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30 de noviembre

La sutil arruga del calendario, ese testigo implacable. “Usted se ve joven todavía”, con ese “todavía” que – observa Benedetti – suena como una sentencia.
La hojarasca de los desencuentros que cruje bajo los pies cansados.
La experiencia que no le sirve a uno porque la vida del otro es otra, así de simple.
Las palabras que en el tiempo se han perdido.
Ese nunca más que igual volvió a pasar. Ese siempre que duró unas semanas.
Las lealtades, esas viejas lealtades que no resistieron el peso de la mente turbada y de las distancias imprescindibles.
Toda aquella parafernalia de discursos, proclamas emocionadas y compromisos solemnes que no alcanzaron a la hora de las esperanzas.
Las dudas tenaces sobre los viejos asuntos y las convicciones recientes que también van a morir en el altar del “así es la vida”.
La persistencia del esqueleto como precaria evidencia del ser que éramos.
Esas ganas de irse y la comezón de regresar. Recoger todo y mudarse para volver a armar todo de vuelta.
El aeropuerto, la terminal de ómnibus, la estación del tren, el camino, el viaje impenitente. Esa paradoja de costumbre y desapego con espacios y lugares. La esquiva adquisición de un lugar en el mundo.
Las ilusiones perdidas.
La creciente adversidad entre el deseo y las realidades del cuerpo. Los sofisticados procedimientos para detectar sus inclementes y poco elegantes asuntos.
La creciente intolerancia a las cosas que siempre fueron parte de la vida. El imprevisible humor de glándulas, conductos y mecanismos corporales.
La cruda constatación de la suma de los días.
La persistencia de la memoria, la patente fidelidad de sus registros: lo querido, lo tenido, lo perdido, lo retenido, lo abandonado, lo deseado, lo detestado.
A veces se cosecha lo que nunca se sembró; otras veces, en vez de frutos abundó maleza y cascajo.
Personas, motivos y sensaciones remotas aparecen de repente en el sueño intranquilo con su rémora de nostalgias, abrazos y miedos.
La esperanza, que nunca parece aprender lecciones, reverdece alguna mañana y perfuma un poco los días.
Una frase ingeniosa, un cumplido inesperado, un agradecimiento tardío endulza de tanto en tanto las cosas.
A veces, los viejos lugares, los sitios de antes, algunas personas queridas alisan un poco la agreste superficie de los años.
30 de Noviembre.

Escuchar y obedecer

Pedro era un experto pescador, alguien que conocía bien ese trabajo, pero después de pescar toda la noche junto a sus compañeros no habían conseguido nada nada. Parecía en vano el trasnoche, el trabajo, el cansancio, soportar el frío y permanecer encima de una barca.

Resignados y tristes, Pedro y sus compañeros lavaban sus redes al amanecer. Pero justo ese día Jesús estaba a orillas del lago enseñando la palabra de Dios y cuando terminó de hablar, le dijo a Pedro:

“Lleva la barca hacia aguas más profundas, y echen allí las redes para pescar.” Lucas 5:4. (NVI)

¿Qué? ¿Volver de nuevo al lago para no pescar nada? ¿Acaso Jesús no se daba cuenta que estos pescadores ya no tenían fuerzas y que necesitaban descansar? ¿Es el momento indicado para decirles que vuelvan a las aguas profundas y que echen sus redes? Estuvieron en el mar toda la noche y no pescaron nada.

Pedro tranquilamente podría haber mostrado su enojo o ignorar las palabras de Jesús, pero vio autoridad en Él y dijo: “como tú me lo mandas, echaré las redes.” Lucas 5:5. (NVI)

En vez de molestarse y desobedecer, escuchó pacientemente y decidió obedecer. ¿Qué pasó después? Las redes se llenaron de tantos peces que comenzaron a romperse. Tanto, que tuvieron que pedir ayuda a los compañeros de la otra barca y aun así las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse. (Lucas 5:6-7)

Cuán importante es saber escuchar a Dios y obedecer, Él mismo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco, y me siguen.” Juan 10:27.

