los atletas normalmente pueden hacer entre 40 u 80 millas por semana y eso puede causar inflamación en el cuerpo y estresar el corazón porque no hay tiempo de descanso para que los músculos se puedan recuperar entre sesiones. También hay estudios que dicen que a los hombres con problemas del corazón que hacen entrenamiento de resistencia les pueden dar infartos más fácilmente corriendo que estando sentados en su butaca. Por tanto si están comenzando a ejercitarse, comiencen despacio y preferiblemente háganse antes un chequeo médico. Es mejor prevenir.

2-Los corredores de maratones tiene un alto riesgo de desarrollar melanomas malignos (cáncer de piel) porque la mayoría no usa protector solar y cuando hacen sus ejercicios los hacen a la luz del sol. No deben olvidar nunca la protección solar.

Lo feo:

1-Una de las razones por las que duelen las rodillas es porque se crea inflamación alrededor de la rótula. Generalmente se da por patrones de movimientos incorrectos. Esto llega a hacer que las rodillas crujan. Las personas afectadas comienzan a escuchar sonidos cuando suben o bajan escaleras. Si ese sonido comienza es preferible tomarse un descanso de las carreras.

Honestamente, a quienes les gusta correr o trotar, lo van a continuar haciendo y a quienes les afecta de diferentes maneras, se ejercitarán caminando. Uno tiene que aprender a reconocer las indicaciones que el cuerpo le da. No ignores los síntomas de dolor o de sonido en las rodillas si has comenzado a correr. No sobre entrenes. No dejes de usar protector solar si te vas a ejercitar en exteriores mientras está el sol afuera. Y nunca, nunca dejes de ejercitarte al menos tres veces por semana. Lo ideal es cinco veces por semana pero el mínimo para estar saludables es tres veces por semana.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

De lavandas y buganvillas

La nostalgia no es, a fin de cuentas, un asunto exclusivo del pasado. Solía tener la impresión que los recuerdos inolvidables estaban confinados a la infancia o a los años de la vida plena. Me entristecía pensar que no habría nada que añorar en estos últimos tiempos. Pero me equivocaba. El encanto de la vida nos acompaña siempre. Es sólo que no somos conscientes de ello todas las veces. Estamos demasiado ocupados en otras cosas.
Descubrí la lavanda cuando tenía dieciséis años. Había un perfume llamado “Atkinson’s” que resumía para mí todo el poder de la melancolía. Su esencia ponía una distancia salvífica entre mí y la realidad que – ya tan temprano – sabía atormentarme. Pero fue hace sólo unos pocos años que pude ver, tocar y experimentar la planta de lavanda. La plenitud de esa revelación me vino en un café rural que tenía a la venta además artículos artesanales, cuadros, mermeladas y plantas. Ya había abandonado todas las seguridades a las que uno se aferra para no perder la cordura. Como yo ya la había perdido, ese encuentro con las minúsculas hojas color lila renovó el sentido de distancia que me es tan necesario a veces.
Una vez en Temuco conocí las buganvillas. Yo no sabía que se llamaban así. Iba a algún asunto ministerial por ahí de traje y corbata y me tuve que detener. Era imposible continuar: instantes como esos son únicos y hay que rendirles la pleitesía correspondiente. Tenia conmigo, por mi trabajo, una cámara fotográfica y por muchos guardé esa imagen entre mis papeles. Después del gran terremoto de mi vida se perdieron en la rencilla de las pertenencias sensibles. De pronto las empecé a ver en todas partes: en Chile, en Argentina, en Paraguay, en Hungría, en Israel y otros sitios que no creo que ya pueda recordar. Ayer vi una en una casa vecina en el barrio de la Paula.
Alguien de la audiencia podría, no sin razón, preguntarse por qué este desvarío con plantas y no con personas. Por varias razones. Primero, porque esas memorias son sólo asunto mío y no de una tribuna pública. En segundo lugar, porque las personas cambian; las buganvillas y las lavandas son siempre las mismas. En tercer lugar, porque las memorias recientes son de dulce y de agraz y hoy en particular no me sale nada digno de registrar en las exactas cuatrocientas palabras del caso…

Las islas

Chiloé, cielos cubiertos. Así se llamaba una obra de teatro que vi en los tiempos de Maricastaña. Chiloé, fascinación de promontorios que se hunden en la salvaje pronunciación del Pacífico austral. Atardeceres de fuego y hielo conjugados, luces y sombras de la distancia y la soledad entre verdes desfiladeros y algarabía de gaviotas.

