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Y, ¿te has bautizado?

El bautizo es un acto público de amor (así como el matrimonio) en el que se manifiesta la decisión de amar y la entrega a nuestro Señor.

Antiguamente, aquellos que escuchaban el mensaje de Dios se bautizaban inmediatamente porque creían en Él. ¿Crees en Jesús y lo que hizo por ti? Si la respuesta es afirmativa, entonces, no dudes en dar este paso de fe. La Biblia nos muestra un valioso ejemplo:

“El pasaje de la Escritura que leía era el siguiente:

«Como oveja fue llevado al matadero. Y, como cordero en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca. Fue humillado y no le hicieron justicia.
¿Quién puede hablar de sus descendientes? Pues su vida fue quitada de la tierra».

El eunuco le preguntó a Felipe: «Dime, ¿hablaba el profeta acerca de sí mismo o de alguien más?». Entonces, comenzando con esa misma porción de la Escritura, Felipe le habló de la Buena Noticia acerca de Jesús.

Mientras iban juntos, llegaron a un lugar donde había agua, y el eunuco dijo: «¡Mira, allí hay agua! ¿Qué impide que yo sea bautizado?».

Hechos 8:32-36 (NTV)

Este pasaje de la Biblia nos muestra la conversión de un hombre que iba por el camino y se encontró con Felipe, quién le predicó la Palabra del Señor; después de haber escuchado las buenas noticias de la salvación, se preguntó: ¿Qué impide que yo sea bautizado?

Si eres alguien que ama a Jesús, crees en Él y quieres seguir sus pasos, entonces, ¿qué estás esperando? Recuerda que es un paso que debes decidir darlo por ti mismo, porque solamente dependerá de ti seguir sus pasos.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

¿Oras con fe?

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” Marcos 11: 23-24 (RVR1960)

¿Cuantas veces nos hemos desesperado al no ver venir la repuesta a nuestras oraciones? Quizá te hayas cansado de clamar y clamar sin ver resultados,  pero… ¿Te has preguntado cómo has estado orando? O tal vez la cuestión se torne diferente: ¿Has añadido fe a tus oraciones?  Porque debes saber que Dios no hace oídos sordos a las súplicas de sus hijos. Como un padre celestial, Él nos protege, provee, guía y cuida de nosotros. Sin duda, podemos confiar en Él y decirle al monte que se quite y eche al mar y así será hecho.

 

Por Ruth Mamani

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cadenas de la libertad

Tal vez valga el esfuerzo reiterar en este espacio la íntima relación que existe entre verdad y libertad. Cuando la gente lee que la verdad los hará libres reduce el alcance de esta formidable declaración al acotado ámbito de la liberación de los pecados. Siendo correcta la aplicación, debemos puntualizar que es desesperantemente corta de vista. Y equívoca además en lo que a libertad se refiere.

Insuficiente porque la verdad es tal que supera largamente el efecto de blanqueamiento de la conducta. Equívoca porque la realidad muestra que cuando las personas entran en el campo de acción de la institución religiosa son aherrojadas por un cúmulo de regulaciones, preceptos y tradiciones que no hacen más que someter al liberto a una nueva forma de esclavitud. Una esclavitud trágica porque es ejercida irónicamente en nombre de la libertad que se suponía iba a otorgar la fe.

El conocimiento de la verdad – al menos el conocimiento de la verdad supuesto por quien hizo esta declaración – debe abrir puertas a nuevas esferas de la mente; debe levantar otras preguntas. Debe permitir a la gente cuestionar, indagar, incluso dudar si eso se hace necesario cuando hay poca claridad o confusión en los conceptos. Debe hacer sensible a las personas a las cuestiones que pertenecen a la vida de la sociedad y de la cultura; debe penetrar los ámbitos de la política, la economía, la educación, el arte, el mundo laboral, sólo por nombrar algunos.

No tengo ya casi memoria de cuántas veces he expuesto en libros, conferencias, artículos y entrevistas este imperativo de la verdad que alegan tener los creyentes. Y ya casi no tengo memoria de lo infructuoso de este anuncio. La comunidad religiosa se encuentra tan satisfecha con el estructurado paquete de verdades funcionales a toda prueba que le ha sido inoculado en la mente que el reclamo que hacemos aquí y en otros sitios de tanto en tanto es percibido como una rareza, un pelo en la leche impecable del conocimiento estándar predominante.

No queda otra cosa que seguir soñando con una generación que revise y reforme el entendimiento de esta portentosa declaración que duerme el sueño injusto de la indiferencia y la comodidad: conocerán la verdad y la verdad los hará libres.