Nuestra capacidad o experiencia, nunca será suficiente para resolver las situaciones difíciles que enfrentamos en la vida. Necesitamos ser pacientes, escuchar la voz de Dios y obedecer.

Quizás has luchado por años por tu familia y hoy estás resignado. Tal vez tienes problemas con la salud y piensas que no hay esperanza. Posiblemente crees que tu esfuerzo por buscar la solución a tu problema es en vano y piensas rendirte. Hoy te animo a escuchar la voz de Dios y obedecer.

El Señor dice: “Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir.” Salmos 32:8 (DHH)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Cambiar la historia

Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él

(Jean Paul Sartre)

Leí recientemente esta frase comentada en un matutino nacional. Creo que hoy Sartre habría tenido que buscar una palabra más correcta políticamente. Tal vez, “persona”.

Me interesan dos aspectos. El primero es que efectivamente somos el resultado de lo que nos enseñaron en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la calle, en la iglesia. El otro es que ninguna historia, por más pesada que sea, es irreversible o inevitable. En algún momento es posible que podamos cambiarla.

La tendencia de la mayoría de las personas es seguir el modelo que les fue impuesto. Por comodidad, por no percibir otras opciones o porque el medio es opresivo. Va a ser preciso una experiencia dramática, una suerte de iluminación, alguien que nos muestre y nos abra un camino nuevo para lograr ese cambio. Debe ser un anhelo profundo, una disposición a enfrentar la crítica, el rechazo, el desapego. Algo menos que eso no inspiraría, creo, un acto supremo.

Siguiendo el razonamiento de Sartre, los mismos componentes que nos formaron pueden ser usados para hacer algo distinto. Hay que reexaminarlos, darles otra mirada, hacer una crítica profunda y honesta. Salirse de la baldosa y aprender a bailar en la oscuridad.

Por cierto es un proceso doloroso. Hay cosas que amamos. Hay cosas que nos resulta fácil hacer porque ya estamos acostumbrados y por lo mismo son sencillas de ejecutar. Lo otro requiere desdoblarse, desgajarse, desarraigarse. Quitar una a una las pieles que dieron forma a nuestro ser actual.

¿Por qué hacerlo? ¿Por qué no dejar que las cosas sean como son? Porque tenemos, como ninguna otra cosa en la creación, la opción de la libertad, la posibilidad de la autodeterminación.

La libertad no es gratuita. Siempre tiene un costo. Y es considerada peligrosa para la estabilidad de los sistemas humanos: políticos, económicos, religiosos, culturales. La persona libre puede escapar al control, a la manipulación, al arbitrio de una minoría dominante.

Quizá lo más peligroso de una persona libre es que puede inspirar a otros a seguirle el ejemplo. Por eso los dirigentes del sistema consideran absolutamente necesario neutralizarla a cualquier costo. Y en ello, como ya hemos afirmado aquí antes, las instituciones se han provisto de sutiles y efectivos medios de disuasión, algunos de los cuales no sería posible, ni conveniente, nombrar aquí.

Pequeñas grandes cosas

Reencontrarse con los vestigios de la propia vida: la hermana mayor, los nietos, los sobrinos, las hijas. No sólo revivir: también aprender. Darse cuenta. Comprender a la luz del tiempo nuevo las sorprendentes adquisiciones de la experiencia. Entender la pobre arrogancia de los argumentos construidos para explicar lo que uno hizo mal. Enterarse que había sentimientos y recuerdos que se habían diluido de la propia memoria y que eran tan importantes para los otros.

Recordar las instrucciones para preparar pan amasado, charquicán y cazuela de vacuno. Los viajes me enseñaron que esos mismos platos existen prácticamente en todos los países pero tienen otros nombres y variaciones menores. El oficio de preparar comida reduce distancias y recrea sensaciones que parecían olvidadas. Investigar nuevos usos para la albahaca, el comino, el orégano y el romero. Disfrutar el agrado con que las personas celebran esta artesanía de la cocina. Lavar ollas, platos sartenes y cubiertos con la sensación no sólo del deber cumplido sino de los sentimientos revisitados.

