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¿De quién eres esclavo? 1

¿De quién eres esclavo?

“Así como el rico gobierna al pobre, el que pide prestado es sirviente del que presta” Proverbios 22:7 (NTV)

Los consejos que Dios nos da por medio de su Palabra, son tan valiosos que si prestáramos atención dejaríamos de cometer tantos errores. Uno de ellos es este versículo que nos dice: “ […] los deudores son esclavos de sus acreedores” Proverbios 22:7 (NVI). Dios nos advierte que cada vez que pedimos dinero prestado, nos hacemos esclavos de la persona o la institución que nos prestó. Sin embargo un préstamo pudiera ser favorable, si antes de concretarlo, se tiene la precaución de si se podrá pagar regularmente, sin comprometer el presupuesto familiar. Por lo tanto, es importante tomar en cuenta los consejos que Dios nos da para nuestras finanzas, de tal manera evitaremos sufrimiento y el dolor de soportar las nefastas consecuencias de nuestras malas decisiones.

Por Neyda Cruz

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Hay libertad en Cristo 2

Hay libertad en Cristo

“Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.” Juan 8:36 (NVI)

Al ser esclavos del pecado, nos aprisionamos con cadenas de hierro con las que un criminal podría estar aprisionado en su celda lo cual nos conduce hacia la muerte. Sin embargo Cristo nos dice que fuera de Él no hay libertad del pecado y nos invita a que nos acerquemos para que pueda romper las cadenas de toda esclavitud.

 Si en este momento estás aprisionado por algún vicio con el sexo o la pornografía, debes reconocer y aceptar tu estado. Una vez que lo hagas acércate a Cristo y recibe una nueva vida en Él.

¡Permite que Cristo te de la libertad!

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Amor que destruye 3

Amor que destruye

“Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores.” 1 Timoteo 6:10 (NTV).

Dios provee las bendiciones materiales para cubrir nuestras necesidades, pero cuando caemos en el amor al dinero que es la raíz de todos los males, estamos gobernados por un deseo que nos hace pensar y actuar sólo en función del enriquecimiento o del materialismo. De tal manera, nos alegramos cuando nuestras cuentas bancarias crecen, pero reaccionamos con tristeza cuando debemos atravesar tiempo de escasez.  Al parecer, lo material puede influir a tal punto en nuestras decisiones que segados por este amor, nos hace capaces de romper relaciones importantes, abandonar a nuestra familia, descuidar la salud, no tener amigos, etc. Lo cual nos convierte en esclavos de nuestros deseos que poco a poco nos va destruyendo.

Cuando el amor al dinero entra en el  corazón, la fe se aleja. Los afanes por conseguir más ¿te están alejando de tus seres queridos? ¿Te están alejando de Dios?

Por Giovana Aleman

 

 

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¡Abandona tu Egipto! 4

¡Abandona tu Egipto!

Muchas veces nos sentimos atrapados por ciertas costumbres del pasado que al final terminan haciéndonos sus esclavos, pero La Palabra del Señor nos da un gran ejemplo de cómo Dios libertó a su pueblo escogido cuando se hallaba bajo la opresión de Faraón.

“Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias.” Éxodo 3:7 (RVR1960)

El Señor vio la angustia y el dolor en el que su pueblo se encontraba, fueron más de 400  años viviendo como esclavos bajo la tiranía de Faraón y sin ver una sola señal de libertad e incluso ya se habían formado una mentalidad de sujeción. Pero Dios los liberó de esta situación. “Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte…” Éxodo 13:3 (RVR1960)

El día en que ellos fueron libres, se regocijaron porque sabían que nunca más su futuro dependería de las decisiones de un gobernante egoísta a quien le debían su servicio para sobrevivir en su tierra. A pesar de ser un largo tiempo de espera, la promesa de Dios se cumplió.

