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¿Estás preparado para el final?

Hay tantas personas interesadas en hablar o yo diría más bien especular acerca del fin de los tiempos.

En la Biblia dice que habrá señales en los cielos, como en Lucas 21:25.

Y han habido muchas señales, eclipses, descubrieron nuevo planeta con sistema solar triple; y cuando se presentan estas cosas, afloran los comentarios al respecto.

Nosotros los cristianos debemos tener presente que Dios profetizó que debemos estar atentos, porque nadie sabe el día ni la hora. Y tenemos que estar preparados.

Esto significa vivir siempre de acuerdo con la voluntad de Dios, y haber recibido a Jesús como Señor y Salvador, para ser salvos; saber que vamos a estar a Su lado cuando llegue el final de nuestras vidas o el final de todo. Por eso nuestro afán, que muchos critican, de hablarles a todos acerca de esa esperanza maravillosa que tenemos en Jesús.

Nosotros tenemos que estar listos para cuando llegue, así como un atleta para una competencia. Considerarnos extranjeros en el mundo, en camino a nuestro verdadero hogar celestial.

También sabemos que para Dios un día es como mil años y mil años como un día (2 Pedro 3:8). Por tanto, dejemos las especulaciones, que sí puede que esté muy cerca, pero al tiempo o la distancia que esté, va a suceder.

¿Estás preparado?

     

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

La puerta sigue abierta

“Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios, y Jehová le cerró la puerta.” (Génesis 7:16-17)

Justo después de que se cerró la puerta del Arca comenzó el diluvio que aniquiló a la población humana; menos a Noé, su esposa, sus hijos y sus mujeres. No se olviden que este hombre de Dios predicó a su generación pero nadie le hizo caso. Lo mismo sucederá cuando se acerque la venida del Hijo del hombre, Jesús, todos estarán ocupados en negocios, viviendo para sí mismos y regalando cosas en aparente paz.

Muchas personas dicen “mejor otro día”, “soy muy joven”, “estoy ocupado” y no acceden al regalo de la salvación. Lo que sucede es que el materialismo, el humanismo y diversas ideologías nos quitan el enfoque que debemos tener hacia el cielo atrapando nuestro pensamiento y corazón en la tierra.

La puerta sigue abierta, la esperanza latente para el mundo, el obsequio de amor; la cruz y la tumba vacía quedaron como testimonio para el futuro, Jesús entregó su vida y nos salvó de todo mal.

Aún la puerta está abierta, no dudes en entrar y buscar más de Dios porque cuando llegué al final,  si estás adentro ganarás y si te encuentras afuera perderás por eternidad, Dios te ama y espera ¿Qué decides?

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. (Juan 10:9)

¿Qué estás haciendo para que tus amigos y familiares pasen por la puerta?

¿Necesitas ayuda para compartir tu fe? Tenemos una respuesta para ti.

Por Carlos E. Encinas

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Favor sin límites

“Haré con ellos un pacto eterno: Nunca dejaré de estar con ellos para mostrarles mi favor; pondré mi temor en sus corazones, y así no se apartarán de mí. Me regocijaré en favorecerlos, y con todo mi corazón y con toda mi alma los plantaré firmemente en esta tierra.” Jeremías 32:40-41 (NVI)

Tal vez has escuchado a alguien decirte: “Estoy cansado ya no puedo seguir ayudándote, hice lo que pude” Despertando en ti un fuerte sentimiento de soledad. Lamentablemente el ser humano tiene un límite. Aun teniendo buenas intenciones, llegará un momento en que sus fuerzas o capacidades para ayudar se agoten. Contrariamente, nuestro Dios nunca cesa de ofrecernos su amor y bondad, sus fuerzas no decaen y nunca se cansa de brindarnos su ayuda y protección. Por lo tanto, si tienes una necesidad, puedes ir delante de Él con la seguridad de obtener su socorro.

Por Ruth Mamani

 

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No hay muralla que te detenga

Las murallas han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad  como una forma de defensa o protección de un territorio. Pueden ser de gran magnitud como la  Gran Muralla China o más pequeñas, pero sin importar su tamaño, sin duda alguna, delimitan espacios e impiden la comunicación.

