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¿Quieres tener una corona?

En vista de que fui Miss Venezuela 1976, aunque solo por 36 horas, hay mucha gente que me relaciona con el reinado y la corona. La verdad es que nunca me interesaron los concursos de belleza, a pesar de que en mi país, Venezuela, son algo icónico. Cuando finalmente me decidí a entrar en el concurso para complacer a mis padres (generalmente es al revés), ni tan siquiera sabía quién había sido la miss del año anterior.

Para muchos, esas experiencias son de suma importancia porque las consideran una catapulta para la fama, para ser actrices (mi caso), locutoras, animadoras, les cambia la vida.

Y es cierto, gran parte de los sucesos en mi vida, fueron consecuencia, si no del concurso, de la renuncia al concurso a las 36 horas. Aparte, a veces no puedo entender que he realizado tantas novelas y ahora otros oficios y lo primero que le viene a la mente a las personas que les preguntas de mí, es el reinado de belleza. Me encantaría ser recordada como actriz y hoy día como alguien que señala hacia Jesús en todo lo que hace. Pero hoy quiero hablar de coronas que no son pasajeras como esas de los concursos. Las coronas que vamos a lanzar a los pies del Señor en rendición, adoración y alabanza.

La corona incorruptible de la que se habla en 1 Corintios 9:24-27 que es la recompensa que se promete a los que corran la carrera de la vida de manera correcta.

La corona de justicia de la que se habla en 2 Timoteo 4:7-8 y en Apocalipsis 3:11 que se nos otorgará en la segunda venida de Jesús y será el premio a una vida justa y a los que manifiestan un amor especial para esa ocasión y lo esperamos con seguridad de que vendrá.

La corona de gozo que se menciona en Filipenses 4:1, en 1 de Tesalonicenses 2:19-20 que corresponderá a quienes ganemos almas y vivamos creyendo en Cristo y nos gloriaremos y regocijaremos.

La corona de la vida, que aparece en Santiago 1:12 y en Apocalipsis 2:10 que es la recompensa de aquellos que sufrieron de manera noble durante su vida terrenal. Se refiere a aquellos quienes como Job, han tenido sufrimientos pero han seguido amando al Señor.

Por último, la corona de gloria de la que habla Pedro en 1 Pedro 5:1-4 para los pastores ejercen su propósito responsablemente, voluntariamente y no por ganancias sino por necesidad espiritual y servicio a Dios.

Esas serán las únicas coronas realmente valiosas y permanentes.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Más que una canción…

Muchos dicen que mentimos más cuando cantamos alabanzas ¿Por qué? Lo que pasa es que las canciones expresadas a Dios dan honra, obediencia y valor a su nombre; lo que en la mayoría de nuestros actos no demostramos. Existe una canción en particular que me encanta, una parte de la letra dice:

Te daré lo mejor de mi vida
Te daré lo mejor cada día
Será mucho más que una canción
Mi obediencia es mi mejor adoración.

¿Cuántas veces hemos cantado este tipo de canciones con todas nuestras fuerzas? Tal vez hasta te has quebrantado al expresarla, pero antes de hacerlo deberíamos reflexionar si realmente estamos dándole lo mejor a Dios cada día, si le estamos brindando adoración con nuestra obediencia, ¿no lo crees?

“El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios.” Salmos 50:23 (RVR 1960)

Alabar es expresar admiración y reverencia, es hablar bien de alguien. En este sentido, brindar alabanzas al Señor no solamente se trata de cantar, sino de darle la gloria a Dios con todo lo que somos. Cuando actuamos bien damos lugar a que las personas que nos rodean puedan admirar y reverenciar a Dios a causa nuestra.

Por ejemplo, cuando aquellos que estaban involucrados en una adicción o en un pecado se arrepienten y cambian, o cuando las personas observan que eres un hombre o una mujer diferente por ser íntegro o generoso, se sorprenden y comienzan a ofrecer honor al Señor.

