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Plan de Dios

Asisto a un taller sobre cristianos y política en un encuentro de comunicadores. Hago una pregunta sobre la legitimidad de la protesta social y el conferencista responde con bastante criterio.

Al rato se me acerca un pastor que asistió al mismo taller y me ilumina: “Si se mira esto espiritualmente (las itálicas son mías), uno se tiene que alegrar de que haya esta efervescencia social. Según el plan soberano de Dios, la gente desesperada por paz y seguridad va a adelantar la llegada del Anticristo y la venida del Señor será inminente”.

Es una rica pieza de análisis. Me siento casi culpable de explorarla. Es tan desesperadamente mística y a la vez tan reveladora: con esta mentalidad va a ser imposible que la mayoría de los cristianos aporte algo concreto a la gestión pública.

Se trata de un asunto que ha concitado la preocupación y el debate de los estudiosos por milenios: ¿Todo lo que ocurre es nada más el desarrollo inexorable de una plan detallado de Dios? ¿O los seres humanos son libres para decidir sus acciones personales o sociales? Ambas opciones tienen algo en común: la responsabilidad de los actos ocurridos.

Si Dios está orquestando todo a una escala cósmica la responsabilidad de todos los acontecimientos humanos y del mundo físico recae sobre El y es imposible esquivar el hecho de que ha creado también el mal y el dolor.

Los expertos pensadores que adscriben a esta opción han articulado una impresionante cantidad de argumentos para decir que aunque sea El el agente controlador de todo, no tiene responsabilidad sobre el mal. La más simple pregunta de un niño desarma estos argumentos: “Bueno pero, controla todo. ¿O no?”

Los expertos pensadores que adscriben a la opción alternativa necesitan otra impresionante cantidad de argumentos para sostener la idea de que Dios verdaderamente es Dios y no un simple espectador pasivo.

La vida cotidiana no se resuelve con argumentos. La gente vive en el plano de la realidad, que a veces se muestra harto poco dispuesta a ser agradable.

Hay gente que dice que lo que le pasó “era de Dios”. Otros se han especializado en afirmar que fue “el enemigo”. Hay otra gente que piensa: “Es deber de todos nosotros y hay que trabajar incansablemente para mejorar estas cosas lo más que podamos”.

Adhiero a esta última mirada. Es la menos popular entre nuestro pueblo, claro. Pero es la más responsable.

Cultura in extremis

La cultura no puede florecer en sociedades que están dominadas por la escasez… Las personas que necesitan dedicar la mayor parte de su energía a permanecer vivas no tienen el tiempo ni los recursos para organizar fiestas refinadas o componer poemas épicos.” Así escribe Terry Eagleton en el capítulo Prejuicios postmodernos de su libro Cultura.

Es verdad. Cuando hay hambre, violencia, muerte, destrucción social y la única ocupación posible es seguir con vida, es difícil discurrir acerca del sentido de la vida o describir bellamente el rumor de las hojas de los álamos en la brisa de la tarde.

Tal vez sí valga mencionar que en situaciones extremas algunas personas pueden pensar o escribir cosas maravillosas, como aquella señora que minutos antes de ser guillotinada habría dicho: “Libertad, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”

O aquel relato sobre Jesús, próximo a la muerte y que no dice “Oye, Juan, por favor cuida a mi mamá”, sino ofrece un pequeño poema: “He aquí tu madre… He aquí tu hijo.”

O Violeta Parra, que un poco tiempo antes de morir por mano propia escribió “Gracias a la vida”, uno de sus más bellos poemas.

Por cierto esos ejemplos no constituyen necesariamente florecimiento de la cultura. Son estertores creativos, algo como el intenso brillo final de un meteorito que se deshace al entrar en la atmósfera terrestre, una estrella fugaz.

Hace unos años escribí acerca de la brevedad de las cosas y de lo poco que nos damos cuenta que hay gente que no tiene tiempo de filosofar porque está en medio de la tragedia todos los días e ilustré ese pensamiento con este fragmento de Italo Calvino, El caballero inexistente, citado por Umberto Eco en Confesiones de un joven novelista:

“Debéis disculpar: somos muchachas del campo […] fuera de funciones religiosas, triduos, novenas, trabajos del campo, trillas, vendimias, fustigaciones de siervos, incestos, incendios, ahorcamientos, invasiones de ejércitos, saqueos, violaciones, pestilencias, no hemos visto nada.”

Imposible agregar nada más.