El libro de Josué, en el capítulo 6, nos relata la toma de Jericó. Dios le había entregado esta ciudad al pueblo de Israel pero entre ellos y la ciudad había una muralla. El relato dice que Jericó estaba cerrada y que nadie entraba ni salía de ella.

Entonces,  Dios ordenó a Josué  dar siete vueltas a la ciudad, una por día. El séptimo día, al terminar de dar las vueltas, al sonar de los cuernos el pueblo debía gritar a gran voz y los muros caerían.

El relato dice que el pueblo obedeció y los siete sacerdotes iban tocando bocinas delante del  arca del pacto  mientras que el pueblo iba en silencio atrás.

¿Imaginas lo que debe haber sido para los enemigos escuchar todos los días el sonido de las bocinas y los pasos del pueblo marchando alrededor?

Al séptimo día, al terminar de dar las vueltas, tocaron las bocinas y el pueblo gritó a gran voz y los muros cayeron.

Muchas veces, en nuestras vidas las murallas no son físicas. Dios nos promete algo pero alrededor de aquello hay grandes muros que parecen imposibles de pasar. Sin importar lo altos, anchos o  gruesos que sean ni de qué material estén hechos, si Dios ya te entregó algo no habrá muralla lo suficientemente fuerte para detenerte.

Algo interesante en este relato es que dice que el pueblo obedeció los mandamientos de Dios y dieron las vueltas en silencio, solamente gritaron cuando había llegado el tiempo. Pero además, llevaban el Arca de Jehová en medio de ellos.

No importa si son siete vueltas las que ya has dado o son más. Dios tiene un tiempo para mostrar su gloria, no con todos  usa la misma fórmula y nuestro tiempo no es Su tiempo. Pero mientras estás esperando que esas murallas caigan no reclames, no murmures, espera quietamente en Dios, haz lo que te pide y lleva contigo, en tu corazón, sus mandamientos, atesora Su palabra y verás cómo al final de las vueltas glorificarás a Dios y esos muros caerán.

Espera en Dios y verás grandes milagros. Él es quien te defiende, quien pelea por ti y nunca te desamparará.

“A causa del poder del enemigo esperaré en ti, Porque Dios es mi defensa”. Salmos 59:9 (RVR1960)

 

 

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Cuando Dios escribe el final

El libro de Ester relata la historia de Mardoqueo, un judío, primo de la Reina Ester, quien había rehusado a inclinarse ante Amán, a quien el rey había engrandecido.

A causa de la actitud de Mardoqueo, Amán se había enfurecido tanto que logró que el rey hiciera un decreto para que, no sólo Mardoqueo, sino todos los judíos del reino murieran. Además de eso, mandó a construir una horca de 50 codos,  para colgar a Mardoqueo, para que así todos fueran testigos del castigo que recibiría por no  haberlo honrado.

La historia dice que aquella noche, antes de que colgaran a Mardoqueo, se le fue el sueño al rey, y pidió que le trajesen el libro de las memorias, las crónicas, y fueron leídas delante del rey.

Y se halló escrito en él que Mardoqueo había declarado contra Bigtán y Teres, dos eunucos del rey, guardias de la puerta, que habían conspirado para quitar la vida al rey Asuero.

Después de leer esto el rey preguntó: ¿Qué honra o qué distinción se le hizo a Mardoqueo por esto? Y  sus servidores le respondieron: Nada se ha hecho por él.

Entonces el rey preguntó: ¿Quién está en el patio?

Amán había entrado al patio exterior del palacio real para pedir al rey que hiciese colgar a Mardoqueo en la horca que tenía preparada para él. Cuando los sirvientes le respondieron que era Amán el que estaba afuera el rey lo mandó a llamar.

Amán entró, y el rey le preguntó: ¿Qué se hará al hombre a quien el rey desea honrar? Amán pensó en su corazón: “¿A quién más deseará honrar el rey, sino a mí?”

Entonces Amán respondió al rey: Para el hombre a quien el rey desea honrar, que traigan la vestidura real con que se haya vestido el rey y el caballo en que haya cabalgado el rey, y pónganle una corona real sobre su cabeza.