Repasar la historia común con las hijas y reconocer antiguas impresiones. Palpar emociones olvidadas y realizar nuevas alianzas. Profundizar en la dura materia del dolor y admitir que la vida al final es como es y no como hubiéramos querido. Resolver los enigmas que propusieron el tiempo y la distancia; como me escribió mi amigo Carlos en un mensaje de texto, “recuperar y resignificar las memorias entre el chantaje y la oportunidad”.

Construir algunos puentes hacia territorios que habían sido vedados. Las costumbres y las fronteras. Rituales desconocidos para la amistad. Formas de celebrar aniversarios y recordaciones. Hallar nuevos significados para viejos ritos y palabras. Entender que en esos otros espacios la gente maneja el dolor y la esperanza con tanto o mejor oficio que nosotros mismos. Reconocer antiguas verdades en diálogos y relatos inesperados.

En fin, recuperar cosas y deshacerse de otras. Afirmar antiguas percepciones y desechar viejas creencias. Lo nuevo se presenta como un universo para explorar. Son esas ganas permanentes de entrar en el mundo de los otros sin prejuicios ni salvaguardas pero que con los años se van reduciendo a fuerza de decepciones y malos tratos. Hay tanto por saber y tan poco tiempo que queda.

Alguien me recordó hace unos días la plegaria de una niña que decía: “Dios, te pido que los malos se vuelvan buenos y que los buenos se vuelvan simpáticos.”

Si tan sólo dijeras la verdad…

Cuando se rompe la confianza, es difícil restaurarla y aunque decir la verdad suena fácil, pasar a la acción es lo que en verdad cuesta. Pablo dijo: “Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo.” Efesios 4:25 (NTV).

Cuenta la historia de un matrimonio que experimentó esto, y que no hubo  oportunidad para restaurar su confianza con Dios por el trágico final que tuvieron. El incidente ocurrió poco después de que la iglesia de Jerusalén saliera de la persecución que se había desatado a causa de la sanidad del cojo en el templo. En Hechos 4 podemos ver la descripción de estos sucesos, en la cual se muestra a un grupo de creyentes unidos que se amaban y se preocupaban unos por otros, donde los más prósperos vendían con gusto algunas de sus propiedades para ayudar a suplir las carencias de sus hermanos más pobres. Entre ellos se encontraba un matrimonio, que en vez de preocuparse por la necesidad  de otros como los demás lo hacían, estaban velando por sus propios intereses. Pero cuando vieron a  Bernabé dar el dinero de la venta de su terreno, sus corazones quedaron turbados, lo que los llevó a vender su herencia para dejar también su aporte, pero al momento de hacer este acto no lo dieron todo como ellos lo afirmaron.

 “―Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres, sino a Dios! Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.” Hechos 4:3-5 (NVI).

Es triste pensar que un bien con mentiras te lleva aun mal peor. Lamentablemente ambos esposos sabían lo que escondían y a quien se enfrentaban, pero su codicia los llevó a mentir y a pagar esto con sus propias vidas. Si tan sólo hubieran dicho la verdad, la historia sería diferente.

¿Realmente vale la pena no decir la verdad?

Si una mentira lleva a otra para cubrir la anterior y finalmente uno queda atrapado en su propia red de engaños, entonces ¿Por qué hacerlo?  Aparentemente parece ser una manera conveniente para salir rápidamente de una situación comprometedora e incómoda, pero en realidad es un callejón sin salida.  Recordemos lo que dice Proverbios 19: 5 (NTV): “El testigo falso no quedará sin castigo; el mentiroso tampoco escapará.”

