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Vivir en el amor de Dios

“Hijos míos, si Dios nos ha amado así, nosotros también debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto nunca a Dios; pero, si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y también su amor estará en nosotros.” 1 Juan 4:11-12 (TLA)

Lamentablemente en nuestra vida cotidiana nos encontramos con personas toxicas o de un mal carácter, y esto se debe a que muchos de ellos crecieron sin sus familias o fueron lastimados en el pasado; carecen de un amor para brindar a la sociedad.

El versículo nos anima que la única manera para que ellos conozcan a Dios y de su gran amor, es amándolos a pesar de su actitud o su pasado, necesitan vencer el mal con el amor de Dios en Romanos 12:21 dice: “No se dejen vencer por el mal. Al contrario, triunfen sobre el mal haciendo el bien.” Solo así demostraremos que Dios vive en nosotros y que su gran amor está dispuesto a curar toda herida.

Por Cristhian Castillo

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido por radio cristiana CVCLAVOZ

Misericordia que libera

“Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo” Efesios 4:32 (NTV).

Es muy difícil comprender cuando Dios nos dice que debemos perdonar a los que nos ofenden. Es fácil decirlo “te perdono” pero no el hacerlo de corazón, ya que en nuestra mente están aún las heridas que permanecen abiertas por el daño que nos han causado. Pero ¿Cómo perdonar a aquellos que te engañaron, robaron o abusaron de ti? Estas preguntas surgen en la mente de aquellos que aún viven atrapados en el dolor y les es difícil perdonar. ¿Habrá cura para este mal?

Déjame decirte que sí, humanamente es imposible perdonar, pero si es posible con la ayuda de Jesús. Su amor es tan grande que nos enseña a extender misericordia como Él lo hizo en nuestra vida. Recuerda que Jesús te perdonó, te dio una nueva oportunidad y ahora te llama hijo de Dios. Al experimentar Su amor y perdón puedes ofrecer misericordia aún aquellos que no lo merecen.

Por Neyda Cruz

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Una práctica que te ayudará a superar un trauma

Los traumas dejan heridas profundas en el alma. Estos pueden ocurrir en distintos puntos de la vida e impactar el porvenir de una persona. Estudios científicos actuales han demostrado que no podemos subestimar el impacto que tienen y deben ser tratados; de lo contrario podrían causar problemas en la salud mental y hasta llevar al suicidio.

Existen diversos métodos que ayudan a superar un trauma. Pero hay uno que es muy sencillo y se adapta a las herramientas que cada persona tiene. Este procedimiento ha sido usado a lo largo de la historia y los investigadores han descubierto su efectividad: la escritura.

Cómo la escritura ayuda a superar un trauma

Un grupo de psicólogos analizó el comportamiento de 50 estudiantes. Se les pidió que escribieran, a un grupo, sobre sus experiencias traumáticas y al otro sobre temas superficiales durante cuatro días seguidos. Seis semanas después de las sesiones de escritura, los estudiantes en el grupo de trauma tenían una estado de ánimo más positivo y sufrían de menos enfermedades; en comparación con que los que escribieron sobre temas superficiales. Además, las medidas mejoradas de la función del sistema inmunitario celular y el menor número de visitas al centro de salud estudiantil para aquellos que escribieron sobre experiencias dolorosas sugirieron que enfrentar experiencias traumáticas fue físicamente beneficioso.

Otros estudios muestran resultados idénticos: aquellas personas que escriben sobre sus experiencias dolorosas se recuperan más rápido de lo sucedido. Asimismo la escritura hace que las personas sean capaces de ≪resistir los estragos físicos y mentales del estrés y la enfermedad≫.

Cómo utilizar la escritura para sanar

No se necesita ser escritor profesional o publicar un libro famoso. La escritura como terapia funciona siempre y cuando una persona sea honesta con sus sentimientos y lo plasme con palabras. Algunas formas de poner esto en práctica son:

  • Escribiendo en un diario o cuaderno. No necesariamente se tiene que escribir todos los días, sino aquellos momentos en los que se sienta emociones más fuertes.
  • Escribiendo en un blog. Se puede elegir si el blog está en modo público o privado.
  • Escribiendo en un diario virtual. Son útiles porque son privados y pueden usarse en cualquier momento.
  • Grabando notas de voz. Se pueden grabar notas de voz a modo de diario y guardarlas en un archivo seguro.