Tal vez sí. Un poema en medio de indecible dolor: Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad (Lamentaciones 2:11)

Intenta de nuevo

“Nadie podrá derrotarte jamás, porque yo te ayudaré, así como ayudé a Moisés. Nunca te fallaré ni te abandonaré.” Josué 1:5 (TLA)

Qué difícil es seguir creyendo cuando no hay respuesta de parte de Dios y cuando ves que las cosas empeoran. Qué impotencia da cuando seguimos luchando sin ver un cambio positivo o con la incertidumbre de no saber qué sucederá. Parece que todo está perdido cuando no vemos resultados o cuando hay una amenaza de empeorar la situación.

En 1 Reyes, los capítulos 18 y 19, la Biblia relata la victoria del profeta Elías sobre los 450 profetas de Baal, pero inmediatamente después de vencer a esas personas recibe una amenaza de Jezabel, esposa del rey Acab, quien le mandó a decir a Elías que lo iba a matar.

Ante esta amenaza el profeta Elías huyó y no pudiendo más con la situación le dijo a Dios: «¡Estoy harto, Señor! Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados». 1 Reyes 19:4 (NVI)

¿Te sientes así? ¿Crees que todo está perdido?

Hoy sólo quiero recordarte que eres un hijo de Dios, por lo tanto, no te rindas ni huyas de tus problemas como Elías. El dolor, las pruebas, el sufrimiento son parte de tu vida, pero tranquilo, Jesús dijo: “Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33)

Por muy grandes o complicadas que sean tus dificultades, no olvides que para Dios no hay nada imposible, que Él está contigo y que no te abandonará en medio de esa crisis. Dios te ayudará a vivir para Él y salir victorioso.

Tampoco culpes a Dios por tus problemas como lo hizo Elías, “Ya basta Señor”, como si Dios tuviera la culpa de las cosas que enfrentamos, cuando en realidad somos nosotros mismo quienes nos involucramos en problemas por nuestras decisiones.

El Señor dice: “Vuelvan a obedecerme, y yo les daré poder. Si en verdad confían en mí, manténganse en calma y quedarán a salvo.” Isaías 30:15 (TLA)

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Alguna vez te han dado la espalda?

Qué doloroso es que alguien te dé la espalda en un momento de necesidad y peor cuando se trata de personas que amas; es un sentimiento de frustración tan grande que podría llevarte a tomar decisiones equivocadas, como sucedió en el caso de los discípulos de Jesús:

“Cuando ya se acercaba el tiempo en que Jesús había de subir al cielo, emprendió con valor su viaje a Jerusalén. Envió por delante mensajeros, que fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque se daban cuenta de que se dirigía a Jerusalén. Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron:

—Señor, ¿quieres que ordenemos que baje fuego del cielo, y que acabe con ellos?

Pero Jesús se volvió y los reprendió. Luego se fueron a otra aldea.” Lucas 9:51-56 (DHH)

Se acercaba el momento en que Jesús tendría que enfrentar el doloroso camino hacia la Cruz por amor a la humanidad. En el camino hacia Jerusalén trató de hospedarse en Samaria pero fue rechazado, esto porque los samaritanos no tenían una buena relación con los judíos de Jerusalén, por lo que al darse cuenta el trayecto de su viaje prefirieron no recibirlo.

Los discípulos estaban indignados por tal rechazo, por lo que quisieron vengarse inmediatamente, pidiendo al Señor que estos fueran destruidos cayendo fuego sobre sus vidas, pero Jesús los reprendió, porque el propósito que Él tenía era salvar vidas y no perderlas.

¿Cuántas veces queremos reaccionar como los discípulos de Jesús? Nos podemos enfurecer cuando alguien no quiere apoyarnos, hasta podemos desear su muerte, pero debemos recordar siempre seguir los pasos de Cristo. Dar lugar a lo que sentimos puede empeorar las cosas y apartar a las personas del amor de Dios en lugar de acercalas.

Antes de actuar, recuerda que eres hijo de Dios y que tienes un propósito, que tu amor por el Señor sea más fuerte que tus sentimientos.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

La cosecha será inmensa

“Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha.” Salmos 126:5-6. (NTV)

En esos momentos donde sientas perder las ganas de seguir luchando, porque parece que todo tu esfuerzo es en vano y no va ocurrir nada de lo que esperas, recuerda que todo es un proceso que demanda trabajo, esfuerzo, compromiso, dedicación, paciencia y muchas veces dolor.