Este tiempo te animo a cantar al Señor solamente palabras de verdad; examina tu vida y ordénala, que tú seas una demostración de honor a su nombre.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Página en blanco

Es como si toda la vida pretendiera invadir la página en blanco de mi cuaderno de notas. Una tentación. La seducción de la palabra que siempre busca revivir. Revivirse. El principio y el fin de una idea, un cuento, una anécdota. La crónica de una decepción. El asombro de un recuerdo. La inocencia de una imagen que se pierde en la distancia. El amor con su insondable maravilla y sus querellas necesarias.

Hoy es necesario contar unas historias. Unas mini historias…

El día que me gradué de la enseñanza secundaria estaba solo. Un tío de Alejandro Riveros me dijo: “Si quieres, yo subo contigo para la foto del diploma.” Y ahí quedó para siempre plasmada la verdad de que mis padres no fueron a la ceremonia porque esa tarde tenían que ir a la iglesia. Y para ellos, lo primero era lo primero…

Vania no podía creer que nunca me habían celebrado un cumpleaños. El mismo día ella cumplió quince y yo dieciocho. “Celebremos juntos”, me dijo. Y por primera vez, en la casa de los Marchant, tuve fiesta, torta y regalos.

La mañana de un lunes, a los ocho años, mi adorada e inolvidable profesora Ruth Murgam me hizo recitar: “¿A dónde vas, dijo la fama? A Chile, dijo la Historia, voy a conquistar la gloria, voy donde el deber me llama…

Uno se casaba en la inmensa catedral evangélica con siete y ocho parejas al mismo tiempo. El ritual duraba cuatro minutos, luego un saludo protocolar y los oficiales diciendo a tus espaldas: “Rápido por favor, vayan saliendo, las fotos afuera, que mi pastor tiene que empezar el estudio bíblico.” Y así nos fue.

Todo lo que termina, termina mal, canta Andrés Calamaro y lo he citado aquí tantas veces. No todo, en realidad, pero cuesta recordar algo que haya terminado bien: amores, amistades, negocios, viajes, sueños comunes. ¿Porque nada dura para siempre, será?

A veces soñamos con una vida eterna después de la vida pero como no sabemos nada de cómo será es difícil animarse hoy día con la idea. Nos toca no más descansar en las imágenes que nos han contado.

Y siempre soñamos con escribir la obra inmortal, la epopeya de nuestros días, la crónica de las lágrimas y las risas. Nos quedamos mudos frente a la página desnuda y lo único que nos sale son ideas breves, cuadritos de vida, deslucidas fotografías en sepia…

(Esta es otra foto de Chiloé, en un viaje distinto, cuando ya me había vencido la realidad y no pude soñar más con exilios románticos y legendarios).

Por qué no

¿Por que no escribes un libro?

He escuchado esta preguntas muchas veces. Viene de amigos que me conocen hace mucho tiempo y de personas que oyen mis conferencias, toman mis clases o leen lo que escribo.

En 1995, casi literalmente con sangre, sudor y lágrimas, publiqué “Impresiones”, un discreto intento de prosa poética que pasó con pena y sin gloria. Tomó cinco años vender un par de cientos de ejemplares.

En 1999, por no haber aprendido la lección, me atreví a hacer un segundo intento con “Entrelíneas”, en el que compilé una serie de libretos de un programa de comentarios de actualidad que hacía en una radio de alcance nacional. Esa experiencia fue un poco más gratificante pero solamente porque tuve el apoyo publicitario de la emisora y un buen canal de distribución.

Dos décadas después y con la saludable perspectiva del tiempo arribé a la conclusión que no publicaría otro libro. Los motivos no tendrían espacio en este limitado artículo así que he de remitirme a dos o tres asuntos de cierta importancia.

El libro tiene la particularidad de detener en el espacio y en el tiempo lo que uno pensó y dijo. Ahí están las palabras impresas y no importa si uno arribó a otras conclusiones y cambió, ahí está el libro: “Pero tú dijiste…” Es como aquellos políticos que hace cuarenta años tuvieron un desliz sexual o se sacaron una foto con el dictador. La inmensa mayoría no perdona. No importa cuánto tiempo pasó ni cómo tu vida ha mejorado; tú lo hiciste, tú lo dijiste. Es verdad que a veces no es más que la hipocresía de la opinión pública y el morbo de los medios de comunicación, pero ahí está.