El mismo acto de escribir es terapéutico. No se necesita ser experto en escritura para disfrutar los beneficios que este ejercicio ofrece. Otra ventaja que tiene es que cuando pasa el tiempo uno puede volver a leer con otra perspectiva lo que escribió y reflexionar sobre los sentimientos y emociones que ocurrían en aquel entonces.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

American Psychological Association. (2003). Recuperado el 16 de julio de 2019, de https://www.apa.org/research/action/writing

Una ballena infeliz

Las plataformas, redes sociales y las aplicaciones permiten la comunicación entre las personas a nivel masivo y globalizado. Por medio de ellas se comparte ideología, vivencias, experiencias, valores y actitudes que pueden marcar la diferencia en esta sociedad; pero también existen los anti-valores, lo que va contra la vida, como el caso del conocido juego de la Ballena Azul, en el cual se cumplen distintos retos como hacerse cortes en el brazo, los cuales implican sobretodo  un riesgo para la salud más allá de las marcas que puedan quedar.

Los jóvenes, adolescentes, niños, al enfrentar la depresión, dificultades económicas o familiares buscan un refugio y algunos lo encuentran en pandillas, drogas y otros lo hallan en un espacio virtual que los aparta de la realidad; y a su vez, están expuestos a algunos peligros de la red como este supuesto juego, que comenzó en Rusia, y  que tuvo una temporada viral en la que  se registró una oleada de suicidios en este y otros países.

Pero ¿Qué dice la Biblia?

1 Corintios 6:19 RV60: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

El cuerpo es un templo para el Espíritu de Dios, aunque las personas digan que son dueñas de su cuerpo y pueden hacer lo que quieran con él, esto no es así; por ello es importante tener cuidado con lo que encuentras en la red, confronta todo con la palabra de Dios, no olvides que Jesús vino a sanar, a dar libertad y no a matar, ni destruir o mutilar el cuerpo.

La palabra dice en Lucas 22:51 RV60: “Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó.”

Cuando uno de los discípulos le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote Jesús dijo “Basta ya”, dando a entender que la violencia no tiene buen resultado, tanto hacia el prójimo como hacia uno mismo. El relato dice que Jesús sanó a esta persona devolviéndole la oreja.

La Biblia menciona lo siguiente en Levítico 19:28a PDT: “No se hagan heridas en el cuerpo en memoria de los muertos”

Son indicaciones claras, esas heridas las hacían los pueblos paganos en memoria de los muertos y se instaba al pueblo de Dios a no repetir ni seguir estas costumbres. Dios te creó con un propósito en la vida el cuál tienes que alcanzar, recuerda que tu identidad está en Cristo, que nada ni nadie te puede separar de su amor, no permitas que el contenido negativo de internet o los retos virales como la ballena azul o el momo influyan en ti, sé diferente, nada contra la corriente.

La vida es un regalo de Dios, no le quites valor, vela por ti, por tu familia, si atraviesas por algún problema ve a los brazos de Dios o escríbenos para apoyarte en oración. 

Por Carlos E. Encinas

 

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¿Puede el tiempo curar las heridas?

Cuántas veces hemos escuchado decir: “No te preocupes, el tiempo cura las heridas” ¿Alguna vez has comprobado la verdad de esas palabras?

Siempre pensé que los problemas en los que mi familia se encontraba se desvanecerían a medida que el tiempo transcurriera, pero en realidad fue todo lo contrario, no veía el día en que los conflictos llegaran a su final.

Me preguntaba por qué Dios permitía tanto dolor. Quizá no sabía el origen de estos problemas por lo pequeña que era, pero sin darme cuenta un sentimiento negativo iba creciendo dentro mi ser, al punto de querer evitar conversaciones y distanciarme de mis padres, lo cual cada vez se hacía más notorio.

Ya los años habían pasado… de ser una niña pasé a ser una adolescente y, a pesar de haber crecido, mis pensamientos y sentimientos seguían siendo los mismos. De oídas había conocido a Dios, pero jamás había experimentado una relación personal con Él; a pesar de tener  la oportunidad de hacerlo en campamentos que mi escuela organizaba me resistía a creer que alguien podría restaurar mi hogar y quitar todo resentimiento y rencor en especial hacia mi padre. Sin embargo, llegó un día donde caí en el peor de los abismos, lugar del que no quise salir por mucho tiempo, pero al ver que esto sólo me lastimaba decidí entregarle mi vida a Dios y perdonar a mis padres. Parece sencillo, pero en realidad tomó su tiempo.