Jesús en Lucas 18 nos enseña que siempre debemos orar y nunca darnos por vencidos. Él mismo dijo: “¿Acaso no creen que Dios hará justicia a su pueblo escogido que clama a él día y noche? ¿Seguirá aplazando su respuesta? Les digo, ¡él pronto les hará justicia!” Lucas 18:7-8 (NTV)


Por lo tanto, cuando veas que tu situación no mejora y parece empeorar, acuérdate que Dios no es un ser humano para que mienta o cambie de opinión. Él es Fiel a Sus promesas y cumple lo que dice. Eso sí, debes orar con la seguridad de que Dios responderá y con la confianza de que recibirás lo que esperas, porque si dudas y no crees en el poder de Dios, no recibirás nada del Señor.


La Biblia dice: “una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro. Esas personas no deberían esperar nada del Señor.” Santiago 1:6-7.


Confía en que Dios tiene un propósito con tu situación, que todo lo que has sembrado con lágrimas dará su fruto en su tiempo y cosecharás con una alegría inmensa; porque cada petición de oración que has llevado delante de Dios todo poderoso, dará resultados en el tiempo indicado. “Despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos para la cosecha.” Juan 4.35.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Una práctica que te ayudará a superar un trauma

Los traumas dejan heridas profundas en el alma. Estos pueden ocurrir en distintos puntos de la vida e impactar el porvenir de una persona. Estudios científicos actuales han demostrado que no podemos subestimar el impacto que tienen y deben ser tratados; de lo contrario podrían causar problemas en la salud mental y hasta llevar al suicidio.

Existen diversos métodos que ayudan a superar un trauma. Pero hay uno que es muy sencillo y se adapta a las herramientas que cada persona tiene. Este procedimiento ha sido usado a lo largo de la historia y los investigadores han descubierto su efectividad: la escritura.

Cómo la escritura ayuda a superar un trauma

Un grupo de psicólogos analizó el comportamiento de 50 estudiantes. Se les pidió que escribieran, a un grupo, sobre sus experiencias traumáticas y al otro sobre temas superficiales durante cuatro días seguidos. Seis semanas después de las sesiones de escritura, los estudiantes en el grupo de trauma tenían una estado de ánimo más positivo y sufrían de menos enfermedades; en comparación con que los que escribieron sobre temas superficiales. Además, las medidas mejoradas de la función del sistema inmunitario celular y el menor número de visitas al centro de salud estudiantil para aquellos que escribieron sobre experiencias dolorosas sugirieron que enfrentar experiencias traumáticas fue físicamente beneficioso.

Otros estudios muestran resultados idénticos: aquellas personas que escriben sobre sus experiencias dolorosas se recuperan más rápido de lo sucedido. Asimismo la escritura hace que las personas sean capaces de ≪resistir los estragos físicos y mentales del estrés y la enfermedad≫.

Cómo utilizar la escritura para sanar

No se necesita ser escritor profesional o publicar un libro famoso. La escritura como terapia funciona siempre y cuando una persona sea honesta con sus sentimientos y lo plasme con palabras. Algunas formas de poner esto en práctica son:

  • Escribiendo en un diario o cuaderno. No necesariamente se tiene que escribir todos los días, sino aquellos momentos en los que se sienta emociones más fuertes.
  • Escribiendo en un blog. Se puede elegir si el blog está en modo público o privado.
  • Escribiendo en un diario virtual. Son útiles porque son privados y pueden usarse en cualquier momento.
  • Grabando notas de voz. Se pueden grabar notas de voz a modo de diario y guardarlas en un archivo seguro.

El mismo acto de escribir es terapéutico. No se necesita ser experto en escritura para disfrutar los beneficios que este ejercicio ofrece. Otra ventaja que tiene es que cuando pasa el tiempo uno puede volver a leer con otra perspectiva lo que escribió y reflexionar sobre los sentimientos y emociones que ocurrían en aquel entonces.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

American Psychological Association. (2003). Recuperado el 16 de julio de 2019, de https://www.apa.org/research/action/writing

Estados alterados

A fin de sacar algunas frases interesantes para colocar en el estado de WhatsApp releo artículos que he escrito aquí desde octubre de 2012.

Confieso que si alguien lee la totalidad de estas notas, que superan las 650 ediciones, habrá hecho un viaje al fondo de mí.

Esto no es poco decir porque es un viaje complejo. Volver a leerlos ha sido algo revelador porque describen un período de dramáticas decisiones y grandes cambios.