Que entreguen la vestidura y el caballo por medio de alguno de los oficiales más nobles del rey, y que vistan a aquel hombre a quien el rey desea honrar. Haz que lo paseen a caballo por la plaza de la ciudad y proclamen delante de él: “¡Así se hace con el hombre a quien el rey desea honrar!”

Entonces el rey dijo a Amán: ¡Date prisa, toma la vestidura y el caballo, como has dicho, y haz eso con el judío Mardoqueo que se sienta junto a la puerta real. No omitas nada de todo lo que has dicho.

Después de haber hecho como el rey ordenó, Mardoqueo volvió a la puerta real y Amán se apresuró a su casa, apesadumbrado y con la cabeza cubierta.

Y la historia no termina ahí, sino que Amán fue ahorcado ese día en la horca que había preparado para Mardoqueo.

¿No te parece increíble cómo Dios cambia todo para nuestro bien? No importa lo poderosa o influyente que sea una persona ni lo que sea que haya tramado en tu contra, Dios te librará de aquello y te exaltará.  Sólo esfuérzate y sé muy valiente y no te apartes de la ley de Dios.

Nada está oculto a los ojos de Dios y no hay nada que Él no pueda transformar para tu beneficio.

El final  de Mardoqueo tal vez hubiera sido la horca, todo apuntaba a eso,  pero Dios intervino a su favor y cambió el final.

Dios ha prometido grandes cosas para ti, no temas a aquellos que planean cosas en tu contra porque Dios ya determinó bendecirte y nada de lo que hagan para dañarte prosperará.  Tu final está en las manos de Dios y Él tiene control de tu vida.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:28

 

 

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El inicio y el final

1 Samuel 10:10-12 dice: “Después, cuando Saúl y su criado llegaron a Guibeá, el grupo de profetas en trance les salió al encuentro. Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Saúl, y éste cayó en trance profético, como ellos. Pero todos los que lo conocían de antes, al verlo caer en trance junto con los profetas, se decían unos a otros: ¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¿También Saúl es uno de los profetas?…” Versión Dios Habla Hoy

Estos versículos narran la manera en la que empezó el ministerio y reinado de Saúl como rey escogido de Dios para su pueblo. A partir de ese momento, aquel muchacho que fue enviado a buscar un asno perdido se convertiría en alguien diferente, de hecho el verso 6 dice que fue mudado a otro hombre.

Dios estaba confirmando su llamado con prodigios y milagros. Sin embargo, no todo terminaría bien.

1 Samuel 31:3-5 dice: “Luego concentraron todo su ataque sobre Saúl; y como los arqueros lograron alcanzarlo con sus flechas, le entró mucho miedo de ellos. Por lo tanto, le dijo a su ayudante de armas: Saca tu espada y atraviésame con ella, para que no vengan estos paganos y sean ellos quienes me maten y se diviertan conmigo. Pero su ayudante no quiso hacerlo, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó su espada y se dejó caer sobre ella. Y cuando su ayudante vio que Saúl había muerto, también él se dejó caer sobre su propia espada y murió con él.”

¿No parece esta una de las historias más tristes que podemos encontrar en la Biblia? ¿Cómo un hombre que empezó con una unción tan poderosa y que además estaba respaldado por Dios para vencer a sus enemigos pudo haber terminado suicidándose? ¿Qué fue lo que pasó?

Aunque sólo estamos viendo el inicio y el final de la vida del primer rey de Israel, al leer la historia completa podemos ver que al medio hubo muchas malas decisiones que le hicieron apartarse de Dios. No sólo podemos puntualizar su desobediencia, sino también su falta de arrepentimiento y sus celos desmedidos por David que lo llevaron a cometer atrocidades.

De esta historia podemos comprender que el inicio de algo en la vida de cualquier persona no necesariamente representa su final: hoy podemos ver matrimonios que empiezan felices y lamentablemente terminan en divorcio, negocios que parecen prósperos y con el tiempo tienen un declive, ministerios que se levantan innovadores pero que luego se disuelven rápida y misteriosamente, etc.

Es verdad que existen circunstancias que uno no puede controlar, pero sí hay situaciones que están en nuestras manos y debemos ser responsables con lo que nos toca hacer.

