doctrina Archives | CVCLAVOZ

All posts in “doctrina”

¿Qué miras?

Maldito el hombre que confía en el hombre” sentenció en un mensaje de voz un auditor que seguía nuestra conversación en el programa de los jueves. Estábamos tratando algunos de los problemas que observamos en la vida y la práctica de la gestión institucional cristiana.

Esas palabras me hicieron acordar de mi papá, que se enojaba tanto cuando oía a algún predicador decir “No me mire a mí, mire al Señor. La idea de estos comentarios es que uno tiene que pasar por alto las inexactitudes, las malas prácticas y la desidia de los predicadores y líderes en nombre de una mirada supuestamente más alta. Suena noble y bonito pero eso no es otra cosa que elevar la tontería al grado de doctrina pura.

Lo que está mal, está mal y hay que corregirlo. No me preocupa tanto lo que tiene que ver con la conducta personal del individuo; eso puede solucionarse tratando el problema puntual en privado. Lo dañino es que si las cosas mal hechas a nivel corporativo no se corrigen, van a sufrir muchas personas que creen todo lo que se les dice. Y más grave aún, va a destruir la misión que se pretende que la iglesia desarrolle en el mundo.

Es como cuando a una mujer que reporta que su marido – líder en la iglesia – ejerce violencia o abuso en la familia se le dice que “espere en el Señor”. A eso me refiero con elevar la tontería al grado de doctrina. Honrar a Dios no es condonar la maldad; al contrario, hay que confrontarla.

De nuevo, las cuestiones de orden personal se deben tratan en forma personal y ya. Pero si las malas prácticas de un individuo afectan a la comunidad de los creyentes y a su tarea en el mundo, entonces hay que confrontarlas y resolverlas.

Tal vez valga la pena preguntarse por qué Jesús fue tan severo con los representantes de la religión institucional – particularmente los fariseos – y tan compasivo y paciente con pecadoras y pecadores. Pero muchas instituciones cristianas hacen al revés: son pacientes con los que dañan el sistema y radicalmente críticos con el mundo.

Ironias de mi reino…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Ten cuidado y escucha el consejo

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” 2 Timoteo 4:1-5 (RVR1960)

Vivimos tiempos donde las personas ya no quieren escuchar la sana enseñanza de Dios, donde prefieren seguir sus propios deseos y buscan Iglesias o pastores que les digan lo que ellos desean oír. Hay muchos que han salido de sus Iglesias porque han visto que en otras congregaciones hay milagros, prosperidad económica, remuneración alta por servir a Dios, pueden hacer lo que quieran, etc.

Tristemente uno puede caer en el engaño sino medita en la palabra de Dios ni pasa tiempos con Él. Daniel 8:25 (DHH) dice: “Por su astucia, sus engaños triunfarán. Se llenará de orgullo, y a mucha gente que vivía confiada le quitará la vida a traición. Hará frente al príncipe de príncipes, pero será destruido por Él.”

Satanás es muy astuto para engañar a la gente y oculta sus verdaderas intenciones. El apóstol Pablo en 2 Corintios 11:14 escribió: “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz”. Por lo tanto no subestimemos el poder de satanás y su habilidad de mentir.

Tú y yo sabemos que los tiempos que vivimos son peligrosos y que el retorno de nuestro Señor Jesucristo está cerca. No te apoyes en tu propia prudencia ni te dejes guiar por lo que te dicen. No escuches voces ajenas a lo espiritual y lee la Palabra de Dios, porque ahí encontrarás sabiduría y dirección. Toma en cuenta el consejo de Pablo a Timoteo:

Sé sobrio en todo, es decir,  atento siempre a las cosas que te enseñan, malas amistades, tentaciones, etc. “Sed, sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. 1Pedro 5:8.

Soporta las aflicciones, como  hijo (a) de Dios es normal que en tu vida atravieses grandes pruebas, aflicciones, ya que el enemigo no está contento con tu decisión de servir al Señor y con tu nueva vida, pero el Señor dice: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” Salmo 34:19.

Haz obra de evangelista, sigue predicando la verdad a los inconversos. Esta tarea debes hacerla cada día por amor a las almas y en cumplimiento del mandato divino de “Id y predicad el evangelio.” Marcos 16:15.

