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¿Tienes envidia?

La envidia es una molestia o deseo de poseer algo que la otra persona tiene y nosotros no, ya sean posesiones materiales, cualidades o talentos. Es un pecado que trae consigo terribles consecuencias. En la Biblia podemos ver algunos ejemplos de lo que la envidia hace en la vida de las personas.

Caín, el hijo de Adán y Eva, mató a su hermano Abel por causa de la envidia. (Génesis 4:3-8) Los hermanos de José, envidiaban tanto la relación que José y su padre tenían, que quisieron matarlo, y que al final, lo vendieron como esclavo. (Génesis 37:1-36). Coré tuvo tanta envidia del liderazgo de Moisés, que desafió la responsabilidad que Dios le había dado a Moisés. Como resultado, la tierra se abrió y lo tragó. (Números 16) Raquel, envidiaba a su hermana porque no podía tener hijos y esto provocó que Jacob se enojara con ella. (Génesis 30:1-2)

Podemos ver que la envidia sólo conduce al desastre, destruye relaciones, genera odio, lleva a la injusticia y a la muerte. El Salmos 73:2–3 (DHH) dice: “Un poco más, y yo hubiera caído; mis pies casi resbalaron. Pues tuve envidia al ver cómo prosperan los orgullosos y malvados.”

Debemos tener mucho cuidado en nuestro caminar con el Señor, ya que puede haber momentos en los que corramos el riesgo de deslizarnos del camino que el Señor ha trazado para nuestras vidas y caer en la envidia.

El Salmista menciona que estaba a punto de resbalar y caer, a raíz de estar viendo la prosperidad de los malvados. Perdió su perspectiva y equilibro espiritual, se impacientó por un momento y se alteró al ver con sus ojos que a otros les iba mejor que a él.  Algo que la escritura claramente nos advierte, “No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad” (Salmos 37:1)

¿Hay envidia en nuestra vida por la prosperidad de otras personas? Sí es así, tomemos una decisión este día y rompamos con ese pecado. Oremos al Señor para que guarde nuestras miradas y pasos. Pidamos que no nos deje caer en un estado en el que codiciemos lo que otros tienen.

“Ahora que se han purificado obedeciendo a la verdad y tienen un amor sincero por sus hermanos, ámense de todo corazón los unos a los otros.” 1 Pedro 1:22. (NVI)

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

No te esclavices

“… y el que toma prestado es esclavo del prestamista” Proverbios 22: 7

Hay personas que nunca están conformes con lo que tienen y por eso muchas veces sucumben con facilidad a la tentación comprar cosas a crédito. Si las deudas no son controladas, poco a poco la persona y luego su familia van perdiendo la paz. La Biblia dice que al contraer deudas nos hacemos esclavos de nuestros acreedores. Esto puede verse claramente cuando una persona está pagando altísimos intereses por un dinero que pidió prestado y la deuda en lugar de disminuir, se hace cada vez más grande. Por lo tanto, seamos sabios y no sedamos a la tentación de endeudarnos. Hebreos 13:5 (NVI) “Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré»” Te animo a buscar la dirección de Dios en cuanto a las decisiones relacionadas con tus finanzas, cree que Dios suplirá todo lo que te hace falta.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Él te ha hecho libre!

“Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.” Deuteronomio 20:2 (RVR1960)

El pueblo de Israel estuvo esclavizado en Egipto por mucho tiempo, hasta que Jehová los liberó y los condujo hasta la tierra prometida; aunque tardaron 40 años a causa de su rebeldía, la promesa fue cumplida y ¡fueron liberados!

Nosotros también podemos estar sometidos a la esclavitud que no es física solamente, sino espiritual, la del pecado. Esta esclavitud no tiene compasión de nadie, aprisiona a todos sin importar edad, sexo o estatus; trae destrucción no sólo al cautivo sino también al entorno, acabando con familias, vidas e incluso la relación con Dios.

En cambio la libertad dada por medio de Jesús, es llena de gracia y misericordia, pues a pesar de que podemos caer, ella no nos desecha, al contrario, nos levanta y nos ayuda a seguir adelante.

Pero debemos tener mucho cuidado de conservarla, no vaya ser que nuevamente nos entreguemos a la esclavitud, como dice Gálatas 5:13 (RVR1960) “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.” Gálatas 5:13

No des paso a nada que te aleje de Dios, ni seas rebelde ante su guía, sigue sus instrucciones y cumplirás lo que Él tiene para tu vida, planes de bien y no de mal.