Deuteronomio 10:12-13 dice: “Y ahora, israelitas, ¿Qué pide de ustedes el Señor su Dios? Solamente que lo honren y sigan todos sus caminos; que lo amen y lo adoren con todo su corazón y con toda su alma, y que cumplan sus mandamientos y sus leyes, para que les vaya bien.” Versión Dios Habla Hoy

El inicio por muy bueno que sea no es garantía de nada, uno debe trabajar todos los días para mantener su familia unida, su negocio solvente, su ministerio bajo la guía de Dios, etc. Es un trabajo constante.

 

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¿Estás listo para irte al cielo?

Una enfermedad  crónica o terminal induce a que la persona piense en el final de su vida, pensar que la muerte está a pasos de distancia ocasiona un sufrimiento muy grande. Sin embargo, no es necesario padecer una enfermedad para pensar en el fin, el tiempo de irse ha llegado a muchos jóvenes y niños cuando se encontraban en el estado más enérgico y saludable de sus vidas.

Por tanto, ya sea que nos encontremos saludables o con una terrible enfermedad tenemos que estar preparados para ir al lado de Dios ¿Estás listo?

“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” Lucas 12:16-21

Este hombre estaba viviendo un tiempo de prosperidad y aún tenía planificado mayor abundancia para el futuro, lamentablemente en su vida sólo se ocupó de hacer riquezas y se olvidó de Dios, perdió lo más importante: salvar su alma.

Si estás enfermo no te tortures pensando en el final del camino porque todos pasaremos por eso,  no te preocupes solamente por sanar tu cuerpo sino por salvar tu alma. Si pides a Dios que te sane es posible que recibas una respuesta afirmativa, sin embargo, también es posible que tu tiempo haya llegado y lo importante será que estés preparado para irte con Él.

El tiempo de partir puede llegar en cualquier momento, seas anciano, joven o niño, estés enfermo o sano, aunque te encuentres en prosperidad y abundancia, nada impedirá que te vayas si ha llegado el tiempo; por tanto, actúa con sabiduría y realiza tus planes de la mano de Dios, seguro de irte al cielo si en este momento concluyera tu vida en este mundo.

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¿Lo nuevo?

La antigua ilusión de lo nuevo revive cada medianoche del 31 de diciembre. Por un artificio del almanaque la gente sueña con una página en blanco, un fresco comienzo. Pero eso sucede solamente con las estaciones, con el ciclo de plantas, lunas, estrellas y mareas. En nosotros la vida nada más sigue su curso. No hay nada nuevo el uno de enero. Está todo igual.
Excepto claro, la marcha del cuerpo hacia su solución final y su término irreversible. Eso sí es patente y ningún año nuevo va a alejarnos del abrazo definitivo de la muerte. Ayer tenía sesenta y dos años harto cumplidos y hoy los sigo teniendo, más un día. Las antiguas rencillas, las lealtades abandonadas, el repaso insalvable de los recuerdos siguen ahí. No llego a entender qué podría justificar una nueva emoción esta mañana.
La magia de los discursos, los recursos del poema, las frases inmortales sobre el amor, la esperanza y la vida no logran maquillar el fondo oscuro de la realidad de la violencia, del hambre, del abuso y del miedo. Nuestra porfiada debilidad se hace siempre presente a la hora de la verdad.
Es obvio que necesitamos animarnos unos a otros. Pasajes selectos, consignas y lemas repetidos ad infinitum, himnos y canciones estimulantes, sermones emotivos y saludos protocolares al término de las asambleas aportan su cuota de entusiasmo y refuerzan el tinglado en el que se sostiene la levedad de la comunión dominical.
“¡Por favor, un poco más de optimismo!” No necesitan decirlo. No hace falta ser vidente para darse cuenta que este fragmento desentona con una flagrancia monumental. Lo que no sabría decir a ciencia cierta es si hay una intención, un proyecto implícito en esta nota o es simplemente una confesión de parte. Como habré dicho en otra ocasión aquí, no siempre el estilo es la persona; no siempre se es lo que se escribe aunque con frecuencia sí.
Tampoco podríamos decir si era personal la mirada de aquel Predicador. Además, es difícil decir si era cínica, ingeniosa o simplemente realista:
“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.”
A mí me suena que era más bien realista.