¿Confías en Dios?

Cuando te acercas a Dios en oración, ¿Estás seguro que se hará realidad aquello que le pides o dudas de Su poder? ¿Tu confianza solamente es en Él o es inestable?

“Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.” Hebreos 11:1 (DHH)

No importa cuántas horas hables con Dios o de qué manera lo hagas, sino confías y crees en Él nada sucederá en tu vida o en aquello por el cual estás orando. Recuerda que sin fe es imposible agradar a Dios.

“Cuando entró a la casa, los ciegos se le acercaron y Jesús les dijo: ¿Ustedes creen que yo puedo hacer que recobren la vista? Ellos respondieron: ¡Sí Señor, creemos!” Mateo 9:28 (PDT)

No basta con acercarse a Jesús, sino es necesario creer que Él puede y tiene el poder para ayudarnos. Las personas ciegas del versículo que acabamos de leer, anteriormente habían escuchado de Jesús y de los milagros que hacía. Entonces, no dudaron en seguirlo y buscar su ayuda. A pesar de que no lo podían ver, ellos decidieron confiar en Él.

¿Qué quiere decir esto? Que no importa tu condición o cuán grande sea tu problema, simplemente cree en Dios. Te aseguro que si confías y no dudas de su poder, todo lo que pidas en tus oraciones se hará realidad.

“Entonces Jesús les tocó los ojos y dijo: Que les suceda tal como ustedes creen.” Mateo 9:29 (PDT)

No es tarde para empezar a buscarlo de verdad y confiar en Dios. En su infinita misericordia y amor, Él está dispuesto a restaurar tu vida, familia, economía, trabajo, salud. ¡Cree en el Señor!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Ver para creer o creer para ver?

Si recordamos lo que sucedió después de la resurrección de Jesús encontraremos una escena bastante impresionante y no necesariamente por el maravilloso acontecimiento que tuvo lugar, sino por el asombro que causó en el mismo Maestro y en los demás discípulos.

Así es, estamos hablando de lo que dijo e hizo Tomás “Ellos le contaron: ¡Hemos visto al Señor! Pero él respondió: No lo creeré a menos que vea las heridas de los clavos en sus manos, meta mis dedos en ellas y ponga mi mano dentro de la herida de su costado” Juan 20:25 (NTV).

Prácticamente Tomás estaba diciendo “creeré cuando vea”;  aunque este discípulo acompañó a Jesús durante su paso por la tierra, vio los milagros que hizo y escuchó de la boca del Maestro todo acerca de su muerte y resurrección ¡no creyó!

Es común que las personas necesiten ver y tocar para creer, pero la fe va contra esta idea, “La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver” Hebreos 11:1 (NTV).

La fe es la llave para ver a Dios a través de las maravillas que puede hacer. No esperes verlo con un rostro y un cuerpo definido para creer, Él está cuando las gotas de lluvia caen, cuando los rayos del sol comienzan a salir y tocar la tierra, está cuando abres los ojos y aun cuando sueñas, Dios está ahí en todo momento y lugar, entonces ¿Por qué no creer? Si cada día podemos verlo a través de sucesos pequeños pero que son vitales para nuestra vida.

No esperes ver para creer que Dios existe y que puede ayudarte, recuerda que la naturaleza misma es el testimonio de que hay un Ser Superior que tiene el control de todo.

¿Qué milagro estás esperando ver?

Dios, hoy sólo quiere de ti la FE necesaria para creer que Él puede hacer ese milagro que estás esperando.

 –  Creer para ver sanidad.
–  Creer para ver restauración familiar y matrimonial.
–  Creer para ver prosperidad.
–  Creer para ver libertad, etc.

“Necesitas creer para ver”

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué dudaste?

Era una noche oscura y había una gran tormenta en el mar con olas de posiblemente 2 a 3 metros de alto y para colmo los discípulos habían remado por mucho tiempo y ya estaban cansados; en ese momento, posiblemente la barca era lo más seguro que tenían, y al ver a Jesús sobre el agua quedaron aterrados.

―Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua. ―Ven —dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero, al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: ¡Señor, sálvame! En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. Mateo 14:28-32 (NVI)

Pedro jamás había imaginado que algún día llegaría a caminar sobre el agua. Jesús pudo haberlo preparado en muchas cosas pero nada se igualaría a esto.

