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Amo el mundo

Nací en el mundo hace casi sesenta y seis años en La Cisterna, Santiago de Chile.

Ahí conviví con mis parientes, tuve mis primeros amigos y compañeros de colegio, jugué, reí, lloré y sufrí. Amé y aún amo los lugares donde viví hasta los veinte años. Cuando me casé, me fui a vivir a un lugar llamado Las Rejas.

Hace un rato caí en cuenta que en el primer tercio de mi vida viví entre la cisterna y las rejas y recordé que el profeta Jeremías pasó algún tiempo en la cárcel y también lo metieron en una cisterna. Una simpática ironía…

Estudié en la Universidad Técnica del Estado y por varios años desarrollé mi actividad con algunos colegas en varios emprendimientos profesionales.

Entrando en el segundo tercio de mi vida, hasta ahora, he trabajado en ministerios cristianos que me han permitido ampliar notablemente mi conocimiento del mundo.

En la práctica he estado en todos los continentes en unos 37 países y he visto distintas vestimentas, modos de hablar, comidas, bebidas, música, arte, maneras de entender la política, la economía y la gestión social.

Toda esa experiencia no ha hecho otra cosa que hacerme amar el mundo y su realidad. Y esa convicción es la que le sigue dando sentido a mi vida y a mi trabajo.

Pero, ¿no dice San Juan que no amemos al mundo, ni a las cosas que están en el mundo y que si alguno ama al mundo el amor del Padre no está en él (1 Jn.2:15-16)?

¿Cómo es esto?

Quienes siguen hace tiempo estas lecturas ya me entienden. Pero si no, valga la explicación, siempre breve e incompleta.

El “mundo” no es un lugar en el ideario del Nuevo Testamento. Lo que los autores ahí están diciendo es que el mundo es una mentalidad, una filosofía de vida que excluye, ignora o directamente odia y milita contra Dios.

Los lugares, las costumbres, la forma de hablar, los sistemas humanos que componen la amplia diversidad que Dios nos ha otorgado, todo eso es otra cosa. Es el ser de la gente. Es el mundo, en esencia.

La misma palabra neotestamentaria (toda la Biblia en realidad) me insta a amar al mundo como Dios lo amó (Juan 3:16).

Así que amo el mundo como espacio de vida y como comunidad a la que se me urge a tocar con el amor de Dios.

El sistema

Salgo de mi casa temprano. Un pesado bus de la locomoción colectiva acelera en el verde del semáforo y una espesa nube de gas negro y maloliente sale del tubo de escape.

Me pregunto por qué ese colectivo circula en esas condiciones.

El dueño respondería que no tiene dinero para arreglarlo y debe salir a trabajar el vehículo porque tiene una familia que alimentar.

A lo mejor tiene el dinero pero lo va a dedicar a otra cosa, tal vez un viaje a las sierras con la familia el fin de semana largo.

La ordenanza dice que no puede circular un vehículo así en la vía pública pero los inspectores de tránsito no lo retiran de la calle.

El municipio diría que no hay personal suficiente para fiscalizar.

El vehículo siguen contaminando el aire día tras día.

Me acerco a una inspectora de tránsito que participa en un operativo para retirar de la calle motocicletas en infracción. Le pregunto por qué no retiran aquellas con los tubos de escape sin silenciador que conducen los hombres (siempre son hombres).

Me responde que no tienen los recursos para detenerlos. Además, agrega, los tipos se escapan o bien les ponen el tubo silenciador y más tarde vuelven a quitarlos.

Las motos con escape libre continúan rompiendo los tímpanos de la gente.

Entro por un cortado en jarrito a cierto café. A esa hora la mayor parte de la concurrencia es gente relativamente mayor.

Por los parlantes, sin embargo, suena a volumen absolutamente inconveniente música electrónica: chipún chipún chipún, tarará tarará tarará, tac tac… tac tac tac… tac.

Me explican que los chicos que atienden son todos jóvenes y quieren oír su música.

Dejá de hinchar, me sugieren – sin palabras – cuando les pido un poco de silencio.

Resuelvo irme a casa y prepararme un café en la cocina. Ganan los chicos.

En el mismo café un señor habla por teléfono a los gritos. Me entero que acaba de vender unas vacas pero no consigue un transporte adecuado. También me informo que esta noche se reúne con los amigos a ver un importante partido y él llevará las cervezas.

Me pregunto qué rayos me interesa a mí la vida comercial y social del señor aquel. Me pregunto, además, por qué supone él que tiene el derecho de hincharme a mí con sus asuntos privados.

Así es el sistema. Es muy complicado tratar de cambiarlo. Andate a vivir al campo.