Pasó una caterva de años para que un día, en una lancha de 13 metros, cruzara por primera vez los canales inverosímiles del archipiélago, rodeado de cerros verdes con manchas de sol y lluvia, entonces arcoíris por todos lados y el latigazo del viento austral. Tabón, Chidhuapi, Curaco de Vélez, Dalcahue, Tenaún, fueron nombres que se sumaron a mi bitácora de viajero incansable y ahora inalcanzable.

Volví allí hace un año y medio buscando su hechizo de silencio y distancia. Quería dejar atrás el oficio de la palabra y de las personas. ¿Sería que podría producir papas para alimento de la humanidad? ¿O sacar algas para hacer cosméticos? ¿O conducir turistas de habla rara y vestimentas extravagantes por las orillas y las alturas?

Me refugié en la casa residencial de una antigua amiga que hace patria con su familia hospedando turistas europeos que quieren tocar el vértigo de la aventura en los canales del sur y mirar de cerca lo primitivo que le parece nuestro fin del mundo. La ventana de mi cuarto daba a la playa, que estaba a unos cincuenta metros. Una mujer, con los pies desnudos en el agua helada, sacaba todas las mañanas unas algas que semejaban una inmensa cabellera verde y que se usaba, me dijeron, para la fabricación de cosméticos y aditivos para alimentos. Me quedaba horas frente a la estufa a leña y escribía, leía, me dejaba ser no más.

No había internet y era necesario salir a la playa a buscar un poco de señal para el teléfono. ¿Podría hallar allí la distancia precisa entre el ayer y los reducidos territorios que quedan por descubrir en los años restantes? ¿Apagar por fin los sonidos del miedo, la culpa, la vergüenza? ¿Hallar un poco de paz, la esquiva paz…?

Regresé. No se podía. Había otros imperativos. Otras urgencias. Otras palabras por hablar antes del fin. Decir lo que nadie, o pocos, quieren decir y entonces ya está. Deber cumplido y adiós.

Chiloé. Cielos cubiertos.

(La fotografía la tomé durante aquel breve exilio)

La noche de ojos abiertos

Pensamientos a la hora en que se apaga el día. Exploraciones sin intención en el retiro monástico de la soledad. Consideraciones sin máscaras porque ya no hay más…caras. Ideas sin corrección de pruebas. Reflexiones al aire sin domicilio conocido. La búsqueda incesante de la distancia y el dejarse ir.

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La noche, siempre sin novedad, siempre con su pertrecho de humedad, silencio y recuerdos innecesarios. La hora de las preguntas inútiles, de las sanciones auto infligidas por la conciencia. La crónica de los equívocos, el repaso de los deseos incumplidos, la cruda realidad del ser desnudo.

Cómo quería hacerse inmaterial, transparente, invisible al latigazo de las horas y los pensamientos inoportunos. Cómo ahogarse en los sueños imposibles, habitar las naves siderales de la imaginación y huir a las más lejanas galaxias, sólo para poder respirar un poco, destrabar la dura garra de la memoria y descansar.

No todo evocaba dolor y miseria. Había ciertos remansos en los rápidos de la vida y una luz dorada patinaba la dulce superficie del agua. Un silbo apacible, una nota lenta y prolongada venía a conectarlo por un rato con el regocijo de la juventud, con la música de los años maravillosos, con un beso leve, una caricia intensa, un estertor final y delicioso, eterno.

Acércate a mi territorio nocturno, a mi espacio de estrellas. No tengas miedo. Ven al lado dulce de la soledad. Ven a reconocer su rostro temperado, su abrazo delicado, sus maneras educadas. La noche tiene razones que el día no sabe. A esta hora todo es igual. Nada sobresale en la fina línea de la vida. La noche y la soledad nos visten con su uniforme universal y nos igualan.