Hace mucho tiempo que pienso diferente de lo que escribí hace veinte años. Igual, no fue tanta gente que lo vio pero yo sé lo que escribí.

Por otro lado la vida de uno es como esos libros. Hice y dije muchas cosas y muchas personas nunca lo olvidarán. A quienes lastimé tal vez quieran perdonarme – o no. Pero siempre podrán decir: “Tú hiciste esto, tú dijiste esto”. Lo mismo vale para quienes piensen que lo que hice o lo que dije fue genial. Así que el libro no es necesario. Hay suficiente documentación, personas, audios y escritos que atestiguan lo que quieran atestiguar.

En efecto, otro libro no es necesario.

¿Conoces las maravillas de Dios?

Una de las cosas que me fascina hacer en la vida es viajar, porque cada vez que visito un nuevo lugar puedo observar las maravillas del Señor.

Recuerdo la historia de una amiga que estaba delicada de salud pero tenía muchos deseos de conocer el mar; por esta razón, antes de morir pidió el apoyo de sus padres y doctores para salir del país. Su madre cuenta que cuando vio el mar y el hermoso paisaje que brindaba la playa, ella dijo: “Mira lo que hizo Dios, que maravilloso es Él”.

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría.” Salmos 19:1 (RVR 1960)

Al observar la naturaleza podemos darnos cuenta de lo maravilloso que es Dios, los mares, ríos, cascadas, animales de diferentes tipos y color, el hermoso plumaje  de las aves y  la piel de los reptiles; incluso el organismo humano, cada parte de nuestro cuerpo tiene un propósito. Todo esto nos muestra una excelente obra que no pudo ser  producto de una explosión.

“¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular…” Job 38:4-6 (RVR 1960)

En este pasaje encontrarás muchas preguntas más que el Señor hace a Job sobre la creación, por lo que este hombre se da cuenta de lo poco que conocía a Dios y también es una reflexión para nosotros, te invito a leer todo el capítulo 38 de Job.

En esta oportunidad quiero animarte a meditar sobre la grandeza del Señor, te animo a visitar un lugar donde se manifieste su naturaleza, el mar, áreas verdes, flores, paisajes o simplemente el amanecer; mira en su creación, lo grande y majestuoso que es Él, y comienza a alabarlo.

¡Dale gracias por la obra de sus manos!

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

¿Tu gloria o Su gloria?

Había una mujer que tenía un esposo muy gruñón y oraba a Dios pidiendo que lo cambiara, que sea manso con ella. Pero nada pasaba, hasta que un día Dios habló a su corazón diciendo: “¿por qué no oras por tu esposo para que primero me conozca? Así yo transformaría su corazón. No busques sólo tu beneficio hija, busca la eternidad para él.”

Pasa muchas veces que procuramos sólo nuestro bienestar en nuestras acciones y oraciones, dejando de lado lo que realmente es importante: la voluntad de Dios y dentro de ella está el darle la honra en todo lo que hagamos.

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Corintios 10:31 (RVR1960)

Si bien podemos hacer esto en la iglesia, donde todos los hermanos nos ven y aplauden, no debería ser diferente en nuestro lugar de trabajo, estudio u hogar, que es en donde mayormente reflejamos a Dios en nuestros actos y palabras.

Quizás tengas muchas peticiones que presentarle a Dios y anhelos que cumplir o sueños que alcanzar, te pregunto ¿Le dará la gloria al Señor si se cumple? Si es así debes estar tranquilo y perseverar, porque se hará.

Si no estás seguro, pues pídele a Dios que dirija tu corazón para que se alinee a su perfecta voluntad.

“No a nosotros, Señor, no a nosotros, Sino a tu nombre da Gloria, Por tu misericordia, por tu verdad.” Salmos 115:1

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.” Colosenses 3:17 (RVR1960)

Que tu motivación en todo lo que hagas y digas sea darle honor a nuestro Dios, para  que logres aquello que tienes planeado para tu vida.