Ten calma

Cuentan que en una gran escuela se declaró un incendio. Como es común en esos casos, se produjo una terrible alarma y varios niños se precipitaron unos contra otros, resultando varios de ellos heridos de gravedad.

Pero una niña se quedó sentada en su mesa, muy pálida, de sus ojos brotaban lágrimas; sin embargo supo estar quieta, sin gritar.

Después que pasó el peligro y el orden fue restablecido, le preguntaron por qué no se había levantado.

–¡Ah!, respondió, mi padre es bombero y me ha dicho que en tales casos lo mejor que se puede hacer es quedarse quieto hasta que la puerta esté libre de personas que se atropellan o que haya pasado el peligro. Yo he creído sus palabras y por eso me quedé quieta.

En muchas situaciones de peligro, sobre todo cuando se trata de incendios, mucha gente sale corriendo sin respetar las normas de seguridad, ya sea porque no las conocen o porque en temor les hace actuar instintivamente. Pero es en esas avalanchas de gente donde hay más heridos porque por salvar sus vidas pisan a los que se caen, se lastiman por salir antes, etc.

En nuestra vida diaria es igual, muchas de nuestras decisiones son tomadas al calor del momento, guiados por nuestros miedos o por lo que otros dicen. Sin embargo, tenemos las promesas de Dios de nunca abandonarnos, de pelear por nosotros, de proveer para nuestras necesidades, de defendernos, de sanarnos y muchas más.

Creerle a Dios no siempre es sencillo porque nuestra parte humana nos lleva a sacar conclusiones adelantadas, a ver los problemas más grandes de lo que son, a querer actuar y resolver las cosas de acuerdo a nuestro razonamiento. La niña de la historia se quedó sentada, y aunque estaba pálida y lágrimas brotaban de sus ojos, se quedó ahí creyendo en lo que su padre le había dicho.

Dios promete pelear nuestras batallas, darnos la victoria en cualquier circunstancia y no abandonarnos nunca. “Pero Moisés les dijo: —No tengan miedo. Solo quédense quietos y observen cómo el Señor los rescatará hoy. Esos egipcios que ahora ven, jamás volverán a verlos. El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos.” Éxodo 14:13,14 (NTV)

La decisión de creerle a Dios es tuya, puede ser que no sea sencillo quedarse en calma esperando que Dios actúe, pero es la mejor elección porque tienes la victoria asegurada, ¿Le crees a Dios?

¡Ten calma y descansa en Él!

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Amélie

No me acuerdo si lo descubrí yo solo o alguien me dio el dato hace más de una década: Amélie. Café+libros. Con notas de la película, fotografías de lugares, libros, diarios y revistas. Me dijeron que uno podía hojear los libros “sin compromiso” acompañados con una lágrima o un cortado en jarrito. Aunque sé que existían hace mucho yo nunca había estado en un lugar donde ese placer fuera posible.

Afuera, unas mesitas con unos toldos rojos. Adentro, un reparo, un refugio contra el ruido desmesurado de la ciudad. Algo de Norah Jones, Amy Winehouse o jazz, bajito, respetuoso de las conversaciones y de la tranquilidad que uno busca. Claro, a veces hay alguien que habla a cajas destempladas pero no todo es perfecto en la vida. No hay televisores (gracias a Dios!) Luego, uno recorre en silencio, despacito, los estantes de libros: Juveniles, Autoayuda, Literatura Ficción, Cocina, Infantiles, Juegos Didácticos.

El lugar justo para comenzar el día, no importa si es invierno o verano: café con leche, tostadas, jugo y mermelada de duraznos. Nos ponemos al día brevemente con Ivana, Mony o Ruth acerca del clima, algunos achaques que me acompañan desde un tiempo a esta parte, comentarios acerca de un viaje reciente. Entonces me remito los diarios del día, escribo un artículo, respondo unos correos, contesto un par de mensajes. O simplemente no hago nada. Mirar a la gente es un gusto adquirido, una vidriera de talantes, estados diversos del ser, comparaciones involuntarias.

En las paredes verdes hay cuadros de Amélie, la protagonista de la película, reproducciones de diversos lugares del mundo, dibujos de Tute y otros. En una mesa, bajo la cubierta de cristal alguien dejó en una servilleta una nota para Karina donde dice algo que tiene que ver con la magia.

Entré en muchos cafés en el mundo. Pero en el Amélie me fui quedando poco a poquito. Leí una vez que uno puede ver muchos lugares en el mundo pero sólo puede amar aquellos sitios en los cuales se queda un tiempo. O para siempre.