Uno esta noche se aleja del ruido molesto de la vida porque a veces te cansa, te agota su demanda continua, su repiqueteo de campanillas, de letras exigentes, de palabras persistentes. Uno quiere recogerse, hacerse minúsculo, arroparse bajo las cobijas y hacer que los latidos desciendan a su mínima expresión. Uno quiere descansar.

Estallan en fronteras invisibles nuevos mundos, se dispara la imaginación más allá de las paredes, creando universos paralelos, territorios para la vida que no reconoce límites, lugares remotos donde todos los sueños son posibles, donde la realidad se somete a la libertad, sin tiempo, sin razones, sin pausas.

Amor para toda la vida

Un niño hizo un bote de papel, fue tanto el esmero para que quedara bien que llegó a ser lo mejor que tenía. Lo llevaba a todo lado, lo dejaba en los pequeños riachuelos y lo contemplaba todo el tiempo; pero de repente sucedió algo inesperado: el bote se perdió. El niño muy asustado comenzó a buscarlo, recorrió calles, tiendas y no lograba hallarlo y, a pesar que pasaron varios días, continúo con la búsqueda hasta que por fin lo encontró. Estaba en una tienda de antigüedades colocado en el mostrador. El niño ingresó rápidamente, solicitó al vendedor que le devolviera su bote pero éste se negó diciéndole que él lo había comprado y que de igual manera el niño debería hacerlo. Al escuchar esto el pequeño corrió a casa, sacó todos sus ahorros y regresó a la tienda, compró su bote y al salir le dijo “Botecito cuando te hice yo te amaba, pero al recuperarte y comprarte te amo doblemente.”

Esta ilustración ejemplifica el amor de Dios, la palabra dice que nosotros somos su creación, Él nos hizo a imagen y semejanza suya,  nos formó y ya nos conocía aun antes de que estuviésemos en el vientre de nuestra madre.

Sin embargo, por nuestros pecados, nos alejamos, quisimos experimentar la vida y lo que nos ofrecía, nos apartamos de Él y por mucho tiempo hemos permanecido así, distantes de Dios, de sus propósitos, de sus sueños para con nuestras vidas.

Hasta que un día, el Señor tocó nuestros corazones nuevamente, por su amor nos llamó y su dulce voz nos cautivó,  ya no pudimos resistirnos más y volvimos a él.

No fuimos nosotros, fue Él quien buscó la manera de acércanos a sus propósitos otra vez. Entregó su vida, en una cruz, dio todo por amor y por ese sacrificio obtuvimos la salvación y vida eterna.

¡Cuán inmerecido amor de Dios, cuán inmenso y profundo! Es un privilegio ser amados por Él, porque este amor no es condicional, no es inconstante, no es pasajero o momentáneo como el mundo lo ofrece; por el contrario es eterno, inmensurable y único para nuestras vidas.

Recuerda Jeremías 31:3 “El Señor se manifestó a mí, hace ya mucho tiempo diciendo con amor eterno te he amado por tanto mi misericordia se ha extendido…” (Énfasis añadido)

Te animo a que cada día tus pensamientos y voluntad sean sujetos a esta verdad:

“¡Dios te ama! Te ama porque eres su creación, su adquisición ysu herencia y ante tal  declaración no hay nadie ni nada que pueda afirmar lo contrario.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Hagámonos un nombre

“Vamos, construyámonos una ciudad y una torre con su cúspide en el cielo, para hacernos un nombre…” Así describe cierto relato antiguo ese obsesivo deseo de los seres humanos por mirarse a sí mismos. Si se mira bien, no era un asunto geopolítico. Había aparentemente una necesidad imperativa de fijar la atención en ellos. Según el relato, la preocupación de esos personajes era evitar ser esparcidos por todo el mundo; consideraban una iniquidad el tener que salir al universo de los otros. Tal vez esa sabrosa crónica tenga otras interpretaciones pero me provoca ese hacerse un nombre por lo inmensamente contemporáneo que es el tema.

Richard Sennett describe algo parecido en la cultura moderna: “La sociedad de hoy ha movilizado las fuerzas del narcisismo que se encuentran potencialmente en todos los seres humanos mediante la intensificación del cultivo de la personalidad inmanente en las relaciones sociales hasta el punto de que esas relaciones aparecen sólo como espejos del Yo” (Narcisismo y cultura moderna. Barcelona. Editorial Kairós. 1980. Página 8).