Fiel hasta el final

La fidelidad no sólo es lealtad si no también perseverancia, puesto que muchas personas han comenzado muy bien algo y han terminado mal. Creemos que lo que comienza bien acaba bien, pero eso será así en tanto se mantenga la vista y los propósitos donde comenzaron.

Muchos personajes de la Biblia comenzaron muy bien, Dios los ayudó para que todo fuera de la mejor manera pero la vanagloria, la carne o el ego, etc. se apoderó de ellos.

Tal es el ejemplo de Usías, éste rey tuvo una conversión muy clara. Desde muy joven se convirtió a Dios de todo corazón, hizo lo recto y buscaba de Dios y Él le dio la victoria de frente a sus enemigos, le dio prosperidad por todas partes, haciendo de él un hombre altamente poderoso; su vida de creyente estuvo bien hasta que se enalteció y esto fue su ruina.

La piedra de tropiezo de este creyente fue el envanecimiento personal, la vanagloria, no reconoció o se olvidó de que él era lo que era gracias a Dios, desobedeció la ley de Dios y eso hizo que acabara muy mal, solo, alejado de su familia hasta el último día de su vida.(2 Crónicas 26:1-16)

Tal vez muchos hemos comenzado la buena obra o a actuar conforme a lo que le agrada a Dios pero nos hemos olvidado ser fieles así como debió hacerlo Salomón.

No perdamos de vista la razón, la motivación y lo más importante es que no alejemos nuestro corazón de Dios. Reforzar tu fidelidad a Él hará que puedas mantenerte desde un principio hasta un final con Él.
“Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” Apocalipsis 2:10 (RVR-1960)

Desde el momento que entregaste tu corazón a Dios empezaste una nueva historia con Él, tu fidelidad a Dios hará que permanezcas y llegues con esa misma dedicación y entrega hasta el final.

 

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La victoria final

La batalla había sido dura. El enemigo había usado toda su artillería. El joven soldado se miraba una y otra vez. Su uniforme no era más que un montón de harapos. Su cuerpo estaba todo magullado y lleno de heridas. Apenas podía mover las piernas. De los brazos sólo conservaba uno y sus ojos tampoco estaban bien.

Lo peor de todo era que había luchado para nada. Sí, para nada porque el enemigo  había ganado esta batalla. En ese momento, al soldado no le importaba  que hubiese sido sólo una batalla y que, lo más seguro es que la guerra la ganarían los suyos. Para él, todo estaba perdido. Se sentía inútil. No volvería a presentarse ante su Capitán. ¿Cómo podría hacerlo si no respondió como debía a la confianza que habían puesto en él?  Había perdido y eso es algo que un soldado no puede darse el lujo de hacer.

Se abandonaría hasta morir en el campo, eso era mejor que presentarse como un derrotado. ¿Y quién sabe si a lo mejor, al llegar derrotado podrían castigarlo? Al fin y al cabo la misión de un soldado es ganar todas las batallas, no perderlas.

Cuando más le daba vueltas a esos pensamientos, una voz amiga lo interrumpió. Era su amigo, su compañero de batallas, quien con mucho cuidado lo tomó y con ayuda de otros lo pusieron en una camilla mientras le decía: Tiene que verte el Capitán, se va a alegrar mucho cuando te vea, además, se va a encargar de correr con todos los gastos de tu curación. Seguro que hasta te da una medalla.

El soldado no podía creer lo que el amigo le decía e insistía en contar que había perdido la batalla. Pero no le quedó más opción que aceptar ver al Capitán.

Al día siguiente, recibió la visita esperada en el hospital. El  Capitán al verlo, corrió, lo abrazó con fuerza pero con cuidado de no lastimarlo, pasando por alto los rigores de la disciplina militar.

          – Es usted un gran héroe, querido amigo. Voy a proponerlo para la medalla al mérito militar. Usted ha defendido su posición con uñas y dientes. Ahora ganó el enemigo, pero no se preocupe que la victoria final es nuestra. Olvídese de sus heridas. Sanarán. Siento mucho lo de su brazo…. Le pondremos uno ortopédico. No podrá volver al mismo puesto pero estará en la retaguardia conmigo, dirigiendo las escaramuzas. Si no hubiera luchado, entonces sería un desertor, pero luchó hasta el final.