¡Vivamos para darle gloria sólo a Él!

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Pon tu mirada en Jesús

“Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.” Hebreos 12:2 (DHH)

¿Cuántas veces hemos sido engañados por hacer caso a nuestros ojos? Muchas veces nos dejamos llevar por lo que vemos y creemos que nuestro matrimonio llegó a su fin, que nuestro hijo(a) que tiene problemas de adicción no tienen solución, que nunca podremos encontrar un trabajo para mantener a la familia, que nuestro negocio es un fracaso, que la enfermedad acabará con nuestra vida y por más que oremos no vemos que  hay esperanza.

Sí seguimos viendo el problema y las circunstancias, nunca podremos ver el poder de Dios obrando en nuestra situación o necesidad. La Biblia nos dice que pongamos nuestra mirada en Jesús y caminemos por fe, creyendo en Dios y su poder.

El enemigo es astuto y siempre trata de engañarnos y desanimarnos a través de lo que ven nuestros ojos. Los problemas personales, familiares y laborales pueden parecer no tener una solución. Los diagnósticos médicos pueden ser devastadores. Pero si dirigimos nuestra mirada a Dios y tenemos fe en Él, podremos ver su gloria.

Pon tu vida en sus manos de Dios y camina por fe, así entenderás que no estás solo (a) y que tu situación tiene un propósito glorioso.

Cada vez que te desanimes o pierdas las esperanzas, levanta tus ojos al cielo, fija tu mirada en Jesús y no dejes que nada te haga dudar de Su poder.

“Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.” Jeremías 17:7 (NTV)

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Grandes eventos

Aprendí a nadar en el lago Villarrica cuando tenía trece años. En aquella época nada era como hoy: el lugar estaba en el fin del mundo, todos los caminos eran de ripio y apenas llegaban unos turistas clásicos, con pantalones a cuadros, cámaras fotográficas y jeeps Cherokee. A esa edad uno se enamora de cosas imposibles y yo sufrí tales angustias a causa de Lila, una mujer de 18 años que siempre me consideró nada más que un niñito cute.

El acontecimiento fundacional de mi incipiente hombría fue haber fumado unos horribles cigarrillos Alas y tomado mi primera Pilsener. Lo de Lila fue un contratiempo que el tiempo resolvió sin mayores aspavientos.

Una vez vi en un camino de montaña en Suiza un Rolls Royce blanco con detalles dorados; apareció de repente conducido por un personaje salido de un aviso de perfume caro. Por cierto, a su lado iba una mujer inefable con un pañuelo verde agua flotando al viento.

Tal vez a los nueve o diez años fuimos por el colegio a la Feria Internacional de Santiago con nuestros infaltables mamelucos color beige. En un bazar de juegos, con unos bolos de madera, tiré de dos lanzamientos todos los palitroques. La chica encargada dijo: “¡Y todavía le queda un bolo!” Fui un héroe por treinta segundos. Nadie se acordó más cuando presenciamos por primera vez en nuestra historia un televisor en colores en circuito cerrado.

Fuimos convocados, cuando éramos asquerosamente jóvenes, a una reunión multitudinaria en el teatro Caupolicán en el invierno de 1970. En un momento, nos pusimos todos de pie y entonamos a voz en cuello el Venceremos: “Desde el hondo crisol de la patria, se levanta el clamor popular…” Se nos erizaba la piel soñando con el hombre nuevo. Después vino la oscuridad, el miedo, la muerte, la profunda decepción.

Subíamos por la cuesta Los Añiques en dirección a Liquiñe. De pronto en un recodo de la cuesta vi por primera vez los helechos húmedos que descomponían la luz del sol en las gotitas atrapadas en sus hojas escalonadas, desplegando para delicia de nuestros ojos innumerables arco iris.

