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Tardo para airarse 1

Tardo para airarse

“La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa.” Proverbios 19:11 (RVR1960).

La ira y el enojo son emociones destructivas que si no son controladas, pueden causar problemas y también mucho daño a la misma persona, como a quienes están en su entorno.

Santiago instruye entre otras cosas a ser tardo para airarse, esto lo conseguimos poniendo nuestro mejor esfuerzo en evitar que estas emociones nos dominen.

Claro que difícilmente lo lograremos sino recurrimos al Espíritu Santo, para mejorar en esta área debemos entregarle el control de nuestros pensamientos y emociones, ya que de esta forma le permitimos transformarnos.

Considera que no estás solo(a) en esta lucha, puedes alcanzar victoria si te sujetas de Su mano.

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;” Santiago 1:19 (RVR1960).

Por Cesia Serna

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Controlando sus emociones ⎮ En lugar de que nos controlen a nosotros 2

Controlando sus emociones ⎮ En lugar de que nos controlen a nosotros

El título de este artículo es homónimo del libro de la evangelista Joyce Meyer*, quien, sin ninguna educación formal y un pasado de abuso por parte de sus padres, ha sido usada por Dios para demostrar Su poder para sanar un corazón herido a muerte y a través de su testimonio traer un mensaje de esperanza a quienes han pasado por la misma situación. 

Tanto es así que una antigua psiquiatra de Meyer, a quien ella consultaba antes de consagrarse totalmente a la obra de Dios, acudió a los libros de ella para recibir sanidad interior. Eso solo lo hace el poder de Dios. 

A manera de resumen, Meyer explica que la manera de poder controlar nuestras emociones es reconociendo que son parte de nuestra naturaleza y no hay nada de malo en ellas. El punto crucial es aprender a manejarlas correctamente. Y eso es un proceso que sólo se logra sometiéndolas al Espíritu Santo.  

«Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia, más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.» Efesios 4:31-32 (NVI)

Los puntos clave para poder aprender a manejar nuestras emociones, de acuerdo a Meyer, son:
  • Aprender a conocernos a nosotros mismos y nuestra personalidad. 
  • Reconocer que las emociones son parte de nuestra naturaleza humana. 
  • Llegar a la raíz de lo que causa una emoción negativa (como la ira y el enojo) salga a la superficie de manera explosiva y que cause problemas. 
  • Cumplir con el deber de aprender a controlar las emociones, lo cual no significa deshacernos de ellas. 
  • Buscar un equilibrio: la habilidad de demostrar las emociones positivas y dominar las negativas. 
  • Canalizarlas de la manera correcta. 
  • Esforzarnos por educarnos respecto al tema de las emociones, la personalidad y las relaciones humanas. 

En el proceso de aprender a manejar las emociones, dice Meyer, debemos entender que «Dios nos ha dotado de todo tipo de sentimiento… no debemos deshacernos de esos sentimientos, ni tenemos la necesidad de sentirnos culpables por tener esos sentimientos, sino que más bien, tenemos que aprender a ventilarlos y expresarlos como corresponde, con la persona adecuada y de la manera adecuada.»

Si bien este artículo no pretende enseñar en pocos párrafos cómo controlar las emociones, si presenta un recurso para lograrlo. Este libro, como todos los libros inspirados por Dios, ayudan a seguir Sus pautas de una manera práctica en la sociedad que vivimos actualmente.

Así que, ante un conflicto interno, es preciso trabajar en nuestras emociones y no dejarlas a la deriva. Más bien, someterlas al control del Espíritu Santo. Es nuestra responsabilidad.

 

 


Controlando sus emociones ⎮ En lugar de que nos controlen a nosotros 3 Euri Marosi es colaboradora del programa El Antivirus de CVCLAVOZProduce el segmento Puertas Adentro, dedicado a tratar temas sobre las situaciones que pasan dentro del hogar y cómo enfrentarlas desde una perspectiva bíblica. Marosi es una periodista galardonada de los Premios Emmy y apasionada por la comunidad. Vive en Florida con su esposo y tres hijas.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ

*Meyer, J. (2001). Controlando sus emociones. (pág. vi, vii). Casa Creación. Lake Mary.  
Diferencias 4

Diferencias

Cada persona es única, diferente y especial por lo que es inevitable que a veces estas diferencias produzcan conflicto entre nosotros; es por esta razón el Señor nos dejó su palabra para que aprendamos a relacionarnos unos con otros y actuar de una manera sabia.

Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Colosenses 3:13 (RVR 1960)

David Wilkerson decía que soportar y perdonar son dos asuntos diferentes. Soportar significa cesar toda acción y pensamiento de revancha. Es decir, resistir el dolor y no hacer justicia por nuestras propias manos, abandonar el orgullo para actuar con sabiduría.

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” Mateo 5:44 (RVR 1960).

Por otro lado, perdonar implica “Amar a nuestros enemigos y orar por ellos”. La palabra griega “amar” no significa afecto sino “entendimiento moral”. Dicho de una forma simple, perdonar a alguien no tiene nada que ver con nuestras emociones, sino más bien se trata de tomar una decisión moral para quitar el odio de nuestros corazones. (David Wilkerson)

Es posible que se hayan presentado roses o conflictos con tus amigos, familiares, compañeros, etc., pero recuerda que eres ser humano y la otra persona también, por tanto es natural que presenten emociones intensas ante una situación complicada; sin embargo, cuando ocurra no olvides que la Palabra de Dios nos enseña a “SOPORTAR”.

Este tiempo te animo a reflexionar en este tema, piensa en aquellos con los cuales has tenido contratiempos sean amigos, familiares o conocidos; después decide soportar y perdonar sin tomar en cuenta tus emociones, sin considerar lo que te conviene, sino lo que dice la palabra de Dios.

¿Estás dispuesto a dar la otra mejilla?

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Tus palabras bendicen? 5

¿Tus palabras bendicen?

“No digan malas palabras. Al contrario, digan siempre cosas buenas, que ayuden a los demás a crecer espiritualmente, pues eso es muy necesario.” Efesios 4:29 (TLA)

Es triste que muchas personas usan frecuentemente palabras agresivas, hirientes, groseras, etc. con gente que está a su alrededor sin medir consecuencias y el daño que puede causar.

Al calor de las emociones nuestros labios suelen emitir palabras negativas e hirientes que lastimosamente dañan relaciones. Santiago 3:5 dice: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!”

Oí un dicho: “Cuando la emoción sube la inteligencia baja” y es cierto, porque no piensas todo lo que acarreará tu reacción negativa y más aún cuando estás encendido en enojo dices palabras hirientes, incluso lo que no es, sólo por herir, por “defenderte” a causa del fuego que se provocó en tu interior por algún problema.

Es por ello que debemos tener cuidado de todo lo que almacenamos en nuestro interior, pues todo lo que ingresa a nuestro corazón es el resultado de nuestras reacciones. Lucas 6:45 dice: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.”

Si frecuentemente tus palabras no son de bien, es el momento que permitas a Dios transformar tu corazón, llenarte de su Palabra, que su Espíritu Santo te ayude a tener control y que toda emoción negativa sea filtrada por Él.

Edifica y no destruyas, pero hazlo con la ayuda de Dios.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Te falta dominio propio? 6

¿Te falta dominio propio?

“Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.” Proverbios 25:28 (RVR1960).

Este versículo me hace reflexionar en cómo las emociones y pensamientos que no son controlados terminan perjudicando no sólo el presente, sino también el futuro.

Una persona que da rienda suelta a sus deseos e impulsos, en la Biblia es comparada con una cuidad derribada y sin muro; es decir, que es fácil atacarla y tomarla porque no tiene nada que la proteja. De igual manera sucede con nosotros cuando no sabemos controlarnos, somos un blanco fácil.

Sin embargo, como hijos de Dios, no debemos ser llevados por emociones y mucho menos dejarnos dominar por ellas, en 2 Timoteo 1:7 dice:

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (RVR1960).

Quiere decir que en nosotros está la capacidad de ser cada día mejores, con la ayuda de Dios podemos tener dominio propio.

Cuando pedimos la Espíritu Santo que obre en nuestras vidas y le permitimos que cambie nuestra forma de ver las cosas y la manera en que nos comportamos, veremos que Él va moldeando nuestro carácter, puliendo nuestras aptitudes y talentos, llevándonos más allá de lo somos capaces de ver.

Si sientes que tu carácter te gana, no esperes más, entrega el control de tu vida al Espíritu Santo, con Su ayuda alcanzarás victoria.

Por Cesia Serna

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Dominio propio 7

Dominio propio

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” 2 Timoteo 1:7 (RVR1960).