Cumple tu ministerio, nunca pienses que eres inútil, tienes dones y talentos especiales que Dios puso en ti con los cuales puedes servirle. “Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mateo 25:23.

Oremos:

“Dios amado, gracias por este día, gracias porque siempre me guías y aconsejas. Por favor cuídame de toda enseñanza que no viene de ti y de todo lo malo. Ayúdame a servirte y a cumplir tu mandato de la gran comisión. Dame fuerzas para servirte, predicar tu Palabra y honrarte siempre. En el nombre de Jesús, amén. “

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Eso no se dice

Recordarán la historia de aquellos estafadores que ofrecieron a cierto vanidoso rey hacerle un traje con una tela invisible que sólo podía ser vista por la gente inteligente. El día del estreno de su flamante traje en la corte, todos vieron que estaba desnudo pero nadie dijo nada porque ya estaban advertidos que la tela revelaría a los ignorantes. Todo terminó mal cuando un niño presente gritó: “¡El rey está desnudo!”
En esta historia el grito de ese chico fue una liberación. Los cortesanos deben haberse sentido aliviados al comprobar que en realidad no eran tan tontos. En la historia nuestra las cosas funcionan así. Quienes ejercen el oficio de señalar las desnudeces del sistema raramente la pasan bien.
Recurro siempre a la imagen del profeta Jeremías, uno de los denunciantes más controvertidos del Antiguo Testamento, metido dentro de un tronco hueco y aserrado hasta la muerte. No sabemos si esta tradición es cierta pero se corresponde con el desagrado que provocaron sus palabras entre sus contemporáneos. Decir lo que está mal es peligroso, particularmente si eso se refiere a los dirigentes y al círculo más duro del poder. He sufrido personalmente las consecuencias de haber apuntado a la cabeza del sistema.
Pero es otra cosa la que duele más. La mayoría de la gente defiende al sistema y suele ejercer la más amarga oposición a las palabras del denunciante. Los años me han permitido entender las razones que tiene la “inmensa mayoría” para rechazar al disidente. Ella se alinea siempre con el discurso de la enseñanza recibida. Se la ha convencido que la doctrina es incuestionable, es suprema, es divina y no admite contradicciones. Así como se les dijo que es, así es. No hay lugar para cuestionar, pensar independientemente o digitar el sistema. Así que la gente “defiende” la intangibilidad del discurso.
Pero la más triste de las razones es que la inmensa mayoría prefiere la tibia tranquilidad del orden establecido. Es posible que se dé cuenta de que las cosas no andan bien, que hay iniquidad en el sistema. Pero confrontarlo amenaza la tranquilidad de la vida. Es lindo estar en paz, asegurar las bendiciones adquiridas y no meterse en líos.
Por eso el oficio de decir seguirá siendo, supongo, una tarea ingrata y las más de las veces inútil. Como solía decir mi severa madre: “Niño, eso no se dice.”

No me preguntes

Me sigue asombrando – especialmente en estos últimos años – cuánta gente llama o escribe a segmentos del tipo “Pregúntale a…” o “Un minuto con…” para consultar sobre las relaciones de noviazgo o matrimonio, el llamado, el buen uso del dinero, el perdón o la venida del Señor. Me río con Angel Galeano contándole acerca de aquella persona que consultó seriamente si era bueno o malo masticar chicle cuando uno estaba ayunando.
Pienso que las inquietudes que motivan esas preguntas deberían corresponder a quienes inician su vida cristiana y que naturalmente tendrían muchas dudas. Pero la evidencia indica que copan los mensajes de texto o audios personas que asisten regularmente a la iglesia, escuchan periódicamente predicaciones, se inscriben en cuanto taller pueden y han tomado toda la serie de cursos que las instituciones cristianas formulan para su gente. Es decir cristianos que ya deberían tener una idea clara acerca de la doctrina y la vida de la fe. Es asombroso: como si siempre estuvieran aprendiendo y nunca llegaran al conocimiento de la verdad. Para otro espacio queda la pregunta de a quién le puede interesar perpetuar este orden de cosas.
Otra consideración importante: ¿por qué creen que una persona puede dar respuestas todos los días a tan diferentes materias con una disposición que parece casi infalible? Más aún: ¿por qué tienen tal seguridad en el respondedor de preguntas y no la depositan en la fuente original de la doctrina y de la vida que es la Biblia?
Desde hace mucho la gente ha resignado el explorar por sí misma el texto y prefiere confiar en quienes le explican la vida en cápsulas bíblicas de cinco minutos. Lo que corresponde es examinar lo que nos enseñan y cotejarlo concretamente con el texto bíblico. No leer la Biblia excepto los versitos que se indican en la predica del domingo y algún salmito en la mañana antes de salir a la calle conduce indefectiblemente a la confianza ciega en los gurús que todo lo saben y lo que no…
Por eso cuando las personas me preguntan acerca de temas que tienen que ver con la vida o la doctrina me apresuro a decirles que no soy una factoría de respuestas. Los urjo a leer, a pensar ellos las implicaciones de la pregunta y, a lo más, me atrevo a abrirles alguna puerta.
No me preguntes a mí. Intenta leer, aprender y comprender tú.