No lo imaginé así, pero sentí cómo toda la carga que llevaba sobre mis hombros, se desvanecía y cuando llegué a casa, mi más grande deseo era abrazar a mi papá, algo que jamás había hecho sin que alguien me lo pidiera. Pero al experimentar el amor de Dios quise también que mis padres lo hicieran, y en su momento Dios habló a sus vidas para restaurar un hogar que estaba a punto de destruirse.

Es increíble cómo un pasado puede marcar un presente y un futuro, ¿verdad? Quizá podemos definir nuestras vidas por los resultados que se ven, pero más allá de ello, existe un proceso que es imprescindible porque aporta a nuestro crecimiento y madurez.

Si hoy estás luchando contra el odio y el rencor hacia las personas más cercanas a ti, por las heridas que te han dejado, este es el mejor tiempo para tomar la decisión de perdonar así como Jesús lo hizo contigo; porque el tiempo no curará tus heridas, será Dios, pero para ello debes empezar por tomar la decisión de PERDONAR.

Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Mateo 6:14 (NVI)

Por Ruth Mamani

 

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¿Enamorarse duele?

Como seres humanos hemos experimentado enamorarnos. Muchas veces las personas que podemos creer en el amor a primera vista, terminamos decepcionados cuando de la misma manera, rápida, fácil, nos rompen el corazón.

Entramos en el duelo, nos sentimos terribles, no entendemos por qué, algo que parecía tan mágico, de pronto dejó de funcionar.

Nos cuestionamos. ¿Será que fui demasiado expresiva(o)? ¿Qué pasó? Miles de preguntas nos vienen a la mente y luego nos podemos encerrar y proteger de una futura relación por temor al dolor. Es como que nos metemos en una jaula para protegernos.

Somos muy complicados los seres humanos. Y si, a la mayoría de los hombres, les gusta la “conquista”, a todos los seres humanos, (pareciera que somos un poco masoquistas) nos gusta lo que se nos hace más difícil de lograr. Porque es un reto, porque lograrlo entonces nos da más satisfacción. ¿Será eso lo que sucede cuando una relación comienza muy rápido porque hay química y luego se apaga igual de rápido? Puede ser… Eso es un punto importante. Nos dejamos llevar por “sensaciones”, por la “química” y eso no es constante, eso no es amor, eso no hace una relación.

Por eso siempre recomiendo ser precavidos, ser amigos primero, conocerse bien, compartir tiempo juntos, con otras personas, salir a diferentes actividades acompañados…fijarse el uno en el otro, en su comportamiento y no dejarse llevar por esa “química” que solo nos mete en problemas.

Incluso las parejas de casados, pueden en algún momento sentir una atracción, una “química” hacia otra persona que no es su pareja, pero ahí está la madurez y el discernimiento que nos da Dios para analizar y huir de una simple atracción. Cuando las personas se dejan llevar por esa sensación, es cuando ocurre la infidelidad. Y al igual que cualquier otra relación que comienza con ese tipo de atracción, se termina rápido.

Tenemos que diferenciar la atracción del enamoramiento verdadero. Cuando uno se va conociendo y va admirando y respetándose mutuamente, se va enamorando también más profundamente y la relación es más duradera.

Es importante entender la diferencia entre atracción, química, sensación, enamoramiento y amor. La atracción es muy fácil de darse, pero tomemos las riendas de esas sensaciones y no nos dejemos llevar por ellas. Propongámonos conocer bien a las personas, ver cuáles son sus intenciones, sus planes de vida, cómo son realmente como seres humanos, cuán espirituales son, cuán comprometidos con nuestra religión. Salgamos primero en grupos para evitar tentaciones y conozcámonos bien. Así nos ahorraremos el dolor, que sí, trae el enamoramiento.Y nunca olvidemos no buscar la perfección, porque no somos perfectos y nadie lo es. Debemos enamorarnos de la persona tal cual es, no con la idea de que algo no nos gusta y pensemos que luego los podremos cambiar… no. Si tienen algo con lo que no podemos vivir, démonos cuenta y no sigamos con la relación, pero nunca debemos ir con la idea de cambiar a alguien.

Y también es cierto que luego podremos decir, que lo vivimos, que nos enamoramos como locos,  pero nos va a doler y nos va a dejar heridas que luego vamos a tender a proteger muchas veces excesivamente de otra persona que tal vez se acerque con mejores intenciones.

Pero protegerse es bueno. Debemos cuidar nuestro corazón, cuidar nuestro espíritu y mucho más nuestro cuerpo, que es el templo del Espíritu de Dios y lo debemos cuidar para que ese maravilloso Espíritu nunca nos deje. Démosle las riendas a Dios, pensemos bien antes de actuar, consultemos con Él antes de dejarnos llevar por sensaciones que aunque maravillosas, nos pueden traer consecuencias dolorosas.