Para muchas personas suele ser difícil no dejarse llevar por sus emociones o impulsos; la ira, el enojo, la tristeza y la auto conmiseración son claras manifestaciones que evidencian la falta de control de una persona.

Cuando no controlamos estas emociones, ellas terminan controlándonos a nosotros, ¿te es familiar sentirte mal luego de que por un impulso dijiste o hiciste algo que terminó dañando a otra persona o a ti mismo?

Como hijos de Dios, contamos con la ayuda de Su Santo Espíritu, quien puede obrar en nuestras vidas, moldeando nuestro carácter, puliendo nuestros talentos y aptitudes, llevándonos a ser una mejor versión de nosotros mismos. Solo pídele que opere un cambio en ti, que te llene con Su presencia y que tome el control de tu vida.

Por Cesia Serna.

 

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¿Te cuesta demostrar afecto? 8

¿Te cuesta demostrar afecto?

Estudios han comprobado que demostrar afecto y vulnerabilidad fortalece las relaciones personales; sin embargo, esto no siempre resulta fácil para algunos. Las personas afectuosas a menudo no entienden a las que no lo son; y esto puede generar conflictos y hasta sentimientos negativos. Para profundizar más sobre este aspecto, un grupo de psicólogos de Nueva York y California realizaron un experimento.

En el estudio participaron 60 parejas que fueron separadas y distribuidas en dos grupos: Oradores y oyentes. Los oradores debían decirles tres halagos a sus parejas; mientras que, los oyentes debían escuchar sin dar ninguna respuesta verbal. A los oyentes se les hizo creer que de varios temas, sus parejas habían escogido hablar sobre “las cosas que más me gusta de mi pareja”; aunque en realidad no era así. Esto se hizo con el propósito de hacerles pensar que los halagos fueron espontáneos. Una vez que terminó la actividad, los participantes completaron un cuestionario sobre cómo se sintieron con el ejercicio. Además, recolectaron saliva para hacerse una prueba de nivel de hormonas, y finalmente, llenaron un formulario sobre autoestima.

Los resultados que se obtuvieron de este estudio fueron:

  • Los oradores con baja autoestima decían halagos menos afectuosos y pensaban que el ejercicio era difícil e incómodo.
  • Los oyentes reaccionaron positivamente a los halagos, sin importar que los oradores tuvieran alta o baja autoestima.
  • Los participantes con baja autoestima estaban menos inclinados a creer que sus parejas experimentarían beneficios emocionales de su afecto.

La investigación concluyó que las personas a quienes les cuesta demostrar afecto son las que tienen baja autoestima. Esto se debe a que su deseo por minimizar el riesgo de ser rechazadas es mayor al de construir una relación sana. Asimismo, el estudio demostró que las muestras de afecto elevan los niveles de la hormona progesterona; no obstante, aquellos participantes con baja autoestima no experimentaron ese incremento.

Los estudiosos estuvieron de acuerdo en que las muestras de afecto son necesarias en las relaciones humanas y, que si alguien se resiste o cree que es difícil, debe examinar su autoestima y darse cuenta si tiene algún complejo o si es miedo al rechazo.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Llorar es de débiles? 9

¿Llorar es de débiles?

El llanto es una reacción de un estado emocional, ya sea de dolor, angustia, alegría o impotencia. Aunque a veces se lo interpreta como un signo de debilidad, podemos afirmar que no lo es. De hecho la debilidad consiste en la falta de firmeza en el carácter y cuando uno llora, sólo está expresando un sentimiento, de ninguna manera está en juego la firmeza del carácter.  Si llorar fuera una debilidad, luego todos seriamos débiles pues ¿Quién no ha llorado alguna vez?

Se dice que solamente el ser humano es capaz de producir lágrimas como reacción a un estímulo que provocó dolor o tristeza, con el tiempo me di cuenta que no es bueno reprimir el llanto, sino que debemos verlo como una exteriorización normal de nuestros sentimientos.

En una ocasión el Rey David, al enterarse de la muerte de su hijo, lloró amargamente: “Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 Samuel 18:33. David, estaba desbastado ante esta pérdida, aunque como sabemos, Absalón estaba poniendo en riesgo la vida de su padre.

También Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro, sin embargo su carácter siempre fue firme, porque sabía quién era y demostrar compasión o dolor no lo hacía menos delante de los demás. Por el contrario instantes más tarde, dio una muestra inequívoca de autoridad al decirle a Lázaro saliera fuera y haciendo que resucitara.