El plan

Volviendo a mi flagelante costumbre de meterme en líos quisiera ofrecer algunos pensamientos sobre aquello de que “Dios tiene un plan para tu vida”. Menudo conflicto, porque la mayoría de los evangélicos sostiene esto con una fortaleza evidentemente más emocional que conceptual.

Esta convicción se sostiene en una variedad de versículos de prueba, costumbre bastante arraigada en nuestros círculos, esto es, sustentar una idea en apoyos de versículos aislados en vez de una fundamentación que se sostenga en todo el texto.

Cuando era estudiante universitario, cumplía horario como administrador de una biblioteca de la Facultad de Ingeniería. A veces me tocaba pasar a máquina los apuntes de los profesores. En el área de Administración de Empresas se enseñaba PERT/Camino Crítico, Carta Gantt y SOP (Study Operation Plan). Eran sistemas de control de avance de los proyectos. La idea era entrenar a los ingenieros para que aseguraran el cumplimiento del plan operativo, fuera construir una represa o desarrollar un sistema de información para una fábrica de carrocerías para buses de pasajeros. Todos estos conceptos provienen de la mentalidad estadounidense o europea. Es casi imposible hallar el origen de estos conceptos en las culturas africanas, orientales o latinas. Es un atributo propio de los “occidentales”.

Esta orientación a la rigurosidad en el cumplimiento de un proyecto fue introducida – según yo – a la teología y la enseñanza bíblica. El numen occidental no pudo sino atribuir a un plan todo lo que Dios hace, convirtiéndolo así en una especie de súper manager, un gerente estelar que se pasa el día chequeando cómo va desarrollándose el plan que tiene con cada uno de sus hijos y también con el mundo entero.

Soy consciente de cuánto puede molestar a la audiencia que cuestione una doctrina considerada intocable. Es tan reconfortante saber que todo está orquestado y definido por una mente perfecta y que todo lo que sucede es ni más ni menos que el desarrollo del plan que a cada uno le ha sido asignado.

Me parece que así la espontaneidad, el descubrimiento, la sorpresa, la novedad y el aprendizaje que le da sentido a lo humano – entendido como imagen de Dios – todo ello se licúa en la continua y estricta verificación de que el plan se está cumpliendo y en la intervención soberana del administrador para corregirlo cuando se sale del curso previsto.