Así que, sin pretensión alguna, sólo para registrar la crónica de este cariño que se ha ido ahondando con los días, les dejo esta viñeta de Amélie, libros+café.

En Villa María, por cierto…

Gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la pulida superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación Que resume la vida es esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que sentencia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica. Que se suma a las consignas de moda y las distribuye por internet porque le parecen tan importantes.
En fin, tanta gente…

Dime con quién andas

El hombre fue creado para vivir en sociedad. Estamos hablando de la necesidad natural de pertenecer a una comunidad con el fin de alcanzar satisfacción a través de las relaciones amistosas. Cualquier persona en la escuela, en la universidad, en el barrio, en la iglesia, etc. siente ganas de tener un grupo de amigos.

Elegir un entorno donde se puedan hacer amistades tiene mucho que ver con los gustos deportivos, afinidades artísticas, inclinaciones políticas, intereses mutuos e incluso se ha visto que el grado intelectual y el nivel económico juegan papeles importantes, pero no definitivos. Al final la humanidad ha crecido tanto que fácilmente se puede seleccionar uno o varios amigos de diferentes estratos sociales.

Por otro lado, el proceso de conocer gente nueva puede ser más fácil de lo que parece. Se ha comprobado que una persona que asiste frecuentemente a un lugar como un gimnasio, repetidamente se para en el mismo lugar, viste de forma similar todos los días y saluda a los que se hallan en su entorno, podría rápidamente promover su imagen convirtiéndose en alguien conocido. Esto sucede en la universidad o en el trabajo: uno cuando es nuevo empieza a tener una rutina y casualmente saluda a algún interlocutor desconocido, luego empieza una conversación con intercambio de ideas amigables y si se encuentra afinidad en uno o varios aspectos, con el tiempo podría formarse una relación duradera.

Aunque mucho se habla de la dificultad para hacer amigos, la verdad es que con un poco de personalidad cualquiera podría alcanzar cierto nivel de popularidad en cualquier entorno. Pequeños actos amistosos como saludar, dar la mano, ser amable, sonreír, etc. son suficientes.

Sin embargo, la Biblia repetidamente nos recomienda que sepamos seleccionar a las personas con las que decidimos rodearnos: Dios le dijo a Abraham que saliera de su país,  el pueblo hebreo dejó la tierra de Egipto, las tribus de Israel tenían prohibido tener contacto con los pueblos idolatras que los rodeaban, los apóstoles fueron advertidos de lo dañino de las relaciones con los religiosos  hipócritas de la época, etc.

Salmos 1:1-2 dice: “Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita noche y día.” Versión Dios Habla Hoy

En una sociedad con tanta diversidad de personas saber seleccionar amigos es importante ya que el entorno suele afectar la conducta, la personalidad y tiene el poder de influenciar de buena o mala manera a cualquiera. Definitivamente la elección de amigos no es algo que se pueda tomar a la ligera.

Jesús era conocido por muchos, pero tenía un grupo de seguidores de entre los cuales eligió a 12 para que sean sus apóstoles, y de esos tenían un grupo íntimo de 3 con los que siempre hablaba: Pedro, Juan y Jacobo (Marcos 5:37).

Él es nuestro mejor ejemplo: no está mal ser conocido, popular y apreciado, pero no a todos se les puede llamar amigos íntimos.

Proverbios 13:20 dice: “El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado.” Versión Reina-Valera 1960

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Uno de enero

Nos gusta creer que el año nuevo es nuevo. Nos decimos que el 1 de enero es el comienzo de algo en nuestra historia, un nuevo cuaderno donde emborronar nuestras cuitas y aciertos, la oportunidad de rehacer cuestiones que hicimos mal el año pasado, un comienzo fresco.
Es curioso que no hagamos el simple ejercicio de cuestionar esta falacia. Cualquier definición en internet dice que falacia es un razonamiento no válido o incorrecto pero con apariencia de razonamiento correcto. El año nuevo es una falacia. No tiene nada de nuevo, excepto que es otro 1 de enero. Nosotros seguimos siendo los mismos. Nuestra historia es la misma y las consecuencias de nuestras decisiones, agradables o no, siguen ahí sin darse cuenta que tenemos un nuevo almanaque en la puerta de la heladera. Lo de nuevo no es más que una apariencia.
Pero igual decimos cosas como “que en este nuevo año sea mejor, que se cumplan todos tus deseos, que lo pases bien”, aunque podríamos decir lo mismo a nuestros familiares, amigas y amigos el 13 de junio o el 26 de noviembre. En realidad deberíamos no más celebrar el paso de los días y lo podríamos hacer en cualquier fin de semana del año (para no interferir con resacas inoportunas la media semana).
Cuando éramos chicos, después de las doce de la noche del 31 de diciembre, la costumbre en nuestro barrio era ir de casa en casa para dar y recibir abrazos, augurios y aceptar copitas de champaña de tal modo que al terminar el recorrido nos embargaba un delicioso mareo que tenía el encanto de ser ignorado voluntariamente por nuestros rigurosos padres; al fin y al cabo, era la única noche con “chipe libre” en nuestra sufrida adolescencia de hijos de evangélicos.
Después del gran cataclismo de hace una década los años nuevos son otros. Algunos los he pasado voluntariamente solo, mirando alguna buena película o sentado en el patio trasero disfrutando el fresco de la noche en la periferia rural de Santiago. Otros han sido encuentros multitudinarios, contundentes y regados en casa de gente que no conozco, excepto los amigos que me invitaron. Ahora, lejos de mi país, los paso con los amigos de siempre sin más incidentes que alguna copa que quebré al ayudar a lavar los platos y el sentimiento que últimamente me intima a irme a dormir más temprano.
Como se ve, nada nuevo.

