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¿Indigno?

“Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios. Pero él nos ama mucho, y nos declara inocentes sin pedirnos nada a cambio. Por medio de Jesús, nos ha librado del castigo que merecían nuestros pecados. Dios envió a Jesucristo para morir por nosotros. Si confiamos en que Jesús murió por nosotros, Dios nos perdonará. Con esto Dios demuestra que es justo y que, gracias a su paciencia, ahora nos perdona todo lo malo que antes hicimos. Él es justo, y sólo acepta a los que confían en Jesús.” Romanos 3:23-26 (TLA)


¿Alguna vez te has sentido indigno de hacerte llamar hijo de Dios? Es posible que sí, quizá por los constantes errores que has cometido llegaste a pensar que eres tan malo que no mereces el perdón de Dios.


Es verdad, ninguno de nosotros merecía tanto amor y mucho menos que alguien como Jesús pueda sacrificarse tanto hasta dar su vida en la cruz para hacernos aceptos delante del Padre, pero fue su gracia lo que pudo sacarnos del lodo en el que nos encontrábamos.


¿Estás consiente de dónde Dios te rescató? Quizá vivías atrapado por el alcohol, el tabaco, las drogas o tal vez te era imposible deshacerte de las revistas y videos pornográficos; es posible, pero también debes estar consiente que el sacrificio que Jesús hizo en la cruz no fue en vano, cada gota de su sangre derramada en el calvario fue por amor a ti. ¿Vas a rechazar su sacrificio?


Gracias a esa entrega es que Dios te hizo digno de la vida eterna, no por algo que hiciste, sino por lo que Cristo hizo por ti, no porque lo merecías, sino porque Dios lo decidió así ¿Te das cuenta de cuánto vales?


Todos merecíamos la muerte pero por su GRACIA (regalo inmerecido) hoy somos salvos.


Si el enemigo viene con sus mentiras para hacerte creer que Dios no perdonará tu pecado o que eres demasiado malo para merecer tanto amor, no le creas. No permitas que el diablo saque ventaja de tus debilidades y acepta el regalo precioso que Dios te dio.


¡No te rindas!, tú vales mucho. Es posible que hayas vuelto a fallar, pero Dios quiere regalarte su perdón y mostrarte sus planes y las bendiciones que ha preparado para ti. Eres su hijo y Él continúa trabajando en ti, aún no ha terminado contigo.


¡Vamos! ¡Levántate una vez más!, lo que Jesús hizo por ti es suficiente motivación como para no dejarte vencer y declarar la derrota de nuestro enemigo.


Ya no sigas creyendo que no eres digno, porque en realidad sí lo eres ¡Pelea y no te des por vencido!

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Por qué te escondes?

¿Cuál es tu actitud cuando le fallas a Dios? Sin duda el temor inunda nuestro corazón por el error cometido y es inevitable pensar que todo el mundo nos vio y se enteró de nuestro mal proceder, y lo único que queremos es escondernos, tal como Adán y Eva lo hicieron después de su caída.
“En ese mismo instante se dieron cuenta de lo que habían hecho y de que estaban desnudos. Entonces tomaron unas hojas de higuera y las cosieron para cubrirse con ellas. Con el viento de la tarde, el hombre y su esposa oyeron que Dios iba y venía por el jardín, así que corrieron a esconderse de él entre los árboles.” Génesis 3:7-8 (TLA)
Al parecer, nunca supieron que estaban desnudos hasta el día que cayeron en pecado, por lo que Adán le dijo a Dios: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí “(Génesis 3:10). Aparentemente tuvo vergüenza de estar desnudo físicamente, pero sumado a ello, se sentía indigno delante de Dios. Pues estaba consciente de su pecado.
Quizá hayas perdido la cuenta de la cantidad de veces que le fallaste a Dios, puede que por el tamaño de tus pecados te sientas indigno para presentarte delante del Padre, pero ya no te martirices por ellos, ni te escondas detrás de las hojas de un árbol, tal como lo hicieron Adan y Eva, porque esa no es la solución, no por ello los demás olvidarán lo que hiciste o Dios lo obviará; esto no funciona así.
Al contrario, sal del arbusto y permite que Dios renueve tu ser, porque esa es la buena noticia, que si con un corazón arrepentido vas delante del Padre, sin duda Su sangre limpiará todos tus pecados y te hará justo.
1 Juan 1:9 (RVR1960) Menciona:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
¿Te das cuenta que no hay necesidad de permanecer escondido?