La próxima vez que te sientas tentado a decir una mentira por más pequeña y piadosa que esta pueda parecer ¡Piénsalo bien! Porque cuando no somos veraces, perdemos valor y credibilidad en nuestras palabras, lo cual es parte de nuestro testimonio que refleja la experiencia con Cristo a los no creyentes y principalmente porque no lo hacemos contra los demás sino contra Dios.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Madurez y debilidad

“¡Desventurada condición de los hombres! Apenas el espíritu ha llegado al punto de la madurez, el cuerpo comienza a debilitarse.”
(Barón de Montesquieu)

No siempre es así, sin embargo. A veces el espíritu no llega a la madurez pese a los años. Y esa sí es una condición desventurada: hay quienes creen que la simple suma de los días otorga sabiduría y se jactan de su experiencia cuando, a todas luces, lo que ha pasado es que el tiempo no ha hecho más que profundizar su necedad.
El pensamiento que he citado en el epígrafe se refiere a quienes han crecido interiormente y han adquirido un sentido más completo de la existencia y ahí se topan con esta realidad: mientras el exterior se desgasta inevitablemente, la persona interior se renueva de día en día.
Este conflicto es en muchas maneras frustrante. Recuerdo de mi juventud haber pasado varias noches sin dormir para completar un proyecto o preparar y conducir un evento de proporciones. Bastaban unas pocas horas de descanso para proseguir la tarea. En estos tiempos el cansancio aparece más temprano que lo deseado y cuesta más culminar los emprendimientos del trabajo y de la vida. No pocas veces uno piensa cómo sería poder tener el cuerpo de los veinte o treinta años pero con la cabeza de hoy. Olvidamos que en la juventud uno jamás se plantearía esta cuestión: el presente es todo suficiente cuando no se ve el horizonte…
Es como cuando uno mira a unos señores cercanos a la década de los setenta conduciendo unos autos maravillosos por el centro de la ciudad: ¡qué lindo hubiera sido manejar uno de ésos en la juventud, sin importar lo inexperta e indocumentada que fuera!

En otros tiempos a mí también me estremecía la vejez, no quería ni mirarla. Me horrorizaban las enfermedades y ese lento proceso, entonces para mí aterrador, por el cual el cuerpo que nos acompañó vigoroso empieza a fallar… Como si se estropeara la armonía entre el alma y el cuerpo.
(Ernesto Sábato, La resistencia)

¿Sobre qué estás edificando tu vida?

Los huracanes, las inundaciones y los tornados han causado grandes pérdidas materiales y humanas en países que han experimentado estos desastres. Por esta razón algunos constructores han decidido edificar casas que son como fortalezas, con ventanas que pueden resistir grandes vientos, fuertes clavos para techos que sólo pueden ser cortados y muros que no sean movidos por los desastres naturales.

Algo similar sucede con nosotros, cada área de nuestra vida  es una casa por construir. Cuando se presentan los problemas, es cuando vemos qué tipo de cimiento tenemos en cada una de ellas.

¿Sobre qué estás edificando tu vida? ¿Sobre tu experiencia, inteligencia, sabiduría humana o sobre la Roca?

Si llevas una vida inestable y sientes que no hay respuesta ni cambio en ningún área, es porque estás edificando tu casa sobre la arena. Tal vez te desanimas fácilmente cuando llegan los problemas y sientes desfallecer, pensando que huir de esa situación es tu mejor salida.

El fruto que das, es el que refleja el cimiento en el que está construida tu vida:

“Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

(Gálatas 5:19-21 NVI)

Para que tu vida sea edificada sobre un cimiento fuerte, debes tomar decisiones radicales que te permitan crucificar todo lo que ofende a Dios. Esto podría llevar tiempo porque hay que cavar hondo y se necesita de disciplina para tener estabilidad, pero si quieres subir un nivel más, deberás crear hábitos espirituales: La oración, la meditación de su Palabra y el congregarse; así cuando vengan los vientos de problemas puedas estar firme en tu fe.