Me di cuenta que los primeros tres años exploraban mucho más los sentimientos que el pensamiento. A este último modo lo he denominado “escritura técnica”, que se dedica a tratar cuestiones de orden, digamos, material.

La mayor parte de ese primer período profundiza en el dolor, la soledad, el redescubrimiento del entorno físico, el cuerpo en transición, la ida al amor y el regreso, los deseos contenidos, la celebración del libro, la escritura y el viaje, otros detalles mínimos como la rosa, el helecho, la buganvilla, la lavanda y el café. También las empanadas del “18” (sólo para chilenos).

Observo estados de gran esperanza y expectante contemplación de las posibilidades junto a otros de gran desapego, casi despedida y sosegado escepticismo, especialmente frente a la convicción de que no parece que las cosas van a cambiar para mejor.

Una de mis colegas del trabajo solía decirme – ahora no, curiosamente – que yo era ciclotímico, es decir, que experimentaba frecuentes altibajos emocionales. Leo que estos estados son menos agresivos que el trastorno bipolar pero se le parecen.

Le explico a mi amiga que son “estados alterados” porque no siempre me someto a los dictados de la justa razón.

A veces la razón no me entiende y no me encuentro dispuesto a entenderla a ella. Es decir, a pesar de lo que dice un amigo mío, en esos momentos simplemente no voy y hago lo correcto.

(Noto algo interesante sobre la gente que siempre hace lo correcto: tiene ese aire de “yo soy más santo que tú” aunque a veces tengo la sospecha de que se sujetan a la razón pero se mueren de ganas de otra cosa).

Tengo preguntas. No tengo todas las respuestas que me hacen falta. No todo está tan clarito. Hay días que en que me asiste, como a Sábato, una demencial esperanza en la gente y otras veces no tengo más ganas de tener esperanza.

Debo parar aquí. Me estoy repitiendo…

¿Y por qué yo no?

Ser víctima de alguna injusticia es muy doloroso, y una de las reacciones comunes es ser invadido por un sinfín de emociones como la venganza, impotencia y demás. Es ahí cuando debemos poner nuestra mirada en lo que la Palabra nos dice al respecto, para neutralizar nuestras emociones y dejarnos guiar por Dios, con el objetivo de no cometer errores y seguir su plan.

No somos seres perfectos y aun así el Señor nos dio la oportunidad de ser hijos suyos, a pesar de nuestros pecados y maldades nos brindó su perdón. Así mismo debemos considerar a los demás cuando nos lastiman, porque ese perdón que recibimos debemos darlo a otros.

“Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” Lucas 6:35-36

Algo que me llamó la atención en estos versículos es que Jesús alienta a que demos de lo que hemos recibido de Dios, dice que Él es benigno y misericordioso con los ingratos y malos; es decir que tiene compasión porque conoce que sus corazones necesitan de Su amor para ser transformados.

Por ello, por más difícil que sea es nuestra labor perdonar a quienes nos han pagado mal o realizado algún daño, ya que con ello estamos entregando la causa a Dios para que Él mismo se encargue. Pero si no lo hacemos estamos sobrepasando la autoridad de nuestro Creador y dejando de lado Su voluntad.

Aunque no sea sencillo perdonar debemos esforzarnos para hacerlo, porque si Él perdona nuestras maldades ¿por qué nosotros no?

“…de gracia recibisteis, dad de gracia.” Mateo 10:8

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Otoño fundamental

El otoño es completamente mío. Tal vez sea tuyo también y de toda persona que siga siendo sorprendida por la brisa vespertina y las hojas que se alborotan a sus pasos.

El otoño es completamente mío. Tal vez sea tuyo también y de toda persona que encuentra los senderos de la poesía y la nostalgia entre la llovizna y la niebla.

El otoño, amigas y amigos, es nuestro si todavía somos capaces de detener el flujo exasperante de la ciudad y quedarnos un rato encantados con tanta nube que desenreda el sol a las cinco de la tarde o a las nueve de la mañana.

Las esclarecidas mentes seguro dirán que semejantes declaraciones no son más que pulsiones emocionales y que el otoño es definitivamente una etapa en el ciclo anual del sol y nada tiene que ver con los últimos grillos y golondrinas del verano.

Pero que eso no nos amilane, colegas del alma.

Que se queden ellos y ellas con sus maquinarias, sus estadísticas, sus algoritmos y sus trending topics. Lo esencial es invisible a las redes sociales. Lo fundamental todavía se trata de persona a persona, de piel a piel, de mirada a mirada.