Pero mientras pasaban los meses y los años, era como que su felicidad  era absorbida por el desierto en el que se encontraban, se dieron cuenta que nada era igual. Cada día al despertar eran testigos de lo diferente que era el amanecer de Egipto al del desierto, ya no había trabajo que cumplir, no contaban con un menú semanal, adiós a las pequeñas comodidades aun siendo esclavos, tal vez suspiraban recordando su estadía en Egipto. Cansados de lo mismo, veían cómo cada día el maná caía del cielo y aunque quisieran estrenar ropa nueva, no era necesario, porque siempre estaban en buenas condiciones.

¡Los que un día fueron libres prefirieron volver a ser esclavos que pasar tanto tiempo en el desierto!

Tal vez en estos días has sido tentado a volver al pasado del que fuiste liberado, puede que algo haya despertado en ti el volver a tus costumbres anteriores, pero hoy quiero decirte: No vuelvas a Egipto, no retornes a donde sólo hallarás esclavitud. Si Dios te dio libertad y te limpió de todo pecado fue para permitirte conquistar nuevas tierras y bendiciones ¿Por qué retornar ahora? Quizá te encuentres pasando por un mal momento, pero no es razón suficiente para que extrañes la vida que un día dejaste y que no te trajo ningún bienestar.

Aún si piensas que antes de conocer a Jesús todo iba bien, pero ahora que te acercas a Él las cosas van de mal en peor ¡No añores volver al pasado para continuar disfrutando de aquello que no edifica tu vida! Es hora de abandonar Egipto y caminar en dirección a la tierra prometida que Dios tiene para ti; tus días  futuros serán mejores.

“Pero olvida todo eso; no es nada comparado con lo que voy a hacer.” Isaías 43:18 (NTV)

Por Ruth Mamani.

 

 

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Detrás de la codicia… 5

Detrás de la codicia…

“Había cierto hombre llamado Ananías quien, junto con su esposa, Safira, vendió una propiedad;  y llevó solo una parte del dinero a los apóstoles pero afirmó que era la suma total de la venta. Con el consentimiento de su esposa, se quedó con el resto. Entonces Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás llenara tu corazón? Le mentiste al Espíritu Santo y te quedaste con una parte del dinero.  La decisión de vender o no la propiedad fue tuya. Y, después de venderla, el dinero también era tuyo para regalarlo o no. ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¡No nos mentiste a nosotros sino a Dios!». En cuanto Ananías oyó estas palabras, cayó al suelo y murió. Todos los que se enteraron de lo sucedido quedaron aterrados.  Después unos muchachos se levantaron, lo envolvieron en una sábana, lo sacaron y lo enterraron. Como tres horas más tarde, entró su esposa sin saber lo que había pasado.  Pedro le preguntó:

— ¿Fue este todo el dinero que tú y tu esposo recibieron por la venta de su terreno?

—Sí —contestó ella—, ese fue el precio.

 Y Pedro le dijo:

— ¿Cómo pudieron ustedes dos siquiera pensar en conspirar para poner a prueba al Espíritu del Señor de esta manera? Los jóvenes que enterraron a tu esposo están justo afuera de la puerta, ellos también te sacarán cargando a ti”. Hechos 5:1-9 (NTV)

Ananías y Safira se dejaron llevar por la ambición y la codicia, lo que en nuestros días se ve con frecuencia.

Por la ambición se han cometido crímenes, grandes injusticias y, además,  muchos cristianos han retenido lo que en verdad le pertenece a Dios. Por la codicia muchos hemos sido víctimas de robos y atracos, problemas a cerca de los cuales leemos diariamente en los periódicos. Por ello, debemos eliminar esto que se ha convertido en una plaga en nuestros días.

Muchos hemos visto a personas que se han esforzado por obtener una buena posición económica y la han conseguido, no está mal, pero el problema se encuentra en dejarse llevar por la codicia y la ambición que no sólo hacen que se olviden de Dios, sino que también los convierte en sus esclavos.