Es hora de trabajar en un sólido proyecto de vida, en el que escribas tus metas y definas cómo las vas a lograr. Analiza dónde estás parado, si tu vida está edificada sobre la roca o sobre la arena, porque que tus sueños se hagan realidad, dependerá del cimiento sobre el que los construyas.

“Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.” Lucas 6:47-48 (RVR).

Por Ruth Mamani.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Breve anatomía del poder (3)

(Tercera parte y final)

Se hace más notable esta dolencia cuando los líderes menosprecian o subestiman la educación y los principios básicos necesarios para la gestión eficiente de un país, una empresa o una agrupación religiosa. El líder se escuda en cierta intuición innata, en la experiencia o simplemente en la operación “mágica” del Espíritu Santo. Pocos de ellos tienen la sabiduría y la habilidad de reconocer sus limitaciones y tomar apropiado provecho de la asesoría profesional especializada sin ceder al temor de perder su ascendiente sobre la gente.
“Aquí vale la experiencia y no los estudios” o “El Señor toma de lo que no es para avergonzar a lo que es” son recurrentes justificaciones de aquellos líderes, con lo cual no sólo logran una excusa convincente para la mayoría menos ilustrada, sino que se asiste también a la verdadera consagración de la mediocridad como estilo de gobierno y de conducta.
Algunas observaciones finales: Una de ellas es la frecuente e intensa relación que suele haber entre el poder ilimitado y la acumulación desproporcionada del patrimonio material del líder, erario que en rarísimos casos le hubiera sido posible acumular en el ejercicio de su oficio o profesión anterior.
Otra, es la estructuración de un sistema protocolar y comunicacional destinado a sostener y elevar la imagen del líder. Se alaba la genialidad, la benevolencia, la humildad, la fortaleza moral, la condición casi paternal del líder y se crea a su alrededor un escenario de homenajes y de elocuentes y extensos títulos que preceden al simple enunciado del nombre. Todo este aparato tiene el evidente objetivo de legitimar y fortalecer la permanencia del líder, ya sea por el bien de la patria, la empresa o la institución religiosa.
Será muy ilustrativo para el lector reflexionar con alguna profundidad en Deuteronomio 17:16-20 y relacionarlo con la historia del rey Salomón relatada en los primeros capítulos de 1 Reyes. El primer pasaje advierte acerca de los peligros del poder ilimitado, el exceso de riqueza y el factor sexual. El segundo revela el origen y las consecuencias de no prestar oído a tan sabios y precisos mandamientos. Tal vez sirvan a la hora de aceptar y ejercer cargos de importancia en la vida política, empresarial o religiosa.
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           Para la audiencia perceptiva quedará en evidencia que este trabajo no es reciente. Hay algunas ingenuidades, algunas ausencias – como la soledad del poder – y la falta de oficio investigativo. Tanto el espacio como la cultura del medio no permiten tal emprendimiento. Por ello, me disculpo y agradezco su indulgencia.

(Este artículo ha sido especialmente reeditado para la radio cristiana CVCLAVOZ)

El Poder de la Oración

Ana, nos mostró que el poder la oración puede lograr que una mujer anciana pueda dar a luz a un hijo. Elías oró y descendió fuego del cielo. Jonás oró y fue libre del pez que le había tragado.

Es impresionante recordar o conocer estas historias que reflejan el poder que hay en la oración de fe, genuina y sincera, con ella podemos derribar a los gigantes que afligen nuestra vida.

Dios promete estar atento a nuestras oraciones, “Es cierto, pídanme cualquier cosa en mi nombre, ¡y yo la haré!” Juan 14:14 (NTV), podemos acercarnos.

Es cierto que para muchos es difícil hacer de la oración un estilo de vida, al enemigo no le agrada que pasemos tiempo con nuestro Padre por ello utilizará sueño, cansancio, problemas, tristezas y otras cosas para que no podamos tener tiempos de oración y lamentablemente, muchos caemos en su trampa, en lugar de doblar rodillas en una situación difícil nos dedicamos a lamentarnos.