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Un encuentro con Dios…

En la época que el rey Uzías murió, Isaías fue designado escriba del palacio real de Jerusalén, por supuesto que era una profesión respetable, pero Dios tenía otros planes para su siervo, un llamado inolvidable que marcó su vida para siempre.

En el capítulo seis del libro de Isaías encontramos cómo este siervo narra acerca del encuentro que tuvo con Dios y de cómo cambió su vida después de este acto que recibió a través de una visión.

El profeta comenta que vio a Dios sentado en un trono muy alto y serafines volaban por encima clamando a gran voz: “Santo, santo, santo es el Dios único de Israel; ¡toda la tierra está llena de su poder!” El autor menciona que mientras ellos alababan, temblaban las puertas del templo, el cual se llenó de humo. Entonces Él dijo: “¡Ahora sí voy a morir! Porque siendo yo un hombre pecador he visto al rey del universo”. Isaías 6:1-5 (parafraseado)

Isaías estaba asustado por lo que podría suceder, en un instante sus pecados habían sido descubiertos y no había nada que hacer.

Es verdad que nuestra naturaleza humana nos lleva a pecar, pero ¿Quién dijo que Dios no perdona?, ¿Acaso Dios es un tirano o un  ser humano como nosotros? Definitivamente su perdón va más allá de lo que podemos imaginar.

Continuando con la historia, el autor relata:

“En ese momento, uno de los serafines voló hacia mí. Traía en su mano unas tenazas, y en ellas llevaba una brasa que había tomado del fuego del altar. Con esa brasa me tocó los labios, y me dijo: «Esta brasa ha tocado tus labios. Con ella, Dios ha quitado tu maldad y ha perdonado tus pecados».” Isaías 6:6-7 (TLA)

Dios había confrontado a Isaías con su pecado pero no para condenarlo sino para transformarlo y usarlo con aquello que él había considerado como una debilidad, lo que en Dios sería su fortaleza para su servicio.

Tenemos a un Dios amoroso que a pesar de fallar mil veces Él nos perdona, pero lastimosamente somos nosotros quienes nuevamente traemos a nuestra mente aquellos pecados de los que ya pedimos perdón y de los que Dios no se acuerda más.

No importa los errores que hayas cometido, ya no sigas lamentándote por lo sucedido, porque cuando tú le pediste perdón a Dios, Él te perdonó sin la intención de acusarte, más al contrario, Él es tu redentor, alguien que te vuelve a comprar y que quiere hacer de ti un instrumento útil en sus manos.

Sabes, Isaías fue considerado el profeta más grande del Antiguo Testamento, el encuentro que tuvo con Dios transformó su vida. En la actualidad podemos ver las promesas que Dios nos dio a través de su siervo y la esperanza de verlo en forma activa en nuestras vidas.

Con la infinidad de pecados que hayas podido cometer, te invito a presentarte delante Dios, porque un encuentro con Él puede cambiar tu vida para siempre.

Por Ruth Mamani

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Perseguido por tu pasado?

Todos tenemos un pasado que quizá no es algo de lo cual podríamos jactarnos, tal vez hemos intentado olvidarlo; pero lamentablemente las situaciones, personas, lugares, etc. nos recuerdan lo que fuimos  y atormentan nuestro diario vivir, llevándonos a una profunda depresión.

¿Alguna vez te has sentido así? O tal vez estés atravesando por un momento similar, pero cualquiera sea la situación, quiero recordarte que no todo termina con una mala acción o una mala decisión, a menos que tu así lo permitas.

¿Recuerdas a Pedro y a Judas?  Ambos discípulos de Jesús, después de haberle fallado, tomaron rumbos diferentes. Por un lado se encontraba Pedro, quien dijo amar a su Maestro, pero en un momento crucial negó conocerlo, tal vez esa fue la escena que marcó su vida, que lo llevó a deprimirse y quizá hasta autocastigarse, abandonando todo para volver a su pasado. Pero es importante resaltar que a pesar de la traición de Pedro, el Señor no sólo lo perdonó, sino también le confió a sus ovejas. Por otro lado, si analizamos a Judas podemos decir que tuvo la misma oportunidad de recibir el  perdón de su Maestro, pero la diferencia fue que él no lo aceptó, más que arrepentimiento tuvo remordimiento, lo que lo llevó a tomar la peor decisión de su vida que terminó apartándolo de una eternidad al lado de su creador.