Pequeños acontecimientos que para la mente todavía ajena a la miseria de lo que somos como gente agrupada, eran extraordinarios grandes eventos

La gran decepción

Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.
Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba.
(Exodo 40:34-35)

¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos…
Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas.
(Isaías 1:11 y 14)

Quien haya mirado a estos dos momentos culminantes en la historia de Dios con su pueblo y no se haya estremecido ha comprendido muy poco quién es Él y cuál es la naturaleza de Su relación con nosotros. Las palabras de Isaías reflejan el hastío y el dolor de Dios a causa de la hipocresía de la gente que celebra continuamente cultos y actividades religiosas.
La fuerza de la Biblia consiste en la validez de su mensaje a través de los tiempos. Hay que leerla, como suelo decir a mis alumnos, “en clave contemporánea”. No es un libro antiguo o pasado de moda. Muchos cristianos creen que el Antiguo Testamento ya no es tan importante porque todo empieza ahora en Cristo y el Nuevo Testamento. Craso error. Toda la Biblia es útil y necesaria para comprender todo.
Los cristianos dicen que en el mundo hay gente que hace cosas malas porque son del mundo, no de Cristo. Por eso irrita, duele, enoja y frustra ver a la gente cristiana que va a la iglesia, escucha predicaciones y canta alabanzas, ora fervorosamente, ve pecado en todas las cosas que no son de la iglesia y al mismo tiempo mantienen desastrosas relaciones con su familia, su entorno laboral o en la comunidad.
¿Habrá algo más doloroso que Dios tenga que desechar aquello que lo hizo tan feliz antes y llegue a decir que su alma lo aborrece?
Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del umbral de la casa, y se puso sobre los querubines.Y alzando los querubines sus alas, se levantaron de la tierra delante de mis ojos; cuando ellos salieron, también las ruedas se alzaron al lado de ellos. (Véase todo el capítulo 10 de Ezequiel)

En otras palabras, la gloria de Dios abandonó el templo para siempre…

Entonces, la paz

“… la recompensa por el esfuerzo, la valentía, la tenacidad, la resistencia no eran ni la felicidad, ni la gloria. Lo que Dios ofrecía en recompensa, era el descanso.
Hay que envejecer para apreciar la paz.
(Ingrid Betancourt, No hay silencio que no termine)

Hay que envejecer para apreciar la paz. Qué declaración: completa, perfecta, concluyente. Especialmente porque la dice una mujer que estuvo cautiva de las FARC de Colombia por seis años y la formula a la luz de la memoria mucho después de haber sido liberada.
Se aprecia mucho más la paz después de las grandes batallas del saber, después del fin de los compromisos y de la esperanza rota, y también a causa de la creciente decepción con la propia raza.
Precioso encuentro al final de las palabras repetidas, de los discursos gastados, de los diálogos predecibles. Capitulación sin retorno ante la avalancha del ruido, las exigencias de las actividades y requerimientos humanos. Rendición del alboroto que se ahoga por fin en el silencio, esa dejadez del abandono donde se encuentra uno con el límite del ser y ya no hay nada más que hacer ni nada más que decir.
Con la fuerza de juventud y con los primeros años de la vida adulta siempre viene aparejada una obsesión por hacer cosas, conquistar territorios, abrir nuevos espacios.
Poco a poquito los años empiezan a pasar la factura. Se hace más evidente la presencia del cuerpo que toma conciencia del gasto, del derroche de la energía. Sobre todo, se descubre que las profundas pasiones, las intensas inclinaciones eran hermosas, pero pocas veces construyeron la paz y cuando terminaron, como la canción, terminaron mal.
El apuro y la urgencia fueron dando paso al sobrio reconocimiento de que casi nunca las cosas que demandan urgentemente nuestra atención eran importantes: sólo son urgentes y se aprende a notar la diferencia, y eso nos abre paso hacia el sosiego, costoso, pero imprescindible sosiego.
Sí, hay que envejecer para apreciar la paz…