¡Él te ha hecho libre!

 

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Libre otra vez

En la antigüedad, los imperios más poderosos tomaban como esclavos a pueblos pequeños quitándoles así su libertad y por lo general la esclavitud incluía abusos por parte de sus amos,  ¿Quién es un esclavo? Es aquel que no tiene voluntad propia para decidir sobre su vida y está bajo dominio de alguien.

El pecado  ha esclavizado a muchas personas que han dejado que el diablo los envuelva con sus mentiras,  logrando que sean personas sin voluntad para decidir sobre sí mismos,  Son muchas las personas que han sido  encerradas en una profunda tristeza quitándoles la paz de sus corazones.  Hoy en día, hay gente que camina libre por las calles y no están privados de su libertad en una cárcel, pero muchas veces  viven en una prisión espiritual donde no hallan paz para sus almas.

El enemigo quiere hacernos creer que  no merecemos estar en la presencia de Dios y que no somos dignos de su perdón, su intención es alejarnos por completo del Señor para tomar el control de nuestras vidas a su antojo, esclavizándonos en cosas que nos separan del Padre.

Cuántas veces, hemos buscado ser libres en nuestras propias fuerzas  de las cosas que nos esclavizan y no lo hemos logrado;  hoy necesitamos recordar que en Jesús podemos encontrar la libertad  que muchas veces hemos querido obtener. “… y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Juan 8:32.  La verdad es Cristo y si anhelamos conocerlo a Él seremos verdaderamente libres de todo aquello que nos tiene cautivos.   Jesús, no condena a nadie, perdona y da libertad  a todo aquel   se acerca para conocerlo.  Él nos librará  y  sanará  nuestro corazón herido.

Cada latigazo que recibió, todo menosprecio,  bofetada, la corona de espinas sobre su cabeza, el ser flagelado hasta que su cuerpo quedara desfigurado, los clavos que  traspasaron sus manos y pies, la lanza que  abrió su costado y hasta la última gota de su sangre que derramó por amor a ti; todo lo soportó para que recibas libertad,  te libró de la esclavitud muriendo en la cruz y  pagó tu rescate con su propia vida.

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. Gálatas 5:1

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 
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¿Cuál es tu título?

¿Has depositado todo tu esfuerzo en alcanzar una posición elevada o un título? En diferentes empresas suelen brindar un reconocimiento al “empleado del mes”; e imagino que es encantador para los jefes observar cómo sus empleados usan toda su energía para obtener este nombramiento.

Y, ¿cómo agradar a Dios? En la Palabra del Señor sucede exactamente lo contrario:

“…el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” Mateo 20:26

El Señor menciona que el que quiere ser grande debe ser servidor.

Es interesante notar que cuando Pablo escribió la primera y segunda carta a los Tesalonicenses, él no se pone ningún título; sin embargo, en la carta hecha a los Filipenses el primer título que Pablo se pone es “siervo de Jesucristo”.  “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos.” Filipenses 1:1

El siervo, es el más humilde de la casa, el que atiende a las personas importantes y lava los pies de las visitas o del  dueño de la casa cuando llegan.

“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).

En el último día de trabajo de Jesús en esta tierra, Él no se sentó a descansar, sino que  lavó los pies de los discípulos, ocupó el puesto de siervo y esclavo, por tanto, deberíamos aprender de Él y el verdadero título que deberíamos esforzarnos por obtener es: siervos y esclavos de Jesucristo.

¿Cuál es tu título? ¿Cómo te conocen las personas? Posiblemente como un magnífico profesional, doctor, auditor, ingeniero o una excelente cocinera, madre o esposa pero ¿Tienes el título que Dios quiere que obtengas? Te animo a esforzarte por conseguirlo, solamente ¡sirve!, acércate a las personas y ayúdalas como si fueran más importantes que tú, con humildad y mansedumbre te parecerás más a Cristo.

Recuerda: ¡Si no sirves, no sirves!

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¿Soy útil?

Las estadísticas revelan el crecimiento del número de menores de edad que se dedican a la delincuencia, alcoholismo o drogadicción; estos jóvenes son considerados personas que no son útiles en la sociedad. Es preocupante observar que a temprana edad muchos estén desperdiciando sus vidas.

Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil. Filemón 1:10-11

Onésimo era un esclavo que se había escapado de la casa de su amo Filemón robándole algunas pertenencias. En Roma se convirtió bajo el ministerio de Pablo y posteriormente el apóstol escribe esta carta para solicitar a Filemón (miembro de la iglesia de Colosas) que perdone a Onésimo y lo reciba como hermano en Cristo.

Antes de que Onésimo conociera el ministerio de Pablo era considerado un hombre “inútil”, algunos sinónimos que se podrían mencionar son: improductivo, inservible, inerte e inactivo. Sin embargo, cuando se acercó a Cristo su vida dio un giro y se convirtió en un hombre útil, a tal grado que Pablo se arriesgó por él, pidiendo que lo recibieran como si fuese él mismo.

La pregunta que quiero hacerte es: ¿Qué tan útil eres? Dios te trajo al mundo con un propósito y quiere que seas útil en esta vida ¿Qué haces por Él y por tu prójimo?

Te animo a cambiar tu vida y ser una persona productiva: alimenta al que tiene hambre, abriga al que tiene frío, ayuda a llevar cargas, ora por los enfermos, dale un abrazo al que necesita, y ¡salva vidas! Presenta a otros a Jesús.

Si eres una persona que se encuentra sumida en la pornografía, alcohol, drogas o delincuencia tienes que saber que Cristo quiere cambiar tu vida. ¡Él te trajo al mundo con un propósito!

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El perdón

Cuenta una historia,  que un esclavo en las Indias Occidentales  fue puesto por su amo en una posición de alguna importancia,  en la administración de su ingenio, a causa de su integridad y buena conducta.

En cierta ocasión, deseando comprar veinte esclavos más,  empleó a su esclavo  para que los eligiese. El hombre fue al mercado de esclavos y empezó a escoger. De repente fijó sus ojos en un anciano decrépito, y dijo a su amo que este hombre mayor debía ser uno de los elegidos. El amo quedó muy sorprendido y  protestó contra ello.

El esclavo siguió rogando que fuese indulgente; cuando el traficante notó su afán dijo que si le compraban veinte, les regalaría el anciano con los demás.

La compra fue hecha y los esclavos fueron conducidos al ingenio de su amo; pero ninguno de los escogidos  tuvo tanto  cuidado y atención del criado como el  anciano africano.

Sorprendido el amo por las atenciones que prodigaba sobre el esclavo privilegiado, le preguntó la causa:

– Tú no tomarías tanto interés en este anciano si no fuera algún pariente. ¿Es tu padre?

– No, mi amo, – repuso el criado- Él no es mi padre.

– ¿Entonces es tu hermano o algún pariente?

– No mi amo, nada de eso.

– Entonces – dijo el amo – ¿Por qué lo cuidas tanto?

– Es mi enemigo.  Él me vendió en el mercado de  esclavos y mi Biblia me dice que debo perdonar a mis enemigos, y que cuando tuvieren hambre les dé de comer, y cuando tuvieren sed les dé de beber.

No es  nada fácil amar a quienes nos lastiman, hacerles el bien no está en nuestros pensamientos, es más, en ocasiones si podemos evitar a esa persona que nos causó dolor, lo haremos. Sin embargo, si queremos vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios y agradarlo con nuestra vida, tenemos que seguir sus mandamientos.

“A los que están dispuestos a escuchar, les digo: ¡amen a sus enemigos! Hagan bien a quienes los odian. Bendigan a quienes los maldicen. Oren por aquellos que los lastiman. Si alguien te da una bofetada en una mejilla, ofrécele también la otra mejilla. Si alguien te exige el abrigo, ofrécele también la camisa. Dale a cualquiera que te pida; y cuando te quiten las cosas, no trates de recuperarlas. Traten a los demás como les gustaría que ellos los trataran a ustedes. Si solo aman a quienes los aman a ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores aman a quienes los aman a ellos! Y si solo hacen bien a los que son buenos con ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡Hasta los pecadores hacen eso! Y si prestan dinero solamente a quienes pueden devolverlo, ¿qué mérito tienen? Hasta los pecadores prestan a otros pecadores a cambio de un reembolso completo. ¡Amen a sus enemigos! Háganles bien…” Lucas 6:27 – 35 (NTV)

No siempre los mandamientos de Dios son de nuestro agrado, humanamente hablando, nos cuesta cumplirlos, nos confrontan, nos llevan a dejar de lado nuestro orgullo, nos exigen un esfuerzo mayor; pero todo lo que nuestro Padre nos ordena, tiene una razón de ser y siempre traen bendiciones para nuestras vidas.