¿A quién no le gustaría experimentar, qué se siente caminar sobre el agua? Tal vez a la gran mayoría. Aquí podemos ver la valentía de Pedro cuando Jesús le contesta: “Ven”. Podemos imaginarnos el asombro de las otras personas en el barco, “Ése es Pedro, es increíble”, “¡no lo puedo creer!”, “¡Vamos Pedro, tú puedes!”.

Era un momento increíble, Pedro estaba caminando en el mar, sintió cómo el agua salpicaba sus pies, su mirada sólo estaba en Jesús quien lo llamaba por su nombre, era una experiencia única, pero en el instante que se dio cuenta lo que estaba aconteciendo, no creyó poder lograrlo y se empezó a hundir.

Luego de rescatarlo, Jesús le reprochó: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

¿Por qué dudas? ¿Hay algo que está debilitando tu fe?  Ya no mires más las circunstancias ni te dejes llevar por la magnitud de olas que quieran hundirte, sin importar  la situación en la que te encuentres pon tu mirada en Jesús y que tu confianza descanse en Él, sólo así estarás seguro a pesar de las tormentas que puedan golpear tu vida.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

De la debilidad…al pecado

Eli es un personaje del Antiguo Testamento con un problema muy actual. Durante cuarenta años fue líder de Israel y un excelente sacerdote que se ganó el respeto del pueblo. Sin duda era una buena persona y si bien no estaba cometiendo adulterio ni robando las ofrendas, su deficiencia como padre lo llevó a la tragedia.

Si Elí era un buen hombre, ¿Qué pasó? ¿Por qué fracasó?

Cometió tres errores que como padres o líderes somos también propensos a caer.

     – Fue tolerante con el pecado, Eli estaba consiente que sus hijos Ofni y Fines cayeron en fornicación aun siendo siervos en el tabernáculo, no se atrevió a reprenderlos.

       – Fue muy tímido para poner mano fuerte a la rebeldía de sus hijos. Es verdad que ya tenía una edad avanzada y tal vez se sentía débil físicamente, pero hizo muy poco para corregirlos.

    – Fue lento para actuar y reprender el mal proceder de sus hijos y cuando quiso hacerlo, ya era demasiado tarde, porque ellos no quisieron obedecerlo.

“Elí, que ya era muy anciano, se enteró de todo lo que sus hijos le estaban haciendo al pueblo de Israel, incluso de que se acostaban con las mujeres que servían a la entrada del santuario. Les dijo: ¿Por qué se comportan así? Todo el pueblo me habla de su mala conducta”. 1 Samuel 2:22-23 (NVI)

Si en estos días has visto cómo un integrante de tu familia o de tu congregación ha cometido una falta que deshonra a Dios y por no quedar mal con esa persona o por no sentirte fuerte espiritualmente no dijiste nada y lo dejaste pasar ¡Ten cuidado! Dios no puede ser burlado, Él es capaz de quebrantar sus promesas para erradicar el pecado. Esto fue lo que hizo con Elí y sus hijos, el Señor le había prometido que su familia ministraría para siempre, pero a causa de la desobediencia anuló su promesa y lo cambió por maldición.

Ofni y Fines murieron y más adelante Elí también lo hizo. Tal vez el futuro habría sido otro si Elí no se hubiera convertido en cómplice de sus hijos.

Hoy por hoy, en la posición que te encuentres, Dios te dio una gran responsabilidad para con tus hijos u ovejitas de tu congregación, si te sientes incapaz de reprender a alguno que haya caído en pecado, empieza por examinar tu vida y busca alguna debilidad moral o espiritual para no dudar y actuar con rapidez ante el pecado.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.” Salmos 139:23-24 (RVR)

Por Ruth Mamani.

 

 

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En tiempos de dificultad

“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.” Salmo 46:1 (NTV)

No todas las personas a quienes acudimos por ayuda están dispuestos a brindarse, más Dios no negará su favor a todo aquél que lo necesita. Si hoy te encuentras atrapado en medio de la dificultad, no dudes en correr a sus brazos. Dios puede destruir cualquier arma espiritual que se levante contra ti, mostrando su poder en contra de tus enemigos que quieran robarte la paz.

Por Ruth Mamani

 

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¡No es justo!

“¡No es Justo! ¿Por qué a mí si yo no hice nada para merecer este castigo?”. Eran pensamientos de una adolescente que cuestionaba a Dios el porqué de tantas injusticias en su vida y las que veía a su alrededor.

Es verdad que existen terribles hechos como: la pérdida de un ser querido, caer en las redes de alguien que planificó tu caída económica, ser despedido de tu empleo a causa de alguien más, la pérdida de tu casa, etc. Muchos hemos sido víctimas de este tipo de situaciones que en algún momento nos han llevado a dudar del amor de Dios y aun de su existencia.