El otoño es un rincón del mundo que tiene colores y luces capaces de construir un albergue para la manifestación de la tristeza creativa y del dolor productivo.

El que sabe entiende estas palabras. El que no es porque todavía se refugia en sus libros de autoayuda, sus teoremas de emergencia y las noticias de las nueve.

Sí, amigas y amigos. El otoño es fundamental. Es imprescindible con sus crepúsculos rosados y su estilete de hielo a las siete de la tarde.

Así que rescatemos algunos otoños inmortales de la boca de quienes saben más que nosotros, modestos artesanos del sentimiento (un poco terroristas también, la verdad sea dicha):

Aprovechemos el otoño antes de que el invierno nos escombre, entremos a codazos en la franja del sol y admiremos a los pájaros que emigran (Otoño, Mario Benedetti).

Hoy una mano de congoja llena de otoño el horizonte. Y hasta de mi alma caen hojas. Me decían: No tienes nada. No estás enfermo. Te parece. Era la hora de las espigas. El sol, ahora, convalece. (Mariposa de otoño, Pablo Neruda).

La tarde equivocada se vistió de frío. Detrás de los cristales turbios, todos los niños ven convertirse en pájaros un árbol amarillo. (Paisaje, Federico García Lorca).

El síndrome de autolesión

En el show de esta semana en Ni Más Ni Menos con Elluz Peraza, estuve conversando con Daniel Zangaro, que trajo al programa el tema  que está dando mucho qué hablar y qué estudiar hoy día en personas de todas las edades, pero comentando que han aumentado los casos en los jóvenes. Me refiero a la autoflagelación o castigo. Es cuando los chicos toman el hábito de cortarse o quemarse, algunos se jalan el cabello o se rascan hasta sacarse sangre. Se le conoce como síndrome de autodaño o autolesión.

Parece extraño que una persona se haga algo que le cause dolor, pero sí supe de un caso del hijo de una buena amiga, que al sufrir una pérdida, no sé cómo llegó a eso. A hacerse cortes leves en la piel de los brazos, porque sentía que así el dolor que sentía por la pérdida de un amigo muy cercano le causaba, era más leve. Es como que el dolor que se infligía, le mermaba el que estaba sintiendo emocionalmente.

Y el chico había sido criado en la religión cristiana y asistía a la iglesia. Pero a veces no entienden que ese daño que le están haciendo a su cuerpo es algo que los va a separar de Dios. ¿Por qué? Porque el cuerpo es el templo del Espíritu Santo, que es Dios y no es nuestro. No nos pertenece. Por tanto al quemar o cortar o lo que esté haciendo en ese sentido, está ofendiendo al Espíritu de Dios. Es pecado.

Comentamos también que ha habido religiones donde las personas se auto flagelaban como para expiar culpas, para pagar por el pecado o los pecados cometidos y se daban latigazos, se golpeaban también hasta hacerse heridas.

No debemos olvidar que Jesús vino y dio su vida para pagar por los pecados de todos. Por todos los pecados. Y por gracia, quienes creemos en Él, ahora somos perdonados, somos hechos limpios y puros cuando nos arrepentimos y vamos a Él y le pedimos perdón. Cuando lo recibimos en nuestros corazones y Lo hacemos nuestro Señor y Salvador, nos va cambiando la vida, nos va ayudando a salir de cada prueba que la vida nos presenta y nos ayuda a seguir en el buen camino.

Gracias a Dios debemos dar a diario y si sabemos de casos de autolesión, debemos  orar por quienes lo están sufriendo, sugerir ayuda sicológica, invitarles a actividades que distraigan a la persona que lo está realizando. Un deporte también puede ayudar. Son casos delicados y difíciles a veces de detectar. Pero a los padres, les sugerimos que estén atentos a los hijos que van buscando tiempo a solas con demasiada regularidad y comienzan a aislarse incluso estando en compañía. Cuando no participan de ninguna actividad familiar y tampoco tienen mucha actividad con sus amistades. Comienzan a usar ropa con mangas largas y no usan shorts ni estando de playa o días muy calurosos. Estén pendientes para poder ofrecerles ayuda. Sin criticarlos ni alarmarse. Con amor.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Alabanza infiel

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

(Hebreos 13:15)

Corresponde una vez más que exprese mi queja. En parte porque a eso me siento convocado como comunicador. Pero sobre todo porque urge recuperar ciertos sentidos originales del texto bíblico.