 

 

 

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Tic-tac

Iara tenía diez años y los días miércoles llegaba en punto de las siete de la tarde para tomar la clase de inglés que le daba semanalmente. Un día me trajo un regalo y una tarjeta hecha por ella. Me emocionó que se hubiera tomado el trabajo de escribir – en inglés – unas palabras de gratitud por el curso.

El regalo consistía en un despertador como esos antiguos con las dos campanillas y un martinete para sonar la alarma. No es a cuerda, por cierto, sino que funciona a batería pero tiene el aspecto de los vetustos relojes que eran una pieza indispensable sobre la mesita de noche cuando, hace como mil años, yo era chico.

Me causó un sentimiento muy especial el volver a oír el tic-tac que, en medio del atesorado silencio de la noche, suena nítidamente. Yo, un agradecido del pasado – más bien un ferviente y nostálgico admirador de aquellos días – me quedo quietecito escuchándolo. El tiempo recupera para mí en esos segundos preciosos, su antiguo significado. Anoche recordé aquel fragmento singular de Kipling: “Si puedes llenar el minuto implacable con el valor auténtico de sesenta segundos, ¡es que eres ya un hombre, hijo mío, y tuya ya la tierra, tuyo ya todo el mundo!”

Tic-tac. Me tranquiliza la cadencia del ritmo, esa resolución metódica que uno quisiera escuchar en todas las cosas. Pero ya casi no hay resolución en los sonidos del mundo, no hay ritmo. Todo es vértigo, velocidad, multitarea, locura de videoclips, motos con escapes asesinos del oído, urgencia de llegar al mediodía con las tareas cumplidas. Todo se confabula contra la armonía de las cosas.

Por eso es que el campo, la montaña, el río, el lago, el bosque, todo eso lejos de la bulla implacable sigue siendo mi esperanza. Viví veinticinco años en el campo. El tic-tac acompasado de la vida era el linimento para las heridas de guerra, refugio para los sentidos, perspectiva para recuperar la cordura. Desde el trajín demencial de la ciudad, saludo y añoro esa paz.

Me paré unos segundos esta mañana en la esquina del bulevar para cruzar. Pasaron camiones, autos, micros, motos y bicicletas; lo único que atiné a hacer en esa espera fue evocar el tic-tac del reloj que un día hace un tiempo Iara me trajo de regalo…

Primer paso

“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviera queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” Colosenses 3:13 (RVR 1960).

Quizás hayas tenido experiencias dolorosas que han herido tu corazón, pero es importante saber que las heridas no se sanan por el paso del tiempo. Por lo cual, si no has permitido una verdadera sanidad en tu interior seguirán abiertas estas lesiones y con el correr de los años te llenarán de amargura.

Cuando alguien nos hace daño sentimos deseos de venganza que puede reflejarse en tratar con indiferencia a la persona que nos lastimó, no hablarle o si lo hacemos, dirigirnos a ella de manera poco amigable.

Dios nos enseña que no debemos hacer daño a los que nos han herido, por el contrario debemos tomar la iniciativa y dar el primer paso que consiste en perdonar. La sanidad comienza con el perdón, esto traerá gran paz y bienestar en tu vida.

Por Neyda Cruz

 

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Desde la raíz…

 “Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenene a muchos.” Hebreos 12:15 (NTV)

¿Cuántos, en más de una ocasión, hemos intentado terminar con la mala hierba que estropeaba nuestro hermoso jardín? Seguro que muchos y aunque creemos haber acabado con ella vuelve a brotar y pareciera que el trabajo realizado hubiera sido en vano. Por esto creo que no es casualidad que Dios use esta ilustración para describir la amargura como mala hierba, responsable de muchos trastornos que no sólo nos envenenan a nosotros sino también a los que están alrededor nuestro. Por ello, si aún te cuesta olvidar los incidentes que te hirieron en el pasado e incluso cada vez que te tropiezas con esa persona que te lastimó traes a la memoria los hechos como si fueran ayer, entonces necesitas ayuda; no trates de solucionarlo solo o como si nada hubiera pasado, porque el terreno en el que te encuentras es tan peligroso que  la hierba mala de la amargura querrá dañar el jardín de tu corazón y la única manera de eliminarla por completo es sacarla desde la raíz, de lo contrario seguirá creciendo en tu interior y tendrás una cosecha dolorosa. Permítele a Dios quitar toda maleza de tu corazón para que en ti crezca el fruto de su Espíritu.