Muchas veces escapamos de expresar esta emoción, por miedo a parecer débiles; sin embargo, debes estar seguro que llorar tiene ciertos beneficios: nos ayuda a reducir el estrés, da claridad de pensamientos y permite desahogar tus emociones, posibilitando pensar más claramente sobre la situación que te angustia, por lo cual estarás más cerca de la solución de tu problema.

Probablemente tendremos que seguir experimentando situaciones en las que debamos derramar lágrimas. Pero esto, lejos de ser una señal de debilidad, debe entenderse como un signo que muestra nuestra dependencia y necesidad de Dios. Llorar significa: yo no puedo con esto, pero conozco a uno que tiene todo poder para darme la salida de esta situación.

Cuando veas a alguien llorar, préstale tu apoyo y escúchalo. Ahora, cuando seas tú el que llora, recuerda que no estás solo, Dios está contigo en todo momento, también y con más razón en los tiempos de angustia.

Cuando lloramos y derramamos lo que hay en nuestro corazón delante de Dios, recibimos, esa paz y consuelo que sólo Él puede dar.

“Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. Apocalipsis 21:4

 

 
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¿Y para qué poetas...? 10

¿Y para qué poetas…?

Los discursos rotos, las confianzas perdidas, los sistemas averiados. La ridícula brevedad de las cosas, los días repetidos, los cuerpos que acusan recibo. Los controles institucionales, la opresión aviesa, la tiranía de la legalidad. La corrección política, los convencionalismos niveladores, el imperio de la medianía. La ignorancia sacralizada, el dominio de los promedios, el striptease glorificado, la vida en la arena pública me gusta, no me gusta. La náusea de los lugares comunes, las frases que disparan las emociones, los himnos sagrados.
El tedio de las ceremonias, la banalidad de los sacrificios, los rituales predecibles. La estridencia de la fiesta interminable, el manoseo de las emociones, el expediente mediocre de banderas y pancartas. El atroz vacío de las palabras, la espectacularidad de los anuncios, el falso manejo de las estadísticas. Las acusaciones constitucionales, las querellas por injurias, las audiencias en tribunales, el patético show de las vestiduras rasgadas.
¿…y para qué poetas en tiempos de penuria?
Palabra perdida en el desierto. Tesoros inútiles en el mercado de las pulgas. Material sobrante en las subastas de los suburbios. Gritos ahogados en las estaciones del metro y los paraderos del colectivo. Afiches rasgados en los muros institucionales. Susurros ignorados en factorías e instalaciones fabriles. Confesiones inapropiadas en los escenarios del éxito sostenido. Debilidades del alma que desentonan en los templos de la vida victoriosa. Interpelaciones inoportunas, por qué no te callas, qué te pasa, hemos venido a celebrar.
No son tiempos de poeta.
Son tiempos de negocios millonarios, de candidaturas promisorias, del uso inteligente de las tecnologías de la información, de competir en el mercado de valores, de alcanzar los primeros lugares en las encuestas, de ganar adeptos, de cumplir las metas, de comprar barato y vender caro, de colocar productos en los mercados internacionales, de escribir best sellers al ritmo de uno por año. Son tiempos de jolgorio, celebraciones masivas, tomateras interminables, comilonas colosales. Son los días de la mayoría, de las tendencias globales, del interés nacional, de la patria gloriosa. Ahora es el momento de corifeos, comparsas, aduladores, cronistas empalagosos y periodistas de investigación vendidos al capital. Es la época de succionar la teta de la gran vaca, de aprovechar los tiempos que corren. Es la hora del cambalache y la picaresca.
No. No son tiempos de poeta.

Registro elemental 11

Registro elemental

          Recuento de los estados del alma. Inventario de las emociones antiguas y nuevas. Crónica mínima de las estaciones de la vida. Pequeños artefactos que acompañan la melancolía y a veces los instantes bendecidos. Planilla existencial para tomar razón de las condiciones en que se encuentra la vida en su último cuarto…