Pero… ¿hay algo comparado con el sufrimiento que Jesús padeció de camino a la cruz? ¿Era justo que lo golpearan y lo maltrataran? ¿Cuál fue su culpa para padecer tanto dolor? ¿Por qué no se defendió cuando lo acusaban falsamente? Son tantas las preguntas que podemos hacernos con respecto a este hecho que la única respuesta que se halla es: “por amor a ti”.

“Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Tal vez en estos días has estado pasando por situaciones realmente lamentables y no puedes evitar que estas palabras, que en algún momento fueron también mis favoritas, salgan de tus labios.

Aun si no entiendes el porqué de todo lo que estás viviendo, agradece a Dios, póstrate ante su presencia, entrégale cada una de tus cargas en sus manos y descansa en Él. El calvario por el que estás atravesando es momentáneo.
Este maravilloso sacrificio que Jesús hizo no terminó con su muerte, porque al tercer día Él resucitó.

¿Estás dispuesto a permanecer en Jesús? Porque Él quiere resucitar tu economía, tus relaciones familiares y bendecirte en sobremanera.

Vamos, acepta la maravillosa oferta que Dios te da.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 (RVR)

Por Ruth Mamani

 
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¿Sabes por qué hay gente que no cree?

Parece mentira. A tantas personas se les hace tan fácil creer en “teorías” o en cualquier invento que tenga cualquier persona por ahí, de pronósticos, de inventos que se crean y se difunden por los medios. Ni tan siquiera hay que convencerlos mucho. ¡Ellos toman la decisión de creer!

Entonces nos preguntamos: ¿Y por qué cuando yo le hablo de Dios, de que es nuestro Creador, que nos ama y por eso envió a Su Único Hijo a morir para el perdón de nuestros pecados… No me creen? ¿Por qué si les cuento cómo me ha ayudado Dios a salir de todos los problemas en los que estaba y me da paz y sosiego para soportar los que aún tengo, no me creen? Creen en los eventos históricos que aparecen en los libros pero dudan de la Biblia… ¡Insólito!

La respuesta está en que es Dios quien con Su inmensa misericordia, cuando siente en ellos una duda o una apertura hacia Él, les quita “las escamas de los ojos”, ablanda sus corazones y hace el cambio en ellos. Por eso, hay que orar por las personas que queremos que abran sus corazones a Jesús. No está en nuestro desempeño, poder de convencer o preparación. No hay una fórmula que sea cien por ciento efectiva. Es sólo Dios y a Él tenemos que dar siempre la gloria.

Dios sigue obrando milagros. Sólo los que no creen no los pueden ver. Dios sigue vivo, Jesús sigue vivo en cada uno de nosotros y Su Espíritu Santo continúa obrando maravillas en todas partes del mundo y muchas veces en los lugares más inesperados.

La gente toma la decisión de no creer porque tampoco quieren compromiso. Cuando tú decides seguir a Jesús, aunque Él no te exige nada; Él lo que desea es una estrecha amistad contigo, pero Su Espíritu te da convicción, te hace sentir mal cuando haces algo mal, te hace sentir mal cuando tratas mal a alguien, cuando dices una mentira, cuando dices una mala palabra, cuando haces un mal gesto, cuando te dejas llevar por el orgullo. La gente toma la decisión de seguir dándose mala vida; porque el actuar de mala manera les trae malas consecuencias… Pero piensan que es el “destino” o que “estaban de malas”. Dios no promete que no vas a tener problemas, pero te da una actitud muy diferente ante ellos. Dios no te quita los problemas pero te acompaña y te ayuda a soportarlos y a sentirte bien aún pasando por ellos.

Si aún no has abierto tu corazón a Jesús, te invito que lo hagas ahora mismo para que conozcas Su paz, Su amor, Su compañía. Sólo tienes que decirlo a solas con Él en voz alta: Jesús, creo en ti, en tu muerte por mis pecados, en tu resurrección y te pido que perdones todos mis pecados y entres en vida para ser mi Señor y mi Salvador. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

Si hiciste esta oración por primera vez o estás regresando de nuevo a Cristo, comunícate conmigo. Dios te bendiga abundantemente.

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Ven!