No permitas que la falta de perdón, el rencor y la amargura te hagan su prisionero y te roben el gozo y la paz que Dios tiene para ti.

 

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El melón amargo

Un relato cuenta que el filósofo oriental Lookman fue, en su juventud, esclavo de un dueño muy bondadoso, que lo trató como verdadero hijo.

Comentando este caballero la obediencia de su esclavo hizo una apuesta con algunos amigos para ponerlo a prueba, ordenándole comer un melón amargo; lo que el esclavo hizo sin mostrar la más pequeña contrariedad.

 -¿Cómo es posible que hayas podido comer, tan resignado y sonriente, semejante fruto que causa náuseas a todo el mundo?  – le dijo después su amo.

 -Señor, he recibido tantos favores de vuestra Alteza durante mi vida que no es ninguna maravilla comer una vez un melón amargo de vuestra mano.

Esta cordial respuesta tocó de tal modo el corazón de su amo que le dio inmediatamente la libertad.

Todos hemos comido melones amargos, pasamos por tiempos de pruebas, por momentos duros y desagradables en nuestras vidas y es ahí cuando centramos tanto nuestra atención en ese problema que solemos olvidar las bendiciones que diariamente recibimos de Dios.

Las pruebas son necesarias, no agradables pero sí imprescindibles para poder formar nuestro carácter, revelan realmente quiénes somos y qué hay en nuestros corazones porque nuestra memoria es tan frágil ante ciertas circunstancias que olvidamos fácilmente que los bienes que recibimos de Dios son mucho más abundantes que los tiempos de tribulación. Tener presentes las bendiciones de Dios en todo tiempo te permitirá tener una perspectiva diferente en las pruebas porque podrás atravesarlas con gozo y paz.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!… No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús” Filipenses 4:4, 6, 7 (NTV)

La preocupación, el estrés y la ansiedad hacen que olvidemos que aún en medio de esas pruebas Dios está con nosotros, que no nos abandona nunca y que no hay nada, ni  la muerte, que pueda  separarnos de su amor.

Que la gratitud siempre reine en nuestros corazones y nos permita pasar por medio de los problemas con gozo y paz, sabiendo que aún en los momentos más difíciles, cuando nada parece tener sentido, Dios tiene el control y no nos abandonará.

 

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En todo tiempo

Una historia cuenta que hace años, cuando la maldición de la esclavitud era una plaga extendida en EEUU, un hombre compasivo estaba contemplando una subasta de esclavos y vio a un muchacho de buen parecer que iba a ser puesto en venta. Compadecido del joven y deseoso de ayudarle, evitándole que cayera en manos de algún amo cruel, se dirigió al esclavo y le preguntó:

        – Si te compro, ¿vas a ser honrado? (Los esclavos solían ser acusados de no serlo)

        – Señor – le contestó el muchacho – yo voy a ser honrado tanto si usted me compra como si no.

Ésta fue la respuesta que no podía por menos persuadir al presunto comprador de que podía fiarse de él.

La respuesta del muchacho debería ser la misma que nosotros demos en nuestro diario vivir, el hecho de ser honrados no se reduce a eventos públicos, sino que es un reflejo de quiénes realmente somos aun cuando estamos solos.

¿Eres honestoen tu trabajo? ¿Necesitas tener a alguien cerca para hacer cumplir con tus obligaciones o desarrollas tus tareas de la misma manera estando sólo? ¿Cómo te comportas con tu familia y amigos? ¿Eres igual cuando están ellos que en su ausencia?

“La honestidad guía a la gente buena; la deshonestidad destruye a los traicioneros.“ Proverbios 11:3 (NTV)

Recuerda que nada queda oculto bajo el sol y que todas nuestras acciones  tienen consecuencias, aún si las hacemos cuando creemos que nadie nos ve. Los efectos de nuestros actos pueden dañar a las personas que amamos y también a nosotros mismos.

Puede ser que logres engañar a tus compañeros de trabajo, a tus jefes, a tu familia, amigos e incluso a ti mismo, pero Dios escudriña nuestros corazones y conoce las intenciones que tenemos; para Él no hay nada oculto y todo aquello que sembramos cosechamos.