Dios estuvo dispuesto a perdonarlos a ambos, pero cada quien decidió qué rumbo tomaría su futuro. Esto muestra cuán hermoso es el corazón de Jesús y cuán diferente es el nuestro. Probablemente cualquiera de nosotros le diría a Pedro o a Judas: “Ya no te quiero, ya no confío en ti porque me has traicionado” Pero Jesús es diferente, a pesar de nuestros errores nos ama, nos perdona y no nos abandona frente a nuestro pecado, ni nos rechaza por nuestro mal proceder.

Qué gran alivio tener a un Dios amoroso y misericordioso, ¿verdad? Esto es un gran consuelo para mí frente a mi humanidad. Él sabe que no soy perfecta y que al igual que todos lucho para superar mis fallas.

Si hasta hoy has sido perseguido por tu pasado, quiero decirte que hay esperanza en Jesús. La Biblia dice que antes andábamos conforme a las corrientes de este mundo, pero la verdad del presente es que somos libres gracias a nuestro salvador, quien pagó la deuda de nuestro pecado y nos ha hecho nuevas criaturas ¿Quieres aceptar su perdón?

Ya no sigas recordando tus derrotas y esos malos episodios que en tu presente sólo perjudican a vivir una vida agradable delante de Dios.

Ya no busques formas de cómo podrías arreglar esa mala decisión si tuvieras la oportunidad de volver al pasado.

Ya no sientas sólo remordimiento por tus hechos como lo hizo Judas, arrepiéntete y acepta el perdón de Dios.

¡Hoy puedes ser libre de los pensamientos del pasado que quieren destruir tu vida espiritual!

Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva. Y todo esto viene de Dios. Antes éramos sus enemigos, pero ahora, por medio de Cristo, hemos llegado a ser sus amigos, y nos ha encargado que anunciemos a todo el mundo esta buena noticia: Por medio de Cristo, Dios perdona los pecados y hace las paces con todos. 2 Corintios 5:17-19 (TLA)

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Qué estás escondiendo?

Un plan que tenía como objetivo ocultar el error (pecado) de un rey, no resultó como se esperaba y terminó en tragedia, esta es la historia del rey David, Betsabé y su esposo Urías que encontramos en 2 Samuel 11 y 12.

Todo lo sucedido entres estas personas fue una tragedia para un reino y una familia. A pesar de que David conocía a Dios y tenía una relación cercana con Él, no dudó en tratar de esconder su pecado, pero su plan no salió como había pensado y todo empeoró al punto de que una persona perdió la vida.

Parecía que había sido el crimen perfecto, pero recordemos que a Dios nada se le puede esconder, por ello Natán fue usado para confrontar a David “Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre (…)” 2 Samuel 12:7 (NTV)

Aunque David trató por todos los medios ocultar lo que hizo, fue descubierto  “Tú lo hiciste en secreto, pero yo haré que esto suceda abiertamente a la vista de todo Israel” 2 Samuel 12:12 (NTV), de esta misma manera, hoy muchos tratan de esconder sus faltas e ignoran que mientras más tiempo pase, el pecado puede seguir dañándolos y hundiéndolos.

¿Tienes algo que esconder? Somos seres humanos que fallamos y nos equivocamos pero también tenemos un Dios Bueno y Misericordioso que espera que nos acerquemos a Él y reconozcamos nuestra falta “Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció” Salmos 32:5 (NTV).

Es cierto que Dios sabe lo que hiciste, pues Él estaba ahí, pero necesita que reconozcas tu falta, pide que esas palabras de arrepentimiento genuino salgan de tu boca.

David halló el perdón porque habló y reconoció su pecado, hoy te animo a ser sincero con Dios y que le digas en lo que fallaste, pues solo así serás librado de la culpa que puedes cargar una vida.

Por Judith Quisbert.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Puedes hacerlo!

“Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.” Isaías 11:2 (RVR1960)

¿Tienes decisiones que tomar? ¿Necesitas respaldo para dirigir algo grande? Muchas veces creemos que es demasiado para nosotros estar a cargo de algo grande por todo lo que exige ser un líder. Entonces y en lugar de asumirlo queremos salir huyendo por temor a fallar. Si en algún momento te has sentido incapaz de tomar alguna responsabilidad, esta promesa es para ti. Dios te dice que no estarás solo, sino que su Espíritu Santo reposará sobre tu vida para darte sabiduría, inteligencia y poder para enfrentar cada reto que venga en tu camino. ¡Vamos tu puedes!

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¡Aprende a perdonar!

José recorrió un largo camino, desde ser aquel adolescente orgulloso hasta llegar a ser un líder humilde que experimentó la mano de Dios sobre su vida y sus circunstancias. Fue un aprendizaje doloroso y difícil pero con grandes recompensas. (Génesis 45)

Si recordamos la historia, debemos mencionar que sus hermanos le tenían envidia por ser el favorito de su padre, al extremo de venderlo a unos comerciantes y dar como explicación (a su padre) que había sido devorado por los leones. Más adelante, pasó a ser propiedad del Jefe de guardia del palacio, fue acusado falsamente por la esposa de Potifar, lo encerraron en la cárcel por un buen tiempo, pero después lo mandaron a llamar para revelar el sueño de faraón y por los buenos resultados que dieron sus consejos, fue nombrado como su mano derecha.

Tal vez, ése era el mejor momento de José, después de haber atravesado por tantos obstáculos llegó el tiempo de disfrutar la abundancia, el poder y la confianza de los que estaban a su alrededor; aparentemente todo estaba bien. Pero cuando la sequía llegó a la tierra de Jacob, sus otros hijos tuvieron que ir a Egipto por alimento para no morir de hambre. Ellos no sabían lo que había pasado con José después de haberlo vendido, mucho menos que sería él quien los atendería en nombre del Faraón. José, en medio de su felicidad, aún recordaba con dolor la actitud de sus hermanos para con él, y cuando los tuvo en frente reaccionó contra ellos, hizo esconder unas copas de oro en las bolsas donde había alimentos que Egipto les había dado para la subsistencia de su familia.

Al suceder esto sus hermanos, además de negarse, pidieron perdón, pero José insistía con su plan de venganza. Les dijo que de ninguna manera serían perdonados. Solamente lo haría si mandaban a buscar al más pequeño de sus hermanos (Benjamín). José había vuelto a su pasado, sus heridas habían sido abiertas y cuando llegó el momento de enfrentar la realidad, sólo pensó en hacerlos pagar por lo que le hicieron.

Tal vez fuiste lastimado profundamente y haz estado esquivando miradas con esa persona que hirió tu corazón ¿Hasta cuándo piensas seguir huyendo? O tal vez, te has visto tentado a cobrar venganza ¿Estás seguro que esa es la mejor salida para sentir alivio? No te engañes, si en verdad quieres ser libre de las garras de la amargura ¡Aprende a perdonar! E independientemente de la gravedad del conflicto, toma la iniciativa. No esperes que las personas que te fallaron vengan a ti para pedirte perdón, tal vez no lo hagan nunca, por ello, sé tú quien dé el primer paso a la reconciliación y así podrás permitirle a Dios formar su carácter en tu vida en cada situación que se te presente.

José entendía que todo lo que había pasado tenía un propósito, y el mismo que se estaba cumpliendo ese momento en su vida. Después de hacer pasar por momentos de desesperación a sus hermanos, decidió perdonarlos y junto a su padre vivieron en la tierra que fue próspera mientras él gobernó. Finalmente, el que había sido maltratado, inició la reconciliación.

No permitas que el rencor y la amargura  se enraícen en tu vida, toma el ejemplo de José e inicia la reconciliación con aquellos que te lastimaron.

“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:32 (NVI).

Por Ruth Mamani.

 

 

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¡Dios te escucha!

“Orarás a él, y te escuchará, y cumplirás los votos que le hiciste.” Job 22:27 (NTV)

¿Cómo te sientes cuando alguien te hace una promesa y no la cumple? No es nada agradable, ¿verdad? ¿Cuantas veces le has prometido algo a Dios y llegado el momento no lo cumpliste? Nosotros podemos llegar a no creer más a esa persona que no ha cumplido su promesa, pero Dios no actúa de esa forma, a pesar de que le fallamos su palabra dice que Él oye nuestras oraciones y las contesta. Si hoy tienes alguna necesidad puedes ir confiado ante su presencia, porque Él responderá.