(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

La última niebla

No todas las cosas eran claras ni definitivas. La niebla estaba cubriéndolo todo. Igual, cómo les agradaba seguir creyendo que las profecías eran acertadas y que los tiempos serían tales y cuales. Pero la vida se mostraba renuente a sus articulados teoremas, a sus premisas aristotélicas y sobre todo a sus muy valoradas contemplaciones platónicas.
Por otro lado la razón ya estaba bastante desprestigiada y por todas partes la pelea era ganada por la pasión, el interés propio, la vagancia intelectual, la emoción de las multitudes, el vértigo viral, el último iPhone y el tour de compras a Miami.
Queríamos seguir reteniendo la conseja de los maestros pero ya no servían para encarar el duro contenido de la realidad. Siempre nos alcanzaba la consecuencia de nuestras acciones y no quedaba más que remorderse un rato antes de quedarse dormido cada noche, bastante tarde a decir verdad.
Cansancio de las mismas cosas, explicar lo mismo por enésima vez, esperar lo que no tiene retorno (porque nos iba quedando todavía un poco de esperanza), decir con Serrat que “no es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, reconocer lo insoportable que en realidad es el peso del ser, con el debido respeto al señor Kundera, querer soltar amarras pero los nudos estaban apretados, al decir del tío Carlos, “a machote”.
Se va viniendo la noche y los planes se suceden unos a otros, ahora sí que lo vamos a lograr, total ahora hay internet y todo el mundo puede ver nuestros mensajes y entonces dentro de poco vamos a ver la gloria de Dios esparcida por toda la faz de la tierra y nos podremos ir felices a recibir nuestra corona repleta de perlas celestiales.
Regresarán como las oscuras golondrinas la caza de brujas, la quema de libros, los edictos entre gallos y medianoche, la exoneración de los culpables y la justa condena de los ingenuos inocentes que creían – pobrecitos – en el rigor superior de la justicia y la moral. Pero, ¿vos podés creer semejante tontera?
Lejos quedaron los días en que la memoria se fue construyendo con los libros, con la radio, con el teatro, con el cine. Somos los últimos sobrevivientes del paleolítico y de nuestros análogos aparatos no queda más que este viejo despertador a cuerda y campanilla y la lapicera con esmalte de oro que era el vestigio final de la epopeya del tío Carlos.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

Su gloria

Todos en algún momento hemos querido experimentar un milagro en diferentes áreas de nuestras vidas.

Creerle a Dios no es un sentimiento,  es una decisión basada en la convicción que produce la verdad de la palabra del Señor en nuestras vidas.  Confiar en Dios nos lleva a ser sus amigos, nos hace sentir seguros a su lado  y también podemos ver su poder  manifestarse en respuesta a lo que le pedimos.

Hay situaciones que nos impiden creerle a Dios, como las malas experiencias vividas, ver milagros en las vidas de otros que están pasando la misma necesidad que uno, una oración no contestada y podemos mencionar muchos casos más que hacen que nuestro corazón se llene de duda.

Puede ser que delante de ti se encuentre una piedra que te impide ver lo que Dios quiere hacer en tu vida.  La duda, la falta de fe y el no creer al Señor son obstáculos muy fuertes que nos imposibilitan poner nuestra confianza en Él; toma la decisión de quitarlas de tu mente y corazón  para que puedas ver la gloria del Padre.

Posiblemente  tu situación no tiene solución, probablemente tu matrimonio se esté desmoronado, tus hijos se encuentren presos de  los vicios y  económicamente no estés bien. Muchas  situaciones pueden agobiar tu corazón e impedir que  creas  que Dios va a responder a tu petición, pero lo importante es confiar en lo que el Señor promete en su palabra: “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Marcos 9:23.    Aún en el peor momento de tu vida, cuando no veas una salida a lo que estás atravesando, tienes que poner tu mirada en Jesús.

La mujer con flujo de sangre,  Jairo, Bartimeo y muchos  más creyeron en el peor momento de sus vidas.  Pusieron su confianza en Jesús y no en las personas,  su situación no los detuvo y  los llevó creer mucho más que recibirían lo que buscaban.

¿Quieres ver la gloria de Dios?   El secreto está en creer, no dejes que la duda y los acontecimientos diarios desvíen tu mirada de Jesús.

“Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Juan 11:40.

Por Miguel Ángel Veizaga

 

 

 
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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