Vive rectamente en todo tiempo, de manera que nunca tengas nada de qué avergonzarte y Dios te  recompensará y respaldará todo lo que emprendas. Ser honrado es reflejo de condición de nuestra voluntad y carácter.

 

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Libre

El diccionario define la libertad como la facultad natural que tiene el hombre de pensar, de hablar y de obrar, con plena autonomía.

Aunque en el tiempo pasado la libertad estaba condicionada a varios factores que hacían a algunos privilegiados y a otros destinados a servidumbre, hoy en día es una capacidad reconocida por los gobiernos del mundo y por Dios, a través del libre albedrio.

Para que esa libertad sea una garantía absoluta, toda nación cuenta con leyes que protegen al individuo para que ejerza ese derecho dentro de los límites que le impidan irrumpir en la libertad de otro o de sí mismo.

Por ejemplo: toda persona tiene derecho a la vida, pero cuando otra persona lo priva de éste derecho cometiendo asesinato, esas mismas leyes que garantizan la libertad lo hacen culpable y lo condenan a pagar por sus culpas.

Algo similar pasa con el reino de los cielos. Dios estableció leyes con el fin de garantizar la libertad que Jesús ya ganó para nosotros en la Cruz del Calvario.

Pero el pensamiento errado de hacer a Dios un ser alejado y sin conocimiento de la realidad humana, ha provocado que se crea que toda ley divina está puesta con el fin de evitar que el hombre no disfrute de una verdadera libertad.

El filósofo griego Diógenes se refirió a Alejandro Magno, diciéndole: “Vos sois el siervo de mis siervos. Yo he conquistado al miedo, la lujuria, y la ira; Alejandro todavía sirve a estos maestros. A pesar de haber conquistado el mundo exterior, todavía sigue siendo esclavo.”

Las leyes de Dios nos garantizan una libertad absoluta, no sólo hablando de la convivencia entre personas como lo describe el Salmo 133:1, sino también de fuerzas espirituales superiores a nosotros y con capacidad de esclavizar a cualquiera.

La ley de Dios, no se escribió para condenar a ninguno hombre, sino para poner al descubierto las maquinaciones del pecado, de la carne y de satanás, las cuales buscan hacernos esclavos.

Cuando la Biblia establece límites, puedes estar seguro que están puestos allí con el fin de hacerte un hombre o una mujer completamente libre.

Gálatas 5:1 dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” Versión Reina-Valera 1960

¿Quieres ser verdaderamente libre?

Acércate a Jesús.

 

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Ni siquiera soy digno de ser su esclavo

Yo bautizo con agua a los que se arrepienten de sus pecados y vuelven a Dios, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y llevarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Mateo 3:11 NTV

Juan el Bautista era un hombre que se hizo conocer por predicar para que las personas se arrepientan de sus pecados y la gente venía de diferentes ciudades para ser bautizados por él. En su posición podía dejarse dominar por el orgullo y altivez ya que incluso doctos en la ley iban a ver lo que hacía; sin embargo, recordaba cada momento que no era digno y que servía a alguien superior.

Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano. Mateo 7:6-7

Se llamaba “Centurión” a un oficial de ejército que tiene a su mando cien soldados, por eso mismo este hombre podría ser prepotente y altivo, sin embargo, demuestra su temor a Dios al pedirle ayuda y reconoce que no es digno de tenerlo bajo su techo, ni siquiera de estar en su presencia, sabía quién era Él y por esto mismo recibió su milagro.

Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Romanos 5:8 NTV

Estos dos hombres,  Juan y el Centurión, tienen algo en común,  ambos temen a Dios porque reconocen que no son dignos, ni merecedores de algo. Nosotros deberíamos estar agradecidos al Señor porque  que hemos sido beneficiados en gran manera. Éramos pecadores, no merecíamos ser salvos pero por su gran amor lo somos. No somos dignos de servirle, pero nos da esa oportunidad.

Lamentablemente en lugar de ser agradecidos nos resulta pesado ser cristianos. Una hora es tan larga cuando hablamos de Dios pero tan corta cuando vemos una novela o un partido de futbol. No encontramos palabras para orar, pero fácilmente nos salen cuando charlamos con algún amigo. Nos da sueño cuando leemos la Biblia, pero qué fácil nos resulta leer las revistas de modas. Buscamos siempre la primera fila en el teatro o cine, pero cuando vamos a la Iglesia siempre nos ubicamos atrás.