Por Ruth Mamani

 

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¿Necesitas una oportunidad más?

Juan 8: 1-11 relata que  cuando Jesús estaba enseñando en el templo, los escribas y los fariseos llegaron con una mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio. Según la ley debía ser apedreada; entonces preguntaron a Jesús cuál era su postura, su respuesta hizo que la conciencia de ellos los acusara y abandonaran el lugar, porque les dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra a ella.”  Después viendo que nadie se quedó, preguntó a la mujer “¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?” y ella dijo que ninguno, entonces Jesús le dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más. “

Jesús quería perdonar, mostró compasión hacia una mujer débil, despreciada y acusada por sus pecados, mientras los escribas y fariseos querían condenarla, aplicando la ley fríamente sin tomar en cuenta la gracia. A pesar de todo, ella necesitaba ayuda para salir de su mala vida.

Un comentarista dice:”…De hecho, Jesús no le dijo: “No te preocupes; todo está bien… Dijo: “No voy a dictar una sentencia definitiva ahora; ve, y demuestra que puedes mejorar. Has pecado; vete, y no peques ya más, y Yo te ayudaré todo el tiempo. Cuando llegue el final, veremos cómo has vivido.”

¿Alguna vez sentiste que nadie confía en ti por errores que cometiste? Cuando la gente ya no tiene esperanza en ti, ni cree que puedes mejorar debes tener la confianza de que a pesar de tus tropiezos Dios mismo cree en ti, porque Él tiene el poder para transformar tu vida, no superficialmente o momentáneamente, sino para la eternidad. Pero es indispensable que le entregues tu vida y  permitas que su Palabra sea la que guíe tu vida.

¡Cree en el perdón de Dios y en la nueva oportunidad que te da hoy!

 

 

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¡Déjalo Atrás!

“Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana tendrá su afán. Basta a cada día su propio mal” Mateo 26:34

Hay decisiones que tomamos en el pasado que posiblemente estén perjudicando nuestro presente por sus repercusiones, pero son simplemente las consecuencias que con la ayuda de Dios tenemos que vencer. Pero, ¿Qué pasa cuando las situaciones que vivimos en el pasado están destruyendo nuestro presente?

Si hasta el día de hoy en vez de olvidar el pasado, vives recordándolo todo el tiempo y esos pensamientos lo único que han hecho es afectar tu vida en el presente, quiero decirte que no puedes pasarte la vida llorando y culpándote de tus decisiones, la voluntad de Dios no es que te martirices por no haber hecho lo correcto en el momento apropiado.

No eres el único que ha tomado malas decisiones, yo también lo hice  y podemos ver muchos personajes en la Biblia que tuvieron que sufrir las consecuencias de sus errores.

Entre ellos a un David que después de ser un adúltero y asesino, también tuvo que pasar por el proceso de Dios en su vida y olvidar su pasado para luego llegar a ser un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22).

Un Pablo, anteriormente llamado Saulo de Tarso, que perseguía a los cristianos para matarlos y después de tener un encuentro genuino con Jesús su vida no volvió a ser la misma, a tal punto de que hoy en día es un verdadero ejemplo para nosotros y podemos leer algunas de las cartas que escribió y que  se encuentran en las Sagradas Escrituras. (Efesios 4:1).

Si fallaste, es momento de levantarte, no hay pecado que Dios no pueda perdonarte, nosotros los humanos categorizamos el pecado pensando que una mentirita no es un pecado muy grave, por otro lado creemos que cometer un asalto o alguna agresión física son pecados demasiado graves y que son difíciles de perdonar.

No sé cuántos errores cometiste en tu pasado y tal vez  hay una infinidad de pensamientos que a lo mejor están atacándote para no permitirte ser feliz en el presente, pero en medio de toda situación que te desanime tienes que tener la firme convicción de que Dios está contigo y si Él está contigo, ¿Quién contra ti?, además Él ya pagó la deuda por ti y si Dios está en tu vida eres libre, recuerda que donde está el Espíritu de Dios ahí hay libertad.

Es necesario que mantengas tu comunión con Dios para que sientas su protección de los malos pensamientos, no olvides que Dios ya te perdonó y te hizo una nueva criatura, es hora de tomar para ti esas palabras y vivirlas, no importa lo que te sucedió en el pasado. ¡Eres libre!