La alabanza no es única y exclusivamente cantar. Alabar a Dios es amar al mundo en persona y en acción; es acción, por encima y lejos de la pura contemplación.

La alabanza no es una terapia para sentirse bien uno. Es un sacrificio, un oficio inteligente e intencionado que, a pesar del dolor y la tristeza personal, se ejecuta en bien de otros, primero Dios

La alabanza no es una preparación psicológica para “recibir el mensaje”. No tiene nada que ver con el estado mental del oyente. No es un masaje emocional. Es culto racional, sacrificio (Romanos 12:1).

Examinemos esto de sacrificio.

Se hace creer a la gente que sacrificio de alabanza es que uno cante aunque esté angustiado, enfermo o luchado como dicen en ciertas partes de Argentina.

Todas estas afirmaciones hacen creer a las personas que la alabanza tiene que ver con ellas. Pero el verso dice que la alabanza tiene que ver con Dios, con confesar su nombre cosa que, de paso, puede hacerse de otros modos y no sólo cantando en el culto.

 

Ayer esperaba una entrevista en cierta radio cristiana y escuchaba una música previa. En la canción, todos los pronombres y dativos de pronombre derivaban de yo y los verbos expresados eran conjugados en primera persona: yo, mí, siento, me hiciste, me diste.

Casi toda la alabanza que se oye no tiene que ver con Dios, sino lo que uno siente y lo que a uno le pasa con Dios. En términos técnicos, es pura y simplemente antropocéntrica. El centro es el yo.

A eso me refiero con alabanza infiel. Traiciona la centralidad en Dios y lo que El nos pide respecto de los demás.

¿Está bien expresar en la música un estado de ánimo personal, un dolor, una exaltación emocional? Absolutamente sí. Los Salmos están llenos de eso. Pero precisemos los términos: Eso no es alabanza; es autobiografía musicalizada.

La alabanza es fruto de labios – y de acción – que confiesan a Dios, no lo que me pasa a mí con Dios.

Cómo sentir menos dolor

Para algunos, el dolor que se siente al ir al médico es mucho mayor que el que se siente en casa. Los procedimientos médicos no siempre son placenteros y nos causan incomodidad y malestar físico. Sin embargo, hay formas de reducir el dolor que nos ayudan especialmente en esos casos.

Distrae tu mente

Enfocarte en el dolor hace que incremente. Un estudio realizado en pacientes hipocondriacos reveló que cuando ellos se enfocaban en las sensaciones, las amplificaban hasta el punto de sentir más dolor. Por otra parte, se observó un fenómeno opuesto en las madres que acababan de dar a luz. Todo el intenso malestar que ellas sentían a causa del parto era olvidado de inmediato cuando veían a sus bebés. Ambos casos demuestran el poder de la mente sobre el cuerpo. Y es por este motivo que los científicos recomiendan pensar en cualquier otra cosa o hacer alguna actividad que distraiga: cantar, ver una película, escuchar música, leer un libro, conversar con alguien, etc.

Sonríe

Podemos engañar a nuestro cerebro al sonreír. Este simple acto hace que nuestro cerebro crea que estamos felices y, por lo tanto, no ve a la enfermedad como algo doloroso. Un estudio publicado en Journal of Pain reveló que las personas que tenían expresiones negativas sentían más dolor que aquellos que sonreían. Además, numerosos estudios han comprobado que la risa es beneficiosa para la salud pues reduce la ansiedad y los sentimientos negativos.

Usa tu imaginación

Si no tienes recursos a la mano que te ayuden a distraerte, utiliza la mejor herramienta: tu imaginación. Tu mente puede crear escenas increíbles si te permites imaginar un lugar en donde no haya dolor. Hacer eso te ayudará a pensar en un escenario en donde tu enfermedad no exista; y como resultado, tu dolor disminuirá considerablemente. También puedes imaginar cómo será tu vida una vez que se termine la intervención médica; cómo será vivir sin dolor y las cosas que podrás disfrutar. ¡El optimismo tiene poder sobre el cuerpo y debemos aprovecharlo!



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

–Bernhard J.D., T. (2011). 4 Techniques to Help with Physical Pain. Recuperado el 22 de marzo de 2019, de https://www.psychologytoday.com/us/blog/turning-straw-gold/201110/4-techniques-help-physical-pain
–Mann, S. (2016). Cracking Psychology (1era ed.). China: Cassell Illustrated.

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