Lo que sigue es una opinión bastante indocumentada pero sugestiva: se me hace la idea que las redes sociales resultan un símil fabulosamente fiel de aquella antigua ciudad con su torre: ese deseo de proyectarse uno mismo desde sus seguras almenas a más que saludable distancia de los compromisos y complicaciones que tienen las relaciones humanas reales. Puedo comprender lo del temor a los otros. La soledad que elijo con frecuencia me exime a veces de los problemas de ser parte de la realidad de las personas. Pero la paradoja de las redes sociales es que la gente tiene hoy la obsesión de exponerse conservando la seguridad de la distancia que provee lo virtual; entonces, volviendo al señor Sennett, esas ficticias relaciones aparecen sólo como espejos del Yo.

Hacerse un nombre. Acuartelarse a buen recaudo del universo de los otros. Tener cientos de amigas y amigos en el seductor espejismo del mundo virtual. Contemplarse en el aparente perpetuo presente de las selfies. Alvaro Cuadra expone el carácter de este nuevo narcisismo: “No se trata ya, por cierto, de mero egotismo, o amor a uno mismo; sino de un vasto fenómeno cultural con una dimensión psicológica específica” (De la ciudad letrada a la ciudad virtual, manuscrito inédito. Universidad Arcis. Santiago de Chile. 2003, página 31).

S.O.S.

“Dedíquense a la oración con una mente alerta y un corazón agradecido” Colosenses 4:2 (NTV)

En el libro “Compañeros de Oración” de John Maxwell,  hay una historia que cuenta que en una noche de 1968 el piloto de un avión de pasajeros con destino a Nueva York se dio cuenta de que el tren de aterrizaje de su jet estaba trabado. Al acercarse cada vez más a su destino, continuaba luchando con los controles tratando de que las ruedas cayeran en su lugar, pero sin éxito. Dando vueltas alrededor del aeropuerto, pidió instrucciones a la torre de control. El personal de tierra, respondiendo a la inminente crisis, roció la pista con espuma y los vehículos de emergencia se colocaron en posición. Le dieron instrucciones al piloto de que aterrizara lo mejor que pudiera.

La tripulación pidió  a los pasajeros que se prepararan para lo peor y se colocaran en posición de descenso. Momentos antes del aterrizaje el piloto anunció por el intercomunicador: “Estamos comenzando nuestro descenso final, es mi obligación informarles que si creen en Dios, deben comenzar a orar”. Entonces, el avión hizo un aterrizaje de barriga y milagrosamente se detuvo sin causar daños a los pasajeros.

Si aquel piloto no se hubiera encontrado en una crisis ese día, sus pasajeros nunca hubieran utilizado el recurso más importante que tenían: la oración.  Pero, ¿no ocurre lo mismo con la mayoría de las personas? Mientras todo va bien, rara vez piensan en hablar con Dios pero cuando el asunto es de vida o muerte, se vuelven a Él para pedir ayuda.

Lo relevante es que muchos piensan que la oración es tediosa y que sólo lo hacen las personas de la tercera edad;  se conforman con decir: “Dios es bueno”, “Dios es misericordioso”, “demos gracias por nuestros alimentos” y esto es suficiente para ellos. Pero, contrariamente a todo esto, la oración es un tiempo de comunicación con nuestro creador, es como el matrimonio, si no hay una buena comunicación éste se destruye.

Si usted observa algunas parejas de matrimonios que conoce, podrá darse cuenta de que en una buena relación de esposos, estos hablan de todas las cosas, su comunicación es espontanea, transparente y franca. En cambio, cuando en un matrimonio no hay una buena comunicación estos tienden a deteriorarse y acaban muy mal.

Nuestra relación con Dios también debe ser de esta forma, cada día debemos dedicarle un tiempo de oración de por lo menos una hora.  ¿Te parece mucho? Si dedicas a hablar con tus amigos más de una hora, ¿por qué no puedes hacerlo con Dios?

No seas como los pasajeros de ese avión que esperaron hasta el último momento para pedirle ayuda a Dios, al contrario mantén una buena comunicación con Él a través de la oración.

“Dios no está más lejos de usted que a la distancia de una oración”. (William A. Ward)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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