El soldado apenas podía decir palabra. La emoción no se lo permitía.

Al igual que el soldado, de la historia de MaitéParga, podemos estar en medio de una gran batalla y por más que damos todo lo mejor de nosotros,  la artillería del enemigo nos puede haber herido gravemente y pensamos que es mejor dejarnos morir, que es una vergüenza cómo hemos fallado y que nuestro esfuerzo no ha valido la pena.

Pero ahí, cuando sentimos que ya nada tiene sentido, cuando estamos heridos, decepcionados de nosotros mismos,  viene Dios a encargarse nuestras heridas, a recordarnos que es una batalla más pero que la victoria final la tenemos asegurada.

Lo importante es que luchemos, que peleemos la batalla y que si estamos heridos, corramos a los brazos del único que puede sanarnos. Que nuestras fallas no nos alejen de Dios, que el enemigo no use la vergüenza que sentimos o la decepción para dejarnos morir, sino que vayamos confiados ante nuestro Capitán y nos presentemos con nuestras heridas y la ropa hecha harapos, seguros de que nos está esperando con los brazos abiertos y con el mismo amor de siempre.

Dios nunca dejará a uno de sus hijos herido, a Él le interesa cómo peleamos, cuánto nos esforzamos, no los resultados de una batalla. Lo que le interesa es que lleguemos hasta el final de la guerra firmes.

“Pelea la buena batalla por la fe verdadera. Aférrate a la vida eterna a la que Dios te llamó y que confesaste tan bien delante de muchos testigos” 1 Timoteo 6:12 (NTV)

No seas un desertor, Dios te ama sin importar cuántas batallas ganaste o perdiste, Él siempre estará contigo para fortalecerte, animarte, sanarte y mostrarte que no es el final, aún hay mucho más para ti; la victoria final es un hecho, sólo debes creer.

 

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¿Es el final?

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen…” 2 Corintios 3:18 Versión Reina-Valera 1960

La Voyager es una sonda espacial robótica que fue lanzada desde Cabo Cañaveral el año 1977, con un único fin: fotografiar Júpiter y Saturno.

La NASA quería aprovechar un evento sin precedentes que solo ocurre dentro de nuestro sistema solar cada 175 años: todos los planetas se alinearían en su trayectoria. Tal evento daría paso a una oportunidad de oro para que la sonda espacial, sea lanzada en línea recta alcanzando a fotografiar sus objetivos sin mayores esfuerzos para maniobrarla.

Gracias a ese suceso y a la astucia de un grupo de científicos, hoy en día tenemos las fotos más extraordinarias de los dos planetas más grandes conocidos por el hombre, incluyendo todas las lunas que los rodean.

Al recibir las imágenes, la NASA daba por terminada la misión y debido a la trayectoria con que fue lanzada la sonda espacial, la Voyager estaba destinada a perderse para siempre en el espacio. Sin embargo, ocurrió algo fascinante.

Aunque ya no encontraría en el espacio interestelar más planetas o satélites, encontró mucho que medir: partículas cargadas, campos magnéticos, rayos cósmicos, ondas de plasma. La supervivencia de la Voyager tan lejos del Sol representaba una oportunidad para el estudio de las condiciones en el espacio abierto.

En febrero de 1990, la sonda espacial dirigió su cámara hacia el interior de nuestro sistema solar y envió una serie de fotografías del sol y sus planetas, un mosaico fotografiado a seis mil millones de kilómetros, en el que la Tierra aparece como un punto del teclado de computadora, apenas visible dentro de un haz de luz gigantesco. La imagen, junto con la famosa fotografía del Planeta desde la luna, es una de las más famosas que hay.

Algo similar pasa en la vida del hombre, por ejemplo, uno anhela casarse y mira ese evento como un final, pero cuando lo alcanza solo se da cuenta que es el principio de una aventura y un reto aún mayor.

Por otro lado, una derrota en cualquier ámbito de nuestra vida, nos deja esa misma sensación de final. Nuestra mente entiende que todo ha terminado.