Por Ruth Mamani

 

 

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¡Eres valioso!

“Cinco pajaritos apenas valen unas cuantas monedas. Sin embargo, Dios se preocupa por cada uno de ellos. Lo mismo pasa con ustedes: Dios sabe hasta cuántos cabellos tienen. Por eso, ¡no tengan miedo! Ustedes valen más que muchos pajaritos.” Lucas 12:6-7 (TLA).

Los pajaritos en los tiempos de Jesús, eran una mercancía barata, casi sin valor. Sin embargo, Dios no se olvidó de ninguna de ellos, ni tampoco lo hará con nosotros que somos mucho más valiosos, al punto que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contadas.

Tal vez en algún momento de tu vida hayas sido víctima de bullying ya sea en una escuela, trabajo o hasta en tu hogar. Esto puede afectar la autoestima al punto en que uno quiere aislarse, simplemente para que no lo hieran más. Quizás y aún después de muchos años, sigues cargando con esas heridas, pensando que no tienes valor, pero quiero que sepas que Dios anhela devolverte el valor que te quitaron y sanar tus heridas, pues para Él vales mucho y te ama de una manera profunda.

No permitas que otras personas definan tu destino, acércate a Dios para que Él sea quien lo haga.

Dios quiere devolverte tu valor para que tengas una sana autoestima.

Por Giovana Aleman

 

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¿Libres del dolor?

Al regreso de la pausa les voy a hablar de cómo salir de la amargura y lograr sanidad de las heridas en su vida, advierte la presentadora del programa radial. Por supuesto que no me quedo a escucharla. Sólo estoy chequeando que la radio esté saliendo bien al aire.

Me sorprende la persistencia de esta idea de la sanidad interior. Personalmente creo que tuvo su origen entre los creyentes de los países desarrollados quienes, habiendo superado largamente la línea de la pobreza o de la supervivencia que experimenta la mayoría de los otros países, tienen tiempo y espacio para pensar y sufrir angustias bastante abstractas la mayor parte del tiempo.

Acá abajo no hay tiempo para estas introspecciones. Hay hambre, desamparo, violencia en todos los estratos de la sociedad y una precarísima línea de defensa frente al terrorismo de Estado o de poderosos grupos minoritarios. La vida por acá está a precio de liquidación. En muchas ciudades hay gente que sale de su casa y no tiene la absoluta seguridad de que a la tarde regresarán al seno de su familia.

Vuelvo a recordar la escena que encontré una vez en el libro Las Islas de Jean Grenier; se refiere a aquel carnicero enfermo de muerte que replica a un pasaje del libro que su amigo le lee todas las tardes, en la que alguien habla en patéticos términos acerca de la vida y de la muerte: Ese debe ser uno que tiene todas las noches un buen bife para cenar.

Por otra parte, si tal cosa como la sanidad o libertad de la amargura y el dolor fuera posible, la vida cristiana sería una maravillosa y continua celebración de amor, solidaridad, comprensión, unidad y cooperación.

No hay que andar muy lejos para encontrarse con lo opuesto en las relaciones entre creyentes. En el país de donde provengo, hace treinta años existían mas de tres mil denominaciones cristianas. Un estudio específico que hicimos sobre el origen de tales unidades arrojó que eran divisiones de divisiones de divisiones de una única gran iglesia que había iniciado su trabajo evangelístico a principios del siglo veinte. Todas fueron provocadas por celos, envidias, conflictos de tradiciones y doctrinas y luchas intestinas de poder.

Si después de más de un siglo de historia persisten tales desencuentros, tal vez sea tiempo de echarle una revisadita al tema de la libertad absoluta del dolor y la amargura.

Convierte la tristeza en gozo

“Él sana a los que tienen roto el corazón, y les venda las heridas.” Salmos 147:3  (DHH).

Hay momentos en que sentimos profunda tristeza y dolor porque nos han lastimado. A veces parece que nadie puede ayudarnos ni se interesa por nuestro sufrimiento. Sin embargo, Dios es capaz de hacer que vuelvas a sonreír. Él no te dará la espalda en los momentos que más lo necesitas, sino que por el contrario, está dispuesto a sanar tu corazón y vendar tus heridas. Pon todo tu dolor en las manos de Dios y deja que sea Él quien restaure tu paz y gozo.

¡Animo corre a sus brazos, con Él hay esperanza!

Por Giovana Aleman

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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