No temas soltar y alejarte de aquello con lo que Dios ya ha terminado ¡Él tiene cosas nuevas y maravillosas para ti!

Por Ruth Mamani

 
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¿Hasta cuándo debo perdonar?

Es inevitable preguntarse cuántas veces se debe perdonar a alguien, en especial cuando esa persona nos ha fallado en varias oportunidades o nos ha herido. Esta misma pregunta se hizo Pedro:

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” Mateo 18:21-22

El número “siete” es el número de la perfección, por lo que Pedro consideraba que perdonar hasta siete veces era alcanzar el máximo de su espiritualidad. Pero Jesús le dijo: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” se podría decir, hasta que la persona alcance la perfección, en todas las ocasiones y todas las veces que se nos pida.

“Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” Lucas 17:3-4

Aunque una persona haya fallado incontables veces, Dios te pide que lo perdones si nuevamente viniera a pedirte perdón. No está mal que reprendas si te han lastimado o han hecho algo en tu contra, pero el propósito no debe ser generar un conflicto o división, al contrario, el objetivo es que  la persona se arrepienta, pida perdón y se proceda a la reconciliación.

¿Conoces una persona que te ha fallado constantemente? Es preciso que aprendas a perdonar como Cristo nos enseñó, “hasta que sea perfecto”. Si estás cansado de hacerlo recuerda que Dios mismo te perdona y da una nueva oportunidad siempre.

De igual forma,  podríamos pensar que  la gente que cae constantemente en sus debilidades no tiene oportunidad o posiblemente nos cansemos porque creemos no toman en serio el consejo que les brindamos, pero Dios le da la oportunidad de levantarse una y otra vez, ¿Cuánto más nosotros?

¡Es mejor obedecer a Dios antes que a nuestros propios sentimientos!

 

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Su amor por ti

“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; más los impíos caerán en el mal.” Proverbios 24:16

Es difícil imaginar la cantidad de pensamientos y sentimientos que pasaron por la mente de Pedro después de haber fallado a Jesús (Mateo 26:69-75) ¡Qué culpable se habrá sentido ese día! Seguramente, sintió que era el peor momento y lo peor que había hecho en toda su vida. Me imagino a un Pedro decepcionado de sí mismo y sin esperanza, decaído y derrotado por la culpa, sin ganas de vivir ni seguir adelante. Qué pensamientos habrá tenido en ese instante, de seguro fue un tiempo crítico y decisivo para él.

Ahora bien, ¿Estaba todo perdido para Pedro? Claro que no, porque más tarde él demostró que podía levantarse y confiar en el amor de Dios al decidir seguir en el camino del Señor y esperar lo que sucedería con su vida. Ese mismo Pedro fue usado en gran manera después de permanecer en la presencia de Dios y recibir el Espíritu Santo para predicar la palabra de Dios. (Hechos 2:14)

Tal vez en este momento te sientes como Pedro,  piensas que Dios ha dejado de amarte por algo que has hecho, te consideras una mala persona que ha echado a perder no una, sino muchas oportunidades. Quizás ignoraste  muchos consejos antes de cometer esos errores, pero ¿Sabes algo? Todos fallamos.

Lo que importa ahora no es lo bajo que hayas caído, sino lo decidido que estés para levantarte y corregir ese error. Posiblemente te sientes triste, con dolor y hasta con vergüenza de lo que hiciste, pero déjame decirte que no eres el único, yo también he tenido momentos tristes, de desánimo, soledad, angustia, miedo e inseguridad; pero a pesar de nuestras fallas, Dios nos sigue amando. Aunque creas que no lo mereces, Él te sigue mirando con Sus ojos de amor y nunca se ha alejado de ti.

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” Isaías 1:18

“El Señor dice: «Vuélvanse a mí ahora, mientras haya tiempo; entréguenme su corazón. Acérquense con ayuno, llanto y luto. No se desgarren la ropa en su dolor sino desgarren sus corazones». Regresen al Señor su Dios, porque él es misericordioso y compasivo, lento para enojarse y lleno de amor inagotable. Está deseoso de desistir y no de castigar.” Joel 2:12-13 (NTV)

Dios está dispuesto a obrar en tu vida y hacer una nueva persona de ti. Su amor no es como el de las personas que conoces, no puedes ni siquiera imaginarte lo importante que eres para Él y lo mucho que te ama.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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