Es posible que hayas olvidado que no eres digno de estar sentado a su mesa, y por ello criticas algún aspecto de tu iglesia, te dejas llevar por los chismes, o no deseas servir si no te han elegido líder de aquel lugar. Lo importante es que ahora recuerdes de dónde Dios te ha sacado, le agradezcas y le sirvas con humildad porque no somos merecedores pero Él nos da todo.

 

 

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Tener fe y alimentarla

Frederick Douglass fue escritor, editor, orador y ferviente defensor de los derechos de los afroamericanos negros. Su lucha lo llevó a ser uno de los más importantes disertantes abolicionistas de su época y de toda la historia de los Estados Unidos.

Pero este hombre, conocido como El Sabio de Anacostia, no procede de la comodidad de una familia, ni de los círculos sociales acomodados. Douglass nació en la época de esclavitud total para su raza.

El sistema al que estaba sujeto fue ideado en todos sus detalles para quebrar el espíritu de una persona, entre otras cosas: el individuo era separando de su familia para que nunca desarrollara vínculos emocionales, recibía constantemente amenazas y castigos con el único fin de aplastar toda noción de libre albedrío, además debía seguir siendo analfabeto e ignorante, para evitar que su pensamiento crezca.   Todo esto con el fin de formar en el esclavo la peor opinión de sí mismo.

El propio Douglass sufrió de niño todas esas desgracias pero, por algún motivo, desde su más tierna infancia, entre lágrimas de soledad dejaba volar su imaginación creyendo que podía ser libre y que podía aspirar a algo más. Él sentía dentro de su corazón que algo había sido aplastado, pero que podía levantarlo nuevamente.

En 1828, cuando tenía diez años, su amo lo envió a trabajar a casa de un yerno en Baltimore, Maryland. Douglass interpretó esto como un acto de la providencia en su favor. Significaba que escaparía del arduo trabajo en la plantación y tendría más tiempo para pensar. En ese lugar, la señora de la casa leía continuamente la Biblia, y un día él le preguntó si podía enseñarle a leer. Ella lo complació con gusto y el muchacho aprendió rápidamente.

Pero cuando el amo se enteró, reprendió severamente a su esposa: un esclavo nunca tendría permitido leer y escribir. Le prohibió seguir enseñándole. La señora de la casa simplemente asintió con la cabeza y ya no le enseñó más nada, pero ya era demasiado tarde, aquel niño ya podía arreglárselas por sí solo. La señora de la casa, simplemente dejaba algunos libros de pensadores y oradores tirados por ahí para que el niño los recogiera y pudiera leerlos a escondidas.

Al tomarlos, escapaba a lo más recóndito de los cultivos de algodón y pasaba horas memorizando discursos famosos que repasaba en su mente. Se imaginaba convertido en un gran orador, clamando contra los males de la esclavitud.

Cuando cumplió quince años, su amo se dio cuenta que era distinto a los demás esclavos en su expresión, su trabajo y hasta en su forma de andar, así que lo envió a una granja gobernada por un tal Covey, cuya única tarea en la vida era doblegar los espíritus rebeldes. Pero todas las artimañas que usaba ya no podían tener éxito. Douglass había creado una identidad propia, que no correspondía con la que Covey quería imponerle.

Con el tiempo logró idear un plan para escapar al norte. Ahí fue donde creció como orador abolicionista importante, fundó su propio periódico y rebasó siempre los límites que los demás trataban de imponerle.

Quizás nunca nos toque vivir las mismas dificultades que atravesó un afroamericano en la época de la esclavitud, pero en medio de nuestra propia adversidad, historias como las de Frederick Douglass, nos muestran como una persona que nació con un destino marcado y con un entorno hostil, puede salir adelante si cree y si alimenta constantemente esa creencia.

“Repite siempre lo que dice el libro de la ley de Dios, y medita en él de día y de noche, para que hagas siempre lo que éste ordena. Así todo lo que hagas te saldrá bien. Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.” Josué 1:8-9 Versión DHH

La adversidad es una constante en la existencia del hombre, pero tener fe y alimentarla, es una variable que le toca a cada persona agregar a su vida.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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