Tanta gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la pulida superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación Que resume la vida es esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que sentencia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica. Que se suma a las consignas de moda y las distribuye por internet porque le parecen tan importantes.
En fin, tanta gente…

Así sucedió

Un rayo de luz. Una ventana iluminada. Una mañana fresca. Un día promisorio. Un futuro posible. Una espera llenita de posibilidades. El comienzo de un viaje sin boleto de vuelta. Todos los recursos dispuestos sin seguros comprometidos. El prospecto de recuperar el tiempo perdido. Reestrenar la inocencia. Perfumar de lavandas la habitación del olvido.
El cansancio de la decepción. Los chantajes apenas perceptibles. La imposición del miedo. Los juicios sin misericordia. Las prioridades desarticuladas. Las frustraciones inconfesadas. La frialdad de los abrazos. El desapego de las tradiciones y las exigencias de la comunidad. Las ganas de no tener más ganas. El deber en lugar del querer.
Las palabras escritas que consumieron el tiempo. Las palabras habladas en el desierto. El monólogo triste. Las obligaciones financieras y sus odiosos recordatorios. Las charlas de café. El transporte público y la multitud en el centro de la ciudad. Los trámites, las consultas al médico, las llamadas pendientes. Las invitaciones declinadas.
Las ganas de volver a tener ganas. El reclamo de la piel. Los residuos de la pasión. Las ansiedades emergentes. El reparo de los cuerpos cercanos. Las ansias retenidas. La noche de brazos abiertos. De nuevo la madrugada que entra por la ventana. La mirada anhelante. Las frases inconclusas.
Eso fue. La vida sin miramientos. El reto de existir. Los años, a veces, pasan en vano y cobran la factura con recargo por atraso. La belleza y la miseria del ser. Todas las posibilidades y todos los miedos. Otras veces, los años son benignos y en lugar de cobrar te regalan un inesperado y hermoso bonus track.
¿Quería ser mayor? Una vez quise. Venía del sur en un tren de noche y conocí a una chica. Yo tenía 13 años y ella 18. Olvidé su nombre. Recuerdo que me dijo que vivía en una calle llamada José Mariátegui en la comuna de San Ramón. El resto de la vida sucedió no más. Intensa, interesante, violenta, singular, atroz. Anduve por muchos caminos, visité muchas ciudades, conocí mucha gente, aprendí muchas cosas y olvidé no sé cuántas.
Así fue. Eso fue. Ya fue.

Tanta gente

Tanta gente.
Que cree cosas. Que sigue mansamente la voz de los que mandan. Que no cuestiona nada ni se le ocurre que haya algo que cuestionar. Que nunca se hizo preguntas sobre lo que les instilaron como educación cuando entraron felices en los cuadros del sistema. Que no encuentra fisuras en el edificio institucional. Que nunca le vino a la cabeza que las verdades irrecusables pueden ser no más que puntos de vista, tradiciones incorporadas como la pátina de polvo que se acumula sobre la superficie de los muebles. Que nunca se preguntó si no habría más reflexión disponible respecto del discurso pronunciado desde las solemnes plataformas. Que repite el argumento hasta la náusea. Que cierra sus oídos a toda otra interpretación. Que resume la vida en esquemas, en principios generales y en cuatro definiciones fundamentales.
Tanta gente.
Que huye del natural comportamiento de las emociones y los sentimientos. Calificando intenciones. Juzgando motivos. Que enjuicia historias ajenas porque no entran en el círculo de su “escala de valores”. Que reprime sentidos originales que desterraron del mundo antiguos nuncios extranjeros. Que mata sus propias historias, que olvidó su propio lenguaje y que lee el mundo y la vida con el idioma de reverendos y magistrados venidos de otras latitudes. Que abjura de su pasado como si no existiera porque no cabe en los artículos de fe del Manual de Cortapalos que les dieron a la entrada.
Tanta gente.
Sin conciencia de su tiempo. Desorientada por agoreros y videntes a sueldo que no tienen ni la más remota idea de los auténticos signos de los tiempos. Consumidora final de noticieros pauteados, aparatos multimedia, comida chatarra, encuestas de opinión y revistas de divulgación científica.
En fin, tanta gente…