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Zacarías 1:3

Paul Washer menciona:

“Dios siempre está llamando a que su pueblo se acerque a su presencia. Pero por el contrario, satanás les está diciendo: No pueden ir, mírate, sabe lo que has hecho, lo vil que eres, Él conoce la indiferencia de tu corazón, no vayas. Esas son palabras de un mentiroso, pero lamentablemente a menudo le creen, porque es tan difícil creerle a Dios con respecto a su amor, porque su amor es maravilloso. ¿Sabes cuál es el mayor acto de fe para un cristiano? Es verse al espejo de la palabra de Dios, ver todas tus fallas, y entonces creer por fe que Dios te ama tanto como dice que te ama. Es fe, ya que tienes que creer en algo que no has visto en ninguna parte del mundo, porque nadie es como Dios y nadie ama como Él.”

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.” Isaías 55:1-3

Cuando Dios te dice que te acerques ¿Acaso no sabe todo acerca de ti? Él está al tanto de todo lo que has hecho y lo que vas a hacer, pero aun así te pide que te acerques. Es posible que te encuentres en necesidad o en pecado, pero quiere escucharte y salvar tu vida.

¿Hace cuánto tiempo no te acercas a Dios con todo tu corazón? En esta oportunidad quiero animarte a no dudar que eres amado. Entiende de una vez lo que hizo la poderosa sangre de Cristo en la cruz. Él no te puede amar más de lo que te ama y tampoco menos ¡Te ama con todo su ser! Por eso dio su vida por ti. Acércate ahora mismo y recuerda que eres profundamente amado.

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” Isaías 55:6

 

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¿El beneficio de la duda?

¿Por qué nos cuesta dar a la gente el beneficio de la duda?

Recientemente aprendí lo que significa esta frase. Toda mi vida la he escuchado en mensajes, consejos, la había leído en artículos, revistas, periódicos, etc,  pero me entraba por un oído y me salía por el otro.

Pensaba que esa frase era muy compleja de entender o que no aplicaba para mi vida. Y así,  fui topándome con varios tipos de personas, hubo algunos que me generaban un sentimiento de confianza enorme y otros, a los que no le creía ni los buenos días.

A ese grupo de personas en los que no confiaba, los mantuve a la raya, distantes, entre: Hola! ¿cómo estás? , Bien! Que bueno!, OK gracias; sin profundizar en nada porque no me era relevante lo que me dijeran o contaran, o simplemente no les creía. Por algún motivo dudaba de todas las palabras que salían de sus bocas, y como era de esperarse cada acción que tomaban yo las veía mal, como algo negativo y si era hacia mi persona, mi pensamiento automático era: “me quiere embromar” o “me quiere hacer daño” lo cual me predisponía a estar en guardia y lista para una pelea o discusión.

Un pequeño gesto mal interpretado fue la gota que derramó el vaso y me hizo casi explotar, bueno está bien, exploté; respondí de vuelta  y decidi ir a pelear con la persona, si pelear! Esa persona no tenía idea de lo que sucedia, no entendió nada, se asustó al verme tan furiosa y le hizo daño mi actitud.

Yo por dentro me sentí victoriosa… “Muy bieeeen” me decía a mi misma, ahora más nadie va a meterse conmigo. Y mantuve mi actitud dura y recia; pero otro pequeño gesto giró el curso de la historia completamente! Y que bueno!

La persona de mi blanco de Guerra, me pidio un minuto para hablar… “¿para hablar, qué vamos a hablar?” me dije, ya no hay que hablar más nada.  Sin embargo, acepté y ni siquiera entiendo aún porque acepté,  y mientras me dirigía al encuentro con el oponente seguía dudando y diciendo ¿para qué hago esto?, ¿de qué vamos a hablar?.

Hablando con “el oponente” me di cuenta que estuve tan equivocada, tan desubicada, tan mal! La verguenza que sentí no fue normal. Pero esta persona me hizo entender que significa que no podemos saltar a conclusiones bajo ninguna circunstancia, que por más obvia que parezca una acción, una palabra, un mensaje, debemos HABLAR, PREGUNTAR; sin preparar un ejercito detrás de nosotros para acabar al que consideramos enemigo, que en realidad no lo es y nunca lo fue.

Aprendí, de la manera más penosa, que tenemos que dar el beneficio de la duda a las personas; no solo por el bien y la armonía de nuestras relaciones con amigos, compañeros y familiares, sino porque eso también trae paz a nuestros corazones. Es incómodo, difícil e imposible, vivir a gusto teniendo que estar a la defensiva por cada palabra y acción que digan y hagan los que nos rodean.

Yo lo aprendí por las malas, pero mi deseo al compartir esta historia y este mensaje contigo, es que tú lo puedas aprender y aplicar por las buenas; y sin necesidad de afectarte a ti, ni a otros.

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