La risa que adquirió ese tonito escéptico y a veces un poco cínico. Las lágrimas que ya no brotan por ninguna razón importante. Las nuevas estaciones de la noche, sus detenciones imprescindibles. Los hallazgos del pensamiento en los momentos más inesperados. La aparición de cierta sabiduría que hace más sensible el dolor del alma. El sentimiento de la época que se desmorona y nadie parece advertir. El miedo, el viejo miedo. La culpa, la vieja culpa.
La luz que se va apagando de a poco. La duda que se acrecienta más y más sobre uno mismo y la especie. La última frontera de la esperanza: el Dios de la Biblia como único espesor auténtico y realidad última. El cansancio vital. Los espacios cada vez más reducidos. La impecable caracterización de mi hermano David: Benjamín, soñador inconcluso.
Los libros. El último reducto para un diálogo silencioso; la decepción de algunos viejos textos, la confirmación de algunas intuiciones en Bauman, Eco, Galeano, Frankl y los viejos profetas del Antiguo Testamento. Relecturas y nuevos encuentros. Los libros, con su ilustrado silencio, con sus tesoros a disposición de los exploradores que tienen tiempo y que no desesperan en el vértigo de las pantallas.
El café con leche sin espuma, con un bizcocho y una medialuna. El diario del domingo – y el asado, también. La mochila de cuero con la vida a cuestas. La hora del regreso a casa que prodiga su silencio y su secreto. El amparo de las películas sin comerciales. Algunos cafés de la ciudad.
El arrinconamiento progresivo. La miniaturización de las relaciones humanas. Los alejamientos imprescindibles. Los silencios a ultranza. Las negociaciones ineludibles. El infaltable clamor de la conciencia. Las disculpas tardías. Los encontronazos inevitables. La fragilidad de la paciencia. La irritación a flor de piel.
La ironía de Groucho Marx sobre la época presente, multiplicada en púlpitos, plataformas y testamentos existenciales: “Estos son mis principios. Si no te gustan… tengo otros.”

¿Entiendes a tus hijos?  Cinco barreras por las cuales no entendemos a los adolescentes 12

¿Entiendes a tus hijos? Cinco barreras por las cuales no entendemos a los adolescentes

¿Entiendes a tus hijos?

 Cinco barreras por las cuales no entendemos a los adolescentes

 

Por Saraí Llanes

Dime si te identificas conmigo. Soy la madre de dos adolescentes y desde hace algún tiempo me percato de que muchas veces no nos entendemos. Y es que a veces me parece que hablamos diferentes idiomas. Te nombro 5 barreras por las cuales no entendemos a los adolescentes cuando intentamos comunicarnos con ellos.

  1. Barreras idiomáticas

Efectivamente no hablamos el mismo idioma. Como muchas familias en el mundo, la nuestra tuvo que emigrar. Desde hace algunos años vivo en un país angloparlante y mis hijos han aprendido el inglés en tal medida que son prácticamente bilingües. A veces prefieren hablar en ese idioma y a pesar de que no me es ajeno, naturalmente ellos lo dominan mucho mejor. Gracias a Dios, cuando llegamos a este país ya ellos tenían dominada la compleja gramática española y su vocabulario era extenso. Sin embargo, de infinito, tengo que cuidar permanentemente que su léxico se enriquezca y a la vez que sea comprensible para que nos comuniquemos realmente.

Naturalmente, la situación es más difícil cuando intentamos establecer esta comunicación en inglés.

Esta barrera idiomática es trascendental y un verdadero problema en muchas familias de la actualidad. Dos opciones tenemos en nuestras manos paternas y en ambas tenemos que trabajar ardua y propositivamente. La primera y más fácil es mantener la lengua materna viva y obligatoria en nuestros hijos, convocarlos continuamente a leer y conversar en nuestro caso en español. La segunda opción es aprender el nuevo idioma del país donde nos encontramos, si no es por otro objetivo, al menos por comunicarnos con nuestros hijos. Recuerda: es importante entender lo que dicen.

  1. Barreras generacionales

Más allá de los términos comunes, los adolescentes muchas veces tienen su propio lenguaje generacional. Tienen sus propios códigos, muchos de ellos provenientes de los juegos de videos, las series y películas, y del uso continuado y creciente de las tecnologías. Independientemente del idioma que usen, ellos usan vocablos propios, jergas contemporáneas. Tal vez sea hora de buscar en diccionarios urbanos y preguntarles directamente.