Jesús enseñó a sus discípulos acerca de la importancia de la oración (Lucas 18) pues conocía el valor de estar en contacto con su Padre.

Hablar con nuestro Padre, no es una opción sino una necesidad, quién ama a una persona pasa tiempo con ella y  si amamos a Dios debemos pasar tiempo con Él en oración, “Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo». Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor»” Salmos 27:8 (NTV).

Quizás estás pasando por un tiempo complicado y doloroso y orar te es difícil, pero es justamente en esos momentos cuando debes aprender a depender de Dios. La Palabra nos dice que los problemas no deben llevarnos a la preocupación sino a la oración, “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho” Filipenses 4:6 (NTV)

¿Has experimentado el poder de la oración?

Cuando pasamos un tiempo con Dios encontramos paz, consuelo, fortaleza, fuerza, etc. si no has tenido la oportunidad de disfrutar de los beneficios de la oración, te animo a que puedas doblar rodillas y tener esa experiencia íntima.

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Llega primero

A veces se pierden oportunidades grandiosas por descuido, podría ser: un empleo por llegar tarde a la entrevista, los mejores lugares en el cine porque  se adelantaron a nosotros,  perder el ingreso al partido de tu equipo favorito porque no comparaste las entradas con anticipación.

Es preciso comprender que así como nosotros anhelamos obtener oportunidades valiosas,  hay más gente que busca lo mismo y por lo tanto, perderemos muchísimo si nos descuidamos.

Este aspecto me recuerda a una historia:

Carla y Kathy eran amigas desde la infancia hasta que formaron sus hogares. Cuando Carla se enteró que Kathy se encontraba en serios conflictos, decidió presentarle a Jesús para que reciba consuelo y bendición, pero ella no quiso conocer a Dios.

Anteriormente Kathy había sido invitada a una secta, y por tanto, vivió una terrible experiencia: le hicieron bastantes prohibiciones y le pusieron reglas que no estaban en la Biblia,  le exigían más de lo ella tenía y cosas que el Señor jamás le hubiera pedido. Por esto fue que se decepcionó.

Carla conocía a su amiga desde la infancia, pero esperó demasiado tiempo para compartir la verdad y lamentablemente, alguien llegó primero.

Así nos lo ha mandado el Señor: Te he puesto por luz para las naciones,
a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra
.” Hechos 13:47 (NVI)

La vida de un cristiano no termina con conocer a Jesús y aceptarlo como su salvador, ese es sólo el principio. El Señor manda que seamos luz, con la finalidad de que muchos puedan salvarse, y es lamentable que las personas que conocemos y nos rodean hace mucho tiempo, aún no sepan que existe salvación.

Recuerda que alguien puede llegar antes que tú, el enemigo no duerme, él desea que las personas se pierdan, por lo tanto, hará todo lo posible para que reciban el mensaje equivocado.

No pierdas las oportunidades que el Señor te da para compartir su Palabra. Empieza a obedecer el mandato del Señor y presenta el mensaje de Jesús a las personas que te rodean.

¡No esperes demasiado tiempo!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Esta palabra

Varias veces he sido interpelado por amigos y amigas acerca de mi renuencia a hablar el lenguaje que predomina en espacios como éste. Extrañan la referencia a las citas del canon, los entusiasmos de la fe, las experiencias espirituales que deben, según esta óptica, ser el asunto preferente, el tema único sobre el cual elaborar párrafos y sentencias.

Me apresuro a decir que recibo aquellas intimaciones con respeto y aprecio porque provienen del cariño y no de una crítica gratuita. Temen que se haya diluido alguna pureza, que haya perdido alguna señal distintiva en mi vida. Sobre este punto en particular sólo es posible entrar en un diálogo profundo persona a persona; sería inapropiado elaborar aquí argumentos sobre mi condición “interior”.

De sobra conocen las amables personas que leen este blog mi recomendación al público general que busca aquellos escritos: hay cientos, miles de sitios donde pueden encontrar lo que necesitan para vivir, de muy buena calidad. Harán un uso mucho más efectivo y provechoso de su tiempo acudiendo a aquellas fuentes.