Para pensar, no para armar una guerra…

Lo imposible

Me quedo pensando en la pregunta del presentador en la última entrevista de los jueves en una radio evangélica internacional: ¿Qué hay que hacer para tomar conciencia de lo que dices? Hablábamos acerca de cómo el espíritu de la época ha penetrado en el tejido y la trama del cristianismo evangélico y lo difícil que es un cambio de rumbo en su historia.
Es una enorme pregunta. Porque sabe que no le voy a dar la típica respuesta que combina versículos bíblicos, tradiciones y doctrinas, aparte del recurrido repertorio de frases hechas y lugares comunes. Las cosas son bastante más serias – y urgentes – y no hay posibilidad alguna de comprenderlas en un charlita de entre semana.
Mencionemos algunas imposibilidades. El establishment que sostiene y conduce a las instituciones de la fe es inmenso e impenetrable. Tiene siglos de historia y ha dado pruebas de una supervivencia que sólo se puede atribuir a un milagro. Visto en su conjunto, implica flujos de dinero que proveen los salarios de la dirigencia y solventan los gastos de la infraestructura. Hay posiciones de poder, prestigio e influencia que son intensamente defendidas por los dirigentes y su entorno más cercano; éstas no son cosas que se van a dejar ir sólo porque algunos alborotadores con complejo de profetas – o filósofos – anden metiendo cosas raras en la cabeza de la grey.
Pero hay más razones para lo imposible: las instituciones religiosas no son lugares donde se revisen las doctrinas y las convicciones porque se basan en un texto sagrado considerado infalible. A pesar de que teología, la doctrina y la tradición que emana de ellas no son infalibles (sólo el texto sagrado lo es) han logrado instalar la idea de que lo que se enseña es sagrado. Así, debido a que no se puede deliberar sobre los contenidos de la enseñanza y la doctrina, el espíritu de la época no tiene obstáculos en ir penetrando la institución de una manera imperceptible y efectiva.
Para que en la iglesia haya una autocrítica profunda y un cambio que tenga el impacto de la Reforma protestante en su tiempo, se deben dar condiciones que son inexistentes en el actual orden de cosas institucional: una mirada renovada y relevante al texto bíblico, una comprensión inteligente e iluminadora de la cultura circundante y un contingente de conductores capaces de una tarea de tales proporciones.
Eso, por ahora, se ve imposible…
“Un pensamiento que no cambia la vida del lector es un pensamiento cosmético” (Michel Onfray, filósofo francés).

Luces y sombras

“El mundo que me enseñaban se ordenaba armoniosamente en función de coordenadas fijas y de categorías inamovibles… En cuanto empecé a balbucear, mi experiencia desmintió ese esencialismo. Lo blanco rara vez era íntegramente blanco; la negrura del mal se esfumaba: sólo percibía tonos grisáceos. Pero en cuanto trataba de asir los matices indecisos, tenía que encontrar palabras y me encontraba arrojada en el universo de conceptos de aristas duras.” (Memorias de una joven formal, Simone de Beauvoir).

Raras veces alguien pone en palabras un sentimiento, una idea, una sensación, una experiencia que hasta ese momento creía era algo solo mío – no necesariamente como un tesoro feliz, sino casi siempre como un complejo problema existencial. En este fragmento aparece la voz de una mujer singular que revela en su relato cuestiones que difícilmente la gente cree que un niño pueda pensar y sentir.

Están presentes en esta cita dos cuestiones que me conmovieron profundamente de niño. La primera fue que el mundo no era lo que me decían que era. Recuerdo diversos episodios, casi imperceptibles para el ojo de mis hermanos y hermanas, que constituían para mí la perturbadora evidencia de que palabra y realidad no pocas veces se trababan en conflicto. Esta colisión entre la idea y el hecho que debía corresponderle arrojaba manchas difusas en el macizo mapa de blancos y negros, buenos y malos, amigos y enemigos. A mí no me molestaba tanto que las cosas no fueran tan definidas; más me alteraba que los adultos no lo admitieran, que lo disimularan e insistieran en el rigor de los contrastes.

La otra cuestión se refiere a aquello de asignarles palabras a los matices indecisos. Quizá esta noción resulte foránea para una audiencia más joven. Crecí en un mundo religioso opresivo y controlador; no cabía allí ni una argumentación que valiera algo en ese verdadero estado policial que era la institución, como supongo ocurriría en un mundo más ilustrado; era no “porque yo digo que no”, “porque así se hacen las cosas aquí.” De modo que ponerle palabras a esta disparidad medio clandestina entre doctrina y realidad, aunque las tuviera, era impensable absolutamente. Aún hoy me encuentro no pocas veces luchando por encontrar aquellas que puedan, en toda su magnitud, dar cuenta de este juego enervante de luces y sombras.

(Publicado en enero de 2013)

 

Send this to a friend