  1. Barreras cognitivas

Debido a las diferencias en experiencia y educación entre padres y adolescentes se establecen barreras cognitivas. Ellos pueden parecer grandes, altos, y ser sumamente inteligentes, pero no son hombres ni mujeres todavía. Ignoran el mundo. Se encuentran aún comenzando su camino académico y no han vivido suficientes experiencias para aprender de ellas. No han compartido tampoco contextos que les aporten el background para poder hacer deducciones. Estas diferencias cognitivas determinan entonces que se produzcan mal entendidos y muchos problemas de comunicación. No podemos dejarlos sin las explicaciones necesarias. No debemos suponer nunca que ellos entendieron. Tampoco que somos nosotros quienes tenemos todo el conocimiento. Nosotros sabemos de unos temas, ellos saben de otros. La ciencia ha avanzado, la tecnología se ha incorporado a la vida cotidiana y ellos son conocedores de ella. Mejor estrategia es compartir cogniciones que dar conferencias.

  1. Barreras físicas y tecnológicas

Cada vez más los adolescentes hablan menos en persona y más a través de las redes sociales. Es como si la presencia física los intimidara y la presencia virtual los liberara. Han encontrado otro espacio físico de expresión. Si bien la participación en situaciones reales sigue siendo importante para su desarrollo psicosocial, la inclusión en las redes les ofrece una oportunidad de creatividad, relación e información que otras generaciones no disfrutaban. Por otra parte les extiende la visión en áreas antes solo del mundo adulto. La política, la ciencia y la cultura en su amplio espectro están ahora al alcance de su mano. Vencer la barrera de la impersonalidad e incorporarnos a sus sistemas es una tarea que nos corresponde como padres si queremos conocer quiénes son y con quién se relacionan.

  1. Barreras emocionales

Una última barrera que tenemos la misión de saltar es la de las emociones. Alegría, depresión, enamoramientos, sinusoides sentimentales producidos por hormonas en erupción son estampas de la adolescencia con las que tenemos que lidiar diariamente. Nuestras mejores herramientas son la paciencia y la tolerancia pero sobre todo la empatía, colocarse en su lugar.

En resumen, barreras idiomáticas, generacionales, cognitivas, físicas, tecnológicas y emocionales nos separan muchas veces de nuestros hijos, y si bien la comunicación es una carretera de dos vías, nosotros llevamos el timón. No dejes que las cercas se hagan profundas trincheras insalvables, porque si una misión tenemos como padres es la de construir puentes.

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Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Mirando al suelo? 13

¿Mirando al suelo?

Los cerdos son animales que pertenecen a la familia de los mamíferos artiodáctilos, cuya cualidad principal es que tienen un número par de pezuñas en cada pata. Entre las especies más conocidas de este grupo están el camello, la llama, las vacas, los ciervos, las jirafas, las cabras, etc.

Este animal doméstico es uno de los que se puede encontrar en casi todas las granjas del mundo debido al provecho que se puede sacar de su carne en varios productos de consumo popular. Además, su alimentación no es la más complicada porque son herbívoros y alcanzan la madurez en poco tiempo, lo que le permite a cualquier granjero tener rápidamente una camada numerosa.

Sin embargo, una curiosidad de este animalito es que no puede levantar la cabeza. La estructura fisiológica que tiene sólo le permite ver levemente al horizonte, pero normalmente tiene la mirada puesta en suelo.

Definitivamente es un defecto que restringe mucho su perspectiva visual y afecta su forma de vivir. Quizás por esa razón es de los animales más nerviosos y asustadizos que existen: al escuchar un ruido estrepitoso sale corriendo en dirección indeterminada chocando con todo lo que encuentre a su paso.

Es interesante porque clínicamente hablando, una persona suele tener ese mismo comportamiento cuando está centrada en sí misma. Cuando hablamos de trastornos emocionales como el narcisismo o el egoísmo, el individuo suele tener algunas reacciones atípicas: una llamada de atención provoca su enojo, cuando escucha susurros o risas cercanas cree que es por él o tiene la sensación de que es el único que tiene problemas. También podemos destacar la constante actitud defensiva hacia las personas que lo rodean porque cree que está siendo atacado y su carácter agresivo, como profesión por miedo ser dañado.

¿Te sientes identificado con alguna de esas sensaciones? Entonces lo que te hace falta realmente es una dosis grande del Amor de Dios, porque lo contrario al miedo provocado por una vida centrada es uno mismo, es el amor, y ese antídoto sólo se consigue pasando tiempo con Él.

Ven a la libertad que Dios te ofrece, expande tu perspectiva más allá de tus circunstancias, experimenta el verdadero Amor y echa fuera todo temor.

“En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” 1 Juan 4:17-19 Versión Reina-Valera 1960

 

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