Hay sangre en las esquinas y en ocultas fosas en las montañas; hay hambre veterana en las villas y campamentos de miseria; hay materia corrompida en las asambleas de dirigentes, magistrados y legisladores; hay trabajo esclavo, hay trata de personas, hay negocios transnacionales que destripan y destrozan el planeta dejando tras de sí muerte, silencio institucional y miseria. En la intimidad hay tedio, desasosiego, cansancio, miedo, violencia reprimida y a veces no. Hay una tan profunda destrucción en el tejido y la trama de la vida social que es imposible resolverla con palabras y canciones. Tengo la extraña sospecha que a Alguien muy importante estas cosas le preocupan sobremanera y estaría bastante bien servido si sus seguidores atendieran personalmente estos asuntos.

El oficio – a veces arte – que pongo en práctica, sin obsesiones mesiánicas ni llamado alguno, es convocar aquellas materias de diversas maneras: a través de un relato ficticio, una prosa poética, una experiencia personal, una crónica breve, un ensayo minúsculo. Me siento, simplemente, compelido a describir, a traer a esta tribuna cuestiones que son la realidad de toda la gente y dejarlas allí. Si muerden, si alteran, si molestan, si acarician, si inspiran, si no producen ningún efecto, ya está servido el propósito para el que generosamente fui invitado a este espacio.

(Este artículo ha sido escrito especialmente para CVCLAVOZ)

Por qué te vas

“¿Por qué siempre te vas?”, me pregunta alguien que me quiere. Debo haber leído en alguna parte que los lobos tienen moradas fijas pero almas errantes – o lo inventé, ya no me acuerdo. Es sólo una simpática frase literaria, obviamente. Tengo domicilio conocido pero siempre me estoy yendo a alguna parte. A los doce años hice mi primer viaje solitario en tren y desde entonces no paré de viajar. Muchas fronteras, todos los continentes, distintos idiomas, culturas diversas, todo quise verlo, sentirlo, olerlo, tocarlo. Tuve la fortuna de trabajar en instituciones que requerían de mi trabajo o de mi vocación en otros sitios y allí estuve. A veces con todas las ganas del mundo. Otras, con el corazón en la mano porque a veces esos universos me quedaban demasiado grandes. O tuve que viajar en circunstancias dolorosas y difíciles. Hubo un tiempo en que pensé que ya no podría volver al camino, tan cansado me sentía. Pero siempre ha habido una razón para hacerlo una vez más.
Va pasando el tiempo y de pronto es inevitable pensar en la eventualidad del viaje sin retorno, que ya no es tan remota. Y para esa jornada no hay equipaje ni pertrecho alguno que sea útil. Ninguna experiencia de la vida provee indicios de cómo abordarlo, con qué talante y en qué condiciones habrá que embarcar. Siempre que viajo trato de llevar lo menos posible, cosa que a veces impacienta a mis colegas porque hay jornadas en que es imperativo llevar equipajes voluminosos: folletos, literatura, carpetas, materiales, todos esos indispensables abalorios para conducir programas exitosos. Cuando pienso en el viaje final me consuela comprobar que no se necesita valija alguna, apenas un traje y un silencio eterno. El despojo definitivo, el desprendimiento sin límites, el abandono de todo aquello que antes no queríamos soltar: papeles viejos, fotografías, documentos académicos, libros y cuadernos, todo ese frugal y necesario repertorio de cosas sin las cuales se nos ocurre que no podemos vivir.
Algunas personas se quedarán con esas antiguallas. Conservarán también – posiblemente – la memoria del tiempo compartido, de esos amores eternos que duraron un corto invierno, unas pocas palabras amables y otras no tanto, un diálogo inconcluso, un sueño que deberán completar en nombre del ilustre amigo ausente.
Irse. Un oficio más que un deseo. A veces una pasión. Otras veces ni más ni menos que una urgente necesidad…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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