“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” 1Timoteo 6:10 (RVR 19960)

Si has estado yendo por el camino que Ananías y Safira eligieron ¡Detente! Dios quiere bendecirte en gran manera, no te adelantes a este hecho y caigas en las trampas del enemigo, porque detrás de la codicia está la muerte espiritual y hasta física.

Su bendición no te llevará a la muerte, sino traerá gozo y paz a tu alma.

Por Ruth Mamani.

 

 

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Libres 6

Libres

La libertad es algo que el hombre siempre ha procurado; países han luchado por ella, grupos, razas y demás, han dado su vida para poder ser partícipes de un gran cambio en la historia humana.

Antiguamente se establecían mercados de esclavos, por ejemplo en Estados Unidos fue en Wall Street donde se estableció el primer mercado de esclavos en el país. Los barcos negreros procedentes de África llegaban a la ciudad cargados de esclavos que se vendían como mano de obra, sobre todo para las plantaciones de algodón, y desde allí se distribuía este producto. Como era de esperarse, las aseguradoras de los barcos, los grandes comerciantes y los bancos que financiaban los viajes debían estar “cerca de sus inversiones“, lo que dio la idea del nuevo mercado. (historiasdelahistorias.com)

Aunque la esclavitud física no ha sido erradicada aún en su totalidad, hay una esclavitud que ha sido cortada para siempre. Jesús nos compró del mercado de esclavos para que siempre seamos libres y para no volver nunca a la esclavitud.

“Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados. Él desbordó su bondad sobre nosotros junto con toda la sabiduría y el entendimiento.” Efesios 1:7-8 (NTV)

El sacrificio de Jesús, quien vino a pagar el precio que ninguna persona podría cancelar por nuestra libertad, es lo que debe marcar nuestro corazón, ya que si no lo hubiera hecho estaríamos condenados eternamente a ser prisioneros del pecado y de la muerte eterna.

En estas fechas que estamos recordando el acontecimiento importante que marcó el nuevo destino de la humanidad no dejemos de lado la fidelidad que le debemos a Dios; nada de lo que estamos pasando puede ser motivo para olvidar que como personas redimidas tenemos el mejor dueño de nuestra vida, que por más que no recibamos lo que estamos pidiendo. Él sabe qué es bueno y malo para nosotros y que siempre velará por nuestro bienestar eterno.

¡Eres libre y amado por Dios!

 

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El Precio 7

El Precio

Cuentan que el gran reformador Martín Lutero viajaba a pie muy a menudo. En cierta ocasión pidió alojamiento en una rústica casa de campesinos. Sin saber quién era, lo recibieron bien y lo trataron tan bien como pudieron.

Al saber quién era rehusaron toda paga, pero le pidieron encarecidamente que se acordara de ellos en sus oraciones y que escribiera con tinta en su pared alguna inscripción de recuerdo.

Prometió hacerlo y escribió: “DominiSumus”. El campesino le preguntó qué significaban aquellas palabras, y Lutero explicó que tenía doble sentido:

         –   Significan “Somos del Señor”, pero pueden también significar “Somos señores”. Lo uno entra en lo otro: siendo propiedad del Señor Jesucristo, a gran precio adquirida, no debemos ser esclavos de satanás ni de hombre sino señores verdaderamente libres que no sirven al pecado sino al Señor Jesús.

El precio de nuestra libertad fue muy alto, Jesús nos compró con su sangre y al hacerlo nos dio la libertad para servirle y ya no ser esclavos de las cosas terrenales. Como hombres y mujeres verdaderamente libres, se nos otorgó la oportunidad y responsabilidad de elegir a quién serviremos.

“Dios pagó un alto precio por ustedes, así que no se dejen esclavizar por el mundo”. 1 Corintios 7:23 (NTV)

Que tus acciones, pensamientos, tus palabras y toda tu vida reflejen un continuo agradecimiento a aquel que no escatimó el precio por tu libertad.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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