Trending Topics de la Semana

Durante esta semana, como es costumbre en las redes sociales, los Trending Topics no se hicieron esperar. Esta semana, el ritmo del corazón de los usuarios de internet latieron al son de estos hashtags.

Y aquí te dejamos un repaso de los #trendingtopics más importantes de esta semana.

#RiverCampeonDeAmerica

Los “Millonarios” entraron por la puerta de atrás a los octavos de final la Copa Libertadores. A partir de ahí, avanzaron a paso firme y lo coronaron con un 3 a 0 en la última instancia del torneo continental. Consagrándose como el campeón de América y la celebración que se activó, no solo en el país de Argentina, sino en las redes sociales como lugar común de celebración muchos dijeron #RiverCampeonDeAmerica.

#FelizCumpleañosBogotá

#FelizCumpleañosBogotá ¡Ciudad llena de historia y cosas lindas! ¿Qué es lo que más te gusta de Bogotá? Se preguntaban los usuarios en las redes sociales y compartían miles de tradiciones, frases y fotografías de la hermosa ciudad Colombiana, compartiendo tanto el hashtag que se convirtió en una tendencia general.

#Hiroshima

Hacen ya 70 años de este suceso mundial que marcó la historia. hablamos de la bomba atómica de Hiroshima. Por ello, esta semana en las redes sociales se recuerdan las consecuencias que tuvo sobre la ciudad japonesa el bombardeo hecho por el avión B-29 de la Fuerza Aérea norteamericana y muchos mostraron su nostalgia y apoyo usado el hashtag #Hiroshima

 

Terminamos este recuento de los Trending Topics de la semana con humor, un hashtag que convirtió a muchos en máquinas de honestidad se hizo presente y hablamos de:

#NecesitoDecirQue

#NecesitoDecirQue No tuiteo frases en inglés porque seguramente las voy a escribir mal…… Jajajajajaja

#NecesitoDecirQue Me molesta la gente cómoda.

#NecesitoDecirque Yo realmente encontré a alguien en quien confiar, amar y entregarle mi vida ENTERA, a mi DIOS.

De esta forma apoyando totalmente este último tuit decimos adiós a los hashtags que marcaron tendencia durante esta semana y empezamos la búsqueda de los nuevos que estarán revolucionando las redes sociales en la próxima semana.

Tomarla es tu decisión

Las oportunidades que se nos presentan en la vida debemos saber aprovecharlas y más si son oportunidades para llegar a otros con el mensaje de Dios; así como Jesús lo hacía cuando se presentaba la oportunidad. Un ejemplo es cuando logró maravillar a las personas que estaban en la sinagoga llevándoles un mensaje. ”Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?” Marcos 6:2

Aquí vemos que Jesús vio la oportunidad de compartir la palabra de Dios con las personas que atendían la sinagoga, era una buena ocasión para evangelizar.

Otro ejemplo que nos dio Jesús fue cuando multiplicó los panes y los peces, eso lo podemos observar en Marcos 6:41-44. Había cinco panes y dos peces para darle de comer a una multitud, esa era una oportunidad, aunque muchos no la vieron, Jesús sí la vio, y no se quedó ahí, sino que aprovechó esa situación para poder llegar con su mensaje a mucha gente.

Debemos usar la habilidad que Dios nos dio de ver las oportunidades y tomarlas. No permitas que las personas negativas que no conocen a Dios, las diferentes religiones, el qué dirán o tu misma autoestima, sean adversarios que te quiten oportunidades.

Comienza a verte como un mensajero e instrumento de Dios, elimina los pensamientos negativos, arriésgate, haz tu mejor esfuerzo cuando tomes la oportunidad de pasar por esa puerta, y si debes sacrificar algo pues hazlo porque será por algo mucho mejor.

“Vivan sabiamente entre los que no creen en Cristo y aprovechen al máximo cada oportunidad.” Colosenses 4:5 (NTV)

Mira las puertas abiertas que están a tu alrededor y toma la oportunidad, Dios está contigo y no permitirá que caigas.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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