Los científicos que enviaron la Voyager, creyeron que después de obtener las fotografías que querían la misión acabaría, pero la trayectoria en la que fue lanzada la sonda espacial haría que su trabajo continúe.

La vida cristiana es algo similar, nunca llegará el día en ésta tierra en el que podamos decir: “llegué, misión cumplida” o “Es el final, todo se ha perdido”. Cada meta conseguida es solo el principio de otro reto aún mayor y cada derrota, es solo la oportunidad para empezar de nuevo.

En triunfos o derrotas, Dios siempre tiene algo mayor por delante, porque uno de sus propósitos es que caminemos de gloria en gloria.

 

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Spoiler

¿Alguna vez alguien te ha contado el final de una película arruinándote la trama? Si es así, fuiste víctima de Spoiler.  Aunque este término en español, literalmente es traducido como “echar a perder”, “estropear” o “arruinar” significa también “destapar el final”.

En nuestra lengua, le da significado al hecho de emitir una información relevante sobre un programa de televisión, película, libro, serie, etc. antes de que sea exhibido.

Hay muchas personas que desean evitar un Spoiler porque les arruinaría esas sensaciones que surgen por no saber las partes importantes en el argumento de una película, la historia adjunta de algún videojuego, alguna obra literaria de moda, el desenlace de una novela, el epilogo de una serie de televisión y en algunos casos, hasta el resultado de un encuentro deportivo.

La intención por disfrutar de todas esas sensaciones es tal, que muchos evitan medios de comunicación, redes sociales o conversaciones, que pueda arruinarles el gusto que se siente descubrir por si solos lo que va a pasar. Aunque no todos comparten ese mismo afán, en alguna manera a nadie le gusta que le estropeen un argumento contándole la conclusión.

Extrañamente, aunque hay quienes evitan por todo los medios enterarse de la conclusión de una película favorita o del resultado de un encuentro deportivo, la desesperación por saber qué es lo que va a pasar en el futuro, es la principal causa de ansiedad.

Son esos momentos en los que la incertidumbre se apodera de nosotros y en ese instante sí quisiéramos tener a alguien que nos “destape el final”, un Spoiler que pueda ayudarnos a mitigar la desesperación que provoca espera en un diagnóstico médico, la respuesta a la solicitud de empleo que enviamos, si es que lograremos cumplir los sueños y metas que nos hemos propuesto, si es que las decisiones que tomaremos hoy son las correctas, etc.

Prepararse para lo que viene y tratar de prevenir el futuro, es una de las cargas más pesadas que tiene el ser humano. Pero cualquier hombre, entusiasmado por cuidar su porvenir, no tiene por qué quedarse solo lidiando con esa titánica tarea.

En ese momento la biblia se levanta anunciando el final antes que todo ocurra, es como ver imágenes de lo que va a pasar en el futuro.

Cada promesa escrita, no sirve únicamente para animar a quien la lee, sino para que se haga realidad en la vida de quien cree. Dios tiene toda la intención de cumplir sus promesas, algunas tienen ciertas condiciones como la fidelidad, la obediencia, la santidad, el trabajo, la honestidad, etc. pero ninguna representa una carga que pueda exceder nuestras fuerzas.

Apocalipsis 22:13 dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.” Versión Reina-Valera 1960

Dios ya estuvo en el futuro que nos espera, y si su amor es tan grande que aun siendo pecadores tomó la decisión de morir por nosotros, cuánto más su gracia se extenderá sobre nuestras vidas para cumplir todo lo que ha prometido.

¿Sientes angustia por el futuro?, ¿Por qué no miras las promesas que tiene Dios escritas en la biblia? Entérate de cuál es el final. Que ese Spoiler anuncie el desenlace que nuestro Padre en el Cielo ha preparado para tu vida.

Isaías 46:9-10 “Recuerden lo que ha pasado desde tiempos antiguos. Yo soy Dios, y no hay otro; soy Dios, y no hay nadie igual a mí. Yo anuncio el fin desde el principio; anuncio el futuro desde mucho antes. Yo digo: Mis planes se realizarán; yo haré todo lo que me propongo.”

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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